Cuando calienta el sol, aquí en la playa...
La familia Canelloni al completo (papá, mamá, Toni y su
repelente hermana) tararea esa melodía mientras, cargados de cachivaches
playeros (toallas, sillas plegables, sombrilla, esterillas para las dos mujeres,
y una garrafa de protector solar) encaminan sus chancletas a la Cala del Dorito
Quemao.
-Joe, ya podíamos ir a una playa nudista.-
-¡Uy, qué dices Toni, me moriría de vergüenza!- se
escandaliza doña Canelloni.
Y el pobre Toni ve como sus lúbricas fantasías, rodeado de
chicas, blancas, negras, bronceadas, de todos los colores, en pelotas, en poses
cuando menos sugerentes, ¡son invadidas de repente por el orondo pandero de su
progenitora!
-Aghh... En fin, espero que al menos esta cala tenga buen
ganado.-
Ni Lechuza Flaca, oiga, podría ser más gafe. Nada más entrar,
Toni cree que ha ido a dar a una morgue. ¡Una playa para vejestorios!
-¡Vaya, qué sorpresa! ¡Resulta que esta cala la utilizan los
abueletes para curarse el reuma, y que la mayoría de los venereantes van a la
otra, la que está al lado del puerto deportivo.- confirma el señor Canelloni
tras preguntar a una de las momias que se tuestan al solitronchi cual iguana de
las Galápagos.
-¡Por favor, que alguien me de matarile!- exclama Toni...
-Papa, ¿has dicho venereantes?- interroga la menor de la
familia.
...
Los recuerdos de nuestro héroe comienzan a tomar forma en la
nebulosa de la duermevela. Los zumbidos de los mosquitos van remitiendo...o eso
o es que ya sólo oye retumbar en su mollera la banda sonora de "La Momia", la
película que proyectan en sesión continua en el cine de verano.
-¡Me cago en Imhotep y la madre que lo parió!-gime
desconsolado, incapaz de dormir.
Y es que contar ovejitas resulta peligroso, si a la décima
peluchuda se transforma en pleno salto sobre la valla del cercado en una de las
viejas pellejas de la cala del Dorito Quemao, que pretende embadurnar a Toni de
leche solar, al tiempo que sonríe y deja entrever los bujeros de sus encías.
Vueltas y más vueltas sobre la cama, y la imposibilidad de
hacerse una mala paja por estar abierta la puerta de la habitación de sus papis.
-Para que se haga un poco el fresco...¡y un cuerno! Éstos lo
que quieren es no dejarme pelármela!-
La primera noche es la peor siempre, se dice, pero no le
sirve de consuelo el pensar que le quedan "únicamente" 15 días de suplicio.
Por fin, llega el día. El bochorno se adueña de las calles y
tras un frugal desayuno, ¡todos a la playa!
-Trata de pasarlo bien, Toni.- se dice a si mismo el pobre
chico. -Báñate, y lo mismo en alta mar te encuentras una sirena y te hace una
cubanilla.-
Oh.no... ¡Algas! ¡Con el asco que le dan!
-Venga, chico, métete, que el agua está riquísima.-le espeta
una señora, cuyo bañador negro del año la Juana no deja nada a la imaginación (y
sería mejor que lo hiciera, dado el porcentaje de carne afectada de lorzosis de
la buena mujer)
-Sí, y las algas son estupendas para la piel. A mi se me
están curando las llagas. ¡Venga, niño!-añade otra, si cabe más espantosa que la
anterior, y cuyas gafas de culo de vaso no pueden ocultar una pérfida lascivia
sólo comparable al horror pustulante que recorre su dermis.
-No,no, creo que iré a hacer castillos de arena.- "Par de
brujas, ¡mal me he de ver para compartir no digo agua, ¡ni aire! con semejantes
escualos de la tercera edad."
