Pero volvamos atrás. Seguramente cualquier lector avispado se
preguntará por mi marido al que he esquivado porque su existencia me resultaba
angustiosa después de lo que había hecho. Durante las primeras semanas en
Barcelona llamaba cada dos días a mi marido para informarle que estábamos bien
los niños y yo y que no había novedad. Él no llamaba nunca y cada llamada mía
era cada vez más corta puesto que él no tenía nada que decirme, así que la
frecuencia de llamadas se fue haciendo progresivamente decreciente.
Cuando comencé el rodaje de la segunda película, y en montaje
la primera, mi mayor ansiedad era llamar a mi marido para solicitarle el
divorcio antes de que se comercializaran y por cualquier causa mi trabajo
llegase a su conocimiento. Para entonces hacía ya cuatro meses que no
hablábamos. Sus teléfonos no contestaban. Ni el de casa, ni el de su oficina ni
el móvil. Por fin, al cabo de dos semanas alguien respondió en el teléfono de mi
casa. Respondió una mujer que afirmaba ser la compradora del piso y que si
conocíamos al vendedor, del que no sabía nada, ya que lo había comparado
mediante agencia y ésta no lo localizaba, le informásemos que necesitaba que
desalojase las pertenencias personales, entre ellas ropa de mujer y de niño.
Mi padrastro Julián se traslado a Madrid para hacer
averiguaciones. Efectivamente, nuestro piso lo había vendido Borja Luis
ayudándose del mismo y amplio poder notarial que le otorgué cuando hicimos la
compra y yo estaba a punto de salir de cuentas de mi primer niño. Julián se
enteró, valiéndose de sus numerosos contactos, de que mi marido había
transferido todo el dinero de la venta a una cuenta en Venezuela y había tomado
un vuelo para allá. Consideró con buen criterio, que yo aprobé y le agradecí,
que más valía olvidarse de él. Así que se hizo cargo de mis cosas y las de los
niños que quedaban en el piso y las facturó para Barcelona.
Yo no estaba muy segura de que, dado el rumbo que había dado
a mi vida, era mejor ser casada con marido desaparecido o divorciada. Mamá y
Julián me hicieron salir de dudas cuando me dijeron que, con toda seguridad, en
el proceso de divorcio la custodia de mis hijos se la hubieran dado a él en
vista de mi profesión actual.
. . . . . .
El rodaje de una película porno es eterno. Y eso lo aprendí
cuando rodaba pelis suaves y de bajo coste, cuando el mejor decorado era una
habitación de cualquier piso, una cocina, el jardín de la casa de mis padres
prestado, una playa poco frecuentada a temprana hora o los confines de un parque
natural. Ahora que trabajo en películas más elaboradas me reafirmo en ello.
Una actriz tiene la regla o una contractura muscular, un
actor sufre de stress pasajero y no se le empina, alguien llega al rodaje con
resaca, otras presentan moratones o irritaciones indisimulables con el
maquillaje, algunos prefieren las ganancias que le proporciona ir la noche
anterior a una orgía de gente con pasta o incluso embarcarse en un crucero a
mitad de rodaje, otros explotan las entrevistas en la prensa del corazón si han
tenido la suerte de meterse en la cama de un famoso. El hecho es que los rodajes
se suspenden cada dos por tres.
Esos días libres me los cubría muy bien mamá con su
hiperactividad y su impresionante agenda de contactos.
Lo primero que hicimos fue acudir a una clínica para que me
hicieran una ligadura de trompas y de paso contratar una asistencia ginecológica
periódica para acreditar con garantía que yo estaba libre de cualquier ETS
cuando trabajase sin condón. Las pelis en que se usa el condón tienen poca
acogida y consecuentemente poca remuneración para las actrices y actores. Aparte
de que existen escenas, como las que tendría que rodar cuando entrase en el
porno duro, que son imposibles con condón.
Le pregunté a mamá si ella se había hecho también la ligadura
de trompas y me hizo confidencias. Julián quería tener un hijo de ella y habían
tenido discusiones porque a su edad el riesgo de malformaciones en el feto era
alto, pero Julián le había jurado que tendría un seguimiento médico escogido y
si eso ocurría, abortaría antes.
- Así que ya sabes, cariño, para la primavera del año que
viene tendrás un hermano más joven que tus hijos, mis nietos.
- Jo! Me vas a dejar sola en esto del porno. Mamá, sabes de
siempre que no soy muy lista, si me dejas sola se van a aprovechar de mi.
