MARIA: ¡LA CONFESIÓN, DE UNA ESCLAVA! (I)
Me despierto, poco a poco me desperezo. Al rato de eso, ya
voy a hacer mis necesidades fisiológicas. Seguidamente, me doy un baño; para
limpiarme y estar más pura. Primero, dejo que el agua, sencillamente me caiga.
Es, mi sentir de tierra, como recibo tras la sequía, una acción reparadora. De
ese modo, vivo esa lluvia, la que siento sobre el césped humano, que es mi piel:
Si antes, estaba algo seca, ahora estoy más armoniosa "con como quiero ser y
sentirme".
Repaso, mi cuerpo, con mis manos. Me siento, en toda la
extensión de mi piel. Siento mis yemas, me paro en todos y cada uno de mis
huecos y un las cavidades que albergo (que son: mi boca, los oídos, ambos
orificios nasales, un solitario ombligo, un par de depiladas axilas, mi limpio
ano y una vulva suave y tersamente esperanzada).
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Las vivencias:
Y tras esos momentos, bien pronto vuelvo en mí…
Seguidamente, me pongo a cerrar el paso del agua. Entonces
tomo el gel de baño, que tan cerca tengo; que es uno especial -para pieles de
nenas o bebitas- y me lo esparzo, pues quiero cuidarme para ser más digna de él.
Me lo reparto, "muy" lentamente. Todo esto lo hago, parsimoniosamente, usando
únicamente mis manos, como herramientas y pensando, que en ellas está el
recuerdo de él –mi Amo-.
Noto, como se va empezando a hacer una primera espuma. La
siento, palpitando sobre mi superficie, contribuyo a aumentarla, masajeándola.
Se forman pompitas, de diverso tamaño, con el combinado, del gel y el agua que
todavía se retiene, entre mi propia piel.
La "espuma", la alargo, la muevo, la refino y esparzo por
todas mis latitudes, en longitudes, en anchuras diversas. Desde la altura, por
la acción de la gravedad, se desliza sobre mi piel. El gel es suave, muy neutro,
apto para las partes externas, como en las sensibles interioridades.
En ocasiones, por un impulso, me pongo un "espumita" incluso
en la boca. Sabe a membrillo, y con ese sabor, durante un rato hago gárgaras. En
mi boca, retengo un sabor, que luego variaré, al enjuagarme con un elixir bucal
(de sabor a hierbas, a fresa o a menta). Pero, hoy elegiré el de sabor a menta
–después de cepillarme los dientes y de desayunar).
Tras estar, sentidamente purificándome y viviéndome a mi
misma "impoluta", con toda mi piel recubierta, me deleito en permanecer así,
durante unos largos minutos. Revivo las últimas palabras, las imágenes del
pasado inmediato, y hago proyecciones de futuro con mi Amo.
Todo pasa, como en unos flashes y en lentas imágenes de
moviola. Siento, sobre mí la acción de él, el hombre que quiero, mezclándose con
un cierto burbujeo de gel...
Y acto seguido, girando los mandos, conecto el paso del agua.
Me recreo entibiándola. Voy calculando, poniendo las proporciones justas, entre
las aguas fría y caliente. El agua, placidamente, repiquetea sobre mí, mientras
me va cayendo. Desde el aspersor, me vienen múltiples procesiones de gotas.
De esa forma me limpio de espuma, y así siento firmemente,
que soy más de él. Y, yo acabo la acción, abriéndome todas las cavidades y
enjuagándomelas con el agua. Eso me excita, me hace sentir viva y digna de
acercarme a él, de prepararme para él. Y anticipo, nuestro cercano encuentro y
me estremezco de ganas.
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Mientras me limpio, me desprendo de los últimos restos
jabonosos, que se quedaban adheridos en mi cuerpo. Los voy haciendo salir, con
la acción de mis manos y del agua. Poco a poco van resbalándose entre mis
piernas y se deshacen de la cobertura que hay entre mis zonas más íntimas.
Tengo cuidado, de que queden libres gel mis oídos, del mismo
modo que mis dos orificios nasales. Me limpio bien mi ano y siento una agradable
sensación, al hacer lo mismo con mi vagina.
