Muchas alumnas habían intentado ligársela, pero tenía mucho
carácter y nunca se dejaba influenciar por las más dulces de las promesas.
Siempre que me daba clases me encantaba verle con frecuencia las pompis a la
maestra, y nunca había entablado conversación con ella excepto para participar
en clase, tareas etc. A pesar de tener mucho carácter, siempre trataba a todas
las alumnas con mucho cariño, y aunque encontrara a una que otra rebelde grosera
siempre les respondía con educación hasta donde fuera posible. Siempre me
quedaba hasta el final de la clase para verle su lindo y respingado trasero,
sabía que no estaba bien enamorarme de ella, pero a veces existen instintos de
muy díficil control. Estuve bastante tiempo en esta tesitura dos o tres meses, y
supongo que ella sabía porque permanecía tanto tiempo en el salón de clases,
pero como nunca le había dicho nada, en principio no tenía ningún derecho a
decirme nada a mí. Ella tendría cerca de 30 años y yo todavía aun no había hecho
los15.
Sin embargo un día surgió algo inesperado. Estaba a punto de
retirarme del salón cuando ya era la última de la clase que faltaba para
marcharse me dijo: - perdona cariño tengo que hablar un momento contigo. - usted
dira señorita. - me da mucha vergüenza decirlo, pero tu solo te quedas en el
salón para verme las pompas y mis senos. Muchas alumnas lo hacen, pero solo
porque son unas niñas que no saben lo que quieren donde.
Tu todavía eres una niña bastante joven y creo que todavía
puedes cambiar.
Necesitas que alguien te enseñe y a la vez te de un afecto
que nunca has tenido. Por esto necesitas a una influencia materna que te guíe en
momentos en los cuales, no sabes que lo que estas haciendo en tu vida, es insano
y pernicioso para ti misma. - gracias por su comprensión señorita, ruego
disculpe mi proceder tan lujurioso, que no aspira más que a silenciar mis
verdaderos problemas. - lógicamente no podemos ser "amantes", porque soy más
mayor que tú, pero si que puedo hacerte de amiga que se preocupa por ti.
Creo que tengo que decirte algo. - por favor, dígame
maestra.- creo que necesitas que alguien te levante las faldas y te baje las
pantaletas , te tumbara en sus rodillas y te diera unos buenas nalgadas, yo creo
que soy la persona más idonea porque soy mujer, y porque te tengo en mucho
aprecio y cariño. Te dolería un poco el culito, pero creo que en las faldas de
una dama, puedes aprender mucho más que en cualquier escuela. Pero no te
confundas yo quiero enseñarte en ningún caso castigarte. Yo creo que los azotes
deben darse siempre, para aprender con ternura y cariño. - señorita, me moriría
de vergüenza. - tienes que tener confianza en mí, te doy una semana para que lo
pienses.
Cuando lo hayas hecho, vienes y con mucho gusto te daré el
cariño que necesitas. - señorita, creo que lo he pensado y creo que es usted la
persona más idonea para corregir y enmendar mi mala conducta. - cariño, me
alegro que comprendas la situación en la que estas. Ojala todos las alumnas
fueran tan comprensivas como tú. - ¿ pero señorita habré de enseñarle mi
trasero?.- Asi es cariño no tienes nada que temer de mí. No lo hago para que
sientas vergüenza sino que para que pienses con el trasero bien calentito, lo
que le puede ofender, que se le miren las nalgas. Te azotare con mis manos para
que sientas confianza y asumas esta enseñanza con madurez..
Entonces me abrazó y me dijo que ahora estaría cansada, para
recibir los azotes, me dijo que me visitaría por la mañana a mi dormitorio, yo
le dije que si y entonces me castigará como ella creyese conveniente.
Entonces se puso a llorar tiernamente, y me abrazo, y me hizo
inclinar la cabeza, lo que hizo posible que sintiera sus turgentes pechos en mi
mejilla. Me fui, y al día siguiente desperté con una excitación que no tenía
medida. Cerca de la hora de comer, llamarón al timbre y era mi querida maestra.
Había venido tan atractiva y femenina como siempre acostumbraba a vestir. Me
miro muy sonriente y con una sonrisa de oreja a oreja, ambas sentiamos una
tierna complicidad, y a pesar de que ambas sabíamos que en breve habría de
dejarme el culo como un tomate, procuramos no hablar de ello. Platicamos en paz
y armonía. Cuando de repente, ella me dijo: - cariño, me temo que ha llegado el
momento de calentarte el trasero. Deberás contar todos los azotes que te de en
las pompis. Ven, acomodate en mi regazo. Entonces suavemente me alzo la falda y
me bajo las pantaletas hizo un pliego en su falda, y me tumbe en sus rodillas.
Entonces acomodado en su regazo, me dio una breve charla acerca de cómo debía
comportarme. Me dijo que me iba a dar las nalgadas, para que aprendiese a no ser
tan mirona, y para que en un futuro aprendiese a ser más discreta. Sentía mi
vagina bien mojada, pero ella parecía no darse cuenta de ello. Sin más
preámbulos me castigo. Estuvo cinco minutos, palmoteandome con severidad, y hube
de contar 200 azotes. Me había dejado el culo como un tomate. Después me dijo
con dulzura que podía incorporarme. Al día siguiente en la clase, me sonrió y me
dio su almohada para sentarme.