DESCUBRIENDO NUEVOS MUNDOS
Nos situamos en Madrid, un sábado cualquiera de un caluroso
mes de julio. Raúl había despertado con la resaca de la noche del viernes, cuya
fiesta se alargó hacia bien entrada la mañana. No obstante, tenía que estudiar,
ya que las oposiciones para un puesto vacante de funcionario eran su principal
objetivo. En resumen, podría decirse que no había nada programado: sólo rutina.
Aunque bien es cierto, que nuestro protagonista no tenía la más mínima idea de
lo que iba a suceder en las próximas horas.
La vida amorosa de Raúl no pasaba por un período muy
próspero. Su anterior pareja, Marcos, tan ligado a él, había estado durante dos
largos y apasionantes años compartiendo una dulce amistad, además de un idílico
noviazgo. Su ex pareja le había sido infiel, por lo que ustedes pueden
imaginarse, el estado de ánimo de Raúl. Este, apartando los complejos que dice
tener, es un chico realmente atractivo, sino, díganme ustedes como entienden lo
siguiente: 1.80 metros de estatura, 68 kg. un cuerpo digno de admiración,
esbelto, bien configurado por la diaria actividad física, y un vestuario
excelente. Además, era un chico de 24 años bien interesante, ya que el
aburrimiento con él, pasaba siempre de largo. Cómico, a la vez que culto, dos
facetas no siempre reñidas.
Como todos los días, Raúl se propuso desayunar, para más
adelante comenzar con el estudio. Aún estaba un poco dormido, por lo que, la
coordinación entre las distintas tareas de la casa no eran cien por cien
efectivas. Un mensaje en el móvil, de su amigo Dani (a la vez que apoyo ante su
dura situación), le había advertido de su visita. Esto lo pasó por alto, ya que
es un acontecimiento más, sin aparente importancia.
La llegada de Dani no se hizo esperar. Pronto el sonido
estridente de aquel timbre sacudió el reposo de Raúl. Con un tono, aún perezoso,
Dani recibió los "buenos días", a continuación y, con sigilo, se sentó en la
sala. Raúl, estaba muy concentrado en su estudio, mientras Dani, ojeaba revistas
a la vez que ponía un poco de música para ambientar. A Dani le gustaba ésta
pequeña casa, ya que era de lo más cómoda, además de que Raúl cuenta con una
amplia colección de clásicos musicales. Raúl no estaba aquel día muy
concentrado, y menos con la visita de su amigo, pues sus movimientos hacían que
Raúl se despistara. No así Dani, que en ocasiones recorría con su mirada el
cuerpo sudado de su amigo como poseído. Raúl, sin embargo, sólo contemplaba el
papel. Esto puede que resulte paradójico, puesto que Dani siempre había
mantenido relaciones heterosexuales, y nunca había sentido inclinaciones a
niveles sexuales hacia personas de su mismo sexo, aunque esto estaba en proceso
de cambio, ya que el cometido de la visita era confesárselo.
La aparente armonía se suspendió:
Raúl ¿no vas a dejar ni un solo momento esos papeles? ¡Me
tienes muy preocupado! – Insistió Dani.
¡Por supuesto qué no! ¿Qué te esperabas?
Dani, Realmente quedó un poco defraudado, ya que estaba
decidido a comenzar una conversación con su amigo; la intención era bien
sencilla: hacer públicos sus sentimientos. Y esto le había hecho retroceder,
recurriendo a la alternativa:
Te propongo algo, que seguro no podrás rechazar, ¿Por qué
no vienes esta noche a cenar a mi casa? Unas pizzas, una peli,... ¡lo qué tú
quieras! – Comentó Dani.
No te molestes, tío, pero esta noche no saldré. Ya sabes
que estoy muy cansado. Estuvimos de fiesta hasta bien tarde, y... además,
tengo que estudiar. –Respondió Raúl con muy pocas ganas.
Pero... si será algo tranquilo. Voy a estar sólo en casa.
Los demás esta noche trabajan, ¡y no tengo planes!
Bueno... – Dijo Raúl.
