Mi Tío el Ranchero ONCE
Eso de que no volví a saber de mí hasta el día siguiente, fue
cierto sólo en parte. Volví a saber de mí en la madrugada, que me despertaron
las ganas de orinar. Yo estaba en la cama de Carlos (desnudo por supuesto)
Carlos en la de mi papá y éste en la mía. Carlos estaba desnudo boca abajo,
luciendo su nueva marca de bronceado y descubierto, mostrando su bonito y
velludo trasero. Mi papá dormido de lado cubierto con la sábana hasta el
ombligo. Pero no había tiempo qué perder, me estaba orinando. Cuando regresé, me
puse a contemplar el cuadro, y me volvió a invadir esa felicidad que había
descubierto en el rancho, así que en vez de regresar a mi cama, me metí con
mucho cuidado bajo la sábana de mi papá. Al sentirme despertó, jaló aire por la
nariz y me preguntó en voz baja: "¿Qué pasó hijo?". No le contesté nada, sólo le
levanté el brazo y me acomodé debajo de él en posición cucharitas. Entendió y
correspondió acomodándose para que ambos quedáramos más cómodos.
La sensación de su abdomen peludo frotando mi espalda, era
algo muy parecido al cielo y por mi mente pasó la idea de voltearme para
acariciarlo, pero el sueño era mucho, y ya estaba cayendo dormido otra vez,
cuando me dice en voz baja al oído:
- ¿Cómo te sientes hijo?
- ¿Mm?... ah..., muy bien Pá... muy contento, ¿y tú?...
- Imagínate. Creo que igual de contento que tú. Oye, ¿y
tienes muy adolorida tu colita? (Me reí)
- Sí... un poco, la verdad. Pero me gustó mucho.
Ahí me vino en ráfaga una duda a la mente, que debió haber
venido antes, pero estaba muy ocupado en otras cosas. En voz baja, para no
despertar a Carlos:
- ¿Oye Pá?
- Dime (dándome un beso en el cabello)
- ¿Cómo sabes que duele después de que te la meten?, ¿ya te
la han metido? (Ahora el que se rió suavemente fue él)
- Pensé que nunca ibas a preguntar eso. Sí, ya me la han
metido...
- ¿Quién?... ¿mi tío?...
- ¿Cómo adivinaste?... jeh jeh... Sí. Tu tío me la metió una
vez pero no aguanté otra.
- ¡¿En serio?!... ¡cuéntame!...
- Baja la voz... ¿o quieres que Carlos se una a la charla?...
- Este... no sé... o bueno, nomás dime, ¿cuándo?... ¿cómo
fue?... ¿dónde estaban?... ¿él te lo pidió?...
- A ver, despacio: ¿Cuándo?, cuando tu tío cumplió 20 años en
la universidad, y le hicimos una fiesta. ¿Cómo? Después de la fiesta, nos
quedamos él y yo solos y me reclamó que yo ya me lo había cogido muchas veces,
que ahora le tocada a él. ¿Dónde? En un departamento que nos rentaron tus
abuelos cuando nos fuimos a la universidad. Y sí, definitivamente, él me lo
pidió.
- ¿En serio?... ¡qué padre!... ¿y te gustó?... (Se volvió a
reír)
- La verdad sí me gustó. Habíamos tomado mucho y yo estaba
muy relajado y muy caliente, así que sí me gustó mucho, pero a la mañana
siguiente me dolió muchísimo por el tremendo trozo de carne que tiene tu tío...
- Aháááá... la tiene bien grandota.
- Así que con tu tío fue primera y última vez.
- ¿O sea que lo has hecho con otras personas? (Una vez más se
rió)
- Sí, pero eso no te lo voy a contar porque no vamos a dormir
nada. Otro día te lo cuento.
- ¿Lo prometes?
- Lo prometo.
- OK... pero ahora, mira...
Tomé su mano derecha, con la que me estaba abrazando y la
conduje hasta mi pene y sintió mi erección. Sentí el resoplido de su risa en mi
nariz y me dice: "Ahora mira tú...", e hizo un movimiento para acomodarse, de
tal forma que su verga no sé de dónde, salió disparada y fue a dar justo entre
mis piernas, como que la tenía aprisionada contra el colchón. Irreflexivamente,
pasé mi mano hacia atrás, se la atrapé, levanté una pierna, la acomodé en medio
de ambas y luego la bajé para atrapársela:
- Déjala que se duerma ahí Pá...
- Ándale pues (riéndose) ahora ya calladito, si no, no vamos
a dormir nada.
- Te quiero mucho Pá.
- Yo también te quiero mucho hijo.
La verdad que conciliar el sueño con la verga de mi papá
entre mis piernas, fue tarea difícil, pero finalmente me venció y lo próximo que
supe fue que desperté solo (y desnudo, por supuesto, esa era mi parte favorita)
y al levantar la cabeza, no vi a nadie, sólo el ruido de la regadera. Era mi
papá y al preguntarle por Carlos, me dijo que no sabía, que cuando despertó ya
no estaba. Me cepillé los dientes y me vestí rápido. Mi intuición me decía que
algo andaba mal con Carlos. Le pedí permiso para irlo a buscar y me cuestionó al
respecto, y ya estaba explicándole el cambio de Carlos del "antes" al "después"
y me dijo que tenía razón, pero en eso se abrió la puerta, y volvió a aparecer
el mismo Carlos cabizbajo de siempre, escondido atrás de sus lentes. Mi sabio
padre entendió las cosas y me dijo que por favor lo dejara solo con mi hermano,
que me fuera adelantando a desayunar, que quería charlar un momento con él.
