[ Inicio ] [ Novedades ] [ Top100 ] [ Relatos Hablados ] [ SexShop ]
 Enlace Recomendado del día: [ Contactos Personales ]
 1,144,642 Miembros | 12,854 Autores | 54,303 Relatos | 3,311 Usuarios Online Bienvenido a TodoRelatos.com! 
TODORELATOS
RELATOS
AUTORES
PANEL / INFO
VARIOS
 
 
SEXSHOP
RELATO HABLADO

La dependienta más guarra
TODORELATOS » RELATOS » TRALLAX (17)
[ Cosa mal guardada, de ladrones es bien robada. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 18-May-05 « Anterior | Siguiente » en Gays (3193 de 6574)

Trallax (17)

animal
Accesos: 1,172
Valoración media:
Tiempo est. lectura: [ 25 min. ]
 -   + 
TRALLAX XVII, Los sacrificios que realizaba PHILIPP por amor a TRALLAX. Y la continuación de la instrucción de éste con el fin de ser transformado en el Guerrero Esclavo del Señor Oscuro. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

TRALLAX XVII,

 

Los sacrificios que realizaba PHILIPP por amor a TRALLAX. Y la continuación de la instrucción de éste con el fin de ser transformado en el Guerrero Esclavo del Señor Oscuro.

 

CAPITULO 17

 

Eran las cinco de la madrugada, y PHILIPP vestido al estilo de los esclavos romanos, solamente con un trozo de tela de lino blanco cubriendo sus genitales. Como un buen chico que cuidaba de sus músculos, acababa de realizar sus ejercicios de pesas, en las instalaciones del gym de uso exclusivo para la clase baja de la villa: servidumbre, esclavos, aprendices de gladiadores y demás ralea.

Y de esa guisa sin siquiera haberse aseado, (el fuerte olor a sobaco sudado era lo que se estilaba entre aquellos viriles sementales), se dirigía en esos momentos a la parte trasera de la cocina como casi todos los días. Ya que tenía que entregarle su cuerpo al cocinero jefe, el mismo que tenía el encargo de alimentar a los gladiadores y esclavos que residían en la hacienda de RUFUS, si quería conseguir mejores alimentos para TRALLAX. Cosa que a él, le hacía sentirse orgulloso, porque era por el bien de su amo español, que ignorante de ese hecho no sabía nada.

Y con esa intención iba caminando el dulce cachitas colombiano, en dirección a la cocina en busca del desayuno de ambos, del suyo y de su amo. Cuando pasando por el patio:

- ¡Venga esclavo, machaca esos abdominales!, ¡haz más repeticiones!.- se estremeció de placer masoquista al observar como el torturado TRALLAX a esas horas, (¡zúmm!, ¡sspláss!):

- ¡Humm!, (¡zúmm!, ¡sspláss!), ¡humm!.- era a latigazos tratado por sus tres instructores, que lo estaban transformando en una mole gay muy musculosa, fuerte, viril y resistente como nunca antes existió en toda la historia de Gaia:

- ¡Joder, con que estoicismo sufre!.- y ante aquella soberbia estampa de dominación, no pudo remediar sentir envidia de TRALLAX. Pero sobre todo empalmarse, por el deseo íntimo que le embargó de estar en su lugar, aunque estaba seguro de que él, no resistiría tantas torturas seguidas:

- ¡No, seguro que no!.- reconoció. Cuando nada más traspasar la puerta de la cocina, el hijo de puta del cocinero cabrón le gritó:

- ¡Hombre, el esclavo ya ha venido a por el desayuno!.- el que siempre abusaba de él sin límites pactados, porque le podía hacer lo que quisiera, si quería un desayuno decente para TRALLAX:

- ¡Sí amo, para eso estoy aquí!.- y sacando pecho, pellizcándose los pezones, bajó su bello rostro, en un evidente gesto de entrega total:

- ¡Ven cerdo y cómeme la polla!.- le ordenó en esta ocasión; mientras apartando la sucia tela que hacía las veces de falda. Mostrándole un monstruoso falo, grande, gordo y deforme que no paraba de supurar semen. PHILIPP se retembló de gusto, aquello le iba de cojones, no lo podía remediar, dar placer a aquel tío tan guarro le ponía mucho:

- ¡Sí mi amo, por TRALLAX lo haré!.- y agarrando el gran nabo, se puso de rodillas y delante de todos, de los otros cocineros, de sus ayudantes, pinches y chicos de la limpieza, que formaron corrillo alrededor de ellos:

- ¡Umm!.- le hurgó a lengüetazos el grueso agujero seminal, recogiendo toda la lechada que cubría el repugnante capullo del reventón nabo y bajando el prepucio, se encontró con el delicioso quesillo que lo cubría:

- ¡Chupa y déjame limpia la verga, bonito!, ¡puto mío!.- y PHILIPP restregando primero el sucio nabo en sus tiesitas tetillas, quedando marcado con su olor. Con el prepucio bajado:

- ¡Sí mi amo!.- comenzó a comerle el nabo con fruición, con deleite homosexual. Gozando con el intenso placer que da caer en manos de tan especial cabrón, un ser tan guarro al que le gustaba solo asearse a lengüetazos por sus boys.

