RELATO
Soy una mujer casada, tengo 36 años y un hijo de 18 años, mi
marido tiene 50 años, nos conocimos en la universidad, donde el era profesor y
yo estudiante, tuvimos un romance y quede embarazada a los 19 años, nos casamos
y seguí estudiando hasta finalizar los estudios de derecho.
Mi marido sigue de profesor en la universidad, yo tengo el
despacho en casa, ya que trabajo como abogada libre asociada de un importante
bufete y mi hijo estudia en el instituto.
Soy de constitución pequeña, mido 1,55 y peso 50 kilos, pero
bien proporcionada y bien conservada, a base de gimnasio y comida sana, soy una
mujer normar de 36 años, ni muy guapa, ni muy fea.
La relación con mi marido es buena, aunque después de 17 años
juntos y con la diferencia de edad, nuestra vida sexual se había vuelto monótona
y casi inexistente.
A mi hijo lo quiero con locura, ya que por razones
profesionales, habíamos decidido no tener mas familia (Tengo implantado un DIU)
y al ser hijo único, le damos todos los caprichos, nos volcamos totalmente con
el, sobre todo yo, que soy muy cariñosa.
El también ha sido siempre muy cariñoso conmigo, nos
abrazamos y nos besamos constantemente y por cualquier motivo, a mi me encanta
"achucharle" y a el le encanta que lo haga.
Nuestra relación madre-hijo era totalmente natural y digo
era, porque a partir de un determinado momento comencé a notar como que algo
estaba cambiando en el comportamiento de mi hijo.
Todo empezó en la primavera en que mi hijo cumplió los 16
años, sin que apenas nos diéramos cuenta, comenzó a suceder…..
En los momentos de cariño, el siempre se había dejado
achuchar, sin mas, pero de pronto, comenzó a participar….
Comenzó de forma suave, con besos y caricias adicionales a
las que yo le propinaba, hasta que sin darnos cuentas, se fueron invirtiendo los
papeles, pasando finalmente a ser yo la achuchada y el el achuchador.
Al principio, eran simples caricias con sus manos en mis
espaldas, pero poco a poco, me fui dando cuenta que sus manos se movían por
todas las partes de mi cuerpo a su alcance, entre ellas, naturalmente mi culo,
puesto que mis abrazos normalmente eran de frente.
Mi hijo, con sus 18 años, mide 1,70 , con lo que me saca 15
cm. y pesa 70 Kg., 20 más que yo, asi es que, me manejaba como si fuera una
muñeca.
Últimamente se había cogido la costumbre de levantarme del
suelo, cuando nos abrazábamos, para lo cual no tenía mas remedio que agarrarme
con fuerza por mis glúteos y en muchas ocasiones, cuando estoy con un vestido
que tengo para estar cómoda en casa, este se me sube y sus manos se posan
directamente sobre mis bragas.
Yo al principio, trate de no darle importancia, considerando
que todo era normal, fruto de la efusión que poníamos en nuestros abrazos y
cariños.
Y en realidad todo era tan normal que lo hacíamos cuando nos
apetecía, estuviera o no su padre delante, porque el también lo consideraba
normal, ya que era lo que habíamos hecho siempre.
Pero mi intuición de mujer me decía que algo había cambiado,
asi es que comencé a poner una atención que antes no ponía y a detectar detalles
que iban confirmado mi sospecha de que el comportamiento de mi hijo para conmigo
estaba cambiando.
La alegría que sentía cuando yo le abrazaba, había pasado a
ser otra cosa… y mi cuerpo había pasado a ser algo atractivo para el.
Poco a poco fui comprendiendo que con sus 18 años, en plena
efervescencia hormonal, yo me estaba convirtiendo sin querer en el objeto sexual
que más a mano tenia.
No sabia si el era consciente o simplemente lo hacia en
automático, pero en cualquier caso, dado el enorme cariño que sentía por el,
bajo ninguna circunstancia estaba dispuesta a poner en peligro nuestra
maravillosa relación madre-hijo.
El hecho de abrazarme y levantarme delante de su padre,
denotaba que el lo consideraba normal, asi es que yo en principio, decidí
considerarlo también normal.
De todas formas yo ya había dejado de estar en automático,
prestaba atención a todos los detalles y además estos cada vez se iban haciendo
más evidentes.
Ya no era necesario que yo lo achuchase, porque ahora era el
el que continuamente y cada vez que se le presentaba la ocasión, llegaba y me
daba un abrazo de oso, de frente o por la espada y esta nueva modalidad, ponía
mas en evidencia sus intenciones, puesto que sus manos se movían entre mi
barriga y mis pechos, al principio de forma sutil y luego cada vez de forma mas
descarada.
Yo simplemente me dejaba acariciar y participaba dándole
besos como había echo siempre, pero esto también comenzó a cambiar.
Cuando me abordaba por detrás, me besaba en el cuello y en la
mejilla, cada vez mas cerca de la boca y cuando lo hacia por delante, lo hacia
en el cuello y en muchas ocasiones en la boca, de forma rápida, como sin
querer….
Cada vez tenia mas claro que mi hijo se estaba dando el lote
conmigo, con mi consentimiento tácito, puesto que le dejaba hacer y el al no
recibir oposición por mi parte, seguía avanzando, con caricias cada vez mas
explicitas y atrevidas.
El lo seguía haciendo todo de la forma mas inocente y
espontánea, pero a mi había veces que ya me daba corte que me hiciera
determinadas caricias delante de mi marido, que sin embargo parecía no darle
ninguna importancia, puesto que para el todo era como siempre.
Por mi parte trataba de evitar dentro de lo posible iniciar
ningún tipo de cariños con mi hijo, cuando estaba mi marido delante, pero no
podía evitar que los iniciase el.
Decidí que si la cosa iba a mas, tendría que hablar con el,
para marcarle unos limites a nuestras relaciones madre-hijo, mientras tanto
consideré que delante de mi marido no daría importancia a nada de lo que
hiciese, para evitar cualquier tipo de suspicacias.
Por la noche, cuando nos sentábamos a ver la tele, mi marido
lo hacia en uno de los sillones del tresillo, mientras que mi hijo y yo lo
hacíamos juntos en el sofá, con lo que al voltear el el sillón para quedar
frente a la televisión, nosotros quedábamos prácticamente a su espalda.
Cuando nos ponemos a ver la televisión, después de cenar, lo
hacemos normalmente todos con nuestra ropa de dormir.