La verdad es que no me preocupé. No porque mi papá haya sido
un mamón en el pasado, yo dejaba de reconocer en él su sabiduría, así que
tranquilamente me fui a desayunar. Mi desayuno fue largo, sustancioso, y no
aparecieron. Ya salía del restaurante cuando los vi venir caminando por la
playa, mi papá con su brazo pasado por la espalda del otro, y éste con las manos
metidas en las bolsas del short. Al acercarme me llevé una sorpresa más que
grata: cuando me vio Carlos, esbozó una inmensa sonrisa, se abalanzó hacia mí
corriendo, me atrapó como tacleo de futbol americano, caímos los dos en la
arena, me atrapó las manos y riéndose me dice: "¡¿Cómo amaneció mi hermano
favorito?!". En vez de contestarle, correspondí a su juego y lo tiré en la arena
para montarme ahora sobre él y estuvimos jugando un rato. Yo no salía de mi
azoro...¡¡¡¿¿¿ESE ERA MI HERMANO EL TÍMIDO???!!!... ¿pues qué le habrá dicho mi
papá para obrar ese milagro? Sonó la voz de mi papá para llamarnos a acompañarlo
a desayunar, y después de sacudirnos y lavarnos la arena lo alcanzamos en el
restaurante. Ellos desayunaron y yo me dejé caer un gigantesco helado de
chocolate.
El resto del día...pues, ¿cómo decirlo?, podría decirse que
sucedió como si nada hubiera pasado, pero la verdad es que era una situación
irreal, porque nunca, repito: NUNCA habíamos tenido una convivencia tan chingona
los tres. Los tres éramos primerizos en eso de la alegre convivencia familiar.
Por la tarde, ya bajando el sol, mi papá se fue a uno de los
echaderos a la sombra de la playa a leer el periódico y Carlos y yo nos metimos
al agua. Estuvimos jugando un rato con las olas, a empujarnos y demás cosas a
que juegan los hermanos en la playa. Después me dijo que si lo enterraba en la
arena y le dije que sí. Ya estábamos escarbando, cuando le pregunté:
- Oye Carlangas... ¿no me vas a contar de qué platicaron tú y
mi apá?
- Ay chaparro, ¿para qué preguntas?...
- Bueno... por curiosidad... te cambió por completo la vida
esa platiquita... ¿crees que no me va a dar curiosidad?...
- Mira, platicamos de cosas que muy bien puedes adivinar,
pero si quieres te lo cuento cuando regresemos a la casa. Mejor cuéntame tú de
qué hablaban tú y él en la madrugada, que me despertaron...
- ¿A poco alcanzaste a oír?
- ¡A huevo menso!... pero no entendí nada.
- Ah. Bueno. Platicamos de nada importante: me contó de
cuando se lo cogieron...
Carlos se quedó inmóvil en una pieza, con los ojos grandes
como plato viéndome y antes de que me preguntara más, proseguí:
- Fue el tío, cuando eran jóvenes, pero que dice que no lo
volvieron a hacer porque el tío la tiene muy grande y lo lastimó... Carlos...
¡CARLOS!...
- Qué...
- ¡Cierra la boca, baboso!
- ...¿que el tío se cogió a mi papá?...
- Ahá, cuando el tío cumplió 20 años, pero oye...
- Pero, ¿cómo fue?, ¿en dónde?...
- ¿Porqué no mejor le preguntas a él?, orita quiero tu
atención en otra cosa...
- ...¡con el tío!... (dijo en voz baja con la vista perdida)
- ¡Carlos!... ¿me vas a hacer caso o no?...
- ¿Qué coño?... ¿de qué se trata?...
Levanté la cabeza para imprimir seriedad en el asunto y al
hacerlo vi que el short de Carlos ya levantaba carpa. Me reí y le dije:
- Suerte que no te pusiste el traje pequeño...¿¡dónde ibas a
esconder todo eso!? (bajó la mirada, se reacomodó el traje riéndose y me dice)
- ¿De qué se trata?
- Ah sí... eso... pos bueno, se trata de que quiero
proponerte que nos cojamos entre los dos a mi papá...
Puso cara de asombro, incredulidad, luego lo pensó dos veces
y le cambió el semblante a cavilante. Se sentó en la arena para poder doblar las
piernas y ocultar su erección. Y me dice:
- ¿Y crees que se pueda?, es decir, ¿que quiera?
- ¿No me cogieron los dos a mí anoche? (jaló aire entre los
dientes, como embargado por la emoción)
- ¡Ahíjales chaparro del demonio!... ¡sería toda una fantasía
para mí!
- ¿A poco has tenido fantasías de que te coges a mi papá?
(sonrió para sí mismo, y asintió con la cabeza)
- Sí, ¡y un chingo!...
