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TODORELATOS » RELATOS » DOS ASALTANTES
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 TODORELATOS.COM Fecha: 22 de Noviembre, 2008.
Fecha: 25-Jun-05 « Anterior | Siguiente » en Gays (3294 de 6560)

Dos Asaltantes

Frederick
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Nº 42. Dos hombres escaparon en prisión y ahora se encuentran en mi living. ¿Tendrán algún plan? Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Les pido mil disculpas por el retraso, pero tuve unos problemas personales y por más que intentaba ponerme al día no lo conseguía.

Espero no volver a fallarles.

Lo siento.

*

Iván se enoja con Lucas y jura que hará lo posible por volverlo a tener, pero en las siguientes dos semanas, no tenemos noticias de él. Por otro lado, Pablo, el marido de Amanda que ahora no se quiere divorciar porque se enteró que la mujer es heredera de la fortuna Finek, fue a pedirle ayuda a Cristina para sacarnos todo el dinero. Finalmente nos encontramos con una sorpresa poco creíble: dos de los reos que estuvieron con Lucas en la prisión, habían salido de allí y se encontraban en nuestro living, apuntando a Bautista y a David con un arma.

"Llegó el Muerto"

Lunes 6 de Diciembre de 2004

Ahora sí que mi vida estaba completa. En menos de un año tuve que enfrentarme a más muertes de las que sospeché, cárceles, prensa, policías, más muertes, misterios, sexo, Logias, más muertes y ahora, por si fuera poco, dos presos, que habían recuperado su libertad milagrosamente y estaban en nuestro living.

- Alberto - dijo el grandote, el que le habló a Lucas. - Lleva a la señora y a los dos niños a una habitación y amárralos. Yo quiero tener una linda charla con estos dos hombrecitos.

David y Bautista, presa del espanto, se levantaron de inmediato y junto con Cristina comenzaron a caminar por las escaleras. Me quedé de piedra, sin saber que decir. Sólo esperaba que pudieran tener la oportunidad de llamar a la policía.

- Tomen asiento. - dijo el hombre. - Siéntanse como en casa.

Pese a su ironía, Lucas y yo nos sentamos en el sillón más grande. El hombre hizo lo mismo en uno pequeño, sin dejar de apuntarnos con el arma.

- Orlando, ¿cómo diablos escapaste? - preguntó Lucas, serio.

- Tú nos ayudaste. - dijo él, encendiendo un cigarrillo. - Pediste un auto para que nadie de la prensa te estorbara. Alberto y yo nos metimos en el baúl y llegamos a esta lujosa casa. Esperamos unos días a que todo se tranquilice y decidimos dar un buen golpe. Estudiamos los movimientos de esta casa. ¡Y aquí nos ves! Tus empleadas están amarradas en la cocina. Nos encontramos con dos niños haciendo cosas raras. - dijo de pronto, sonriendo, como un viejo morboso. - Es malo eso, Lucas. Ya sabes, está bien que tú la hayas pasado bien cuando tenías que chuparle la verga a todos los del pabellón, pero pasarle esa influencia a unos niños está mal.

Luego lanzó una risa, como fingiendo ser un ser maligno. Lucas, en ningún momento, dejó de tener esa dura mirada. Como si todo el odio y la humillación que sufrió estando preso, convirtiéndose en la putita de todos, ahora estaba recargada de ganas de matarlo a la persona que tenía enfrente.

- Ahora estás libre. - le dijo Lucas. - ¿Qué vas a ganar persiguiéndome?

- Nadie te persigue, imbécil. - dijo Orlando, serio. - Dejemos atrás los reencores que hubo entre nosotros. Lo pasado, pisado. Tú nos diste la libertad y eso paga gran parte de la deuda.

La puerta de la casa comenzó a golpear. En ese momento rogué para mis adentros que vinieran Juan o Alex. Pero no sabía si era mejor que los dejemos fuera de todo este embrollo.

- Atiende. - me ordenó Orlando. - No queremos que sospechen que aquí pasa algo raro.

Me levanté, con mucho miedo, pero la mirada de rabia que tenía Lucas me hizo irme hacia la puerta casi sin temblar. Quien quiera que sea que se encontraba detrás de la puerta, tenía que ser de ayuda. Sea quien sea, nos tenía que ayudar.