Yo para dormir (recuerdo que estábamos en primavera), uso una
calzona amplia muy corta y una camiseta de tirantes, naturalmente con braga,
pero sin sujetador y además, casi siempre, me tapo las piernas con una pequeña
mantita, para no quedarme fría, ya que por las noches refresca bastante en el
lugar en que vivimos (Un chalet en un barrio residencial de alto nivel en las
afueras de Madrid).
Digo todo esto, porque en este escenario es en el que mi hijo
dio un nuevo paso, que disipó las pocas dudas que me quedaban sobre sus
intenciones.
Siempre se había acomodado a mi lado y muchas veces metía
también sus piernas debajo de mi mantita, así es que todo era normal, hasta que
un día, con el salón totalmente a oscuras, con la única luz que emitía el
televisor, metió una de sus manos por debajo de la manta y la posó sobre una de
mis rodillas.
Yo ni me inmuté, seguí como si nada pasará, aunque sabía que
algo iba a pasar…. Todos mirábamos hacia la televisión, el comenzó a mover su
mano hacia arriba, lentamente, hasta que llegó al borde de mis calzonas, que al
estar sentada se me habían subido totalmente, con lo que tenia su mano en la
parte superior de mi muslo.
Yo empecé a ponerme nerviosa y miraba de reojo a mi marido,
que se había quedado dormido en su sillón y hasta roncaba levemente. Esto me
tranquilizó un poco, me relaje y seguí mirando al televisor, aunque mas
pendiente de lo que pasaba entre mis piernas que de otra cosa.
Mi hijo, al llegar con su mano al límite posible, comenzó a
meterla hacia la parte interna del muslo, sin ninguna dificultad, puesto que mis
piernas estaban entreabiertas y no tenía ningún impedimento.
Situó su mano en mi ingle, justamente a la altura de mi sexo,
con la única barrera de mis bragas, ya que las calzonas de patera corta y ancha,
no suponían ningún obstáculo….
Comenzó a acariciarme en todos los sentidos, tanto el muslo,
como la parte que tapaban las bragas, ambos seguíamos mirando hacia la
televisión, aunque yo no la prestaba la menor atención, dada la situación.
Ya no había ninguna duda, todo era explicito, mi hijo
simplemente me estaba metiendo mano, como si esto fuera lo mas normal del
mundo…..
No podría definir lo que sentí, en aquel momento se mezclaban
en mi mente el estupor por la situación y el cariño que sentía por mi hijo y
aunque ya había pensado en mas de una ocasión que antes o después algo de esto
podía suceder, en esos momentos no sabia como reaccionar, así es que opté por
quedarme quieta y callada y dejarle hacer lo que quisiera, como era mi
costumbre, puesto que nunca le negaba nada a mi hijo.
Mientras tanto mi hijo seguía a lo suyo, con su dedo meñique
había comenzado a perfilar mis bragas y a tocar los bellos que sobresalían de
ella, supuse que esto lo debía estar excitando y casi de forma automática, miré
de reojo hacia …. Y efectivamente, se detectaba un bulto importante, que no
dejaba lugar a dudas.
Yo por mi parte, comencé a sentir una ligera excitación
también, tanto por el morbo de la situación en si, como por las caricias que me
estaba proporcionando mi hijo…
No me lo podía creer, no solo estaba permitiendo que mi hijo
me metiera mano, sino que incluso me estaba gustando…..
De pronto mi marido se despertó y dijo que se iba a acostar,
mi hijo retiró inmediatamente su mano y yo dije que lo mejor es que nos fuéramos
todos a acostar y así lo hicimos.
Mi marido se levantó y se fue directamente al servicio.
Como todas las noches, cuando nos íbamos a acostar, mi hijo y
yo nos despedíamos con un beso y un "achuchon"
Nos levantamos los dos del sofá, como si no hubiera pasado
nada, me agarró por la cintura con las dos manos, me miró fijamente a los ojos,
sonriendo y sin decir palabra, dirigió sus labios a mi boca, despacio,
suavemente y los mantuvo entreabiertos besándome, esperando mi reacción.
La pelota estaba en mi tejado, otras veces los besos en la
boca habían sido rápidos y como sin querer, pero en esta ocasión sus labios
entreabiertos seguían pegados a los míos y yo tenia que decidir si participaba
en el beso o me mantenía pasiva.
Sin poder controlarme, debido a mi estado de excitación,
entreabrí mis labios ligeramente y el inmediatamente aprovecho para introducir
su lengua a través de ellos, suavemente, como con miedo, yo avance mi lengua
hacia la suya hasta que ambas se juntaron, fue como un detonante….
Comenzamos a besarnos apasionadamente, el metió una de sus
piernas entre las mías y agarro mi culo con sus dos manos, apretándolo hacia el
y restregando su "bulto" descaradamente contra mi muslo, durante un tiempo que
había dejado de contar para los dos, hasta que me apretó aún mas y pude sentir
como su "bulto" latía en mi muslo, mientras nuestras bocas seguían unidas en un
apasionado beso.
Sin duda, se había corrido……., se separó un poco, me miró
fijamente de nuevo a los ojos, con la misma sonrisa inocente y sin decir palabra
se fue directamente al servicio, dejándome sin aliento por el largo beso,
jadeante y totalmente excitada.
Yo me dirigí a mi dormitorio, donde ya se había acostado mi
marido y sin ningún tipo de prolegómenos, le comencé a meter mano de forma
descarada, mi marido que estaba medio dormido, me dijo que si es que quería
"guerra", le dije que si y me lance directamente al ataque, le saque el pene de
los calzoncillos por un lateral, me monte encima de el, me introduje el pene de
un solo golpe en mi lubricada vagina y comencé a fallármelo como una loca.
Supongo que mi marido no podía creérselo, puesto que nuestras
esporádicas relaciones eran rutinarias, pero la situación lo excitó y comenzó a
participar activamente, con lo que yo tuve de forma inmediata un primer orgasmo,
reprimiéndome para no gritar de gusto….., seguimos follando hasta que el me dijo
que se corría y de nuevo tuve otro orgasmo al sentir latir el pene de mi marido
y su semen en mi interior.
Mi marido se quedó inmediatamente dormido y yo no me lo podía
creer, había tenido dos orgasmos, cosa que no sucedía desde hacia muchos años,
al principio de mis relaciones sexuales con mi marido.
Después de asearme en el baño, me acosté, mi marido se había
dormido de nuevo, pero yo no era capaz de conciliar el sueño, todo daba vueltas
en mi cabeza, mi hijo, mi marido, lo que habíamos disfrutado los tres….
