Después de haber leído lo que mi esposa me escribió
relatándome las aventuras con Ismael, empecé a volverme loco, me parecía mentira
que Patricia fuera tan puta, me carcomían los celos y la bronca de haber sido
humillado de tal manera y por gente que me conoce muy bien, pero también debo
admitir que llegué a un grado de excitación que no pude evitar hacerme una
terrible paja imaginando cada escena volcada en el papel, me daba cuenta que era
algo que ya no podía arreglar, sobre mi cabeza pesaban unos enormes y hermosos
cuernos que lo llevaría de por vida, estaba dispuesto a llevarlos con orgullo,
ya que el solo hecho de imaginar lo que vendría me ponía caliente en demasía, de
manera que empecé a programar como sería mi nueva vida.
Mi esposa siguió recibiendo los servicios de Ismael, yo me
hacia el desentendido con el, pero le pedía a ella que me contara con detalles
cada vez que el hacía una incursión por mi cama, A Patricia también le gustaba
el jueguito, me decía que era súper excitante contarme como me metía los cuernos
a diario, llamaba a la oficina para decirme que el estaba en casa, acostado en
mi cama e incluso me confesaba cuantos polvos le había echado y como se lo había
hecho, yo me volvía loco pensando en lo que estaba haciendo mi mujer con su
macho mientras yo trabajaba para satisfacer todos sus gustos, casi siempre
terminaba pajeándome mientras la escuchaba aunque a veces no aguantaba mas y
salía corriendo en busca de alguna puta que me satisfaga.
Así pasaban nuestros días, Ismael se había transformado en el
amante de mi esposa, pero de un día para otro el tipo desapareció del country y
no volvimos a verlo, Pato estaba bastante molesta con la desaparición de su
semental, ni siquiera quería tener sexo conmigo, por todos los medios trate de
averiguar donde andaba, hasta ofrecí plata a los otros empleados de vigilancia,
pero ninguno pudo decirme nada.
Calmados los ánimos decidimos pasar unas mini vacaciones de
siete días en Córdoba, para ser mas precisos en La Falda, había reservado una
habitación en un hotel cercano al centro, la primer noche fuimos a cenar a una
parrilla, el lugar estaba repleto y debíamos esperar, estábamos a punto de irnos
cuando el mozo no preguntó si accedíamos cenar junto con otra pareja en una mesa
de cuatro, El hambre nos estaba matando por lo que al unísono aceptamos y nos
sentamos con ellos, era inevitable que no conversáramos, a los cinco minutos
charlábamos como viejos conocidos.
Ellos eran de allí, se llamaban Darío y Julia, tenían 52 años
el y 48 Julia, muy agradables los dos, sobre todo ella que apenas me senté había
clavado los ojos en mi, me sentí halagado por ello e inconscientemente empecé a
hacerme la película de tener algo con la madura, nunca había estado con una
mujer mayor que yo y era una de las fantasías que me empezaban a circular por la
cabeza.
Al termino de la cena ya habíamos entrado en confianza, Julia
le propuso a Darío invitarnos a tomar algo, el lo hizo y yo sin preguntar a Pato
acepté mirando fijamente a Julia que sonrió cómplice ante mi aceptación
apresurada.
Fuimos a una confitería de la cual ellos eran los dueños y
bebimos champaña hasta el amanecer, estábamos los cuatro bastante borrachos pero
pasándola muy bien, al parecer ninguno de los cuatro quería irse a dormir, fue
entonces que Darío tuvo la genial idea de invitarnos a su casa y nadar en su
piscina, así lo hicimos, nuevamente no le di tiempo a Patricia a que dijera
nada, miré fijamente a Julia que con disimulo me pidió que aceptara.
El jueguito que estábamos llevando a cabo con la mujer me
excitaba, incluso había tenido pequeñas erecciones cuando ella me había mirado,
mi esposa se había percatado de ello y mientras los seguíamos con nuestro
vehículo me lo hizo saber, sonriendo me dijo que tenía permiso para coger con
Julia si se daba la ocasión, no le contesté, simplemente sonreí.
Ellos vivían en una verdadera mansión sobre las sierras,
tenía un parque inmenso y una casona antigua con una gran cantidad de ambientes,
la piscina, muy grande que invitaba a darse un chapuzón, fue en ese momento que
me empezaba a dar cuenta que no habíamos traído los trajes de baño, Darío quería
ofrecerme unos short suyos, pero el era mucho mas alto y corpulento que yo, de
manera que no podría usar ninguna prenda de el, al final terminé quedando con
mis slip, total estábamos solo los cuatro, además el traje de baño de Darío era
una tanga color celeste tan o mas chiquita que mi calzón.