Me gusta asearme, hacerme la relajante higiene y tras ella,
noto una sensación de necesidad de volver a ser "yo misma" toda piel. Noto que
espero ser tocada, sentirme besada, vivir el tacto de mi persona siendo
acariciada y rememoro las vivencias de un ser al sentirme lamida.
Pero, hay más, porque me confieso que quiero sentirme
apretada, y que pueda responder con mis brazos y con mis manos, con mis piernas
y con todo mi cuerpo juntándose al de él.
Espero, el momento de sentirlo conmigo, yendo yo misma a
prolongarme en él. Es muy agradable, confirmar esa aceptación de parte de quien
amo, cuando me permite sentirme acogida. Me da un humano y personal abrazo, en
su abrigo corporal. Y lo siento, mucho más allá de lo definible como un amigo,
su cuerpo querido me alimenta de sensaciones.
Mi Amo, me tiene enseñada y siento como incluso sin palabras
me adiestra, por su manera de hacerme acostumbrar a él. Y esa costumbre, es
acentuada por reservarme para él. Ya, desde el principio, se por sus
manifestaciones que le gusta, que me abstenga de darme un placer de
autosatisfacerme. Él, me tiene reprendida, para que no me toque hasta correrme.
No me prohíbe nada, todo mi cuerpo es libre, le gusta que me
de entrantes de sensualidad, por mi misma. Yo se lo cuento, y me concentro en
apurar límites, con mis caricias sentidas por toda mi cuerpo, pero especialmente
cuando estoy en las proximidades de mi boca, en mis pechos, mi vientre y
naturalmente en mis nalgas y cerca de mi coño.
Puedo de secarme, de mil maneras. Pero, lo hago según unas
pautas, aprendidas de su manera de obrar. Con sus manos y su paciencia el
proceso es lento y bastante meticuloso, calmado y confirmador de su cariño. Cada
parte, de la toalla, se dirige a una agrupación poros capilares, ese sector
necesita de ir siendo liberado, a medida que el tejido –de la toalla- se va
empapando y noto que voy secándome, pero lo realiza sin apenas rozarme.
La toalla, parece levitar, y posarse, solevanta y ejerce su
acción. Describir su manera de hacerlo, me hace estremecerme, pues se acerca a
un lugar y a otro, con una toalla impoluta, que me hace sentir más aseada y más
cuidada. En esa acción me mima, me dice que me quiere y me regala algún beso,
que premia la zona que el ha librado de gotas de humedad.
Me trata así, por todas las caras, de cada miembro, y yo
siento como me pongo íntimamente húmeda, de excitación mientras el me va
aseando, diferentes zonas. Empieza por las zonas más corrientes, y va
seleccionando partes más comprometedoras y que me hacen vivirme doblemente
desnudada. Y su paso por los brazos y por los costados, por los muslos y por mis
espaldas me hacen enervar, hasta llegar a tiritar y temblar de deseos de amor.
Luego, me higieniza, y se dedica a mis senos, mi cara y sexo.
Lo primero que ha secado, ha sido el suelo de la ducha, para que no resbale (eso
lo ha hecho con otra toalla, preferentemente selecciona la que tenía en el
toallero –la usada-). Y tras el suelo –de la ducha- vienen los pies, luego las
manos, y el pelo (todo el pelo, cabeza, cejas y cualquier otro lugar donde lo
haya –por ejemplo, la tirita de mi pubis, cuando me la he dejado crecer-.
Es, una tortura, que se concentre tanto en el bello púbico, o
en mis cejas. Siento como respira y su aliento me rebota, y deseo su beso y sus
lamidas más estas no me llegan aun. El albornoz, viene lo último, después de ser
íntimamente, en mis labios vulvares, y en mi vagina. Solo, que para esta zona
vulvar, suele reservarse un pañuelo de hilo, para realizar una segunda
absorción: que no es de agua jabonosa o no, sino de mi fluido íntimo.
Y acto seguido, tras ser secada en el triángulo de mi
desesperación. Recibo, el lento trato de ser untada de "esa" crema, que sale de
un tubito azul, me siento firmada con una línea blanca; y noto la vereda
trazada, que poco a poco se deshace entre la combinación de la fricción sus
dedos y mi calor pasional.