Y PHILIPP, como esclavo sexual que era, cumpliendo con su cometido gay:

- ¡Ahhh!.- rechupeteándole los gordos testículos, pasando el húmedo apéndice bucal por el grueso tronco, continuó para arriba:

- ¡Umk!.- y rebañándole con hambre el espeso quesillo, tragándose después el tremendo bálano; observó al fuerte animal que con los ojos cerrados, mostrándole el pubis, le clavaba el miembro viril profundamente en la garganta, gozando igual que una putaperra con la felación y es que PHILIPP chupaba la polla con maestría. Demostrando a su tierna edad, que desde chiquitín, eso era lo que había hecho toda su puta vida de esclavo sumiso a los designios de los demás tíos:

- ¡Sigue, sigue así perro!, ¡que ni esto te va a salvar de tu ración merecida de castigos físicos!.- y haciendo feliz esa noticia al sometido colombiano. Entristecido no obstante, porque no era TRALLAX el encargado de realizarlo. Mirando a los ojos al musculoso cocinero que desprendía masculinidad por los cuatro costaos, con ricos pellizcos mamarios que le arreó éste en sus turgentes pezones:

- ¿Te gusta sufrir, verdad perra?.- sintiendo conque salvajismo cruel se los retorcía y tiraba de ellos, a él le nacía unos lagrimones en sus bonitos ojos, feliz por sentirse en la escala más baja del estrato social de la residencia campestre de RUFUS:

- ¡Oooh, sí, sí, sigue putoperro!.- continuó con más recios chupetones con aquella desproporcionada varga, que gorda e informe no dejaba de babear semen con lo que eso le gustaba al joven esclavo. Que cubierto de esperma sus pectorales, jugaba su lengua con ella, volviendo loco a su dueño, que al borde del clímax total. Agarró al joven esclavo por los cabellos:

- ¡Graggg!.- y tirando con fuerza, con viriles movimientos de nalgas, violándole demoledoramente la boca, se la clavaba hasta el final. Hasta que literalmente sudado:

- ¡Hummmm!.- se corrió del inmenso gusto alcanzado. Vaciando sus testículos en tan hambrienta boca. Cuando admirando las poderosas erecciones alcanzadas por las tetillas del hermoso excafetero:

- ¡Graggg!.- le metió dos dedos en la nariz y tirando le puso de pie:

- ¿Vaya tienes unos pezones muy pronunciados?, ¿seguramente te los torturaran mucho!.- y oyendo un largo suspiro de resignación del chico, éste dificultado por la movilización de nariz, con lagrimitas en los ojos, le respondió:

- ¡Sí amo, así es!, ¡toda mi vida mis mamas por gorditas y carnosas, han sido sádicamente maltratadas, amo!.- y poniéndose el cocinero detrás de él:

- Ug!.- cogiéndole con sus dedazos ambas tetas:

- ¡Hummm!, ¡qué ricas!.- le sujetó las tetillas:

- ¡Ufff!, ¡qué dolor!.- y pellizcándolas con rabia, le preguntó:

- ¿Veo que eres muy sensible de pezones?:

- ¡Aggg!.- y apretando con más fuerzas, restregándole el nabo sobre aquel palpitante chocho, le avisó.

- ¡Pues hay que torturarlos!, ¿verdad chicos?.- les dijo a los dos fornidos atletas que tenía de pinches. Dos hermosos jovenzuelos, uno oriental y el otro negro como el tizón, que en esos momentos eran sus dos bomboncitos preferidos, aparte de PHILIPP claro está:

- ¡Sí amo, así tiene que ser!.- le respondieron a dúo:

- ¡Haced lo que queráis con mis tetillas, cabrones!, ¡para eso estoy yo aquí para sufrir!, ¿no es así?:

- ¡Ya habéis oído!. ¿A qué esperáis?.- le retó su jefe, que manteniéndole los pezones muy expuestos con sus dedos, los dos boys, se acercaron más y a la par bajando la cabeza:

- ¡Ahhh!.- le mordieron los pezones e indefenso y bien sujeto por los musculosos brazos del cocinero:

- ¡Auk!, ¡aggg!.- aquellos mancebos se los mordían a rabiar tirando de ellos moviendo ambos la cabeza de un lado a otro con ganas, como si quisieran arrancárselos, reposando los colmillos de aquellos hijos de puta solamente con la intención de beber de su sangre:

- ¡Ausss!, ¡ug!.- para con más crueles tirones de tetillas se lo volvían a torturar para seguir alimentándose de su dulce sangre. Que loco de gustazo, agónico, muy empalmado, con la cabeza gacha:

- ¡Continuad, mamones!.- pasando sus ojos de un pezón a otro, no dejaba de comprobar con que sadismo se clavaban las potentes dentaduras en ellos:

- ¡Haced que me corra cabrones!.- les rogó a los dos que con más salvajes tirones, bocaos crueles, pusieron al límite su verga íberoamericana. Hasta que aterrado por notar que tenía los pezones cubiertos de cortes, con fuertes convulsiones:

- ¡Hummmm!.- su nabo comenzó a explotar, lanzando esperma de un lado a otro, mientras su vellido pubis, se movía de allí para acá, ayudando a inseminar el sucio lugar, lanzando la leche al carajo de lejos:

- ¡Soltadlo ya chicos!.- cuando liberado primero de sus pezones, nada más soltarle el cocinero los fuertes brazos, el fornido semental destrozado se cayó de rodillas al suelo y entre salvajes inspiraciones poco a poco se fue recuperando de tan fuertes sensaciones:

- ¡Ahora unos buenos correazos!.- anunció el poderoso macho, que quitándole el grueso cinturón que rodeaba la cintura a uno de sus chicos, sin dejar de darle "al manubrio" con la intención de mantener la polla gorda. Sujetando el cinturón enrollado en la otra mano:

- ¡Chicos, inmovilizadlo en el suelo!.- entre cuatro con los brazos y piernas en aspas, boca abajo. Mientras su verdugo no paraba de masturbarse a costa de su bonito cuerpo, sus magníficas nalgas fueron desprotegidas del trozo de tela que las cubrían y éste alzando el cinturón, como si de un chico malo se tratara, (¡zúmm!):

- ¡Umk!.- le cruzó el desnudo trasero con un certero azote, (¡zúmm!):

- ¡Aug!, (¡zúmm!), ¡ufff!, (¡zúmm!), ¡aggg!.- iniciando una dura sesión de doma, arrancándole chillidos que ponía los pezones de punta, retorciéndose y tirando el esclavo de sus brazos en un fútil intento de huir, cubriéndose mientras tanto sus musculosas posaderas de anchas marcas rojas y azules de los hematomas que iban apareciendo, hasta que pasando a su poderosa espalda, (¡zúmm!):

- ¡Humm!, (¡zúmm!), ¡auk!, (¡zúmm!), ¡aggg!.- allí la rotundidad de los correazos se escuchaban en media hacienda. Cuando nada más ser girando su musculoso cuerpo, el cinto no tuvo piedad con sus pectorales, que indefenso encajaron una profusa retahíla de golpes que dejó medio desmayaito al esclavo. Que encajando sus abdominales después la más recia ración de correazos, quedando su fibroso abdomen para el arrastre:

- ¡Como me pone azotarte, perro!.- con la otra mano, su verdugo le daba más fuerte a la polla masturbándose a placer. Momento en que fueron el miembro viril y huevos los castigados, arrancándole a PHILIPP gemidos y llantos más agudos, dando pena como un chaval tan musculoso lloraba tanto. Hasta que presintiendo el cocinero cercano su orgasmo, se aproximó al chico y masturbándose encima de él, le cubrió de leche el torso, vientre y pene, hasta que escurriendo la verga, regalándole al rostro con las últimas gotitas, ordenó:

- ¡Soltadlo chicos, mañana más!.- y trayéndole sin cuidado que su nabo no dejara de babear semen, lo recogió debajo de la falda; gritando:

- ¡Y traedle el desayuno al puto para que se lo lleve!.- y apareciendo en pocos segundos un chico de la limpieza con una marmita y dos platos de barro, sin darle tiempo a ponerse de pie, se la dejó junto a él en el suelo:

- ¡Toma, aquí tienes el papeo!.- escuchando entonces la nueva orden de su amo:

- ¡Vete y dile a TRALLAX, que tiene que venir a meter, ahí dentro en el almacén, esos 30 barriles de harina que ves allí!.- y PHILIPP puesto de pie, sin atreverse a mirarle, sintiendo un intenso dolor por todo su cuerpo. Como un sumiso putoperro se restregó la leche seminal del amo por todo su cuerpo y cogiendo primero el taparrabos de lino para cubrirse sus genitales, asió con la otra mano la marmita y platos con la intención de largarse de allí, respondiéndole entonces:

- ¡Bien amo así lo haré!.- y con la autorización del cocinero, se dirigió al patio en donde anteriormente vio que se hallaba TRALLAX y disgustado porque iba hoy tarde a entregarle a su amo el desayuno:

- ¡Joder con el cocinero, ha sido una pasada!.- observando la cantidad de regueros de semen que había sobre la comida:

- ¡Cabrones!, ¡hijos de puta!.- enojado por el vil regalo de estos, fue en busca de TRALLAX.

--ooOoo--

El cachas español llevaba quince días en la hacienda de RUFUS, y su instrucción iba viento en popa, dejando admirados a sus amos, que nunca antes vieron en otro esclavo gladiador los progresos que el cachas había logrado y eso que los latigazos y demás tormentos no dejaron de caer en tan anchas espaldas. Confirmándole a todos la gran capacidad de encajar tormentos pero sobre todo lo pronto que se recuperaba.

