El Semental de las Mayén
VI
Comenzamos a planear cómo íbamos para inducir a Beto a tener
relaciones con nosotras, y cómo haríamos para hacerlo inmensamente feliz. Eso
era mi prioridad, no me metería a nada, ni permitiría que Beto entrara, en lo
que no estuviera plenamente segura de que a el lo iba a ser muy feliz. Y hasta
la fecha es feliz como una lombriz. Mamá tomó la palabra:
Yo creo que tú deberías ser la que lo inicia en esto…
¡¿Yo?!… – pregunté alarmada.
Si tu hija… tu sos la mamá y… pues… tu tenés algunos
derechos más que nosotras…
¿Cómo así?
Pueeees… sos la mamá y… sos la que lo cuida y… o sea…
Tu deberías ser su mujer principal, su favorita, porque sos
la que lo vio nacer. – concluyo Berta lo que mi madre no sabía decirme; sobra
decir que me gustó la idea de que yo tengo prioridad… me encantó…
Si, si… creo que si… yo debería ser la… su… la su mujer
más… eso…
Por eso tú tenés que acostarte con el primero, para que no
se sienta raro… – todas volteamos a ver a mi madre, con cara de interrogación,
ella siempre ha sido muy inocente y ese comentario lo demostraba; ¿cómo no iba
a sentir raro acostarse con su propia madre?
No mama, creo que por allí no anda la cosa. – dijo Blanqui.
Si, mama, creo que no es lo más adecuado que Silvi sea la
que lo haga. Acuérdense todas que Beto la adora y lo pude asustar el hecho de
que su madre se le insinúe. Tiene que ser otra de nosotras la que lo haga. –
agregó Berta; todas guardaron silencio y se vieron las caras, ¿quién sería la
elegida?
Yo… yo lo hago. – dijo Rosario con aplomo y mucha
seguridad… y con una miradita peculiar y brillo en sus ojos, me puse celosa.
¿Y por qué vos?
…,… – después de dudar un poco su respuesta dijo – Porque
después de tu, yo soy la más cercana a Beto… además yo me llevo rebien con el
y casi no lo regaño… ustedes si… tal vez conmigo no se sienta muy raro… digo…
Creo que Rosario tiene razón. – dijo Berta – Ella y Beto
son bastante cercanos, creo que con ella el sentirá como si se tratase de una
travesura.
Todas estuvimos de acuerdo, yo a regañadientes.
Definitivamente con Rosario el sentiría que solo es una travesura, y con el
tiempo se acostumbraría dándonos entrada a todas. Todas seríamos sus mujeres y
nos esforzaríamos en darle todo tipo de placeres. Sin embargo eso era algo
contradictorio. Yo como su madre, todavía lo tenía que seguir criando y el
estaría bajo mi autoridad. Igualmente estaría bajo la autoridad de sus tías y de
su abuela. Pero entonces, ¿cómo hacer para ser suyas, de su propiedad? La
respuesta fue simple y venía de los labios de Berta, a todas luces la más
experta en estos asuntos: el debía entender que era nuestro hombre, nuestro
marido y que podría disponer de nosotras como gustara, pero que nosotras
teníamos la responsabilidad de terminar de criarlo y de hacer que se convirtiera
en un hombre de bien, por lo que para conseguirlo, el estaría en una posición de
poder compartido, el no manda cuando nosotras consideremos que está herrando el
camino.
Las 5 mujeres estábamos felices por el acuerdo que teníamos.
Pero habían más, bastante más detalles que atender y Bertita nos los mostró:
Bueno, ¿y ya pensaron qué vamos a hacer nosotras para
prepararnos?
¿Ah?
… ¿?…
¿Qué?
¿Perdón? – todas pusimos cara de interrogación; inocentes
nosotras pensamos que todo sería así de sencillo.
Si, pregunto que si ya… no, no han pensado en eso…
¿En qué mija? – preguntó mama.
Me parece que se les está haciendo muy fácil tener
relaciones con un pariente, ¿no? – volvimos a vernos las caras, con la misma
cara de interrogación. – Miren, somos 5 mujeres que se van a acostar y a tener
vida sexual y marital con un niño de 13 años… que de paso es nuestro sobrino,
así que se me hace que no podemos hacer solo eso. ¿Se dan cuanta de todos los
tabúes sociales que vamos a destruir? Beto se puede atemorizar y le vamos a
hacer daño, así que, creo yo, debemos empezar con nosotras mismas.