Las caricias de mi hijo habían despertado en mi un erotismo
que tenia casi olvidado y con ello había proporcionado a mi marido un placer
inesperado…
No hacia mas que darle vueltas a todo, pensando como debería
abordar la nueva situación que se había creado en nuestro hogar y sobre todo mi
relación con mi hijo….
Finalmente, con la relajación, la cordura se impuso y decidí
que tendría que habar con mi hijo, para marcar unos límites y unas reglas de
juego en nuestras relaciones….
Mi hijo me había utilizado como objeto sexual de forma
explicita y no solo no le había echo ningún reproche, sino que había participado
activamente en su beso, hasta hacer que se corriera por primera vez con su
madre, aunque supongo que mas de una vez se debía de haber masturbado a mi
costa.
No podía seguir actuando como si no hubiera pasado nada. Si
que había pasado algo y no lo podía ignorar, mi hijo iba a querer seguir
avanzando, hasta donde yo le permitiera, así es que en algún momento tendría que
decidir hasta donde estaba dispuesta a dejarle llegar, y también tenia que
decidir sobre mi actitud.
Yo hasta ese momento no me había planteado mi papel en el
juego que estábamos jugando mi hijo y yo, es decir hasta ese momento lo había
vivido de forma pasiva, era mi hijo el que jugaba y yo simplemente de dejaba
jugar, el estaba disfrutando con el juego, y yo, de forma indirecta también,
como había podido comprobar esa misma noche, lo que tenia que decidir era si yo
también quería participar en el juego de forma activa….
Estaba claro que nuestra relación madre-hijo había adquirido
una nueva dimensión y los dos deberíamos adaptarnos a la nueva situación, así es
que decidí hablar con el…
Finalmente me quedé dormida con mis elucubraciones.
A la mañana siguiente, aprovechando el momento en que su
padre estaba en la ducha, comencé lo que pretendía fuera una conversación seria
y formal madre-hijo.
No pretendía bronquearle, porque nunca lo había hecho y
además, aunque el era el que lo había iniciado todo, tampoco podía considerarle
el único culpable, ya que al final yo también participe y disfrute con el juego…
Le dije en tono de reproche, si le parecía bien lo que había
sucedido la noche anterior.
Me contestó que me quería mucho, que estaba locamente
enamorado de mi y que estaba muy contento de lo que había sucedido, puesto que
había podido comprobar que yo también estaba loca por el.
Le respondí, que efectivamente, yo también le quería mucho,
pero que el cariño e incluso el amor entre una madre y un hijo tenia ciertos
limites que no debíamos sobrepasar.
No me dejó hablar mas, me atrajo hacia el y comenzó a besarme
apasionadamente, yo me abandone a su beso y comencé a corresponderle con la
misma pasión.
Oímos como mi marido finalizaba su ducha y seguimos aún unos
minutos más, besándonos como dos enamorados.
Finalmente nos separamos, yo le dije que teníamos que seguir
hablando y que mientras tanto, sobre todo, tuviera un poco de discreción cuando
estuviera su padre delante.
El asintió, con una sonrisa cómplice y se fue hacia el
dormitorio para vestirse.
Lo poco que habíamos hablado, no solo no había servido para
establecer ningún tipo de límite a nuestras relaciones, sino que por primera
vez, empezábamos a actuar con la complicidad de dos auténticos amantes.
Yo me paso todo el día en casa, ya que como he dicho
anteriormente tengo mi despacho en mi domicilio y además de atender los casos
del bufete, pues desarrollo todas las tareas propias de un "ama de casa", en los
días de diarios salgo a la compra y también al menos una vez a la semana al
bufete para despachar los asuntos con mis colegas.
Mi marido y mi hijo, como prácticamente hacen lo mismo, el
uno da clases y el otro las recibe, pues coinciden en sus horarios y de hecho
van y vienen en el coche junto, con lo que cuando esta en casa uno, también
suele estar el otro, o al menos, cuando esta en casa mi hijo, casi siempre suele
estar también mi marido.
Esta situación deja poco margen de maniobra a mi hijo, para
sus juegos sexuales conmigo, así es que casi siempre lo hacemos "a salto de
mata", como se suele decir.
Los achuchones con beso de lengua incluido, me los sigue
dando cada vez que llega a casa, demorando un poco su saludo, hasta que su padre
pasa a cambiarse al dormitorio, momento que aprovecha para pegarme un "repaso"
de dos o tres minutos, dejándome sin aliento y sofocada.
Un día, los dos perdimos la noción del tiempo y cuando entro
mi marido en la cocina, nos pillo en plena faena.
Ninguno de los dos nos habíamos dado cuenta, en ese momento
mi hijo me estaba besando en el cuello y yo estaba con los ojos cerrado, por lo
que el susto que me lleve cuando oí la voz de mi marido fue horroroso, casi me
desmayo del susto.
Pero, mientras que nosotros sabíamos lo que estábamos
haciendo, para mi marido el espectáculo no era otro que el de su hijo jugando
con su madre como de costumbre, así es que lo único que dijo dirigiéndose al
niño fue que tuviera cuidado que iba a romper a su madre con esos achuchones.
Mi hijo reaccionó muy bien, respondiendo que era el lobo
feroz y que me iba a comer y siguió durante algunos, para mi eternos segundos,
mordiéndome el cuello, delante de su padre, luego dándome un último beso en la
mejilla y una palmada en el culo, se fue a su habitación a cambiarse.
Yo tenia que estar roja como un tomate, estaba excitada,
asustada y me temblaban las piernas, como pude, me apoye en la encimera de la
cocina y le dije a mi marido para tratar de quitarle importancia al tema, que
teníamos el hijo mas cariñoso del mundo.
El me respondió que le encantaba que nos quisiéramos tanto y
que le daba envidia que el, por ser hombre, no pudiera manifestarle su cariño
con la efusión que lo hacíamos nosotros.
Además añadió, por si fuera poco, que el niño ya era todo un
hombre y que era natural que le gustara abrazar y besar a una mujer tan
maravillosa como yo, por lo que no debería extrañarme que cada vez lo hiciera
con mas pasión, ya que era natural que así fuese y sobre todo en los hijos
únicos, en los que el "complejo de Edipo" está mucho mas acentuado, al no tener
competidores.
Yo que ya había conseguido serenarme un poco, al oír estas
palabras de mi marido, aproveche para decirle que si esto era así, cual debería
ser mi postura ante la creciente fogosidad de nuestro hijo.
