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TODORELATOS » RELATOS » MI PAPá Y YO (2)
[ Cuando pase la ocasión, ásela por el mechón. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 22 de Noviembre, 2008.
Fecha: 23-Jun-05 « Anterior | Siguiente » en Gays (3287 de 6560)

Mi Papá y yo (2)

solsticio1962
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La aventura mi papá y yo en el jacuzzi, se repitió y se mejoró. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Mi Papá y Yo

Después de ese día de mi cumpleaños en el jacuzzi de mi papá, él y yo quedamos más que unidos como amigos, y nuestra amistad se reflejó en más salidas juntos, a veces a cosas propias para niños de mi edad, a veces a sus cosas pero... la historia nomás no se repetía y yo me moría porque sucediera una y mil veces más. Y en ese tenor de ser "sólo amigos", pasaron varios meses. Mi desarrollo sexual siguió su curso. Y lo bombardeaba con preguntas al respecto, pero no pasaba de que me contestara con cariño, me diera ánimos y me sacudiera el cabello.

Yo no perdía la oportunidad de meterme a su baño cuando sabía que estaba en la regadera para platicar con él... ¡Y VERLO!, o de coincidir con él en el club para verlo cambiarse de ropa. Aunque también varias veces él entró a mi baño cuando estaba yo bañándome, y claro, mi reacción inmediata era que se me paraba la verga nomás de verlo, pero no pasaba de que él hiciera algún comentario chistoso, o me sugiriera que me la jalara; pero en realidad, yo sentía que de algún modo evitaba el tema de lo que habíamos hecho.

Así siguieron pasando los meses hasta que, durante otro viaje de mi madre, terminamos comiendo a media tarde en un restaurante de hamburguesas. El lugar estaba vacío, sólo él y yo. A media comida me armé de valor y le pregunté:

- Oye Pá...

- Dime hijo (muy atento a su hamburguesa)

- ¿Estás enojado conmigo?

- ¿Mm?... ¿cómo que enojado?... ¿porqué habría de estar enojado?...

- No. Bueno. No precisamente enojado. Sino...

- A ver... ya suéltalo...

- Es que... ¿te acuerdas de lo que hicimos el día de mi cumpleaños?...

Aquí de pronto su hamburguesa dejó de ser tan interesante. Terminó de masticar el bocado y lo pasó grueso. Se me quedó viendo serio, hasta que finalmente sonrió:

- ¡Por supuesto que me acuerdo!... si nos la pasamos a toda madre...

- Ah...

Me quedé callado, esperando que hiciera algún otro comentario que me diera luz verde para continuar. Dio otra mordida y masticando se me quedó viendo, y como pudo sonrió con la boca llena. Se lo pasó:

- ¿Qué traes en mente chaparrito?... ¿Quieres repetir la historia?...

- ¡¡¡AHÁ!!! (Su pregunta fue como un chispazo sobre pólvora)

- Debo confesarte (riéndose un poco) que me extrañó que te hayas tardado tanto en pedirlo...

- ¿Por qué te ríes?... ¿a poco ya sabías que te lo iba a pedir?...

- Pues sí... de alguna manera estaba seguro que querías repetirlo.

- ¡¿Entonces sí?! (Se volvió a reír)

- Sí. Entonces sí. Pero antes debo recordarte que es nuestro secreto, que nadie lo puede saber, ¿ok?

- Sí. Eso ya lo tenía muy claro... ¿Ya nos vamos? (Soltó la carcajada)

- ¡¿Ya ahorita?!... ¡Por lo menos deja que me termine mi hamburguesa!... y termínate tú la tuya.

El cuerpo entero se me llenó de alegría. La comida me importó poco, pero bueno, me la terminé y ya íbamos en el carro; le dije todo emocionado:

- Y además quiero enseñarte que ya tengo más pelitos arriba de la verga.

- Sííííi... ya lo sé, ya los he visto cuando te estás bañando.

- ¡Pero quiero más!... ¡quiero quedar igualito que tú! (Se rió)

- A su tiempo chaparrito... a su tiempo...

Para cuando llegamos a la casa, ya se habían ido todos los empleados. Entramos y corrí a abrirle a la llave del agua fría para que se fuera llenando la tina del jacuzzi. Bajé para ver qué estaba haciendo él; estaba al teléfono y eso fue una mala señal. Me senté enfrente de él a escuchar la conversación y definitivamente fue una muy mala señal, porque cerró la conversación diciendo: "Órale pues Lalo, aquí te espero...". Mi cara habló por mí, porque me dice: "Tranquilo hijo... tranquilo. Le llamé a Lalo para cancelarle un compromiso que teníamos, y ya dijo que estaba bien y que nomás iba a venir a traerme unas cosas que me iba a entregar. Te aseguro que en cuanto me las de, se va y seguimos con el plan".

¿La verdad?, no me conformé, porque yo conocía bien a Lalo. A veces se pasaba de impertinente: llegaba a comer sin ser invitado ni avisar. Venía a visitarlo por un rato y se quedaba toda la tarde, y a veces se había quedado hasta a dormir cuando se le pasaban las copas. ¡Ok!, era un hombre guapo. Rubio, alto, flaco, de ojos azules, también con bigote y cabello más largo que el de mi papá, compañeros de la universidad y también tenía el maravilloso mérito de estar velludo. Ya varias veces lo había visto en el club (aunque nunca totalmente desnudo). Es más, hasta me caía muy bien el tipo, pero en esos precisos momentos su presencia me resultó 100% indeseable. Me dice mi papá: "Ya quita esa carita y ayúdame a subir cervezas porque ahora sí no tengo ni una allá arriba". Lo hicimos pero yo con la felicidad a medias: mi papá le iba a ofrecer una cerveza, el otro la iba a aceptar y ¡adiós planes!

La tina por fin se llenó, pero mi papá me dijo que no la pusiera a funcionar, que esperáramos a que se fuera Lalo. Me fui a mi recámara un rato, hice algún par de cosas, me puse el traje de baño, el mismo de la otra vez y bajé a la cocina a ver qué estaba haciendo. Y como lo predije, ya había llegado, ya estaban sentados en la cocina, tomando cerveza. Saludé a Lalo de mano, no muy contento, pero tampoco dejando de ser cortés. Después me recargué en el costado de mi papá y éste me rodeó con el brazo izquierdo. Lalo se me quedó viendo de arriba a abajo, no supe si con curiosidad o si con lascivia, pero dice:

- ¿Y ahora?... ¿porqué anda éste en traje de baño?... no sabía que tuvieran alberca. (Mi papá contesta con tono contundente)

- Es que mi chiquillo y yo, tenemos el plan de pasarnos el resto de la tarde metidos en el jacuzzi... ahorita que te vayas...

- ¡Al jacuzzi!... ¡hombre!, desde cuándo que estoy queriendo comprar uno para mi recámara...

- Yo te digo dónde lo puedes comprar... luego te llamo para decirte...

Se hizo un silencio, en espera de que Lalo dijera que se iba, pero nada, le dio otro trago a su cerveza y dice muy alegórico:

- ¡¿Y no me invitan?!...

- ¿Cómo crees cabrón?, está amplia la tina pero nada más es para dos personas.

- ¿Y quién dice que me voy a meter?... ¡yo nomás los veo desde afuerita!... echándome mi cerveza...