…,… – huelga decir que medio sabíamos lo que nos trataba de
decir, pero que nos hacíamos las vacas para no darnos cuenta.
¿Qué querés decir? – preguntó Rosario.
Quiero decir que nosotras debemos empezar a tener
relaciones entre nosotras… es para que…
¡NOOOO!, tener a Beto como amante es una cosa… ¡pero
hacerlo entre nosotras… – protesté alarmada.
Pero si vas a ser amante de tu propio hijo… le vas a chupar
hasta el alma… ¿en qué más te afecta hacerlo con tu hermana? – me quedé
callada como una estúpida, no tenía argumentos para eso. – Como les decía, eso
es para que mostrarle a Beto que no es tan malo, que es… relativamente normal,
se podría decir…
O sea que si "lo hacen mis tías y mi mamás, yo por qué no".
– concluyó Blanqui.
¡Exactamente! Así es.
Guardamos silencio por un buen rato. No nos atrevíamos a
vernos a la cara y nadie quería hablar. Finalmente mamá dijo: "Berta, me parece
que sos muy experta en esto…" Bertita palideció y bajó la mirada, luego la subió
y le dijo:
Sabés que mi marido era un degenerado, pero nunca les dije
de qué tamaño… hacerlo con… mujeres… niños… cosas… ya lo se… yo solo quiero
ser feliz y… Beto tal vez sea mi última oportunidad…
Ella rompió en llanto y todas la rodeamos para consolarla.
¡Qué fea debió ser la vida que llevó! Blanqui dijo después de un rato:
¿Cómo vamos a hacer para empezar nosotras? – estaba
sonrojada y le temblaba la voz.
Podemos empezar esta tarde si quieren. – contestó Berttita.
Pero ¿y las niñas?
Mmmm… – todas nos quedamos pensativas, Blanqui tenía razón;
pero yo puse la solución.
Bueno, la que tiene que inducir a mi nene es Rosario, así
que ¿por qué no ella se los lleva en la tarde al terreno de doña Candelaria, y
nosotras nos quedamos… "empezando"?
Si, esa es buena idea. – dijo mama, a lo que todas se
unieron.
Y yo ya tengo una idea de qué hacer para iniciar con Beto.
– dijo pícaramente Rosario.
Todo estaba dispuesto ya, la receta de la sopa estaba escrita
y solo faltaba ver qué tan buenas eran las cocineras, que también eran los
ingredientes de la sopa. ¿Será que al comensal le gustaría la receta?
Llegó el medio día, mamá y Blanqui se apresuraron a hacer el
almuerzo mientras Rosario y yo hacíamos la limpieza. Bertita salió a hacer
algunas compras, diciendo que traería algo consigo para nosotras. Aun me
preguntaba si todo eso estaría bien, si las cosas saldrían bien o mal.
Bertita pasó a traer a Ingrid a su escuela y llegó con ella
antes de que los demás llegaran. No éramos muchos en la casa, pues aparte de
Beto e Ingrid, solo vivían con nosotros Julia y Marisol, las 2 hijas menores de
Blanqui, de 16 y 13 años respectivamente; e Eleane, la hija menor de Bertita, de
14. Las 2 hijas mayores de Blanqui estaban ya casadas, y viviendo lo mismo que
nosotras vivimos, sea dicho de paso… y las 2 mayores de Berta, la grande se
quedó en Canadá, viviendo saber en qué forma con su papá, y la otra, de 16, se
fue de la casa con un novio y vive con el en Zacapa, ya tiene una bebé y no creo
que le esté yendo muy bien con ese patán.
Julia casi utilizaba la casa como hotel, solo para ir a dar
cuando tiene hambre y sueño… y cuando necesitaba ropa limpia y dinero. Se
mantenía en la calle con sus amigas y amigos, en franca competencia por
convertirse en la puta de Xela. Ese día afortunadamente llegó a comer temprano,
por lo que Rosario le dijo que la acompañara a ir a caminar. El don de
convencimiento de mi hermana hizo que la berrinchuda güira aceptara de mala
gana.
Después de almorzar, Rosario salió con todas las niñas, y con
Beto, para ir a caminar al terreno a una señora amiga. Era un lugar muy bonito,
y a Beto le gustaba mucho la vida al aire libre, tanto como a Eleane, por lo que
no tuvo problemas en convencerlos. Ingrid naturalmente iba a donde su mamá la
llevaba y Marisol se fue también para no quedarse sola en la casa. Julia salió
tras ellos con cara de fastidio. Y las restantes 4 mujeres lo dispusimos todo
para empezar a "practicar".