El me respondió sin dudarlo un momento que de
colaboración….., sin darle importancia, ya que de esta forma influiría muy
positivamente en el desarrollo sexual de nuestro hijo, evitando desviaciones,
que son muy frecuentes en hijos únicos, que no consiguen superar adecuadamente
el ya mencionado "complejo de Edipo".
Esta explicación froidiana, de mi marido, me dejó perpleja,
pero ya que estábamos en ello, aproveche para decirle que me alegraba mucho que
pensara así, porque a mi me daba un poco de corte, cuando nuestro hijo me
abrazaba y besaba tan efusivamente estando el delante.
El siguiendo con el razonamiento y la sinceridad con que
estaba tratando el asunto, me dijo que por el no me preocupara, que la única
repercusión que la fogosidad de nuestro hijo podía tener para el, era totalmente
positiva, ya que, sin que yo me diera cuenta (Eso es lo que el pensaba), había
conseguido despertar mi adormecida libido y esto estaba repercutiendo
positivamente en nuestras relaciones sexuales.
Yo le dije que me encantaba que pensara así, puesto que yo
sentía verdadera pasión por nuestro hijo y que no me gustaría hacer nada que
tuviera ninguna repersuasión negativa en el desarrollo de su personalidad. Añadí
que si además los efectos eran los que el había descrito, que me alegraba porque
así podíamos ser felices los tres.
El para terminar tan interesante conversación, me abrazó y me
dio un beso de amor y pasión, momento en el que apareció nuestro hijo que dijo
socarronamente a su padre lo mismo que el le había dicho hacia unos minutos
cuando nos encontró en la misma situación……, que tuviera cuidado que me iba a
romper.
Los tres reímos la ocurrencia y nos sentamos a comer.
La conversación con mi marido me había despejado un montón de
dudas y sobre todo habría un nuevo abanico de posibilidades y me daba mayor
capacidad de maniobra con mi hijo, cosa que además el ignoraba, con lo que por
primera vez podía jugar con alguna ventaja.
Además, entre líneas había creído entender, que mi marido
prácticamente me animaba no solo a participar en el juego, sino incluso a sacar
provecho muto del mismo, debido al morbo que esta situación nos podía producir y
lo beneficioso que esto podía ser para nuestra anodina vida sexual.
Lo que tenia claro es que la conversación con mi marido había
establecido un antes y un después en las relaciones de los tres integrantes de
la familia y además yo podía tomar la iniciativa.
Lo que ya no tenia tan claro es hasta donde consideraría mi
marido que debía ceder a la creciente fogosidad de nuestro hijo, pero esto lo
iríamos determinando con el transcurrir del tiempo y los acontecimientos.
De pronto en nuestro entorno familiar, el sexo se había
convertido en algo omnipresente, mi hijo pensando constantemente en como meterme
mano, mi marido aprovechándose indirectamente de la situación y yo viviendo una
aventura increíble, entre ambos.
En este contexto se desarrollaba nuestra vida cotidiana.
Los "repasos" de mi hijo cada vez eran mas intensos y
atrevidos, últimamente, cuando me abordaba de frente, mientras me comía la boca
y el cuello, levantaba mi vestido por la parte de atrás e introducía una de sus
manos por la parte de arriba de mis bragas, sobándome descaradamente el culo,
hasta donde llegaba.
Cuando nos sentábamos por la noche a ver la tele, yo había
adoptado una postura diferente, que era sentarme estirada en el sofá, poniendo
mis piernas encima de los muslos de mi hijo, con lo que mi entrepierna quedaba
perfectamente a la altura de su mano y además en esta posición elevando una o
las dos, el acceso a mis partes intimas era mucho mejor.
Cada vez que mi marido se dormía, que era bastante a menudo,
mi hijo aprovechaba para meterme mano.
Una de esas ocasiones, comenzó como siempre a acariciarme la
entrepierna, hasta llegar a mis bragas, yo elevé una de mis piernas y la dejé
caer hacia un lado, con lo que le facilitaba al máximo su maniobra.
La otra pierna la desplacé hasta situarla justo encima del
bulto que ya tenia mi hijo en su pijama, me encantaba sentir el bulto de su
excitado pene, a través de la fina tela del pijama, atrapado dentro de su slip.
El mientras tanto estaba acariciando como siempre los bellos
que sobresalían de mis bragas, pero ahora en la posición en que estábamos, lo
hacia con su dedo pulgar y con este dedo recorrió el borde de mis bragas hacia
arriba, hasta encontrar un sitio en que las bragas estaban mas flojas y lo
introdujo por dentro.
Lo primero que tocó fueron los pelos de mi pubis, puesto que
el dedo lo había introducido a esa altura, noté en mi pierna apoyada en sus
muslos, como su bulto daba una especie de salto.
Comenzó a deslizar su dedo pulgar hacia abajo, forzando la
tela suave y elástica de mis bragas, que además, por estar bastante usadas, eran
muy flojas, con lo que con bastante facilidad llego con su dedo al inicio de mi
vagina.
Al tocar mi clítoris, a mi me dio también como un espasmo,
debido a la tensión acumulada y sin querer un ligero gemido salio de mi
garganta.
El siguió deslizando el dedo hacia abajo, abriéndome los
labios mayores y llegando a los menores y a la entrada de la vagina, que en esos
momentos estaba totalmente lubricada.
Solo tuvo que presionar ligeramente y su dedo se comenzó a
introducir dentro de mi, en esos momentos su pene comenzó como a latir bajo mi
pierna y yo comencé a correrme como una loca, los dos nos estábamos corriendo a
la vez.
Aunque hacia verdaderos esfuerzos para no gritar, no podía
impedir que algunos gemidos se escaparan de mi garganta, mientras me retorcía y
estiraba mi cuerpo en uno de los orgasmos más maravillosos que recuerdo.
Mi hijo había introducido su dedo hasta donde podía y lo
movía en todas direcciones en lo que en aquellos momentos era mi coño
chorreante, empapándose de los abundantes fluidos de mi maravillosa corrida.
Sacó su mano empapada y la dirigió hacia su nariz primero y
hacia su boca después, chupándose el dedo pulgar, mientras me miraba
directamente a los ojos, con un gesto de satisfacción y complicidad.
Yo, sin decir una palabra, le dirigí un beso con mis labios y
los ojos entornados, en lo que quería que fuese un gesto de aprobación y también
de complicidad.
Era la segunda vez que mi hijo se corría conmigo, y la
primera que yo lo hacia con el.