En estos días había sufrido su imagen un cambio, debido a que su larga melena al resultar incómoda para el combate cuerpo a cuerpo, por consejo de los expertos instructores tenía que ser eliminada. Pero TERCHELD enamorado de las largas pelambreras, no quiso cortársela y la única solución que encontró fue recogerle el pelo en una gran y gruesa trenza, igual que acostumbraban a llevar los guerreros del lejano oriente, allende en los mismísimos límites del imperio. Y lo hizo.

El esclavo estaba de muerte más musculoso si cabe, porque aunque la comida seguía siendo una autentica bazofia (eso sí había mejorado algo), poseía todas las proteínas y complementos vitamínicos, que junto con el intensivo entrenamiento físico que padecía, eran suficiente para echar más músculo, sobre todo con la excepcional genética de TRALLAX. Que con la increíble definición y piel tostada lograda por el sol, marcaba músculo de forma salvaje e imparable por donde iba.

Como ahora, que sentado en el mismo escalón en donde era diariamente obligado a realizar flexiones y clavar su polla en el suelo (si no estaba debajo la tragona boca de PHILIPP para impedirlo), se encontraba inmovilizado por una cadena sujeta a la argolla de la nariz, reposando a la espera de que sus instructores con sus látigos regresaran de la media hora que se habían tomado de descanso. Cuando apareciendo a la carrera el colombiano, con el pecho jadeante y cruzado recientemente por un buen cinto, le participó:

- ¡Te traigo el desayuno y la orden del cocinero, de que tienes que guardar unas 30 barricas de harina que han dejado en el patio junto al almacén!.- y es que aparte de ser instruido para gladiador, como buen esclavo que era; de vez en cuando tenía la obligación de hacer de animal de carga. Sobre todo cuando se trataba de grandes pesos como ahora. Circunstancia por la que sentía esporádicos arranques de furia, como ahora; que naciéndole unos desconsolados lagrimones en sus bonitos ojazos, le preguntó al guapo colombiano como si éste tuviera la respuesta:

- ¿Cuándo estos cabrones, le darán un reposo a mis músculos?.- pero entregado como estaba a su cruel destino de dolor y sufrimiento. Con la intención de cumplir la orden, primero empezó a comerse el fuerte desayuno de gladiador que le había traído, y erectando su polla porque más de una verga había eyaculado en el interior de la marmita como complemento vitamínico, (el espeso semen que lo cubría lo delataba):

- ¡Cabrones!.- alzando la vista vio a los cocineros que desde la puerta del edificio, no perdían detalle de cómo a grandes cucharadas él se comía la comida. Y sintiéndose un esclavo sujeto a sus juegos, sumiso agachó la cabeza y acabó de comerse todo el desayuno como un chico bueno:

- ¿Estaba rico?.- le preguntó PHILLIP, que se había percatado de ello, justo cuando él acabó de rebañar también su plato:

- ¡Sí mejor que otras veces!.- y poniéndose de pie. No pudor remediar sentir celos, por las marcas que cubrían a su esclavo PHILIPP:

- ¡Bien, vamos a currar!.- cuando viéndolo desprevenido, con aviesas intenciones:

- ¡Auk!, ¡usss!.- lo cogió de sorpresa por los pezones y abusando de lo sensibles que los tenía ahora, tirando de ellos, retorciéndoselos con ganas, le comentó:

- ¡No creas que no me he dado cuenta, que desde que tú me traes la comida, como mejor!.- y disfrutando con que sumisión el sudamericano se dejaba torturar las tetillas, añadió:

- ¿A cambio de férrea disciplina y abusos sexuales, no es así perro?.- y observando como le iban naciendo lagrimitas en las tersas mejillas del chico. Comiéndoselo a besos, oyó a éste, que abrazándose a su pechazo culturista en busca desesperada de protección, limpiándose los mocos en las musculosas tetas, con un gesto afirmativo de cabeza le dio la razón:

- ¡Sí el cocinero, amo!.- y mirándose lo inflamados que tenía sus macizas mamas, le comentó:

- ¡Bueno y hoy también sus ayudantes!.- añadiendo:

- ¡Por eso he llegado tarde, amo!.- consiguiendo que TRALLAX, orgulloso por su entrega sacara pecho, circunstancia que PHILIPP aprovechó para restregar una vez más su naricita en esos sudados músculos pectorales y esnifara en busca desesperada de olor a macho:

- ¡Pues venga a currar, amo!.- y tirando PHILIPP de la cadena, alargándole la bonita nariz. TRALLAX se puso en movimiento y balanceando su miembro viril de un lado a otro, cimbreante como siempre desde que tenía prohibido alcanzar el clímax, se dirigió al almacén; en donde, junto a la puerta se encontraba los barriles de harina:

- ¡Aquí amo!.- y PHILIPP soltándolo se sentó, quedándose mirando cachondo lo atractivo y sensual que estaba TRALLAX, cuando puso en movimiento sus poderosos músculos, muy marcados por los recientes latigazos encajados. Quién, nada más comenzar, al agacharse para apoderarse de uno de los bultos, dejó el peludo potorro al aire:

- ¡Joder y solo acaba de empezar!.- se felicitó PHILIPP por tan excitante visión. Mientras masturbándose, observaba los poderosos brazos de TRALLAX que apelmazando sus grandes bíceps:

- ¡Aggg!.- cogió el barril de harina más próximo, y alzándolo sobre su cabeza, le mostró la salvaje definición de sus serratos, abdominales y la terrible erección de sus pezones y con sus inmensos pectorales desplegados, andando cadenciosamente, moviendo con soltura sus macizas nalgas, enseñando mucha polla erecta, entró al almacén. En donde nada más ver al cerdo del cocinero jefe, le preguntó muy esclavo:

- ¿En donde los dejo, amo?.- (¡pláss!):

- ¡Auk!.- quién arreándole una fuerte mistra en su desnudo trasero, le ordenó:

- ¡En esa esquina, esclavo!.- acariciándole después al cachas el nabo, gozando con el roce de tan nervudo cipote, cubierto de gruesas venas por todas partes:

- ¡De acuerdo amo, ya voy!.- y después de esperar que el macizo cocinero le sobara a placer el nabo y chocho, se dirigió al lugar indicado, en donde después de dejar la barrica, se encaminó al exterior a por más toneles:

- ¿Cuantas anillas tienes ensartadas en tu verga, esclavo?.- le preguntó el jodido hijo de puta del cocinero saliendo al patio:

- ¡Este esclavo tiene 50 piercing amo, aparte de la gran argolla del bálano, aunque yo no las he contado, señor!.- le respondió el que fue hasta hace apenas unos días, no muy lejanos un sádico agente de policía de Ciudad Imperio, convertido ahora en aquella demoledora escultura viviente de grandes músculos y nabo increíble:

- ¡Son muchos cerdo!. ¡Está muy claro que solo un miembro viril como el tuyo puede portarlos, sobre todos por ser tan grandes y gruesos!.- y con ese piropo el hercúleo mancebo español se dirigió a por otro barril y alzándolo, marcó con absoluta definición cada milímetro de su potente musculatura, de una forma tan bestial, que todas las pollas de los presentes reaccionaron de forma portentosa.

Y con un paso muy marcial que los zancos resaltaban de forma maravillosa, pasó junto al cocinero, que ya con descaro no dejaba de masturbarse y esta vez por segunda vez en la misma mañana. Mientras que con la otra mano le acariciaba sus turgentes músculos de atleta culturista:

- ¡Sino fuera por el amo TERCHELD, de aquí no pasaba sin que me complacieras a mí y a mis ayudantes!.- y atizándole unos bestiales pellizcos mamarios a sus ricos pezones, abusando de que la mole culturista no podía hacer nada porque llevaba encima de su cabeza la pesada barrica, le dejó pasar maravillado en observar lo masivos que tenía el nuevo gladiador las nalgas. Que comenzando a cubrirse sus inmensos músculos del sudor producido por el esfuerzo físico, con la polla aún más dura por el placer de la sumisión de ser manoseado por el hijo de puta del cocinero en jefe, sobre todo en público y no poder hacer nada:

- ¡Yo estoy aquí para lo que se pida de mí, amo!. ¡Solo sé obedecer y ser castigado si lo hago mal, amo!.- le participó la mar de sumisote el atlético esclavo. Que alzando de nuevo otro tonel, se quedó quieto unos segundos gozando en ver los ojos, que como platos puso el barriobajero chef de la finca al verlo así. Que nada más iniciar el camino:

- ¡Alto, musculitos!.- poniéndose delante de él, le obligó a parar, deleitándose con que facilidad aquellos músculos tendones y huesos, eran capaces de sostener los 220 kilos que casi con toda seguridad pesaría la barrica:

- ¡Me he enterado que dentro de tres semanas, tienes tu primer combate!, ¡estaré allí para verlo!, ¡no pienso perdérmelo!.- y admirando como los fibrados músculos se marcaban al más mínimo esfuerzo de forma tan sexy, les ordenó a ambos:

- ¡Cuando halláis acabado, iros de regreso a vuestros quehaceres, no quiero problemas con el amo TERCHELD!:

- ¡Uk!.- y cogiéndole con fuerza los genitales:

- ¡Uaggg!.- disfrutó en ver al poderoso muscular, que gimiendo con fuerza resistía tanto dolor, haciendo esfuerzos inhumanos para que no se cayera el barril de harina, por miedo al pertinente castigo:

- Joder, realmente eres resistente!.- le felicitó y soltándole los huevos, notó la larguísima gota transparente que naciéndole de la punta del nabo, se dirigía de lo espesita que era, en dirección al empedrado suelo con exasperante lentitud:

- ¡Krom, he estado a punto de hacerte eyacular!.- le dijo preocupado; al pensar en las terribles represalias que padecería, si eso llegaba a oídos de TERCHELD.