- ¿Entonces qué?... ¿lo hacemos?...
- ¿Neta chaparro?
- ¡Sí hombre!
- ¿Pero cómo sería?... ¿cuándo?... ¿quién le dice?...
- Mira, éste es el plan: ahorita me voy a meter al agua para
que se me baje, mi traje sí está muy chiquito. Después voy a ir con él, y
después de que nos veas que nos vamos los dos, cuentas unos veinte minutos y ya
nos alcanzas en la habitación, ¿sale?... Carlos... ¡CARLOS!... ¿me oíste?...
- Sí coño... sí te oí, pero... ¡puta madre!... ya nomás de
imaginármelo se me quiere salir el corazón por la garganta.
- Sí, lo mismo me pasó cuando supe que lo iba a ver en cueros
en el rancho. ¿Entonces te espero?
- Sí chaparro. Ahí les caigo en 20 minutos después de que se
vayan.
- Ok.
Llegué hasta donde estaba nuestro progenitor y le pedí que me
acompañara a la habitación. Con docilidad inusitada accedió. Dejó el periódico,
se puso sus sandalias, se puso de pie, me pasó el brazo por la espalda y
empezamos a caminar tranquilamente. Yo iba a empezar a hablar, pero me ganó el
tiro, porque me dice en voz muy baja, no había absolutamente nadie cerca, pero
aún así me dice casi en secreto:
- Pero tienes que prometerme que me van a tener muuuuucha
paciencia porque hace muuuuucho tiempo que nadie se la mete a tu papá, ¿ok?
- ¿Qué?... ¿de qué hablas?...
No me contestó nada, sólo sonrió viendo hacia el atardecer:
- Pero...¡¿cómo supiste Pá?!...
- Hijo, no olvides que te llevo algunos años de ventaja.
Me le quedé viendo, como tratando de imaginar qué clase de
extraña bola de cristal tenía en la cabeza que todo lo adivinaba. Y así, al
observarlo, descubrí que se veía muy guapo con la luz del atardecer. De una idea
brinqué a otra y le dije:
- Qué guapo te vez con la luz de atardecer Pá...
- Mm... ¿Nada más con la luz del atardecer?... no sé cómo
tomar ese cumplido..
- Bueno, no, pero orita te ves más guapo y...
- A ver hijo (detuvo nuestros pasos) ¿quieres que ya nos
vayamos a la habitación a seguir con tu plan?, ¿o prefieres que nos quedemos los
tres a admirar el atardecer y luego proseguimos con tu plan?
Ya no le contesté nada. Me rendí ante él. Sonriéndole lo jalé
por el brazo y caminamos ahora hacia Carlos, quien no nos quitaba los ojos de
encima. Nos sentamos a cada lado de él, quien aparentemente entendió que se
había abortado el plan y apaciblemente disfrutamos del hermosísimo atardecer. Ya
estaba por desaparecer por completo el sol, cuando se puso de pie mi papá,
jugando se sacudió el arena encima de nosotros, se rió y nos dice: "Bueno hijos,
me les adelanto para darme un baño. Los espero para seguir con su plan. No se
tarden mucho". No esperó respuesta, sólo dio media vuelta y se fue. Obvio decir
que los ojos de Carlos estaban clavados en mí, y antes de que dijera nada, le
dije yo: "No le tuve que decir nada. Él solito adivinó. Nomás me pidió que le
tuviéramos mucha paciencia porque hace mucho tiempo que nadie se la mete". Ya
hasta flojera me da describir las constantes caras de incredulidad de Carlos. Y
me dice:
- ¿O sea que... sí?
- Correcto.
- ¡Puta madre chaparro!... ya se me volvió a parar.
- ¡Pues al agua rápido los dos que se nos va el día!
Nadamos un rato en el mar hasta que desaparecieron nuestras
erecciones, salimos corriendo hasta nuestras toallas y sin secarnos salimos
corriendo hasta las regaderas para quitarnos el arena Y DIRECTOS HASTA LA
HABITACIÓN.
Al entrar, Carlos entró como toro que sale al ruedo, casi
empujándome dice: "Yo primero". Se refería a que él primero se bañaba, pero por
unos instantes pensé que él primero se lo cogía. Cosas chuscas que suceden. Yo
calmado pero emocionado, caminé hasta mi papá que estaba al fondo, envuelto en
una toalla, parado frente a la mesita de la sala con las cortinas perfectamente
cerradas, descorchando una botella de vino tinto. Tres vasos había sobre la
mesa:
- ¿A poco me vas a dar permiso de tomar vino?
- ¡Ahá!... claro que sí, esto hay que celebrarlo.
- ¡Órale pues! (Y me acerqué ansioso a la mesa)
- Nada. Hay que esperar a tu hermano.
- ¡CARLOS APÚRATE!...
Todo tranquilo se sentó en una de las sillas de la mesita y
dice viéndome a los ojos: "Me sorprende tremendamente que tengas más de cuatro
minutos de haber entrado y no te hayas desnudado todavía". Eso me sacó la risa,
y riéndome me bajé el traje y lo llevé hasta el baño. Le toqué la puerta a
Carlos para que me dejara entrar y me dijo que pasara. Finalmente terminó y
seguí yo.