Y este comentario inoculó una nueva idea en mi mente: ¡ver a Lalo desnudo! Ya lo había visto en el club con poca ropa, pero no en la intimidad de un baño reducido. Y viéndolo con esa óptica, las cosas cambiaron en giro de 180 grados para mí, así que abrí la boca: "Sí apá... a mí no me importa... es más, podemos meternos por turnos, un rato nosotros dos, y luego me salgo y otro rato ustedes dos... además, alguien se tiene que quedar afuera para ir por las cervezas al refri".

Yo tenía muy cerca la cara de mi papá de la mía, pero aun así, volteó a verme directo a los ojos todo intrigado, como preguntándome qué traía en mente, que si estaba loco, pero Lalo intervino muy a tiempo: "¡Ya viste buey!... a tu chiquillo le funciona la cabeza más rápido que a ti... ¡órale!: vámonos todos pa’rriba". Tomó su cerveza y sin pedir permiso enfiló sus pasos hacia la escalera, cosa que mi papá aprovechó para atraparme por el elástico del traje y me dice en voz baja pero severa:

- Supongo que te queda claro que con Lalo aquí, no vamos a hacer lo mismo de la otra vez... ¿correcto?...

- Sí apá, está bien, no importa. Otro día lo hacemos.

No se quedó muy satisfecho con mi respuesta pero finalmente sonrió y me plantó un beso en el cachete y me dijo que ahorita nos alcanzaba, que iba a meter más cervezas al refri (al de abajo). Subí corriendo y Lalo ya estaba agachado sobre la tina, tratando de adivinar cómo se echaba a funcionar. Le pregunté que si le enseñaba cómo y como respuesta se sentó en la bardita para ver. Después de que le mostré, volteó a verme con detenimiento a todo el cuerpo, cosa que nunca había hecho en el club. A mí me recorrió una onda helada de pies a cabeza, junto con su mirada. Nunca me habían visto así. Y me pregunta:

- Pues... ¿qué edad tienes ya, chaparro?... que ya estás tan desarrollado...

- Casi 13... ¿por?...

- ¡No!... por nada... es que ya tienes más cuerpo de hombre que de niño...

No me quitaba los ojos de encima, de todas partes y la verdad me alcanzó a asustar, así que le dije que en seguida regresaba, que iba a ayudar a mi papá. Y ya en la cocina, le digo a mi papá, que estaba metiendo botellas y más botellas al refri (las cervezas de lata se habían acabado, estaban todas arriba):

- Oye Pá...

- Dime.

- ¿Lalo es... ¿cómo decirlo?...

- ¿Lalo es qué, chaparro? (dejando lo que hacía para ponerme atención).

- Pues no sé... como que muy calenturiento, ¿no?

Soltó la carcajada y reanudó su labor de meter botellas. Terminó, cerró el refri y me dice apoyando un puño en la cadera y el otro sobre la pared:

- Ya te recorrió el cuerpo de arriba abajo, ¿verdad?

- ¡Ahá!... ¿cómo supiste?...

- Es que siempre hace eso... ¡y lo hace con todos en los vestidores del club!... no creas que nada más contigo.

- Aah...

- Pero no te preocupes, que es inofensivo. Nomás le gusta ver.

- ¿Entonces, sí nos vamos a encuerar?...

- Entonces: vamos a hacer lo que tú quieras hacer. Para eso estamos en nuestra casa y él nomás está de colado. Pero, ¿estás seguro de que quieres invitarlo a que se meta con nosotros?...

- Bueno, no sé. Se me ocurrió. ¿No es buena idea?

- Sí. Claro que es buena idea. A cada rato compartimos el jacuzzi del club, ya ves que es más grande que éste, pero... ¿cómo le vas a hacer con la parada de verga que luego te traes?...

- Ah... no había pensado en eso.

Ya estábamos afuera de su recámara y me detiene otra vez metiendo el dedo en elástico del traje, para decirme: "Pero que te quede claro que nos la vamos a pasar a gusto tú y yo, si te llega a molestar la presencia de Lalo, le digo que se vaya y se va, ¿ok?". Sólo contesté con la cabeza que sí.

Al entrar, descubrimos a Lalo con el refri abierto buscando una cerveza. Mi papá le pidió otra, confusión que yo aproveché para irme a meter a mi lado de la tina. Después ellos entraron platicando. Mi papá dejó su cerveza sobre el mueble, abrió el armario y empezó a desnudarse, cosa que hizo completamente, como lo más normal del mundo. Lalo estaba sentado en el banquito y no perdía detalle del cuerpo y movimientos de mi papá. Éste volvió a tomar su cerveza y sin dejar de platicar, se metió al agua, con los huevos colgando de un lado para el otro. Por alguna extraña razón, el hecho de que a Lalo le gustara ver lo mismo que a mí me encantaba ver, me identificó con él y ya no lo sentí tan "intruso".

Ya una vez acomodados, ellos iniciaron una charla aparentemente muy interesante porque me ignoraron por completo. No les puse atención. En cambio empecé a jugar con los vellos de las piernas de mi papá, cosa que Lalo no podía ver. Mi papá volteó a verme unos instantes, sonrió muy levemente y me guiñó un ojo sin que el otro lo notara. Después mi mente empezó a trabajar a marchas forzadas para idear algo y la cerveza fue la pauta. Se las acabaron y Lalo dijo que iba por otras dos. Sin avisar, me puse de pie y me salí (con el traje puesto y sin erección). Para cuando Lalo regresó se me quedó viendo y preguntó extrañado:

- ¿Y ahora?, ¿porqué te saliste chiquillo?...

- Para que te puedas meter tú... te toca...

- ¿Ya tan pronto?

- Sí. Ya. ¿No quieres?...

- Sí, ¡claro que quiero!

Me dio la cerveza para que se la detuviera y se sentó en el banco a desatarse los tennis. Iba vestido con ropa de deporte: shorts y camiseta. Se quitó todo hasta que quedó en unos bikinis azules que no guardaban mucho bulto, o por lo menos eso me pareció. Yo no perdí detalle, y hasta ahí, ya todo era terreno conocido por mí pues lo había visto ya en el club. Estando de pie volteó a verme, después a mi papá y le pregunta, metiendo los dedos pulgares en el elástico del bikini: "¿Cómo le hago compadre?... ¿en pelotas como tú?... ¿o me prestas un traje?...". Mi papá nomás le hizo la seña de que como él quisiera, y volteó a verme como pidiéndome autorización, y le dije: "Mi papá ya está encuerado, Lalo...". Entendió eso como una luz verde y se los bajó hasta el piso de un solo jalón.

Efectivamente, no era mucho lo que ocultaba el calzón. Tenía huevos pequeños, velludos pero pequeños, y su pene me llamó mucho la atención, era muy extraño. Lalo se sacudió el paquete completo como para liberarlo de la opresión del calzón. Luego metió un pie, el otro y terminó sentado en mi lugar. Se pusieron de acuerdo para acomodar cada quién sus piernas y lograron acomodarse. Lalo era más alto que mi papá, y sus piernas eran más largas aún, parecía gringo todo él, pero un gringo guapo.

