Nunca me sentí una groupie, nunca lo fui.
Simplemente sucedió y de lamedor manera, la menos esperada.
Cuando trabajaba en un callcenter, uno de mis compañeros nos
comentó a mi y a mis compañeras, que tenía una banda de rock, y nos comenzó a
informar cada vez que tocaban.
Siempre estabamos presentes. Al principio, más por hacerles
el aguante que por su música, hasta que me terminó gustando realmente el show y
comencé a concurrir cada vez que tocaban.
A mi alrededor siempre había chicas que no paraban de hablar
"que bueno que está el guitarrista", no , "mejor el bajista". Lo que me causaba
gracia, ya que no iban por la música sino por ellos. Pero mientras que a ellos
les hicieras juntar dinero, todo más que bien.
Hace un año más o menos que no veía a los chicos, y el
viernes pasado fueron invitados al cumple de mi mejor amiga. Obviamente, yo le
avise a uno de ellos, para que fuera con quien quisiera. Nunca imagine que iban
a ir todos.
Conversando toda la noche hasta que en el momento de la
despedida, con mi amigo quedamos en hablar mas seguido y el bajista (con el que
solo intercambiaba un hola y chau) me dijo que me avisaba cuando iban a tocar,
ya que les gustaría que fuera a verlos. Se despidió con un abrazo fuera de lo
habitual, el cual hizo que en mí surgiera esa chispa y química que pasa cuando
alguien te gusta.
Pero siempre lo caratulé de agrandado, así que no lo percibí
más que como un abrazo de afecto.
Al día siguiente, le mandé un mail a él preguntandole cuando
iban a tocar exactamente, ya que conocía yo, varios lugares posibles y podrían
ir averiguando eso. Le dije que con gusto iba a ir, y le iba a tirar bombachas
como hacían las otras chicas, a modo de chiste.
A partir de ahí comenzó el jugueteo, el preguntándome, sino
podían ser tangas, yo contestandole de que color, el diciendo, las que mejor te
queden, etc.
Pero nunca pasó nada.
Un día después hablando por msn con el, comencé la charla
diciendo que no había almorzado y comenzamos a juguetear con el tema
gastronómico: al estilo: si queres te llevo el postre. Me gustaría probar ese
restaurante, etc.
Y sin más preámbulos y dado que ninguno de los dos es un
niño, quedó en pasar por la oficina en la que yo trabajo (que ahora esta vacía y
el personal esta de viaje) para "charlar".
Jamás en mi vida pensé que podía estar tan nerviosa, al punto
de preguntarle desde el otro lado de la puerta "que pasa si no te abro?", como
para entrar en clima de confianza, ya que nunca nos habíamos hablado hasta ese
momento.
Le abrí la puerta y lo invité a sentarse mientras terminaba
de redactar un mail. Al terminar de hacerlo me levanté para ofrecerle algo de
tomar y tomó la cintura de mi pantalón y me llevó hacia él.
Sentada a upa, comenzó a besarme tan apasionadamente como
jamás nadie lo había hecho, y abrazarme sintiendo los corazones que latían a
1.000 km por hora.
Note que su miembro comenzaba a hincharse al punto de
sentirlo bien caliente entre mis piernas.
Lentamente me fue quietando la remera que llevaba puesta y se
deleitó rato largo con mis tetas pequeñas, pero que manejaba a su placer y
gusto.
Procedí a quitarle la camisa que llevaba puesta y me encontré
con la piel más suave que toqué en toda mi vida, lo cual me excito más aún de lo
que estaba.
Mientras le rozaba suavemente mi entrepierna con su miembro,
comenzó a acariciarme y lograr una posición tal en la que acabó mordiendome
suavemente la espalda, cosa que nunca me habían hecho.
Me levante y me quité los pantalones para sentirlo aún mejor,
y comenzó a acariciar mi cola, la apretaba fuerte y me decía que le encantaba,
mientras me corría levemente la tanguita para hurgar mis partes más íntimas y
hacerme estallar de placer con sus dedos dentro de mí.
Estuvimos así un rato hasta que me dijo si quería el postre,
lo cual acepte encantada y procedí a quitarle los pantalones y el boxer y
efectuarle la mamada debida.
Me encontré con un miembro perfecto, tamaño un poco más
grande de lo habitual pero no desproporcionado, sino perfecto.
Por lo que me dispuse gustosa a saborearlo, mientras el
seguía introduciendo sus dedos en mí. Un poco por delante y un poco por detrás,
lo cual me ponía más caliente.
Mientras me metía y jugueteaba con el orificio de mi ano, me
dijo:
Quiero probar un poco de este plato.
A lo que respondí:
- Encantada. Usted elige el menú
Solo una vez en mi vida había disfrutado del placer anal, por
lo que me dolió al sentir su miembro intentando ingresar, pero al estar yo tan
caliente, la apertura permitía que ingresara con más facilidad.
Mientras me penetraba analmente, metía sus dedos por delante
para hacerme gozar aún más de placer, a lo que yo respondía simplemente
agarrando su mano y empujándola hacia adentro aún más.
Lo sentía cada vez más adentro mío, sentía como mi ano se
relajaba y comenzaba a gozar por atrás como nunca lo había hecho. Llegó al punto
de darme con todas sus fuerzas para hacerme sentir más su miembro, hasta que
cambiamos de posición y comenzó a penetrarme vaginalmente.
Mientras lo hacia, no dejaba de deleitarse con mi ano,
jugueteando con sus dedos, me decía que le encantaba mi cola, y que no se podía
resistir a ella.
Nos mantuvimos un rato largo de pasión y sexo desenfrenado,
hasta que el momento en que llegué al orgasmo, le dije que nuevamente quería
probar el postre y terminarmelo entero.
A lo que el procedió a metermelo e la boca y yo comence
nuevamente a saborearlo pero aún con mayor desenfreno hasta sentir que explotaba
y tragarme toda esa hermosa sustancia, que sabía muy rica, que salía de él.
Luego de eso, simplemente le dije que me encantaría volver a
probar ese postre alguna vez, y el me comentó que pronto volveríamos a vernos
para cenar juntos.
Esto pasó el día de ayer, se que pronto se volverá a repetir.
Y les contaré como me fue.