La Mujer de Mi Mejor Amigo
Por César du Saint-Simon
I
En éste mundo hay varios millones de mujeres con las que un
hombre puede fornicar placenteramente sin problemas de ninguna especie y hay
apenas solo un puñado de ellas las cuales he dado en llamar "Las Intocables", ya
que un polvo, aunque sea solo un sencillo y rápido polvito con una de ellas,
tendrá consecuencias que cambiarán nuestras vidas para siempre y, con la certeza
de un disparo al suelo, nos va a ir muy mal. Pero... la carne es débil.
II
La esposa de nuestro mejor amigo, es una Ama de Casa
perfecta, como perfecto también es su cuerpo de hembra delicada y primorosa, con
piel de porcelana perfumada por aromas marinos, una franca sonrisa con dientes
bien alineados y una rizada cabellera color caoba sobre los hombros y sobre su
pubis. Ella nos llama urgentemente a su lado para darnos su sexo cuando éste
"está humeando" ya que, habiendo sido nosotros el primer hombre en su vida y
siendo casi de la familia, nos tiene la confianza y seguridad suficientes para
alcanzar el orgasmo que con mi mejor amigo no ha tenido nunca y que rompería un
orgasmonómetro, y luego otro y otro más. No se conforma con una breve sesión de
cópula y nos absorbe durante todo un día encerrados en una habitación de hotel,
con la conversación mínima necesaria hasta restablecernos para el siguiente
coito. Ésta mujer, que practica la infidelidad únicamente con nosotros debido a
nuestros históricos lazos de amistad y de afinidad, además que tienen un hijo
que esboza nuestra misma sonrisa e imita nuestra forma de caminar, solamente
está allá en los relatos eróticos mejor escritos una vez cada cien años por las
mentes más preclaras de la erotología mundial.
La vida verdadera puede convertirse en un buen relato cuando
la realidad sobrepasa a la imaginación. Tal es el caso de nuestro mejor amigo
quien se enamoró de una golfa que era hipócrita, presuntuosa, extravagante y con
actitudes autodestructivas, de gestos bruscos y arrogante belleza, la cual
sufrió un severo accidente en donde quedó mutilada de ambas piernas a la altura
de las rodillas y condenada a una silla de ruedas. Nunca llamaba a nadie por su
nombre propio dándole a cada cual un apodo soez y ella misma se auto-denominaba
"cuca-sentada". Era muy famosa por su capacidad atlética en maratones...
sexuales y fue en una orgía donde él la conoció. Mi mejor amigo – "El cara de
culo" como le tenía por mote- dijo de ella entonces, al conocer a su futura
esposa, que "había tenido una revelación", y con la fuerza del más grande amor
la sacó de aquella condición de promiscuidad depravada y de consumo de
estupefacientes y se fueron por el mundo en la búsqueda de experiencias
místicas, juntos como, según me decían al despedirse, "una unidad única e
indestructible" e iniciaron una vida de pareja asceta y ermitaña para cambiar
sus vidas a través del estudio de la metafísica y del desarrollo de la parte
espiritual de sus existencias en contacto con otras culturas. Y sí bueno para mi
mejor amigo, es bueno para mí.
III
Al cabo de diez años de no saber nada de ellos, aparecieron
un buen día de radiante sol, en el año del Señor cuando el pueblo echó abajo el
muro de Berlín, diez años más jóvenes y cien años más maduros, a la puerta de mi
castillo Civitas Orbi, una fortaleza construida a partir del Siglo XI por
el primero de los Saint-Simon y durante los reinados de los Papas Sergio IV,
Benedicto VIII y Juan XX.
Venían vestidos todo de blanco. La mujer de mi mejor amigo
–quien se cambió el apodo para "Alba Sentada"- estaba en una silla blanca hasta
las ruedas, metida en una vaporosa túnica de gasa nívea y un collar de tres
vueltas de perlas albinas, con una mirada serena en sus ojos azules amanecer y
una sensible expresión de regocijo de su terso rostro. Él -llamado ahora "Jayán
Padre Genital"- llevaba un fino y bien cortado traje de Lino, zapatos, sombrero,
camisa y corbata todos blancos, que le harían parecer un ser presumido y bohemio
de no ser porque tenía la misma mirada de su esposa y mostraba una sencilla y
cándida sonrisa de bondad, y porque, además, extendió un pañuelo blanco en el
suelo, se arrodilló ante mí, se quitó el sombrero, tomó la mano de su mujer y,
bajando la cabeza, pidió mis bendiciones para ambos, las cuales hice descender
sobre ellos invocando a mis ancestros.