Pero al abrir la puerta me encontré con la cara de Iván.

- Mira que bien. - dijo Orlando, desde el sillón. - Llegó el muerto.

"Con los Ojos en Bautista"

Lunes 6 de Diciembre de 2004

Por lo visto no sólo a mi casa la habían estudiado estas personas, sino también a todos los que se vinculaban con nosotros, y uno de los casos más importantes era Iván, que fue tapa de las noticias de los diarios por casi una semana entera.

Iván ingresó sorprendido, mirando a Orlando como si fuera un extraterrestre. Orlando seguía apuntando con su linda arma.

- Ingresa y siéntate al lado de Lucas. - ordenó, apuntándolo.

Iván no dijo nada y junto conmigo se sentó al lado de Lucas. Los tres estábamos paralizados mirando al loco que nos apuntaba.

- Ahora quiero que todos me digan cómo solucionamos el tema de la plata. - dijo Orlando, sonriendo. - Somos gente grande, sabemos como hacemos estas cosas. Si todo sale bien, en menos de dos horas, no vuelven a saber más de nosotros.

- En la casa tengo tres mil dólares. - dije, recordando los ahorros de mi vida.

Orlando hizo una risa, como si le acabara de contar el chiste más gracioso de toda mi vida.

- ¿Con tres mil mugrosos dólares piensas que me voy a conformar? - preguntó el hombre, retóricamente. - Por favor, mirénse. Están nadando en lujos. Todos ustedes tienen lujos y lujos. Creo que pueden conseguir más de esa suma.

- En mi casa hay diez mil. - contestó Iván. - En la caja fuerte del kiosco.

Ahora Orlando parecía interesado. Era la primera vez que me sentía tan feliz de tenerlo a Iván tan cerca... y vivo. Pero la idea de que tenga tanto dinero me llevó a pensar en el tráfico de drogas que Néstor había implementado en el kiosco, según Iván. ¿Él tendría algo que ver con ello? ¿Seguiría con las acciones de su primo? No importaba por ahora. Lo bueno es que vino como caído del cielo.

Por las escaleras comenzó a bajar Alberto, mucho más delgado que Orlando, pero también se veía que era más viejo. Me imaginé la asquerosidad que habría que tenido que sufrir Lucas cuando tuvo que pasar por todos esos momentos de sexo con la gente que lo rodeaba.

- Vamos a hacer lo siguiente. - dijo Orlando. - Alberto se quedará vigilando a Lucas y a Mariano, mientras que mi amigo Iván y yo, iremos hasta el kiosco a buscar plata.

Orlando se levantó del sillón y con el arma señaló a Iván para que hiciera lo mismo. Iván obedeció y comenzó a caminar hacia la puerta.

- La mujer y los niños están bien amarradas. - comentó Alberto, contento. - Si tardas mucho, agarraré a alguno de los dos para jugarle un rato.

No podía ser tan basura aquél hombre. A pesar de que Bautista no era ningún santo en lo que sexo se refiere, no me imaginaba a aquél sujeto tan viejo y roñoso, tocándolo, haciéndolo mamar su verga, penetrándolo, tal cual le habrá pasado a Lucas.

- Ya volvemos, Alberto. - dijo Orlando. - Confío en que cuidarás a estos niños. No me falles.

Orlando e Iván salieron por la puerta. Alberto se sentó en el sillón que antes ocupaba su compañero y nos miró, sonriente, como si algo malo se le pasaba por la cabeza.

- ¿Cuándo me dejarán en paz? - preguntó Lucas, enojado.

- Después de que tengamos la plata. - respondió Alberto. - Tenemos la plata, nos vamos y no vuelves a saber de nosotros. A menos que nos escribas un email. Amigos como tú no son fáciles de olvidar.

Lucas estaba a punto de llorar de la ira y la impotencia de verse detenido por un arma. Me puse a pensar en que si éste idiota estaba en el baúl, probablemente escucharon toda la conversación que tuve con él. Probablemente sabían que nosotros dos teníamos sexo.

