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TODORELATOS » RELATOS » TRALLAX (20)
[ Con dinero baila el perro, y con un poco más hasta el dueño. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 22 de Noviembre, 2008.
Fecha: 26-Jun-05 « Anterior | Siguiente » en Gays (3305 de 6560)

Trallax (20)

animal
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TRÁLLAX XX. Una historia futurista sadomasoquista gay. La primera prueba de retención de orgasmos a la que fue sometido TRALLAX en el Coliseum de Roma. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

TRÁLLAX XX

La primera prueba de retención de orgasmos a la que fue sometido TRALLAX en el Coliseum de Roma.

CAPITULO 20

Para TERCHELD todo iba viento en popa, sobre todo por la victoria lograda en el coso por el cachas. Feliz porque sabía que el contrincante con que TRALLAX luchó era uno de los mejores. Y el esclavo en su primer enfrentamiento igual que un veterano gladiador se lo ventiló apenas en cinco minutos; y manteniendo a pulso con sus poderosas manos ese gigantesco cuerpo, se lo violó delante de todos. Y eso después de que aquel hijo puta del oriental, demostrado lo malencarado que era, a traición le castigó duramente:

- ¡Joder tengo el mejor!.- y con esos pensamientos, el hispalense se entretenía en meterle mano a su musculoso esclavo semental, con la intención de cubrirlo de una capa de aceite de animal, de forma similar como se hacía en Ciudad Imperio; cuando un orgulloso dueño enceraba su Ferrari testarosa delante de sus vecinos:

- ¡Igual, jeje!.- disfrutando delante de todos en el patio de armas, con la visión de la potente belleza de los grandes músculos del cachas, que con la cabeza gacha muy abierto de piernas, vientre encogido y pecho expandido, se dejaba asear por su amo. Que deseando exhibirlo; a partir de ahora, había decidido que el esclavo recuperara el derecho al aseo. Quién sin atreverse a mirar a su master, dilatando aún más su torso, ofreciéndoselo; con la cabeza girada a un lado, solo le miraría si TERCHELD se lo ordenaba. Pero su amo no le iba a permitir ese placer, él no quería un esclavo consentido:

- ¡NO!, ¡eso jamás!.- porque él quería un esclavo siempre entregado a terribles pruebas, que solo conociera la parte más amarga de la vida. Y con esas intenciones:

- ¡Aaay!.- soltó un suspiro de deseo y también de amor, porque él a su manera amaba a aquella hermosa mole culturista:

- ¡Sí, me atraes perro!.- y es que encima, lo veía cada vez más fuerte más cachas, parecía que los latigazos lo fortalecían, como si le alimentaran porque sus músculos cada vez eran más masivos:

- ¡El esclavo es un semental de campeonato!.- reconoció TERCHELD un experto en torturar musculosos. Y como no podía ser de otra manera:

- ¿Sabes que tengo que probarte otra vez, verdad puerco?.- decidió atormentarlo una vez más con la prohibición de lograr el orgasmo. Pero cada vez más con la íntima intención de no parar de castigarlo hasta que eyaculara. Por eso disfrutó, cuando TRALLAX mirándolo a los ojos, con un gesto afirmativo, le hizo saber que sí que lo comprendía, que él era su amo:

- ¡Así me gusta esclavo!.- le felicitó, siendo conscientes ambos que ni aquel gesto de sumisión y total entrega, iba a ser motivo para que la sádica prueba bajara en ningún momento de intensidad; porque el dolor para él tenía que ser siempre extremo.

--ooOoo--

Y como TRALLAX llevaba veinticinco días sin poder correrse, (tiempo transcurrido desde que PHILIPP le aseó en la cuadra de la villa de RUFUS), se sentía terriblemente "lleno", igual que si llevara dos meses. Tiempo que TERCHELD seguía creyendo que llevaba sin alcanzar el clímax sexual; ignorante del gran orgasmo conseguido por culpa del colombiano, (¡pláss!):

- ¡Humm!.- pero que para un semental como TRALLAX, acostumbrando desde chiquitín a lograr generosas eyaculaciones; y ser capaz a la vez, por muchos polvos que echara, de mantener siempre las ubres llenas. Para él, era mucho tiempo sin alcanzar el clímax y el dolor de testículos era impresionante, (¡pláss!):