Y dicho y hecho, Toni coge el cubo y la pala y se pone a
construir un fortín. Pero cuando va por la primera torre, se aburre, y decide
hacer una travesura. Con paciencia y precisión, moldea la arena mojada y le va
dando una forma que en pocos minutos sólo puede acogerse al calificativo de
fálica. Y en apenas un cuarto de hora de erótica arquitectura, una hermosa
tranca decora, cual símbolo de resistencia contra la adversidad y la
conspiración judeomasonicogeriátrica, la cala del Dorito Quemao.
¡Ya sólo le queda el detalle final! Sonriendo malévolo,
estruja el bote de Sunfactor 40000 sobre el capullo...un segundo antes de que un
frisbee rebote contra su nariz.
-¡AAAAAAYYYYYY!-
Una voz femenina y extrañamente familiar le responde como un
eco, al tiempo que un aluvión de arena se insatala en sus ojos, cegándolo.
-¡Ay, Ay, Ay! ¿Quién ha sido el...?-
-¡Uy, perdona, chico, lo siento, te he hecho daño!-
Toni abre los ojos y entrevé a través de los lagrimones, el
rostro de una chica, muy cerca del suyo. Parece que tiene bigote. Pestañea y se
restriega, para ver mejor, pero sólo consigue empeorar su situación.
-¡No veo, coño!-
-¡Lo siento, lo siento, de veras que lo siento!-
Toni está a punto de llorar. La nariz le duele horrores, los
ojos le escuecen y dios sabe qué tipo de engendro le estará hablando. Una morsa
de setenta y pico años... bueno, quizás alguno menos, por el tono de voz, menos
cascado del graznido habitual en la cala.
-¡Toni, hijo mío! ¿Estás bien?-
Es la señora Canelonni, que viene a socorrer a su retoño.
Pronto un chorro de agua fresca alivia la cara del muchacho.
-¿Toni? ¿Toni Canelonni? ¡Ya decía yo que me sonaba tu cara!-
Toni se seca la cara con la toalla que le ha tendido su
madre, y cuando mira a la interlocutora, ¡tiene que parpadear, incrédulo!
¡ES TRINI! ¡LA MISMÍSIMA TRINI TORTELLINI!
Con la boca abierta y los ojos como platos, examina a su
compañera de instituto. ¡Así que realmente sí que la había visto en la estación
de servicio en el viaje!
-T...t....t- balbucea Toni.
Pero el instinto, que es muy sabio, le ordena examinar con
detenimiento la figura de la chica. La atractiva muchachita lleva un bikini
¡dios santo, y qué bien le queda! verde, está a gatas cerca de él. ¡Oh, no, que
canalillo, creado para condenar mi imaginación a una paja interminable de puro
recurrente! Lo que creía en un principio bigote es la arena mojada ¡del capullo
de su obra de arte arenil! Por lo que deduce, Trini estaba jugando al fresbee, y
al ir a cogerlo, se ha caído sobre el pene esculpido con tanto mimo por Toni.
Los restos del fálico icono (las dos pelotas y parte del tronco) apuntan
obscenamente hacia los pechos, el ombligo y finalmente el chete de Trini.
¿Qué es ese bulto que...? ¡Oh, oh! ¿Y QUIÉN ES ESA MOLE DE
MÚSCULOS QUE VIENE...? ¡OH, OH!
Sin pensar más que en su supervivencia, y no sin dirigir una
extasiada mirada a Trini y su escote playero, Toni sale disparado de la playa.
...
-Oye, hermanita, ¿no era ése el mequetrefe de...?-
-Jopes, Román, pobrecillo, creo que le has asustado.-
-¡Más le vale que no se te acerque, el alfeñique ése, si es
que quiere seguir de una pieza!-
-También es coincidencia que hayamos ido a venerear a la
misma playa.-
-Pues sí, parece casi como si lo hubiera planeado alguien.
Oye, ¿has dicho venerear?-
-¿Quién, yo?-