Mamá y yo nos quedamos lavando los platos mientras Berta
preparaba no se qué. Blanqui se quedó barriendo el patio. Al terminar, fuimos
por Blanqui y nos dirigimos al cuarto de mamá, donde ocurriría todo. Bertita nos
esperaba allí.
Tomamos asiento sobre la cama. Una tensa atmósfera se
respiraba a nuestro alrededor. Blanca tomó la palabra.
Bueno… si alguien quiere echarse para atrás, ahora es el
momento… después de lo que pasará hoy, no habrá marcha atrás… no habrá… –
Ninguna se movió, ni siquiera pestañeamos. Todas nos moríamos
de los nervios, pero en verdad queríamos en nuestro interior llevar esto a cabo.
Bueno, entonces empecemos… – dijo Berta, visiblemente
nerviosa; como el silencio no se rompía, volvió a hablar – ¿Quiénes quieren
empezar?
…,… – todas nos miramos a las caras sin saber qué decir,
ninguna quería empezar.
Bueno, mejor ya se… empecemos desnudándonos. – dijo Berta;
lentamente todas dejamos caer nuestras ropas hasta quedarnos con absolutamente
nada puesto.
Hay frío… – dijo Blanqui para limar la tensión.
Si, lo hay… bueno, quienes ¿quieren empezar?… – otra vez
nadie dijo nada. – muy bien, empiezo yo… ¿quién quiere estar conmigo? – la
pregunta tardó en ser contestada.
Y… yo…l – respondí con la voz quebrada del nerviosismo, y
casi temblando; si hubiese estado presente Rosario, ella habría dicho "yo",
pero en su lugar, siempre fui yo la más aventada.
Muy bien, vení aquí, acercate. – me acerqué lentamente a
ella, y nos quedamos mirando de frente en el centro de la cama, arrodilladas
las dos; mamá y Blanqui estaban sentadas en los bordes observando. – Lo
primero que vamos a hacer es acariciarnos… así que, pues, cerrá los ojos y yo
te guío…
Hice lo que me dijo, cerré los ojos y la dejé guiarme. Mi
corazón latía a más de 1000 por hora, la respiración la tenía aceleradísima y
casi estaba temblando. Pero no me quité…
Sentí un estremecimiento cuando ella comenzó a pasar su mano
sobre mi brazo izquierdo, desde el hombro hasta el codo. Pasaba lentamente las
yemas de los dedos, provocándome sensaciones de cosquilleo y placer deliciosas.
Mi respiración y mi corazón se aceleraron más. Pasó sus manos sobre las mías,
tomándomelas y apretándolas un poco, eso me reconfortó. Luego siguió con sus
caricias. Pasó sus manos sobre mi cuello, cabeza y cara; jugó con mi cabello
dorado, enredándolo entre sus dedos y desenredándolo; acarició mis ojos, mis
mejillas, mi barbilla y mis oídos. Entonces empezó a bajar sus manos por mi
cuello y las detuvo sobre mi pecho, justo debajo de mi garganta. Se entretuvo un
poco allí, dibujando círculos con las yemas.
Yo ya estaba muy caliente, mi vagina había empezado a
chorrear, y creo que ella y las demás se dieron cuenta. Entonces hizo lo que yo
deseaba con ardor, bajó más sus manos y las pasó suavemente sobre mis senos, por
arriba. Me estremecí y un leve gemido salió de mi garganta. Ella comenzó a
pasear sus dedos sobre mis 2 hermosos melones del amor, rozaba suavemente mis
pezones y dibujaba sus aureolas con suaves caricias. Mis pezones, se pusieron
muy duros y yo comencé a sudar, cada nueva caricia me arrancaba un suspiro
profundo. Luego, Berta empezó a bajar sus manos más abajo. Tomó entre las palmas
mis senos desde abajo, o por lo menos intentó tomarlos pues son demasiado
grandes como para poder abarcarlos con una mano. Deslizó una más abajo, buscando
mi sitio más íntimo y escondido. Paró en mi ombligo y empezó a jugar con el…
"¡RING, RING, RING!" sonó el teléfono. Yo me asusté mucho y
casi pego un salto. Berta también se sobresaltó. Todas nos asustamos mucho,
porque estaban embelezadas mirando lo que Berta me hacía.
