Mi Tío el Ranchero SEIS
Todavía se oían los ruidos de mi tío en el baño. Después de
que terminó de secarme, mi papá se sentó junto a mí en la cama, un poco por
acompañarme, un poco por descansar también. Y me pregunta en voz baja:
- ¿Cómo te sientes hijo?
- ¡Muy bien Pá!
- Baja la voz...
- Ok... Muy bien Pá. Muy contento.
- ¿Seguro?
- Seguro Apá.
- Bueno, entonces me estoy tranquilo hasta que lleguemos a la
casa y podamos platicar largo y tendido sobre todo esto, ¿está bien?
- Está bien Pá.
- Bueno, ¿ya te quieres dormir?, ya es algo tarde.
- Sí... pero...
- ¿Pero qué?
- ¿Ora no me vas a dejar dormir contigo?
Sonrió, me talló la espalda, me da un beso en la sien y me
dice: "Ándale pues, vente a mi cama, que la tuya está muy chiquita". Se levantó,
caminó hasta los pies de su cama, se puso las sandalias y así, vestido sólo por
las sandalias, se fue a la cocina. Me gustó mucho la idea de que anduviera
desnudo por la casa y me encantó como se movían de un lado para otro sus huevos
colgantes. Los míos nunca colgaban. También desnudo, yo empecé a acomodar su
cama que estaba hecha un desmadre. En eso se abrió la puerta del baño y apareció
el tío envuelto por la cintura con la toalla, lo que me causó gracia:
- ¡¿Y ahora?!... mi papá y yo encuerados y ¿ahora usted es el
único tapado?
- Cállese escuincle, baje la voz. ¿Dónde anda su apá? (cosa
que me pareció por demás cómica).
- Fue a la cocina tío, no hay moros en la costa (caminó casi
de puntitas hasta su cama y se sentó "recatadamente"... cosa que fue de notarse)
- Oiga, ¿y cómo anda su apá?... ¿trae cara de encabronado?...
- ¡¿Mi papá?!... ¡no para anda!, al contrario, anda contento,
hasta me dejó dormir otra vez con él.
- ¡Ah ¿sí?!...
- Ajá
Yo seguí acomodando las sábanas, pero alcancé a notar que le
cambió el semblante, de asustado a malicioso otra vez. Y dice, como pensando en
voz alta: "Y yo que pensé que había sido por la calentura de la cerveza... mira
tú, las sorpresas que se lleva uno". Lo dejé hablar. Cuando terminé, volteé a
verlo y le dije:
- ¿Qué?... ¿va a dormir con la toalla enrollada?
- ¿A dormir?... ¿ya nos vamos a dormir?... pero si su papá no
terminó... ¡no echó los mocos pa’fuera!".
Hasta entonces me cayó ese veinte. Era cierto, mi papá andaba
"caliente" todavía, pero con ese súper desmadre que nos habíamos echado en el
baño, se me había olvidado por completo. Me senté en la cama y me le quedé
viendo al tío, expectante, a ver qué más decía. Como no dijo nada, nomás tenía
la mirada clavada al suelo, hablé yo:
- ¿Y qué será, que se quede así? (Levantó los hombros y me
puso cara de total incertidumbre)
- No sé mijo, ¡y ni modo de preguntarle! (y poniendo cara de
malicia otra vez)... porque lo que es a mí, me gustaría un chingo regresarle el
"favorcito" que me acaba de hacer... ¿a poco a usted no se le antoja chuparle la
reata a su papá, Mijo?
Nomás se me subió el color de recordar "ciertas cosas",
levanté los hombros, sonreí y le dije que no sabía. Se quedó un momento
pensativo y dice: "Péreme mijo, voy a la cocina a preguntarle si vamos a
seguirle o qué madre... ¡no se me duerma!". Sonriendo contesté con la cabeza que
no, que no me iba a dormir.
Alcancé a oír los murmullos desde la cocina. Mi emoción
empezó a alborotarse de nuevo nomás de pensar que mi papá pudiera acceder a que
siguiéramos con el jueguito. La charla continuó y mi emoción desbordó en una
nueva erección. Los murmullos cesaron y apareció mi tío con cara de total
descontento, diciendo como para sí mismo: "Que no. Que ya nos durmamos...