- ¡Humm!.- y aunque TERCHELD era desconocedor de la visita que le hizo el excafetero. (La verdad es que le iba a dar lo mismo que se hubiera enterado o no, porque la crueldad de la prueba iba a ser igual de sádica). Y por eso, tenía decidido hoy dejarlo expuesto una vez más a los caprichos de los transeúntes. Para después, entre su esclavo RUFUS y él, que también participaría de la manera más brutal y drástica, le trabajarían duramente la verga:

- ¡Joder amo, lo tenemos que lograr!.- le comentó RUFUS, que ya sabía de las intenciones que tenía TERCHELD de estimular a TRALLAX durante tres días seguidos en los "wateres" públicos del coso romano:

- ¡Sí de aquí no pasa, vamos a mantenerle el cipote bien erecto y que ya no pueda más y se corra patas abajo de una puta vez, como nunca lo haya hecho!.- le comentó TERCHELD, añadiendo:

- ¡Eso si, será un gran orgasmo con mucho dolor y placer!.- y admirando el desarrollo alcanzado por esos bestiales abdominales y el cipotón de campeonato del cachas. Sin importarle que TRALLAX oyera sus amenazas, se prometió:

- ¡Joeeer, espero más adelante, con más detenimiento hacerle bastante daño en ellos!.- (púmm!):

- ¡Umk!.- y cruzándole un pectoral con un soberbio cate:

- ¡Ponte en camino musculitos!.- lo primero que hicieron fue llevarlo a las letrinas públicas más guarras que había en el coliseum:

- ¡Aquí lo pondremos a tono, para el asalto total a sus huevos!.- un lugar casi inexistente en la cultura romana. Pero que un encaprichado del sexo puerco al que le sobraba la pasta, donó a la dirección del coliseum para que construyeran media docena de ellas. Lugar en donde:

- ¡Encadénalo!.- en pelotas picada y magníficamente empalmado como siempre, encadenado en el centro del sucio urinario, con los brazos alzados y virilmente sujeto al techo. Con las grandes argollas en pezones, nariz y orejas, y piercing en la ceja izquierda, ombligo y ferralletería de los genitales. TRALLAX quedó soberbiamente encadenado. Un ejemplar de esclavo, que sin ser el primero que fue exhibido allí, en cambio si era el más orgulloso, guapo, cachas y mejor dotado que todos los anteriores juntos. Y así, ya por siempre con su casco y plataformas de Krom puestos, tapaditos sus bonitos ojazos, quedó muy indefenso y expuesto a los caprichos de los demás hombres:

- ¡Bien!, ¡así esta de puta madre!.- comentó TERCHELD contento:

- ¡Joder, me encantaría que le hicieran comer mierda!.- comentó el cabronazo de RUFUS. Que por algo era el más guarrete de los tres y que sin que lo supiera su amo, desde que vio comer heces a TRALLAX, allá en el barco esclavita a manos del negro TUGA, se había aficionado al sexo guarro:

- ¡Sí amo, me gustaría verlo!.- reconociendo por primera vez ante el hispalense, su rastrero gusto. Pero como a TERCHELD, la verdad es que deseaba ya abiertamente que TRALLAX se corriera, sin importarle como:

- ¡A mí me da igual como sufra el semental!. ¡Pero quiero que lo pase realmente mal!.- y con esas intenciones, delante del atlético esclavo quiso seguir siendo cruel, e intentando rodear con una mano el tronco del nabo del cachas:

- ¡Condenado, que bien dotado estás!.- lográndolo a duras penas, apretando con todas su fuerzas, le avisó:

- ¡Y no se te ocurra eyacular, perro!.- cuando nada más darle esa orden:

- ¡Hombre, habéis expuesto al culturista!.- el primero que apareció fue el gladiador japonés a que le dio bien por el culo en pleno coso después de derrotarlo. De quién lo primero que padeció:

- ¡Humm!, ¡ug!.- fue unos terribles tirones mamarios que no lograron arrancarle las argollas, pero que fueron sus intenciones reales, de ahí el bestial dolor que sintió TRALLAX. Que pisando con fuerza el empedrado suelo:

- ¡Ufff!, ¡humm!.- bufando como un toro semental, encajó otros nuevos retortijones de tetillas, y cuadrando impresionantemente sus músculos, esperó más actos crueles por parte del oriental. Y con el evidente consentimiento de sus dos amos, lo siguiente que encajó fue un patadón en los genitales y como marcó tremendamente los abdominales, (¡púmm!):

- ¡Humm!, (¡púmm!), ¡humm!.- el asiático se los aporreó a conciencia, lanzándole primero el puño izquierdo después el derecho, el izquierdo, derecho, izquierdo, derecho. Iniciando así, un festival de cates sobre aquella masiva pared ventral. Una brutal sinfonía, que el cachas con los abdominales muy contraídos, sufría en silencio, muy sumiso con la intención de resistir el salvaje castigo, muy empalmado para su desgracia, pero para complacencia de sus amos. Por eso, con la fuerza que los daba, muy indefenso, de pura fuerza animal, con cada nuevo puñetazo, (¡púmm!):

- ¡Humm!, (¡púmm!), ¡humm!.- su cuerpo era bien alzado del suelo:

- ¡Me gusta vuestra costumbre de tenerlo siempre con el bocao puesto, para que no hable!. ¡En mi país de origen así se trata al ganado de carga, en especial a los búfalos, que igual que a él, se le ensarta una argolla en la nariz!.- y sin previo aviso:

- ¡Humm!.- agarrándole por la citada argolla; le regaló con unos potentes rodillazos en tan fornida pared abdominal, vaciando a cada golpe cada vez más los pulmones del musculoso. Que pasando a recibir unos magníficos puñetazos en tan viril vientre, los encajó siempre muy doliente con la polla muy gorda, cuan inmejorable esclavo. Cuando girándose el japonés les confesó a sus amos:

- ¡Bueno!, ¡la verdad es que he venido a mear!:

- ¡Pues mea perro!. ¡que aquí hay mucho sitio!.- le grito TERCHELD. Y extrayendo el musculoso amarillo su vergota del trozo de tela:

- ¡Hummm!.- procedió a mearse encima de los músculos y polla del cachas:

- ¡Abre la boca, cerdo!.- le ordenó el oriental. Que después de comprobar TRALLAX:

- ¡Obedece, esclavo!.- el gesto de asentimiento que TERCHELD le hizo, sumiso la abrió. Escanciando el gigantón el contenido amarillento de su vejiga, que todavía era mucha. Hasta que, escurriendo la minga salió del lugar:

- ¡Vaya ya has vuelto a querer correrte!.- le dijo TERCHELD con enojo por verle como acababa de caerle al cachas una espesa y gruesa gota de precum en el mojado suelo y alzando ambos las manos, (¡zúmm!):

- ¡Umk!, (¡zúmm!), ¡humm!.- le retallaron el extremo de una vara de freno en la punta de la minga, azotándola consciente los tres de lo ejemplar y necesario que tenía que ser la pena por tal motivo:

- ¡Veo que tus castigos no van a tener fin!.- y alzando ambos los otros brazos, con las expeditivas herramientas que llevaron con ellos, lo azotaron y latiguearon todo el cuerpo una vez más, arrancándole gemidos de agonía que de lo crueles que eran ambos, no se enternecieron lo más mínimo:

- ¡Sufre, puta!.- restallando las punitivas varas en tan desarrollados pero sensitivos músculos. Hasta que bajando los dos las armas, vieron a TRALLAX que con fuertes inspiraciones, asumiendo su impotencia, subía y baja el pechazo con resignación, en un intentó de recuperarse lo antes posible, porque sabía que las torturas iban a ser más:

- ¿Pero este no es un castigo suficiente para ti verdad?, ¡por eso tu castigo de no eyacular no se acaba aquí!.- y sacando un afilado acero con púas muy curvas en su superficie, en sentido a favor para ser cómodamente introducida, pero muy jodidas para ser extraídas. Porque al engancharse se llevaría trozos de carne del conducto seminal por delante:

- ¡Hummm!. ¡Nooo!.- escuchándose a TRALLAX que aterrado esta vez fue capaz de articular una palabra aunque fuera de forma casi imperceptible. Consciente como era del cruel tormento de nabo al que iba a ser sometido:

- ¡Sí esclavo, te lo tienes bien merecido!.- y como expeditivo castigo por su atrevimiento seminal:

- ¡Hummm!.- le metió el extremo:

- ¡Hummm!.- y girándolo dentro salvajemente, conciente de lo que dolía, le arreó un beso al cachas. Notando como su verdugo se lo clavaba más profundamente, y sacándolo se lo volvía a meter, arrancándole lagrimitas de dolor.

