El blanco camino del placer
La tarde está lluviosa. El cielo parece una cortina de un
color gris plomo deprimente. Me bajo del carro. Camino por el sendero junto a un
grupo de personas que no conozco, todas vestidas de negro; las mujeres con
sombreros que les tapan la cara, alguna va soltando alguna lágrima y los hombres
con trajes oscuros y corbatas, serios.
Camino, camino, camino. Qué largo se está haciendo esto. Miró
el reloj, 2:30 p.m., espero que termine pronto, tengo cita con el estilista. Qué
bien, creo que ya estamos llegando, puedo ver al cura de pie allí adelante,
esperándonos. Siempre me ha gustado venir a los cementerios para poder ver todas
esas estatuas de ángeles y vírgenes, los mausoleos enormes y elegantes, algunos
con más de cien años, todas unas obras de arte.
Llegamos. Veo como dejan el ataúd a un lado. El cura comienza
su sermón. Tengo que derramar alguna lágrima, no puedes estar en un entierro sin
llorar. ¿en qué pienso? Vamos, tienes que haber tenido algún momento triste en
tu vida...
***
Me volteó, él está allí, tumbado en la cama, exhausto después
de una magnífica noche de pasión.
Voy al bar y saco dos vasos y una botella de cognac que pongo
sobre la mesa. Sirvo uno de los vasos y lentamente, dejo caer de mi anillo un
polvillo blanco. Camino hacia la cama
Vaya, has estado muy bien hoy.
Te traigo una copita de cognac, para que
te relajes.
Le doy el vaso y espero a que lo beba. Suave, lentamente,
así, disfrútalo...
Me pongo encima de él y empiezo a besarlo, a recorrer su
cuerpo con mis labios. Rápido, tengo que hacerlo rápido, no queda mucho
tiempo...
***
Comienzan a bajar el ataúd. Es extraño. Hace tres días ese
hombre al que están enterrando estaba en mi cama, y hoy... pues, está a punto de
terminar en el lecho "eterno" como le llaman... y tan joven que era, es una
lástima.
Oigo al cura rezando el "Padre Nuestro" y los murmullos de
las personas presentes. ¡Qué arrullador oír sólo "brbrbrbrb"!, empieza a darme
sueño... y estos tacones que me están matando ¿quién me habrá dicho que para los
entierros hay que ponerse
zapatos altos?
Despacio, muy despacio.
***
Son las nueve y media de la noche. Sola. Viendo la ciudad
desde la terraza del apartamento. Suena el timbre. Ya llegó. Camino hacia la
puerta y la abro. Veo a un hombre, alto, delgado, de unos treinta y cinco años,
nada mal.
Hola, has tardado en llegar, te espero desde hace media
hora
Entra y me da un beso en los labios.
Sí, es que había un tráfico terrible.
Pasamos a la sala. Sirvo dos copas de champagne. Le doy una
copa y tomo yo la otra.
Brindemos.
Alzamos las copas y brindamos. Poco a poco, empiezo a sentir
el cosquilleo de las burbujas del champagne, esa sensación de estar un poco
"alegre" que da el alcohol. Dejo la copa sobre la mesa y me levanto, voy al
equipo de sonido y busco alguna música suave, consigo un cd de boleros y lo
pongo. Me volteo, y empiezo a caminar hacia él, lentamente, moviéndome al ritmo
de la música y quitándome la camisa. Cuando llego frente a él, nos abrazamos y
comenzamos a bailar, ahh cómo me gusta bailar, es tan sensual sentir otro cuerpo
pegado al tuyo y moviéndose a un ritmo determinado. Nos besamos. Me excita saber
que es la última noche que pasaré con él. Vamos bailando hacia el cuarto, lo
recuesto de la cama...
Espérame un minuto, cielo, voy a buscar los tragos.
Salgo a la sala y empiezo el ritual que he venido haciendo a
lo largo de ocho años. Tomo las copas y las lleno de champagne, luego abro mi
anillo y dejo caer un poco, ya no es necesario mucho llevo dos meses
preparándolo, envenenándolo poco a poco para la estocada final, para esta noche
en la que me dará el orgasmo más profundo mientras veo cómo se va apagando la
vida de sus ojos...
***
Abro los ojos. Todavía estoy en el cementerio. La fosa
abierta y el ataúd bajando por la mitad de ella, ¡vaya! Que esto sí que es
largo. Sigo oyendo el "brbrbrbr" de los murmullos, distraigo mi mirada en un
mausoleo que se encuentra cerca. Sus líneas, el ángel de la entrada, la cruz del
techo... qué bella obra de arte, ¿por qué harán estructuras tan hermosas para
los cementerios si una vez muertos no podemos disfrutar de ellas? Bueno, creo
que la hacen para gente como yo, que nos gusta venir y admirarlas de vez en
cuando.
Siento que alguien me toca el hombro. Me volteo.
Tome señorita, una rosa para que pueda echarla sobre el
ataúd
antes de
cerrar la fosa.
Gracias
Una rosa roja ¿no eran blancas las rosas de los funerales?
***
La noche. Esta noche él será mi esclavo, mi prisionero. El
hombre que me dará su vida para alimentarme. No, no soy un vampiro en el sentido
mítico de la palabra, pero necesito de la vida de los hombres para poder seguir
viviendo, necesito ese último hálito de vida que exhalan al momento de morir
mientras están debajo de mí, haciendo el amor, creyendo que son ellos quienes
llevan el control de la situación, creyendo que son ellos quienes me poseen a
mí, sin saber que es todo lo contrario, que soy quien se ha apoderado de ellos.
Eso es lo que me mantiene viva, sentir las convulsiones finales cuando sienten
que el alma está escapando de sus cuerpos, la mirada perdida, el miedo que
sienten... eso me alimenta y hace vivir, me hace sentir dueña de sus vidas tanto
como lo soy de la mía.
Hace unos años atrás descubrí lo que soy. Siempre pensé que
era una mujer frígida, nunca había sentido un orgasmo, hasta que un día, al
amante de turno
sufrió un paro cardíaco mientras estábamos
disfrutando en la cama. Fue la sensación más espectacular que había tenido hasta
el momento, empezar a sentir los temblores, su angustia por respirar, sus manos
aferradas a mis caderas y sus ojos... ahh, sus ojos pidiendo ayuda, sí debo
confesar que ahí fue donde descubrí qué era lo que me hacía ser feliz y desde
ese momento decidí no dejarle pasar...
***
"Amén".
Vuelvo en mí. El cura ha terminado de rezar. La gente se
acerca a la fosa y empiezan a echarle flores. Me acerco y dejo caer la rosa.
Empieza a llover nuevamente, corro hacia el carro, entro y lo
enciendo. Manejo por las angostas vías del cementerio, deleitándome con la vista
de las estatuas y los mausoleos familiares. Son las 3:30 p.m., debo apurarme
para llegar a mi cita con el estilista.
Y, esta noche, recibiré en mi casa a mi amante, al hombre que
seguramente esté enterrando la semana que viene...