¡cabrón!... con lo divertida que estaba la cosa". Tomó una revista y se dejó
caer en su cama, con la espalda recargada en la cabecera, subió las piernas para
cruzarla, teniendo el escrúpulo de cuidar que la toalla no se cayera. Yo, para
mis adentros pensé que NO, que la diversión NO había terminado ahí, y de eso me
encargaba yo.
Me levanté para rodear la cama y acostarme, pero el tío
alcanzó a ver mi verga parada. Me dice en voz baja: "A ver mijo, venga rápido
para darle una chupadita en lo que llega su papá". Dudé unos segundos en hacerlo
o no, pero los pasos de mi papá nos cortaron la inspiración, así que terminé de
rodear rápido la cama y me acomodé en mi lado, bajo la sabana y de ladito, para
que no se notara que ya andaba armado otra vez. Llegó mi papá, tomó sus lentes
del buró y una revista, y así de pie, volteó a ver al tío y le pregunta:
- ¿Y ahora resulta que tú vas a hacer el único vestido,
cabrón? (en son de burla).
- No estoy vestido (cosa que dijo con marcado desgano, como
frustrado)
- Ah que mi hermanito tan calenturiento... ¡ya duérmete
hombre!
- No. Ni madres. Que se duerma el que tenga sueño... ¡yo no!
- Como gustes pues.
Mi papá volteó a verme para guiñarme un ojo, burlándose de mi
tío, y entonces entendí que mi papá también traía algo entre manos. Levantó la
sábana y se acomodó en su lugar. Tomó la revista y se puso a leer. Se hizo un
silencio muy tenso y así nos quedamos un buen rato, sólo se dejaban escuchar los
ruidos de las revistas de cuando en cuando al pasar la página.
Yo tenía que hacer algo, eso no se podía quedar así, y
finalmente se me ocurrió ir al baño para que al levantarme, quedara en franca
evidencia mi erección, así que avisé que orita regresaba, que iba al baño. Y en
verdad quería orinar, pero me tuve que sentar porque con la verga parada, nomás
no iba a poder. Y mientras estaba sentado volví a oír los murmullos. ¿Ahora de
qué hablaban?, seguramente era mi tío que estaba de necio con seguirle con el
jueguito.
Cuando terminé de orinar, me aseguré de hacer todo el ruido
posible para que supieran que ya iba a salir y pusieran atención a mi verga, y
así fue, pero sólo mi tío estaba viendo. La cara de mi papá seguía oculta atrás
de la revista. Caminé hasta mi lugar y me volví a acomodar, pero esta vez boca
arriba para que se notara la casita de campaña. Así me quedé un buen rato.
Cuando tocó cambio de página a su revista, volteó mi papá a verme y me pregunta
con voz muy suave:
- ¿Qué pasa hijo?... ¿no tienes sueño?
- No Pá. Nadita de sueño.
- A ver pues ven para acá. Deja hacerte piojito a ver si te
agarra sueño.
Y esto me puso a 1000 otra vez. Me corrí para acomodarme boca
abajo, igual que la noche anterior, pero me dirigió de manera diferente. Levantó
el brazo y me indicó que apoyara mi cabeza en su pecho, para poderme alcanzar la
espalda, y al acomodarme terminé recostado casi en su hombro, debajo de su
axila. Mi mano fue a dar a su pecho y mi verga chocó contra su pierna, y que por
cierto, al sentir sus vellos acariciando mi glande, una caricia eléctrica
recorrió toooooodo mi cuerpo. Nadie dijo nada. El tío seguía leyendo, pero no
perdía detalle de lo que hacíamos.
Mi mano se quedó estática sobre su pancita, que subía y
bajaba con la respiración. Su mano cayó sobre mi espalda y en seguida comenzó a
recorrerla con las yemas de los dedos, pero esta vez con más confianza, porque
ya no se quedaba en una zona, subía hasta mi hombro y bajaba hasta mis nalgas,
siguiendo su recorrido hasta donde le alcanzara el brazo. Incluso pasaba sus
dedos por la comisura de mis nalgas y en una de esas que estaba acariciando
entre mis nalgas, me acomodé de tal manera, que se abrieron todavía más. Mi ano
no quedó expuesto, pero sus dedos pudieron seguir el recorrido hasta mi perineo,
cosa que me hizo temblar un poco. Es que fue una caricia intensísima. Se quedó
un rato acariciándome precisamente ahí. Involuntariamente, cerré los ojos,
inhalé profundo y dije "...qué rico Pá..." y en cuanto oí el ruido de la revista
de mi tío, pensé "¡Chín!... ya eché todo a perder". Di por hecho que el tío se
levantaría y vendría a unirse a la jugada, pero no, al abrir de nuevo los ojos,
lo vi con la revista puesta enfrente de la cara, pero viéndonos por el rabillo
del ojo. Su toalla ya se había levantado otra vez.