Mamá corrió a contestar. Después de unos pocos minutos de
hablar colgó y regresó.
Era Rosario. – dijo
¡Qué inoportuna! – exclamé yo pícaramente y en tono de
broma, y todas me miraron con cara de "hay picarona"; sonreí y me puse
colorada.
¿Qué dijo mami? – preguntó Blanqui.
Solo nos avisaba que van a venir como dentro de unas 3
horas, antes de que se haga de noche porque don Norberto no está y no hay
quien los traiga de regreso. Dijo que logró quitarle las llaves de la casa a
Julia que se fue quién sabe a dónde, sin que esta se diera cuenta…
¡Hay mi hija! ¿Cuándo irá a cambiar? – se preguntó Blanqui
molesta.
… así que no nos tenemos que preocupar de que ella regrese
porque tendrá que tocar la puerta. Dice que se la están pasando muy bien y que
– entonces volvió su mirada hacia mi con un gesto pícaro – le está yendo "muy
bien con Beto", ji, ji, ji… – no pude menos que ponerme celosa como una gata
en celo.
¿No preguntó lo que estábamos haciendo? – inquirió Berta.
Si, y dijo que hay le guardemos un poquito, que vayamos a
ser malas… y le manda a decir a Silvi que es una cabrona.
¿Y por qué? – protesté.
No se… solo me dijo que te dijera. – me enojé, no solo anda
haciendo saber qué con mi nene, sino que me manda a decir que soy una cabrona.
Bueno, bueno, continuemos que en 3 horas ya van a estar
llegando. – dijo Berta.
Todas regresamos a nuestros puestos. En ese momento me di
cuenta de lo hermosa que era Berta. Bien delgada, pero no flaca, los músculos de
su cuerpo se miraban duros, consistentes. Ella no tenía el exceso de grasa en el
abdomen (que no es mucho eh, aclaro) que todas las demás intentábamos eliminar
infructuosamente a base de dietas. Su estómago era durito y muy plano,
mirándosele a lo lejos sus músculos abdominales. Su cara era muy hermosa, con
una boca grande y u poco carnosita. Su cabello más oscuro que el mío y sus ojos
azules, oscuros. Era muy bella sin duda. Pero lo que más me llamó la atención
eran sus senos. Eran más pequeños que los míos, aunque de pequeños no tienen
nada, solo que no son tan grandes como los tengo yo. Siempre mirando al frente,
colgaban grácilmente ofreciéndose a mis labios. Yo tenía gana de tomarlos.
Ahora tu también tocame. – me dijo.
Estiré mi mano y acaricié con suavidad uno de sus senos, y
luego el otro. Ella continuó con lo que había dejado pendiente en los míos.
Pronto los comenzamos a amasar, a estrujar, a sobar, a tratar de tomarlos
enteros con las manos, pero ninguna podía.
Volteé la vista para ver qué hacían Blanqui y mamá, y ambas
se encontraban sentadas en una esquina opuesta de la cama. Blanqui sentada de
espaldas a nosotras, volteaba la cara para vernos. Sus manos estaban entre sus
piernas y ya se veía enrojecida, acalorada y sudorosa, con la respiración
acelerada. Mama del otro lado, nos miraba sentada de frente a nosotras. Se
acariciaba sin pudor la vulva mientras se sobaba los senos con la otra mano.
También estaba colorada y agitada. Y frente a mi, Bertita respiraba muy rápido,
con los ojos entrecerrados y sudorosa. Mis caricias la estaban calentando
bastante.
Entonces comenzó a acercar su cara a la mía. Yo ya sabía que
intentaba, y aunque me daba cosa, no que quité, y hasta me acerqué un poco. Mamá
y Blanqui se quedaron sin aliento, como yo, cuando vieron los labios de Berta
acercarse a los míos. El beso fue suave, muy suave, rebosante de ternura. Unimos
nuestros labios por unos 15 o 20 segundos, para separarnos luego y quedarnos
viendo fijamente a los ojos. Algo nuevo había nacido ese día entre nosotras y
que contagió inmediatamente a las demás. Me di cuenta de que era mi hermana y de
cuanto amaba a esa mujer. Realmente ya no sería difícil seguir juntas, ahora que
ya habíamos cruzado el primer obstáculo y nos había ido bien, los demás serías
superados sin problemas.