A Dani se le encendieron sus oscuros ojos, los párpados
experimentaron un radical cambio. Hasta ahora, todo iba bien.
Eso sí, sólo esta noche, pero con una condición: en mi
casa; cenamos, alquilamos una peli y nada más. – Contestó secamente Raúl.
(Esto es lo que yo buscaba, una velada, él y yo juntos, y
ahora... toca armarme de valor.)
Lo que para Raúl no era más que una simple noche, de carácter
informal, para Dani era La Noche por excelencia. Ya había conseguido algo. Por
todo ello, se despidió de Raúl hasta la noche.
Llegaron, pues, las 9, y como reloj que puntualmente da la
hora, se presentó Dani en la casa de su amigo. El estridente timbre, hizo
resonar el pequeño apartamento de Raúl, lo cual produjo que este se sobresaltara
del sofá, donde dormía un poco. Tan pronto como sonó, abrió la puerta,
recibiendo este a Dani.
Dani era el hombre perfecto, al margen de las típicas
convenciones. Se presentó con unos vaqueros que, gradualmente marcaban sus
largas, trabajadas y esbeltas extremidades; y qué decir de la parte superior,
que coronaba con una ajustada camisa, que también marcaban los aún poco
desarrollados pectorales. Con esto Dani sólo pretendía hacer un poco más fácil
su cometido; es decir, que Raúl se fijara en él, al igual que le podría
obsequiar con algún comentario.
Así pues, su objetivo se vio cumplido:
¡Joder Dani! ¡Hoy estás que te rompes! ¿Tendrás alguna
razón extraordinaria para vestir así, verdad? Eso sí, sí con esto pretendes
sacarme de casa, creo que no lo conseguirás.
¡No, tranquilo, eso no! ¿Es qué uno no puede vestir así
para cenar con un amigo? – Respondió sarcásticamente Dani.
Bueno, bueno... como tú quieras. Pero así solo consigues
dejarme mal, mírame, ¡que pintas llevo! – Dijo avergonzado Raúl.
Dani miró nuevamente a su amigo observándole por completo
(Pero... ¿qué dice? Yo firmaba porque quedase así toda la
noche. ¡Encima me ha provocado hasta una pequeña erección!)
En fin Dani, lo siento mucho, pero no me dejas otra
opción que darme unos minutos y prepararme, aunque... me dijiste que era
informal... me ducho y me pongo algo, ¿vale?
Eso sí, te propongo algo: podrías preparar un poco la
mesa, ambientarla... – Le comentó Raúl.
Dani aceptó la propuesta con aquella mirada, que no dejaba de
observar por un instante de las cortas bermudas de su amigo. Además, como
atontado, sintió como Raúl le guiñaba un ojo, mientras le propinaba un cachete,
a modo de saludo, en el compacto trasero de Dani. Esto, sumado a la pequeña
erección, hizo que Dani se ilusionara aún más. Pero esto último no dejaba de ser
un mero saludo; evidentemente, se lo tomó de otra manera, debido a las
expectativas de la noche.
Minutos más tarde, mientras Raúl se disponía a salir de su
habitación, vestido y perfumado, Dani lo tenía prácticamente todo preparado. Una
perfecta mesa, con sus utensilios correctamente colocados y... ¡qué decir tiene
de la cena! Dani en tan sólo veinte minutos había preparado una Sugerente Cena.
Tan solo aparecer Raúl por la sala, tuvo tan fijamente los
ojos clavados en la mesa, y no menos en Dani, con una expresión que apenas
sostenía la alegría. Aquello fue indescriptible.
Dani, cual asistente de un refinado salón, le propuso
sentarse y disfrutar de la cena. A Raúl todo esto le parecía excesivo, a la par
de digno de agradecer, ya que su ánimo como bien saben, no estaba demasiado
asentado.
Dani, tío, si tienes que pedirme algo, sólo tienes que
decírmelo; ya sabes que entre nosotros nunca ha habido secretos. – Dijo Raúl
todo preocupado.
¡Qué mal pensado eres! ¡Nunca cambiarás! – Respondió Dani
entre risas.