Me acerqué a devolverle su cerveza y al verme de abajo hacia arriba, me dice: "¿Y tú porqué eres el único que no se encuera?". Cosa que dijo jugando, más que con insinuación. Le levanté los hombros y le dije que me daba igual. Caminé hasta el lado de mi papá y me senté de lado subiendo una pierna doblada sobre la barda. Mi papá apoyó de lado su cabeza en mi muslo y le dio un trago a su cerveza. Y dice: "Lo que pasa es que ahorita le da pena con la visita... porque otras veces nos hemos metido en pelotas los dos... ¿verdad mijo?". Sólo asentí con la cabeza y sonriendo, pero noté que la cara de Lalo cambió de sonriente a congelada. Como que ese comentario le cambió la tónica y resurgió la lascivia. Y dice: "Ah no... si es por mí, me retiro, no quiero estropearles sus planes... si vas a estar en traje de baño y afuera todo el tiempo, mejor los dejo...". Hizo un falso intento de pararse para irse, pero mi papá lo detuvo estirando una pierna, y le dijo: "Espérate compadre... eso tiene solución". Y de pronto, sin verlo venir, me rodeó con los brazos y me jaló para caer al agua justo encima de él. Se salió un chingo de agua, se mojó todo alrededor de la tina. Nomás le grité riéndome: "¡APÁ!...".

Fue un juego que resultó divertido, pero ok, ahí no podíamos estar los tres, simplemente no había espacio, así que hice el intento de salirme, pero me volvió a atrapar con ambos brazos y esta vez levantó las piernas para rodearme con ellas. Yo no dejaba de reírme. Y le dice a Lalo: "¿Ves?... ese problemita quedó resuelto. ¿Estás a gusto chaparro?". Sólo contesté que sí, riéndome, tratando de acomodarme, pero aquello era un nudo terrible de piernas. Las de mi papá encima de mí. Las mías fueron a chocar con las de Lalo y éste terminó doblando las suyas.

Nos movimos un rato hasta que finalmente quedé acomodado boca arriba encima de mi papá, con mi cabeza recargada en su hombro, las piernas dobladas y las de él encima de mí. Lalo finalmente pudo desdoblar un poco las suyas, pero nuestros pies definitivamente quedaron en contacto, los suyos encima de los míos, pero nadie se quejó.

Nos quedamos callados un rato, ellos por tomarle a sus cervezas, y yo por tratar de organizar mis ideas y sensaciones... ¡que eran muchas! Mi papá dejó su lata en la barda, me da un beso en la cabeza y me pregunta: "¿No te quieres quitar el traje mijo?". Sólo sonreí y negué con la cabeza. Y le dice a Lalo: "Es que no quiere quitárselo porque luego se le para y le da pena que lo vean...". La cara del otro iba de una expresión a otra, transformándose según los comentarios de mi papá y, por cierto: ¿a qué estaba jugando mi papá?

Lalo abre la boca. No le salió voz. Se aclaró la garganta y dice: "Por eso no te preocupes chaparro, a todos nos pasa eso cuando estamos encuerados y hay tanta talladera de piel con piel". Sonreí y dije que así estaba a gusto, pero aproveché para incursionar en el tema sexo:

- Y ya que estamos hablando de vergas... ¿te puedo hacer una pregunta indiscreta Lalo?... (No se la esperaba)

- ¿Mm?... ¿una pregunta indiscreta?... ¿sobre mi verga? (como tratando de adivinar de qué se trataba). Adelante: tú pregunta y yo contesto.

- ¿Qué le pasó a tu verga?... ¿porqué está así, toda rara?...

- ¿Toda rara?... (volteando hacia abajo)... ¿rara, cómo?...

Mi papá soltó una sonora carcajada. Y los dos volteamos a verlo extrañados. Y entre risas dice: "Es que hay vergas a las que les quitan el prepucio hijo". Volví a verlo, aún más extrañado. En la escuela de sacerdotes en la que estaba, la educación sexual era por completo nula. "Hay una operación que se le hace a algunos hombres para quitarles el prepucio. El prepucio es ese pellejito que tú te jalas para atrás cada vez que orinas... o cuando te haces una chaqueta...". Ese último comentario se me hizo muy audaz por parte de mi papá, pero seguí en mi duda. Atinadamente, Lalo intervino y dice: "Sí chaparro... mira... deja enseñarte". Dejó su cerveza, se apoyó en ambas manos hacia arriba hasta quedar sentado en la bardita con las patas muy abiertas. Su verga ya no tenía ese mismo tamaño pequeño que cuando entró al agua.

La tomó con la mano izquierda y la sacudió fuerte diciendo: "Deja que crezca tantito para enseñarte...". No podía creer lo que estaba haciendo el tipo. Y cuando le llegó a un buen tamaño me dice: "Mira, del glande pasa directo al tronco de la verga, sin pellejito en medio. Mira, aquí se puede ver la cicatriz de donde cortaron... ¿alcanzas a ver?". Mis ojos estaban como platos, pero no veía. Intenté voltear a ver a mí papá para ver su expresión pero me ganó diciendo: "Anda a ver hijo, para que no te quedes con la duda". Él mismo me impulsó por la espalda para acercarme y sin salir del agua me desplacé hasta Lalo y ya que estaba cerca y entre sus piernas peludas, pude ver claramente cómo su verga terminó de crecerle... ¿acaso por mi cercanía?

La volvió a tomar para hacerla de lado y mostrarme la cicatriz, y sí efectivamente, había señas de que algo había ahí pero que lo quitaron. Me pregunta: "¿Ya me entendiste?", y desde mi posición volteé hacia arriba para decirle que sí con la cabeza y sin retirarme, le pregunto: "¿Y te dolió mucho?". El tipo se rió, y al reírse se atrapó la verga con toda la mano izquierda y dice: "No sé chaparro, no me acuerdo... estaba muy chiquito cuando me lo cortaron". Pero no dejaba de jalársela lentamente mientras hablaba y con eso entendí que era tiempo de regresar cada quién a sus puestos. Me deslicé hasta que quedé encima de mi papá de nuevo, pero al hacerlo, sentí que también su verga ya había cambiado de tamaño... ¿qué estaba pasando ahí?...

Sin meterse al agua, Lalo se acabó su cerveza y dijo que iba por otra. Al levantarse, le brincó como trampolín recién usado. Su verga era muy diferente a la de mi papá. Para empezar lo del pellejito, para seguir era muy blanca, gruesa y recta como regla, aunque no muy grande. Pensé que por su altura sería descomunal, pero la verdad es que la de mi papá era más grandecita. La de mi papá, y ahora la mía también, tenía una ligera curvatura hacia arriba.

Al salir Lalo del baño le pregunté a mi papá en voz baja:

- ¿Porqué se le paró apá?

- Pues por la misma razón que se le para a todo mundo hijo, porque anda caliente.

- ¿Y anda caliente por mi culpa? (se rió)

- No lo sé, pero si te molesta, ahorita mismo le pido que se vaya.

- No. Está bien. No me molesta, nomás quería saber si era conmigo la cosa.

- Si te llegas a sentir incómodo nomás me dices, que no te de pena, ¿ok?

- Ok.

Lalo regresó ya con media erección y destapando su cerveza. Le dio un trago y la dejó en la barda. Mientras volvía a entrar, me pregunta sin voltear a verme:

- ¿A ver chiquillo?... ¿cómo está eso de que ya te la jalas?...

- Ay Lalo... ¡pos claro!, ya tengo 13 años, bueno, casi... ¿tú no te la jalabas a mi edad?

- ¡¿¿¿En el internado de Curas???!... Jah jah jah... si nos las tenían sentenciada los pinches curas con que el que se "tocara sus partes para otra cosa que no fueran las cosas naturales de dios"... se iba derechito al infierno.

