MaYtE
Los rizos de su larga cabellera estaban empapados, su cara
recibía la lluvia que particularmente esa tarde parecía no tener fin, en el
preciso instante en el que ella volteó, pude mirar sus ojos, puede apreciar la
belleza de la cual era dueña, en medio de aquella multitud, su linda sonrisa
resaltaba ahí estaba ella, ajena a ese lugar, parecía como si nada pasara a su
alrededor, como ausente mirando al infinito, abandoné mi trinchera y abriéndome
paso entre la gente me planté ante ella, con aire de soberbia paseó la mirada en
mí y con enfado siguió mirando a la nada, -caray- pensé que mujer tan más
altiva, a pesar de no recibir una palabra o un gesto en el cual ella aprobara el
que me hubiera acercado, no me quité de enfrente, es más creo que en ese
instante salió a flote el orgullo y sin reparo la abordé, pregunté su nombre, ni
un solo músculo de su rostro se movió, en verdad que era una mujer muy segura de
si, al no recibir respuesta alguna, opté por la ofensiva, la tomé de la mano la
llevé hasta quedar muy cerca de mis labios, posé un suave beso en ellas al
tiempo que le dije, - me llamo Fernando-
La calma había legado, la lluvia cesó, a cada palabra de ella
no perdía detalle, parecía como si nadie estuviera ahí, la plaza se sentía vacía
era ella sola conmigo, el efecto caballero parece que la impactó.
Pude saber su nombre, logré que aceptara charlar conmigo, ya
con más calma pregunté del por qué de su actitud minutos antes, no preguntes,
ahora estamos aquí no? asenté con la cabeza, y de verdad que no había que
indagar simplemente lo había hecho, la intención de acercarme y de poder acceder
a ella finalmente se había cumplido.
Mayte era una mujer de provincia antes lo he dicho, muy
atractiva, ojos muy grandes cabello rizado a los hombros, de una figura muy
estética, delgada, caderas muy anchas unas piernas perfectamente torneadas, sus
manos y me detengo en este punto, en aquel momento jamás había visto algo más
bello, las extremidades a las que he hecho alusión en verdad les digo, eran
lindas, cada centímetro era exquisito, la suavidad, la gracia con las que las
movía, parecía que flotaban, no exagero al decirlo, perfectas.
La noche se acercaba, mi tiempo se estaba terminando pues yo
estaba de trabajo en esa ciudad y sólo estaría tres días ahí, el trabajo así me
lo demandaba, así que el tiempo en esta ocasión jugaba en mi contra, tomando
como referencia que no había margen de maniobra y que si no actuaba en ese
momento difícilmente tendría otra oportunidad me dispuse a actuar de forma
inmediata para mis planes ya elaborados en mi mente.
Una invitación a cenar me pareció lo más apropiado, pues yo
tenía que estar ahí, la cena del candidato estaba pactada en el mejor
restaurante de la ciudad y esto me daría pié para impresionarla, hubo algunos
comentarios antes de aceptar mi invitación pero al final aceptó con la única
condición de llevarla al terminar la cena a su casa, lo cual acepté sin chistar
pues con tal de que me acompañara estaba dispuesto a cualquier cosa.
Con una caballerosidad desconocida en mi, la cena estuvo
adornada por múltiples cumplidos para ella, manifestaciones elegantes y gestos
que hicieron que más que una simple cena, aquello pareciera como una romántica
velada, al término de esta me dispuse a acompañarla, algo curioso, permitió que
la acompañara hasta la puerta de su casa en el momento me pareció muy gentil de
su parte pues prácticamente era yo un desconocido para ella, pero si algo tiene
la gente de provincia es su hospitalidad y ella en ese momento hacía gala de eso
para demostrarme que confiaba en mi y segundo que desde luego existía algo más,
seguro no le caía mal y creo que hasta le simpatizaba.
Tomando como referencia aquellos elementos y en obvio de
tiempo no tenía que andarme por las ramas y ser lo más directo posible con ella,
claro está que con mucho tacto, pues si la regaba aquello terminaría en fracaso
y eso no me lo iba a permitir.
Debo admitir que pocas veces había actuado de forma romántica
con alguien pero en esta ocasión me pareció que tenía que mostrarme sumamente
atento y digamos que muy romántico para no perder la oportunidad.
Una linda chica, provinciana viviendo solo con su hermana,
dándome una oportunidad, no es cosa de todos los días así que manos a la obra,
tomé la iniciativa de la charla y haciendo gala de un lenguaje muy sutil y
ayudado por la noche me dediqué varios minutos a reconocer su belleza,
agradecerle varias veces por haber aceptado la invitación y un sin fin de
detalles que sabía darían resultado para mis fines.
