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Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad
Fecha: 24-May-05 « Anterior | Siguiente » en Grandes Relatos

Mi cuñada, mi mujer y yo

PepAssault
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Tiempo estimado de lectura: [ 47 min. ]
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La convivencia con mi cuñada y mi mujer va a cambiar nuestra familia de un modo inesperado. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Mi cuñada, mi mujer y yo.

Llevaba 3 semanas fuera de casa. Había estado trabajando en el extranjero, realizando un trabajo en una fábrica, en Corea. Había acabado y ya podía volver a mi hogar. Dos días antes de lo esperado. No solía yo salir de viaje, pero en esa ocasión así había sido requerido. Era tal el ansia de volver que me fui corriendo al aeropuerto de ese maldito país para poder cambiar el vuelo y pillar el avión. Los viajes de trabajo son una lata. Y más cuando no tienes claro cuando podrás volver. No podía llamar a mi mujer hasta que no supiese nada concreto, ya que no quería ilusionarla en vano. Quizás no pudiera cambiar el vuelo.

Sí pude cambiar el vuelo, pero salía ya mismo. Fui corriendo a facturar. Corriendo al control de pasaportes, me dejaron colar (menos mal que los empleados fueron eficaces), y corriendo hacia el finger para tomar el avión. Subí, me senté, cierran puertas y empezamos a movernos. ¡Me estaban esperando! En fin, que no podía llamar por teléfono desde el móvil, ni siquiera enviar un mensaje. Tenia que pararlo inmediatamente, y así lo hice. Calculé la hora de llegada. Las tres de la mañana, hora de Barcelona. Malditos cambios horarios. Tampoco podía llamar al llegar, ya que no iba a llamar a las tres de la mañana. En fin, me presentaría sin avisar.

El vuelo, una paliza increíble de 10 horas. Cuando llegue a Barcelona solo deseaba llegar a casa para follarme a mi mujer. Llevamos 8 años de casados, nos va bien, ella es ardiente y aunque casi siempre empieza diciendo que no, a la que la achucho un poco y le toco los pezones ya empieza a gemir y ella misma me pide que la folle. No le he engañado nunca, no soy capaz, la quiero. Así que, aunque estaba cansado, ya en el taxi de vuelta no veía la hora de llegar, meterme en la cama, echarle un buen polvete de bienvenida y dormirme.

Llegué a casa, entré sin hacer ruido. Tenemos dos niñas pequeñas, y no es cuestión de despertarlas. Entré en la habitación sin encender la luz, pues no quería despertar a nadie. Le di un besito a mi mujer, que estaba dormida, pero ni se inmuto. Me desnudé y me metí en la cama con ella. Me abracé a ella desde atrás. ¡Que delicia, después de tantos días! Le cogí de las tetas y le apreté mi ya erecto pene a su culo. Empecé a refregarme y a apretarle los pezones. Ya empezaba a responder, pues sacaba el culo, respiraba con suspiros y tenia los pezones completamente erectos.

Pero, no se había despertado. Me daba igual. Me la follaría de todas maneras. Le bajé las braguitas hasta las rodillas, Cogí mi pene, mas tieso y gordo que nunca y lo puse en la entrada de la vagina. Estaba ya algo húmeda. Apreté ligeramente y empezó a entrar, suavemente. Metí más o menos la mitad, y empecé un metesaca suave para ir metiéndola hasta el fondo. Todo muy suave, ya que si estaba dormida no la quería sobresaltar. Me agarré fuerte de sus dos tetas y empecé a bombear, con ritmo, sacándola bastante y volviéndola a enterrar dándole un buen golpe de pelvis a su culo en cada metida.

Estaba gozando mucho. Con mi mujer follamos unas 3 ó 4 veces por semana, o sea casi cada día, así que después de tantos días sin catar nada tenía muchas ganas. Noté que se despertó, pues se giró boca abajo, cogiéndome de la cadera para que no me saliera de ella, y una vez ella abajo (panza abajo) y yo encima, sacó el culo hasta quedar los dos tipo perrito. Todo eso sin sacar la polla. No pude menos que exclamar.

María, cariño te quiero mucho. Que bien que estemos juntos de nuevo. Muévete, preciosa, venga, mueve tu culito.

Acto seguido empezó a mover las caderas a gran velocidad, metiéndosela y sacándosela ella misma. No dijo nada por que no podía, pues todo esto lo hizo gimiendo y suspirando sin parar. Ella también tenía muchas ganas después de tantos días, pues me estaba follando como nunca. Que ganas, como se meneaba. Estaba gimiendo como las putas de las películas porno. No es que ella no gima, pero siempre se controla un poco por las niñas y los vecinos. Pero ahora casi gritaba, estaba como en celo, meneando su culo con frenesí. Yo no perdía el tiempo. Como ella era la que se movía, le apretaba los pezones. Recogí con mi dedo índice parte de los zumos de su coñito, y con ellos le lubriqué el ano. Cuando estaba bien lubricado le metí despacio el dedito. En cuanto lo noto, exclamó un ¡OHHHHH! Bastante fuerte, acompañado de varios suspiros y gemidos y se corrió de forma convulsiva, con temblores que notaba perfectamente por las contracciones de su esfínter en mi dedo.

Córrete, María, bonita, córrete, anda. ¿Te gusta la polla de tu macho, cariño?

No pudo responder. Solo empezó a gemir más fuerte. Y se empezó a correr.

Ahhhhh, ohhhhh, ohhhhh, ummmmm, ahhhhhhhh, ohhhhhh.

Estuvo corriéndose durante un minuto más o menos, según juzgué yo por los gemidos y por los movimientos de su culo. Cuando ya se derrumbó en la cama, volvía a metérsela y seguí follándomela, completamente pegado a su espalda, taladrándola sin piedad, a toda velocidad. Ahora no es que gimiera mucho, es que gemía todo el rato, en un gemido continuo, alzando la voz cuando le clavaba hondo y bajándola un poco cuando la sacaba. Noté que otra vez alzaba su culo, buscando la máxima penetración, y otra vez se puso a temblar, gimiendo y gritando otra vez.

Ahhhhhh, ahhhhhhh, siiiiiiiiii, ohhhhhhhh. Ohhhhhhhhhhhhh.

Se me antojo darle por el culo. Mi mujer no siempre me deja, pero ya le había dado por el culo algunas veces, y estando tan cachonda seguro que se dejaría. Es curioso lo guarra que es. Tiene reparos en aceptar chupármela, o darme su culo, pero cuando consigo que acepte empezar, entonces lo disfruta como una zorra.

Tenía la polla chorreando de zumo de coño, así que la lubricación era más que suficiente. Saqué la polla de su chochito, le aparte los dos glúteos de su culo, y una vez encontré su agujero trasero puse mi polla en la entrada. Efectivamente, como se había acabado de correr, sus flujos eran tantos que al apoyar el glande en su esfínter este quedo completamente lleno de jugos. Apreté fuerte, pero sin brusquedad, y el glande entró con suavidad. Mi mujer lanzo un gruñido, seguido de un gemido. Me quede inmóvil, esperando que se dilatara y acostumbrara a mi polla. Al poco rato, ella misma sacó su culo y se acabó de empalar de un solo golpe, empezándose a mover con desesperación. Joder, que necesitada estaba. Con las ganas de polla que tenía, estaba claro que no me la había pegado con nadie. No pude menos que felicitarla:

María. Cariño, que zorra que estás hoy. Te mueves como nunca. Ohhhh, saca mas tu culito, anda, muévete, ohhh.

Ella por respuesta solo gemía:

Ahhhh, Ohhhhh, Ummmmm ohhhhhh.

Otra vez se meneaba ella, pero esta vez meneaba el culo adelante y atrás, con rapidez. Yo ya estaba a punto, tenía la polla hinchada al máximo, y ella estaba corriéndose otra vez. Me agarré fuerte de su culo, y le di dos metidas con todas mis fuerzas tras lo que me corrí yo, llenándole todo su culo de leche.

María, cariño, me corro, me corro, siiiiiiiiiiiiii, me corro. Ohhhhhhhh

Nos quedamos así, uno encima del otro, sin fuerzas. Mi mujer se quedó dormida casi enseguida, y yo si me despisto también. Pero no podía ser, las niñas no podían encontrarnos así, por lo que con mucho esfuerzo cogí a tientas un pañuelo de la mesita, limpié lo mejor que pude el culo y coño de mi mujer, y después mi polla. Le subí las braguitas, me subí los calzoncillos, le pegué dos pellizquitos en los pezones y me dormí.

No se cuantas horas dormí. Solo se que me despertaron al día siguiente a la hora del almuerzo mi mujer con mis dos niñas, con la inestimable ayuda de dos cojines con los que me aporrearon. Me levante, besé a mi mujer, a mis hijas, y me di una ducha rápida. Ya estaba acabando, cuando mi mujer entró en el baño. Me dio un beso, este ya menos casto que el anterior, y acto seguido con una mirada divertida va y me dice:

- Dormilón, ¿no te diste cuenta de nada cuando te acostaste anoche?

