Cuando mi tío me dejó en mi casa, con la concha toda mojada
después de cómo me había masturbado en su auto y la boca con gusto a su leche,
mis pulsaciones volaban.
Mientras me bañaba volví a masturbarme, sólo deseaba que
llegara pronto la tarde para poder estar a solas con él y coger tranquilos.
Al mediodía bajé a la cocina y ahí estaba mi madre, quien me
había confiado a la protección de su hermano, la que siempre me hacía las mismas
preguntas tontas: si el baile estuvo bueno, si había conocido a algún chico
lindo, y cosas así. Como se imaginarán mi cabeza estaba en cualquier otro lado
menos ahí, de todos modos me las arreglé para contarle que la había pasado muy
bien y que había convenido con Marta, mi mejor amiga, en vernos a la tarde para
ir a un shopping. Ella "tenía" que comprarse ropa y quería que yo la aconsejara.
A eso de las 3 de la tarde salí de casa vestida con una
remera y un jean bien ajustado hacia el café donde había quedado con mi tío.
Cuando llegué él ya estaba ahí, divino como siempre.
Me convidó un café, me dijo que no había podido pegar un ojo
desde la noche anterior, y que lo único que deseaba era hacerme suya. Escuchar
esas palabras y mojarme toda, fue un solo acto, moría de ganas por abalanzarme
sobre él y comerlo a besos.
Terminé mi café y nos fuimos hacia su auto, 5 minutos después
entrábamos al hotel, uno mas caliente que el otro.
La habitación tenía cochera privada, así estacionamos el auto
y tuvimos que subir una escalerita, yo iba adelante y sentía sus ojos clavados
en mi culo, el que a propósito, yo le movía delante de él.
Cuando llegamos a la habitación, cerramos la puerta y
empezamos a desnudarnos de manera salvaje, casi nos arrancamos la ropa al tiempo
que sentía sus manos por todo mi cuerpo, mi piel se estremecía, mi concha estaba
empapada.
Me senté sobre un sofá y el se agachó delante de mí y empezó
a comerme a besos. Yo jamás había gozado de esa manera. Sentía su lengua
chupándome los pezones al tiempo que sus manos jugaban con mi concha. Lentamente
empezó a bajar, hasta meterme la lengua en la concha y darme una mamada que
hasta hoy nadie me dio. No sé cuánto tiempo duró, pero su lengua entraba y salía
de mi concha de manera incesante y de a poquito se fue centrando en mi clítoris.
Me lo mordía, me lo chupaba, me lo volvía a morder, hasta que acabé como una
yegua temblando de placer, mis flujos corrían por mis piernas y le inundaban la
boca y la cara. Se los tomó todos, no dejó nada y después subió muy despacito
hasta mi boca y besándome me hizo probar mi propia acabada.
Mientras hacía esto pude sentir su verga tremendamente dura y
caliente sobre mi pansa. Estiré mi mano y empecé a tocársela, si la noche
anterior me había parecido dura, ahora lo estaba más todavía. Poco a poco se
incorporó hasta quedar parado frente a mí justo para que su pija calzara en mi
boca. Se la empecé a mamar como la noche anterior, saboreándola, gozándola.
Pasando mi lengua por cada pliegue de su verga, siguiendo cada vena, sintiendo
sus latidos, escuchando sus gemidos, sintiendo como sus manos jugaban con mi
pelo al tiempo que empujaban su verga cada vez mas adentro de mi boca.
Después de mamársela un rato me la sacó me llevó a la cama y
se recostó boca arriba con la verga bien parada. No pude resistir la tentación
de subirme sobre ella. Mi concha estaba empapada, le coloqué un forro y me senté
sobre ella. Casi me parte, jamás había sentido una tan grande dentro de mí, cada
cabalgada me entraba más, cada vez era más adentro, cada vez gozaba más, sentía
su respiración, sentía sus manos apretándome las tetas, y esa verga que me
taladraba la concha.
Unos embates después, al mismo tiempo, yo le daba el mejor de
mis orgasmos y 4 chorros de leche llenaban el forro al tiempo que mi tío me
gritaba que era la mejor puta que se había cogido.
Me bajé de su pija, y le saqué el forro lleno de leche
vaciándolo sobre mis tetas y mi cara. Él me pasaba sus manos, me acariciaba las
tetas embadurnadas de su leche y me metía los dedos en la boca, luego se puso
sobre mí y me puso la verga en la boca para que se la terminara de limpiar.
Me volvía loca el sabor de su leche, y se lo mamaba
ávidamente sintiendo que empezaba a recobrar fuerzas.
Más se lo chupaba, más dura se le ponía, otra vez me estaba
llegando a la garganta, me lo sacaba de la boca y me lo frotaba por las tetas
llenas de leche para metérmela otra vez en la boca.
Cuando la tuvo bien dura, me pidió que me diera vuelta, que
ahora sería sin forro. Yo me puse en 4 patas y su lengua empezó a jugar con mi
concha otra vez, mi clítoris estaba hiper sensible, y casi al instante llegué al
orgasmo, no podía aguantarlos, era algo que no podía controlar.
Sentía sus dedos en mi concha y su lengua que empezó a
chuparme el culo, nunca me lo habían hecho, era nuevo para mí, sentía como de a
poquito, me sacaba los dedos impregnados en flujo y me lo metía en el culo.
Se sentía raro cada vez que me los metía yo apretaba el culo
como si tuviera miedo que se fueran a escapar, lo sentía bien dentro mío.
En eso sentí que se alejaba un poquito, y de pronto la cabeza
de su pija me apretaba el agujero del orto, era una mezcla de dolor y placer,
trataba de relajarme pero no podía. El me gritaba que me relajara, que ha iba a
entrar, que las verdaderas putas son las que dan el orto al tiempo que me pegaba
en el culo. Finalmente entró y cuando entró sentí que me partía en dos, su pija
cada vez entraba más, el orto me ardía, y el hijo de puta me bombeaba
frenéticamente.
La tenía cada vez más dura, y cada vez más adentro. Me tenía
tomada de los hombros y me ensartaba la verga hasta los huevos. Era un placer
desconocido para mí, yo tenía un orgasmo detrás del otro hasta que empezó a
gritar: "tomá puta, tomá mi leche, tomaaaaaa"
Sentir su leche en mi culo fue lo máximo, sentía como su
verga se hinchaba y disparaba el chorro de leche que me inundaba el orto.
Así fue como empezamos y aún hoy me sigue haciendo gozar como
aquella primera vez.