Tomándome suavemente de la cabeza y la cintura, hizo que me
acostara boca arriba sobre la cama. Llamó después a mama y a Blanca y estas se
acostaron a mi lado, Blanqui a mi izquierda y mamá a mi derecha. Las dos mujeres
me empezaron a acariciar los senos y el cuerpo. Yo pasé mis brazos bajo sus
cabezas y las junté más conmigo.
Frente a mí, Berta se preparaba para hacer otra cosa. Me miró
directo a los ojos y me dijo: "hoy te va a tocar solo a ti, ya veremos quien
otra va mañana". Separó mis piernas y se acostó sobre mí. ¡Hacía tanto tiempo
que no sentía un cuerpo cálido entre las piernas! Creo que desde el alemán papá
de Beto.
Me continuó besando apasionadamente, esta vez utilizo la
lengua y el beso fue más intenso. Sentía tan rico sus senos desnudos sobre los
míos, y su respiración lenta y profunda. Luego volteó hacia mama y la besó
también. Ella le correspondió feliz y excitada, fue de lengua también. Por
último volteo a Blanqui, a la que también besó. Blanqui era la más recatada y
tímida de todas y le correspondió el beso también, solo que un poco azareada.
Luego, tomó mi cabeza y la de mi hermana mayor y nos las unió en un beso
apasionado. Ella besaba mientras, otra vez a mama. Luego hizo lo mismo conmigo y
mamá y ella besó a Blanqui nuevamente.
Con suavidad me besó el cuello, pasándome la lengua sobre el
arrancándome suspiros de y espasmos de placer. Muy despacio fue bajando hasta mi
pecho, describiendo el camino con la punta de esa poderosa lengua. Mama y
Blanqui me acariciaban la cabeza y los brazos, y me besaban también. Podía
sentir cómo ardían de pasión.
Bertita llegó entonces a mis senos y comenzó a besarlos.
¡Sentí la gloria! El imbécil de Flavio apenas si podía medio darme un par de
lametones más o menos aceptables. Era tanta la diferencia a la marea en que
Berta me lo hacía. Con dulzura y delicadeza los lamió, sin tocar aun mis
pezones. Mis chichotas se pusieron duran y calientes, enrojecidas recibían ese
delicioso trato. Y cuando decidió llegar a mis pezones… ¡Ja, qué placer tan
grande! Apretó mis pezones enrojecidos con los labios, y los jaló y estiró
varias veces y en varias direcciones. Empecé a jadear, Banca y mama se dieron
cuenta, y creo que ellas también se excitaron más pues aceleraron sus caricias y
ambas se peleaban por besarme. Bertita me chupaba tan rico que casi sentía
llegar al orgasmo. Mordió mis senos, con fuerza y firmeza, pero extrañamente no
me dolió para nada, sino que me dio aun más placer, me calentó más de lo que ya
estaba. También mordió mis pezones, no tan fuerte por supuesto, y los estiraba
hasta donde daban. Yo solo le acariciaba el cabello y gemía como nunca había
gemido.
Mi hermana continuó su camino, llevando su experimentadísimo
juego bucal más abajo, hasta donde nadie me había besado nunca. Ella lo sabía, y
por eso se esmeraba más en arrancarme gemido tras gemido. Bajó muy despacio por
mi vientre, todavía plano aunque no muy durito. Trazó el camino con la punta de
su lengua tan deliciosa. Por el otro lado, mi madre me chupaba los senos como
una posesa. Con los ojos cerrados se dejó llevar por el placer succionándolos
con fuerza. Y Blanqui, ella se apoderó del otro, chupándolo y succionándolo lo
más parecido posible a como vio hacerlo a Bertita. Yo gemía y gemía, y había
empezado a pujar. Me sentía como una de esas actrices que dizque están haciendo
el amor en la película, y se dedican a gemir como si el hombre fuera un portento
sexual.
Entonces, Bertita llegó al final de su camino, y me llevó al
fondo del abismo del placer…
Llevó su lengua húmeda, caliente y deliciosa, a la entrada
misma de mi feminidad, a ese bello conducto donde una vez depositaron la semilla
de mi hija Silvia, y la de mi hijo Beto; y el mismo ducto por donde 9 meses más
tarde salieron a ver la luz, y a darme la felicidad que nunca tuve. Y en ese
mismo ducto, Berta depositó su lengua cálida y la comenzó a mover, lamiéndome
por todo lo largo, de arriba abajo, separando mis labios vaginales con los
dedos. Eso se le dificultaba porque yo estaba encharcada de fluidos sexuales.