- No, ¿de que me tenía que dar cuenta?

- Me disponía a alabar lo suave de su culo al follarla anoche, cuando va y me suelta:

- Ayer cuando te acostaste, la que estaba en la cama era mi hermana, Berta. Yo estaba durmiendo en el piso de abajo, en la habitación de invitados. Menos mal que no se te ocurrió hacerle nada libidinoso. Ella ya me ha contado que antes de dormirte le apretaste el culo, y te quedaste dormido enseguida. Eres un bandido.

Tras eso me dio otro beso, y me siguió contando:

- Se ha peleado con su marido durante tu ausencia, y no tuve ocasión de contártelo. Está tomando antidepresivos, y le he dejado nuestra cama mientras tú no estabas para que estuviera más cómoda. Lo ha pasado muy mal, su marido es un gilipollas. Ya te lo contaré. Estará una temporada con nosotros hasta que se aclare un poco las ideas. Necesita toda nuestra ayuda.

- Bueno, ¿Y tu que? ¿Acabaste antes la instalación esa?

- Ehhhhhh, sí, sí, claro. Trabajé más horas para acabar antes.

- Luego hablaremos con más calma, vale. Me voy a la cocina.

Me dio otro besito, se agacho, me pego un beso en la punta de la polla, y se fue. Mientras salía por la puerta me dijo:

- Siento mucho cariño que tendrás que esperarte hasta la noche para que podamos hacer el amor.

Dios mío. ¡Me había follado a mi cuñada! Accidentalmente, pero me la había follado. ¿Por qué no me paró en cuanto se despertó? Bueno, igual no pudo. La verdad es que fue genial, pero yo no sabía ni noté que no fuera mi mujer. Aunque mi cuñada tiene dos años más que mi mujer, son muy iguales físicamente, incluso tienen un timbre de voz muy parecido, por lo que no pude distinguirlas ni por los gemidos. Las diferentes actitudes sexuales, gestos y movimientos durante la follada los atribuí a que estaba muy caliente y necesitada, como yo. Y con la luz apagada, pues, definitivamente, no me di cuenta.

Y encima, había tenido una bronca con su marido. La verdad es que no me extrañaba. Mi cuñado, Roberto, es un capullo. Mi mujer y mi cuñada son mujeres bonitas, que se cuidan y se mantienen muy bien. Mi mujer tiene ahora 33 años y mi cuñada 35, y tienen todo en su sitio. Pero mí cuñado es un fanático del fútbol. Está siempre mirando partidos, por la tele, en el bar, en el estadio. Se va de viaje a ver su equipo. Se gasta montones de dinero en todo esto, y además de eso en apuestas, en aportaciones a las peñas y asociaciones de no se que leches, y nunca está en casa. Y cuando está, es para ver fútbol con sus amigos, tanto o más fanáticos que el. A mi me gusta el fútbol, pero no hasta estos extremos. Aunque llevaban un año de casados más que nosotros, no tenían hijos. Yo pienso que de tanto fútbol ni siquiera follaba con su mujer.

En fin, bajé hacia el comedor. No tenia ni idea de que hacer, ni que cara poner al ver a mi cuñada. Mi mujer y las niñas estaban en la cocina. Besé a las niñas, a mi mujer, y me puse a preparar la mesa del comedor. En el comedor estaba mi cuñada. Estaba muy nervioso. Le saludé lo más normalmente que pude:

- Buenos días, Berta. (Tenía mucha vergüenza).

- Buenos días Pepe, aunque creo que mejores fueron ayer las noches.

Yo me quedé estupefacto. Miré si mi mujer nos había oído, pero estaba en la cocina. Solo pude medio decir:

- Berta, bueno, yo, … no sabía que eras tú. Lo siento.

Me hizo callar, y me dijo:

- Déjalo. Ya sé que no lo sabías, pues mencionaste varias veces a María, mi hermana, por lo que era obvio que te pensabas que era ella. Y yo no pude pararte. Los antidepresivos que estoy tomando me dejan KO, y cuando me desperté, pues ya me estaba corriendo. Sabes, con mi marido jamás he tenido un orgasmo, pues se corre solo meterla. Sencillamente no pude decirte que pararas ni antes ni después, porque fue la primera vez que disfrutaba en muchos años. Tú no lo sabías, yo no pude parar, y ya está. Mira, has ayudado a que me de cuenta que en cuanto al sexo el error no es mío, sino del cabronazo de Roberto. Dejémoslo ya.

- Si ya, pero ¿Y María? yo no la he engañado nunca.

- Es que no la has engañado. Ha sido una confusión, eso es todo.

- Menuda confusión.

- Pepe, déjalo ya.

Dejé el tema, y preparamos la mesa. Mi mujer mientras trajo la comida y nos pusimos a comer todos juntos. Siempre comemos sin TV, por lo que charlamos sobre mi estancia en Corea, anécdotas de allí, sobre la comida (que mal se come cuando sales de España, por Dios, no puedo hablar de la comida en América, pues nunca he estado, pero en Asia es fatal). Fue una comida amena, poniéndonos al día de todo y arreglando el mundo.

Pero yo, aunque gastaba bromas, hacía chistes y me lo pasaba muy bien, no paraba de darle vueltas al asunto de anoche. Yo no tenía secretos con mi mujer, y no quería empezar a tenerlos ahora, ni siquiera por accidente. Así que por la tarde, aprovechando que había leído que estrenaban una película de dibujos animados en el cine, invité a mi cuñada a que llevara a las niñas al cine. Así podría hablar con mi mujer. Me fui al comedor, y sentado en el sofá, mientras esperaba que se fueran pensaba en el modo de decírselo a mi mujer.

En cuanto se fueron, mi mujer vino corriendo, se lanzó encima de mí y me abrazó. Empezó a reñirme:

- ¿No te da vergüenza no esperar a la noche a que hagamos el amor? No tienes remedio. Por un día yo estoy de acuerdo.

Y empezó a darme besos, y a apretarme el paquete por encima de los pantalones. Yo la verdad, estaba muy confuso, muy nervioso, aturdido, por lo que no respondía a sus besos y caricias. Ella enseguida notó que pasaba algo, por lo que paró:

- ¿Te pasa algo Pepe? Parece que te haya besado Dar Vader.

- Sí, mira, verás María, yo …, esto …, ayer yo tenía sueño, pero antes, veras, yo estaba muy excitado y, esto…. Ufff que difícil es explicarte esto.

- ¿Que tratas de explicarme, Pepe?

Estaba muy nervioso, tenía miedo de que esto hiciera peligrar nuestro matrimonio, pero no podía callarme, así que le cogí de las manos, le miré a los ojos y se lo solté de golpe.

- María, tu hermana no te ha dicho la verdad. No es cierto que yo solo le tocara el culo. Ella estaba dormida, y yo, pensando que eras tú le hice el amor. A la mitad del acto ella se despertó, pero no fue capaz de pararme ni decir nada. No se porque, pero no me advirtió. Yo no noté que no eras tu, y.. Bueno, estoy muy avergonzado. No te he engañado nunca, y de verdad que no sabía que era tu hermana.

- Pepe, para, para. Mira, mi hermana no me ha engañado. Ayer me despertó temprano y me lo contó todo. No tengo secretos con mi hermana, ni ella conmigo. Ya sé que tu ignorabas que no fuera yo, pues mientras te la follabas no parabas de nombrarme. Y además, cuando esta mañana te he dicho que era mi hermana la que estaba en la cama has puesto una cara hijo, que me has confirmado que no lo sabías.

- Entonces, ¿ya lo sabías?

- Sí.

- ¿Y no te importa?

- Mira, no. Cuando mi hermana me lo ha contado, me ha dado mucha rabia. Pero luego, pensándolo con calma, me he dado cuenta que realmente tu no me has engañado. Y ella, cuando por fin se ha despertado y ya era consciente de lo que estaba pasando, ya se estaba corriendo en su primer orgasmo con un macho en muchos años, por lo que no podía parar ni siquiera queriendo. Es completamente cierto que estaba dormida, y no te notó para nada. Le cuesta mucho despertarse por los antidepresivos, te lo digo yo que he tenido que despertarla después de la pastilla y es muy difícil.

- Y en cuanto a porque fingí no saber nada, pues yo pensé que se te haría más fácil llevar esto si creías que yo no lo sabía. Me halaga que me lo hayas contado, cariño.

- ¿De verdad?

- De verdad. Me hace feliz que no hayas querido ocultármelo. Ahora bien, no se te ocurra engañarme con otra, o te la corto, entendido, te la corto.

- Vale, vale.

- Y ahora, basta ya de palabras.

María me hizo callar y empezó a besarme, con pasión. Nos besábamos y entrelazábamos nuestras lenguas. Alargue mi mano derecha y empecé a amasarle el culo. ¡Que delicia! Y con la izquierda empecé a tocarle las tetas.

