Termino de trabajar, hoy para ser martes ha sido un día
agotador, pero gracias a mi jornada de medio día, sé que nada más llegar a casa,
podré comer un poco y descansar. Llego al portal y abro el buzón, mis piernas
tiemblan al ver la carta de mi Ama. Nerviosa y con rapidez, subo a casa, dejo la
carta en la mesita del salón y el resto de las cosas en mi despacho, voy a mi
cuarto rápidamente y allí me desnudo. Después, como ordena el ritual, a cuatro
patas, como la perra que soy, me dirijo al salón, me pongo de rodillas ante la
mesita, mi espalda recta y mis brazos a lo largo del cuerpo. Debo permanecer así
diez minutos mirando fijamente la carta que diariamente me envía mi desconocida
Ama con sus instrucciones, antes de abrirla y leer sus órdenes. Tengo hambre y
estoy nerviosa.
Pasados los diez minutos alzo mis manos, cojo la carta y la
abro...
"Hola, mi perrita:
Seguro que acabas de llegar a casa y tienes hambre, pero
deberás esperar un poco por tu Ama, al igual que espero que hayas cumplido con
las instrucciones debidas del ritual, pero ante todo, decirte que esta vez tu
sesión será más divertida, tú decides si continuar o no.
Bien, perrita, me agrada que continues. Antes que nada,
quiero que te pongas el collar de perra, pero no el de estar por casa, sino el
de calle, ese lo llevarás todos los días a partir de hoy y hasta que acabemos,
también quiero que vayas a tu cuarto, recojas las bragas y metiéndolas en tu
ano, las lleves colgando como una colita. Corre y cumple esto, después vuelves".
Yo, corriendo a cuatro patas, fui al cuarto y cogí un collar
fino y ajustado, que es la correa de salir y sentirme así su perrita por la
calle. Busqué mis bragas y me las puse en mi ano. Es una sensación incómoda,
pero sé que a ella le gusta y debo hacerlo. Eso sí, las metí bien adentro, para
que no cayeran, pues sé que eso supondría un buen castigo. Volví a cuatro patas
al salón.
"Me gusta verte así, perrita. Ahora quiero que compres unas
cositas que harán falta. Sí, ya sé que tienes hambre, pero seguro que por tu Ama
puedes esperar, así que ponte el vestido negro largo sin nada debajo y tal cual
estás, ve a comprar lo siguiente: unas latas de comida de perro, un chupete y
unos pañales para mayores. De momento eso, pero quiero que pases por la cajera
que te cae mal y dejes caer algo al suelo, para que, inclinándote sin doblar las
rodillas, vea bien tu culo y tu rabito. Seguro que ya estás roja sólo de
pensarlo, perrita. Anda ve y cuando subas, seguiremos".
Corriendo a cuatro patas fui a la habitación, busqué el
vestido y los zapatos a juego, me los puse y cogiendo las llaves y el monedero,
salí corriendo al súper. No era la primera vez que salía así, pero hoy me sentía
incómoda y mi pensamiento era: "¿por qué la humillación de la cajera?", pero lo
encontré normal, seguro que era una prueba para ver cómo respondía yo a la
humillación. Mi sorpresa fue cuando llegué al súper y vi que no estaba la
cajera, no supe qué hacer, pero luego la vi entrar y decir a una compañera: "me
cambio y bajo enseguida". Así que me entretuve comprando lo que me ordenó mi Ama
y dando una vuelta por el súper.
"¿Quién sería mi Ama?". La conocí a través de Internet,
habíamos pactado que de momento no nos conoceríamos personalmente y que ella me
enviaría a diario cartas, las clásicas cartas por Correo, pasando de los
modernos correos electrónicos. Yo tenía unas ganas locas de saber realmente
quién era.
Pasado un rato me dirigí a la caja y allí estaba Ana María,
la cajera que elegí como la que no me caía bien. Era alta, joven, guapa y de muy
buen tipo y no sé porqué me caía mal. Llegué, saqué del carro todo y dejé caer
una lata de comida al suelo. Inclinándome lentamente hacia delante y dándole el
culo a ella, la cogí con parsimonia y al levantarme, vi en su cara una sonrisa
pícara, pero no me dijo nada. Pagué y cuando ya cogí la bolsa, me llamó:
"Alicia, mira, como veo que tienes perrito en casa toma esta muestra de dulces
para perro de regalo". Al recogerlo, vi como una burla, pero sólo eso.
Me dirigí a casa de nuevo y nada más entrar, me quité el
vestido, llevé la compra al salón y a cuatro patas seguí leyendo la carta...
"Bien, mi perrita, espero que hayas cumplido con la compra y
con lo de tu cajera favorita. Ahora ya sabe lo que eres y las ropas que llevas.
Supongo que estarás hambrienta, creo que ya es hora de que comas algo. Saca lo
que tenías previsto comer y sin calentarlo, te lo comes frío y a cuatro patas
como la perrita que eres. Ponlo en un bol y te pones al lado el otro para beber.
Después te dejo que realices tus tareas y vuelvas a mí a las nueve en punto.
Un azote en tus nalgas".