--ooOoo--

Habría pasado otra semana más y RUFUS ya se encontraba de lleno en la instrucción de armas blancas del cachas. Completamente integrado en el grupo como profesor espadachín. Muy sometido por ROMEO, que no dejaba de vengarse en sus torturados músculos de los malos ratos que le dio en su etapa anterior en que él fue su cruel master. Sufriendo ahora el noble romano mucho en sus manos, sobre todo sus pezones porque al ser el portador de los aros pezoneros que llevó TRÁLLAX. El siciliano no paraba de atormentarle las mamas, aparte de ser azotado sin piedad casi a diario.

Y con esos pensamientos iba caminando en la oscuridad de la noche junto a sus dos señores. Cuando TERCHELD de pronto les habló en baja voz:

- ¡No quiero que nos oiga!.- y es que los tres se dirigían a eso de las dos de la madrugada a la cuadra de TRALLAX. Quién con los pezones duros por el frío, ignorante de la visita que le esperaba, miraba a través del ventanuco el estrellado cielo soñando con su libertad. Cuando de pronto, aparecieron los tres, (¡zúmm!, ¡sspláss!):

- ¡Umk!, (¡zúmm!, ¡sspláss!), ¡aug!.- y a latigazos, sin darle tiempo a reaccionar se lanzaron sobre él:

- ¡Ponte de pie, puta!.- y mientras sus hercúleos brazos eran inmovilizados por los dos instructores, TERCHELD poniéndole por enésima vez el bocao, le sacaron al patio, (¡zúmm!, ¡sspláss!):

- ¡Humm!, (¡zúmm!, ¡sspláss!), ¡humm!.- y con las caricias de las punitivas herramientas de lacerar músculos, le hicieron trotar salvajemente. Siendo azotado sin piedad desde tres puntos diferentes. Que solo lograban que él al no hallar refugio alguno, con los largos zancos y bocaos puestos, trotara alrededor del patio, con los músculos contraídos como un macho semental. Mientras su miembro viril empalmado e indefenso a los latigazos, era zarandeado golpeando sus muslos de forma preciosa:

- ¡A la carrera gladiador!.- no parando aquellos cabritos de mandarlo de allá para acá por todo el patio lacerándole los músculos, con la idea de agotarlo. Pero como resistió:

- ¡Muy bien esclavo!.- su amo hispano le felicitó diciendo:

- ¡Hoy vas ha tener un premio!, ¡lo estás haciendo muy bien cerdo!.- y a una indicación suya, RUFUS y ROMEO, le engancharon las muñequeras de sus manos a las que rodeaban sus potentes muslos y dejándole inmovilizado los cachudos brazos:

- ¡Te vamos a dejar que nos chupes los nabos!.- arrasándole de lágrimas los ojos de emoción, olvidándose completamente de los picores que los latigazos producían en su piel, se vio rodeado por aquellos magníficos cipotes y nada más liberado sus carnosos labios del férreo bocao, de rodillas:

- ¡Venga chupa!.- fue obligado a hacerle unas cojonudas mamadas a las pollas de sus amos, porque en su entrenamiento todo valía. Y es que TRALLAX como esclavo homosexual que era, era feliz de disponer de aquellos cipotes tan duros y babeantes, y con sus ansiosos morros, comenzó una rica felación a su líder TERCHELD, al macho que había hecho del él, el esclavo que era:

- ¡Ahhh!, ¡sí puta!.- y moviendo sus labios de arriba abajo recorriendo su lengua toda la longitud del nabo, cubriéndolo de abundante salivita chupándolo y rechupeteándolo con vigor, le arrancaba gemidos de placer. Mientras con envidia sus dos ayudantes, se masturbaban con cuidado de no eyacular, reservando la leche para escanciarla en la tragona garganta de TRALLAX. Quién avaricioso de más polla, sin dejar de comerle el nabo al amo, destrozó las cadenas que inmovilizaban sus brazos y de dos certeros manotazos:

- ¡Qué fogoso!.- retiró las manos de los dos instructores para cogerle él personalmente los cipotes. Y así, chupando polla, mantenía las otras dos de reserva duras como el diamante, pasando así su boca de una a otra, asegurándose de que siempre estuvieran duras. Cuando al verlas venir, acelerando la masturbación, arrancándole con más largos chupetones, bufidos y gemidos de placer a sus dueños:

- ¡Ahahahah!.- la polla de RUFUS comenzó a lanzar semen, acompañándole al momento las vergas de TERCHELD y ROMEO, siendo así cubierto por completo sus anchos hombros y fornido torso; hasta que limpiándose el Líder el capullo en su rostro y los otros dos en las tetas:

- ¡Oooh!, ¡que me corro!, ¡que me corro!.- TRÁLLAX no quiso ser menos y olvidándose de la orden recibida:

- ¡Tomad cabrones!.- ofreciéndole los pezones para que se los retorcieran, comenzó a masturbarse:

- Oooh, sí!, sí que gusto, por fin me voy a correr!.- y notando el fuerte castigo mamario que sus pezones estaban soportando, sin importarle en absoluto las consecuencias:

- ¡Aggg!, ¡por fin!.- gritó feliz del placer que estaba alcanzando. Cuando oyendo la orden de TERCHELD:

- ¡Alto esclavo, ni lo intentes!.- el cachas mirándole con desorbitados ojos llenos de pasión, reteniendo por enésima vez el orgasmo paró:

- ¡Sí amo!.- y dejando de masturbarse, puso las manos apoyadas en sus nalgas. Y mostrándole cómo de excitación su miembro viril le golpeaba los abdominales, igual que a un tambor de lo palpitante que lo tenía; bajó la cabeza, porque su amor por él pudo otra vez más:

- ¿Con que querías correrte?.- pero el grave error ya tuvo sus efectos. Y es que esta vez TERCHELD sí estaba presente y fue testigo de como al cachas le colgaba de la punta del nabo una espesa gota de precum:

- ¿Conque te has corrido, eh?.- le preguntó terriblemente enojado porque para él eso era una eyaculación no consentida. Logrando con su afirmación, que la mole culturista arqueando el cuello hacia abajo, igual que un alazán cartujano:

- ¡Pero amo, sino me he corrido!.- sin conseguirlo intentara defenderse. Ya que TERCHELD había decidido tomar medidas disciplinarias contra él:

- ¡Dale ahora un tratamiento de hierro al rojo a esos músculos y después lo llevas al tronco del dolor, en donde continuaré castigándolo como penitencia por el orgasmo que sin mi autorización ha tenido!.- le ordenó a ROMEO, y con esa sentencia desapareció del lugar.

--ooOoo--

Y es que así era permanentemente tratado el cachas, porque aunque su instrucción avanzaba de manera considerable. Para complacencia del amo TERCHELD, éste no paraba de disciplinarlo a diario con el pretexto de endurecerlo más.

Como ahora, que después de ser sus músculos abrasados al hierro candente por el siciliano en cumplimiento a la orden que le dio. Atado de manos, con los brazos por detrás marcando pectorales y con el férreo bocado en la boca. El esclavo culturista iba andando por el centro del patio en busca del tronco del dolor. Escoltado por sus dos instructores ROMEO y RUFUS. Que mientras uno le mantenía encadenado por la argolla de la nariz, el otro lo hacía por el gran piercing que atravesaba el gordo capullo de su polla. Y andando con sus altos zancos de esclavo, destacando no solo por su inmensa musculatura, sino también por los 2’10 de altura que le permitía alcanzar. Nada más llegar al aparato de tortura y liberarle los brazos, ROMEO le ordenó:

- ¡Venga esclavo has el pino-puente!.- que como siempre que no estaba presente TERCHELD, era quien llevaba la voz cantante. Y TRÁLLAX con las recientes marcas de hierro al rojo en sus músculos, de la anterior sesión disciplinaria. Sin atreverse a alzar su hermoso rostro, contrayendo sus músculos de resignación, se sentó en el mismo tronco al que fue atado hace días:

- ¡Échate hacia atrás y quédate boca arriba, esclavo!.- le ordenó RUFUS y obedeciendo el atlético español, apoyando las manos en el suelo, su impresionante cuerpo ayudado por el madero, adoptó la postura ordenada:

- ¡No así no, esclavo!, ¡al amo le gusta sin apoyos!.- le rectificó ROMEO y obediente TRALLAX lo hizo sin ayuda del tronco y así con todo su cuerpo arqueado agónicamente, brazos y piernas estirados; semiflexionados por los codos y rodillas, cabeza hacía abajo entre sus musculosos brazos, mostrando su macizo vientre, marcando con definición absoluta los cuajaos abdominales, con la inhiesta verga apuntando al cielo:

- ¡Encadénalo a esa arandela del tablero!.- esperó al siguiente tormento al que le tenía predestinado su amo TERCHELD. Quién pasados unos minutos, hizo acto de presencia. Que con el torso desnudo, solo vestido con el típico calzón corto de cuero de gamo usado habitualmente en lucha grecorromana, mostrando el bulto del paquetón de sus genitales. Desprendiéndose de él, enseñando el nabo erecto, tiesote hasta la exageración, se aproximó al cachas. Que al momento supo que aquella verga era suya. Y asustado porque, con lo que le gustaba chupar pollas, él eyaculara o como mínimo su pene babeara sin control. Incumpliendo la orden dada por su amo de retener los orgasmos y sufrir así más crueles torturas, contrajo una vez más sus músculos. Craso error porque TERCHELD viendo sus increíbles abdominales, se aproximó a él y abusando de la incómoda postura de pino-puente a la que TRÁLLAX estaba sometido. Se puso de rodillas:

- ¡Graggg!.- e hundiéndole el miembro viril en la garganta; sin compasión:

- ¡Graggg!.- arreándole vergazos a aquella mamona bocota, (¡púmm!):

- ¡Humm!, (¡púmm!), ¡humm!.- se cebó en propinarle fuertes puñetazos en sus abdominales y reventones huevos, volviendo loco de dolor al cachas que sin atreverse a dejar de chuparle el nabo, con sus músculos bestialmente expandidos era forzado bucalmente (¡púmm!):