La mano de mi papá volvió a subir hasta mi cabeza y hombros.
No dejaba de hacerme piojito, pero tampoco dejaba de leer. Yo no dejaba de
observar pertinazmente su bulto, en espera de la aparición de una casa de
campaña, pero nada, no se levantaba nada. Algo tenía que hacer, así que empecé a
mover mi mano, imitando los movimientos de la suya. Subía y bajaba por el
caminito de pelos y me detenía al llegar a la sábana, pero al recordar lo que
había pasado hace rato entre los tres, di por hecho que esa frontera ya no
estaba, así que con la misma mano, al ir acariciando su abdomen, fui bajando la
sábana. Y así hasta que puse al descubierto en inicio de sus vellos púbicos.
¡Demonios!: la sábana se atoró con sus pelos y ya no recorría más.
¿Mi papá estaba leyendo su revista o mi mente?, porque sin
quitar los ojos de la lectura me dice: "Si te estorba... nomás quítala hijo"...
¡OK!... manos a la obra y con sutileza la levanté y la aventé lo más lejos que
pude. Quedó cubriendo solo sus pies. Él tenía las piernas cruzadas, su escroto
había quedado parcialmente atrapado entre los muslos y su verga estaba flácida,
caída hacia la izquierda, apuntando hacia mí con el glande completamente
cubierto por el prepucio.
Si con eso no se levantó mi tío, era que ya no se iba a
levantar o no quería interrumpir para seguir viendo, así que me sentí con mayor
libertad.
Antes de reiniciar las caricias, me aseguré de que mi papá
siguiera leyendo, y así estaba. Lo peculiar es que no cambiaba de página. Mi
primera intención fue atrapar su verga y hacerla crecer, pero se me hizo como
que muy burdo, como que me arriesgaba a que me suspendieran la jugada, así que
estiré la mano y la puse sobre su muslo. Lo acaricié un rato y luego hice el
intento de clavar los dedos entre ambos, con la franca intención de separarlos,
cosa que mi papá entendió y muy obediente descruzó las piernas. Al hacer este
movimiento, aprovechó para soltar mi espalda y pasar la página de la revista,
cosa que tomé como permiso de seguir jugando mientras él seguía ocupado en sus
asuntos. Además, si dejaba de leer, implicaría que apagaría la luz y... ¡nada de
eso!
Mi siguiente objetivo era su perineo y hacia allá dirigí mi
mano, pero me topé con la novedad de que estaba cubierto por los huevos. Al
descruzar las piernas le colgaron y tapó la zona, así que me puse a acariciar
sus huevos. Al principio sólo con las yemas de los dedos (sus huevos tenían unos
vellos muy ricos) pero ya entrados en confianza se los atrapé con la mano entera
para moverlos, palparlos, sentir el lugar del que yo había salido. Al irlos
acariciando, se fueron subiendo y metiendo y por supuesto su verga creciendo.
Y ya estaba por finalmente atrapar su verga, cuando sentí que
mi papá hizo un movimiento: fue que se llevó la mano hasta la boca, atrapó mucha
saliva y luego la bajó para depositarla en medio de mis nalgas. Las separó y se
aseguró de que la salvia llegara hasta mi ano y esta sensación me hizo que mi
cadera se proyectara hacia arriba, como si tuviera voluntad propia y empezó a
acariciarme el ano. Volví a cerrar los ojos y volvía decir mi célebre frase:
"...qué rico Pá...". Y así estuvo un rato, circundando la periferia de mi ano, y
a veces depositando el dedo en el centro, haciendo un ligerísimo impulso hacia
adentro, pero no metió nada. Cuando volví a abrir los ojos, su verga ya estaba
completamente erecta, el glande semi descubierto y un hilo de lubricante que
caía hasta su cadera.
