El plan cruel 2
Era tanto lo que rogaba mi esclavo para volver , que lo único
que repetía que estaba desesperado por volverme a oler mi culo. Lo que él no
entendía es que a mí me interesaba una mierda lo que pasaba por su cabeza.
Como ya me había cansado de él, tenía pensado hacerlo esperar
humillándose por un tiempo más.
Ingrata fue mi sorpresa cuando al mes lo vi en un bar con una
antigua amiga nuestra, Karen, quien lo tomaba de la mano y lo estaba seduciendo.
Ella siempre tuvo interés de tenerlo, pero estando Yo en el medio no tenía
ninguna posibilidad. Pero al verlos noté que ella había ganado terreno.
Exploté de rabia y de celos y me prometí que me la iban a
pagar con creces.
Casi me acerqué para propinarle una paliza de las mejores.
Pero no. Decidí poner en marcha un plan para que cayera arrastrado bajo mis pies
como hasta ahora nunca lo había estado.
Invité a mi antigua amiga a tomar el té. Se sorprendió por la
invitación pero la aceptó.
Le dije que se me antojaba tener de nuevo a la mierda de mi
esclavo exactamente cuando volviera de viaje que sería en un mes. Le hice saber
que estaba convencida que si lo quería ahora lo tendría. Pero quería tener todas
mis energías en el viaje de negocios que había planeado hacer.
Me respondió desfachatadamente que ella iba a defender con
uñas y dientes su relación.
Yo me largué una estrepitosa carcajada y le dije: en un mes,
la porquería de esclavo que tenía volverá para arrastrarse para mí.
Mientras estaba de viaje, me enteraba de todo lo que hacía
por una adolescente amiga en común que por e-mail me enviaba todos los detalles.
Ella vivía en un departamento en el centro de la ciudad y
trabajaba en un estudio jurídico de un prestigioso abogado donde ganaba un muy
buen sueldo. Pidió una semana de vacaciones y viajó a Buenos Aires para tomar
clases aceleradas de dominación con un ama profesional. Invirtió todos sus
ahorros en material y equipamiento sado, y tuvo que endeudarse hasta la corona
para poder costear el exclusivo y costosísimo curso de una semana.
La segunda semana armó en el departamento que alquilaba una
completa mazmorra de tortura. Compró vestimenta de cuero, vinilo y látex.
Incorporó toda clase de látigos, correas, arneses y cadenas. Se compró diez
modelos de botas de diferentes clases.
La tercer semana iba a comenzar a desplegar todo lo que había
aprendido con el que consideraba iba a ser su incondicional esclavo.
Al estar al tanto de sus tiempos, comencé a realizar mis
jugadas. Conseguí mediante mi astuta trampa que el imbécil de mi esclavo tuviera
que viajar una semana a Uruguay por unos negocios inmobiliarios, totalmente
falsos.
Cuando iba a comenzar la cuarta semana, adelanté mi regreso.
Fui directamente al Estudio donde Karen trabajaba para hablar con su jefe.
Apenas ingresé a su oficina, lo miré fijamente como fiera a
su presa. Al verme de pie tan exuberante y segura su mirada se transformó en la
de un gatito. Me acerqué y sin más le propiné una paliza que nunca olvidará.
Lo hice poner en cuatro patas, con el pantalón bajo y le
inserté un consolador de la manera mas brusca y perversa.
Le hice levantar los pantalones y le ordené con grito severo
que tenía un minuto para preparar el telegrama de despido de Karen, donde además
debía colocar que la razón era que la habían descubierto que robaba.
El pobre abogado, no tardó ni un segundo en hacer preparar el
despido con su secretaria.
Se lo hice firmar, y le obligue a no sacarse el consolador
hasta que recibiera mi orden.
De allí me fui directamente al departamento de Karen. Después
de llamar a su puerta, cuando me recibió, no podía creer que yo había adelantado
el viaje.
Todavía no había podido desplegar su primer sesión.