No en serio Dani, sabes que paso una etapa muy mala, y
esto me ha hecho muy feliz, aunque esta mañana te haya contestado de un modo
un poco brusco, pero esto, la cena, tú...
No te preocupes, yo sólo intento hacerte feliz, a mi
manera, pero esta noche espero que la felicidad llegue más lejos. – Añadió
muy seriamente Dani.
Raúl, este último comentario no lo entendió muy bien, a lo
cual, asintió con la cabeza como si lo hubiera entendido; no obstante, todo esto
le hizo muy feliz.
Ya avanzada la cena, cuando ya habían saboreado gran parte
del menú preparado por Dani, en los pocos minutos que tuvo; el invitado, comenzó
a armarse de ese valor que le había impedido apoderarse de la situación hasta
hoy.
Raúl... es cierto, tengo algo que contarte... es muy
complicado... – Dejó caer nervioso Dani.
¡Pues dale! Sabes que haré todo lo necesario en todo
aquello en lo que te pueda ayudar, ya sea complejo o no. – Añadió Raúl al
comentario entrecortado de Dani.
Pues... es que... es posible que... no sé cómo decírtelo,
te podrías... enfadar o... – Dijo nuevamente Dani.
¿Necesitas dinero? ¿Te ocurre algo? – Preguntó Raúl
asustado.
No es eso... es... es... – Añadió tartamudeando Dani
¡Ya está bien, somos amigos, las cosas claras! – Gritó
Raúl dando un fuerte golpe a la mesa, haciendo que se derramara un poco de
agua.
Me, me, ¿me prometes no reirte o enfadarte? – Dejó salir
Dani nervioso.
Te lo promeeeeeto, pero ¡Dilo ya! – Dando un nuevo golpe,
pero esta vez con el zapato al suelo.
Pues sí, (cogiendo aire) sí, siento algo por ti. Desde
hace unas semanas te observo y no precisamente como un amigo, que también Y
me he dado cuenta de que me gustas. – Contestó inmediatamente Dani, esta vez
sin tartamudear y sin pausas.
Fue el momento que llevaba esperando desde hacía mucho
tiempo. Sus ojos, al terminar su frase, instintivamente se cerraron, como
sintiendo una terrible reacción de su Raúl, aunque más que otra cosa, se
cerraron de vergüenza. No podía mirar hacia el frente.
Raúl, es cierto que quedó impresionado por el comentario. No
se lo podía creer. Su amigo, el mismo que tenía enfrente, declarando su gusto
por él. A esto que comentó:
Eh, Dani tío, simplemente decirte, esto, que ¡Abre los
ojos! (soltando un grito seco), que yo también te voy a ser sincero... –
Dirigiéndose a Dani, levantándose de la silla.
Dime Raúl, dime lo que quieras, pero no des los rodeos
tan absurdos que he dado yo – Añadió Dani, respirando fuerte, abriendo los
ojos tímidamente, sientiendo la cercanía de Raúl que se levantaba.
Pues yo he de decirte que a mi también me gustas, pero...
sabes que somos muy amigos, desde hace muchos años, y que posiblemente...
pues, esto, me refiero a una posible relación, arruinaría la amistad
consolidada desde años. – Le hizo saber Raúl tomándole una mano a su amigo.
No Raúl. Sé que te estoy poniendo en un compromiso y que
la situación te pueda resultar incómoda, pero... yo querría intentarlo, sólo
eso. – Comentó Dani aceptando la mano de su amigo.
La situación, en estos momentos era de lo más complicada. Dos
personas que se gustan, con unos sentimientos que afloraban débilmente. Dos
manos entrelazadas. Dos respiraciones. Dos ojos que expresivamente parecían
poemas. Dos miradas. En definitiva, dos hombres que compartían mucho más que
amistad: sentimientos, deseos.
Dani no podía permanecer más tiempo sentado ante la presencia
de Raúl tomándole la mano. Comenzó a levantarse, tímidamente, y cogió la otra
mano de Raúl, quedando ambos a tan sólo unos centímetros.
Raúl, lo siento, no te lo tomes a mal pero no puedo más.