Introdujo su lengua los más profundamente que pudo, para luego sacarla
acariciando en el camino mi clítoris hinchado. Y yo, para ese momento, ya estaba
gimiendo en voz muy alta, casi gritando, pujando como una parturienta. Un
cosquilleo delicioso que me recorría a lo largo de la columna me hacía
estremecer, y mamá y Blanqui continuaban aferradas a mis pezones, masturbándose
como locas.
Ya no pude aguantar más, y mi orgasmo llegó rápidamente, mi
primer orgasmo en las manos de otra persona, y mi primero con una mujer… además
fue el primero con un pariente cercano. En fin, fue el primeo de muchas cosas.
El chispazo salió de mi clítoris y rápidamente se propagó por mi vientre,
subiéndome hasta los senos que, bajo el inmisericorde chupeteo de las otras dos,
se inflamaron en una sensación indescriptible. Me estremecí y me revolví sobre
la cama como lo hace una babosa que se le echó sal. Grité y gemí como una
desesperada, y mi vagina echó líquidos y flujos a borbotones.
Blanqui y mamá llegaron al orgasmo al poco tiempo. Primero
fue mama, unos segundos después de mí. Ella desahogó como 30 o más años de
frustración sexual. Gritó y convulsionó, gruñó y pujó. Su cara apretada, con el
gesto muy ceñido, toda ella tensa sintiendo y desfrutando de ese orgasmo que le
fue tan esquivo por tanto tiempo. Del otro lado, Blanqui también se
convulsionaba desplacer unos minutitos después, con la ayuda manual de Berta.
Esta la acostó boca arriba y se puso a restregarle la vulva junto a ella,
llevándola al orgasmo como un minuto después. Yo me puse a chupar sus senos
mientras tanto (mi primera vez chupando senos), mientras mamá se continuaba
manoseando del otro lado. Ella tuvo otro orgasmo.
Nos quedamos acostadas sobre la cama, las 4 mujeres
totalmente desnudas, empapadas de sudor y mojadísimas, respirando
aceleradamente. Estábamos abrazadas, aun tocando nuestros cuerpos, sin poder
creer lo que acababa de pasar. Ya habíamos iniciado un camino que nos llevaría
por inexploradas veredas, y no íbamos a dar marcha atrás.
Pensé en esa escena, y para mi satisfacción pensé que a
cualquier hombre le gustaría estar metido allí, en medio de 4 mujeres rubias de
piel blanca y ojos claros, con los senos muy, pero muy grandes todas ellas, una
cinturita estrecha y las nalgas grandes y paradas, las 4 con cara de niñas y
muy, pero que muy, calientes.
Nos quedamos tiradas sobre la cama no se cuanto tiempo, yo me
dormí sobre los senos de Blanqui, con mamá abrazada detrás de mi, durmiendo
también, con una mano sobre una de mis chiches. Blanqui se quedó despierta,
acariciándome el pelo, enrollándolo entre sus dedos. Bertita, boca abajo,
platicaba con ella, no se qué le decía, yo ya estaba muy cansada para poder
escucharlas.
Nos levantamos como media hora antes de que llegaran Rosario
y los niños. Arreglamos la cama como pudimos y nosotras también. Una sonrisita
pícara y miraditas cómplices fueron constantes durante toda la tarde, lo que
hacía que Rosario se pusiera verde de los celos.
Aquella primera reunión nuestra fue un éxito, y el inicio del
plan de Rosario también. Me contó con lujo de detalles lo que había hecho, y lo
impresionada que estaba de Beto, de su forma de ser y de pensar, y que ya estaba
más que convencida de que el era el hombre perfecto para nosotras. Yo también me
morí de los celos cuando me lo contó todo.
Si, la suerte ya estaba echada y las 5 nos íbamos a esforzar
porque todo nos saliera lo mejor que podíamos. Era un mundo nuevo y maravilloso
el que estábamos descubriendo y no lo podíamos desperdiciar, no podíamos.
CONTINUARÁ…
Garganta de Cuero.
Pueden hacer sus comentarios al correo de mi nuera, y desde
ya les agradezco todo lo que me han escrito, gracias.