Me había tocado directamente el coño, con lo que habíamos
mantenido lo que se podía considerar como nuestra primera relación sexual con mi
consentimiento explicito.
Después de esta para ambos agradable experiencia, por mi
parte, tenia claro que iba a utilizar a mi hijo para obtener todo el placer que
la monótona y casi inexistente relación sexual con mi marido me negaba y que
mientras que para el con 50 años, podía no ser un problema, para mi con 36 y una
vez despertada mi adormecida sexualidad, lo era.
Así es que aunque decidí seguir dejándole de momento a mi
hijo la iniciativa, también decidí darle todas las facilidades para que ambos
sacáramos el máximo partido de nuestros juegos.
Por las noches, cuando nos sentábamos a ver la televisión, yo
comencé a hacerlo sin bragas, con lo que dejaba totalmente expedito el camino a
mi hijo, que lo disfrutaba cada vez que su padre se dormía, proporcionándonos
ambos unas corridas maravillosas, ya que en esta situación, el me metía los
dedos que quería y yo gozaba como una loca.
Esta situación comenzó a darme miedo, puesto que hacíamos
mucho ruido con nuestros jadeos y gemidos y cualquier día íbamos a despertar a
mi marido.
Teníamos que tener mas cuidado, sobre todo yo que era la mas
escandalosa, ya que al llevar tanto tiempo reprimiendo mis instintos, ahora, al
liberarlos, mi cuerpo reaccionaba con unos orgasmos muy ruidosos, que sin duda a
mi hijo le encantaban, ya que cuando empezaban mis jadeos y gemidos, era cuando
el se corría siempre.
Las conversaciones con mi hijo, iban siempre en el mismo
sentido, que teníamos que tener mucho cuidado, para que su padre no nos
descubriera.
El me decía que no le importaba que nos descubriera, porque
no hacíamos nada malo, solo disfrutábamos de nuestros cuerpos y que además lo
que teníamos que hacer era decirle que estábamos enamorados.
Yo le contestaba que si estaba loco, que como le íbamos a
decir eso a su padre, pero en el fondo, comencé a considerar la posibilidad de
hablar de nuevo con mi marido sobre el tema.
Por fin un dia, mi hijo me dijo, así sin más, que quería
follar conmigo, que lo deseaba como nada en el mundo, que se moría de ganas,
pero que no veía la oportunidad, puesto que siempre estábamos los tres juntos.
Yo, que dicho sea de paso, a estas alturas también me moría
de ganas, le conteste que eso era muy peligroso, que teníamos que tener mucho
cuidado, pero que también me moría de ganas de hacer el amor con el.
Pasaron los meses de primavera y llegó el verano, en nuestro
chalet tenemos una pequeña piscina en el patio-jardín, por lo que durante la
estación calurosa, en casa, casi siempre estamos todos en bañador.
Yo concretamente en bikini y cubierta a veces con algún
vestido playero, de esos que llevan botones de arriba a bajo, casi siempre sin
abrochar, solo por cubrirme un poco.
En esta época, los besos y los abrazos con mi hijo, eran
sumamente placenteros, puesto que nuestros cuerpos estaban prácticamente
desnudos.
En muchas ocasiones, me quedo en toples, momento que el
aprovecha para abrazarme, siempre, aunque esté su padre delante, con lo que mis
pezones se me ponen duros y se clavan en su pecho, cosa que nos encanta a los
dos.
Otras veces, en cuanto ve que su padre se mete en casa o bien
el esta fuera y nosotros dentro, mete una de sus manos en mi diminuta braguita,
sobando mi coño, llegando en algunas ocasiones a corrernos el uno el otro y a
veces los dos.
Por las noches en verano, duermo solo con las bragas, tirada
encima de la cama y únicamente me tapo con la sabana de madrugada, cuando
refresca.
Mi marido y yo dormimos en una cama enorme, de 2x2, con lo
que cada uno duerme en su parte y prácticamente ni nos tocamos a no ser que lo
hagamos a propósito.
Mi marido duerme siempre boca abajo, mirando hacia la parte
contraria a la que yo estoy y ronca, aunque no muy fuerte, pero si lo suficiente
para saber cuando está profundamente dormido.
Yo en cambio duermo de lado, mirando hacia su lado y de
espaldas a la puerta del dormitorio, que además siempre dejamos abierta.
Una noche, estando ambos en la situación descrita, siento que
alguien me está tocando, me despierto, pero no me muevo, sigo como si estuviera
dormida.
Comprendo que es mi hijo, que ha decidido dar un nuevo paso
en nuestra morbosa relación y rápidamente me hago cargo de la situación, mi
marido esta en su posición normal, profundamente dormido como puedo deducir por
sus ronquidos, así es que me relajo y me dispongo a seguirle el juego a mi hijo.
El después de acariciar durante un rato mis pechos, yo creo
que hasta que consideró que me había despertado, pasó a mi trasero, que se
encontraba casi al borde de la cama, ya que estaba como en posición fetal.
Comenzó acariciándome por fuera de las bragas marcando con
sus dedos mi coño, que en esa posición, estaba totalmente accesible, si bien,
cubierto por las bragas.
Yo por si acaso y comprendiendo su propósito, me muevo un
poco, poniendo aún mas en pompa mi trasero y arrimándolo totalmente al borde de
la cama.
El comprendió que estaba colaborando por lo que sin mas
preámbulos, intentó hacer a un lado mis bragas, pero en esa posición, no
consiguia su objetivo, así que opto por bajármelas, yo le facilité la tarea,
levantando un poco la cadera y cuando el las bajó por la parte de atrás, yo me
las baje por delante, con lo cual, rápidamente quedaron a la altura de mis
muslos y mi coño totalmente a su disposición.
Mi hijo no perdió ni un segundo, con su dedo pulgar recorrio
todo mi coño, frotando mi clítoris y metiendomelo hasta dentro, varias veces, en
mi lubricada vagina, luego sentí como mientras que con sus dos manos separaba
mis muslos, situaba su polla en la entrada de mi vagina y apretando suavemente
fue introduciéndomela, hasta que sentí su cuerpo junto al mió y todo su pene
dentro de mi.
Yo había comenzado a jadear y mis caderas a moverse,
facilitando al máximo la penetración. El se había quedado quieto, su pene
comenzó a palpitar dentro de mí y sentí como un chorro de semen inundaba mi
interior, se estaba corriendo nada mas metérmela.