Me he controlado durante mucho tiempo... y finalmente llegó el momento. No
quiero tener sexo contigo, sino amor. – Dijo Dani, casi susurrando a su
amigo.
Raúl entendía todo perfectamente. Su mirada, tan expresiva
como nunca, dejó que fuera tomando un color más oscuro y cayeron apenas unas
lágrimas. Eran, por lo tanto, lágrimas de alegría. Era el mejor momento que
desde hacía unos meses no experimentaba. Estaba dispuesto a hacer el amor, con
deseo, con sentimiento...
Sí (contestó Raúl tomando con más fuerza las manos de su
amigo), te quiero y tú lo sabes. – Fueron las palabras que dijo Raúl tras la
declaración de Dani.
Palabras suficientes para que Dani, arrojara también alguna
que otra lágrima y asintiera con la mirada. Ambos fusionaron los cuerpos.
Entregándose ambos a un beso. Un largo y poderoso beso. Ya no se encontraba la
tensión de hacía unos minutos; ahora sólo comenzaba la pasión.
Dani recorre con deseo, con el órgano más móvil del cuerpo,
la lengua, el fascinante cuello de Raúl, propinándole ligeros toques, que hacían
estremecer incluso al más paciente. Este, mientras tanto, inclinaba severamente
el cuello, volcándose en sus articulaciones, gimiendo por la experiencia
sensual. Placer, sólo placer. Se dejaba hacer. Dani había tomado por completo el
control de la situación. Así pues, era puro placer. Sus otros órganos, entraban,
mientras tanto, en una tremenda excitación. Estaban aprisionados en sus
respectivos boxer.
La situación tan placentera, acabó por dirigirse a la
habitación del anfitrión. Fueron llevados por la pasión, no se separaron ni un
solo instante. Brazos entrelazados, lenguas compartidas... está claro que no era
lo único que iban a compartir a lo largo de la noche. Siguiendo así, llegaron
hasta la espaciosa cama. Se separaron, tan sólo el tiempo que gastaron para
desprenderse de las camisas. Tiempo no desaprovechado, por cierto, puesto que
ambos se miraban. Sus ojos reflejaban amor. Amor del más dulce. Del consentido.
Amor de adultos, de dos hombres que se quieren y desean. Una vez que tenían los
torsos desiertos, la boca, y por consiguiente, la lengua de Dani comenzó a
descender por el cuello de Raúl, continuando por el pecho, donde se entretuvo
durante unos minutos. Aquí se produjo la excitación por excelencia, si es que no
estaban lo suficiente. Se puede decir que no dejó rincón sin recorrer, desde la
parte inferior del cuello, pasando por los deliciosos pezones de Raúl, los
cuales mordisqueaba, provocando unos pequeños gemidos, que Dani no dudó en
callar poniendo un dedo en el labio de Raúl. Más adelante, continuó haciendo un
repaso por los trabajados abdominales –deliciosos abdominales – sin levantar la
lengua, fue recorriendo músculo a músculo, con paciencia, pero sin dejar la más
mínima pausa.
Raúl estaba super excitado. Y eso que no habían llegado al
máximo contacto, pero la experiencia heterosexual de Dani, marcaba un antes y un
después en las relaciones que había tenido Raúl. Esta era, sin duda, de las
mejores (al margen estaba, por supuesto, la relación con el infiel Marcos).
Así pues, llegó el momento. La excitación llegó al máximo.
Dani que había tomado el control desde el primer instante, lo hizo nuevamente.
Desabrochó lentamente el pantalón de Raúl, mientras entrelazaban sus lenguas. Y
todo ello, mientras que con una mano Raúl desabrochaba el de Dani. Ambos
consiguieron deshacerse de los vaqueros, dejando ver dos espectaculares
cuerpazos desde la cabeza hasta los pies. Sólo quedaban los boxer. Pero no por
mucho tiempo.
Dani continuaba descubriendo las perfectas zonas de Raúl.
