Capítulo #12 Una segunda oportunidad…
Rebeca no pudo detenerse, era tanto el horror que sentía por
lo que había presenciado que no pensó, solo reaccionó, y corriendo lo más rápido
que pudo logro huir de la escena más horrible que había presenciado en su vida.
Y fue así como el destino intervino una vez más, cuando en su apresurada y
desesperada huida ella tuvo aquel accidente que la llevo directo a los brazos de
Leonardo.
Los días pasaban rápidamente, desde que Leonardo trajo consigo a Rebeca después
del accidente, ella mejoraba a pasos agigantados. Para ellos se había creado una
especie de rutina, en las mañanas él salía a laborar, ella se quedaba recostada
hasta entrada la tarde descansando para recuperarse de sus heridas, o leyendo un
buen libro de la biblioteca de la hacienda. Ya en las tardes ella iba a lo que
se había convertido en su nidito de amor, pues en el jardín donde estaba su
santuario ellos estaban conociendo el amor.
Se iban conociendo espiritualmente, tanto como se descubrían
físicamente, pues a duras penas lograban contener la pasión que iba creciendo
fuerte dentro de ellos, a la vez que entendían que el amor cada día era más
fuerte.
Solo había algo que Rebeca no lograba entender, en más de una ocasión se
pregunto que pasaba, porque Leonardo cuando las cosas subían de tono, cuando les
ganaba el amor, y se sumergían en fuertes corrientes de pasión, se detenía.
Aunque ella sabía, aún en su inexperiencia lograba entender que para él, no era
fácil, pero siempre lograba controlar la situación, y de una manera muy sutil
lograba que ella también se controlara.
Leonardo había dejado sus faenas y se encontraba, recostado en una verja de la
hacienda, dejando su pensamiento volar, una vez más su pensamiento llegaba a
ella, Rebeca, aquella dulce chiquita que el destino puso en su camino.
Rebeca con su inocente ternura, con su mirada aterrorizada,
cuando le llegaban los recuerdos fugaces, con su manera tan cálida de entregarse
a él, le había robado el corazón. Sí, se había enamorado y ahora tendría que
buscar la manera de aclararle a ella toda aquella situación, solo esperaba que
ella no terminara odiándole, pues lo que hizo, lo hizo por un impulso que tuvo y
del cual no se arrepentía. Decidiendo en aquel instante que esta tarde, cuando
ella estuviera entre sus brazos, como todas las tardes, él le diría la verdad.
Esperaba sin duda que el amor que él sentía que había entre ellos pudiese más y
que pudieran empezar una nueva vida ya sin mentiras.
Mercedes estaba preparando todo con rapidez, pues necesitaba ir al pueblo. Y
mientras ella terminaba todo para partir, Rebeca bajo.
--"Joven Rebeca, bajo temprano hoy, necesita algo?" – le pregunto Mercedes.
--"No Mercedes, la realidad es que ando algo aburrida, y como francamente me
siento mejor, no me apetecía quedarme recostada." –le dijo Rebeca.
--"Pues yo tengo que ir a la cuidad a abastecernos de unos víveres que se nos
agotaron, si gusta acompañarme." – la invito cordialmente Mercedes. Rebeca miro
el reloj de la cocina y vio que aún era temprano para su acostumbrada cita con
Leonardo en el jardín y gustosa acepto. Desde que llego a la hacienda luego del
accidente no había salido ni una vez, por lo tanto esta salida le pareció
emocionante.
--"Si Mercedes, te acompañaré, crees que deba decirle a Leonardo?" –pregunto
algo tímida. Mercedes la miro un segundo, y negando con la cabeza le dijo: "No
creo que eso sea necesario, pues solo iremos al colmado, y regresaremos de
inmediato, a menos que usted señorita quiera hacer algo más. En adición el joven
Leonardo hoy estaba muy ocupado según me comento en la mañana."
--"Esta bien Mercedes, pues cuando usted guste partiremos." – dijo Rebeca feliz,
de poder hacer algo, hacía ya varias semanas que lo único que hacía era
descansar, y ya esto le estaba alterando un poco. Así que tan pronto terminó
Mercedes se encaminaron al pueblo para las compras.
Lo menos que pensaba Mercedes es que allá en el pueblo, el destino les aguardaba
otra sorpresa. Luego de haber hecho las compras necesarias, Mercedes y Rebeca,
dieron una vuelta por el pueblo, más por matar el tiempo y a la vez, para que
Rebeca viera el mismo, que por otra cosa. Poco sabían ellas que un individuo las
estaba observando, y siguiendo desde el mismo instante en que vio a Rebeca, a la
que de inmediato identifico. Aquel perverso ser tan pronto la vio se dijo: "Ya
te tengo, ahora si que no escaparas!" – con mucha cautela se dedico a seguirlas
hasta que llegaron a donde estaba el auto estacionado. Tan pronto ellas
partieron el inmediatamente las siguió, aunque en esta ocasión guardando
distancia, pues no quería que lo descubrieran como la primera vez.