Estaba en la gloria.

María con su mano derecha me desabrocho los pantalones, me bajó la cremallera, bajó los calzoncillos y se asió de mi polla, que ya empezaba a estar morcillona. No pude menos que decirle:

- Ehh, que prisa tienes.

- No lo sabes tu bien, Pepe. Estoy ardiendo. No se si son los días que llevo sin follar, o pensar en como ayer te tirabas a mi hermana, o ambas cosas.

Mientras decía esto se bajaba lentamente hasta tener su pene delante de sus ojos. Le empezó a dar besitos, y después de eso le dio unos lengüetazos, como a un helado. Cerró los ojos, y con una cara de vicio increíble se la metió todo lo que pudo en la boca.

Dios que mamada. Subía y bajaba mientras me succionaba continuamente. Cuando bajaba se la encajaba hasta mis pelotas, y al subir se la sacaba entera excepto el glande, que lamía y chupaba con mayor fuerza, tras lo que iniciaba de nuevo la maniobra.

Yo no me iba a quedar quieto. Quería mi ración de coño, así que la puse de pie, le quité los pantalones y las bragas a la vez y la puse encima de mí de nuevo, pero invertida, para realizar un 69. Volvió inmediatamente a la mamada, pues estaba cachondísima.

Delante de mí estaba su coño. Que maravilla. Lo tenía arregladito, con el pelo corto. Los labios mayores estaban entreabiertos, y dentro se veía perfectamente toda su rajita, empapada, brillante de sus jugos. Estaba realmente muy cachonda.

La quise hacer sufrir un poco, así me acerque lentamente. Cuando notó mi aliento en su coño gimió y me lo acercó. Me aparté y empecé lamiéndole las ingles, despacito, acercándome lentamente al agujerito del coño para saltar a la otra ingle un poco antes de llegar a la rajita. Ella jadeaba, me chupaba la polla con fuerza, movía el culo en círculos buscando mi boca. Otra vez inicié el movimiento para lamerle la rajita, y en el último momento cambié la trayectoria al ano. Al iniciar el contacto de mi lengua con el ano ella empezó a llorar, suspirar, gemir, gruñir, no se algo indescriptible. Yo estaba disfrutando como nunca de su mamada, así que ya no la hice esperar más. Le puse suavemente la lengua en la entrada de su coño, sin apretar, y la moví arriba y abajo por la rajita, pero por su parte exterior, sin meterla aun dentro de sus labios mayores.

No os se explicar lo que hizo. Sacó el culo al máximo, gritaba, pero con la polla dentro no se entendía nada. Creo que me estaba insultando. Era algo así:

Gruffippppollags. vengAhhhhhhgggg, ohhhhhhhhgggg, chgggupmmmmmm, cggggabbbbrggggggggs.

Llegó el momento, y le metí de golpe y lo más hondo que pude la lengua en su agujero del coño. No se lo esperaba, por lo que se arqueo toda ella, menos el culo, que me lo estampó más contra mi cara, se sacó la polla de la boca y se alzo ella a cuatro patas todo lo que pudo, gritando como una loca:

Ahhhhhhh, ohhhhhhhh, me corro, me corroooooooo. Siiiiiiiiiiii, ohhhhhhhhh me matas, ohhhhhhhhhhhh, ohhhhhhhh, me muerooooooooo, ohhhhhhhhhhh

Vi que no la podía hacer esperar más, por lo que como pude le di la vuelta y la senté, dándome la espalda encima mío. Cogí la polla, la puse a la entrada de su maravilloso coño, y la dejé caer de golpe encima mí. Sonaron simultáneamente el chop de su coño al encajarse mi polla de golpe hasta el fondo, el plas de sus muslos al golpear los míos y su grito:

Ahhhhhhhhhh, ohhhhhhhh. Que grande, que gusto. Me corro otra vez, ohhhhhhhhhh.

Estaba temblando, y gimiendo otra vez en otro orgasmo. La cogí del culo y empecé a bombearla con el máximo de rapidez posible. Parecía un pistón. Ella gemía y gemía.

- No pares cariño, métemela hondo, métemela, que me estoy corriendo sin parar. Ohhhhhh. Ahhhhh

- ¿Estabas necesitada, verdad cariño?

- Siiiiii, ohhhhhh, siiiii.

- ¿Necesitabas mi rabo, preciosa? (Y paré de bombearla)

- Sí, quería tu rabo. Fóllame, no te pares. ¿Porque has parado? Venga dale.

Volví a bombearla, ahora con menos rapidez, pero dándole muy fuerte en cada metida. Ella acompañaba cada metida con un Ohhhhhh.

Ella seguía sentada, dándome la espalda y acompañaba mis envestidas moviendo su culo adelante atrás, con la polla bien metida. Le di la vuelta, para tenerla sentada frente a mí, y reiniciamos el mete saca.

De verdad, después de varias semanas sin follar con ninguna hembra, no sabéis (o igual si) lo glorioso que resulta follarte a una hembra bien caliente, bien zorra, y hacerle gritar de placer (bueno, en mi caso dos hembras).

Le desabroche la blusa, le subí los sostenes y mientras le seguía follando le chupaba los pezones. Cogía con mis labios el pezón derecho, succionaba fuerte, le pegaba un lametón, y pasaba al izquierdo. Otro chupetón, otro lametón y al derecho. Todo esto mientras volví a acelerar el ritmo y le presionaba con mi barriga para que ella pudiera refregarse más con su coño. Paso otra vez lo que había de pasar.

Ohhhhhhhhh, Me corro, cariño, me corro. Me derritooooo, Ohhhhhhhhh. No pares, no pares. Ohhhhhhhhh siiiiiiiii, dame, chúpame los pezones, fóllame, venga ohhhhhhhhhhhh.

Le cogi fuerte del culo y me levanté con ella hincada en mi polla. Ella inmediatamente me rodeó con sus piernas por detrás de mi espalda y nos abrazamos. Me la estaba follando de pie. Me acerque andando a la pared, la apoyé y volví a bombear, ahora ya como un martillo neumático. Se corrió una vez más, o le duraba todavía el de antes, la verdad se me hace difícil de distinguir:

Ohhhhhhhh, Ahhhhhhhh

Y me corrí yo también. Se me hinchó al máximo la polla y le llene el coño de leche.

Siiiiii, me corro, toma mi leche toma. Ohhhhhh

Ohhhh, que calentita, ohhhhhh. Dámela toda.

Quedamos así de pie un rato, hasta que como en cámara lenta nos bajamos y quedamos más o menos caídos en el suelo, yo debajo de ella, y ella mirando para la pared, dándome el culo. Estábamos cansados y habíamos gozado mucho. Nos adormecimos.

Lo último que recuerdo antes de cerrar los ojos fue su coñito, un poco abierto, completamente lleno de leche, y un reguero de semen desde su agujero del coño hasta el suelo, pasando por sus ingles y nalgas. Era precioso, una imagen que no olvidaré. Y me dormí. Ella también.

No se cuanto rato pasó, pero no fue demasiado tiempo, y me desperté. Ella tenía los ojos abiertos, y me miraba. Estaba radiante. ¡Como quiero a esa mujer! Le ayudé a levantarse, nos vestimos, ventilamos el comedor, ordenamos un poco y nos sentamos a hablar.

- Pepe: María, ¿Qué es lo que ha pasado entre Berta y Roberto?

- María: Ya sabes que mi hermana tenía problemas con Roberto

- Pepe: ¿Problemas? El cabronazo de Roberto que es un machista, y no le hace puñetero caso a Berta. Siempre fuera de casa, viendo partidos, en la peña, y si no de viaje para ver el partido de turno, o vete a saber tu que. Este año, con la mierda de la Champions ya ha sido el remate. Pero esto ya duraba desde novios. Durante los dies años que llevarán casados …

- Nueve, llevan nueve años.

- Bueno, pues nueve. Digo que durante los nueve años que llevarán casados ha sido siempre así. Incluso el la obligó a dejar su trabajo para atender la casa. Ella aceptó eso, y ha aceptado que la ningunee, que la trate como una inútil. ¿Qué es lo que ha cambiado?

- Cuando tu te fuiste de viaje, mi hermana llevaba ya meses muy mal. A lo largo de estos nueve años se ha ido haciendo a la idea de que ella no sirve para nada, que no puede dar su opinión en nada porque no sabe nada ni sirve para nada. Eso es lo que le ha venido diciendo y repitiendo Roberto. Al principio ella rechazaba esta idea. Pero a base de tiempo ha acabado deprimida, como estaba deprimida no hacía nada útil ni en casa ni fuera de ella, al no hacer nada de nada, su marido tenía argumentos para atacarla y tratarla de tonta, vaga, rara, sosa y cosas mucho peores.

- ¿Y que es lo que ha pasado para que ella reaccione?

- Ya sabes que pese a todo esto, yo sigo muy unida a mi hermana. La he ayudado en todo durante estos años, pese a que Roberto intentó alejarla de mí.

