Alguna de nuestras fantasías sexuales cumplidas.
Te amo y te deseo. Me encanta todo de ti. Me vuelve loco tu
sonrisa, tu forma de ser. Me gusta cuando te pones cachondita. Ahí, me pierdes.
Haces que te desee con tanta intensidad! Me pones a mil, bien caliente. Recuerdo
que si me sorprendió la primera vez que me mostraste ese punto de exhibicionismo
que tienes. El hacerlo en el cine, las caricias allí. Incluso agacharte para
usar tu boquita y chupármela allí mismo, ummmmmm. Hasta en una ocasión, te
calentaste tanto que decidiste sentarte sobre mi, para hacerlo, para hundirte mi
polla, sin importarte nos pudieran ver. No es tu única vez. En mas de una
ocasión dijiste del cine. Y en reuniones, con gente presente, acariciarnos.
Sacando incluso mi polla del pantalón para acariciarme mejor.
Te confesare algo, amor, es algo que nunca pensé, pero te
diré que me excita eso. Haces que esas situaciones me exciten muchísimo, me
pones bien caliente y cachondo. Si, amor, confieso me excita una barbaridad ese
exhibicionismo tuyo, que ya es mío también, la posibilidad de que puedan
pillarnos, tu y yo, abstraídos de todo, sin preocuparnos de nuestro alrededor.
Sé, además de porque tu iniciaste con eso, por tu comportamiento en esos casos,
por lo mucho que te calientas, que a ti también te excita muchísimo eso y te
pones bien caliente en esas situaciones. Hasta el momento nunca nos han visto o
eso creemos, nunca notamos nada. En todo lugar aprovechamos la más mínima
ocasión para acariciarnos, para masturbarnos el uno al otro y hacernos venir. Lo
hacemos disimulando, sobre todo tratando de ahogar nuestros gemidos, que
nuestros gestos no nos delaten. Quien sabe si en alguna de esas ocasiones
alguien se dio cuenta. Recuerdo una vez en que casi nos pillan.
Fue en el cine. Como en tantas ocasiones, comenzamos con los
toqueteos. Primero sobre el pantalón y luego introduciendo la mano. Yo tocaba ya
tu chocho e introducía mis dedos. Tu ya bien caliente, habías sacado mi polla
del pantalón y me estabas masturbando. Como en otras ocasiones, aprovechando que
no había nadie cerca, te agachaste para usar tu lengua. Alguien de las filas de
adelante se levantó, supongo que para ir al baño. Al darme cuenta te avise y te
incorporaste con rapidez. No creímos alcanzara a ver nada, pero quien sabe, no
crees? No nos importó mucho pues seguimos con nuestras prácticas.
Hoy en el cine había demasiada gente. Apenas pudimos hacer
nada. Tan solo, aprovechando la oscuridad del cine, acariciarnos sobre el
pantalón. Nos sobamos a base de bien, pero sin poder culminar más, sin como
otras veces poder introducir nuestras manos y hacernos venir. Por lo mismo,
salimos del cine con un calentón considerable. Al salir, ya es de noche y
decidimos ir a un restaurante a cenar. Traes una blusa no demasiado ajustada,
pero que ciñe bien tus pechos, y tus pantalones con elástico. Vemos un
restaurante algo apartado. Tiene las luces tenues, como para parejas. Decidimos
entrar en él. Las mesas están separadas por biombos, de forma que preservan la
intimidad. Solo hay dos parejas cenando. Una está ya en los postres y la otra
recién inician el segundo plato. Elegimos una mesa apartada, al lado de los
baños. Justo enfrente de los baños está la cocina, puerta con puerta, de forma
que desde la cocina se ve quien entra en ellos. Nuestra mesa esta fuera de toda
vista, nada mas los camareros cuando vienen a tomar nota pueden vernos.
Nada mas tomar asiento nos sirven unas bebidas de aperitivo,
mientras pedimos. Mi mano acaricia tu pierna. Nos toma el pedido el camarero y
mientras pedimos no dejo de acariciar tus muslos. Cuando el camarero nos trae el
primer plato nos mira de reojo a la par que intenta ver donde esta mi mano.
Ambos nos damos cuenta de la situación, y al irse él, nos reímos. Viendo su
reacción, y con las caricias, nos empezamos a calentar. Ya con la calentura del
cine, cualquier chispa era suficiente para encendernos. Calculamos que en esos
instantes ya las otras parejas se habrían ido, y como no sentimos la puerta,
deberíamos ser los únicos clientes en esos momentos. Ambos tenemos ganas de
jugar. Te propongo que vayas al baño y te quites el bra y las braguitas, cosa
que haces dedicándome una sonrisa maliciosa. De regreso, continuo acariciándote.
Sin bra, tus pezones excitados se marcan sobre tu blusa. Terminado el primer
plato, el camarero retira los servicios, mientras no pierde vista de tus pechos.
Al irse, comenta que se le olvidó traer con que recoger la
mesa. Nos miramos y comentamos como no apartaba la vista de tus pechos.