- No te dejaré sola nena, trabajaré en el porno hasta el
parto y en el parto. Dejaré de trabajar contigo durante el tiempo que tarde en
confirmarse el embarazo y, nueve meses después, durante la cuarentena, pero te
acompañaré a los rodajes, vigilaré como te tratan y Julián te amparará.
- ¿Cómo?. No te entiendo mami.
- Te explico: Yo voy a seguir rodando películas aunque esté
preñada. Las actrices preñadas son las mejor pagadas ya que son difíciles de
encontrar y el morbo demanda cada vez más escenas extremas. La demanda llega a
tal grado que algunos proxenetas retiran los anticonceptivos a sus putas para
que queden en estado y ofrecerlas a las productoras de porno. Incluso hay
parejas casadas sin relación con el porno que, jodiendo ante las cámaras en los
últimos meses del embarazo, financian la entrada para la compra de su piso así.
- No entiendo mami. Julián y tu no parecéis necesitados.
- ¿Cómo te crees que se llega a no ser necesitado?, Pues
cariño, aprovechando cualquier oportunidad, por nimia que sea, para atrapar un
euro. Así se consigue una posición. Estos catalanes me lo han enseñado. Trabajar
y no dejar pasar oportunidades. En Madrid yo era idiota.
. . . . . .
Por sugerencia de mi padrastro, mamá me presentó al gerente
de un famoso club de sexo para ver de contratar mis servicios en algunos números
fuera de la programación habitual. Suplencias, pequeños vídeos, cámara en
directo y cosas así. El gerente, cumpliendo con su obligación, me examinó bien a
fondo alabando mi cuerpo, me folló los dos agujeros delante de mamá tras
comprobar que también era capaz de mamársela debidamente y quedé contratada.
Pero para hacer más tarea de la que inicialmente teníamos en mente mamá y yo.
Aparte de las suplencias y otros trabajos cuando estuviese
desocupada de los rodajes, los sábados por la noche haría un número que me
explicó:
Tu y otra chica negra, que está también de bandera, saldréis
al escenario y haréis un strep tease enseñando bien a los clientes vuestros
encantos. A continuación iniciaréis un lésbico con algunos juguetes que os
pasará la presentadora, os embadurnaréis la una a la otra de aceite corporal
para que vuestros cuerpos queden bien brillantes. Quiero que el número sea muy
caliente, mucho gemido, ya sabes, simulad un orgasmo. Por último saldrán al
escenario un chico negro y otro blanco y rubio bastante apolíneos, lo que os
merecéis. Tu te encargarás del negro y la negra del rubito para que haya
contraste. Se la mamas y que te folle por los dos agujeros de forma que lo vea
bien el público. Finalizaréis con una doble penetración, primero a una y después
a la otra mientras la que tenga los agujeros libres chupa culos o lo que se le
ponga, o bien le ofrece el coño a la boca de la follada. Si no se corren dentro
de vosotras presentadles la cara con la boca abierta para que os bañen en lefa.
Si se corren dentro, procurad que los espectadores vean aflorar el semen y abrid
el agujero para que salga y se deslice por vuestras piernas.
¿De acuerdo?
- Entendido, de acuerdo. ¿Cuánto es eso?.
- Quinientos euros por sesión. ¿Te vale?
- Vale.
- Un momento. –dijo mamá- ¿Con o sin condón?
- Sin. Ah, se me olvidaba, cada 15 días un certificado
médico, como todos los que trabajan aquí en el sexo.
- Entonces que sean 600 euros.
- Está bien. Está bien. Ah se me olvidaba, si después del
número haces trato con algún espectador es cosa tuya, si utilizas para ello una
habitación o reservado del establecimiento, se te hace un 25% de descuento.
. . . . . . .
Me apunté al salón de belleza con gimnasio de mamá que además
tenía cabinas de rayos UVA para mantener uniforme el bronceado. Son incómodas
las posturas que hay que adoptar para que no te queden marcas blancas en las
nalgas, bajo los pechos o la entrepierna. Eso si, los resultados son de
agradecer, sentía bastante alta mi autoestima cuando me miraba en pelotas al
espejo o cuando observaba mis hermosas y cuidadísimas manos que antes fregaban y
ahora cuidaban en el salón con todo esmero cada dos días. En casa de mis padres
quien se encargaba de ello era la chiquita asiática.