Cuando salí, ya estaban los dos sentados, con los vasos
servidos y esperándome. Claro que yo era el único desnudo. Me senté y mi papá
nos extendió los vasos, al hacer el brindis, dice: "Por el placer de estar con
mis hijos". La verdad era que no fue mi primera vez que tomaba, pero no me
pareció que viniera al caso hacer esa revelación. Mi papá le dio un buen sorbo,
pero Carlos y yo hasta no ver el fondo. Después se hizo un silencio muy denso,
todos nos veíamos entre sí, hasta que mi papá rompió el silencio: "Supongo que
te habrá comentado tu hermano que tengo mucho tiempo sin ser penetrado y que
necesito que me tengan paciencia", dirigiéndose a Carlos. Carlos asintió con la
cabeza y dice: "La verdad es que tengo la solución a ese problema: hay algo que
hice en el laboratorio y me lo traje... por si acaso".
Nos volteamos a ver mi papá y yo intrigados. Dice Carlos: "lo
tengo en mi maleta", y acto seguido intentó levantarse pero cayó en la cuenta de
su erección. Se volvió a sentar, nadie le dijo nada, solito se rió y sin decir
nada, se quitó la toalla y se levantó mostrándonos una verga dura, que brincaba
como trampolín. Desinhibido llegó hasta su maleta y regresó con un frasco en la
mano. Le puso una mano en el hombro a mi papá y con la otra se lo entregó: "Es
un lubricante hecho a base de agua que no hace daño y facilita... ‘las
cosas’...". Mi papá lo abrió y sacó un poco y dice: "Se parece mucho al que usan
los ginecólogos para sus auscultaciones vaginales", y el otro contestó
sentándose: "Exacto".
Se volvió a hacer el silencio. Puso mi papá el frasco sobre
la mesa. Le dio otro sorbo a su vino. Sólo sonaba el ruido del aire
acondicionado. Hasta que dice mi papá dirigiéndose a mí: "¿Y bien?... ¿qué es lo
que sigue?". Ya no dije nada. Me levanté y como pude jalé un poco su silla para
retirarlo de la mesa. Me hinqué frente a él y le retiré la toalla, a lo que el
correspondió retirando los brazos para no estorbar y separando las piernas. Su
verga no estaba erecta, pero tampoco completamente flácida. La tomé con mi mano
derecha y empecé a jugar con ella. Los ojos de los tres estaban sobre mi acción.
Le fue creciendo cada vez más y antes de alcanzar la erección total, sonó la
media voz de Carlos: "A ver chaparrito... creo que ahora me toca a mí". Al
levantarse, retiró la mesa como si no pesara nada y sin tirar los vasos; me puso
la mano en la espalda como indicándome que le hiciera espacio para hincarse él y
con gusto retrocedí. Rápido se hincó, e hincado caminó hasta el centro de las
piernas de mi papá y éste correspondió escurriéndose hacia abajo para poder
abrir más las piernas.
Como trasportado a otro mundo, Carlos tomó su verga con una
mano y la observaba como si fuera una presea anhelada por mucho tiempo. Con la
izquierda empezó a acariciar los huevos y mi papá no le quitaba los ojos de
encima. Carlos hizo el intento de agacharse para metérsela en la boca pero se
detuvo, volteó a ver a mi papá a los ojos y pregunta con esa voz ahora casi
inaudible: "¿Puedo?". Mi papá todo serio contestó que sí sólo con la cabeza.
Ahora sí Carlos se agachó y envolvió el glande en un sólo movimiento, y al darse
este contacto mágico, al unísono salieron de sus gargantas dos gemidos
idénticos. Después se oyó a mi papá gemir un lánguido: "Ay hijo...". Carlos,
todavía acostumbrado al otro papá, se levantó para ver qué quería, y el otro
sólo movió la cabeza diciendo que nada, con una sonrisa leve. Carlos reacomodó
las rodillas sobre el piso, hizo tanta saliva como pudo y se volvió a agachar,
pero esta vez yo pude ver cómo entraba de un sólo jalón la verga de nuestro
padre hasta su garganta. A mi papá ahora sí se le cayó la cabeza hacia atrás, y
en cambio la de Carlos empezó a subir y bajar. Mi papá abrió aún más las piernas
estirándolas y proyectó la cadera hacia arriba, lo que facilitó las cosas para
el movimiento de Carlos.
Por cierto, ni con mucho, esa era la primera vez que Carlos
hacía sexo oral, lo hizo con un profesionalismo que luego nos tendría que
explicar.
Yo me sentí excluido, también quería jugar, así que me
acerqué caminando sobre mis rodillas. Le puse una mano en las nalgas velludas a
Carlos y con la otra atrapé su verga y empecé a jugar con ella, pero de pronto
se detuvo, retiró la cabeza y volteó a verme con los labios todos llenos de
saliva, poniéndome una mano sobre la que estaba en su verga: "No chaparrito, si
me la agarras me voy a venir en seguida", cosa que hizo que mi papá regresara a
este mundo y jalando mucho aire por la nariz, se incorporó y dijo con una voz a
las claras alterada por la excitación: "Es que tiene razón hijo, lo estamos
dejando fuera de la jugada. Vámonos mejor a mi cama".