Alberto se levantó del sillón y se acercó hacia Lucas en forma misteriosa. Parado, acercó su cuerpo hasta que su bulto estuvo a la altura de la cara de Lucas.

- ¿Lo quieres hacer tú? - preguntó Alberto, a Lucas. - ¿O prefieres que lo haga con tu hermanito que está allá arriba? No sabes lo que fue tocarle la colita mientras lo amarraba. La tenía tan durita.

Lucas estaba a punto de llorar. Me llevé las manos a la boca y casi se me escapan lágrimas de la impotencia que tenía de no poder hacer nada. Lucas, cautelosamente, comenzó a bajar la bragueta de aquél hombre y sacó de allí un pene erecto.

"Cambio de Situación"

Lunes 6 de Diciembre de 2004

Lo que pasó a continuación sucedió en una fracción de segundos. Lucas agarró la mano del hombre que sostenía el arma y la mordió tan fuerte y de imprevisto, que el arma cayó directamente a mis pies. La tomé de un impulso y al segundo siguiente me encontraba apuntando al hombre, directamente a la altura de los ojos.

- Parece que la situación cambió. - dije, sosteniendo el arme. - Hazme el favor de guardar esa verga asquerosa que tienes.

El hombre retrocedió y se guardó la verga en el pantalón. Luego se acercó al sillón, con un gran miedo en sus ojos. Lucas se levantó y me sonrió. Hicimos un buen trabajo sin siquiera proponérnoslo.

- No te puedes dejar de llevar por la pasión, Albertito. - dijo Lucas, sonriendo como ganador. - O trabajas o te diviertes. No se pueden hacer las dos cosas a la vez. Mariano, llama a la policía.

Le di la pistola a Lucas y me acerqué al tubo del teléfono pero antes de que pudiera alzarlo, comenzó a sonar. Atendí.

- ¿Hola? - saludé.

- Soy Iván. - dijo una voz poco feliz. - ¿Puedes hablar?

- Sí. - respondí. - Tenemos a Alberto bajo control.

- Yo también tengo a Osvaldo bajo la custodia de la policía. - contestó, aún en forma cortada. - La policía llegará allí en unos segundos. Luego iré yo a hablar con Lucas... en mi casa... si no te importa, claro.

No dije nada y colgué el teléfono. No tenía ni la menor intención de establecer un diálogo con él, mucho menos cuando comenzaba con sus estúpidas ironías, a pesar de que gracias a él le ganamos a los asaltantes.

Luego de que la policía se llevara a los dos presos de nuevo a su lugar de origen, un poco de paz logró apoderarse de la casa. Tendríamos que ir a declarar al día siguiente, pero ese era un detalle menor. Bautista, David y Cristina estaban ilesos, así que cuando se pudieron calmar todos, almorzamos.

Iván vino a hablar con Lucas de nuevo, pero esta vez estaba completamente seguro que él no le daría ni la menor importancia, obligando a que Iván se volviera con las manos vacías. Me sentía culpable por seguir viviendo una casa de la que le pertenece y pensé que tendría que mudarme dentro de poco. Me dije que haciendo mucha fuerzas de mis actos, tendría que ir a hablar con Iván sobre ese tema. A pesar de que su difunto hermano muerto, Fabián, nos había heredado todo aquello, no me sentía a gusto, ahora que había vuelto a la vida.

Para cuando llegó el viernes a la tarde, me encontraba realmente entusiasmado por la idea de ir a estar todo el fin de semana con Lucas en su casa. Solos, desnudos, encerrados, aislados de todo el mundo. Me encargué de comprar bastante comida para llevar y tenía mi auto repleto de bolsas en la parte trasera. Cuando me estaba yendo, Alex se me acercó.

- ¿Cómo estás, Mariano? - preguntó. - Tengo que pedirte permiso para algo.

Lo miré a Alex, esperando a que hable, en vez de que le tenga que preguntar qué.

- Verás... - dijo. - Sé que suena estúpido, pero ahora que tú no estás todo el fin de semana y Bautista se queda a dormir en lo de David, pensé que Juan y yo podríamos dejarnos la casa para nosotros dos y darle días libres a las empleadas para que no nos molesten. No sé si tienes alguna objeción.