Ahora le tocaba a la parte central. Sin duda alguna, Dani se iba a estrenar con
un hombre, aunque podríamos hablar no de un hombre, sino de su amigo. Poco a
poco retiraba el húmedo boxer de Raúl. Dejando ver un espectacular miembro. No
muy grueso ni tampoco muy grande: era perfecto a la vez que estético. Comenzó a
saborear su textura, su olor, mientras que el hasta ahora pasivo Raúl se dejaba
hacer. Pronto se produjo la erección en su máximo esplendor. Dani se entregó por
completo a saborear, ya no sólo de manera superficial, sino entrando en
detalles.
Dani estaba controlando como nunca. Para ser su primera
experiencia no lo estaba haciendo tan mal, o por lo menos Raúl no se quejaba
negativamente.
Recorrió todo el esplendor del pene de Raúl, introduciéndolo
una y otra vez en su boca. Propinando gemidos incontrolados a Raúl. Con su boca
estaba tratándole de masturbarle; y lo estaba consiguiendo. Con una de sus manos
manoseaba el compacto trasero de su amigo. No obstante, Raúl cansado de ser el
paciente, pasó a ser el actor principal. Se posicionó y repitió casi los mismos
gestos de Dani. Recorriendo su cuello y deteniéndose en sus tetillas. Esto le
estimuló muchísimo, ya que era lo que más le gustaba a Dani. Ahora el erecto era
él. Mientras, este continuaba dándole sesiones de sacudidas al pene excitado de
Raúl. Todo ello desencadenó en una fusión más que placentera, en la cual, ambos
gozaron.
Raúl no se hizo esperar y retiró el apretado boxer de Dani.
Tomó el duro pene de este y lo estimuló de tal modo que pronto llegó a su máxima
dimensión. Nunca antes había visto un miembro como el de su amigo. Era más
pequeño que el suyo, no por ello peor. Eran unos 17 centímetros que no dejaban
indiferente a nadie. Así pues, Raúl se los introdujo en su boca. Saboreando cada
uno de los centímetros. Cada zona circundante a la base del pene. Realmente,
Dani estaba disfrutando de lo lindo. Nunca se imaginó que fuese a llegar a
tanto. Las experimentadas sacudidas de Raúl hacia el espectacular miembro de
Dani, hacían que este se retorciera de placer, que se estremeciera, que gimiera
una y mil veces. No pudo contenerse más, así que descargó todo aquel blanco
líquido en la boca de Raúl. Este, no dejó pasar la oportunidad, pues la saboreó
toda cuanto pudo.
Después de la espectacular corrida de Dani sobre la boca,
Raúl le obsequió con un largo beso. Beso que Dani experimentó por vez primera,
ya que en los labios de Raúl había restos de su semen. Esto le supo muy bien, ya
que tardaron en despegar sus labios y lenguas.
Desde luego, a Dani se le notaba disfrutar y mucho, puesto
que era la primera vez que mantenía este tipo de relaciones. Tanto disfrutaba
que Raúl no dejaba de pensar en la presunta inexperiencia de Dani.
Siguieron así, aunque Raúl, le obsequió nuevamente. Era lo
que realmente Dani no habría probado nunca: una penetración. Raúl se dispuso a
prepararle para lo que sin duda alguna iba a ser el máximum de la noche.
Comenzó por recorrer sigilosamente, mediante pequeños
lengüetazos la espalda de Dani. Mientras que con una mano tocaba uno de los
pezones, la otra se dirigía hacia el ano de este. Si a Dani se le notaba
disfrutar de la tremenda felación, esto iba a ser aún mejor. Su excitación era
nuevamente cada vez mayor. Raúl continuaba bajando hasta la cadera de su amigo.
Hasta que llegó a su trasero. Su espectacular culo. Comenzó a descubrir aquel
pasaje aún inexplorado por nadie. Su lengua se introdujo poco a poco, provocando
una excitación mayor. Hacía que todo sus músculos se contrajeran
involuntariamente. Los pequeños lemetones se hicieron cada vez mayores, llegando
incluso hasta la parte anterior del apreciado cuerpo de Dani. Incluso de la base
del pene. Raúl estaba completamente listo para introducir algo más que la lengua
en el virginal trasero de Dani. No obstante, quería comprobar si él lo estaba
también. Dani asintió un ligero movimiento de cabeza, a la vez que le guiñaba el
ojo izquierdo. Estaban listos.