- Si

- Pues bien, Roberto ha pedido un préstamo de 12.000 € para poderse ir a Alemania y ver todos los partidos de la selección en el Mundial, además de visitar no se que narices allí. Y además le paga el viaje a un amigote suyo. Y por supuesto no va con mi hermana.

- ¡Pero si están fatal de dinero!

- Ya lo se. Ella no estaba dispuesta a aceptarlo. Tuvieron una discusión muy fuerte. El le dijo que como el que trabajaba era él, él con su dinero hacía lo que le daba la gana. Que ella no tenía voz ni voto, que no servia para nada, ni siquiera para follar, y que si no le gustaba que se fuera.

- ¿Y tu hermana se fue sin mas?

- No. Me llamó. Me lo contó todo. Yo le aconseje que buscáramos asesoramiento profesional. Yo la acompañé a un abogado especialista en divorcios., y hay base para acusarle de …, no se que palabra usó, pero bueno, de insolidaridad económica, o de negación de auxilio, o no se que tecnicismo. Además, ella esta con depresión, y tenemos los papeles del médico, y el ha sido el causante de esto. El médico ya ha expedido el correspondiente certificado, por lo que se le pueden reclamar daños y perjuicios.

- Si piensas en que le pase una pensión, o sacarle una cantidad importante de dinero vais listas. Ese inútil se gasta hasta el último duro que pilla en sus tonterías, y está sin un duro. Además están de alquiler, y no tienen propiedades. El coche de Roberto tiene más años que Matusalén, por lo que no creo que consigamos nada.

- Si hay una cosa que podemos conseguir, que la deje en paz, que le embarguen el sueldo y le obliguen a irse lejos de mi hermana.

- Bueno, eso si. ¿Y cuando se vino para aquí?

- Entre el abogado, su médico y yo se dio cuenta de que estaba perdiendo el tiempo con Roberto. Recogió sus cosas y se vino a la semana de tu irte. No te dije nada por que no te quería agobiar con estos líos estando tú allí.

- Te lo agradezco, la verdad es que el trabajo fue muy agobiante, por lo que realmente poco pudiera haber hecho, aparte de desconcentrarme y quizás tenerme que quedar mas tiempo para acabar.

- Eso pensé.

- De todas formas, está bastante mejorada. Ya viste que la confundí contigo

- Calla tonto, no me lo recuerdes más. Verás, la he puesto a dieta, hemos hecho ejercicio, la llevé a la peluquería, hemos tirado prácticamente toda su ropa. Ya sabes que ese energúmeno la obligaba a vestir ropa de monjas.

- Si, parecía que llevara un burka, o algo parecido a eso.

- Si. De momento lleva mi ropa. En 15 días ha cambiado mucho. Además esta mañana parecía otra. Tenía la cara iluminada. Los ojos los tenía luminosos.

- Es que una mujer mal follada no puede ser feliz.

- Serás tonto. Como se te ocurre decir eso.

- Es broma mujer.

- Lo que si es cierto es que algo ha cambiado en ella después de, eso, ejem, de lo de anoche.

- ¿Oye, María, desde cuando toma antidepresivos?

- Desde que dejó a su marido, y se vino aquí. Hará unos 15 días.

- Quisiera hablar con su médico y elegir una estrategia para ir quitándole esa medicación. Como medida de urgencia me parece bien, pero como se acostumbre a eso ya no podrá dejarlos.

- En eso ya he pensado yo. Llamé al médico ayer y me dijo que a la que la viéramos mejor que dejara de tomarlos, disminuyendo progresivamente las dosis en 3 días. Yo, como esta mañana la he visto mejor ya he empezado.

- Bien. Y en cuanto a su vida, ¿Qué planes tiene?

- Está completamente empeñada en ponerse a trabajar limpiando casas por horas.

- Pero si ella es auxiliar contable, igual que tu.

- Si, pero dice que lleva demasiados años sin trabajar de eso y que nadie la iba a coger habiendo chicas jovencitas más preparadas y más guapas.

- Esta noche hablaremos de eso con ella. Lo de más guapas lo dudo mucho, y lo de más preparadas, eso lo podemos arreglar.

- ¿Qué quieres decir?

- ¿Te acuerdas de que cuando dejaste el trabajo por las niñas dijimos que a la que crecieran un poquito y fueran al colegio volverías a trabajar?

- Sí.

- Pero ahora, varias veces que te has animado a buscar trabajo, a la postre te has visto poco preparada o falta de rodaje.

- Si, es que son 4 años sin trabajar.

- Pues mira. Resulta que me encontré en el aeropuerto con un excompañero del instituto, Fernando. Pues bien, tiene una academia privada concertada por el gobierno. El próximo mes empieza un curso de 3 meses semipresencial de dirección y organización de empresa dirigida a contables que se quieran reciclar. La mayor parte de las materias los alumnos las estudian en su casa, y allí asisten dos días dos horas cada día para realizar prácticas y repasar conceptos. No es muy caro, y yo había pensado que asistieras, solo que no había tenido ocasión de contártelo. Pues asistís las dos, y ya está. Además, tiene bolsa de trabajo, por lo que es muy fácil que al acabar tengáis alguna oferta de empleo.

Se nos pasó la tarde hablando de esto, y de lo otro. Mi mujer estaba especialmente ilusionada en lo del curso, poderse reciclar, y que lo pudiera hacer su hermana también. Estábamos un poco preocupados por si aceptaría, pero había que intentarlo.

Acordamos que para que no estuviera mi cuñada sola en el piso de abajo, en la habitación de invitados, compraríamos una cama, una mesita y un armario sencillo y le habilitaríamos el cuarto de la plancha (que estaba prácticamente vacía) como su habitación. Así estaría con nosotros, y además tendría el baño cerca.

Cuando regresó Mi cuñada con las niñas estaba contenta, feliz. Se lo había pasado en grande con sus sobrinas. Eso la había hecho sentirse útil y bien consigo misma. Y además, según me enteré luego por mi mujer, un "bondadoso" albañil le grito desde arriba el andamio alguna cosa relativa a un polvo que presuntamente le echaría, y eso la había hecho sentirse alagada.

Por la noche cenamos todos juntos, tranquilamente, y acostamos a las niñas, tras lo que yo inicié la conversación:

Pepe: Berta, quiero que sepas que para nosotros eres una más de la familia y nos gustaría que te quedaras con nosotros una larga temporada. Me gustaría que sintieras que esta es tu casa.

Maria: Pepe y yo hemos hablado y, si te parece bien, mañana mismo podemos ir a comprar una nueva habitación para ti. Te instalarás en el cuarto de la plancha. ¿Qué te parece?

Berta: Muchas gracias, no se que decir

Pepe: Pues di que sí. Otra cosa me gustaría comentarte, Berta. María me ha dicho que tienes intenciones de empezar a trabajar.

Berta: Así es.

María: Voy a empezar un curso de dirección y organización de empresas dirigido a contables que se quieran reciclar, o sea, nosotras. ¿Por qué no vienes conmigo?

Berta: Eso va a costar mucho dinero, y ya vais a comprar una habitación. No puede ser, sería un abuso. Yo tengo que trabajar, comprar mi ropa y pagar mis gastos. Mi habitación la pienso pagar yo, pero a esto ya no llego. No puedo pagarme ese curso, y no quiero que lo hagáis vosotros. Me pondré a limpiar casas inmediatamente.

Pepe: Esto no es así. Eres una más de la familia ahora mismo, y en la familia no hay balances debe/haber. Olvídate de todo esto. Con el viajecito este de marras mi jefe me va a pagar entre la compensación por el viaje y la prima por acabar antes el equivalente a 4 meses de sueldo. Podéis hacer el curso, podemos comprar tu habitación, y no se hable más.

Berta se echó a llorar, pero de felicidad. Nos abrazamos los tres y nos fuimos a dormir.

Al día siguiente, compramos la habitación de Berta, todos juntos, incluso con las niñas. En los días siguientes mi mujer y Berta compraron ropa para mi cuñada, trajeron su habitación, se instaló en ella y empezaron el curso. No pasó nada digno de contar, excepto que mi cuñada dejó de tomar antidepresivos y estaba muy feliz. Yo hacía el amor con mi mujer, incluso varias veces al día, fue espléndido, pero para no repetirme no lo contaré.

Solamente es interesante lo que pasó por la noche una semana después de mi llegada. Estábamos acostados, y yo estaba ejerciendo mi derecho conyugal. O sea, que me estaba follando a mi mujer, vamos. Estábamos muy cansados, por lo que no hicimos ningún numerito especial. Le lamí un poco el coño, y después nos pusimos estilo misionero. El final de todo esto fue del siguiente modo:

- Pepe, pepe, me corro, me corro, Ahhhhhh, Ohhhhhh siiiiiiii, siiiiii

- Yo tambien me corro cariño, siiiiiii, ohhhh, los dos juntos ohhhhhh, ahhhh

[ ….. ]

[ ….. ]

- Ahhhhhh

Ese suspiro, fue de Berta, pues nosotros dos en ese momento estábamos abrazados en silencio. No pudimos evitar reírnos un poco.