Antes de metérnos en el agua decidimos tomar una ducha en los
vestuarios, estando debajo de la lluvia pude observar a Darío desnudo, a pesar
de su edad el tipo tenía un físico muy bien conservado, a pesar que sus músculos
empezaban a aflojarse todavía se notaban las horas de gimnasio y deportes, fue
inevitable que vea su miembro, no la tenía muy larga, pero era llamativamente
gruesa y cabezona, inmediatamente se me cruzó por la cabeza una imagen de
Patricia sosteniendo en su boca la verga de Darío, tuve que darme vueltas por
que comenzaba a tener una erección.
Cuando salimos del vestuario volví a mirar el bulto de mi
amigo, por cierto se mostraba grande y provocativo, miré a Patricia para
observar su actitud, pero ella, adelantándose a los hechos ya había clavado sus
ojos en su entrepierna.
Nos tiramos los dos al agua y las animamos para que se
cambiaran y nos imitaran, Pato también tenía problemas con el traje de baño, sus
tetas no eran tan granes como las de Julia, aunque de abajo eran bastante
parecidas, Julia la tomó de la mano y se la llevó par adentro, salieron a los
cinco minutos, julia caminaba adelante mas resuelta y Pato, mas tímida venía
detrás caminando con vergüenza, ninguna de las dos traía puesta la parte de
arriba, me encantaba ver a mi esposa así, sus tetas pequeñas rebotaban a su paso
y la hacían mas hermosas, ni que hablar de las de Julia, enormes y duras, con
unos pezones duros y marrones que invitaba a darles un buen mordisco, - buenas
hembras tenemos – me dijo Darío, - ¡ya lo creo! – le contesté mirando a las dos
que se acercaban caminando como felinas.
Miraba a mi esposa y la veía hermosa, estaba muy excitante
con esa tanguita provista por Julia, era blanca y el triangulo no llegaba a
cubrir sus bellos púbicos, no me gustaba que se depile tanto, me gustaba su
conchita bien peluda, pero a ella le daba vergüenza que todos su pelos se le
escaparan por los costados, Darío miraba el triangulo de Pato y pude ver que
como yo se estaba poniendo al palo, empezaba a gustarme como se estaba
sucediendo los hechos, pues patricia se paró al borde de la piscina y giró
sonriendo mirando fijamente a nuestro amigo para que la observara, una fina
tirita desaparecía entre sus nalgas redondas y grandes, -¡te felicito amigo
tienes una mujer hermosa!- exclamo sin ningún tipo de pudores, -¡la tuya también
esta muy rica!- le dije mirando a Julia que empezaba a mirarme con ojos
lujuriosos.
Empezaba a imaginarme como iba a terminar todo, no sabía
cuando pero sabía que un intercambio estaba a punto de concretarse, nadamos y
jugamos los cuatro con una pelota de plástico, entre chapoteos y empujones tanto
Darío como yo aprovechábamos para tocar a la mujer del otro, ellas parecía no
molestarles y dejaban que las cosas se sucedieran como se dieran.
Al mediodía comimos algo rápido y Darío fue adentro a buscar
frutas, Pato se ofreció a ayudarle y entraron juntos a la casa, pasaron diez
minutos y no volvían, miré a Julia que se había dormido sobre una lona de playa,
sigilosamente me levanté y fui hasta la casa, entré a la cocina y no había
nadie, escondiéndome seguí caminando por un pasillo distribuidor hasta que los
encontré, Darío estaba semi sentado sobre una mesa de madera, frente a el y de
rodillas estaba mi esposa, la verga de mi amigo estaba fuera de la tanga,
totalmente parada y entraba y salía de la boca de mi mujer, ella se la chupaba
con furiosa calentura, la sostenía con una mano y con la otra se masturbaba, los
dos gemían y se incitaban mutuamente, -¿te gusta mi verga?- le preguntaba el,
-siiiiiiii, me encanta-, respondía mi esposa pasándole la lengua a lo largo de
su tronco, -¡parece que estas hambrienta de pija!- le dijo Darío, -¡hace mucho
que no tengo una verga como esta, es sabrosa!- le respondía Pato con voz ronca,
-¡haceme acabar con tu boca!- le pidió el, -¡hummmmm, me gusta la leche!- decía
mi mujer.
No pude evitar y me agarré la pija, estaba totalmente al palo
y me excitaba cada vez mas viendo a mi esposa chuparle la pija al nuevo amigo,
unas manos suaves se apoyaron en mi espalda, se deslizaron hacia delante y
buscaron aferrar mi tripa, era Julia que también observaba a su esposo con mi
mujer y se calentaba como yo, giré y me puse frente a ella, se había quitado la
tanga y me mostraba su argolla toda depilada, sin dudarlo me agache y metí mi
lengua entre sus labios vaginales, los gemidos de Julia hicieron que ellos se
dieran cuenta de nuestra presencia.