- ¿En serio?... ¿entonces hasta cuándo te la jalaste?...

- Hasta que salí de la secundaria y regresé a la casa, ¿tú crees? Mi hermano me enseñó. ¿A ti quién te enseñó?... ¿tu papá?

Volteé a ver a mi papá sonriendo y le contesté que no, que un amigo de la escuela. ¿Para qué me iba a meter en embrollos con ese tal Lalo? En eso mi papá me impulsó suavemente para retirarme diciendo que necesitaba ir al baño (a orinar). Me deslicé al centro de la tina. Se levantó y dejó vernos una frondosa media erección escurriendo agua. Nadie dijo nada, tanto Lalo como yo teníamos los ojos pegados al mismo punto, pero yo volteé antes y lo vi cómo siguió a mi papá hasta que se metió al cuartito de la regadera. Como que se le hizo de mal gusto orinar en la taza, enfrente de nosotros. Abrió la regadera para que se llevara los desechos y aproveché el ruido para decirle a Lalo: "No le puedes quitar los ojos de encima a mi papá, ¿verdad?", sonriendo con gran naturalidad, y también con gran naturalidad, al hombrazo aquel se le subió el color como si el niño fuera él. No me contestó nada. Tomó su cerveza y hasta que no le vio fondo. La deposito en la bardita y eructó tratando de no sonar ordinario. El otro seguía orinando. Le pregunto: "¿Te traigo otra, Lalo?", y el tipo no podía salir de su embarazo. Me volteó a ver a los ojos con timidez y me dice a media voz que sí, que gracias. Me levanté y esperé a terminar de escurrir agua y no seguir mojando afuera, pero la verdad fue que esperé para que pudiera ver que abajo de mi traje había otro instrumento erecto. Pero como no volteó a verme, le dije juguetón: "No sirvió de nada el traje, de todas maneras se me nota: ¡mira!". Ahora sí ya volteó a verme directo a la verga, luego a mis ojos y como me vio sonriendo, ya sonrió y dijo como pudo: "Te dije que era de lo más normal".

Le pregunté a mi papá si quería otra y dijo que sí. Al regresar ya estaban reinstalados en sus puestos. Entregué las latas. Me quedé parado ahí, ostentando un traje en carpa pero sin saber qué hacer. Intervino mi papá: "Si ya te vimos que la traes toda parada hijo... pos ya quítatelo hombre...". Me reí y le dije: "Sí, ¿verdad?" y al levantar las manos para bajarme el traje, tal pareció que se detuvo la velocidad de la película para Lalo, porque se quedó con la cerveza a medio trago. Yo sentí cómo se hizo denso el ambiente nomás por su mirada sobre mí. Me lo quité, me senté en la bardita, levanté ambas piernas y giré sobre mis nalgas. Lalo no quitaba los ojos de mi entrepierna. Metí mis pies entre las piernas de mi papá, me puse de pie dándole la espalda, es decir, las nalgas hacia mi papá y mi verga parada hacia Lalo; y comencé a sentarme apoyándome en sus rodillas para no irlo a lastimar. Una vez acomodado entre sus piernas abiertas, él mismo me tomó para jalarme y terminar apoyado con mi cabeza en su hombro otra vez. Lalo estaba congelado. Ya estábamos así antes, pero la ausencia de mi diminuto traje significó mucho para él.

El silencio lo rompió Lalo, tratando de aclarar la garganta y de romper el hielo que él mismo hizo:

- Y así como están, ¿no te apachurra los huevos compadre?

- Para nada compadre. Mi chiquillo ya sabe cómo sentarse para no aplastar la canasta de los huevos (cosa que dijo riéndose y Lalo prosiguió)

- ¿O sea que se meten muy seguido?...

- Pues no mucho... nomás de vez en cuando...

Silencio.

- Pos te felicito chaparro: tienes un buen trozo de carne entre las piernas.

- Gracias (riéndome) pero yo no voy a estar contento hasta que me quede como la de mi papá.

- ¿La de tu papá?... ¿a poco ya se las has visto parada?...

- No, nunca. Pero luego luego se nota el tamaño. O bueno, eso digo yo.

Aquí Lalo se aventó al ruedo a por todo, porque dijo:

- Yo ya se la he visto bien parada y te aseguro que sí la tiene de muy buen tamaño. Hasta la tiene más grande que yo (Y esto despertó mi curiosidad de sobremanera).

- ¿En serio? (hasta levanté la cabecita para verlo a los ojos)... ¿cuándo se la viste?...

- Ah pos en una borrachera, que nos pusimos a alegar de tamaños.

- ¿En serio?... ¿y que pasó?...

Lalo volteó a ver a mi papá, como pidiendo permiso, y mi papá le dice: "Pos ya cuéntale... si ya empezaste cabrón, ahora acabas". Y se vuelve a dirigir a mí:

- Fue en una despedida de soltero, que todos alegaban que la más grandota debería ser la mía porque soy el más alto, y yo les aseguraba que no, que cualquiera de ellos la tenía más grande que yo...

- ¿Y luego que pasó? (Yo todo emocionado)

- Pos que la alegata siguió hasta que de plano terminamos sacándolas y poniéndolas paradas en fila sobre la mesa de billar...

- ¡EN SERIO!...

- En serio...

- ¿Y quién la tuvo más grande?

- Pos ni tu papá ni yo, la tuvo el que menos imaginamos. Un flaquito bajito del grupo, que parecía que no rompía un plato y resultó ser el más vergudo de todos.

- ¡¿Y luego qué hicieron?!

- No. Nada, ya nos las guardamos y seguimos en el desmadre, tomando.

Ellos se rieron, pero la verdad yo no. Nomás de imaginar esa mesa de billar con todas las vergas encima, me sobrecalenté, como motor en carretera. Volteé hacia mi papá: "¿Entonces tú la tienes más grande que Lalo?". Nomás se rió por la nariz y asintió con la cabeza, como con pena. Ahora volteé hacia Lalo y le digo:

- Y se me hace que sí es cierto Lalo... porque ya la estoy sintiendo por acá abajo... (Ahora el del entusiasmo fue él)

- ¡¿EN SERIO?! (Y lanzó la más fallida de las risas, el tipo hasta rojo se puso)

- En serio. Ya me anda acá, picando las nalgas.

Se dirigió ahora a mi papá: "A ver compadre... ¡enséñanos a tu hijo y a mí lo que traes ahí!". Se volvió a reír y me pregunta a mí: "¿Sí quieres que se las enseñe mijo?". Sólo me retiré un poco, sonriendo y diciendo que sí con la cabeza. "Ok, aquí les va". Se impulsó con las manos en la barda y clarito vi cómo salió un mástil algo curvo, escurriendo agua. La enseñó de frente, luego de lado y los dos viendo hacia arriba con la boca abierta. "¿Ya contentos?", cosa que dijo sonriendo y sin esperar respuesta se volvió a sentar. Pero esta vez ya no me acomodé de espaldas, sino como la otra vez, de ladito y mi cabeza apoyada en su pecho, mi frente en su cuello. Mis pies fueron a dar contra las piernas de Lalo. Era imposible no tocarlo. Levanté la cabeza para decirle a Lalo: "¡Ahora la traigo clavada en la panza!", riéndome.

