Como les contaba, en mi envió anterior y que tuve que
cortar en algún lugar por su exagerada extensión, saliendo de la playa, no bien
desaparecimos, con mi primo, de la vista de los amigos con que habíamos estado,
al dejar atrás la primera duna, él se desvía y me conduce, abandonando el
sendero principal, que lleva a la calle, internarnos entre los arbustos de los
enmarañados bosquecitos costeros que caracterizan estas playas. Luego de andar
zigzagueando y muchas veces agachados unos cincuenta metros, encontramos un
pequeño claro, todo rodeado de vegetación, que sin duda había servido para algún
pequeño campamento, dada la existencia de restos de una antigua hoguera. Además
un sector abarca parte de una duna, desde donde se puede, encaramándose en ella,
tener desde allí un amplio panorama a través de las ramas de parte de la playa y
mirando hacia el otro lado de la subida al estacionamiento contiguo a la calle.
De todas formas, lo importante es que la mayor parte del lugar queda gracias a
los arbustos y las dunas totalmente escondido y con un acceso nada fácil.
El lugarcito me encantó por su frescura; donde se combina
sectores con sombra y en otros sol pasa de lleno entre las ramas y hojas que
dejan claros por los que también puede apreciar el cielo en todo su esplendor.
Incluso Adrián, con celeridad, limpio el suelo de ramas secas y corto algunos
gajos, de los arbustos, que incomodaban, utilizándolos, luego, para aumentar la
pared de vegetación nos protegía de las miradas.
Enseguida me colgué de su cuello y nos fundimos en un chupón
donde nuestras lenguas se enredaban con desesperación. No era para menos luego
de la calentura producto de la conversación y de los mutuos manoseos, por
supuesto que disimulados, en el medio playa. Tras este primer ansioso encuentro,
los besos se tornaron más lascivos acompañados de interrogantes y sugestivas
miradas Yo no paraba de repetirle que lo había extrañado mucho y de preguntarle
si él también lo había hecho. . Pero en realidad ambos no estabamos para
romanticismo.
Cosas como: "- Como no voy a extrañar a la primita más
putita y bonita que se pueda imaginar.-" me decía metiéndome mano por todos
lados.
Igual insistí con que quería contarles muchas cosas.
Pareció no escucharme desatándome el pareo, dejándome solo en bikini, se
complació en mirarme detenidamente desde todos los ángulos para luego decirme:
"_Si, por favor quiero saber lo calentona eres. Porque,
cuando te paraste para ir hacia el agua todos los muchachos se alucinaron con tu
culo que de lejos parecía estar desnudo.-" .
Escuchar esto me calentó mucho.
"- No seas malvado, que este bikini tiene más de un año de
uso y no me he podido comprar otro más acorde con mi embarazo.-" y
agregando, para entrar de lleno en el juego erótico, en su oído, lo más mimosa y
provocativamente que pude - "- Lo que pasa es que mi marido no gana ni para
comprarme uno nuevo y me parece que ti no te importa que todo el mundo me vea
así, al contrario parece que te excita que me exhiba.-"
Luego desató la parte superior de mi bikini y mis tetas
quedaron al aire a plena luz del sol, las besó y pasó detenidamente su lengua
por mis pezones; después poniéndose detrás de mi me las agarraba con fuerza y
manipulaba como si se las estuviera mostrando a alguien mientras ya me hacía
sentir su bulto endurecido en mi cola.
Por fin, en esa cómoda y agradable posición, con todo mi
cuerpo reclinado en el de él, ya que se había parcialmente sentado en el
tronco de un árbol caído, pude volver a
sacar el tema de los arreglos de la casa, y en realidad, no me costó mucho
convencerlo de que debía asumir la responsabilidad de lo más pesado de las
reparaciones. Claro que esto solo fue luego de que le prometiera que ahí me
dejaría hacer y haría de todo.
Las ventajas eran indudables: por un lado él ganaría algún
dinero ya que mi marido le pagaría, por supuesto que bastante menos de lo que
cobraría un extraño, tomando en cuenta la natural generosidad familiar que se
merecía "su pobre prima recién casada y embarazada", pero con la compensación de
mi invalorable compañía y ayuda; incluso para que no se preocupara y tenerlo
todo el día en casa me encargaría del almuerzo y la meriendas.