Julián me invitó un día a probar a la criadita. Era fenomenal
mamando coños y me aficioné a ella de tal forma que todas las noches me dormía
satisfecha, si no era por los encuentros en la cama con mis padres era por la
experta labor de la criadita.
Una cuestión que planteó Julián fue la de mi nombre
artístico, no iba a seguir siendo Eva Gómez como aparecí en mis tres películas
de introducción. Mamá se llamaba profesionalmente Tracy Suck, pero yo quería
algo en español y conservar mi nombre de Eva. Julián sugirió Eva X.
- Ya, Evax, ¿No te jode?, para que la llamen La Tampax o la
Compresas.
- Bueno ¿Y Eva Semen?
- Podría ser ...
- Mejor Eva F
- ¿Efe?, de qué.
- Pues Eva folladora, Eva furcia, Eva felación, Eva fuck, Eva
fetiche, queda ambiguo y que hagan cábalas. Llamará la atención más que una
letra tan clara como la socorrida X de siempre.
- De acuerdo pues: Eva F
. . . . . . . . .
Una tarde de domingo, al regresar a casa con los niños de un
paseo, la criada me dio una nota de Julián y dijo que ella se hacía cargo de las
criaturas. La nota decía:
"Ven a la dirección de abajo a una entrevista para el rodaje
de una serie. Ponte imponente como sabes y limpita de los agujeros. Tu madre y
yo estaremos allí.
C/ xxxxxx, núm nn en BBBB"
Así pues me duché, me administré un enema, me acicalé, me
vestí de infarto y tomé un taxi rumbo al sitio.
Era un gran chalet con una buena extensión de jardines
rodeándolo por todas partes. Me abrió la puerta una empleada joven y guapa y me
condujo desde el imponente vestíbulo a un gran salón.
Allí estaban Julián, su socio Estéban, un señor de unos 60
años y una señora que rondaría los 50. Ellos estaban vestidos y sentados en
butacas. Delante se encontraba mamá como Dios la trajo al mundo.
Mientras Julián me presentaba como Eva F y me comunicaba que
Don Francesc necesitaba actores y actrices para rodar una serie para el canal
porno de una conocida cadena de televisión por cable, me hizo un gesto para que
me quedara como mamá.
No lo dudé y en menos de tres segundos me deshice de los tres
trapillos que llevaba. Como me tiene enseñada Julián, adopté las convenientes e
impúdicas posturas tanto de frente como de espaldas al señor Francesc para
mostrarle la mercancía.
Me hizo un gesto para que me aproximase y obedecí
diligentemente. Con unos cuantos graciosos pasitos para hacer bambolear mis
tetas me coloqué ante él.
- Inclínate.
Me sopesó los pechos examinando atentamente mis pezones y
oscuras aréolas. Los levantó para mirar bajo ellos, Tironeó de los anillos, me
sobó también los hombros y los brazos hasta llegar a mis bonitas manos de pulcra
manicura que también examinó escrupulosamente, acarició y beso suavemente.
- Magnífica, magnífica. -Murmuró. Yérguete.
Acarició mis muslos y, empujándome para girar, también mis
nalgas. Separó loas cachetes y metió dos dedos en mi coño para después
llevárselos a la boca. A continuación metió los dedos en mis ano y los olió.
Pasó su gran manaza por mi entrepierna agarrando la vulva y apretándola. Otra
vez me hizo girar cara a él para separar el capuchón de mi clítoris y
observarlo. Lo pellizco un poco fuerte y lo hizo excitar.
- Bien, bien, de tal palo tal astilla. Estoy satisfecho.
Ahora las voy a hacer una pequeña prueba de actitud. Vamos al jardín.
Mamá se acercó a nosotros y abrazándonos por la cintura con
sus grandes manos en las posaderas salimos la jardín. Antes de salir pude ver
que Julían estaba al lado de la señora ofreciendo su pene a la boca y que
Esteban se quitaba la chaqueta.
En el jardín había unas colchonetas tiradas por el suelo
cerca de unas tumbonas, unas sillas y una gran mesa. Sobre la mesa diversos
juguetes para el sexo.
La actitud de Don Francesc cambió radicalmente y se volvió
grosera.
- Veamos putas. Ofrecedme un buen lésbico.