La cara de Lalo se transfiguró llena de lascivia y a partir de ese momento, algo cambió, porque mi papá dejó de reírse y me dice: "Oye chaparrito... ¿sí me esperas en tu recámara un ratito?... es que quiero platicar un momento a solas con Lalo... ¿no te importa?...". Yo confiaba ciegamente en él, así que ni me desilusionó ni me importó. Sólo accedí. Me levanté y él atrás de mí. Las erecciones perdieron relevancia. Salió primero para darme una toalla grande y me envolvió como si fuera yo un niño chiquito todavía. "Espérame en tu recámara hijo, ahorita que terminemos de platicar te alcanzo". Con el signo de interrogación dibujado en la cara, me despedí de Lalo con algún comentario chistoso y salí de escena.

Yo andaba muy caliente, pero con mi papá fuera de escena, se me olvidó el asunto. Di por hecho que querrían platicar de cosas de adultos. Me dio algo de frío, así que me quité la toalla mojada y me puse algo de ropa. Se me antojó un refresco, pero no se me hizo buena idea salir de mi habitación, así que agarré mi libro favorito ("Las Minas del Rey Salomón") y me acosté de panza en la cama a leer. Seguramente me dio mucho sueño, porque lo siguiente fue que me despertó la voz de mi papá muy cerca de mi cara diciéndome:

- Chaparrito...

- ¿Mm?...

- Hijo... ¡te dormiste!... perdón mi amor... no pensé que me fuera a tardar tanto...

- No, Pá. No me dormí... ¿o sí?...

- Sí... ya estabas bien dormido... véngase para acá...

Y como pluma ligera me levantó, se dejó caer con ambos pesos sobre la cama y me acostó encima de él. Me tallé los ojos.

- ¿Ya es de noche?...

- Ya. Se alcanzó a hacer de noche.

Y me acomodé mejor encima de él, tal como estábamos en el jacuzzi entre sus piernas, pero ahora... ¿vestidos?... me di cuenta que mi papá estaba envuelto sólo por una toalla.

- Oye... ¡no se vale!...

- ¿Qué no se vale?...

- Tú sigues encuerado y yo ya estoy vestido...

- Jah jah jah... No hijo, no siempre tiene que ser la cosa pareja. Si así estás a gusto, así quédate.

- ¡No señor!

Me levanté lo suficiente para quitarme la camiseta y el short que me había puesto. Los aventé y me volví a acomodar entre sus piernas.

- ¿Te enojaste con Lalo?

- Olvídate de Lalo, hijo. Ni me enojé con él ni vamos a dejar que nos eche a perder la tarde...

- Dirás la noche.

- Bueno pues, la noche.

- Oye...

- Mm... dime...

- La cosa sigue sin estar pareja.

- ¿De qué hablas?

- De que ahora yo estoy encuerado y que tú sigues con esta toalla mojada puesta.

- A ver pues... hazte tantito para allá para quitármela...

Me retiré y vi cómo se levantó un poco para sacarla de abajo de él y tirarla al suelo. Se volvió a acomodar abriendo los brazos para que me reacomodara encima de él, de nuevo. Yo le separé las piernas y me volví a acomodar en medio. Y ya acomodados, con mi cara en su pecho, le digo:

- Te quiero mucho Pá.

- Hijo... yo te adoro.

- Ok, me ganaste.

- Jah jah... ¡oye!... ¡si no es competencia, burrito!...

- Y aun así, me ganaste.

- No es cierto...

- Sí es cierto Pá, yo sé que tú me quieres más de lo que yo te quiero a ti...

- Mm... bueno, se me hace que ahí sí tienes razón.

Nos quedamos un rato abrazados y callados, disfrutando uno de la compañía del otro, hasta que me acordé de algo:

- ¡HEY!... ¡no has visto bien mis pelitos nuevos Pá!...

- ¡Es cierto!... ¡a verlos!...

Sin retirarme, me volteé apoyando la espalda en su panza y él abrió más las piernas para darme más campo de acción. Su cabeza estaba a un lado de la mía, muy interesado en lo que le iba a mostrar. Levanté la cadera apoyándome en los pies, y la dirigí lo más que pude hacia su cara y por alguna extraña razón, no tenía erección:

- ¿Alcanzas a ver?...

- Alcanzo a ver perfectamente que mi chiquito ya es todo un hombre.

- ¡Pero tócalos Pá!... ¡que no te de pena!... mira, así... se parecen mucho a los tuyos... bueno, un poco más güeritos... ¡pero iguales!...

- Ya los vi hijo...

- ¡Noooo!... ¡tócalos Pá!...

Le jalé la mano hasta mi entrepierna y sí, efectivamente sucedió lo que tenía que suceder, que en cuanto sentí sus dedos acariciando mis vellos... ¡saz!: mi verga se paró en fracciones de segundo. Entonces bajé la cadera hasta el colchón y no supe qué decir. Pero él sí:

- Ya estás bien grandote mijo...

- Mm... ¿te refieres a mí o a mi...

- Jah jah jah... ¡me refiero a ti, tontito!... pero que si hablamos de lo otro, ¡también!...

- Sí, ¿verdad?... ya casi la tengo como tú...

- Ya merito. En un par de años la vas a tener más grande que yo chaparro.

Estando así, abrazado por sus piernas, tomé sus brazos que tenía cruzados sobre mi panza y sin decir nada, se los bajé hasta mi entrepierna completamente abierta, hasta que ambas manos quedaron en forma de conchas encima de mi pene erecto y mis huevitos escondidos.

- ¿Qué haces chaparro?

- Es que me gusta sentir tus manos ahí.

- Mm... ¿Sientes bonito?...

- ¡Muuuy bonito Pá!

- Mmmm... Yo también siento muy bonito de estar acariciando los huevitos de mi chiquillo... (Y me dio un beso en el pelo)

- ¿Te gusta en serio, Pá?

- Un chingo hijo.

Nadie dijo nada, sólo acariciaba mis huevos lampiños y escondidos con las yemas de los dedos, pero como quien acaricia las orejas de un perro, y eso no se podía quedar así. Yo tenía que subirle el volumen. Volteé mi cabeza hacia arriba y le pregunto:

- ¿Oye Pá?...

- Dime...

- Me dejas que te acaricie los tuyos un ratito (por su nariz salió una ráfaga de aire que me hizo entender que se rió)

- Claro que sí mijo, tú puedes hacer conmigo lo que quieras.

- ¡Órale pues!...

Y me retiré, me hinqué en la cama y me le quedé viendo. Él me contestó con una sonrisa y las manos levantadas: "¿Qué quieres que haga?". No le contesté, sólo le jalé las piernas hacia abajo, hasta que quedó acostado completamente. Se empezó a reír: "¿Qué me haces, chaparro?", jalando almohadas para levantar su cabeza. Me hinqué en medio de sus piernas abiertas. Así, empecé a pasar los dedos pos su escroto. Por más que levantaba la cabeza, no alcanzaba a ver nada, así que me dice: "¡Así no se vale!... no alcanzo a ver nada", y sin más se volvió a impulsar hacia arriba hasta quedar recargado sobre la cabecera y abrió las piernas tanto como pudo, doblándolas hacia arriba. "Ora sí chaparrito... haz todo lo que quieras... que ya alcanzo a ver". Sólo le sonreí y me concentré en su escroto colgante:

- Todavía están mojaditos, Pá.

- Sóplales y vas a ver cómo se secan más rápido.

Me agaché lo más que pude, en cuatro patas a soplarles y sí, probablemente sí se secaron, pero me topé con una diversión mejor: su verga empezó a crecer. Volteé a verlo a los ojos y le digo:

- Tu verga también quiere jugar, ¿verdad?