Yo comencé a tener un orgasmo, con lo que movía mi culo
apretándole contra el, mientras gemía sin control, el me tapó la boca con una de
sus manos, para amortiguar mis gemidos y los dos nos convulsionamos en un
orgasmo increíblemente maravilloso.
De pronto todo terminó, nos quedamos quietos los dos durante
algún minuto, yo esperaba que sacará su pene y se marchara a su cama, pero el
seguía allí pegado y entonces me percaté que su pene seguía duro, dentro de mi
chorreante coño.
Entonces, comenzó a moverse, en un lento mete y saca, que
hacia que se produjera un suave ruido, como de chapoteo, dado que mi coño debía
estar totalmente lleno de semen.
Ahora me estaba follando de verdad, con suavidad, metiendo en
cada embestida su polla hasta el fondo de mi vagina, lo que me estaba comenzando
a producir un gusto maravilloso.
Mi cuerpo comenzó a participar y a moverse rítmicamente
haciendo que las penetraciones fueran cada vez mas profundas, era como si le
estuviera comiendo la polla con mi coño, ya que en cada penetración, mi vagina
se contraía y producía un efecto succión, como si se la estuviera chupando con
el coño.
Ahora los dos lo estábamos disfrutando, nuestros cuerpos iban
avanzando, sin prisas hacia un nuevo orgasmo.
No se cuanto tiempo estuvimos así, pero fueron varios
minutos, 10 o 15 minutos y de pronto, el comenzó a acelerar sus embestidas y yo
que comprendí que se iba a correr, comencé a moverme también mas aceleradamente,
hasta que de nuevo nos corrimos los dos a la vez.
Yo sentí como por segunda vez su semen inundaba mi vagina y
explote en un nuevo orgasmo increíble, el por su parte había perdido totalmente
el control y gemía tanto o mas que yo, montando entre los dos un escándalo que
despertó a mi marido.
Los dos nos dimos cuenta que mi marido se movía y
reaccionamos al unísono, el se tiró al suelo y yo como pude me subí las bragas y
me quedé quieta bocabajo.
Mi marido, medio adormilado pregunto que si me pasaba algo y
yo haciéndome también la adormilada le respondí que había tenido una pesadilla y
que me había despertado dando voces.
El se dio de nuevo la vuelta y siguió durmiendo, mientras que
a mi me temblaban las piernas y mi cuerpo, preso de los estertores de mi orgasmo
por una parte y del susto por otra, prácticamente se colapsó y sufrí una especie
de desmayo.
Cuando volví en si, no se al cabo de cuanto tiempo, tardé
unos segundos en adquirir conciencia de lo que había pasado, mire
instintivamente al suelo y lógicamente mi hijo ya no estaba allí. Mi marido
dormía de nuevo profundamente.
Una vez situada y comprobado que todo estaba normal, pase a
preocuparme de mi cuerpo, tenía las bragas arrugadas, tapándome simplemente el
coño y notaba como el semen de las dos corridas de mi hijo resbalaba de mi
vagina, empapándolas totalmente.
Me las coloque un poco y sentí como me mojaba toda la
entrepierna, no sabia que hacer, si levantarme a asearme un poco o dejarlo como
estaba. Finalmente opté por levantarme, limpiarme bien con papel higiénico y
cambiarme de bragas.
Pude escuchar los ronquidos tenues de mi hijo que dormía tan
profundamente como su padre, mientras yo me recomponía.
De nuevo en la cama, comencé a pensar sobre todo lo ocurrido.
Mi hijo por fin me había follado y se había corrido dos veces dentro de mi….,
como ya he dicho anteriormente tengo puesto un DIU, así es que esto no me
inquietó lo mas mínimo.
Lo que tanto deseábamos los dos se había producido, y además
de una manera para mi sorprendente, no dejaba de asombrarme la osadía de mi
hijo.
Realmente lo único que me preocupaba era que mi marido había
estado a punto de cogernos en plena faena y lo que hubiera pasado si nos llega a
pillar…..
Por otra parte, recordaba los dos orgasmos que había tenido y
las satisfacciones que ambos tenemos con nuestros juegos, tratando con ello de
justificar los riesgos que estábamos corriendo.
Así seguí divagando y dándole vueltas hasta que finalmente me
quede dormida.
Al día siguiente, que era domingo y por lo tanto estábamos
los tres en casa, mi hijo estaba especialmente cariñoso conmigo, literalmente se
me comía.
Pasamos el día en la piscina y por lo tanto yo opte por estar
todo el día en toples, aduciendo que estaba mas cómoda, cosa que a mi marido le
perecía perfecto, ya que siempre ha sido muy liberal y además solo me veían el y
nuestro hijo.
Mi hijo aprovechaba cualquier momento para darme un repaso,
tanto dentro como fuera del agua, me abrazaba y sobaba las tetas con total
descaro, delante de su padre, el cual no prestaba ninguna atención, porque
estaba leyendo.
Así y todo mi hijo de vez en cuando soltaba alguna gracia de
las suya diciendo que tenia unas tetas muy bonitas y que me las iba a comer como
cuando era un bebe y se lanzaba a por mi, con la complicidad complaciente de su
padre que sonreía ante la ocurrencia de su hijo.
Yo cuando podía lo evitaba lanzándome al agua de la piscina y
el lo hacia detrás de mi, comenzando a "luchar" y a alborotar dentro del agua,
donde mi hijo se aprovechaba al máximo.
Cuando estábamos fuera del agua, mi mayor preocupación era
evitar que mi marido se diera cuenta de la constante erección de nuestro hijo,
ya que los continuos sobos que nos pegamos lo tenían continuamente empalmado y
lógicamente con el bañador se le notaba mucho.
Por la tarde, después de comer, mi marido se echo la siesta
yo me tumbe en toples sobre una toalla en el césped de la piscina, a la sobra y
también me quedé dormida bocarriba.
Es esta posición estaba, cuando siento como mi hijo se me
hecha encima, apoyando sus brazos en la toalla, para no aplastarme y comienza a
comerme las tetas y a besarme en la boca apasionadamente, yo me dejaba y
colaboraba en los besos, puesto que me encantaba y además era la primera vez que
sentía el cuerpo de mi hijo encima de mi.
Había metido una de sus piernas entre las mías y en el muslo
de la otra podía sentir la dureza de su polla, que debía tenerla a punto de
explotar.
Con mucho cuidado comencé a abrir mis piernas, invitándole a
que se metiera entre ellas completamente, cosa que hizo de inmediato, entonces
sentí su bulto sobre la ingle.