Yo iba a protestar por el apelativo pero mamá me besó en la
boca para callarme y después siguió acariciándome como ella sabe para ponerme a
cien. Tras unos minutos de escarceo en que disfruté del divino cuerpazo de mamá,
a la que algunos suponen mi hermana mayor, nos enzarzamos en un 69 mientras el
hombre miraba y se desnudaba. Ambas hacíamos lo posible para que tuviese buena
vista de los dos peladitos y abultados coños chupados, lamidos y mordisqueados.
- Tu. Vieja zorra, ponte esto y prepárame los agujeros de la
golfa de tu nena. –Dijo al entregarla un arnés con un gran dildo de doble
cabeza.
Mientras mamá se metía con dificultad el tremendo garrote en
su coño yo calculé que aquella monstruosidad me haría daño. El hombre nos regó
con un spray de aceite corporal y lo fue extendiendo por nuestro cuerpo
sobándonos de forma un tanto ruda y estrujando nuestros pechos con fuerza. En
prevención del garrote, yo misma me extendí bien el aceite por la vulva y el
ano.
- A cuatro patas zorra.
Me puse en posición sobre la colchoneta y el cabrón de él me
metió tres dedos en el coño girándolos y encogiéndolos apresurada y brutalmente.
De vez en cuando, encogiendo el anular hacía asomar la falange, rodeado de la
pared intestinal, por el agujero del ano. Acabó por meterme la palma de la mano
entera y el pulgar en el ano. Tirando del periné me levantaba las rodillas del
suelo. Me hacía bastante daño. Por fin paró y cedió los agujeros a mamá para que
me penetrase con el enorme dildo del arnés.
Noté el enorme tronco llegar hasta el fondo de mi útero
mientras él apremiaba a mamá para que me bombease profunda y enérgicamente.
Mientras mamá me follaba él me enganchó unas cadenas en las argollas de las
tetas y otra en la del clítoris y empezó a dar tirones de ellas ante mi pavor
por una rasgadura de mis apreciados órganos.
De un empellón con el pié echó a mamá a un lado y la ordenó
tumbar boca arriba sobre la colchoneta y a mi que me enfundase el dildo en el
ano. Pese a mis esfuerzos no entraba, y eso que no era precisamente una estrecha
de agujeros, ya los tenía bastante entrenados. Se apoyó en mis hombros y de un
empujón quedé empalada y sin respiración. Noté distendido el esfínter como nunca
y supuse que me lo había rasgado. Después comprobé que no.
Para espolearme a subir y bajar por el grueso garrote empezó
a tirar de las cadenas y no tuve más remedio que hacerlo salvo arriesgar la
integridad de mis pezones y de mi clítoris que tanta felicidad me proporcionaba.
Cuando se me pasaron las molestias y empecé a subir y bajar
incluso con placer, el muy hijodeputa me hizo abrir la boca y sin la menor
vacilación me metió su muy apreciable rabo hasta superar la garganta y alojar el
glande en el esófago. Me empezó a follar la boca con crueldad. Yo me ahogaba y
tenía arcadas. Se me caía la baba por los pechos y mi maquillaje era ya un
desastre. Intenté zafarme pero él dividió mi melena en dos partes a ambos lados
de la cabeza y aferrando con una manaza cada parte me sujetó sin posibilidad de
fuga. No me quedó más remedio que concentrarme para seguir su ritmo y poder
respirar.
De cuando en cuando me dejaba un momento de descanso durante
el cual me aporreaba la cara con su verga y me daba bofetadas en los pechos, en
la espalda y en las nalgas. En tal trance me olvidé de seguir cabalgando sobre
el garrote metido en mi ano y él ordenó a mamá que tomase la iniciativa para que
mi culo no se sintiese abandonado.
Para colmo noté como su pie intentaba entrar en mi coño. No
tuvo ningún reparo en espetarme:
- Ábrete el coño con los dedos, cerda.
- Lo hice y el pié entró hasta el empeine comenzando a
empujar con su planta hacia el tronco alojado en mis intestinos.
Afortunadamente eso no duró mucho. Me levantó de un tirón
pasando sus brazos por mis axilas desde atrás y se produjo un sonido ¡Blooop! al
destaponarme el culo, culo que no disfrutó mucho de su alivio porque de
inmediato, manteniéndome en vilo y trasladando sus brazos a las corvas de mis
piernas me metió su rabo y comenzó a sodomizarme.
- Tu, la vieja. Levanta y vuelve a tapar el coño de esta
zorra.