Si dejar de poner atención a su dedo en mi ano, me levanté un
poco, atrapé su verga con la mano y dirigí la punta a mi boca. Al sentir su
glande "ensalivando" en la parte interna de mi boca, cerré los ojos y descubrí
que esta vez no estaba siendo tan placentero como la primera, vez. Ahora era
cosa de baja monta comparada con la sensación de su dedo en mi ano. Me retiré,
abrí los ojos y volteé a verlo. Ya había apartado la revista y estaba muy atento
a mí. Y le dije:
- Que rico se siente Pá...
- ¿En verdad te gusta hijo? (cosa que dijo con voz
hipnotizante)
- Sí Pá. Nunca me había acariciado yo ahí. Ni sabía que
existía.
Ya no me dijo nada, sólo trajo de nuevo la mano hasta su boca
por más saliva y embarró aún más mi ano para luego seguir jugando sus dedos ahí.
Volví a cerrar los ojos y por instinto, metí de nuevo su verga en mi boca, pero
me concentré en la nueva zona que había descubierto en mi cuerpo. Su verga de
pronto perdió importancia para mí.
No sé cuánto tiempo estuvo así, pero fue mucho, acarreando
saliva de su boca a mi ano y acariciándolo cada vez intenso. Yo ya había dejado
su verga y recostado mi cabeza sobre su pecho para seguir disfrutando de aquella
novedad, y hasta levanté mis piernas para quedar hincado sobre la cama. El tío
se me borró por completo del mapa.
Su verga empezó a brincar enfrente de mi cara, pero la verdad
es que no le hice mucho caso, yo estaba extasiado con las camionadas de placer
que me estaban dando su dedo en mi ano. ¡Y pensar que mi ano era sólo una zona
para eliminar lo que nadie quiere volver a ver!
No sé si gemí o si fueron pujidos los que salieron de mi
garganta. Pero de que estaba haciendo ruidos... ¡los estaba haciendo! Sólo
sentía los vellos de su pecho en mi cachete y sus dedos jugando con mi ano. Eso
era algo de lo que nunca se hablaba en la secundaria, en la escuela sólo de
habla de estupideces diferentes a lo que yo estaba sintiendo. Y me dice mi papá:
- ¿Ya te quieres dormir, hijo?
- ¿Hmmm?...
- Que si ya te quieres dormir...
Entonces "desperté", me incorporé (obviamente su dedo de
salió de la zona de mi ano) y le dije:
- ¡No Pá!... no me quiero dormir... me estaba gustando lo que
me estabas haciendo.
- ¿En serio te gustó?... ¿no sentiste dolor?...
- ¿Dolor?... hmmm... no...¡para nada Pá!... ¿ya no le vamos a
seguir?
- Si tú quieres, sí. Le podemos seguir todo lo que quieras.
- ¡Sí APÁ!... ¡síguele!... se siente muy rico allá abajo...
Cosa que dije apoyando mi cara de nuevo sobre su pecho, pero
si desdoblar las rodillas, es decir, seguí en puesto de "perrito". Mi papá
volvió a acarrear saliva de su boca a mi ano y acometió de nuevo, pero esta vez
ya dejó entrar la primera falange de su dedo central, cosa que me estremeció y
terminé por abrazarlo, así como estaba... ¡pero sin desdoblar las rodillas!
Lo abracé por el torso. Mi nariz atrapada en su pecho,
oliendo todo lo que no se había bañado. Me estaba volviendo loco con su dedo en
mi ano. Después, empezó a meterlo y sacarlo, a veces lo hacía vibrar, pero por
una o por otra razón, me sacó gemidos de placer. Lo siguiente que oí fue a mi
tío, golpeando el piso con sus talones, dirigiéndose a nuestra cama. No me tomé
la molestia de abrir los ojos. Sólo sentí que se acomodó atrás de mí en la cama.
Retiró la mano de mi papá y empezó a provocarme una sensación por completo
extraña.
Supe dos cosas: la primera, fue que No estaba usando las
manos, por lo rasposo de su barba; y la segunda, que ahora me hizo gritar con la
boca atrapada en la panza de mi papá.
¡Qué pinche sensación tan chingona!... tuve que deducir que
si lo rasposo era su barba, entonces lo suavecito que estaba acariciando mi
ano... ¡era su lengua!... pues bien, mi cadera se proyectó todavía más hacia
arriba. A mi mente vinieron mil preguntas, pero ninguna contesté.