Hasta que por fin parando, se lo dejó bien sujeto por una cadenita a una argolla que le puso en la punta del nabo, que le estrangulaba el reventón bálano:

- ¡Hummm!.- y todo por amor, de ahí el largo suspiro que TRALLAX soltó y eso que no recordaba un dolor tan bestial como aquel:

- ¡Bien ya está!.- cuando viendo entrar a un escultural gladiador negro:

- ¡Joder, qué polla, que músculos!.- después de haberse éste recuperado de la sorpresa por la presencia de tan musculoso bombón gay, encadenado allí para gozo y disfrute del personal:

- ¡Vayámonos!.- sus dos amos salieron al patio por la puerta:

- ¡Hummm!, ¡hummm!, ¡ufff!.- oyéndose al poco unos sonoros y largos bufidos de TRALLAX:

- ¡Seguro que son mordiscos y en los pezones!.- comentó RUFUS:

- ¡Sí seguro!, ¡son tan despampanantes que son una tentación!.- y escuchándose después el ruido de las cadenas:

- ¡Lo ha soltado!.- se oyeron sonoros sorbetones producto de una buena mamada:

- ¡Y que buen mamón es!.- certificó TERCHELD:

- ¡Sí magnífico!.- corroboró RUFUS y girando ambos por una esquina; desapareciendo, entrando en la casa palacete de TERCHELD:

- ¡Sabes, lo que te digo, perro?.- le preguntó éste al siciliano:

- ¡No amo!.- comunicándole entonces el hispano mientras le acariciaba el culo:

- ¡Pues que te voy a echar un buen polvo!.- y dando RUFUS gritos de contento:

- ¡Sí, sí amo, hazlo por favor!.- traspasaron la puerta, desapareciendo por ella.

--ooOoo--

- ¡Qué brutote eres amo!.- siendo al momento el culete de éste pasto de las manazas de TERCHELD. Que metiéndole la mano dentro de la braga de tela:

- ¡Siii, siii amito, juega con mi culito!.- sobándole aquellos duros glúteos de atleta, metiendo los dedos en el canalillo. Notó no solo lo dilatado que tenía el chocho, sino también lo magníficamente que lo tenía lubricado con tanto sudor:

- ¡Cuidadito amo, que tu polla hace mucho daño!.- y con ese aviso, RUFUS se dejó desnudar, y viendo como el íbero de un manotazo, tiraba al suelo los lujosos candelabros que había encima de la mesa:

- ¡Umk!.- golpeándole el pechazo sobre la dura superficie de roble, (¡pláss!):

- ¡Usss!, ¡siii!.- de un jodido ostiazo en el culo:

- ¡Ábrete, perro!.- hizo que RUFUS terriblemente empalmado separa las piernas y poniendo el culete respingón:

- ¡Ahí tiene, mi amo!.- le mostró los labios del potorro. Y TERCHELD como a él le gustaba:

- ¡Aggg!, ¡así nooo!.- con mucho dolor:

- ¡Siiiii!.- lo perforó y castigándole las nalgas con fuertes mistras, lo cabalgaba sin parar, metiéndole y sacándole el miembro viril a cada acometida. Arrancándole desconsolados gemidos al archimillonario romano, (¡pláss!):

- ¡Umk! , (¡pláss!), ¡aaah!:

- ¡Cabalga zorra!.- porque aquello más que hacer el amor era un violación. Y es que así era la forma que tenía TERCHELD de follarse a un tío. Un perverso ejemplar gay, que no tenía piedad de ninguno de sus esclavos. Porque él había nacido para dominar y es lo que mejor se le daba, porque le gustaba desbravar sementales, como ahora:

- ¿Te gusta, puta?.- que sujeto RUFUS por los cabellos:

- ¡Oooh!, siii!.- tirando ferozmente de ellos, lo penetraba analmente, hasta que girándolo, empezó a penetrarlo bucalmente sin remilgos, como auténticos machos, trayéndole sin cuidado si el tribuno romano se ahogaba o no, era su puto esclavo y punto:

- ¡Chúpame los huevos cabrito!.- y RUFUS cogiéndose la polla:

- ¡Lo que ordenes, amo!.- comenzando a masturbarse:

- ¡Oooh, siii!, ¡sigue así esclavo!.- le rechupeteó los huevos con locura, tragándose todos los pelitos sueltos que encontraba a su paso. Pero lanzándole TERCHELD un fustigazo en la punta de la polla:

- ¡No te la menees, puta!.- agarrándole por la cabeza le obligó a bajar el rostro y metiéndola entre sus fuertes piernas:

- ¡Saca la lengua zorra y cómeme el ojete!.- le forzó a que le hiciera un beso negro de escándalo. Logrando que TERCHELD, gimiendo del intenso placer, más empalmado que un búfalo, se retorciera de puro placer:

- ¡Metete los huevos hijo puta!.- le ordenó. Notando como éste, como si de un chupachups se tratara, se los tragaba uno a uno, chupándolos con la intención de absorberle todos los sudorados jugos:

- ¡Hummm!, ¡oooh sí puta!.- hasta que de manera irremediable, notando TERCHELD como le atacaba de nuevo el culo:

- ¡Hummmm!.- no tardó en correrse. Y como él no tenía prohibición alguna:

- ¡Ven "pacá" zorra!.- cogiendo por el gaznate al magnífico chupón, se la metió toda:

- ¡Ohohohoh, maravilloso!.- corriéndose en todo el paladar por segunda vez, mientras movía con poderío sus nalgas sin importarle un huevo que lo estaba ahogando:

- ¡Ya vale, cerdo!.- y extrayéndola, TERCHELD no se percató que con su gesto, acababa de salvarle la vida a RUFUS, que sin aire en los pulmones estuvo a punto de morir asfixiado:

- ¡Sí amo!.- pero tal era su devoción que éste no se quejó. Siendo incapaz de dejar de mirar a hurtadillas a su master con admiración:

- ¡Aparta puta!.- que de un empujón lo tiró al suelo y pisándole el pecho, pasando por encima de él, moviendo su culete con poderío:

- ¡Cómo me gusta ese condenado!.- desapareció por la puerta, dejando a RUFUS meneándosela a solas ya que no pudo hacerlo delante de él.

--ooOoo--

TRALLAX estaba excitadísimo, las miradas que le echaba el negro eran reveladoras:

- ¡Vaya, veo que tus amos te han dejado para que te gocemos!.- y acercándose, acariciándole los expansivos pectorales, le preguntó:

- ¿Es así como te premian por vencer en tu primer combate?.- y apretujándole con ambas manos las tetas:

- ¡Qué ricos son, son tremendos!.- acercó los carnosos pezones a su boca:

- ¡Hummm!.- y clavándole los colmillos en una respingona tetilla, moviendo bruscamente la cabeza de un lado a otro, alargándolo con muy malas ideas, al momento se la reventó:

- ¡Me gusta la sangre que mana del cuerpo de un musculoso blanco!.- y chupando del torturado pezón le mamó tan alimenticio elixir de vida:

- ¡Nunca he visto a un tipo como tú!.- y con esa afirmación:

- ¡Hummm!.- con otra bestial dentellada le machacó literalmente la otra mama. Y maravillado con que estoicismo el guapo culturista, marcando masivas tetas encajó el castigo, procedió a jugar detenidamente con ellas:

- ¡Humm!.- tirando con los colmillos de aquellos pezones tan gordos y prominentes, ensartados como si nada con aquellas argollas tan grandes:

- ¡Eres mío musculitos!.- con la evidente intención de infringirle más dolor. Empalmándose aún más con los bufidos que el cachas soltaba por cada magistral tirón y muerdo:

- ¡Sí yo fuera tu amo no te dejaría aquí!, ¡pero claro está, igual te lo mereces!.- y arreándole otros viles bocados a las expuestas tetillas del cachas, despidiéndose de ellas, le soltó los brazos de las cadenas:

- ¡Es muy comentado tu prohibición de lograr orgasmos!.- y poniéndole de rodillas, quitándole el bocao:

- ¡Graggg!.- le atragantó con su polla y desprendiéndose del cinto de su faldita, (¡zúmm!):

- ¡Humm!, (¡zúmm!), ¡humm!.- a correazos forzó al cachas a que se la mamara. Cubriendo tan amplia espalda de unos verdugones que daba miedo. No quedándole mas remedio a TRALLAX que mamarle el cipote con lo que eso le gustaba, sobre todo por el peligro que corría si eyaculaba y sus amos al enterarse lo torturaran sin piedad, (¡zúmm!):

- ¡Humm!, (¡zúmm!), ¡humm!.- pero aunque aquellos cintazos eran formidables y aquella polla sabía a cojones y el semen era delicioso, él no se corrió. Era un esclavo muy obediente, el que más:

- ¡Puta!.- le insultó muy enojado el negrata:

- ¡Umk!.- y encajando una patada en el pecho, el negro le pisó los huevos y aplastándolos severamente, agarrándose la minga se lo meó entero y sujetándolo después por la trenza, a rastra llevó su musculado cuerpo por la sucia orina y lapos que cubría el suelo, y sentándolo sobre el canalillo que recogía toda la orina:

- ¡Ug!.- lo encadenó con los brazos en cruz a los urinarios y abriéndolo de piernas drásticamente, atándole por los tobillos se las inmovilizó a la pared y con una patada en todos los huevos se apartó de él y sacando un cuchillo:

- ¡Aaah!.- comenzó a producirle profundos cortes en sus músculos, polla y cojones para que el salitre de la orina le produjera fuertes escozores. Y mientras le pisaba aún con más vileza los huevos, con el otro pie le pateaba los abdominales:

- ¡Esto para que te enteres!.- machacando al soberbio fisioculturista como siempre había deseado hacer con un tío. Pero que nunca realizó porque sabía que sus esclavos le durarían apenas un par de minutos. Pero éste no eras el caso del cachas que tenía delante y manteniendo todavía el peso de su cuerpo en tan macizos genitales, (¡púmm!):

- ¡Aggg!, (¡púmm!), ¡aug!.- continuó llenándole de cardenales los abdominales. Maravillado porque el cachas solo reaccionaba con una bestial erección:

- ¡Córrete puta!.- le exigió. Pero como no lo logró, (¡zúmm!, ¡sspláss!):

- ¡Aumk!, (¡zúmm!, ¡sspláss!), ¡aggg!.- a latigazos se lió con sus músculos, arrancándole bufidos al cachas que le excitaban tanto, que cada vez le arreaba más fuerte. Hasta que agotado, trastabillando con los ojos empañados por el deseo cruel, el negro salió por la puerta muy cansado:

- ¡Joder, el esclavo es duro como la roca!. ¡Krom si me ha agotado!.- dijo mientras se alejaba del lugar:

- ¡Por fin se ha ido!, gimió TRALLAX, que con orgullo no dejaba de admirar las marcas dejadas por el severo castigo sobre sus músculos. Pero alzando la cabeza, contrajo de terror todas las fibras de su despampanante físico, había entrado un gladiador muy jovencito, lleno de músculos por todas partes que tenía la fama de disfrutar mordiendo masivos físicos. Quien sujeto por el cuello mediante una cadena a una mano del mismísimo RUFUS:

- ¡Corre a por él, cerdaco!.- nada más ser liberado por éste, se aproximó al cachas:

- ¡Joder que veo, aquí mi sueño echo realidad!.- confeso el guapo chico. Y cerrando TRALLAX los ojos, al momento supo que al tipo:

- ¡Graggg!.- también le gustaba el sexo guarro. Sintiendo y oliendo el intenso y asqueroso hedor de los vómitos que éste lanzó y que rápidamente cubrieron su cuerpo, (¡fláss!):

- ¡Aggg!, (¡fláss!), ¡aggg!, ¡qué asco!.- sintiendo al momento los fuertes impactos de dos grandes y semilíquidas mierdas que impactaron en sus tetas. Regalo personal de su amo RUFUS. Que desde que le vio comer heces en el barco de esclavos a manos del negro TUGA, le excitaba muchísimo el sexo guarro:

- ¡Revuélcate puerco!.- le ordenó el certero lanzador de heces a VALMAR (que así se llamaba el chico). Un esclavo suyo, hijo genético de uno de los generales del Emperador de Roma. Al que tenía recluido allí mismo pero debajo en las cloacas encadenado, justo en donde todos los caños de los retretes públicos coincidían antes de perderse en el maremagnun de intrincados pasajes que formaban las imperiales cloacas de la ciudad de Roma, en donde el boy realmente era feliz rodeado de tantos excrementos, pis y lapos:

- ¡Sí amo!.- de ahí el fuerte olor a desechos humanos que desprendía, porque los excrementos, vomitonas y derivados le iban de muerte. Que sentándose sobre la verga de TRALLAX:

- ¡Ahahahah!.- clavándose a la primera en "to" el chocho, se introdujo la gigantesca vergota de TRALLAX, y abrazándose con fuerza se restregaron las asquerosas masas orgánicas:

- ¡Hummm!.- sintiendo TRALLAX al poco sus grandes pectorales ser atravesados por los fuertes dientes del chico:

- ¡Ohhh, maldito!, ¡que polla tienes!.- mientras él se lo follaba

--ooOoo--

- ¡Aggg!.- y es que aquel cruel boy tiraba con los dientes de sus músculos como nadie lo había hecho antes, marcándolos muy violentamente, empalmándolo como hacía tiempo que nadie lo hacía:

- ¡Abre la boca!.- y obediente:

- ¡Flúggg!.- VALMAR le lanzó un lapo verde como la campiña inglesa, que le impactó en toda la campanilla, y dándole un beso se lo restregó en el paladar, arrancándole arcadas de asco, pero a la vez con la polla más dura a punto de eyacular. Pero resistiendo, notó como aquel guapo mocetón de ojos azules, 1´79, deliciosamente musculado, de 90 kilos de fibra y un pollón del calibre 29x6:

- ¡Cabrón, que me rompes el nabo!.- se introdujo hasta el fondo su polla en el recto y para darse gusto comenzó a mover el culete más fieramente con la cruel intención de robarle un orgasmo. Pero VALMAR a una indicación de su amo romano, comenzó a comerse la rica y pastosa caca que cubría los abusivos pectorales de TRALLAX, apareciendo poco a poco debajo de aquella mierda los desarrollados contornos de aquellos dos poderosos músculos gemelos, con las marcas de las dentelladas del ojitos azules, que mientras "se alimentaba" le masacraba a muerdos de lo mucho que le ponía aparte de comer heces morder duros músculos de poderosos fisioculturistas. Notando acojonado como aquel boy, con viriles bocaos, tirando de sus anillados pezones:

- Ahahah!.- a lengüetazos se los limpiaba de mierda. Mientras él, cuan bien entrenado esclavo lo enculaba con fiereza reteniendo el orgasmo, cumpliendo la orden directa que recibió de TERCHELD. Por eso, cuando aquel bebito, a lengüetazos le atacó sus masivos abdominales. Él de placer, olvidándose del hedor que desprendía las heces, comenzó a encularlo bestialmente lanzando con sus penetraciones el cuerpo del VALMAR de un lado a otro. Hasta que rodeando éste con sus brazos su cincelada cintura, se sujetó a él igual que un pulpo, eyaculando de forma generosa, le manchó de semen las tetas a TRALLAX. Que ya imparable no era capaz de retener el orgasmo:

- ¡Amo que se corre, se chivó el comemierdas!.- que poniéndose de pie, ayudando a RUFUS entre los dos comenzaron una destemplada ración de latigazos, sobre tan impresionante físico:

- ¡Ya se está controlando!.- logrando poco a poco retener el orgasmo de TRALLAX, pero por lo dura que le quedó el cipote al cachas no el deseo de eyacular:

- ¡Abre la boca cerdo!.- y TRALLAX obediente:

- ¡Sí, amo!.- vio a RUFUS quitarse la braguita de tela que lo cubría, y poniéndose de espalda al cachas, metiéndole el precioso rostro entre sus glúteos:

- ¡Aggg!.- escanciando sus intestinos:

- ¡Come mierda, cerdo!.- forzó a la mole culturista a probar por segunda vez en su vida el sabor de las heces humanas. Recordando así ambos la despreciable estampa que padeció en el barco esclavista cuando tuvo que probarla por primera vez cuando salió en defensa del musculoso PEST:

- ¡Así, esclavo!. ¡Eres mi W.C. particular!.- comiéndose los mojones según iban saliendo de aquel duro y peludo trasero tan viril, mientras VALMAR envidioso con fuertes puñetazos en los cuajaos abdominales se vengaba de no ser el beneficiado. Observando lo cargadito que iba su amo RUFUS, que no paraba de jiñar y jiñar, y TRALLAX empalmado como un elefante de tragar tan gordos mojones. Hasta que totalmente vaciado:

- ¡Límpiame el culo, cachas!.- TRALLAX procedió quitarle los trocitos de caquitas que se adhirieron entre tanto vello, costándole el proceso casi media hora, gozando con su lengua de la dureza de aquel fornido trasero y de los gemidos que lanzaba su dueño:

- ¡Sí, sí, así perros!.- que siendo sujetado por las tetas, VALMAR procedió a comerle ricamente los pezones, rechupetándoselos encantadoramente, hasta que arqueando el romano la espalda sin dejar en ningún momento su trasero y sus pezones de ser comidos; trabajado por aquellos dos expertos putos, se corrió como hacía mucho que no lograba en calidad y cantidad generosa tanto que sentándose en el rostro de TRALLAX, masturbándose alargó el orgasmo unos segundos más hasta que poniéndose de pie, poniéndole la cadena en el collar que rodeaba el cuello de VALMAR, tirando de éste se dirigieron a la salida y viendo a TRALLAX que contrayendo sus músculos como un pavo real se exhibía ante él:

- ¡Qué buen esclavo es!.- salió acompañado de VALMAR, un auténtico cerdo.

--ooOoo--

Cumpliendo TERCHELD su palabra, acompañado de su sombra, del esclavo RUFUS, al tercer día aparecieron de nuevo en las letrinas. Cuando nada más entrar:

- ¡Ahí no está!.- vieron las cadenas que colgaban del techo sueltas sin que nadie estuviera sujeto a ellas. Mientras que en el gran urinario que de cabo a rabo ocupaba toda la longitud de la pared:

- ¡Ahí está!.- se hallaba TRALLAX, que muy sexy y guapo, se hallaba con la cabeza muy gacha, especialmente espalmado esta vez, sentado sobre el canalillo del urinario, cubierto de pis, bestialmente abierto de piernas atadas a la pared y brazos en cruz encadenado a las dos paredes laterales, con muestras sádicas en sus pezones, abdominales y polla de mordiscos por un terrible macho que tuvo que ser muy cruel.

Sin contar los correazos y latigazos que cubrían sus tetas. Tan excitado se encontraba TRALLAX del intenso dolor que padeció que volvía a tener en la punta de capullo otra gota presiminal tan espesa como las anteriores y otra vez sin consentimiento de su amo:

- ¡Joeeer, es que ni siquiera el clavo genital va a ser capaz de contener tus orgasmos!:

- ¡Hummmm!.- y girándole el clavo por todo el conducto seminal, despellejándoselo vivo, le avisó:

- ¿Conque no quieres que las cosas cambien, verdad musculitos?, ¡Entonces tendré que volverte a castigar!.- y poniéndole el bocao que las visitas le había quitado para que le chupara los nabos. Procedió después a liberarlo y de nuevo sujeto por cadenas a la polla y nariz, fue sacado de los aseos públicos. Y como siempre a latigazos porque ese era su destino:

- ¡Joeeer, que mal huele el cerdaco!.- comentó a viva voz TERCHELD. Y comprendiendo lo que allí había pasado, le ordenó a RUFUS:

- ¡Ve con él y aséalo!.

 

 

 

CONTINUARA……….

 

Podéis visitar mi web http://galeon.hispavista.com/trallax, al que podéis acceder también a través de mi perfil de TODORELATOS. En él podéis ver dibujos míos que son inéditos, correspondientes a los primeros capítulos, en los que no incluí ninguno.

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