- Pepe: Maria, tu hermana …

- María: Calla marrano. Ella también tiene derecho, ¿no?.

- Pepe: Si, claro, si yo no digo que no. Pero, ¿no será que nos estaba escuchando?

- María: Quizás. Pero algo tendrá que hacer la pobrecita, ¿no?

- Pepe: Pero a base de deditos, no se si aguantará mucho. Ya sabes, cuando se ha probado la ternera, la ensalada sabe a poco.

- María: ¡Que bruto que eres! Pero creo que tienes razón. En fin.

- Pepe: Buenas noches cariño.

- María: Buenas noches.

Ese día cambió algo. Ella nos escucho, se masturbó al mismo tiempo que nosotros y no se reprimió de gemir de gusto (así se lo confesó a mi mujer). Simplemente tenía tal calentura que no pudo aguantarse.

En días sucesivos mi cuñada estaba más nerviosa, más irritable. Tenía altibajos de humor. Un mes después de mi llegada, era sábado, estábamos viendo una película por la TV antes de acostarnos. Las niñas dormían. La película estaba por la mitad, poco más o menos, y empezaron los anuncios. En fin que os voy a contar. No se como será en Latinoamérica, pero en España cuando dan anuncios a la mitad de una película te da tiempo de ir al lavabo, de ducharte, de cocinar, de escribir una ópera, de aprender latín, de hacer encaje de bolillos, en fin, para todo.

Yo y mi mujer nos fuimos a la cocina a beber agua, y mi cuñada se fue para arriba. Cuando pasaba la vi muy turbada, pero no le di mayor importancia. Al poco rato, mientras bromeábamos con mi esposa por el tamaño de mis pies (tengo los pies grandes la nariz grande, y el pene … normal, que se le va a hacer, no todo puede ser grande), simplemente me obligo a subir a nuestro cuarto. Me había comprado unas zapatillas para estar por casa y me las quería enseñar (de ahí el tema de mis pies).

Cuando nos acercábamos a las habitaciones dejamos de hacer ruido y de hablar para no despertar a las niñas. Y cuando pasamos por el lavabo, oímos:

- Ahhhhhh, Ohhhhhh, Pepe, cuanto te necesito, ohhhhhhhh, ahhhhhh, házmelo otra vez siiiiiiiiiii, ohhhhhhh, me corro, me corro, Ohhhhhhhhhhh, Ahhhhhhhh.

Cogí a mi mujer de la mano y nos fuimos zumbando para abajo. Nos sentamos en el sofá y hicimos como que no había pasado nada. Intenté hablar sobre el tema con mi mujer, pero me hizo callar. Tenía razón, era un tema muy serio y había que hablarlo con calma.

Cuando apareció mi cuñada, estaba más relajada (como no). Procuramos actuar con normalidad. No pude evitar echarle un vistazo. ¡Quien la ha visto y quien la ve! Antes parecía un madre de la revolución iraní (Ya sabéis, la moda Ayatolá Homeini). Y ahora… Vestía un pijama de verano de pantalón corto y tirantes. Llevaba sujetador, no os vayáis a pensar, y el pantalón era corto, pero de los que llegan justo arriba de la rodilla estando de pie. No se trata de la carne que estaba visible, sino del porte de ella. Entre la gimnasia, la dieta (más que dieta, orden en el comer, no pastelitos, si fruta y verduras) y que la ropa estaba elegida con precisión militar (buena es mi mujer para esto), estaba preciosa. ¡Que tetas, que culo! La hubiera desnudado al instante. Además, ella es rubia, muy rubia. ¿Tendría rubio el chumino? Nunca había visto uno rubio en carne y hueso. Bueno, en realidad solo había visto dos chuminos el de mi mujer y el de una novia que tuve en la universidad. Cuando se sentó, le quedaron al aire casi todos sus muslos. ¡Que buena estaba!

En fin empezó la película: (16 minutos 13 segundos 43 décimas). Lo siento, pero cronometro el intermedio. Siempre lo hago. Y no es broma, es lo que duran los anuncios. Cuando acabó la película nos fuimos a dormir. Bueno, a la cama, lo de dormir…

- Buenas noches Berta

- Buenas noches cuñadita.

- Buenas noches parejita.

Ya en la cama, y hablando en susurros (para que no nos oyera Berta):

- Pepe: María, esto no puede seguir así. Sufro por tu hermana. Está muy mal. Me imagino que ahora que ve en nosotros que es posible una convivencia, pacifica, buena, enriquecedora y sexualmente interesante, ella lo hecha de menos. Y más al haber comprobado ella misma lo que es una buena ración de sexo. Lo digo con total seriedad, incluido esto último.

- María: No, si ya te he entendido. Yo también estoy preocupada. Está peor de lo que te imaginas. Yo la he pillado masturbándose la tira de veces. Siempre es después que tu la besas, le gastas alguna broma, o tienes alguna gentileza con ella. No es que me parezca mal que se masturbe. Pero es que va a acabar desquiciándose.

- Pepe: Ahora mismo seguro que ya está otra vez con su dedito dale que te pego. Me sabe mal. Yo la animaría a buscarse un novio, pero creo que es peor el remedio que la enfermedad.

- María: Ni se te ocurra lo de buscarle novio. Yo no se que ha pasado con los hombres buenos, comprensivos, caballeros, amables, sexualmente altruistas, altruistas en general, inteligentes.

- Pepe: Cariño, ¿existen tales personas?

- María: Si que existen. Yo, bueno, no es que lo haya encontrado, no te vayas a creer, pero tu eres bastante apañadito. Pero siguiendo con lo que decía, los hombres … Los HOMBRES, en mayúsculas, de la edad adecuada para ella, ya están sentimentalmente comprometidos. La mayor parte de los hombres disponibles de esa edad no buscan a una persona para compartir cosas. Busca tres agujeros donde hundir su polla.

- Pepe: Me gustaría negarlo. Pero creo que tienes razón. Mientras hablabas estaba repasando todos mis amigos y compañeros de trabajo. No sería capaz de seleccionar a ninguno para ella. Pero es que, suponiendo que pudiéramos seleccionar a alguno, entonces ¿Qué hacemos? ¿De celestinos?

- María: Naturalmente que no. En cuanto a hacer que se vaya a vivir sola, solo pensarlo me irrita. Es desleal, cobarde. Nosotros a ser felices y ella a pudrirse triste y sola.

- Pepe: No se puede ir de ninguna manera. Además, somos muy felices los cinco juntos. Incluso al combinarnos los tres las cosas del hogar y el cuidado de las niñas, es mucho mejor. Creo que tú tienes un gran apoyo estando ella y las niñas están encantadas con su tía. Y yo, la verdad, me gusta su presencia. Creo que es una buena idea que esté aquí, y me gustaría que fuera feliz. Pero, y el amor. ¿Cómo cubrimos su necesidad de amor de un hombre, que la quiera a ella?

- María: Mira Pepe, yo no he hablado con ella directamente de esto. Pero ya sabes que tengo muchísima confianza con mi hermana. Por conversaciones que he tenido, he notado que te adora. Tú la valoras, la mimas, bromeas con ella. Como haces conmigo y las niñas, pero ella no estaba acostumbrada a esto. No solo esto, el curso nos va bien, seguramente la semana que viene ya podremos iniciar las prácticas en una empresa. Tu la ayudaste a iniciar el curso, y la estas ayudando con algunas materias como con la informática. Además, le has estado llevando todo el tema del papeleo para el divorcio. Está encantada. Y encima, cuando le hiciste el amor por error, fuiste dulce, apasionado, cariñoso, y un poco (lo justo) guarro. La tienes muy satisfecha (en el sentido moral y físico). Ella debe estar enamorada de ti. Estoy convencida de esto.

- Pepe: Menudo problema. Pues ya me dirás que vamos a hacer. No me interpretes mal, Tu hermana es una buena chica. La encuentro simpática, es agradable y fácil convivir con ella. Incluso te diría que me resulta atractiva. Pero yo estoy casado contigo. Y te quiero a ti.

- María: Mira Pepe, yo te quiero un montón. Pero piensa, tú y yo queremos que mi hermana sea feliz, ¿Verdad?

- Pepe: Ciertamente.

- Maria: Pero vemos poco probable que lo sea con algún novio que pueda encontrar, ¿no es cierto?

- Pepe: Así es.

- María: Por otro lado, no podemos dejarla de mera espectadora de nuestra felicidad, tanto si se queda con nosotros como si se va, ¿no es así?

- Pepe: Por supuesto.

- María: Entonces solo queda una solución. Yo he pensado en ello, y aunque es inverosímil me parece una solución justa y buena. Y beneficiosa para todos, incluso para mí.

- Pepe: Me tienes intrigado. ¿De que se trata?

- María: Berta debe participar de nuestra felicidad. Debemos ser una sola familia. Debe integrarse en nuestro matrimonio.