- Sí. Es una egoísta: siempre que invitan a jugar a los de abajo, ella quiere jugar también pero, no le hagas caso y vente para acá que me siento más feliz cuando te abrazo.

- ¡Pero Apá!...

- ¿Qué hijo?...

- ¡Déjame que... ¡a ver!... ya sé. Junta las piernas (y las juntó). Ahora vamos a ponerlas juntas para ver qué tanto me falta por crecer.

Al juntar las piernas, me monté sobre él como en caballo, y me acerqué tanto como fue necesario para que nuestras vergas quedaran espalda con espalda. Y una vez juntas, la mía dura como tabla y la de él creciendo a penas, las junté y las atrapé con ambas manos para comparar tamaños. La de él siguió creciendo y creciendo, y tanto, que la mía se vio ridícula a su lado. No me quitaba los ojos de encima. Me dice: "Te dije que era una egoísta". Sólo sonreí y levanté los hombros, pero no me moví de ahí. Solté mi verga y la punta se fue a clavar justo en el centro de sus huevos, mientras la suya seguía creciendo.

- Pá... sigue creciendo... ¿te le puedo hacer lo del otro día?...

- Bueno, sí, pero con la condición de que luego me dejes hacerte a ti lo del otro día también.

- ¡OK!

Pero en vez de empezar a hacérselo así como estaba, me acosté de lado apoyándome sobre el codo izquierdo y quedando muy cerca de cu cadera. Ya no podía ver su cara.

- ¿Ya puedo empezar, Pá?

- A la hora que gustes chaparro.

- Ok.

Y empecé a jalársela. Repitiendo lo mismo de aquel día. Empecé a subir y bajar mi mano por todo el trayecto que implicaba su verga, pero esta vez, como no había agua de por medio, pude ver cómo salía un líquido transparente y cristalino, que empezó a escurrir desde la punta de su verga.

- ¿Qué es esto Pá?... ¿lo mismo del otro día?

- No chaparro, esto se llama líquido pre seminal. Es un líquido que la verga echa para afuera para cumplir ciertas funciones, que luego te explico.

- Ah... ¿Lo puedo tocar?

- Ya te dije que tú puedes hacer lo que quieras, burrito.

- Ok.

Solté su verga y atrapé la gota que había caído sobre los vellos de su bajo vientre.

- Se siente chistoso Pá, parece aceite.

- No tiene nada qué ver con el aceite.

- ¿Lo puedo probar?

Y antes de que él pudiera decir nada, me metí los dos dedos embarrados en la boca y lo probé:

- ¡Chaparro!... ¿porqué hiciste eso?...

- Porque se me antojó Apá... además, dijiste que podía hacer lo que yo quisiera.

- Pues sí pero...

- Sabe rico, Pá

- Pues sí pero no vuelvas a...

- ¡Mira!... aquí viene más...

Me puso la mano en la espalda y empezó a decir: "Sí, viene más, pero esta vez....". No alcanzó a terminar la frase porque jalé la punta de su verga y atrapé la gotita con la lengua antes de que cayera. Sólo sentí que todo su cuerpo se congeló, se contrajo, como imagen de película que detienen. Y como quedó algo todavía en la punta de su glande, volví a jalarlo a mi boca y ahora ya pasé la lengua completa, como perro sobre el helado de alguien que se distrajo.

- ¡Hijo!...

- Es que sabe muy rico, Pá

- Pero espérate...

No lo dejé hablar. Jalándole la verga despacio, volteé a verlo a la cara y estaba todo rojo. Le pregunté:

- Si le sigo jalando... ¿sale más de esto?...

- Bueno... sí, pero déjame explicarte que...

- OK.

Volví a centrar mi mirada sobre su verga, subiendo y bajando mi mano por ella. Me puso la mano en la cabeza para voltearla hacia él:

- Hijo. Una cosa es que hayamos jugado en la tina, y otra cosa es que uses tu boca para...

- ¿Para qué?...

- Bueno, que pongas tu lengua en mi pene. Eso no está bien hijo...

- Bueno, déjame sacarle otra gotita y ya me quito, ¿sale?

- No hijo... ya retírate por favor porque...

- ¡Mira!... ya salió la otra...

Y esta vez ya no anduve con remilgos de pasar sólo la lengua, de plano lo atrapé como quien atrapa una bola de helado y lo empecé a extraer, echando más saliva que el líquido que succionaba. Mi papá cerró las piernas y me jaló por el cabello con gentileza:

- No hijo, no podemos hacer eso.

- ¿Hacer qué?

- Pues eso, de que pongas tu boca en mi verga.

- ¿No?

- ¡NO!...

- Ah. Ok.

Me retiré y me recargué en la cabecera junto a él. Topo serio, todo desilusionado. Se podría decir que triste. No volví a mencionar palabra.

- Chaparrito...

- Mm...

- Hijo, entiende que una cosa es jugar en la tina a que nos la jalamos, y otra que me pongas la boca ahí...

- Apá, yo no veo la diferencia. Para unas cosas que me gustan, me dices que puedo hacer lo que yo quiera, y para otras cosas que también me gustan, contigo mismo, me dices que no está bien, que no se puede. Como que no te defines.

- Hijo, no es que no me defina, es que... ¿cómo te explico?...

- No. No me expliques nada. Lo que pasa es que no quieres seguir jugando conmigo y ya.

- No. Sí quiero seguir jugando contigo. Si quieres te la jalo como el otro día para que sientas lo mismo...

- ¿Y qué diferencia hay de que me la jales a que te chupe el caldillo ese que te sale?... ¡sabe bien rico, Pá!

Se quedó callado. Me acarició el pelo. Inhaló profundo y me dice:

- ¿En verdad quieres seguir jugando con el caldillo que me sale?

- ¡¡¡SÍ!!!... ¿puedo?

Lo pensó unos momentos, pero finalmente me dijo que sí: "ándale pues hijo, sácale a la verga de tu apá todo el caldillo que quieras". Sonriendo se dejó caer sobre la cabecera y abrió las piernas de nuevo. Me instalé otra vez recargado sobre mi codo, y me di a la tarea de levantar lo que el tiempo había bajado, pero no me tardé mucho porque en seguida se le volvió a parar.

- ¡Mira, Pá!... ya viene otra gotita...

- Sí chaparrito, ya vi...

- ¡¿Me la puedo comer?!...

- Hijo, a estas alturas del partido, ya puedes hacer lo que quieras sin pedir permiso.

- ¡OK!

Me acerqué más a su verga, reacomodé mis piernas, reacomodé mis brazos y finalmente su verga. La punta de su verga quedó a una muy escasa distancia de mi boca. Se la jalé otro ratito hasta que se volvió a asomar mi premio: ¡otra gotita!, y ya sin preguntar, jalé la punta hasta mi boca y succioné la gotita con un placer que yo mismo no conocía. Y ya estando con la lengua y los labios en su verga, pos ya me quedé ahí, en espera de más... hasta que...

- Chaparrito...

- ¿Qué?... (Levanté la mirada para verlo a los ojos)

- ¿Sí te acuerdas de que esto va a ser nuestro secreto?

- Sí apá, ¿por?...

- Porque... bueno...

- ¿Qué, Pá?...

- Ya que estás haciendo eso con mi verga... y ya que va a quedar en secreto entre tú y yo... ¿no te gustaría saber qué se siente que alguien te pase la lengua por tu verga?