Con la gran alegría de aquel que se reencuentra con alguien
querido de quien creía no volvería a ver jamás, me dispuse a ofrecerles sendos
tragos de vodka pero me detuvieron argumentando que ahora bebían solamente agua
que ellos mismos purificaban, usando para ello un extraño cubo blanco que,
"mediante una transformación de carácter cuántico, restituía la complejidad
molecular de la geometría estructural del vital líquido, haciéndola afín con los
requerimientos de los procesos biológicos intracelulares" me explicaron (¿?) con
humildad y Fe científica. Entonces ordené que encendieran unas brasas para
asarles unos buenos trozos de carne, chorizos, morcillas, mazorcas y mandiocas,
lo cual agradecieron pero declinaron del manjar informándome que lo único que
comían eran insectos secos, de los cuales acarreaban una buena provisión en una
talega blanca que conformaba todo su equipaje y, eventualmente, algunas frutas
frescas que pudiesen comprar o que les fuesen obsequiadas por personas de buena
voluntad.
¡Bueno, al menos su estadía sería muy económica! pensé yo.
Pensé yo equivocadamente respecto de ella.
Traían con ellos toda clase de historias acerca de las
situaciones por las que atravesaron y de los lugares en donde estuvieron;
Hablaron acerca de las muchas personas a quienes conocieron, seres sabios,
filósofos, extáticos, místicos, piadosos, psíquicos y contemplativos, y de las
enseñanzas que de éstos entes extraordinarios obtuvieron, ya que en cada uno de
ellos se encuentran todas las energías y fuerzas del Universo en contacto
directo con el Ser Superior; Me dijeron haber experimentado, con la ayuda de
ellos, una relación intima con Dios y la entrada a un estado de paz profunda y
constante, alcanzando así un mayor entendimiento de la relación entre el
Universo y la Tierra mediante la Geometría Sagrada, el conocimiento de la
energía de amor del universo y del amor incondicional.
Mi mejor amigo me anunció que tenía ahora la misión
de asistir al Planeta Tierra y a sus habitantes
durante la transición a Dimensiones Superiores porque ahora el también era
responsable por los significativos y positivos cambios que en el orbe acontecían
gracias a la vida plena que se hallaba viviendo, ya que estaba entregado
totalmente y con pasión al ejercicio de su libertad interior, la cual es,
afirmaba, lo esencial de toda la creación...
"En cuyo carácter genital está la bioenergía universal,
que le da el sentido cósmico a la función del coito y del orgasmo". Agregó
mi amigo con solvente sapiencia.
"Es sólo la unión sexual la única forma natural que tiene
un cuerpo para unirse con otro cuerpo, y en esa convulsión involuntaria de
nuestros organismos durante el enlace hombre-mujer es que se cumple el
consistente intercambio de la energía cósmica del uno dentro del otro como
un todo". Completó así Alba Sentada las anteriores frases de Jayán Padre
Genital, clavando, impúdicamente, su mirada en mis partes venéreas.
"El placer de la descarga orgásmica es el resultado
espontáneo de una larga y continua evolución de placeres pequeños y de ondas
de excitación continuamente crecientes de la pareja en la búsqueda
permanente y cotidiana del éxtasis sublime..., del hallazgo recíproco y
callado..., del estremecimiento astral de ambos en un puro y delicioso goce
celestial que..., en la consumación final..., se traduce en la pérdida de
individualidad... en la transformación a un estado distinto
después de la fusión mutua de los campos de
energía orgásmica". Recitó mi amigo con una pausada elocuencia salida de su
alma.
Al día siguiente Jayán Padre Genital partió para Corozopando,
más allá de la campiña donde los árboles parecían diminutos de lo inmensa que
ésta era, a iniciar su misión predicadora y llevaba consigo unos panfletos con
la invitación a escuchar al Padre Genital con los siguientes enunciados:
"El pecado se debe a una civilización místicamente mecanizada
y moralista sexual anti-vida, que ahoga lo natural y aprisiona la Energía
Cósmica que tenemos en nuestro cuerpo los hombres y las mujeres."
"La Energía Cósmica debe ser liberada amorosamente en el
abrazo genital."
IV
"Sólo hay un camino para conocer a Dios: La Vida Viviente,
El Abrazo Genital y el Pleno Orgasmo Cósmico."
Proclamaba mi amigo con vigorosa voz por las calles
empedradas de pueblo, anunciando la llegada de "La Hermandad del Abrazo Genital"
para rendir culto al "Pleno Orgasmo Cósmico".