Igual se hizo desear y rogar un poco, diciendo que se
perdería unos días de la playa, sin ganar mucho dinero y de lo difícil que sería
encarar el trabajo firme conmigo cerca, pero en realidad frente a la posibilidad
de estar continuamente juntos, y la mayoría del tiempo solos, lo super
calentaba. Yo diría que hasta pagaría, o por lo menos trabajaría totalmente
gratis, por las cosas que era de suponer haríamos en los días que se venían.
Imaginen que si él estaba así, como estaría yo. No podía
parar, estaba re agitada, parecía que me había olvidado que estaba embarazada.
Como ya, se ha hecho habitual, sin haber dejado de amasarme
en ningún momento las tetas, me provocaba diciéndome cosas como:
"- No podes más de alegría de solo pensar que vas a tener dos
varones para vos sola en tu casa.-"
A mí, en ese momento, me daba un poco de "cosa", quedar así
en evidencia y admitir claramente lo que ya se me había pasado por la cabeza
pero a medida que me calentaba lo que decíamos quedaba planteado.
"- No digas eso, porque lo que quiero es estar, lo más
posible contigo.-" le ronroneaba yo en sul oreja, mientras me reclinaba
hacia atrás apoyando con fuerza mi cola en su pedazo
Entonces me bajó la tanga, yo quise dejarme, por lo menos,
puesta una pierna, por si tenía que vestirme apresuradamente. Me sentía,
indefensa, hasta con miedo, nunca había estado así tan desnuda, en pleno día, en
un lugar público. Oír tan cercanas las voces de la gente subiendo y bajando en
dirección de la playa, me estremecían.
Girándome, me sentó, usando su toalla doblada como almohadón,
en el tronco del árbol. Jugueteo con sus dedos en mi concha, que pese al
nerviosismo se iba empapando poco a poco. Yo me abrazaba a su cuello para
mantener la estabilidad, pero sobretodo ocultar mi desnudez con su cuerpo. Él se
daba cuenta de esto y se separaba para poder verme totalmente desnuda, estaba
disfrutando de mi inquietud y temor. Terminó por sacarme completamente la tanga
y retirarse unos metros dejándome sola y totalmente expuesta, en esos momentos
hasta pensé en la proximidad de todos esos conocidos que, a pocos metros,
estaban en la playa. Buscó de entre sus cosas y sacó unos preservativos. Me
recordó que uno era el de mis padres y que había que reponerlo ese mismo día, no
fuera cosa de que ellos notara su falta. También se quitó su bermuda y ambos
quedamos enfrentados completamente en bolas en una escena que me pareció más
allá de cualquier momento histórico al no existir ropa que lo identificara Pero
también hasta muy primitiva, porque real y literalmente soy una nativa, y
así lo siento, de estos lugares y desde pequeña los correteé todos, mi
primo desnudo con su cuerpo delgado y de músculos nerviosos, su piel color
bronce y sus pelos lacios es un indígena que se mimetizaba con la exuberancia de
la naturaleza que nos rodeaba.
Su pija en total erección brillaba con la luz del sol y vi
como, luego, con detenimiento la iba cubriendo con el transparente condón. Se me
aproximó y con ella pinceleó mis labios vaginales y mi clítoris, pero siempre
manteniendo una distancia para que, y parecía que no solo, nuestra visión fuera
inmejorable. Adelantando la cola un poco para facilitar y agarrándome de una
rama para no caer, pude ver perfectamente como comenzó a penetrarme.
Ya no debía sorprenderme, pero lo hice, al ver, con que
facilidad mi pachocita se devoraba la larga verga de mi primo. Bastó, luego de
apreciarla y sentirla entrando y saliendo varias veces para que en unas de las
embestidas consiguiera atraerlo abrazándolo por el cuello. Él, igualmente,
continuó bombeando y yo pegando mis labios en su oreja, en tono de confidencia
le decía que tenía miedo de que nos estuviesen viendo o de que alguien nos
encontrara así.