- ¿Que alguien me pase la...¡¡¡¿¿¿O SEA: TÚ???!!!...

- Exacto: o sea yo.

-¡Sí!... ¡sí quiero!... ¡sí quiero apá!... ¿qué tengo que hacer?... ¡pronto... pronto!...

- Tranquilo... tranquilo... No tienes que hacer nada en especial, mi amor... nomás acuéstate como estaba yo...

- ¡OK!

Sin hablar más brinqué hasta la cabecera de la cama, apoyé mi espalda y abrí las piernas tanto como pude. Claro que mi verga estaba sólidamente adherida a mi panza por la erección tan fuerte que traía. Mi papá empezó a escurrirse hacia los pies de la cama, hasta que quedó a la altura de mi verga... que dicho sea de paso... ya no era tan pequeña como un año atrás. Se recostó sobre su codo, puso su mano sobre mi escroto reducidísimo y me pregunta:

- ¿Listo?...

- ¡Ahá!... ¿qué tengo que hacer, Pá?

- Nada, mi amor, nomás deja que tu cuerpo y tu mente disfruten de lo que te voy a hacer...

- ¡OK!... dale... ya estoy listo...

Yo estaba feliz por lo que me iba a hacer mi papá, pero no tenía ni la más remota idea de lo que sería. Me sentí como si me hubiera sentado en uno de los carritos de la montaña rusa, en espera de lo que vendría... y sí... resultó ser aun más intenso que una triste montaña rusa.

Se acercó cada vez más y más a mi verga. Su mano subió de mi escroto reducido como una concha de mar, a mi verga dura y pegada a mi panza. Metió los dedos para atraparla y la separó de mi panza; la levantó. Todo esto lo vi. Me subió y me bajó el prepucio varias veces y me voltea a ver con esa maravillosa sonrisa que nunca se me va a olvidar: "¿Listo, chaparrito?". No le dije nada, sólo agaché la cabeza para decirle que sí.

Agachó la cabeza hacia mi verga y di por hecho que sentiría su lengua de inmediato, pero no, en cambio empecé a sentir que de su boca salían bocanadas de aire muy caliente que rodeaban mi verga, mis huevos y hasta mi entrepierna. Las piernas se me jalaron para arriba y me volteó a ver: "¿Puedo regresar tus piernas a su lugar, hijo?". Viéndolo a los ojos, no supe qué contestarle, sólo levanté los hombros y el me sonrió en respuesta. Volvió su cara sobre mi verga y va de nuevo: volvió a abrazar mi verga con una suave bocanada de aire caliente, bajando mis piernas y yo me sentí en el cielo, pensando que eso era a lo que se refería, cuando me preguntó que si quería sentir lo que era que otro cabrón le chupara la verga a uno. Ya estaba a punto de decirle que sí, que me había gusta mucho, que muchas gracias, pero que me dejara seguirle chupando la suya... cuando de pronto sentí que su boca se cerró alrededor de mi verga... ¡¡¡OOOOH DIOS!!!... hasta entonces entendí a qué se refería con que "otro" me la chupara.

- ¡Apá!...

- Dime hijo...

- Es que apá...

- ¿Qué pasó cachorro?

- Es que es como que muy fuerte...

- ¡Y ESPÉRATE A LO QUE SIGUE!...

- ¿Hay más?...

- Sí.

Volvió a agachar la cabeza sobre mi abdomen y no volví a saber más de mi verga, porque sólo alcanzaba a ver su cabello mojado, subiendo y bajando sobre mi verga, y su espalda bronceada... ¡era un sueño!...

Su cabeza, de estar subiendo y bajando lentamente en mi entrepierna, empezó a acelerar su ritmo, bajó la mano y la metió entre mis nalgas y vino aquí una nueva sensación: su dedo jugando en mi ano (¡YO NO SABÍA QUE TENÍA UN ANO!). Se separó de mi verga, hizo saliva, la escupió sobre sus dedos y todo regresó a su puesto: su boca a mi verga y sus dedos a mi ano, pero ahora la sensación de mi ano fue más intensa. Fuerte... ¡muy fuerte!... totalmente desconocida, pero divina... ¡Y FUERTE!...

- ¡APÁ!...

- Mm...

- ¡¡¡APÁAAA!!!

- ¡¡¡MMMM!!!

- ¡Ya!... ¡por favor ya!...

Se separó, levantó su cara divina, con su dedo en mi ano y sonriendo me preguntó:

- Ya... ¿qué mi amor?...

- No sé apá... ya... es que siento que me voy a desbaratar... siento que me voy a orinar en tu boca... ¡siento cosas raras!...

- Bueno mi amor, si quieres que ahí lo dejemos, ahí lo dejamos...

Se arrastró hasta que quedó a la misma altura de mi cara. Me da un beso en la frente y me dice:

- ¿Ves chaparrito?... eso es lo que se siente cuando alguien te pone la boca en la verga...

- ¿Por eso es que no querías que siguiera con mi boca en la tuya?... (Liberó una de esas sonrisas divinas que sólo su cara podía manifestar)

- Puesss... sí, por eso es que no quería...

Me abrazó y nos quedamos un rato abrazándome él, acariciando mi cabello ya no tan mojado como el suyo. Me dio un par de besos en las mejillas y le digo:

- Oye Pá...

- Dime.

- ¿Me puedes hacer lo mismo otro ratito?... se siente bien raro, pero también se siente bien rico...

- Claro que sí hijo, pero... ¿te acuerdas de que...

- Sí apá, sí va a ser nuestro secreto, siempre.

- Ok.

Y antes de bajarse a mi verga de nuevo, se acercó tanto a mi cara, que me puso un beso en los labios. Yo sentí muy rico y quise más, pero enseguida se retiró y se volvió a escurrir sobre la cama, hasta que quedó a la altura de mi verga. Se volvió a llenar la boca de saliva y la volvió a escupir en sus dedos. Acto seguido, metió su mano escupida entre mis piernas, lo que ocasionó que se me abrieran más y más. Recuerdo haberlas visto volando libres en el aire. Lo siguiente fue que atrapó mi verga entre sus labios y ya estábamos de regreso en la gloria.

Su cabeza subía y bajaba, lentamente. Mis ojos se cerraban y se abrían. Yo no podía controlar algo que desconocía por completo. Sólo dejé que él siguiera dirigiendo la obra... ¡pero no por mucho tiempo!... porque pronto empecé a sentir lo mismo que aquel día, que me abrazó y me la jaló... pero con mucha más intensidad... mis piernas se flexionaron pero él no les hizo caso, las volvió a bajar. Puso más frenesí en su subida y bajada de cabeza sobre mi verga y el tiempo se hizo eterno al mismo tiempo que efímero: empecé a disparar mis escasas gotas de nuevo semen en su boca. Entonces yo no sabía que era una regla de cortesía avisar antes, él siguió conectado a mi verga hasta que dejé de contorsionarme, hasta que dejé caer mi cuerpo, hasta que me relajé por completo después de haber eyaculado en su boca. Ni siquiera alcancé a sudar.