Que agradable es notar como "tu mi amo" me vistes, con ese
albornoz. Por eso mismo, lo imito y antes de ducharme he tomado del armario, uno
de los albornoces que hay puestos en el colgador y también por el mismo motivo
me calzo las zapatillas, pensando que me las pone él.
He imitado, lo que el me hace… Es una tarea, por medio de la
cual, lo he sentido conmigo. He cerrado los ojos y el vino a mí, más firmemente,
porque en ninguna circunstancia deja de estar en mí, ni un solo momento.
Después, de vivirlo conmigo ya desayuno, un zumo de naranja
(o una pieza de fruta), todo lo cual va acompañando, con un cafecito o un
cortado; y ocasionalmente, lo acompaño por una pieza de pastelería (un bollito,
cruasán o una caña).
Luego, me cepillo los dientes y me los enjuago con un elixir
bucal. Mas tarde, me hago un último enjuague, esta vez es con agua…
Acto seguido, tomo mi ropa interior, seleccionando "con
interés" el conjunto a ponerme y me pongo las medias o unos calcetines finos o
gruesos (según más convenga). Pienso en estar con el, hablar un rato y exponerle
mis inquietudes y mis dudas, mis deseos y el temor de que mis demoras lo hagan
enfadarse conmigo. Y, el a veces intuye mi estado de ánimo, y se me anticipa. Es
como si me leyera el pensamiento y las emociones de mi alma.
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A veces, por algún motivo, mi Amo y amante se da cuenta de mi
estado de ánimo. Y hablamos, de nuestras cosas comunes y eso es lo que yo
deseaba. Pero, me doy cuenta de que el hecho de que no sugiera intimidad física,
me disgusta y me frustra. Por unos momentos, hasta que me integro en la
conversación y en el compartir intimidades.
Puedo elegir entre llevar un pantalón o una falda
medianamente larga; con una decisión o con la otra, la vivencia es diferente.
Arriba, me pongo una camisa o blusa, la que cubro con una chaquetilla de punto,
o bien un jerseito (fino o grueso, dependiendo del tiempo).
La manera de vestirme, también influye en como irán las
cosas: influyen en mí, por mi presentación y como exteriorización de mi estado
de ánimo. Se que él, se fija en esos detalles. Se que una falda, patentiza más
entrega y más receptividad y predisposición. Soy consciente de mi físico, y de
cómo se lo presento. Se como acudo el, tanto vestida, como en mi ánimo y en mi
emotividad.
Todos, somos personas y seres reales. Absolutamente individuales y variables
según las circunstancias. Y luego al encontrarnos con quien amamos, al segundo
siguiente al cerrarse la puerta y estar con el pienso en arrodillarme. Pero,
también quiero que todo lleve su tiempo y que no vaya dando muestras de estar
acelerada.
-Por favor, pido una vez más: Que el que sea cariñoso, conmigo. Y que el
tiempo se eternice estando juntos –no quiero que vayan tan rápidas, las agujas
del reloj-.
Si, a mí me parece que "ordinariamente" las cosas van excesivamente rápidas.
No en el ritmo, sino que necesito compartir con el más tiempo. No se lo he
dicho, pero quiero que me pida que ésta vez no me vaya y que él se quede
conmigo.
Hasta pienso en presentarme y suplicarle, quedarme con el. Quiero hincarme
ante él de rodillas. Quedarme plantada ahí, un buen rato y sentirme a sus pies.
O ponerme así, cuando sugiera lo de que marchemos…
Me gusta saborear, el encuentro, mudamente y que me deje sentirme suya.
Poseyendo sus piernas y sus muslos por unos largos momentos. Quiero hablar de
forma nerviosa, necesito hablar. Pero, mis caricias le dicen mejor que mis
palabras, lo que siento. Y luego, me levantaré y le hablaré, y sentirá mis
sentimientos hechos palabras y silencios, gestos y acciones de mis manos y de
Necesito hablar y oír el tono de su voz, es un signo muy personal de su
carácter. No me ordena, me sugiere y eso me vence, rompe mis rebeldías y me hace
darme más sentidamente.