Mientras el tío me estaba comiendo el ano, mi papá me levantó
la cara para verme a los ojos y me preguntó:
- ¿Te gusta eso hijo?
- Aja... (Jadeo)... sí apá... sí me gusta... un chingo...
- Hijo, a la hora que te moleste, la cosa termina aquí.
- NO... ¡No Pá!... se siente muy rico lo que está haciendo el
tío...
Yo no podía dejar de jadear. El tío estaba clavado en mi ano
y acariciando mis huevos escondidos. De pronto, mientras acariciaba mi escroto,
su mano se separó, también su boca y empecé a oír ruidos guturales. Luego su
mano izquierda sobre mi nalga izquierda y... ¡gran sorpresa!: uno de sus dedos
empezó a meterse por mi ano. Me dice:
- A ver Mijo... haz como si fueras a ir al baño...
- ¿..qué...?
- ¡Que pujes para afuera!... como si fueras a cagar...
Esto último sí lo entendí, y así lo hice, y lo hice tan bien,
que todo su dedo se metió por mi ano. Yo tenía la cabeza levantada, pero al
sentirlo entrar, la dejé caer de nuevo sobre la panza de mi papá. El dedo del
tío se quedó quieto un rato. Era un dedo del tamaño de un tronco e árbol, tal
vez era un dedo normal, no lo sé, sólo supe que entró todo y me estaba
acariciando lo que luego supe que se llamaba "próstata".
Así estuvo un buen rato. Mi papá acariciando mi cabello y
dándole órdenes al tío de que no se mandara, que lo hiciera con cuidado, y
seguro que así lo hizo.
Después de un buen rato de jugar su dedo en mi recto, dice el
tío:
- ¿Tónces qué Manito?... ¿probamos a ver si entra otro?
- Esteeeee... sí... pero con mucho cuidado (contestó mi papá)
No tardé mucho en entender a qué se referían. El tío sacó el
dedo, volví a oír los ruidos de saliva y ahora estaban dos dedos a la entrada de
mi ano. Me dice el tío: "Otra vez mijo... haga como que va a cagar...", y
obediente abrí mi esfínter y como cosa mágica, entraron ambos dedos. ¿Cuánto
entraron?... no lo supe, pero entraron y me hicieron temblar todo. Fue una
descarga eléctrica por todo m cuerpo. Me abracé con renovaba fuerza al torso de
mi papá y éste me preguntó que si ahí le parábamos, y yo nomás contesté con la
cabeza que no. Seguí con las piernas hincadas en la cama, exponiendo mi trasero
a mi tío, y estando así, estuvo un rato acariciando mi esfínter, hasta que sentí
que necesitaba un respiro y me impulsé hacia adelante, de tal manera que saqué
su mano de mi recto y me acosté sobre el pecho de mi papá, jadeando. Mi papá me
jaló y terminé acostado encima de él, como si él fuera mi cama. Ambos nos
quedamos así un buen rato, recuperando la respiración... ¡pero!... atrás de
nosotros estaba el tío insostenible.
El tío me acomodó de tal manera que yo terminé montado sobre
mi papá, con mi cara sobre su hombro. Después, algunos movimientos hizo, que el
glande de mi papá terminó exactamente a la entrada de mi ano. Como que mi papá
adivinó lo que se traía entre manos y me dice: "Lo que sigue no tienes porqué
hacerlo hijo"... pero al mismo tiempo que dijo esto, sentí cómo su glande se
deslizó por entre mis nalgas lubricadas hacia adentro, hacia la cavidad que ya
había dejado abierta el tío con sus dedos, y le contesté: "Pero... es que...se
siente rico, Apá... ¿me dejas sentirla un ratito?". Mi papá ya no contestó, sólo
inhaló profundo, se me quedó viendo fijo a los ojos, me atrapó por las nalgas y
me dice: "En cuanto sientas dolor, me dices y hasta ahí llegamos, ¿está bien? Yo
sólo asentí con la cabeza.
Mi tío ya no tuvo nada qué ver, se levantó y se fue a sentar
a su cama para vernos. Ahora mi papá me estaba dirigiendo con sus manos sobre
mis nalgas. Me levantó un poco y después me dejó bajar suavemente, y suavemente
su glande se fue acomodando entre mis nalgas, directo a mi ano, y una vez ahí,
recordé lo que dijo el tío de hacer como si fuera a ir al baño... el glande de
mi papá entró...