Una vez depositada mi semilla en su garganta, se separó y subió por la cama hasta la altura de mi cara y me abrazó, otra vez con ese mismo amor de siempre. Yo estaba en otro mundo, pero había dado por hecho que iba a estar enojado conmigo por haberle echado en la boca todo lo que le eché (¡que no era mucho!) pero no, por el contrario, estaba feliz. Me preguntó que cómo me sentía pero no le contesté. En cambio, hundí mi cara en su pecho, que tampoco estaba sudado. Es decir, la cosa fue tan rápida que nadie sudó. Y así, con mi nariz hundida en los vellos de su pecho, casi en los de su axila, me abrazó y me jaló hasta él. Yo seguía sin estar en este mundo. Y ya recuperando la respiración, con los vellos de su axila en mi nariz, le digo (que por cierto, a mi papá, me lo pongan como me lo pongan... ¡adoro todos sus olores!... buenos, malos o regulares... ¡LOS ADORO!...):

- Oye Pá...

- Mm... dime cachorro...

- ¡Te toca!...

- ¿Me toca?... ¿De qué hablas, hijo?

- No finjas demencia apá...

- ¿De qué me hablas hijo?...

Probablemente no sabía de qué le hablaba, pero en seguida se enteró, porque me separé de sus brazos, me hinqué sobre la cama y dirigí mi cara hacia su pene todavía muuuuy erecto. Al ver esto, me dice:

- ¡No hijo!...

- ¿Porqué no, Pá?

- Porque no es necesario que me regreses el favor... yo te lo hice porque tú...

- ¡PERO, APÁ!...

- ¿Qué?...

- Yo quiero...

- Pero hijo...

- Mira, yo no sé cómo se hace; lo único que sé es que se siente bien rico que otro cabrón le ponga la boca en la verga de uno y quiero...

- Y quieres devolverme el favor... ¿correcto?...

- ¡AHÁ!... ¿puedo?

Se quedó pensativo un rato. Se rascó los huevos (cosa que me volvía y me vuelve loco, sólo de recordarla). Luego se acarició la verga y la regresó a su tamaño máximo y me dice:

- Bueno, está bien, pero sólo si tú quieres...

- ¡Sí quiero!... nomás dime cómo hacerle...

- Mira, es fácil, sólo pon tu boca alrededor de mi verga, pero no metas los dientes para nada... ¿sí me entiendes?...

- Ahá: sólo lengua y labios. ¡Nada de dientes!...

- Exacto...

- Bueno, ¿ya puedo?...

- Sí, ya puedes pero... ¡chiquito!... no tienes porqué hacerlo... sólo era un juego para enseñarte lo que se siente cuando otro cabrón... AAAAAAAAAHHHHH...

No lo dejé terminar. Hundí su verga en mi boca, tal como él lo había hecho unos minutos atrás, cuidándome mucho de no meter dientes por ningún lado. Y así como vi que su cabeza subía y bajaba, empecé a subir y bajar la mía. No tuve que producir saliva, solita me salió. Sus piernas se doblaron, pero tal como él hizo con las mías, se las bajé a altura colchón para poder seguir...

- ¡Hijo!...

- Mm...

- Ya... ¡ya hijo!... con eso fue suficiente... (Saqué mi cara de donde la tenía y le pregunto, viéndolo a los ojos)

- ¿Ya quieres que deje de hacerlo, Pá?...

- Bueno... no. No es que quiera que dejes de hacerlo pero ya con eso me doy por bien pagado por el favor y...

- NO, Apá. Yo te eché mis mocos en tu boca, ahora yo quiero los tuyos en la mía. Síguele...

- Pero hijo...

- ¡APÁÁÁÁ!!!

- OK... ok... hijo, tú ganas... ¿en verdad quieres que te eche mis mocos en tu boca?

- ¡SÍ!

- Pero hijo... a mí me salen muchos más que a ti...

- Mejor sobre mejor, apá...

Se rió. Me acarició el cabello y sin quitar la sonrisa de su cara, me puso la mano en la nuca y empezó a jalar mi cabeza hacia abajo, cosa que yo entendí como un "¡Síguele!". Yo no sabía que era capaz de elaborar tanta y tanta saliva, como produje en ese momento. Mi papá abrió las piernas, más y más pero ya no las levantó, sólo sostuvo su mano en mi nuca para que no me le fuera a salir. Empezó a gemir con mucha fuerza y ya que lo siguiente sería un grito, me detuvo por la cabeza. Jadeando jaló mi cara hasta la suya y me dice, de boca a boca: "Ya chaparrito... ya me va a salir lo que me quieres sacar... pero no tienes porqué recibirlo en la boca". Jadeando, volteé a verlo a los ojos y le dije: "NO".

Me volví a agachar sobre su pene, pero no me lo metí de inmediato. Empecé a producir mucha más saliva, tanta como pude, e hice lo mismo que él: la escupí sobre mis dedos y la llevé al centro de su entrepierna, pero con la gran diferencia de que no supe que hacer con ella ahí. Su mano bajó, atrapó la mía y me bajó los dedos que estaban de más; me dejó derecho el dedo central y me lo volvió a poner entre sus nalgas apretadas contra el colchón. Mis dedos cobraron sabiduría propia, porque encontraron su camino hacia su ano ya lubricado, hasta que lo encontré, y sin recibir instrucciones, simplemente lo metí. Una vez metido mi dedo AHÍ, regresé mi boca a lo mío, pero esta vez lo hice de una forma burda, porque me agaché sobre su verga erecta y escupiendo lubricante. Tan burdo fui que casi me provoqué el vómito. Él se dio cuenta. Me tomó por la frente y me dice: "No tiene que ser tan profundo... despacito, no te la metas toda y vas a ver lo que pasa". Sin esperar más instrucciones, agaché la cabeza y antes de volverme a meter su verga en mi boca, introduje tanto como pude el dedo y esto le jaló la cabeza para atrás y lanzó un gemido que NUNCA le había oído. Y así como estaba mi dedo hasta el tope, fui introduciendo su verga hasta el tope, ya sin vómitos.

Puso su mano sobre mi cabeza. Empezó a subir y bajar levemente su cadera, para meterse y salirse de mi boca, levemente. Estuve un rato así... ¡pero fue un rato pequeño!... porque pocos minutos después, antes de que terminara de acomodar mi cuerpo a la acción, me dice: "¡YA CHAPARRO!... ¡YA!...". Y lo que siguió fue que su mano presionó más mi cabeza hacia abajo yyyyy: una grande y gigantesca descarga de semen en mi boca. Si hubiera querido quitar mi cara de ahí, no hubiera podido, porque su mano estaba haciendo aun más presión sobre mi nuca, así que ni siquiera lo intenté.

De su boca salían gemidos, rugidos... exhalaciones de aire que sólo le vi cuando jugábamos tenis o nadábamos en la alberca.

El producto de su verga... ¿la verdad?... no me cupo en la boca, y como era la primera vez para mí, no tenía ni idea de que se podía comer, como me comí el otro líquido que le salió antes.

Levantó las piernas gimiendo. Quejándose. Todo lo que entró a mi boca, salió por mis labios porque empezó a escurrir. Sus gemidos terminaron. Soltó las piernas. Soltó el cuerpo. Me atrapó por las axilas, como cuando me levantaba cuando era chiquito, y me jaló hasta su pecho. Pasó una pierna por abajo de mí, luego me rodeó con ambas, me apretó contra su pecho. Sonrió jadeando, y me dice: "Déjame probar lo que traes en la boca, hijo". Me jaló hasta su boca y unió la suya a la mía, dándome OTRA experiencia nueva: EL BESO DE UN HOMBRE.

CONTINUARÁ

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