- Pepe: María. No se si te estoy entendiendo.

- Pepe: Quiero que tú seas el marido de las dos.

- Pepe: ¡Coño!

Es la única expresión que me salió. Realmente era la única solución buena para todos. Pero no estaba muy seguro del final de todo esto.

- María: Pepe, ya se que te has sorprendido, pero dime que piensas.

- Pepe: Pienso que después de todos estos años yo sigo enamorado de ti. Te quiero. Por eso me casé contigo, y por eso seguimos juntos. Pero yo no estoy enamorado de ella. Ella tiene derecho a que la quieran y la deseen.

- María: Pepe, no me negarás que cuando se ha sentado en el sofá te has mirado a mi hermana de arriba abajo.

- Pepe: Si, es verdad. Pero …

- María: Espera, no me interrumpas. La mirabas con ojos de deseo, no lo niegues.

- Pepe: Esto, … vaale, sí, de acuerdo, es cierto. Me la miraba con deseo. Pero ha sido por lo que acababa de pasar. Me la imaginaba acariciándose, y …., bueno, eso.

- María: Así que lo de sentirse querida y deseada, pues ya lo tenemos resuelto en un 50%. En cuanto a lo de sentirse querida. Respóndeme con honradez. ¿No es cierto que estás muy a gusto con ella, que te ríes con ella tanto o más que estando conmigo, y que estas tremendamente preocupado por ella?

- Pepe: Si es cierto, pero eso es un amor de amigo, no de pareja.

- María: Pepe, vamos a callarnos y nos acostamos. Medita en todo esto. Analiza tus sentimientos. Si crees que puedes llegar a quererla como a mí, hoy, o mañana, o cuando lo decidas, dímelo. Entonces yo hablaré con ella y arreglaremos esto. Si después de un tiempo prudencial sigues indeciso entonces tendremos de tomar otra solución.

Estuve pensando durante varios minutos. Hasta que nos interrumpió un gemido de Berta:

- Ahhhhhh, Ohhhhhh, siiiiiiiii.

Entonces lo vi todo claro. Había empezado a quererla, no ya en el plano platónico, de amigo, si no también como hombre. Me convenció de ello el oírla como se corría. Este hecho simplemente me había hecho sentir mucha ternura hacia ella. Deseaba hacerle el amor, darle yo ese gusto y goce, poseerla y hacerle notar mi amor y deseo por ella. Todos estos sentimientos me habían invadido como un flash al instante de oirla gemir. Al liberarme mi mujer de la atadura moral que me reprimía, lo había visto claro en cuanto la oí gemir. La quería mucho, mucho. Mucho más de lo que se quiere a una amiga, y de un modo distinto. Algo que me reforzaba en este sentimiento es que no soportaba la idea de que otro hombre la tuviera. Había de ser mía, pues no la deseaba con nadie más. Tenía que explicarle todo esto a mi mujer:

- Pepe: María, sinceramente: Te quiero mucho. Esto altruismo y buenos sentimientos hacia tu hermana solo me aumentan mis sentimientos hacia ti. Pero tengo que decirte que me he enamorado también de tu hermana. Estoy seguro de ello.

Le explique cuales eran mis sentimientos. Ella se alegró mucho, nos abrazamos, sin palabra mientras nos asaltaba la felicidad.

- María: ¡Que bien cariño! Voy a hablar inmediatamente con ella.

- Pepe: Ahí te equivocas. Cuando un chico quiere a una chica, se le tiene que declarar personalmente. No valen las celestinas.

- María: Cariño, eres un romántico. Tienes razón. Pero si tú hablas con ella, y yo no, ¿Como sabrá que yo estoy de acuerdo?

- Pepe: Es que hemos de ir los dos. Ella, de algún modo se casa con los dos. Mira vamos los dos, tu estás allí, yo le confieso mis sentimientos, y entre los dos le expresamos nuestro amor y esperanza de que formemos todos juntos una familia.

Aceptamos esa fórmula, pues era la más lógica y razonable. Salimos los dos, llamamos a la puerta de Berta. Pasó un rato y no respondía.

Maria: No responde. Hemos de hablar de esto con ella. Vamos a entrar.

Pepe: ¿Estás segura? A ver si se ha dormido.

María: ¿Cómo quieres que se haya dormido? La hemos oído hace 2 minutos.

En esos momentos Berta venía del lavabo. Lógico, después de sus deditos había ido a lavarse:

Berta: Hola. ¿Sucede algo?

Pepe: Sí. Queremos hablar contigo.

María: Tenemos algo que decirte. Por que no pasamos todos a nuestra habitación. Allí la cama es grande y estaremos mucho más cómodos.

Entramos y nos sentamos en la cama.

Berta: ¡Qué intrigante! ¿Que es lo que sucede?

Pepe: Berta, veras. María y yo hemos estado hablando de ti. Estamos muy a gusto contigo. Somos felices de compartir nuestras vidas contigo. Te has integrado muy bien a nuestra convivencia, a nuestros quehaceres diarios, y eres ya muy querida por tus sobrinas y nosotros dos. Esto es así hasta el punto de que no quisiéramos que te fueras nunca. Te queremos. Yo te quiero mucho, y por supuesto tu hermana también.

Berta: Muchas gracias. Es muy halagador. Yo también os quiero mucho.

Pepe: Ya lo sabemos. Eres muy buena y cariñosa. La pregunta es, ¿de que clase de amor estamos hablando?

Esperé unos segundos antes de continuar. Ella me miró a mí y a su hermana. Su semblante ante mi pregunta había adquirido una expresión de gozo contenido. Como de alguien quien intuye que le van a decir algo que le va a encantar.

Pepe: Berta, María y yo no queremos que encuentres el compañerismo, el amor de pareja, a tu amante y amigo fuera de nuestra familia. Queremos que encuentres todo eso, y tu plenitud en nuestra familia. Berta, queremos que te cases con nosotros dos, que seamos un matrimonio de tres.

Antes de que acabara, Berta ya se había puesto a llorar y a reír a la misma vez. Temblaba. Nos miraba, con los mofletes colorados. Yo la cogí de la mano, y María le cogió la otra. Nos mirábamos los tres. Era un momento dulce, sublime.

Berta: Eso que estáis diciendo es maravilloso. Pero yo no quiero abusar de vuestra hospitalidad. Y además, yo no me puedo casar, pues aún no tengo el divorcio.

María: Ahí demuestras que no lo has entendido. No se trata de que nosotros compartamos todo contigo y de que seas nuestro huésped privilegiado, prestándote incluso el marido. Se trata de que Pepe sea mi marido y el tuyo. Seremos una familia de tres.

Berta: Pero esto no es posible.

Pepe: Sí que lo es. Obviamente esta situación no se puede plasmar en una boda pública, pero podemos perfectamente plasmarlo en un acuerdo personal entre nosotros. Yo quisiera que conviviéramos en felicidad todos juntos, en buena armonía y compañerismo, amarte y hacerte gozar.

María: Yo siento lo mismo. Me agrada, e ilusiona todo esto. Que estés con nosotros y no con nadie más.

Berta: Es muy bonito todo esto que me planteáis. Pero no se. Además, aun no estoy divorciada.

Pepe: Aunque estuvieras ya divorciada, no podríamos hacer nada con eso, pues en todos los países civilizados está prohibida la poligamia. No es que sea delito que convivamos los tres, pero no hay forma de obtener reconocimiento legal a ese tipo de unión. Por lo tanto no es necesario a esperar a ningún divorcio. Lo que sí podemos hacer es realizar testamentos y documentos de voluntad anticipada donde legalmente los tres tengamos los derechos de cualquier matrimonio, incluido los temas de pagas de viudedad y custodia de hijos.

María: Pero todo esto es muy complicado, y no toca hablar de esto ahora. ¿Berta, nos quieres? ¿Quieres vivir con nosotros? ¿Quieres que compartamos todo? Esto es lo único que importa. Lo demás ya se arreglará de una u otra manera.

Pasaron unos instantes en los que nos quedamos en silencio, mirándonos, los tres cogidos de la mano. Las miradas eran dulces, y la respiración de los tres denotaba cierto nerviosismo. Berta, nos soltó la mano, y nos cogió de la mejilla, a los dos, en una caricia muy dulce. Nos miró fijamente y exclamo:

Berta: ¡Sí quiero!, ¡Naturalmente que quiero!

Reímos de felicidad. Se acercó a mí y me besó. Estaba todo dicho. No fue un beso apasionado, sino cariñoso, de amor infinito. Durante ese beso yo simplemente le pase la punta de la lengua de forma muy ligera por sus labios. Al separarse, se sonrió, y me dio un nuevo beso donde ella me hizo lo mismo con su lengua. Inmediatamente después de eso besé del mismo modo a mi mujer.