- ¡Humm!, (¡púmm!), ¡humm!.- mientras recibía los fuertes impactos de los puños de éste. Que con machotes movimientos de pelvis le atragantaba a pollazos el gaznate. A la vez que el cipote del cachas inhiesto como el banderín del séptimo de caballería, vibraba de forma explosiva:

- ¡No te corras, perro!.- por la necesidad de su dueño de alcanzar tan deseado orgasmo, que le era negado desde hace tanto tiempo por su señor; (desde el principio de los tiempos) pensó TRALLAX, ya que esa era la sensación que tenía, por tanto tiempo forzado a estar así. Por lo que fuera de sí:

- ¡Toma nabo musculosa zorra!.- mientras que su amo imparable, con su verga no dejaba de atravesarle el gaznate, sintiendo éste la babeante calidez de la boca del cachas que como una aspiradora le mamaba la polla no solo con deseo, sino también con muchísimo amor:

- ¡Ummm!.- TERCHELD para torturarlo tiró salvajemente del piercing que sometía el ombligo del cachas:

- ¡Ummm!.- y retorciéndoselo con vileza, le clavó con fuerza la yema de un dedo, girándolo y clavándole con reiteración la uña en él:

- ¡Ummm!.- arrancándole con dolor las sucias pelotillas que atesoraba, cosechadas en tantos días en que su físico no conoció de manera forzada la higiene.

Y así, con sus músculos, pezones y polla en tensión, con su potorro bestialmente dilatado:

- ¡Venga guarra!, ¡así me gusta que la chupes bien!.- a pollazos limpio en su bocota, era sometido su ombliguito a torturas, (¡púmm!):

- ¡Humm!, (¡púmm!), ¡humm!.- y sus abdominales a los abusos de unos buenos puños. Machacado y masacrado por el hombre que amaba, que no pudiendo retener por más tiempo sus ganas de eyacular:

- ¡Graggg!.- metiéndole el falo hasta los huevos, en la mismísima campanilla, ahogándole con intención:

- ¡Ohohoh, maravilloso!.- eyaculó vaciándose en su interior de manera tan expeditiva:

- ¡Has aguantado otra vez esclavo!.- le felicitó. No estando ya seguro si eso le excitaba más, que ver a ese miembro viril eyacular a espuertas en un orgasmo infinito:

- ¡Mañana seguiremos probándote!.- le amenazó TERCHELD. Que a una indicación suya, los dos instructores desencadenaron al hermoso fisioculturista. Quien poniéndose de pie, cabeza baja, pecho expandido, orgulloso por haber resistido el acoso de su amo, esperó las próximas barbaridades de éste. Quién viéndolo tan sufriente, le acarició el potente nabo:

- ¡Amo, cuando va acabar esto?.- le preguntó no obstante muy sumiso el esclavo, sintiéndose totalmente propiedad del amo, una auténtica puta mierda:

- ¡Cuando yo quiera, perro!.- y a otra indicación, le volvieron a poner el bocao:

- ¡Humm!.- y la polla del cachas se empinó aún más demostrándoles lo que le iba aquello:

- ¡La orden de que no eyacules sigue en pie!.- y acariciándole los masivos pectorales al culturista, gozando con la obediencia ciega que emanaban de aquellos hermosos ojos verdes, les ordenó a sus ayudas:

- ¡Inmovilizadlo en el tronco del dolor y que todo el día de hoy sea usado por todos los residentes de la hacienda!, ¡sin lograr el orgasmo claro está!. ¡Que mañana seguiremos con un nuevo ejercicio de retención de semen!.- (¡zúmm!, ¡sspláss!):

- ¡Humm!, (¡zúmm!, ¡sspláss!), ¡humm!.- y siendo utilizado de nuevo los látigos sobre sus formidables músculos, fue trasladado al lugar indicado por TERCHELD. Con el fin de que su ojete fuera gozado por todos.

 

CONTINUARA……….

Podéis visitar mi web http://galeon.hispavista.com/trallax, al que podéis acceder también a través de mi perfil de TODORELATOS. En él podéis ver dibujos míos que son inéditos, correspondientes a los primeros capítulos, en los que no incluí ninguno.

TodoRelatos.com © animal

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradeceran y supondrá una mejora en la calidad general de la web. Gracias!
 Comentarios (2)
\"Ver  Perfil y más Relatos de animal
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Versión para Imprimir
 Enviar este relato a un amigo/a
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« Volver a la página anterior Ir arriba
Usuario
Contraseña

 
» Registrarse
» Recordar Clave
» Ayuda
 

Sexo en Vivo
 
 
SEXO

WebCam de Sexo
 

Descargar Peliculas
 

Galerías Porno
 

Sexole
 

FisgonClub
 
 
CONTACTOS
» Red de Contactos
 
     
 
Emotik: Nicks y Emoticonos para MSN Messenger
InverForo: Comunidad sobre Dinero y Vivienda
ForoCoches: El mayor foro de coches en Internet
Copyright © 1999 - 2008 TodoRelatos.com v3.42 - LWNET. Todos los derechos reservados.
Privacidad y Terminos de Uso · Ayuda y FAQ · Contacto