La curiosidad empezó a apoderarse de los amables y
tradicionales habitantes del pueblo quienes, ávidos de mayor información, le
preguntaban que cuanto costaría la entrada; que si podían ir los niños. Y Jayán
Padre Genital les explicaba con voz pausada, con la sabiduría de un ser
superior, desde un improvisado púlpito a sus primeros seguidores:
"Dios es la Energía Cósmica de la que proviene todo
ser y que fluye a través de tu cuerpo, así como a través de todo lo viviente. La
energía cósmica que debe ser liberada amorosamente en el abrazo genital no tiene
fronteras, contrariamente al amor sexual actual que os prohíbe conocer a Dios o
a la vida misma como amor corporal."
Con la Fe de su lado, entró en la única taberna de aquel
centenario pueblo, en donde tres taciturnos ancianos que, reflejados en la
oscura pantalla del televisor, jugaban una silenciosa partida de cartas,
acompañados por vasos de vino tinto a medio tomar mientras un viejo Loro que ya
no hablaba le hacia una monócula inspección. Dijo entonces con vehemencia:
"El mal es un Dios pervertido, originado por la represión de las cualidades
divinas sexuales"... "El orgasmo se produce cuando tiene que producirse, no
cuando tu, o tu, o tu lo deseas." Buscando promover así la asistencia a sus
sermones a los tres clientes de la tasca que no se perturbaron con su llegada ni
con sus grandilocuentes afirmaciones.
Su primera parábola fue bajo la generosa sombra de un
centenario alcornoque en el jardín de Los Erasmos propiedad del gentilhombre
regente de la taberna del pueblo. Pronto los sermones de Padre Genital se
hicieron famosos porque removía la fuerza interior de quienes le escuchaban que,
arrepentidos por su triste pasado de cópula descarriada, se daban ahora el
abrazo genital transportándose al pleno orgasmo cósmico.
Seguido por sus doce
condiscípulos y condiscípulas llegó a orillas del lago de aquella comarca, un
hermoso paraje fulgurante de energía cósmica, apto para darse muchos abrazos
genitales y donde al tercer día narró a las muchas personas que habían estado
llegando para escucharle, la parábola de "La Mujer Dormida que parió Luz":
"Cuando caía del Imperio Romano, a una mujer en
Constantinopla le provino un profundo sopor y soñó que las prometedoras ideas de
las culturas griega y latina sufrían una regresión. Las ideologías de los
hombres que comenzaron a gobernar el mundo excluyeron entonces a los genitales y
su cópula de los asuntos humanos y le acusaron a ella de todos los males que
sufría la humanidad por ser la mujer la incitadora del hombre, aupada por el
demonio. Pero no pudieron abolir la pasión genital y se dedicaron a perseguirla
y a acusar a todos aquellos que practicasen el Abrazo Genital como sujetos de
posesiones demoníacas. Entre el rechazo y la tolerancia hacia los amantes -por
aquello del mandato divino de ‘multiplicaos’-, renació el primitivismo y la
brujería, y era extranatural y pecaminoso el acto de la relación sexual."
"La mujer soñó que había sido capturada y llevada a la
hoguera y que a medida que moría, viajaba en el mismo Continuo de Tiempo y
Espacio, mientras que avanzaba hasta el Cuerpo de Luz, buscando la Iluminación,
la Ascensión. Su último acto físico en ésta vida, a medida que se retiraba hacia
atrás para entrar en el Cuerpo de Luz, consistió en extenderse para abrazar
amorosamente a su cuerpo físico y atraerlo para fundirse con la Luz."
"Entonces la mujer de Constantinopla despertó con el
conocimiento de Dios como amor que le confirmaría la existencia de Dios, que Él
es accesible y permite al hombre y a la mujer, vivir del modo real y natural que
la sociedad represora actual le impide."
Guardó unos segundos de silencio. Silencio en el lago que
reflejaba la luz del Sol que les sonreía. Silencio en todo. Silencio de todos. Y
con la bienaventuranza que sólo la sabiduría otorga dijo: "Daos fraternalmente
el Abrazo Genital los unos a los otros."
Todos los cientos de personas que le escuchaban le
entendieron, excepto unos "Doctores de La Fe" que se hallaban entre la
audiencia. "Jayán Padre Genital" ahora estaba en problemas.
V
Luego de una semana de la partida de mi mejor amigo, durante
la cual estuve bajo un permanente acoso sexual por parte de su mujer que pasó de
miradas y sonrisas furtivas e incontenibles a descaradas manifestaciones
eróticas, algunas un tanto grotescas, por fin me atrapó solo
en el salón de fumar donde yo estaba leyendo algo de
filosofía Pirrónica: "El sabio mantendrá la tranquilidad de su espíritu con
la indiferencia respecto de todas las opiniones de escuela, no adhiriéndose a
ninguna. Sí Todo es falso, entonces es falso que Todo sea falso".