Pero, conociéndolo, a la vez, sabía que esto lo estimularía
más, por lo que no me sorprendió cuando me agarró por las piernas, levantándome,
lo que me obligó a prenderme más fuerte de su cuello y enroscar mis piernas en
su cintura, para invertir las posiciones y ser él quien pasaba a estar semi
sentado en el tronco mientras sus manos me sostenían de las nalgas, haciéndome
subir y baja por su lubricada vara. Si anteriormente estaba expuesta a una
posible mirada ahora lo estaba mucho más.
Abría mis nalgas hasta el punto de que, sin exagerar, llegué
a sentir en mi ojete el calor quemante de los rayos del sol que justo en ese
lugar se colaban por entre los arboles. Los temores llegaron a ser tales que
incluso tuve la impresión de que en cualquier momento podía aparecer alguien y
hasta por atrás ensartarme sin compasión.
Por el contrario él me decía en un susurro cosas como que se
moría con estar conmigo así, sin importarnos nada, y me contaba que el moreno de
la playa le había pedido por favor que lo acompañara hasta donde nosotras
estábamos desesperado por verme el culo. Percibiendo el aumento de la
temperatura en mis reacciones agregó que:
"- Si fuera por mí, estando así de caliente, hasta me
encantaría que fuéramos objeto de las más morbosas miradas.-"
Al oír tales palabras enloquecí y no fue que olvidé mis
temores, al contrario, quería una posición más cómoda para demostrarle que con
él estaba dispuesta a "exhibirme", no solo porque me re calienta complacerlo,
sino que también, mi primo, con su fantasía, había alcanzado uno de mis
puntos G mentales.
Le pedí a que me ayudara a destrabar los cuerpos. Una vez de
pie y dándole la espalda me incliné, apoyando mis manos en el tronco, ofreciendo
la mejor visión de mi cola y moviéndola circularmente en busca de su entre
pierna, diciéndole algo así:
"- Anímate, exhibe bien mi trasero. Quiero que excitemos a
quien quieras. Me enloquecería que juntos calentemos a todo el mundo.-"
Separó al máximo mis nalgas hasta volver a sentir el calor
del sol en mi ano. Me dio uno de sus pulgares para que lo chupara y mojara con
saliva; enseguida lo apoyo en mi ojete y ubicándose, un poco de costado, como si
no quisiera obstaculizar con su cuerpo la visión, se dedicó a apreciar como mi
orto, con su ayuda girando su mano y el movimiento muscular de mi esfínter, se
comía y expulsaba repetidas veces la punta de su dedo.
Sentí como se deslizaba más de una pulgada en mi interior. Me
pidió, como cuando de niños me lo fue abriendo de poquito a poco, que "lo
moviera", es decir que con los músculos, alternativamente, contrajera y
distendiera mi redondito agujero, que hiciera fuerza como para defecar y luego
aflojara. Era algo que le encantaba, por que además de sentirlo todo
directamente en su dedo y a la vez que yo concentrada en contraer, esforzándome,
el ano, emitía unos apagados ayes.
Como ya lo he dicho algunas veces, estamos en un momento de
sintonía en que parece que nos sugestionamos, leemos, sugerimos o prevemos el
pensamiento del otro porque le oí decir.
"- Vamos a prepararlo bien porque será lo primero que
dejaremos pronto en tu casa para poder usarlo mucho.-" Era exactamente lo
que yo pensaba y deseaba. Así que agregue:
"- En mi cama. Sí , claro que sí , quiero hacerlo en mi cama.
–"
Después de mis palabras no demoró nada para estar,
desde atrás, otra vez ensartada por su verga y sin que su dedo abandonara el
interior de mi recto, pero, ahora, era yo quien, con exagerados movimientos de
mis caderas, dirigía la penetración a a vez que le preguntaba:
"- ¿Así es como te gustaría que nos vean? Mostrarles que me
ensartas en todas las posiciones y sobre todo en esta que es la que más nos
gusta -"
Él me estimulaba con unos: "Si. Si, así y
más.-"
Y más yo le decía: "Yo, también quiero mostrarles lo larga
y dura que es ahora la verga que desvirgo mi culito.-"
Era tal mi placentero descontrol que casi lo dije a
los gritos, comenzando sentir la llegada del orgasmo. Seguro que al oír recordar
esto, él me amó porque enseguida me ayudó a incorpórame para poder alcanzar con
su boca la mía de donde había salido tan morbosa evocación y silenciarme un
poco. Mientras nos besábamos, yo no paraba sentir la sensación de acabar, a la
vez que sentía el temblor de sus piernasse le hacía inaguantable.