Ella estaba enfundada completamente en atuendos de cuero y
había pedido a la porquería de mi esclavo que se colocara los arneses que había
dejado sobre su cama.
Grande fue la sorpresa del esclavo al ver a Karen vestida de
dómina, y a su lado Yo.
Karen lanzó un grito con severa autoridad y le ordenó al
esclavo que fuera hasta ella arrastrado en señal de total entrega y sumisión.
La basura humana se deslizó patéticamente hacia nosotras, una
al lado de la otra. Karen sintió su poder al ver como llegaba hasta ella
postrándose el hombre que quería tener a su merced.
Cuando el esclavo caminando arrodillado ya estuvo cerca, di
media vuelta, separé mis piernas enfundadas en botas de cuero negro, y coloque
mis manos sobre mis caderas con los brazos abiertos en señal de autoridad.
El esclavo estaba desesperado al tener a la altura de su cara
mi perfecto y deseado culo.
Karen pasó a ser una figurita sin valor pintada en el cuarto.
Bastó con que hiciera que mis glúteos se endurecieran
levantando mi culo para que mi esclavo se abalanzara desesperadamente sobre él
tratando de olerlo y besarlo.
En ese instante giré nuevamente y le propiné una terrible
patada en los testículos, que debieron estallar, dado que al golperarlos
duramente percibí que estaban como una roca.
Suplicándome que lo tome de nuevo como esclavo, lo tome del
mentón y le dije que todavía a mi culo no se le antojaba tenerlo.
Lo escupí en el rostro y lo empuje hacia atrás con una severa
patada en el pecho haciéndole perder el equilibrio, quedando tendido en el suelo
sollozando.
La excitación que me producía ser tan poderosa ante él era
extrema. Mis flujos bajaban como cataratas.
Aprovechando el momento miré fijamente a Karen y le mostré su
telegrama de despido.
Comenzó a llorar y sintiéndose desprotegida y vencida, me
suplicó que la ayude. Le orden que se arrodillara ante mí y que me pidiera
perdón por tratar de competir con una Dominadora como Yo.
Se arrodilló y sabiendo que estaba totalmente endeudada y
empeñada se puso totalmente a mi disposición.
Me quedé con todo el arsenal que había comprado y me la llevé
a casa para que me hiciera las tareas domésticas mas humillantes.
La humillé al extremo para que sintiera el grave error que
había cometido al tratar de quitarme la porquería de esclavo que tengo. De todas
maneras no la traté como una esclava. No me excita dominar a las mujeres. Me
deleito solo haciendo mierda en todos los sentidos a los hombres.
Cuando se cumplió la cuarta semana, llamé a mi esclavo: Tenés
cinco minutos para estar aquí postrado ante mis botas. De no ser así no te
quiero ver nunca más.
No sé cómo hizo pero a los tres minutos estaba arrastrado
ante mí, tomándome mi pie derecho para que el tacón de mi bota le aplaste la
cabeza contra el suelo en señal de fiel sumisión.
Le grité: Estás aquí porque a mi culo se le antoja, pero no
me interesa tenerte como esclavo, ni siquiera como perro faldero y arrastrado. A
mi preciado culo se le antoja tenerte como tarro de basura!. El asintiendo con
la cabeza aceptaba lo que a mí se me antojara (fuera lo que fuera) Encima al muy
estúpido mientras más lo maltrataba mas se le paraba.
Cuando lo abandoné no estaba decidida en qué lo iba a
transformar, si en un hombre toilet o en tarro de basura.
Esta vez me interesó lo segundo porque me excitaba mucho más
tenerlo así.
Mientras Karen miraba sorprendida admirando y envidiando mi
crueldad y sus resultados hice colocar a mi esclavo exclusivo de espaldas al
suelo con los brazos y las piernas extendidos hacia arriba.
De este modo coloque una bolsa de consorcio utilizándolo como
tarro de basura sosteniendo la boca de la bolsa con sus extremidades. Le ordené
que para que no se sintieran los olores de lo que yo iba a tirar en la bolsa
juntara sus manos y sus pies quedando así la boca del recipiente cerrada.