¿Seguro que te encuentras preparado? ¿No tienes por qué
hacerlo si no quieres? – Insistió Raúl nuevamente.
Raúl, continúa. – Le dijo mientras le besaba.
Raúl se hizo rápidamente con un lubricante, el cual lo
introdujo ayudado con sus dedos en el interior de Dani. Enseguida se puso un
condón, lo lubricó y empezó a introducirlo poco a poco en el inexplorado
trasero. Raúl no quería hacerle daño. Tampoco lo pretendía. No era sexo, era
amor. Mientras intentaba introducirlo ayudado primero por sus dedos, besaba el
cuello de Dani. Este, en un primer momento volcaba hacia atrás su cabeza,
estremeciéndose del ligero daño que le producía su aún estrecho ano. No así, más
adelante, cuando el pene de Raúl había conseguido deslizarse por el interior de
su amigo.
Poco a poco Dani sintió como sus músculos comenzaron a
relajarse, después de tanto nerviosismo. El placer iba apoderándose de la
situación. Raúl cada vez intensificaba el ritmo. Su pene entraba y salía
provocando el placer más absoluto en Dani. Mientras Raúl completaba sus
movimientos circulares, restregándose todo en él, besaba a Dani. Ambos volvían a
estar fusionados bajo una misma boca, una misma lengua. A esto añadimos que Raúl
buscaba el miembro de su amigo para intensificar el placer de los dos. Mientras
le penetraba, le estaba masturbando. Dani cada vez estaba más excitado.
Comenzaba a sudar. Le comenzaba a doler todo, ya que el gozo aumentaba por
segundos. La estimulación le hacía casi reventar de pasión.
Para reventar también estaba Raúl. El ritmo cada vez se
aceleraba más. Y no podía controlarse más, así que intentaba correrse. Dani, que
se daba cuenta, le paró. Y le preguntó si no le importaba que lo hiciera en su
boca. Más que nada para saborearlo, puesto que lo había probado cuando besó a
Raúl, y era suyo.
Raúl deceleró, e introdujo su hermoso pene en la boca de
Dani. Dani le intentó excitar un poco más con suaves masajes, con su boca y
empleando las manos, una para recorrer el trasero de Raúl, y la otra mientras
jugaba con sus testículos. Estaba realizando un curioso juego, que provocaba una
excitación plena y satisfactoria en los dos.
Finalmente, Raúl se vino en la boca de Dani. Dani comenzó a
experimentar en primera persona aquel sabor. Aquello que le era totalmente
desconocido hasta el momento. Disfrutó cada gota de semen de Raúl.
Ahora, se dejaron caer sobre la cama, cansados. Juntos,
rozando cada línea ya explorada de sus cuerpos. Sus manos permanecían unidas
como en el momento inicial de todo aquello. Se acercaron nuevamente sus rostros.
Ninguno dijo nada. Sus rostros hablaban por sí solos. Sus miradas delataban el
final de un buen polvo, pero el comienzo de una profunda amistad.
Volvían a ser dos hombres, pero una misma mirada, una misma
respiración...
Dani, cariño, ¿disfrutaste? – Pregunto Raúl.
Sí y mucho (Contestó alegremente Dani, regalándole un
corto pero apasionado beso). He disfrutado como no lo hice nunca. Pero más
disfruté porque era contigo, porque eras tú, porque era yo...
Desde entonces, Raúl y Dani, marcaron en su particular
calendario el primer día de un largo noviazgo, de una larga relación, que aún
continúa vigente. Son las personas más felices del mundo. Pero no sólo las
personas, sino los hombres más felices.
Espero que el presente relato les haya gustado. Que
encuentren un relato diferente, formado por sentimientos de hombres. Les puedo
afirmar que no hay ficción...
Por todo ello, espero sus valoraciones y comentarios (para
así formarme una idea de la composición y así mejorar éste y los futuros. Espero
sus comentarios en la siguiente dirección:
luis_net20@yahoo.es
y luis_net28@wanadoo.es
¡Muchas Gracias!