Al hacer una pregunta causé en ella un rubor muy marcado, tal
vez ella no lo esperaba, pero la hice y sin dar mucha oportunidad la acorralé
para que contestara, ¿ por qué aceptaste mi invitación ? El silencio se hizo
presente,
creo que esa pregunta está de sobra – tonto me dije , que
pregunta más estúpida, bueno si tal vez la pregunta está de sobra pero si me
interesa saber del por qué aceptaste mi invitación y más aún, por qué siendo yo
un desconocido permites que a tan altas horas de la noche estemos conversando y
sobre todo en su casa, no muchas palabras salieron de su boca, pero las pocas
que hubo fueron muy directas, me gustas niño, crees que haya otra razón más
poderosas para aceptar.
Mayte, cuando podré volver a verte yo vivo muy lejos estaré
aquí sólo unos días y quisiera verte otro día, yo al día siguiente salía a una
ciudad vecina que está a dos horas de donde nos encontrábamos, si pretendía
volver a verla tenía que proponer algo muy certero y convincente, te invito
mañana a Mazatlán fue mi pregunta – estás loco – claro que no le dije, mira
mañana estamos todo el día allá y la comitiva regresa por la noche si tu me
acompañas podremos estar todo el día juntos y por la noche estar de regreso en
tu casa, - pero que le digo a mi hermana – pues que vas con unas amigas y listo
pues que más –
La salida tuvo lugar muy temprano, había acordado con ella
que pasaría a las seis de la mañana a su casa para abordar en el hotel en el que
me hospedaba el autobús que nos llevaría a la ciudad vecina, por cupo en el
autobús no haba problema yo viajaba con la prensa y siempre había lugares
disponibles, pero si era necesario que le avisara al coordinador de campaña que
llevaba una invitada, por aquello de las suspicacias que pudieran surgir.
Arreglado el asunto de su presencia en el bus, llegamos
temprano al lugar en donde se realizaría el acto de campaña, Mayte estaba
totalmente fuera de lugar, el ambiente sin duda era desconocido para ella,
supongo que el ambiente político lo es para cualquier persona, pero de ella en
particular siendo contadora no tenía ni idea de lo que se trataba, así pues
notando su nerviosismo me hice de algún truco para poder abandonar mis labores y
poder dedicarle algunos minutos, lo que aproveché para escaparme y de paso
conocer el paradisíaco lugar al que habíamos arribado, otra vez el tiempo era
factor no disponía de mucho así que nuevamente tuve que actuar de inmediato para
aprovechar la oportunidad.
Como era temprano aún, otra factor en contra por cierto la
luz del día, no había mucha opción así que sólo se me ocurrió dar un paseo por
la plaza que estaba muy cerca del lugar en el que nos encontrábamos, era el
momento, con una ligera pausa al hablar, hice una breve descripción de la
belleza de Mayte casi susurrándole al oído, le platiqué cuanto me gustaba, cuál
era el interés de estar ahí con ella, palabras suaves que supongo le agradaron,
pues a cada sonido emanado de mi boca entre cerraba los ojos , aceptando los
halagos que le hacía, no di tiempo de alguna reacción, en un pequeño descuido le
di un suave beso en la mejilla, marcando perfecto mi boca e ella, dejando una
ligera humedad con clara intención, girando su cabeza se acercó tanto que casi
podía escuchar su respiración, tu también me gustas, me dijo, atreverme o no,
fue la pregunta que me asaltó en ese momento, tenía su anuencia, sabía que no le
desagradaba podía seguir en el camino para conquistarla, sorpresa, no me dio
tiempo a seguir pensando, fue ella quien tomó la iniciativa y dándome un largo
beso terminó con mis pensamientos y no tuve otra más que corresponder.
Llegada la hora del regreso a la ciudad en donde ella vivía
nos asignaron nuevamente el autobús de la prensa, otra sorpresa el camión
viajaba casi vacío pues la mayoría de los periodistas se quedaron en el lugar
pues no desaprovecharían la oportunidad de visitar la ciudad de noche y desde
luego la playa, el destino jugaba nuevamente a mi favor con las luces del camión
prácticamente apagadas sugerí un lugar lo más apartado de los pocos que viajaban
en él, así que prácticamente estábamos solos en el camión lo que ya con el
antecedente de la tarde el beso y su aprobación puse manos a la obra, o mejor
dicho manos en ella.