Mamá obedeció y volvió a alojar el dildo en mi coño. Así me
mantuvieron en una doble penetración durante lo menos cinco minutos. Debo
reconocer que mamá y el tipo se sincronizaron bastante hábilmente. Se notaba la
experiencia de ambos.
- Puta vieja sácale el trasto a tu hija y cómele el coño.
Mamá me lo comió durante un rato hasta que él sacó su verga
de mi culo.
- Y ahora cómete ese sucio culo abierto.
Mi culo debía tener una abertura descomunal pues sentía cómo
la lengua de mamá entraba en toda su longitud y notaba sus dientes pegados a mi
vulva. De repente Don Francesc me soltó y caí sobre la colchoneta. Se abalanzó
sobre mi para ponerme otra vez a cuatro patas.
- Vieja ramera, fóllale el culo a la niña con el puño.
No le costó gran cosa a mamá meter la mano en mis tripas y
empezó a bombearme. El hombre la obligó meterme el brazo hasta el codo. Noté
cómo mi estómago y otros órganos que no supe identificar se quejaban por la
presión. Él por su parte volvió a follarme la boca de la misma brutal manera que
antes. Así otros cinco interminables minutos al cabo de los cuales dijo:
- Ahora veamos el comportamiento de la veterana. Ven puta,
ponte a cuatro patas y cómete mi culo. Tú, quita a tu puta madre el arnés, que
ya debe tener el coño muy abierto y métele la mano dentro de ese agujero gastado
e inmundo.
Estuve un rato follando a mamá con el puño mientras Don
Francesc, agachado hacia delante le ofrecía su negro agujero. Al poco me llegó
mal olor y contemplé con repugnancia cómo mamá tenía la boca pringada de una
sustancia marrón oscuro. El muy puerco se había cagado mientras mamá le comía el
culo, pero ella no cesó en su labor.
Después se volvió hacia ella y comenzó a golpearla en la cara
con la verga como a mi. Al contrario que yo, que intenté eludirlo, mamá ponía la
cara al descubierto y se reía. Ahí se nota una profesional. Qué grande mamá.
Alentada por el ejemplo de profesionalidad de mamá arrecié el
fisting hasta que la buena verga de Don Francesc apareció ante mi vista y
enfundándola en el culo de mamá me dijo:
- Agárrala fuerte por dentro.
Tanteando dentro del cólon de mamá localicé el robusto pene y
lo agarré intentando que mis uñas no arañasen los delicados tejidos de su útero
e intestinos. El tipo empezó a bombear y aquello se convirtió en una paja que yo
le hacía dentro de las tripas maternas.
Cuando se hartó de ese juego sacó el pene y se fue hacia la
mesa dándonos a las dos un pequeño respiro. Yo estaba agotada y enferma. Aquel
individuo era algo incansable. Su demencial uso de nuestros cuerpos y su
brutalidad me tenían francamente asustada. Mamá me susurró:
- No temas nada. Sabe perfectamente hasta donde puede llegar.
- Poneos de pie, zorras.
Nos erguimos ante él, aliviada yo de mis riñones y supongo
que también mamá. Nos empezó a arrear en las tetas y en las nalgas sin piedad
con una pala de ping pong. Los anillos de los pezones de las dos resonaban y nos
hacían mucho daño por repercusión en ellos. Ante cada golpe yo retraía los
pechos o las nalgas mientras que mamá las ofrecía. Tuve que imitar su conducta,
no iba a consentir que la veterana me ganase. Cuando paró ordenó:
- ¡La veterana, sobre la mesa patas arriba!. Cógete los
tobillos, llévatelos al cuello y muestra bien la entrepierna que quiero
comodidad para trabajar tus gastados agujeros.
En ese momento no hubiera sido yo capaz de afirmar que
hubiera tenido la elasticidad para hacer lo que mamá: colocarse los tobillos
tras el cuello y asentar las rodillas casi sobre el tablero de la mesa. Me
prometí más disciplina en el gimnasio. Era obvio que el mantenimiento del cuerpo
es esencial para ser hembra de provecho.
Don Francesc (me pregunté por qué si al principio lo apelaba
como cabrón, bestia, hijodeputa y otras lindeces, ahora lo llamaba Don Francesc.
Debería analizarlo) me entregó un rosario de bolas de látex gordas como pelotas
de golf y me ordenó metérselo entero a mamá por el ano. Me puse a ello y él le
coló en el coño cuatro pelotas de golf.
