Los dos se miraron y se alejaron de la fiesta, lejos de
bullicio. Una vez solos se quitaron sus mascaras; ella era preciosa, sus
cabellos negros como el ala de un cuervo caían sobre unos inquietantes hombros
de una tez muy pálida. Sus voluptuosos labios pintados en negro le daban una
tonalidad rara, que hacia juego con sus almendrados y penetrantes ojos oscuros.
Él, por otra parte era algo tosco y hosco, su cuerpo
fortalecido por las privaciones y las luchas estaba ennegrecido por los soles
que continuamente castigaban su piel. Algunas heridas de glorias pasadas aun
figuraban en su cuerpo. Su rostro severo se relajo frente a tanta hermosura,
mientras su mirada asesina iba tomando un cariz más tenue.
Ambos tomaron la iniciativa, sus bocas se encontraron con
pasión a la vez que sus cuerpos se fundían en un poderoso abrazo. El hombre,
apretaba la cintura de ella, mientras la mujer llenaba sus uñas con la carne de
su amante. Comenzaron una cabalgata a un ritmo desenfrenado... la pálida joven
movía sus caderas, acompañando los embistes de su amante con cadencia, la piel
de ella estaba helada, mientras él ardía por fuera y por dentro.
Se miraron a los ojos y ella cambio, sus colmillos crecieron
y sus ojos se pusieron vidriosos. En un santiamén mordió al varón en el cuello,
mientras le drenaba la sangre. Él sentía escapar su vida, pero a la vez una
excitación inmensa... así se corrió, llenándola de su calor. Sin embargo aun
seguía a merced de la oscura dama que continuaba con su labor, trabajosamente
tomo su Tachi y lo desenvaino... apunto exactamente al corazón de la doncella y
dio el empujón. El acero desgarra los tejidos y atraviesa a los amantes; la
joven moría y el no tenia mucho tiempo... con lagrimas en los ojos tomo su
katana y cometió seppuku. No valía la pena vivir en un mundo sin su amada,
aunque esta fuera un ser infernal... prefirió el infierno con ella a una vida
añorándola.