Decidimos seguir el juego, calientes como estábamos, y pellizco tus pezones para
ponerlos bien duros y así se marquen más sobre la blusa. Al regresar, recoge las
migas sin apartar la vista de tus pezones erguidos, marcados sobre la blusa, y
puede ver mi mano en tus muslos, cerquita de tu entrepierna. Al traer los
segundos, se demora lo más que puede en servirlos deleitando su vista, ora hacia
tus pechos, ora hacia donde esta mi mano. Dándome cuenta de eso, mi mano se posa
sobre tu chocho, sobre el pantalón. Cuando se retira me comentas que notaste
estaba excitado por el bulto de su pantalón y que tu también lo estabas. Que te
estabas mojando, con mis caricias y la situación. Mientras tomamos el segundo
plato, meto mi mano por tu pantalón notando tu humedad. Estas bien mojada. Los
dos lo pensamos, seguro todos en la cocina han comentado, este habrá dicho.
Lejos de cortarnos, nos excitamos aun más. Tus pezones están bien duros,
marcándose sobre la blusa como si se quisieran salir. Acaricio tu sexo y para
acariciarlo mejor, aprovechando el elástico del pantalón, te lo bajo lo
suficiente para que tu sexo quede al aire, solo cubierto por el mantel. Mi mano
acaricia tu sexo, abriéndolo. El camarero viene a retirar los platos. Nota tus
pezones aun más duros, marcándose por completo. Recoge las migas.
Al recogerlas se mueve el mantel y tu sexo queda al alcance
su vista, viendo mi mano en él. Notamos como se demora mas de la cuenta en
recoger las migas sin apartar la vista de tu sexo, el cual ve por completo
abierto con mi mano acariciándolo. Su mirar ya es descarado, ya no disimula. Tu
abres más tus piernas dejándolo más al alcance de su vista. Tu sexo está
empapado. Cuando se va, te comento como abriste tus piernas para dejarte ver
mejor. Te pregunto si te puso cachonda el sentirte observada y me respondes
preguntándome si a mi me ponía. Te digo que si, que me puse cachondo y me dices
que tu también. Jamás dejarías que otro hombre te tocara, ni que te mirara
estando sola. Pero allí, conmigo, acariciada por mí, el sentir su mirada clavada
y notar el bulto que provocabas en su pantalón hizo que te excitaras aun más.
Por eso habías abierto aun más las piernas ofreciéndole toda la vista. Me
preguntaste si me parecía mal, y te dije que no, que a mí también me excitaba
mucho la situación. ¿Hasta donde llegaríamos? ¿Qué pasaría? No pensábamos en
ello, ni en las posibles reacciones del camarero, ni en nada, solo estábamos muy
excitados, muy calientes, dejándonos llevar. Se tardan en traer el postre,
seguro que están comentando. Seguro tus pezones marcados, tu sexo, son
comentario en la cocina. Debe estar bien caliente esa cocina ahora. Es otro
camarero el que trae el postre (seguro el quiere tener su ración). Clava sus
ojos en tus pechos, en esos pezones marcados sobre la blusa, y de reojo baja la
vista intentando ver algo. Ante ese gesto, calientes como estamos, decidimos
complacer su vista separando el mantel.
Queda así tu sexo a la vista, separas más tus piernas y con
mi mano separo los labios de tu sexo, ofreciendo así una maravillosa vista. Cosa
que el camarero no desaprovecha, demorándose en el servicio y deleitándose con
la vista. Estás más mojada que nunca, tus jugos chorrean humedeciendo tus
muslos. El bulto del camarero hace mas que notoria su excitación. Introduzco un
dedo en tu chocho y tu sonríes picaramente. Su mirada es descarada, con los ojos
bien abiertos viendo todo. Casi se le cae uno de los platos, y aparta la vista
retirándose. Quería ver y le dimos vista, mas de lo que hubiera imaginado. Que
no hablaran ahora en la cocina. Mientras comemos los postres, sin dejar de
acariciarte, me dices lo cachonda que estas. Lo mucho que te excitó la
situación. Yo también estoy muy cachondo, muy caliente. Me dices que necesitas
follar, tenerme dentro, sentirme. Te digo que yo también estoy loco por
follarte. Todo esto nos hizo calentarnos en exceso, más que nunca. Nos
levantamos y nos vamos al baño. No queda nadie en el local, mas que nosotros. Al
entrar en el baño vemos un gran espejo justo delante de la puerta. Sabemos que
no queda nadie y seguro nos vieron entrar desde la cocina. Al pasar vi como
estaban pendientes. Seguro están pensando muchas cosas, después de lo anterior.
No cerramos la puerta con el pestillo, no mas arrimamos la puerta. Quito tu
blusa y tu pantalón, quedando desnuda. Acaricio tus pechos, beso tus tetas. Lamo
tus pezones y los chupo. Mi mano acaricia tu chocho húmedo, el mismo que antes
observaron los camareros. Mi otra mano acaricia tus nalgas ricas. Mi polla esta
durísima. Beso tu boquita, y te pido me la chupes. Me desabrochas la camisa.