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Miro, dentro de mi bolso, para ver si hay todo lo necesario,
es decir: el monedero, las llaves, el billetero, los pañuelos, el lápiz labial,
etc.… Y colocó dentro, como tantas otras veces, un complemento.
Compruebo como pongo, un nuevo conjunto, de tanga o braga, y
de sujetador. Son lo que llevo de repuesto, o para variar la presentación, si
cabe en tiempo o bien si el anterior conjunto queda estropeado o muy manchado
por mi placer hay vertido.
También, miro si llevo los repuestos de tampones y/o
compresas; pues debo ir preparada, siempre. Se que no le gustaría que se notara
el olor o trazas de el flujo oscuro (del inicio de la regla). Si estoy con ella,
no mantenemos relaciones, pero puede anticiparse. Además llevo Kleenex, y
pañuelos de hilo y más cosas…
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Voy a tener esa nueva oportunidad, de arreglarme un poco más.
Antes de encontrarme con él, mientras lo espero, entro al sitio que pueda, para
verme y revisar mi aspecto. Me surgen mis dudas, sobre mi apariencia y como me
encontrará él. Y toco un poco mi peinado, reditúo a mi vestido.
Me doy el toque final, por poner punto a una serie infinita
de correcciones –que me asaltan, y las cuales no son sino nerviosismo e
inseguridad-. Me miro, a ver si el maquillaje está suficientemente bien
(especialmente en las cejas, los labios, las pestañas y la cara).
Mis manos están suaves, pues hasta dan un agradable olor, por
esparcirme en ellas la crema, que tanto le gusta a el… Me froto las manos, con
un poquito más de crema; y por un momento, siento sus dedos y revivo sobre mi
piel, el contacto con sus labios.
Siento, las ganas de notar la ternura con la que él está a mi
lado, largo rato besándome. Espero que esta vez, se tome a bien besar mis manos
y que también me lama –allá donde se le ocurra-.
Chupa mis palmas, el envés de los dedos de las manos. Me hace
sentir "única", por esas sentidas acciones. Me da intimidad y siento erizarse
mis cabellos. Mis senos se expanden. Se yerguen mis pezones.
Empiezan generarse las primeras humedades en mi vagina, que
surgen de las vivas inquietudes unidas a sus recuerdos y las adecuaciones, de mi
cuerpo para anticiparse para el amor.
Me alivió, cuando me siento tendida, como esperando un
mensaje de el. Me siento muy suya, deseo que mi Amo me comente que hoy, nuevas
cosas de nosotros. Y tengo la vivencia, de que hoy será uno de esos días: en los
que él me pone mi collar y me hace sentir su amante esclava. Me he acostumbrado,
a ese sentido ese abrazo de la piel, alrededor de mi cuello.
Me quedo quieta, y vivo esos momentos, de parecida manera a
cuando empieza una chica a elegir la ropa íntima, cuando pasamos de vestir como
niñas, para vestirnos como mujeres.
Y sí, ya lo veo, se aceleran mis pasos y los de él. Nos
sonreímos, y nos decimos:
Amo-"¡Maria...! Estás aquí… Por, fin… has llegado."
Sumisa-"Sí, Amo, perdona si me he demorado". Miro mi
reloj, llego tres minutos tarde".
Amo- "Eres una mujer, que se arregla, con mucho cuidado. Por
eso llegas tarde. Estás muy guapa, aunque te has retrasado, tu aspecto es
óptimo. Eso supondrá una corrección, distinta… Esclava, serás corregida, pero el
presentarte tan bellamente me hace sentir feliz y eso tendrá también su premio.
Sumisa- Lo suponía, no me llama por mi nombre… Y eso, se que
hará que se demore, en hacerme llegar el momento en que lo sienta "íntimamente".
Sus ojos, su entera expresión facial, hacen que note sobre mí su tensión de
hombre. Se, algo de sus castigos: es suficiente que no me toque, suficientemente
y que me examine mis pechos, y mi misma vagina, como si fuera un profesional
sanitario. Yo, quiero más que eso, mucho más. Quiero su emoción y sus deseos
hacerse en mí.