El en un momento, realizó una maniobra tan perfecta que
parecía que la tenia ensayada, apoyándose en su brazo derecho, con el izquierdo
sacó su polla por la patera del bañador, a continuación con la misma mano separó
mi pequeño tanga hacia un lado y situó su polla a la entrada de mi vagina.
Comenzó a presionar y yo comencé a sentir como se iba
introduciendo dentro de mi, en unos segundo me la había metido hasta dentro y
comenzó a follarme despacito, como si no tuviera prisa.
Yo le dije que su padre nos podía sorprender y el me dijo que
no me preocupara y que siguiera disfrutando y eso hice, comencé a moverme a su
ritmo, hasta que ambos explotamos en un orgasmo al unísono.
Sentí de nuevo como disparaba su semen dentro de mi vagina y
supongo que el debía sentir como mi coño prácticamente le comía la polla con las
fuertes contracciones producto de mi orgasmo.
Ambos gemíamos y literalmente gritábamos de placer, sin
importarnos no solo que se despertara su padre, sino de que se enterara toda la
vecindad.
Finalmente se desplomó sobre mí y sentí como me aplastaba con
el peso de su cuerpo, dejándome prácticamente sin aliento, luego comenzó a
besarme con ternura y yo le correspondí de igual modo.
Había sido maravilloso, era la primera vez que follabamos de
una manera mas o menos normal y nos quedamos allí tirados, el con su pene
asomándole flácido por la patera de su bañador y yo con mi bikini hacia un lado
y con el semen escurriéndome por la pierna.
Después nos fuimos al baño a asearnos y nos sentamos a
tomarnos un refresco, como si no hubiera pasado nada.
Yo le comenté que disfrutaba mucho de nuestra relación,
porque últimamente con su padre prácticamente no teníamos sexo, debido a que por
su edad, el ya no sentía mucha necesidad y yo por mi parte me había acomodado a
la situación, pero que con mis 36 años, el había despertado de nuevo la hembra
que toda mujer lleva dentro.
El me dijo que yo era la única mujer en su vida y que quería
que lo siguiera siendo, que era maravillosa y que lo que más desearía en este
mundo era que pudiéramos dormir juntos.
Yo le dije que eso no era posible y que deberíamos
conformarnos con lo que teníamos, ya que por otra parte, yo seguía amando a su
padre y no quería hacerle daño.
El me contestó que el también quería mucho a su padre y que
tampoco quería hacerle ningún daño, pero que se trataba de un hombre muy culto y
que lo que deberíamos hacer era hablar con el sobre el tema y ver que opinaba al
respecto.
Yo le conteste que a mi me daba mucho corte hablar de ese
tema con mi marido y mucho mas delante de mi hijo.
El me dijo que lo habláramos a solas, para lo cual, dijo que
cuando su padre se levantara de siesta, el se iba a marchar con cualquier
pretexto y que nos dejaría solos para que pudiéramos hablar.
En eso quedamos y cuando su padre se levantó y se sentó con
nosotros a tomar un refresco, dijo que se tenía que marchar a ver a unos amigos
y así nos dejo solos.
Yo inicie la conversación con mi marido recordándole lo que
en una ocasión hablamos sobre el tema del "complejo de Edipo" y la creciente
fogosidad de nuestro hijo.
El me contestó diciéndome que ya se había dado cuenta que le
había hecho caso, dejando que nuestro hijo disfrutara de mi, como madre y como
mujer.
Yo entonces aproveche para decirle sin ningún tipo de
preámbulo que efectivamente, siguiendo sus indicaciones, no solo había dejado a
nuestro hijo que disfrutara de mí como madre y como mujer, sino que últimamente
habia empezado a disfrutarme tambien como hembra.
El sin manifestar ningún tipo de sorpresa, me dijo que eso
era previsible y que se alegraba de que hubiera pasado, ya que ese vínculo nos
uniría para siempre.
Añadió que lo único que lamentaba era que le pudiéramos ver a
el como un obstáculo para poder desarrollar nuestra relación libremente y que
quería que supiera que el no solo no quería ser ningún obstáculo, sino que
estaba dispuesto a colaborar conmigo en todo cuanto fuera necesario para que la
relación con nuestro hijo fuera un completo éxito.
Yo, que no salía de mi asombro, por los derroteros que estaba
tomando la conversación, me levanté y lo abrace, diciéndole que era el mejor
marido y el mejor padre del mundo, nos besamos y allí mismo sobre el césped
hicimos el amor apasionadamente.
Cuando finalizamos y todavía tumbados juntos en el césped, le
dije que lo que mas ansiaba nuestro hijo era poder dormir conmigo.
El se quedó un instante pensativo y luego me dijo que cual
era mi propuesta al respecto.
Yo, que no había pensado en este tema, sobre la marcha le
dije, que lo que me parecía más lógico es que durmiéramos los tres juntos, ya
que nuestra cama es enorme, yo en el medio y ellos cada uno a un lado.
El me dijo que por el no había ningún problema, que cuando
viniera nuestro hijo se lo propondríamos para que diera su opinión al respecto.
Yo aproveche para preguntarle sobre como íbamos a actuar en
la cama, ya que nuestro hijo, por lo menos al principio iba a querer estar
follando constantemente.
El me dijo que la única regla que tendríamos en la cama era
la de libertad absoluta, para que cada uno actuara como le apeteciera en cada
momento, asumiendo yo el papel de hembra y ellos dos de machos.
Yo le conteste, que por mi parte estaría encantada de poder
satisfacer a los dos machos que más quería del mundo y que iba a asumir el papel
de hembra con todas sus consecuencias, aceptando, siempre que me fuera posible
cualquier tipo de demanda que cada macho, o los dos a la vez me hicieran.
El me dijo que esperaba que nos lo pasáramos lo mejor
posible, sin ningún tipo de prejuicios ni tabú, pero que tampoco quería que yo
hiciera o aceptara nada por la fuerza, que la decisión siempre seria mía.
Cuando estábamos en esta parte de la conversación, llegó
nuestro hijo y le pusimos al corriente de todo lo que habíamos hablado.
El abrazó a su padre y le expresó su agradecimiento por
permitirle disfrutar de su madre como mujer y hembra, diciéndole que trataría de
no defraudarle y siempre desde el respeto que como padre siempre le había
tenido.
Pasó la tarde y llegó la noche, todos estábamos un poco
nerviosos y desde luego expectantes por como trascurriría nuestra primera noche
juntos.
