Lanzarse una Mirada. Comenzar el Coqueteo. Insinuar una
Caricia. Abalanzarse buscando un Beso.
Aprovechar la Confusión, que da tanta Seguridad. Construir la
Fantasía que haga realidad un Sueño. Sonrojarse por Pudor al descubrir tanto
Atrevimiento.
Un Gesto al que sigue un Suspiro, y necesitar, de forma
urgente, la Intimidad (cierta o fingida) de un Rincón lejos de Miradas
indiscretas. Surge la Complicidad, y la Imaginación inventará un Espacio nuevo
para los Dos.
Llenar el Aire de Gemidos acompasados con el Roce de las
Caderas; y pasar del Juego inocente al Éxtasis que no teme al Pecado.
Enajenamiento y Locura, Sentimientos confusos entre los que
sólo destaca la Lujuria.
El Vaivén de dos Cuerpos en perfecta Unión. La Comunión de
dos Almas a través de sus más íntimos Secretos.
Admirar la Belleza de la Desnudez sólo un Momento; dejarse
mecer por un Deseo lúbrico que baña la Estancia, y teñir las Sábanas de húmeda
Pasión.
Poner plena Confianza en el otro, para terminar viviendo la
más exquisita Entrega. Regalarse, ofrecerse, y necesitarse.
Y Sentir el Latido de un Corazón, como un Pálpito que va más
allá del mero Placer.
Padecer las Exigencias del Ritmo creciente. Compartir el
Sudor que hace brillar la Piel. Alcanzar un Punto sin Retorno. Sucumbir a un
breve Instante que podría ser eterno. Sentir el Orgasmo. Saborear la Recompensa.
Quererse... o no quererse, pero siempre volver a empezar.
Tantas palabras... ¡cuando se puede decir Sexo!
Y decir Sexo... ¡cuando se puede hablar de Erotismo!