El saber, realizar sus acciones, con estiramientos y
atenazamientos de sus dedos, que también me pinzan y me vuelven del derecho y
del revés. El me sabe transporta, me mueve de sitio y me coloca una vez y otra.
Con esos toques, con lo que dice y hace me altera. Luego deja de obrar, cuando
me siento perdida: viene a darme calma y emoción con sus caricias y unos
singulares toques que me cuenta de su amor por mí.
"El simple pensamiento, de notarlo a mi lado, pendiente de mí
y tocándome… Me hace empezar a latir, contrayendo mi coño, de ese modo me deja
excitada y deseosa de mayores". Humedecerme con el, es la "natural" respuesta
íntima... de mi cuerpo y de mi mente.
Me toma de las manos, y en cualquier situación, confío a él
como pareja, y como amo y me entrego a lo que va a venir.
Me siento orgullosa, de estar con el. Algunas, me dirigen sus
miradas de envidia. Notan nuestro entendimiento (entendimiento s/m), pero más
allá de eso: nos sentimos bien juntos. Transmitimos compenetración, que eso se
nota y contrasta con unas vidas "más corrientes y aburridas".
Y mi mano, siente las presiones de la de el. Que me ha
acompañado, tomada de la cintura, acariciando la parte superior de mis nalgas.
Caminamos un rato, llegamos a su estudio y nos besamos. Apretada a él, siento su
calor y su sujeción. Yo, me aprieto aun más, junto a su cuerpo con el mío.
En esos momentos, la mano de él, hace las sencillas y
agradables cosas que me da ese placer: sutilmente al principio, hablando
tranquilos. Luego, se acelera el rito, se intensifica la toma de varias partes
de mí. Y mi humedad es patente, me domina. No quiero resistirme, pero de querer
rebelarme, mi cuerpo se daría y me arrastraría hacia él.
Me impresiona, su sello personal al darme un primer besó.
Luego, va prodigando un beso en un hombro, otro en la muñeca. Luego mientras me
desviste, me lame, me huele, se aprieta a mí. Ahora se para y me mira;
haciéndome suya, con una mano, que se aprieta sobre mi vagina cubierta de tela.
Me besa dulcemente. Y noto en uno de mis muslos a su pene frotándoseme. La punta
de sus dedos, me abre mi concha, y me siento descontrolarme…
Mis labios bucales se entreabren y sienten su boca. Mis
labios íntimos, se siente invadir. Justo, cuando sus dedos entran desde un
lateral, de mi prenda íntima. Y unos breves espasmos, de la sensualidad
retenida, se desbordan. Y me siento, balanceándome, agarrándome a él, y
siguiendo su ritmo de penetración.
Entre mi vientre y mi pubis se inician los compases de una
sonata de amores. Noto que me sacudo, me corro. El también lo nota.
¡Me reconozco entregada, orgasmando y con mis tetas muy
duras! Me veo en sus ojos, y me noto rozándome a el. Libre de toda ropa, por
haber sido desvestida, en algún momento. No fui totalmente consciente de eso.
Debí de ser narcotizada, por sus caricias. Me abandono a lo que siento, y pierdo
la noción del tiempo y del espació. Cierro los ojos, y siento terriblemente
algunas cosas, como ahora mismo a mis pezones, que se dedican a rozarse sobre su
piel.
En algún momento, le he desabotonado su camisa. Mis dedos
acostumbrados, a hacerle más accesible a mí, le han desnudado su pecho…. Va sin
camisa, y mientras sentía otras cosas, mis dedos autónomamente se dedicaron a
dejar esa parte de él, libre para rozar mis aureolas, mis duros pezones y mis
tetas y cuello con el. L
Así me gusta, pasar de no ser a ser. De ser yo, a ser parte
de él: de mi Amo. Me gusta sentirme suya y hacerle sentirme en el. Y gozo un
orgasmo fuerte, creciente y que se alarga más y más. Y caigo, sobre la cama, en
la que ambos, ya estamos de rodillas.
Y el sigue, un buen rato, sacándome un placer largo. Y me
siento viva, feliz y dichosa de ser su compañera de sexualidad, y de juegos de
amor.
(Continuará)