Yo, a pesar que ese día ya llevaba dos polvos para el cuerpo,
uno de cada uno de mis machos, estaba súper excitada, ante la idea de acostarme
en el medio de los dos hombres que amaba.
Nos metimos en la cama, mi marido en su parte, yo en el
centro y mi hijo al lado de la puerta.
Yo, para que no hubiera problemas, me acosté totalmente
desnuda, mi hijo al verme hizo lo mismo y mi marido también.
Estaba claro que íbamos a vivir una noche de sexo y todos
estábamos dispuestos a participar, como mi marido había dicho, con absoluta
libertad.
Así es que nada mas apagar la luz, y para tratar de ser
ecuánime, con cada una de mis manos busque las pollas de mis dos machos y las
comencé a acariciar, la de mi hijo estaba ya dura como un palo y la de mi marido
morcillona.
Comencé a meneársela a los dos a la vez, no había pasado ni
un minuto, cuando mi hijo se me subió encima y comenzó a follarme, yo seguí
meneándosela a mi marido, que se me acerco y comenzó a besarme apasionadamente,
a la vez que me acariciaba las tetas.
En esta situación, comencé a tener mi primer orgasmo y desde
luego estaba dispuesta a que todos se enteraran, gemía y gritaba como si me
estuvieran matando.
Mi hijo comenzó a lanzar sus chorros de semen dentro de mi
vagina, mientras tensionaba todos sus músculos en una corrida tan escandalosa
como la mía.
Mi marido nos había dejado solos, para que disfrutáramos el
momento, así es que mi hijo alternaba entre mis tetas y mi boca, comiéndome
literalmente.
En cuanto mi hijo se relajó, lo empuje levemente, dándole a
entender que se bajara y así lo hizo, yéndose hacia su lado de la cama.
Yo, con mi coño aún palpitando y lleno del semen de mi hijo,
me monte a horcajadas sobre mi marido, introduciéndome su polla de un solo golpe
y comencé a cabalgar sobre el de forma convulsiva, porque en realidad estaba
disfrutando de un orgasmo múltiple y continuado.
Mi marido comenzó a llenar mi interior con su semen, que mi
vagina iba expulsando, chorreando por mis piernas, porque estaba rebosando.
Yo seguía teniendo un orgasmo tras otro y con el pene de mi
marido sorprendentemente duro dentro de mi vagina, me eche sobre su pecho y
comencé a besarle apasionadamente en la boca.
Mi hijo que ya había descansado de su orgasmo, estaba
acariciándome y cuando me incliné hacia delante, su mano que estaba acariciando
mis glúteos, se posó sobre mi ano, que debido a la postura, estaba totalmente
expuesto.
Yo, a pesar de mi estado de excitación, sentí la caricia y
entre jadeos le dije a mi hijo que ese agujero también estaba a su disposición.
Mi hijo no se hizo de rogar y recogiendo con sus dedos el
semen que escurría por mis piernas, comenzó a lubricar con el mi ojete,
introduciéndome primero un dedo y después dos, dilatando mi esfínter.
Yo me retorcía de placer y esperaba con ansiedad que mi hijo
me penetrara por el culo, cosa que además nunca había hecho nadie.
Mi marido que seguía con su polla dentro de mi coño, también
estaba excitado con la idea de que mi hijo me diera por el culo, a la vez que el
me estaba follando.
Por fin mi hijo se decidió, se situó detrás de mi, apuntó su
pene a mi ojete y comenzó a apretar, yo notaba como la punta de su polla
intentaba entrar, pero mis propias contracciones se lo impedían, así es que
decidí estarme un momento quieta, relajarme y facilitarle la penetración.
Mi hijo aprovecho el momento y con un fuerte apretón,
consiguió que su glande sobrepasara el esfínter de mi culo.
Yo di un grito mezcla de placer y del dolor que me produjo la
desfloración de mi ano.
Mi hijo se asusto y me preguntó si me había dolido, le dije
que no, que siguiera despacito, pero que siguiera.
Mi culo se había dilatado y mi hijo poco apoco consiguió
metérmela hasta dentro.
En ese momento comenzó la locura colectiva, yo tenía las
pollas de mi marido y de mi hijo dentro de mí, y ellos notaban como sus
testículos chocaban al bombear cada uno en su agujero.
Los tres nos movíamos rítmicamente, en una descoordinación
maravillosa en la que yo notaba como sus pollas entraban y salían de mis
agujeros y seguía teniendo orgasmos sucesivos sin parar, con lo que gritaba
continuamente, gemía y jadeaba como una posesa.
Noté como mi marido se volvía a correr de nuevo, algo
increíble para el y también como mi hijo se derramaba dentro de mi culo.
Chorreaba semen por todos lados y ellos seguían fallándome
sin parar, apretándome como un sándwich.
Me estaban matando de placer y también literalmente, sentía
que me asfixiaban entre los dos, de pronto note como mi cuerpo se desmadejaba y
perdí el conocimiento.
Cuando desperté, estaba echada de espaldas en la cama,
mientras mi marido y mi hijo intentaban desesperadamente reanimarme.
Abrí los ojos y les sonreí, ellos estaban realmente asustados
y al ver que me había despertado, comenzaron los dos a besarme tiernamente y a
decirme que creían que me había pasado algo.
Yo para tranquilizarlos les dije que simplemente me había
desmayado de puro placer y que había sido maravillosos, que los dos habían
estado extraordinarios.
Mi marido dijo que había sido una experiencia única para el,
que incluso había tenido dos orgasmos seguidos, después de haberse corrido
también por la tarde y que esto suponía un despertar sexual a sus 50 años.
Mi hijo nos besaba y daba las gracias a los dos por ser los
padres mas maravillosos del mundo, añadió que su experiencia dándome por el culo
había sido increíble, que es mucho mas estrecho que la vagina, que el pene entra
totalmente ajustado y que además el esfínter se está contrayendo continuamente,
proporcionando un placer añadido.
Le dijo a su padre que lo tenía que probar y este le contesto
que tendríamos tiempo para todo, pero que había que tomárselo con calma, ya que
en esta ocasión, por ser la primera vez, todos nos habíamos excitado mucho y me
podían haber lastimado.
A partir de ese día, nuestras vidas se unieron para siempre,
seguimos durmiendo los tres juntos después de 10 años, mi marido con 60 años,
cada vez participa menos en nuestras orgías, pero mi hijo con 26 años y yo con
46, seguimos follando como locos y seguimos sintiendo la misma pasión el uno por
el otro.