Te agachas, de rodillas, bajando mis pantalones y dejando mi
polla al aire. En la situación en la que estamos nuestra imagen se ve reflejada
en el espejo. Al levantar la vista veo que la puerta esta algo abierta, no
pueden vernos directamente, pero sí por el espejo. Volteo mi vista al espejo y
hay al menos 6 entre camareros y cocineros que observan el espejo. Pueden ver
tus ricas nalgas y la deliciosa mamada que me estas dando. Mi polla se pone a
estallar. Me estas dando una mamada deliciosa, chupándomela muy rico. Levantas
la vista para verme y en ese momento te das cuenta de la situación, de que nos
están viendo. Lejos de cortarte, levantas mas tu culo, poniéndolo en pompa,
ofreciéndolo a su vista. Tienen una hermosa vista de tu trasero y de tu boca
sobre mi polla. Espectadores de primera fila. Empiezas a comerme la polla
frenéticamente. Tus tetas se balancean sin parar, me la estas mamando con todas
tus ganas, con toda tu pasión, como una verdadera putita. Tanta pasión le pones,
tan rico me la comes que no aguanto y me vengo en tu boca, llenándola de leche.
Te tragas mi leche, y parte resbala por tus tetas. Sacas tu lengua, blanca por
mi leche y diriges una mirada picara, caliente, hacia ellos. No dejas de lamerme
la polla, poniéndomela bien dura de nuevo de inmediato. Te levantas y me pides
que te la meta toda. Que necesitas tenerla dentro. Estas tan caliente como una
putita en celo. Te siento sobre el mármol del lavabo, mis manos sujetando tus
piernas por debajo, abriéndote bien de piernas, hundiendo mi polla en tu chocho.
Mi polla entra y sale sin parar, metiéndotela bien adentro. Te follo fuerte, con
ganas. Estamos follando como locos. Gimes y te siento venir una y otra vez.
Me lo dices, así, follame así, me vengo. Así mi zorrita,
goza. Los tipos tienen un buen espectáculo, puedo ver por el espejo como no
apartan la vista. Ellos también están gozando. Los dos lo sabemos y eso nos
excita más. Continuamos follando salvajemente. Mi polla se hunde por completo en
tu chocho, metiéndotela hasta los huevos. Cuando te vienes una vez mas, te la
saco. Te giro, de espaldas a mi. Apoyas tus manos sobre la encimera del lavabo y
echas tu culo hacia atrás. Tu cara, tus tetas y tu chocho frente al espejo. Así,
desde atrás te meto mi polla en tu chocho de un solo golpe. Follándote con
ganas, mis huevos golpean contra tus nalgas. Te la meto hasta el fondo, y se
oyen las arremetidas.
Al levantar tu vista ves a los tipos viéndolo todo. Eso te
excita más. Bajas tu vista un poco mas, mientras gozas de tu follada, y ves que
no solo están mirando. Tienen sus pollas afuera, masturbándose ante el
espectáculo. Me doy cuenta que eso te excita mas, pues comienzas a moverte como
loca, moviendo tus nalgas. Eso hace que te folle más duro, metiéndote mi polla
bien al fondo. Tu chocho no deja de soltar jugos, que ya resbalan por tus
piernas. Tus tetas se balancean a cada embestida. Te vienes una y otra vez,
mientras no dejas de gemir. Gimes y gritas, así amor, follame duro, métemela
toda. Estas supercaliente, como una zorra en celo, bien cachonda, gozando como
una guarra. Tienes los ojos cerrados mientras disfrutas la follada. De vez en
cuando los abres y puedes ver como se masturban. Ves como se corren, su leche
salir de sus pollas. Aumentas los movimientos de tus nalgas mientras me pides
que llene tu chocho de leche.
Quieres mi leche caliente inundando tu chocho. Te meto mi
polla sin piedad, clavándotela bien, como queriendo romper tu chocho. Culminando
con mi venida, llenando tu chocho caliente y húmedo de mi leche, a la par que te
vienes una vez mas. Te giras, nos besamos apasionadamente. Luego nos vestimos y
salimos del baño. No notamos nada raro, todo el mundo esta en su sitio. Nos
vamos a la mesa y pedimos la cuenta. Tras pagar el camarero con una sonrisa y
algún compañero tras él, nos despide amablemente. Nos da las gracias por nuestra
visita y deseándonos volvamos pronto a visitarles. Tu te diriges a él y le dices
que si volveremos muy pronto pues nos lo habíamos pasado muy bien. Reitero tus
palabras, diciéndole que si volveremos pronto, todo había estado magnifico. Él,
maliciosamente nos despide diciendo que será un placer para todo el restaurante
recibirnos. Ya en el coche, nos besamos con pasión y me dices que has disfrutado
como nunca, que te habías puesto más caliente que nunca y que deberíamos repetir
algo así. Yo me muestro de acuerdo contigo y volvemos a besarnos. Al llegar a
casa, esa noche la completamos follando intensamente en nuestra cama.