Me levanté y casi con un brinco llegué hasta su cama. Carlos
se puso de pie y todo respetuoso esperó a que mi papá se levantara y pasara
primero. Mi papá notó esto y en vez de pasar, juguetón lo agarró de la verga y
de ahí lo empezó a jalar, diciendo: "Veeeen para acá...". Como pudo Carlos
caminó pero le causó mucha gracia que mi papá hiciera eso. Ya frente a la cama,
mi papá se sentó a los pies y jaló a Carlos por la cadera hasta que quedó frente
a él. Con ambas manos lo jaló hasta que la punta de su verga quedó muy cerca de
su boca y sonó la voz de Carlos: "Pero papá...". Y sin soltarlo, volteó hacia
arriba y dice: "¿Acaso nunca tuviste la fantasía de tu papá mamándote la
verga?". El otro no contestó nada, se quedó mudo al ser evidenciado. Y dice mi
papá: "Bueno, aquí la tienes... disfrútala hijo". Lo jaló tanto como pudo y se
agachó, pero Carlos resultó no ser tan alto, así que mi papá terminó hincado en
el piso y finalmente se metió la verga de mi hermano en la boca... en la boca y
hasta la garganta. Carlos peleaba por no eyacular, por no cerrar los ojos, por
no dejar de disfrutar un sólo ápice del momento. Pero la excitación era mucha.
Acariciaba su cabello, lo observaba incrédulo de lo que le estaba haciendo.
Luego volteó a verme y como si mi papá hubiera adivinado dice: "Ahora le toca a
tu hermano". Hizo la seña con la mano de que me acercara y me cedió su lugar. Yo
no tuve que hincarme, sentado en la cama quedé a buena altura para meterme su
verga hasta la garganta también, acción que mi papá aprovechó para observar.
Como que Carlos no era el único con fantasías atrasadas.
Yo ya me estaba acomodando mejor para podérmela meter más en
la boca, cuando Carlos me detuvo: "¡Ya chaparro!". Jaló la cadera hacia atrás,
dejándome con la mamada en la boca y dice jadeando: "Por poquito me vengo
cabrón...". A lo que mi papá agregó: "Excelente... eso me toca a mí", y se
volvió a acercar y ahora Carlos fue un poquitín más enérgico al decir:
- Pero jefe... agarra la onda... ya me falta muy poco para
venirme y...
- Y quieres cogerme, ya lo sé. Pero te vas a recuperar muy
pronto hijo, confía en mí. ¿Me dejas seguir?
- ¿Que si te dejo?... ¡¡¡ A HUEVO QUE TE DEJO!!!... yo feliz
apá...
- Bueno, desde este momento yo tomo el mando de la situación
y lo que sigue es que vas a depositar en mi garganta esa fabulosa cantidad de
leche que traes aquí (atrapando suavemente sus huevos con la mano en forma de
concha).
Carlos dio unos pasitos para quedar ahora a la altura de su
boca, pero esta vez fue mucho más directivo, ya que atrapó a mi papá por la
cabeza, acomodó la punta de su verga en su boca cerrada, acariciando su bigote y
esperó ahí hasta que abriera. Abrió finalmente y sin pedir permiso jaló su
cabeza y hasta el fondo. Mi papá tuvo una reacción de vómito pero rápido le
pasó. Lo tomó por la cadera y él mismo le aumentó la cadencia al ritmo de la
cogida que le estaba dando por la cara. Y así, hasta que Carlos empezó a gemir,
cerró los ojos, empezó a proyectar aún más adentro su verga y finalmente la tan
temida eyaculación llegó.
Yo no había perdido detalle y esperaba ansioso ver escurrir
el semen por su boca, pero nada salía. Las convulsiones del otro seguían y nada
salía, hasta que finalmente mi papá todo rojo necesitó respirar, se retiró un
poco y ahora sí ya salió. ¡Era mucho!, si tomamos en cuenta el que ya se había
tragado mi papá. Éste se levantó para sentarse en la cama y Carlos se encorvó
sobre él, apoyando la cabeza en su hombro. Respirando como podía. Lo jaló con
gentileza para que se sentara a su lado pero el otro de plano se sentó y se dejó
caer hasta atrás. Su panza nomás subía y bajaba, de la respiración tan pesada
que tenía.
Mi papá se levantó para graduar la temperatura del aire
acondicionado, que ya casi no se sentía y al mismo tiempo me pidió que le
sirviera otro vaso de vino a Carlos y se lo trajera. Se lo traje y nos sentamos
a ambos lados de él.
- Carlos... hijo... levántate que te quiero decir algo...
(como pudo se levantó)
- Qué pasó Pá...
- Yo sé lo que sucede después de la eyaculación, sientes que
quieres salir de escena inmediatamente y... (A Carlos se el salió una risita
medio lerda y dijo)
- No.
- ¿No?
- No (riéndose otra vez)
- ¿No sientes un fuerte impulso por irte de aquí?
- No... ya no...