Y se me ocurrió una idea genial.
El tacho de basura que usaba habitualmente tenía un pedal
para apretar de manera que al presionarlo se abría la tapa plástica.
Me encantó el sistema y cada vez que quería que mi tarro de
basura humano abriera la tapa. Le pisaba los genitales de la manera más brutal.
Hice una prueba y no podía de parar las carcajadas que me
producía ver con la rapidez que abría y cerraba la boca de la bolsa cada vez que
pisoteaba con furia el "pene pedal humano".
Así lo tenía en la posición todo el día, y de noche sólo
podía bajar las extremidades pero no podía moverse de allí. Karen me pidió en
varias ocasiones autorización para usarlo, pero solo Yo podía usarlo a mi
merced.
Cuando quería tirar algo pequeño, usaba el recipiente
pequeño: Su boca.
Para que la abra le pateaba con la punta de mi bota la
mejilla, y él desesperado la abría y estaba obligado a tragar todo lo que se me
antojara tirarle.
Me divertía ver cuando le arrojaba la borra de café sobre su
boca después de la patada que le ordenaba abrirla y ver con la dificultad que la
tragaba después de la patada que le ordenaba tragarlo todo.

A veces después de pisar el pene pedal le arrojaba en la
bolsa objetos muy pesados para que cayeran directamente sobre su estómago y
mientras él del grito abría su boca le hacia tragar de golpe cualquier porquería
que estuviera a mi alcance.
Mientras jugaba con mi tarro de basura humano, recibí una
llamada telefónica suplicante: era el estúpido del abogado que todavía tenia el
consolador en el culo dado que yo le había ordenado que no se lo sacara sin mi
permiso. Siempre supe el poder que tenía sobre la raza inferior que constituyen
los hombres, pero el poder que logre ante ellos era extremo. Mi orgullo estaba
que explotaba y mi cuerpo se enardecía de la excitación.
Le ordené al patético abogado que hiciera todo lo que le
ordenara la persona que le iba a enviar y que si yo me enteraba que había
desobedecido el consolador que le iba a colocar iba a ser el doble de grande del
que llevaba puesto. Así decidí enviar a Karen para que lo doblegue y tuviera su
propio jefe de esclavo. Karen agradecida me besó la mano diciéndome que quería
algún día a llegar a ser como Yo. (pensé por dentro que la crueldad es algo
interno e innato, y sólo siendo verdaderamente cruel con los hombres es como se
obtienen los resultados que Yo obtengo).
Estuve entretenida con mi esclavo basura unas semanas, pero
después para hacerlo sufrir de nuevo lo saque a la calle junto a la bolsa llena
de residuos.
Verlo como sufría al dejarlo me llevaba al éxtasis. En plena
calle lo tome de los pelos, acerqué su cara a mis labios y le hice chupar hasta
saciarme todo mi clítoris. No se cuantas veces llegué, pero lo que sé es que
quería despedirlo con mi mejor fluido. Le orine el rostro mientras el estúpido
trataba de tragarlo todo para no desperdiciar mi néctar.
Rogó, y rogó y suplicó para que no lo dejara. No sabia como
complacerme ni en que posición colocarse para que yo lo acepte. Pero mi objetivo
ya estaba cumplido. MI plan había salido a ala perfección.
Le estampé un último puntapié en los testículos y lo deje
tirado sollozando por mi en el medio de la calle.
Yo ya estaba satisfecha. En ese momento no me servía para
nada.
Ahora tengo pensado hacerlo sufrir mientras me suplica y se
arrastra pidiéndome que lo acepte de nuevo. Mi duda es en que lo voy a
transformar: Quizás en un inodoro o quizás en un verdadero títere para manejarlo
como una marioneta y divertirme mientras lo humillo cada vez más.
Quizás crean que soy demasiado cruel. Pero así tengo a los
hombres como quiero y cuando quiero!.