Tras eso las dos hermanas se quedaron mirándose. Estaba claro, que debían besarse, pues éramos una unión de tres. Así lo entendían ellas. Se miraron, primero con miedo de que la otra no estuviera dispuesta. Cuando por sus miradas y ojos vieron que las dos sentían lo mismo, que no había ya más trabas se sonrieron y se acercaron.

Si nunca habéis visto besarse a dos mujeres de cerca, pero no en una exhibición porno, sino de dos mujeres que se quieren de verdad, es una de las cosas más eróticas que sin duda he presenciado. Se besaron del mismo modo que yo a ellas. Pero cuando se separaron, mi mujer se abrazó a su hermana:

María: Berta, ¡te quiero tanto! ¡Me has hecho sufrir tanto! Por fin seremos felices juntos.

Se volvieron a besar, pero esta vez ya había pasión. Mi mujer abrió sus labios y Berta los suyos. Y entrelazaron sus lenguas, se abrazaron con fuerza. Yo empecé a acariciarles la espalda a las dos, por debajo del pijama. Acabé fundido en su abrazo, besándolas. Eran besos a dos, a tres. No podría especificar quien se besaba con quien, ni quien hospedaba la lengua del otro en su boca. Solo se que durante mucho rato estuvimos besándonos, abrazándonos con fuerza. Casi desde el principio yo empecé a frotarme contra ellas, y ellas contra mí, y entre ellas dos.

Después de un buen rato de esta guisa, ellas estaban frente a frente, abrazadas. Yo estaba detrás de Berta, abrazándolas a la dos a la vez. Estábamos los tres vestidos. Yo frotaba fuerte mi pene, ya completamente erecto, en el canalillo del culo, por encima del pijama de Berta, arriba y abajo. Ella sacaba el culo al máximo, y tenía la cabeza apoyada en el hombro de su hermana. Jadeaba suavemente. Y además de todo eso, yo me estaba besando con mi mujer, que quedaba frente a mí. Que placer.

Estábamos como sincronizados. En un momento dado entendimos que la que ahora merecía notar mi virilidad era mi mujer, por lo que me di la vuelta, las abracé desde atrás de María a las dos nuevamente, y empuje fuerte mi pene en el lindo culito de mi mujer, por encima de su pijama, en su canalillo. Lanzó un gemido que denotaba ya su mucha excitación, mientras yo le introducía la lengua en la boca a Berta.

Ya hacía rato que nos sobraba la ropa, por lo que aflojamos el abrazo y empezamos a quitar prendas, con prisas, pero con dulzura. Ya que tenía a mano a mi mujer yo le bajé el pantalón del pijama y sus braguitas, a la vez. Al momento, un suave aroma a hembra que emanaba de su chochito impregnó el ambiente. Me encanta el olor del sexo de mi mujer. Huele bien, muy bien. No vayáis a pensar mal, lo tiene limpio, limpísimo. Pero huele, huele de maravilla. No pude evitar meterle la puntita de mi dedo índice, mojarlo bien en su rajita para luego degustarlo.!

Tenía su rajita empapada, ¡que cantidad de flujo! Al notar mi dedo se puso a temblar, a suspirar. Se abrazó fuerte a su hermana y empezaron un nuevo morreo. Al verla así, le metí mi dedo hasta el fondo, despacio pero firmemente. Mi mujer suspiraba:

Ohhhhhhhhh, siiiiiiiiiii. Ohhhhhhhh, ¡Que bueno!

Extraje el dedo, lentamente, mientras mi mujer no paraba de temblar y gemir. Una vez extraído, chupe bien mi dedo, saboreando a mi mujer. Le di una palmadita en su nalga y la hice acostar en la cama. Ahora me dirigí a mi cuñada. Le bajé lentamente su pantalón y su braguita, y la puse a cuatro patas sobre la cama. Ella ya sabía lo que le esperaba, y mi mujer también. Estaban las dos expectantes.

Acerqué mi nariz a su delicado orificio vaginal, y aspiré. Olía casi igual que el de mi mujer, pero con un aroma más marino. Era igualmente sublime. Podía notar perfectamente su deseo con el temblor de sus labios vaginales y con su esfínter. Estaba esperando mi dedo. Yo actuaba sin prisa, pues me gusta deleitarme en todos los detalles. Le acaricié arriba y abajo por encima de su rajita, delineándosela con el dedo. Mi cuñada estaba deseosa, sacaba su culo al máximo, y mi mujer nos miraba con cara de deseo, masturbándose con lentitud. Empujé un poco, y el dedo se coló adentro de los labios mayores. Ahora el recorrido era desde su clítoris a su agujerito, y ella suspiraba, gemía. Mi mujer también. Ya estaban otra vez besándose. Situé el dedo en la entrada de su agujerito del coño, y le pregunté:

Pepe: ¿Lo quieres dentro?

Berta: Siiiiii, no me hagas esperar más. Mételo., Ohhhh, siiiiii, mételo, ohhhhhh.

Empecé a meterlo a cámara lenta, despacito. Iba entrando, milímetro a milímetro, hasta que ella decidió cambiar de planes. De un fuerte empujón hacia atrás con su culo se empaló con mi dedo hasta el nudillo, que llegó a meter también. Lanzó un grito descomunal y se corrió, temblando, suspirando, besando a su hermana. ¡Que deleite el contemplarla! Me encanta contemplar a una mujer cuando se está corriendo. Me hace feliz, y es muy sensual. Es la mejor música. Le saque el dedo y lo saboreé. Delicioso. Muy suave, como el de mi mujer, pero con un olor más intenso, tal como había olido. ¡Que bien saben las hembras!

Las senté a las dos juntas, y mientras les daba piquitos de forma alternativa, a la una y a la otra, les quité la parte de arriba del pijama. Al momento estaban ellas dos desnudas y yo aun vestido. Se lanzaron encima de mí y en un instante me habían despojado de mi ropa. Tenía la polla completamente erecta, con gotas de líquido preseminal en la punta del glande, que delataban mi excitación.

Las dos a la vez se abalanzaron a por mi rabo. Berta engulló de golpe el glande, sorbiéndolo y paseando la lengua por toda la superficie. Mi mujer se metió en la boca el tronco del nabo, y se apoderó de mis pelotas, sopesándolas con suavidad. Al momento iniciaron de forma sincronizada la mamada: Bajaban las dos a la vez, pasando a chuparme mi mujer las bolas y engullendo Berta toda la polla. Y subían las dos a la vez, pasando a chupar mi mujer el tronco y Berta el glande. Y vuelta a empezar, pero cambiándose, ahora chupaba la polla mi mujer, y el tronco y las bolas Berta. Dios, que maestría. Yo solo gemía:

Ohhh, Dios, que gusto. Ohhhhhh

Lo hacían tan bien que temía que iban a conseguir que me corriera. Así que las aparté, me estiré en la cama boca arriba.

Pepe: ¡Que venga la primera de mis hembras a recibir su ración de rabo!

Berta se acercó. Merecía ser la primera. No se demoró. Se puso de rodillas, erguida. Puso una pierna doblada a un lado de mi cadera, y la otra al otro ladote mi cuerpo. Yo mantenía con mi mano la polla apuntándole a su coñito. Me quitó la mano, agarró ella el pene y se sentó de golpe.

Ahhhhh, ohhhhhhh, que dura. Que maravilla. Fóllame Ohhhhh

Empezó a cabalgarme, primero arriba y abajo, golpeando con su culo a mi pelvis, después adelante y atrás, y después en círculos, restregándose. Cogí de la mano a mi mujer, que nos miraba excitada, y la acerqué. La hice sentar encima de mi cara, mirando a su hermana. Le metí la lengua en su coñito, y se corrió. Al instante. Empezó a largar flujo, que bebí golosamente. Al correrse, restregaba su coño en mi cara, y empezó a chuparle las tetas a Berta. Yo, seguí chupando su coño, y le empecé a acariciar su ano con mi dedo índice. Al notarlo suspiró fuerte, y me pidió que se lo metiera. Así lo hice. Lubrique bien el dedo en su coño, varias veces, y una vez su ano estuvo bien mojado le metí un dedo, y empecé a hacer círculos. Suspiraba, gemía, era una maravilla.

Mientras, Berta se movía a toda velocidad, tenía los ojos cerrados, y la cabeza levantada mirando al techo. Exclamó:

Siiiii, me corro, yo también, siiiiii, ohhhhhh, que bueno, Ohhhhhh siiiiiiiii.

Después de muchas convulsiones, como de un ataque, se quedo quieta, tirada para atrás. Se salió de mí. Simplemente dijo:

- Ahora tu, hermanita. Que maravilla de polla. Pruébala tu ahora anda cariño.

María, mi mujer no se lo hizo repetir. Se levanto, se saco mis dedos de su culo (ya eran dos en esos momentos) y se puso encima mío, de rodillas, una pierna a cada lado, pero dándome la espalda. Cogió mi erecto pene, y ¡sorpresa!, apuntó a su culo y se sentó, clavándosela entera. Se la metió hasta las bolas. Sentía su culo en mis bolas, ¡que delicia!