- Excelente, entonces disfruta de tu vino y del espectáculo
(Carlos sonrió, con los ojitos a medio cerrar y asintió)
Lo siguiente fue que mi papá fue a la cama contigua por las
almohadas y las trajo. Las acomodó de una forma a la que no le veía yo sentido.
Después fue a la mesita de la sala (con media erección, debo aclarar) se tomó lo
que le restaba de vino en su vaso, se sirvió otro e igualmente lo apuró, como si
fuera manda. Agarró el frasco de Carlos y se lo trajo. Ya parado junto a la
cama, lo destapó y mientras examinaba el contenido me dice sin voltear a verme:
"Hijo, ve preparando esa verguita porque ahora le toca a la tuya...". Volteó a
verme porque oyó mi risa. Y yo ya me había puesto de pie para que pudiera ver en
todo su esplendor mi erección, en ningún momento la perdí.
Después de examinar el contenido, sacó un buen tanto con un
dedo, abrió las nalgas y sin ver se lo embarró en el ano, y se dejó oír la voz
del otro, ahora ya más gruesa, más definida: "Que te lo ponga el chaparro Apá".
Mi papá suspendió la maniobra, volteó a verme como ponderando la posibilidad y
dice: "Excelente idea". Tapó el frasco y me lo arrojó. Y lo que siguió quedó
plasmado en mi mente como jeroglífico egipcio:
Se subió a la cama, caminando y ya que tenía abajo de él las
almohadas que extrañamente había acomodado al centro de la cama, se sentó y se
acostó boca arriba, de tal manera que el montón de almohadas quedó a la altura
justa de su cadera. Después de acomodó un poco por aquí, un poco por allá. Yo me
fui acercando poco a poco, sin perder detalle. Y lo siguiente fue que levantó
ambas piernas, las atrapó con ambas manos y mágicamente quedó expuesta ante mí
una zona nunca antes vista ni imaginada: su ano.
No podía creer que aquel súper hombre que era mi papá, ahora
estuviera en esa posición justo ante mí y para mí. "Hijo: te presento al ano de
tu padre, helo ahí". Ahora era yo el de los ojos abiertos como platos. No sabía
si eso era demasiado burdo o si demasiado subyugante. Carlos adivinó lo que
había en mi mente y me dice: "A ver chaparro... trae acá el frasco... mira,
agarras un poco de esta cosa y se le empiezas a embarrar ahí, alrededor y al
centro... sin miedo... así... órale, ahora hazlo tú...". Me dio el frasco y
empecé a imitar lo que él había hecho y al sentir en mis dedos esa zona de mi
papá, mi erección cobró renovados bríos. Me empezó a subir un calor muy extraño
por las orejas. Casi por instinto me fui acercando de rodillas a la zona y con
curiosidad y lascivia, empecé a acariciar con furor el ano de mi papá, y éste
finalmente dejó caer la cabeza hacia atrás, sin soltar sus piernas y dice:
"Aaaah que rico se siente, hace mucho que no me hacían eso... síguele hijo". Y
al oír eso, el instinto volvió a salir porque dejé el frasco y recordando la
noche anterior, dejé ir hacia adentro mi dedo índice. Esperé alguna reacción,
alguna protesta, pero nada llegó.
Efectivamente, Carlos se recuperó rápido porque ya estaba
hincado junto a mí, con la erección restablecida y acariciándome la espalda y
las nalgas. La cabeza de mi papá se levantó y le dijo a Carlos: "Ya" y el otro
entendió algo que yo no. ¿Tenían casi 18 años sin hablarse y se entendieron con
un mísero "Ya"? Y entendió porque me dio unas nalgaditas suaves diciéndome:
"Acércate más chaparrito... ya, el dedo ya sácalo...". Obedecí y con la mano en
mis nalgas me jaló y empujó hasta que la punta pulsante de mi verga (por cierto,
nunca había visto tan roja mi propia verga) quedó en la entrada lubricada de ano
velludo de mi santo padre. Seguí las instrucciones de Carlos:
"Levántate tantito... así... ora acércate y ponlo en el
centro... Ahora con la otra mano agárralo por la base... así, de ahí... y
empieza a empujar despacito chaparro, pero no te salgas del centro... así... ya
entró la puntita. Espérate tantito... ya... síguele, empuja otro poquito...
listo chaparro, ya entró la cabeza. Ora espérate a que él se acostumbre para que
pueda entrar todo. Mira, ya se abrió, esa es la señal de que ya puedes entrar,
empuja otro poquito... así... así... así...ya va más de la mitad... ¿sientes
rico?... ya chaparro, ya puedes entrar todo...".