Habían transcurrido aproximadamente treinta minutos de la
partida cuando decidí entrar en acción, Mayte dormitaba, el tedioso ruido del
camión sobre la carretera, las luces tenues y el silencio al interior del bus,
propiciaban un marco perfecto para mis negras intenciones, acercándome a ella,
tracé ligeramente con mis manos el contorno de sus piernas, al sentir el
contacto de mis manos, ella, no opuso resistencia, sólo se reacomodó en el
asiento, dejando parte de sus nalgas al aire, como invitando a no sólo acariciar
sus piernas sino también la parte final de su espalda, atento a tal invitación
proseguí con las caricias, haciéndolas un poco más largas y mas lentas, tratando
de reconocer su cuerpo dejando entrever que mi deseo por ella iba en aumento.
Levanté con mucha precaución su falda para entrar en contacto
con su piel, acaricié de forma suave sus piernas, arrastrando mis manos hasta
sus tobillos haciendo movimientos ligeros pero con firme intención, aparté sus
muslos para darle caricias completas, pasando por el interior de ellos y
llegando al nacimiento de sus nalgas, mis dedos juguetones se acercaban
peligrosamente a su triángulo, para luego alejarse, en un rítmico juego de te
deseo pero espero tu aprobación, luego de iniciar el toqueteo, me atreví u poco
más, acerqué mis labios a uno de sus muslos para depositar un beso, éste se dio
de forma lenta, muy húmedo, pues entre abrí los labios para dejar una ligera
humedad en su piel, la reacción fue la esperada, hubo una especie de reacción a
mi contacto, levantó y separó las piernas las condujo hasta ponerlas sobre la
mías recostándose al otro extremo del asiento, no sólo continué con los besos,
esta vez mis manos se encaminaron al tesoro de su entrepierna, en él pude
percibir el calor que emanaba, me acerqué para percibir su olor, para depositar
por encima de su calzón también besos y pequeños mordiscos, ante tal situación
no había marcha atrás, hice a un lado la tela y di paso a mis dedos para
proporcionarle caricias con ellos y conocer lo que por largo tiempo me
aguardaba.
Sólo pequeños gemidos se percibían en el bus, mi lengua se
apoderaba de su cueva la humedad de su interior era más que evidente, sin miedo
a ser descubiertos, la posición era más que comprometedora, sus piernas al aire
y yo frente a su sexo, delataban mas que una situación poco discreta, era una
escena de alto nivel de erotismo, mi boca en ella, mis manos separando sus
extremidades inferiores, el gemir de mi dama, que mejor marco para saber que lo
que venía era la culminación a dos cuerpos amándose.
En el momento en el que sentí que sus piernas me apretaban el
cuello, aceleré el movimiento de mi lengua, acompasando y alternándolo con besos
mucho más intensos, su orgasmo estaba por llegar, el cuerpo de mi amada daba
respingos, el arqueo de su espalda y un gemido largo cerraron el momento, Myte
había llegado y lo había hecho en mi boca, entregándome de ella el néctar a
cualquier hombre enloquece, cuando éste se ofrece por vez primera y se hace con
plena conciencia de es el inicio de una gran aventura.
Aún tendida sobre el asiento, aún con la respiración
acelerada con dos perlas de sudor en su frente, tomó mi cara depositó un largo
beso en mi boca, y agradecida enroscó sus brazos a mi cuello y dando colofón al
momento me dijo al oído gracias cariño, eres un amor.
A casi quince minutos de arribar a nuestro destino, la ciudad
de Culiacán, mi hermosa acompañante, supongo, quiso cerrar la noche actuando de
manera condescendiente y en correspondencia dejando de lado temores y rubores de
lado, actuó en consecuencia al tiempo que besaba mi boca pasó una de sus piernas
a un extremo de las mías, como montando a un pollino, dejó caer su cuerpo sobre
el mío se dedico a besarme, por toda mi cara mi cuello, alternaba besos y
caricias dejando que éstas a cada minuto que pasaba fueran mucho más atrevidas
cada vez, con sigilo extremo bajó su cabeza a la altura de mi pecho, separó mis
manos mandándolas al extremo de mi torso, pasó suavemente sus manos por sobre mi
sexo y acarició de forma suave, acompasada, dejando en cada caricia parte de las
intenciones que tría, con franca decisión abrió el cierre y de el sacó a quien
habría de darle placer, lo tomó entre sus manos, reconociéndolo de primera
instancia, tomaron ritmo sus caricias en ese clásico movimiento que solo una
mujer sabe dar a un macho, subía de forma lenta, lo tomaba entre sus dedos con
tal dedicación que a cada pasada, me hacía estremecer, lo rodeaba entre sus
dedos, regaba en todo mi miembro los fluidos que ya de él brotaban, pequeños
besos en la punta de mi tronco, propiciaban que me retorciera de placer al
contacto con sus labios, me miró a los ojos y enseguida de haberlo hecho, su
boca se enfilo para darme una tremenda y suculenta mamada, antes lo habían hecho
conmigo, pero no puedo descifrar a cien se acierta, cual era la magia de ese
momento, pero me parecía como si fuese la primera vez, sus labios carnosos lo
rodeaban entrar y salir de su boca me estaba matando, lo hacía sin prisas, con
dulzura, dando placer sin tregua, lo besaba, lo apretaba con sus manos, era de
verdad lo digo, muy excitante tener arrodillada a esa hembra que de sólo
recordarlo, me vuelve a producir placer.