- No, ninguna. - le dije, sonriendo, mientras me subía al auto y arrancaba. - Disfruten el fin de semana y la próxima... sean más originales.

Alex sonrió sin entender por qué le dije una cosa así. No me importaba en lo más mínimo lo que lleguen a hacer los demás. Ahora sólo me concentraba en el gran fin de semana que pasaría junto con Lucas. En eso, mi celular comenzó a sonar y recibí un mensaje de texto desde el celular de Lucas.

"No vengas. No tengo ganas de verte hoy."

"Fin de Semana Arruinado"

Viernes 10 de Diciembre de 2004

Seguí conduciendo, sin poder creer lo que acababa de leer. Marqué el número de Lucas y comencé a llamar. ¿Qué diablos le pasaba? ¿Que era eso de que no quería verme hoy cuando todo lo veníamos planeando desde el lunes pasado?

- El celular al que usted llama se encuentra apagado o fuera del área de cobertura. - me respondió la voz de la mujer de la contestadota.

No podía creerlo. Me mandó un mensaje y ahora apagó el celular. ¿Qué diablos le estaba pasando? Aceleré hacia la casa de Lucas a toda velocidad. No iba a perderme ni un segundo de esto. Aquello no iba a ser un fin de semana arruinado.

Llegué a la casa de Lucas en cuestión de minutos. Estacioné mi auto y bajé a toda prisa. Dejé las bolsas en la parte trasera, ahora no importaba. La sonrisa y las ansias de tener todo ese fin de semana se habían borrado repentinamente.

La puerta de la casa de Lucas se encontraba abierta. Ingresé lentamente y me encontré con el living vacío.

- ¿Lucas? - llamé. - ¿Estás aquí?

Nadie me respondió. La casa parecía deshabitada, como si nunca Lucas hubiera llegado allí. El Sol estaba ingresando en el exterior y daba paso a una noche corta, ya casi entrada por el verano. Miré por todos los sitios, la cocina, el baño, pero no había nadie. Sólo faltaba un lugar que revisar: el dormitorio.

De pronto, mi vista se detuvo en la mesa. Un escalofrío me recorrió la espalda al ver que había dos copas de vino casi vacías. ¿Dos? ¿Con quién diablos estaba? ¿Qué significaba todo esto?

Asomé mi oído pero desde el interior no se escuchaba nada. Era el único sitio donde podría estar, porque sino estaba, la puerta no estaría abierta.

Juntando fuerzas y conteniendo el aliento, abrí el picaporte de la puerta e ingresé.

Ahogué un grito de espanto al ver lo que había allí dentro. Lucas se encontraba completamente desnudo, dormido sobre el cuerpo de Iván, también desnudo. El chico se dio cuenta de que ingresé y abrió los ojos, mirándome con un odio infinito y una mezcla triunfal.

- ¿Acaso no te llegó el mensaje de Lucas de que no quería verte? - me preguntó, en voz baja.

Mis ojos se llenaron de lágrimas al instante. Lucas. Lucas estaba dormido sobre el cuerpo de Iván. ¿Cómo me pudo hacer una cosa así? Me había prometido que nunca volvería con él y ahora estaban en la cama, juntos, en donde Iván ocupaba mi lugar.

- Este fin de semana ahora es mío, Mariano. - sentenció Iván, sonriendo. - Lárgate de aquí. No te lastimes a ti mismo.

CONTINUARÁ...

En el Próximo Capítulo:

Salí de la habitación llorando, sosteniéndome de las paredes, intentando no perder el equilibrio. Tanto sufrimiento. Tanta espera por Lucas para que ahora se encuentre en los brazos de él. De la persona por la cual estuvo en prisión. No me importaba si fue en contra de su voluntad. No me importaba si Néstor lo había secuestrado y lo había mandando a detener. No me importaba. Sólo esa imagen en mi memoria, que quedaría grabada a fuego por la eternidad. Ambos desnudos y abrazados. ¿Cómo podía ser? Sentí náuseas. Unas ganas terribles de gritar del dolor. Me arrodillé en el piso. La respiración se me entrecortaba. ¿Por qué? ¿Por qué me hizo esto?

TodoRelatos.com © Frederick

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