Y esto último lo dijo empujándome por las nalgas, hasta que
sentí que mi pubis topó con el cuerpo de mi papá, y de inmediato me llegaron las
"ganas de orinar". Mi respiración cambió. Abrí los ojos para ver a mi papá y
tenía los ojos cerrados. Carlos siguió dirigiendo la obra porque hizo que
pusiera mis manos justo donde mi papá tenía las suyas deteniendo las piernas, y
al sentir esto, mi papá abrió los ojos y levantó la cabeza. Me dice retirando
sus manos y sonriendo: "Ya estás adentro hijo... ya te estás cogiendo a tu
papá... ¿te gusta?". Con la boca abierta, en pleno furor, contesté con la cabeza
que sí. "Bueno pues... ¡dale duro!, y no tengas miedo de lastimarme, que tu papá
aguanta...". Carlos confirmó lo dicho empujándome por las nalgas para que
empezara a moverme y así lo hice, sin dejar de sostener sus piernas, las que me
servían de apoyo al mismo tiempo. Comencé a mover mi cadera y por la falta de
pericia, se me salió la verga y quise meterla de inmediato, pero Carlos me
detuvo, me dijo que despacio. Así lo hice y ahora el de la voz cortada era yo
porque le dije a mi papá, con una respiración torpe: "Apá... ya... ya me dieron
las ganas de...". Como única respuesta sentí que las manos de mi papá se
estiraron hasta que llegaron a mis nalgas y me jaló tan profundo como pudo
entrar mi verga y después ya solito empecé a arremeter, a entrar y salir, pero
ya sin sacarla por completo. Empecé a hacerlo con tal fuerza y frenesí, que vi
cómo engrosó el cuello de mi papá, con los ojos cerrados, disfrutando de lo que
YO LE ESTABA HACIENDO, cuando que pensé que ni siquiera sentiría
mi verga al entrar, y ese fue el gatillo que disparó mi gigantesca eyaculación
adentro de mi papá.
Al sentirme eyacular, levantó la cabeza para verme, y sólo
vio mis ojos entrecerrados, en espasmo generalizado por la gran sensación que
estaba robando todo mi cuerpo.
Sin darme cuenta solté sus piernas y empecé a desvanecerme
encima de su panza. Carlos me quiso sostener, pero mi papá le pidió que no lo
hiciera, que me dejara caer encima de él. Al caer, liberó sus piernas y terminé
acostado encima de él. Ahora el del sudor era yo, lo mojé todo, y con la boca
atrapada en su pecho, empecé a decir más que jadeando:
- Pá...
- Dime...
- Pá...
- ¿Qué hijo?...
- ¿Ya te cogí?...
- Ya hijo, ya me cogiste y me gustó un chingo... ¿porqué
preguntas?... ¿qué no lo sentiste?...
- NO... digo: sí... pero pregunto porque ahora le toca a
Carlos...
Y como pude me di vuelta para caer sobre la cama y dejar el
terreno libre a mi hermanito. Yo esperaba que Carlos se metiera de inmediato
justo por donde yo acababa de salir, pero no, lo que ellos hicieron fue que mi
papá me abrazó, me jaló hasta la cabecera de la cama y me tuvo abrazado ahí, un
buen rato mientras me recuperaba. El sudor iba y venía. Carlos estaba atrás de
mí acariciándome el cabello sudado. Otra vez rompí yo el silencio, pero ahora ya
con la respiración menos arrebatada:
- Pá... le toca a Carlos, no te rajes...
- No hijo, si no me rajo. Estamos esperando a que te
recuperes. Fue tu primera vez y...
- Ya. A ver, háganse a un lado, ya me recuperé. Le toca a
Carlos.
Acaso por la fuerza de la edad, acaso por mi capacidad de
calentarme, pero no necesité todo el tiempo que ellos creían para recuperarme,
así que me levanté y me hinqué junto a Carlos en la cama. Lo que nunca: le di un
beso en el cachete y le dije:
- Te toca Carlos...
- Pérate chaparro, que no es tan fácil...
Y en eso que suena la voz de mi papá y dice: "¿Porqué no es
tan fácil hijo?". Carlos se le quedó viendo a los ojos a mi papá y se quedaron
viendo un momento. A Carlos le creció de semi erecta a pegada por completo a su
panza en cuestión de segundos. Agarró el frasco de lubricante, y sin quitarle
los ojos de encima a la mirada de mi papá, empezó a embarrarse de ese caldillo
la verga, y se oye la voz de mi papá diciendo: "Tú dirás hijo", y el hijo no
dijo nada, sólo avanzó hacia él, lo tomó por el brazo y lo jaló para que se
hincara en la cama. Quedaron hincados uno enfrente del otro, ambos con las
nalgas apoyadas sobre los tobillos. Intuí que debía retirarme un poco porque eso
ya era duelo de titanes y me traje el banquito del espejo lo más cerca que pude
de la cama. No quería perder detalle.
Le pregunta Carlos: "¿Puedo seguir con mi fantasía Apá?". El
otro contestó sin dudar y sin dejar de verlo a los ojos, que sí con la cabeza.
Entonces mi hermano lo empujó suavemente por el hombro hacia abajo y como que mi
papá entendió rápido porque no necesitó más para darse vuelta y ponerse en
posición de cuatro patas, exponiendo su culo ante él. Carlos tomó otro poco de
su caldillo para ponérselo en el ano, pero mi papá dijo desde allá abajó: "Por
favor hijo... no pierdas tiempo en eso...". Carlos aventó al suelo el frasco, se
limpió lo que le quedaba en las manos sobre la espalda de mi papá y puso ambas
sobre las nalgas, jalándolo hacia abajo. Mi papá separó más las piernas y ahora
sí quedaron a la altura el uno del otro, y tal como me instruyó a mí, tomó su
verga por la base, apoyó la punta justo en el ano y empezó a empujar... y a
empujar.