Me di mi azote en las nalgas, fui a la nevera, saqué el plato
de pasta que tenía preparado y lo vertí en mi bol de comida, llené el otro bol
de agua y allí en el suelo de la cocina y como una vulgar perrita, comí y bebí.
Después me dediqué a realizar mis tareas de casa, eso sí con el collar y el
rabito, me gustaba sentirme suya a cada momento y seguir con mi humillación, así
esperando a las nueve para ir a "ver" de nuevo a mi Ama.
Ya es la hora, me dirijo en mi postura de perrita a ver a mi
Ama y continúo leyendo mis nuevas órdenes...
"Bien, perrita, hola de nuevo, espero que hayas disfrutado de
tu momento de descanso. Estas son tus órdenes para mañana... te prepararás un
almuerzo con una de esas latitas de comida para perros, así mañana estarás entre
todas tus compañeras de trabajo, bien a gusto y pensando en mí, saboreando lo
que te ordeno que comas. También quiero que mañana vistas sin ropa interior,
pero sí que te pongas ese pantalón crema ajustado de tela, esa blusa a juego y
esa chaquetilla. Estarás monísima para tu Ama. Después de clase, vendrás rápida
a casa y te postrarás ante "mí". Esta noche dormirás con los pañales puestos,
así tus partes estarán más olorosas y no olvides hacerlo con tu nuevo chupete en
la boca. Para mañana, prohibido lavarte hasta nueva orden y adiós.
Hasta mañana, perrita".
Acabada de leer la carta, me fui a la cocina, abrí la lata de
comida de perro, la extendí en el bocadillo que mañana llevaría al trabajo, es
algo que sabe que detesto y más si he de comerla en público. Me dirijo al aseo y
allí me pongo mi pañal y a la cama. Puse el despertador, cogí mi chupete nuevo,
lo saboreé y con él en la boca me dormí pensando en mi Ama, excitada.
Suena el despertador, me levanto y voy al aseo, me quito el
pañal, huelo a perra en celo, pero es lo que ella desea. Hago mis necesidades y
me voy a mi cuarto, busco la ropa y me la pongo. Detesto y a la vez me excita la
tela rozándome directamente en mis partes descubiertas, me viene justa, lo
suficiente para que se vea claramente que no llevo nada puesto debajo, quizás mi
excitación manche mi pantalón hoy. Cojo el bocadillo y al trabajo. Resulta un
día duro, con esa ropa y dando clase. Intento no moverme mucho, pero en una
salida al servicio detecto claramente una mancha en mi pantalón, justo en la
entrepierna. Disimulo todo lo que puedo, pero me es imposible pensar que alguien
no se haya dado cuenta. Llega el momento del descanso, el del bocadillo y siento
una mezcla de miedo y excitación. Comer comida de perro sin que nadie lo sepa y
a la vista de todos. Mastico lentamente mi comida, saboreo cada bocado, miro a
mi alrededor imaginando que todos saben que es comida para perro lo que lleva mi
bocadillo y eso me excita aún más, no puedo ni imaginar si la mancha de mi
pantalón será aún más visible cuando me levante, me aterroriza y a la vez lo
deseo.
Acaba el descanso y me dirijo de nuevo a las clases. Casi ni
me moví de detrás de la mesa y cada vez que oía alguna risilla, me turbaba
pensando que podía ser que habían descubierto la mancha de mi entrepierna.
Al final de la jornada, salgo del instituto colocando mi
cartera delante de mi cuerpo y regreso a casa deseosa de llegar y "ver" de nuevo
a mi Ama, leerla.
Al llegar a casa, en la puerta, está una de mis alumnas, es
una de esas pijitas que pasa de todo en clase. No tiene un gran tipo, pero está
bien. Le pregunto el motivo de su visita y ella, sonriendo pícaramente y mirando
hacia abajo, imagino que mirando mis pantalones y su mancha, me da el trabajo
que no pudo entregar en clase y se marcha. Menudo susto.
Entro a casa y nada mas cerrar la puerta, me desnudo, voy a
mi habitación y me pongo mis atuendos de perrita y a cuatro patas, voy a buscar
la carta de mi Ama...
"Muy bien, perrita, espero que hayas hecho bien tus tareas,
para esta tarde te dejo comer y después te diriges al aseo, lo limpias a fondo y
realizarás la tarea que más me gusta. Quizás, es posible, que esta tarde yo te
observe mientras lo haces. Eso es todo por ahora, pronto recibirás más
instrucciones".
Me dirijo a la cocina, como, limpio todo el aseo a conciencia
y después la tarea que más le gusta a mi Ama. Descorro completamente las
cortinas de la cristalera de mi salón, me pongo en el sofá a cuatro patas, con
mi colita y mi collar, así, de culo a la ventana, tengo que estar muy abierta de
piernas durante unas horas, como mínimo dos, le encanta tenerme así. Y mostrando
mi cuerpo desnudo por la ventana y mi culo y mi afeitado coño tan a la vista,
imagino que ella está cerca, quizás en la calle, en un coche, en alguna de las
ventanas de las casas de enfrente, observándome, excitándose con mi
exhibición... Y ansiosa espero de nuevo la próxima carta.