Se acercaron abrazados, Darío mantenía su gruesa verga
levantada, Pato me miró sonriente, sus labios parecían paspados de tanto chupar
esa verga, -¡vamos al living los cuatro!- dijo el y hacia allí nos encaminamos,
los hombres nos sentamos y ellas se arrodillaron entre nuestras piernas y
empezaron a mamarnos con ganas, era la primera vez que Pato estaba haciendo el
sexo en frente a mis narices aceptándolo yo, me encanta ver la dedicación que
ponía para hacer el sexo oral, sus labios gruesos envolvían a la perfección la
gran verga de su amante, suavemente se la tragaba y la iba soltando sin dejar de
succionar, mordía suavemente su glande y lo pajeaba lentamente haciendo que
Darío se vuelva loco.
Julia no era menos que mi esposa, se tragaba mi pija hasta
los huevos, se quedaba allí unos segundos y la soltaba lentamente, luego lamía
mis testículos y recorría la corta distancia hasta lamer mi ano, estaba pasando
un momento único, Darío miraba como su esposa me tiraba la goma y en sus ojos se
veía una mezcla de excitación, celos, odio y placer, eso me calentaba al máximo,
que otro tipo también sienta lo que yo al ver como su mujer se comporta como una
verdade puta.
No pude contenerme y empecé a acabar, los chorros de esperma
caían sobre la boca abierta de Julia que la recibía gustosa y se tragaba toda,
-¡puta, puta de mierda!- le gritaba Darío sumamente excitado entre gemidos y
respiración agitada.
Julia me limpió toda la verga, luego se sentó en otro sillón
con l as piernas abiertas, deslizaba su dedo a lo largo de su vagina y loca de
la calentura me dijo -¡vení pendejo chupame la concha!- me zambullí de cabeza
entre sus piernas pasando mi lengua entre sus labios, me tragaba todos sus
jugos, era una argolla muy sabrosa, ella aferraba mi cabeza por mis cabellos y
me estrujaba contra sus húmedas carnes.
Los gemidos de mi esposa me llamaron la atención, los miré y
ya estaban en otra etapa, Pato se había sentado sobre la verga de Darío, la
tenía enterrada entera y ahora mas que nunca se notaba el grosor de ese falo, el
hijo de puta se la estaba cogiendo sin forro y ella no decía nada, la cavidad de
mi esposa estaba totalmente abierta, ella subía y bajaba agresivamente sobre la
tripa del tipo, mientras tanto el le acariciaba sus nalgas, se las separaba y
con un dedo jugaba sobre el orificio anal tratando de dilatarlo.
No quería ser menos que Darío y dejé de chuparle la concha a
Julia, ella mantuvo sus piernas abiertas sabiendo lo que me proponía y vio como
apuntaba mi pija dura a su concha mojada, solo tuve que apoyar mi glande en su
entrada, empujé suavemente, su concha caliente y hambrienta se deglutió mi
poronga, -¡hummmmmmmm, siiiiiiiiiiiiii!- gritaba Julia sonriendo
placenteramente, empecé a bombear frenéticamente disfrutando a la esposa de
Darío que a pesar de estar garchando a mi esposa no dejaba de mirar como gozaba
la suya
Estuvimos jadeando y gritando casi por media hora, Pato,
Julia, Darío y yo acabamos los cuatro juntos, fue maravilloso cogerme a la
esposa de otro y ver a la mía gozar con otra verga, nos dejamos caer sobre la
alfombra a esperar recuperarnos.
Darío invitó a su esposa a ducharse, desaparecieron de la
mano y se metieron en el baño, me quedé al lado de Patricia que recostada
mantenía sus piernas bien abiertas, podía ver como la leche de Darío comenzaba a
salir de su conchita peluda, no pude aguantar la tentación y metí mi boca en su
vulva, mi lengua la penetraba, sentía sus jugos mezclados con el semen de su
amante, me excitaba hacerle el sexo oral en esas condiciones, a ella también,
gemía y abría sus labios vaginales para que pueda lamerle todo y que pueda
recogerle la mayor cantidad de líquidos.
Julia y Darío regresaron a los minutos y se echaron a nuestro
lado, hablamos de cualquier cosa mientras nos acariciábamos cariñosamente, nos
sentíamos relajados y satisfechos de lo vivido, me había excitado muchísimo ver
delirar de placer a Patricia con Darío y pude conocer el sentimiento de cogerse
a una mujer delante de su esposo, lo que estábamos viviendo era realmente
sublime.
Entre charla y charla acordamos que esa noche iríamos a
bailar los cuatro a un boliche para gente mayor, pero esa es la historia que
sigue.
Esperamos sus comentarios y sus mensajes a mi correo que es
pedrocabrini@yahoo.com.ar o al de
mi esposa que es
patriciacabrini_78@hotmail.com