Seguramente mi papá sintió la diferencia de tamaños porque
una vez que entró el glande, jaló una mano hacia atrás para detenerlo y el otro
se detuvo. Estuvieron así un ratito. El de arriba acariciándole le espalda y las
nalgas de una manera muy severa y el otro masturbándose un pene completamente
flácido y reducido (cosa que con los años entendería yo). Como hiciera conmigo,
estiró un brazo por abajo y jaló a Carlos hacia él y Carlos procedió ahora sí a
realizar su fantasía, a cogerse a su papá. La cara de mi papá estaba roja,
parecía que tuviera un intenso dolor y sin embargo lo jalaba más hacia él, y
tanto que desapareció por completo la verga de Carlos. Al sentir esto, mi
hermanito jaló la cabeza hacia atrás con las manos adheridas a sus nalgas como
tenazas y del más recóndito y prohibido lugar de su mente, surgió un rugido
catártico: ¡POR FIN TENÍA ENSARTADO A SU PAPÁ!...
Carlos jaló aire entre los dientes, mi papá gimió y pujó,
hasta que finalmente dio inicio el vaivén de la penetración. Poco era lo que
salía del ano de mi papá, pero era mucho lo que se expresaba en su cara y en su
cuello cada vez que eso entraba. Después empezó a salir más de la verga de
Carlos, misma cantidad que volvía a entrar a la misma velocidad. Así estuvieron
un rato hasta que mi papá volvió a estirar ese brazo instructor y el otro
entendió que era tiempo de acelerar. Y aceleró y aceleró. Tanto que empezó a
oírse el ruido de choque de su pubis con el trasero de mi papá.
Al igual que me había pasado a mí la noche anterior, la cara
de mi papá empezó a ir y venir, cada vez más roja, cada vez más sudorosa, y él
también se dejó caer de bruces porque dobló los brazos y su cara quedó clavada a
la cama. Carlos siguió y siguió, hasta que mi papá dejó de moverse, perdieron el
compás que llevaban y vi cómo, en sustitución del movimiento del cuerpo de mi
papá, la cadera de Carlos empezó a moverse frenéticamente con la de mi papá
atrapada en sus manos y casi inmóvil. Su verga salía casi completa y así volvía
a entrar. Carlos levantaba la cabeza, pero la volvía a bajar porque supuse que
no quería dejar de ver. Luego la agachó y se quedó quieto totalmente adentro.
Pensé que ya había terminado, y mágicamente, esto le dio permiso de respirar a
mi papá. Pero lo siguiente fue que Carlos sacó con lentitud su verga
completamente, y otra vez, con lentitud la volvió a meter completamente. Y va de
nuevo: la volvió a sacar toda, y toda la volvió a meter. Al sentir esta segunda
arremetida, mi papá volvió a levantarse sobre sus brazos y acomodó la cadera de
una forma extraña, lo que al mismo tiempo le dio luz verde a Carlos se seguir
haciendo eso de sacar completamente la verga, y luego volverla a meter, como
tiro al blanco, pero no fallaba el tiro y ahora cada vez más y más rápido. Mi
papá quieto, apuntalándose contra la cama para detener el empellón de Carlos al
salirse y entrar, cada vez con más rigor, cada vez con más gemidos y gruñidos.
Así estuvieron unos minutos (¡no sé cuántos!) hasta que Carlos clavó sus dedos
en las nalgas de mi papá y hundió tanto como pudo su verga para no volverla a
sacar, con la cara totalmente desfigurada y el sudor goteando sobre la espalda
de mi papá.
Por el otro lado, mi papá como que agradeció que aquello se
suspendiera porque empezó a respirar. Muy atropellado, pero empezó a respirar y
se empujó a sí mismo un poco hacia atrás, cosa que ocasionó un par de espasmos
más en mi hermano.
Así se quedaron un ratito, o un ratote, no sé. Pero poco a
poco fue cediendo el gran despliegue de fuerza muscular que yo acababa de
presenciar. Mi papá se dejó caer del pecho de nuevo en la cama, pero con la
verga de Carlos adentro. Carlos cambió sus manos, de ser una férreas tenazas, a
ser un par de algodones gentiles para dirigir la caída de las nalgas de mi papá
rumbo a la cama, lo que significó al mismo tiempo, la salida de su verga, ya no
tan erecta.
Finalmente mi papá se dejó caer completamente sobre la cama,
estiró las piernas, hizo algún par de gestos de dolor, pero nunca abrió los
ojos. En cambio, Carlos se quedó como estático, como estatua de sal entre sus
piernas estiradas, recuperando la respiración, sentado sobre sus tobillos con la
cabeza caída, hasta que la mano piadosa de mi papá resurgió y lo jaló por una
mano para que cayera en peso muerto a su lado, totalmente mojados los dos de
todo el cuerpo.
Debo confesar que cuando vi salir por completo y entrar otra
vez la verga de Carlos en el culo de nuestro padre, y que después lo hizo
frenéticamente, me la volví a jalar, y volví a eyacular sobre la cama.