Cuando terminamos mandó a mamá correr hasta una esquina del
parque y regresar. Mamá obedeció, su forma de correr era absolutamente jocosa
pero ella procuraba poner un gesto digno. Cuando regresó acalorada, Don Francesc
la hizo colocarse otra vez sobre la mesa y le insertó, a trancas y barrancas, su
polla en la repleta vagina por las pelotas de golf. Una vez hubo metido toda la
polla (a mamá le aparecían bultos sobre el pubis) la flexionó hacia atrás sobre
su cuello hasta dejar su cuerpo casi vertical y, agarrando el cabo del rosario
de bolas que yo le había metido en el ano lo extrajo de un seco y brusco tirón.
Fue la única vez que escuché gemir a mamá. Sacó la polla de su vagina y dijo:
- Expulsa las pelotas de golf si eres capaz. Eres una zorra
tan gastada que no podrás.
Con asombro contemplé como mamá expulsaba, con solo el
esfuerzo de sus músculos vaginales, las cuatro pelotas una a una con aparente
facilidad. No sé si por devolverle los insultos, la última pelota salió más
disparada y le acertó en la nariz a Don Francesc.
- Bueno, cerdas, vaya cara que tenéis. Hay que limpiaros.
¡Ante mi de rodillas y bocas abiertas!.
Es cierto que tanto mamá como yo teníamos todo el maquillaje
enfangado y la cara llena de la mierda del señor. Él se dignó limpiarnos con su
orina y además nos concedió el honor de sugerir que nos tragásemos alguna
buchada, cosa que no dudamos en hacer.
- Y ahora, veamos cual de las dos gorrinas tiene el honor de
recibir mi semen.
Nos volvió a follar la boca –perdón, la boca no, la garganta-
con su brutal estilo y la afortunada fui yo.
- Dale a tu mamá la parte que le corresponde.
Como él eyaculó directamente en mi esófago no había nada que
darle a mamá, pero disimulé soltándole a ella mi saliva en su boca.
La violenta personalidad de Don Francesc mutó nuevamente
hacia el otro extremo:
- Espero señoras que me disculpen esta conducta. No soy así
por naturaleza. Pero antes de contratar a un trabajador siempre se deben
comprobar sus aptitudes y actitudes. Es una cuestión de profesionalidad.
- No se preocupe, Don Francesc, las dos sabemos que es usted
un caballero y le agradecemos que nos haya admitido al casting. Realmente usted
no ha sido tan estricto como imaginaba, cosa que, nuevamente, le agradezco.
Espero que hayamos superado la prueba y disculpe a mi hija si en algún momento
ha flojeado. Ya sabe que es principiante.
- No señora, no hay nada que disculpar. Su hija es muy
adecuada para el papel que debe representar. Sus nimios errores los pulirá
durante el rodaje y, si usted la instruye, ni eso siquiera hará falta. Ahora
regresemos al interior donde espero que su esposo y Don Esteban hayan atendido a
mi mujer como debe ser. Por favor, pasen delante.
En el salón estaban mi padrastro, Estéban y la señora tomando
una copa. Ella seguía desnuda sobre un sofá entre ellos vestidos.
- ¿Qué tal querida?. ¿Te han agradado mis nuevos socios?
- Fantástico Francesc. Me han regalado una deliciosa tarde. Y
a ti ¿Te han agradado las señoras?
- Fabulosas en todos los sentidos. Caballeros, firmaremos los
contratos de coproducción y con sus dos estrellas si les viene bien el próximo
martes en mi oficina. ¿Lo celebramos?
- Cariño, empieza tu con nuestros invitados varones, que me
temo que tanto yo como las señoras necesitamos una visita a los baños.
Con toda cortesía e interesante, aunque breve, conversación,
la señora nos llevó a los servicios y pudimos restaurar nuestro físico en lo que
cabía. Al bajar la escalera los caballeros nos aplaudieron por nuestro renovado
aspecto. La agonía estaba bajo la exigua ropa.
- Son divinas, ¿no es verdad? –dijo Don Francesc- hasta mi
madura esposa es digna de citarse en un manual de uso como hembra de provecho.
- No lo dude, Francesc. Espero que me invite alguna vez más a
disfrutar de los indiscutibles encantos de su esposa y sabe que la mía está a su
disposición al igual que mi hijastra. Nuestra asociación será un éxito.
- Brindemos pues.
CONTINUARÁ.