Se quedó quieta, supongo que para acostumbrarse. Aproveche la postura para sentarme y abrazarla. Con la mano izquierda empecé a acariciar sus pechos y sus pezones, y con la derecha le empecé a acariciar toda la raja, arriba y abajo, ahora el clítoris, ahora el agujerito. Como, al parecer, ya no le dolía el culo, y las caricias la habían encendido mucho, empezó a mover el culo. Sentía como su culo me apretaba de una forma deliciosa mi polla. ¡Que gusto tan grande!

Empecé yo también a darle caña, mientras intensificaba las caricias en su clítoris y sus pezones. Mi mujer se agachó y empezó a lamerle el coño a su hermana, que estaba delante, contemplándonos excitada de nuevo. Era fantástico. Estuvimos un buen rato bombeando, chupando y tocando. Hasta que llegó lo que estábamos buscando, maravillosamente. Mi mujer se corrió, entre grandes gritos, seguidos de los de su hermana y los míos, con poco intervalo:

- Ohhh, Pepe, que polla, me corro, me corro, como me rompes el culo, ohhhhhhhh, que bueno, ohhhhhhhhh.

- Ohhhh María, no pares de chuparme el chumino, que ya me viene, me viene otro, siiiiiiiii, otro, ahora, ahoraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaagggg, que bueno, ohhhhhhh ahhhhhhhh.

Y como no podía se de otro modo, detrás vine yo:

- Ohhhhhh, mis hembras, que zorras que sois, ahora yo, ahora yooooooooooooo, ohhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhha.

Al notar la polla hinchada soltando leche en su culo, mi mujer explotó en otro orgasmo más fuerte que el anterior:

Ohhhhhhhh, otro, Ohhhhhhhhhh, me muero, OHhhhhhhhhhhhhh.

Nos quedamos los tres tirados en la cama, desnudos. Del culo de mi mujer salía leche, que mojaba los muslos, el coño y amenazaba ya a las sabanas. Del coño de Berta salía un reguero de flujo que ya había empezado a manchar la colcha, y mi polla estaba llena de semen, flujo, y restos del culo. Ellas ya estaban dormidas, por lo que como pude me levanté, cogí toallitas húmedas y limpié los sexos de mi mujer y de mi cuñada, me limpié yo, les puse las braguitas y los camisones. Las puse en posición de dormir, me vestí yo y me puse en medio de las dos a dormir. Al momento se abrazaron las dos a mí, una en cada lado. Diooooooooos, que delicia. ¡Que bien había follado! ¡Y que a gusto estaba ahora!

Así nos dormimos. Al día siguiente nos levantamos a desayunar. No se pueden explicar esos momentos, hay que vivirlo, pero trataré de hacerlo. Las niñas aun dormían, por lo que bajamos con cuidado. Ya en la cocina todo eras risas, bromas. Eran unos momentos muy felices, de una ilusión extrema. Mi mujer pegó un buen apretón en el culo de su hermana, la que girándose se lo devolvió con sendos pellizcos simultáneos en los pezones de mi mujer, por encima del camisón. Yo, por otro lado cogí desde atrás las dos tetas de mi cuñada, la que a su vez empezó a besarse con mi mujer. Mi mujer, como no podía ser de otro modo, puso orden:

- María: ¡Alto! ¡A desayunar! ¡Paremos todos, que pueden bajar las niñas!

- Berta: Mira quien habla, si has empezado tu.

- Pepe: Es verdad, tu María tiras la piedra y escondes la mano. A mi me han entrado ganas de follar de nuevo.

María: ¿Es que no te cansas nunca? Yo tengo hambre, así que yo voy a preparar el desayuno.

Pepe: Vale, tu ve preparando el desayuno que Berta y yo ahora venimos.

Le estampe un beso en los labios a María, cogí a Berta de la mano y me la lleve hacia el cuarto mientras los dos nos reíamos.

- Berta: Estas loco, Pepe..

- Pepe: Loco por ti y tu hermana. Entre las dos me tenéis fatal, así que tenéis que consolarme.

Mientras yo le decía esto, Berta se ponía a cuatro patas, se levantaba el camisón y se bajaba las bragas.

- Berta: Yo te consuelo enseguida. Ven amor mío, móntame.

Sin perder tiempo cerré la puerta con el pestillo, me baje un poco el pijama y los calzoncillos, cogí mi erecto pene y enfilé la ruta del coño. Ya estaba completamente empapada, por lo se la metí sin más ni más. La agarré fuerte de las caderas y empecé a bombear como un loco. Ella estaba muy caliente, y yo también por lo que los dos gemíamos mucho, sin parar. En no más de cinco minutos noté que me corría:

- Pepe: Me corro, Berta, me corro, Ohhhhhhh, que culito tienes, que delicia de coño, ohhhhhhhhhhhh, me corro preciosa, ohhhhhhhh, mis reinas, cuanto placer, ohhhhhhhhhhh.

- Berta: Ya me viene, a mi también, siiiiiii, ohhhhhhh, ahhhhhhhh, siiiiiiiiii, dale, dale caña a tu reina, a una de tus dos reinaaaaaaaaaaaass, ohhhhhhhh.

Nos derrumbamos los dos encima de la cama, yo aun cogido de sus dos tetas, por lo que quedé ella debajo y yo encima, con el pene aun durito dentro de su coño. Con todo el pesar del mundo nos levantamos y bajamos a desayunar. María ya lo había preparado todo. Nos recibió con una sonrisa socarrona:

- María: ¿Que? ¿Ya se han aliviado los señores? ¿Les apetece a los señores desayunar? ¿Les apetece a los señores algo más?

- Pepe: No te metas con nosotros que has empezado tu. Además, después de desayunar la que vas a caer serás tú.

María: Eso te lo creerás tu.

Mientras decía esto la abracé desde atrás, cogiéndola de los dos pechos y atrayéndola contra mí con fuerza. Noté que me empezaba a crecer, de nuevo, ella también lo notó, pues acercó más su culito a mi pene.

- Berta: Para no tener ganas, María, disimulas muy mal.

- Pepe: Es cierto, estás muerta de ganas por follar. Así que a callar, y después ya te tocará a ti. Además, yo soy el macho, y habiendo dos hembras, yo montaré a la hembra que quiera, ¿estamos?

Al oír esto las dos rieron mi ocurrencia y me besaron.

Después de desayunar efectivamente me calcé a María, mi mujer, mientras Berta daba de desayunar a las niñas. No lo relato porque la follada fue calcada a la que una hora antes le había endiñado a su hermana.

El resto del domingo transcurrió tranquilo, pero con una felicidad increíble. Fuimos a comer todos juntos a un restaurante del campo. El día fue feliz. Transcurrió todo bien y nos acostamos. Repetí con las dos al acostarnos, y al día siguiente, que ya era lunes, no tuve más remedio que ir a trabajar. Ya sabéis lo que viene después del Plácido Domingo: El Jodido Lunes.

Desde entonces que vivimos juntos. A las dos semanas le regalé a Berta un anillo de matrimonio como los nuestros, y delante del notario hicimos un testamento y una declaración de voluntades en la que todos compartíamos derechos y obligaciones, y de facto, éramos un matrimonio a tres. Así que ya no podía hablar de mi mujer y de mi cuñada, sino de mi primera mujer, María, y mi segunda mujer, Berta.

Mi vida ha cambiado. Follo cada día, varias veces. Si una no quiere follar, quiere la otra, con lo que siempre hay una de las dos hembras disponibles. Y a la que me follo a una, la que no quería después ya quiere, con lo que me la follo también.

Somos felices, y no nos hemos planteado por el momento montar alguna orgía añadiendo más personas, ya que al ser ya nuestras relaciones satisfactorias, placenteras y excitantes no queremos arriesgarnos a estropearlo.

Desde el punto de visto personal, nuestra familia funciona muy bien. María y Berta encontraron trabajo, y de media jornada, en la misma empresa. María tiene el turno de mañana y Berta el de tarde. Así que entre ellas dos se combinan muy bien la atención de las niñas y de la casa. Y se combinan muy bien el atenderme a mi: Por la mañana antes de irme a trabajar, la que está en casa es Berta, a la que me follo después de desayunar, y cuando llego por la tarde el coñito que me espera ya deseoso y chorreante es el de María. Y algunas noches, y sobretodo el fin de semana las empalo a las dos a discreción.

Ahora Berta está embarazada. Estamos los tres muy ilusionados, y María ya ha cogido envidia por lo que estamos manteniendo relaciones sin protección ninguna, para que se quede también ella.

Soy un ser afortunado. Y bien follado.

Saludos.

Autor: Pep, pep_assault@yahoo.com

PD: Me gustaría saber vuestra opinión sobre el relato, especialmente si sois mujeres casadas. Agradecería enormemente (especialmente si sois mujeres) que me contarais lo que os gusta y lo que no, con detalles, para poder usarlo en futuros relatos. Si os ha gustado este relato, leed mi relato anterior: "El indigente".


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