Las primeras luces a la entrada de la ciudad, me alertaron,
escasos minutos faltaban para llegar a nuestro destino, Mayte pareció ignorar mi
descubrimiento, seguía concentrada en su ardua tarea, intenté avisarle, pero fue
vano mi esfuerzo, es más pareció como si hubiese entendido que el tiempo era
algo que sobraba, atendió con mucha más calma a mi verga, me asustó, pues
enseguida de percatarse de que estaba próxima nuestra llegada, fue desabotonando
su blusa, más aún, se levantó el sostén dando una vista mucho más morbosa, yo
ahí, con el pito al aire, ella con las tetas de fuera, las luces ahora sí plenas
de la ciudad iluminando el bus, y mi amante sin siquiera un dejo de preocupación
por la situación tan apremiante a la que nos estábamos enfrentando, tomo mi
palo, entre sus manos en movimientos mucho más violentos, emprendió su
descomunal tarea, me la meneaba deliciosamente en ritmo demoníaco, no pude más,
los espasmos de mi orgasmo no se hicieron esperar, se lo advertí de inmediato y
provoqué que acelerara aún más el ritmo, sólo que esta vez lo hizo, pegando mi
tranca a su pecho para dar paso a que mi leche cayera sobre sus tetas, así
ocurrió, las primeras gotas fueron a dar a su cuello y enseguida el líquido
restante se depositó en sus senos, caramba con la niña, sabía a donde quería
llegar y así lo hizo, me dejó, absorto, como entumido de pies y manos, la última
curva dentro de la ciudad, avizoraba que estábamos en las puertas de nuestro
destino, con esa calma antes mostrada, mi linda acompañante bajó su sostén
abrochó sus botones, guardo mi miembro se levantó y me dijo caballero, hemos
llegado, beso mis labios, alborotó mis cabellos, y dijo anda cariño, quita esa
cara , la noche es larga.
Que decir después de que regresé a esa ciudad tres veces más,
encuentros de tipo sexual, con ella viví el sexo de una forma diferente, si ya
sé que lo he dicho antes y varias veces, pero en serio lo digo, cada encuentro
con esa hembra, era magia pura, esas manos a las que con este relato rindo
culto, jamás las he vuelto mirar en otro cuerpo, eran y serán únicas, así de
simple, pero así de cierto.
Nunca en mi mente se albergó alguna idea de quedarme ahí,
pues he de decirles en completa honestidad que en esa época mi matrimonio estaba
en paz y con una excelente actitud, además que en ese tiempo mi hijo el mayor
tenía apenas dos años de edad, por lo que si pudiéramos hacer un balance esa
relación no tenía ningún futuro, pero ella no lo sabía, ella jamás se enteró que
yo era un hombre casado y menos con un hijo, así que debido a la velocidad con
la que se iba dando la relación era de suma importancia darle el cause adecuado
a aquello, así pues decidí tomar retirada y no regresar más a verla, cabe
mencionar que no fue fácil pues aquella linda provinciana, se había hecho un
escenario en el que me había incluido y los planes eran más que comprometedores,
la ventaja para mí era la distancia y de hecho fue la que en ese momento me
salvó la vida, pues también debo comentarles que sus llamadas a partir de mi
última visita eran con mucha más frecuencia y con una insistencia abrumadora.
Recuerdo bien la última llamada que sostuvimos, con un tono
de alegría sobrada Mayte me ponía al tanto de sus múltiples planes y de las
cosas maravillosas que vislumbraba para cuando yo decidiese volver y en
consecuencia emprender el camino juntos, no puedo hacer de este relato una
tragedia pero es mi deber comentar que por más que traté de explicarle que lo
que ella pretendía era casi un imposible, nunca me perdonaré el sufrimiento que
esa linda hembra pasó por culpa de mi cobardía, pues no tuve más remedio que
confesarle que yo tenía un compromiso y del cual no podía desprenderme, casi
pude imaginar su cara al recibir la noticia, y aún tengo grabada la frase que me
dijo al despedirse, " que dios te perdone, porque yo no puedo hacerlo" que mujer
tan entera, que muestra de integridad me dio aquella tarde con esas palabras y
por consiguiente que lección me dio, no más palabras tengo para ella, solo este
testimonio de que en la vida hay mujeres que se abren con total confianza en
busca de una felicidad que hombres como yo jamás podrán otorgar.