Me pidió con dulzura lúbrica que le ayudase a pasar de su
silla al sofá de cuero vinotinto en donde me hallaba sentado. Yo tenía en cuenta
lo fingida que ella podía llegar a ser, pero soy un buen anfitrión antes que
nada y, tratándose de la mujer de mi mejor amigo, pues más aún. Pues más aún.
Pasé con delicadeza un brazo por su espalda y otro bajo sus
muslos, casi en las nalgas y, cuando ella me rodeó el cuello con perfumada
sensualidad, mi palo empezó a arder. Al levantarla, la aseguré hacia mi cuerpo
con firmeza, entonces ella se estrechó más haciendo girar su torso y, cerrando
más sus brazos para apretarme sus pechos, pegó su cara con la mía y me susurró
con delicia al oído: "siéntate tu primero, Patriarca Genital". Debí haberla
devuelto a su silla en ese mismo instante, pero... la carne es débil.
Me senté con ella sobre mis piernas mientras me lamía
febrilmente el lóbulo de la oreja. Al sentirse apoyada sobre mi dureza fálica
gimió y se meneó con regodeo, estremeciéndose toda al lanzar su cabeza para
atrás exhalando el placer que le corría por su espinazo. Sus opulentos senos
iban tomando una ostentosa turgencia con mis recias caricias. Cuando me iba a
besar procuré tumbarla de espaldas sobre el asiento para poseerla de frente,
pero ella me refrenó y se fue en sentido contrario y, apoyándose en los muñones
de sus piernas y los codos, con su trasero bien en alto, se separó un poco de mí
y se recogió la túnica sobre su espalda, mostrándome sus rosadas grupas que
movió con lujuria de lado a lado. Se dio un par de incitadoras nalgadas y me
arengó con exasperada excitación: "¡Vamos..., vamos... ¿Qué esperas?!
Cuando giró la cabeza hacia atrás para verificar porqué aún
no me le encimaba, yo me estaba acomodando de rodillas para arremeterla en su
posición y, al mismo tiempo, destrababa mi furibundo pene del pantalón,
controlándolo con ambas manos. La veterana maratonista, al ver el trozo de carne
que le iba a meter, quedó boquiabierta y exclamó con sorprendida angustia:
"¡Eso-por-el-culo-no!". Sí se hubiese quedado callada el relato concluiría tres
párrafos más adelante, pero despertó mi espíritu de contradicción y me dije a mí
mismo: "de eso no te vas a salvar..."
Deslicé mis manos con abrasadora tardanza por sus ancas hasta
la elástica de la pantaleta, halé bajando la prenda por sus muslos y se la quité
por las amputaciones lazándola a la silla de ruedas. Me abrí paso por el mojado
introito vaginal con el glande, afianzándome en la entrada, o sea, le metí la
cabeza de mi báculo. Al sentir esa primera acción ella clavó la frente en el
cuero del diván y se protegió la cabeza con ambas manos como esperando un
garrotazo. La sujeté con seguridad por las caderas y empujé todo mi "patriarcado
genital" hasta lo más profundo de su "paz interior". Mugió. Se batió. Trató de
escapar. Resopló. Estiró el cuello hacia delante buscando más aire. Alzó la
cabeza mirando al techo y, casi sin poder hablar, soltó con satisfacción: ¡Que
vergajazo!. De los cuales recibió una inclemente retreta mientras nuestra pasión
orgásmica durante ese enlace hombre-mujer iba en ascenso haciendo consistente
nuestro intercambio de "energía cósmica", o lo que es lo mismo: que estábamos
echando un buen polvo.
Empecé a sensibilizarle el esfínter anal con una suave y
lenta presión de dos dedos sobre su sieso. Lanzó su mano para atrás y me agarró
con fuerza los dedos masajeadores y dijo tajantemente: "Annus non
penetrabilis est", mientras paraba de culear. Me sacudí su mano y reanudé el
salvaje bombeo de su "universo interior" empujándola hasta que su cabeza quedó
clavada en la esquina del asiento. Cuando ella estaba iniciando "la transición",
escupí en su ano, le desencajé mi méntula y le metí "medio machete" por la vía
estercórea. Aulló, pero no pudo hacer ningún movimiento para escaparse. Le
sacudí con firmeza las caderas y le ordené que culease y empezó lentamente a
menearse mientras la rigidez de mi palo le calaba las entrañas.