Buscando comodidad, volvimos a cambiar de posición, siempre
con él detrás, pero esta vez, sin que la verga se saliera de dentro de mí,
ahora, era mi primo quien sentado en el árbol me atraía hacia sí. Yo, un poco
más controlada y relajada pero no menos perversa, sacando para atrás un poco más
la cola me clavaba, unos centímetros, más de su pija y con mis manos apretando,
desde los costados, mis tetas haciéndolas más prominentes para exponerlas
alevosamente, le decía cosas como:
"- ¿Te gustaría que me vieran manoseándolas mientras me
siento en tu verga.?-"
El contra punto entre nuestras declaraciones de deseos subía
cada vez más en calentura al punto de encender un fuego que con sus diversas
llamas quemaba las pocas inhibiciones y prejuicios que nos quedaban.
."- Si, yo se que lo deseas es que te re coja mientras te las
estén chupando.-"
"- Claro que si, y me vas a acabar hasta en el culo
mientras doy las tetas. –"
Él como loco las aprisionó con sus manos pellizcando no muy
fuerte mis pezones, mientras yo ahora, totalmente recostada en su pecho exponía
mi barriga y mi entrepierna a los rayos del sol que quemaban tanto como nuestra
imaginación. Con mis manos abrí al máximo mis labios vaginales dejando al
descubierto mi pequeño clítoris y la verga que continuaba, enfundada en el
condón, saliendo y entrando con los movimientos de cadera de mi primo. Llevé una
mano a su boca para que ensalivara mis dedos, con los cuales luego comencé a
masturbarme manipulando frenéticamente el clítoris con el pulgar e introduciendo
la punta del mayor junto con la verga, dentro de mi encharcada vagina.
Alucinado por la dilatación alcanzada, me incentivaba aún
más, diciéndome: "Muestra todo: tu mejor cara de putita perversa con esa boca
chupadora, las tetas que se te están llenando de leche, esa pancita blanquita de
guachita preñada y enseña como te pajeas el clítoris y la pepita, casi pelada,
con una verga dentro de ella -"
Yo extasiada con lo que sentía y oía, veía girar la bóveda
azul del cielo encandilada y mareada por el sol y el orgasmo que se venía me
liberé totalmente dejando escapar un:
"Si, quiero todo . Tengo tantas gana , que me gustarían
muchisimas cosas.
Esta vez nuestro climax, fue simultaneo y llegó acompañado de
unos dementes gruñidos de mi primo mientras yo sin importarme la profundidad a
la cual me llegaba su pija, luego, de que repetidas veces, elevaba mi pelvis
como ofreciéndola y me dejaba caer echándome hacia atrás para pegarme a su
cuerpo para exprimirla con mi vagina.
Cuando nos relajamos, nos abrazamos sintiendo por unos
momentos, nuestra sintonía corporal y antes de que perdiera erección, me retire,
para con todo cuidado sacarle el condón, anudarlo prolijamente y divertidamente
colgarlo con su precioso y abundante semen en una ramita como si fuera un adorno
navideño. Luego tomé la babeante verga y jugué con ella pasándomela por los
pezones viendo, como incluso al separarla, hilitos pegajosos de esperma llegaban
a estirarse sin romperse varios centímetros de distancia. La exprimí y ordeñé
para pintar con los restos de su leche todas mis tetas. Cuando la deje bien
pequeña, me la metí toda en la boca hasta que los pelos tocaron mis labios. El
dulcemente me incorporó para besarnos con pasión en la boca
Estuvo tan rico que pensé, y estuve a punto de decírselo, que
si alguien nos viera, hacerlo así como lo habíamos hecho, era imposible que no
se calentara incluso imaginé a mi marido observándonos, primero, con la cara
desencajada, desconcertado totalmente, pero, como no podría frente al
espectáculo, dejar de calentarse y pervertirse tanto, hasta el punto de,
alucinado, masturbarse pidiéndome, por favor, que cojamos mucho más adelante de
él.