¡Cuánto tiempo!...¡cuánto tiempo ha que no me cogían por
el culo! Exclamó evocadoramente, con voz temblorosa, cuando pudo hablar. Y
llevándose una mano al clítoris añadió con un tono de exigencia: "¡Olvídate
de mis genitales, cógeme siempre así!"
Aunque esto era sólo un polvito, la mujer de mi mejor amigo creía que nos
habíamos convertido en amantes. Ahora "Patriarca Genital" estaba en problemas.
VI
Definitivamente aquélla mujer era la misma sinvergüenza de
siempre. Grosera y depravada, quería tener algo siempre metido en el ano.
Mientras su marido realizaba asombrosos prodigios entre sus cada vez más
numerosos seguidores de la Hermandad del Abrazo Genital insuflándoles energía
cósmica, ella me perseguía en su silla de ruedas por todo el castillo buscando
soliviantarme con su lujuria al máximo. "¡Quiero que me des más carne cruda!",
me decía estirando el brazo hacia mi paquete viril. Incluso se metió hasta mis
aposentos, donde sólo mi Ama de Llaves tenía permitido el acceso, y se sentó
desnuda en mi cama sosteniendo sus pesadas tetas, lamiéndose los labios y
resoplando de deseo me dijo: "Hazme lo que quieras, pero házmelo ya." Entonces
la puse en confinamiento en su habitación, desde donde gritaba a viva voz sus
deseos lascivos: "¡Ven y mete ya esa vergota que tienes en éste culo! ¡Cobarde!"
vociferaba, desquiciada, mendigando por y amenazando para que le proporcionase
una trepidación anal. Todo esto asombraba a mis imperturbables criados y se
notaba ya la exasperación de mi siempre fiel Ama de Llaves.
Salí urgentemente para Corozopando, conduciendo mi
motocicleta de alta cilindrada, en busca de mi mejor amigo con el fin de ponerle
al tanto yo mismo de toda la situación y explicarle lentamente que su mujer
había sufrido una regresión, sí es que alguna vez evolucionó.
Al cabo de un par de horas a toda velocidad encuentro que
viene por la vía contraria Jayán Padre Genital sobre un desfallecido jumento.
Con la alegría de nuestro nuevo reencuentro en los corazones, empezamos a
hablarnos atropelladamente, compitiendo por informar primero uno al otro de los
novísimos acontecimientos.
Me contó que luego de su última cena en Corozopando uno de
sus seguidores informó a las autoridades del sitio donde él se encontraría y fue
apresado y encarcelado. El jefe de los "Doctores de la Fe" le acusó ante el Jefe
Civil de adorar Dioses inconvenientes y de proclamar el fin de la impudicia y de
la lascivia. El funcionario, hermano del esclarecido dueño de la taberna, no vio
ningún delito ni peligro para el Estado en sus acciones y, mientras afuera de la
Jefatura una muchedumbre gritaba: "¡Guillotinadle!..., ¡Guillotinadle!", éste,
limpiándose las manos de la mostaza que traía la hamburguesa que se estaba
comiendo, le dio una reprimenda y decidió que pasase la noche preso, más bien
para protegerle. Quedó solo. Todos sus seguidores se escondieron con miedo y uno
de ellos, el que se atrevió a llevarle su frugal comida, le negó tres veces.
Al día siguiente fue escoltado a las afueras del pueblo por
un pelotón de policías antimotines sobre briosos caballos que el Gobernador
había enviado. Y él fue obligado a caminar arrastrando su talega llena de
libros, panfletos e insectos que fueron quedando esparcidos por las estrechas y
empedradas calles como su último legado. El pueblo, que había sido manipulado
vilmente, se tornó contra él. Le abucheaban y lanzaban objetos y suciedad que se
estrellaba contra el blindaje de sus escoltas. Ya sobre el borrico, alzó los
brazos e invocó La Fuerza Universal y exclamó con su vozarrón: "¡Energía
Eterna..., discúlpalos porque no saben muy bien lo que hacen!" Lo cual aplacó y
acalló a todos, quienes salieron corriendo, despavoridos, en todas direcciones
cuando sintieron la tierra estremecerse bajo sus pies.
Cuando me disponía a relatarle mis experiencias el cielo se
tornó rojo y luego de un ensordecedor estampido, un carro de fuego salió de
atrás de una nube y se posó, con gran estruendo, cerca de nosotros. Jayán Padre
Genital se dirigió hacia él y, antes de abordarlo, se viró para decirme: "Ahora
tu cuidarás de mi esposa y de mis discípulos... te llamarás Patriarca Genital y
sobre ti se erigirá mi santuario..." y sentándose al lado del piloto dijo: "¡En
marcha zahorí Elías!"
FIN