Le serví el desayuno como el quiso, dejando que a cada pasada
cerca suyo sus manos se adueñaran de mi cuerpo, me trataba como su sierva y me
gustaba, me excitaba ser sumisa y complacerlo en lo que me pidiera, estaba
ansiosa por seguir teniendo sexo con el, hasta el momento me había hecho gozar
al máximo y estaba dispuesta a entregarme por completo a todos sus caprichos y
antojos, ya no me importaba las pruebas que tenía de mi infidelidad, tanto el
como yo sabíamos que no serían necesarias para que el lograra de mi lo que
quisiera, estaba dispuesta a todo.
Terminó de desayunar y se levantó de la silla de mi esposo,
no pude evitar admirar su cuerpo moreno, enorme, musculoso, mis ojos bajaron
lentamente por su pecho, su estomago, su vientre duro hasta llegar a ese hermoso
instrumento que me había hecho vibrar de placer y gozo, colgaba entre sus
piernas y se mecía con sus movimientos, recién en ese momento pude apreciar su
grosor y me convencí de por que me había costado tanto metérla en mi boca.
Me tomó de la mano y comenzó a subir las escaleras, me llevó
al dormitorio matrimonial y apenas entramos se echó en la cama, luego me ordenó
me colocara a la altura de sus piernas y se las masajeara, obedecí
silenciosamente y comencé por los gemelos, luego subí por los muslos, el levantó
sus piernas y comenzó a pasar sus pies por mi rostro, sin oponer resistencia
empecé a besarlos, luego a lamerlos y uno a uno me los introduje en la boca, los
chupé como si fueran penes mientras miraba como su tripa empezaba a despertarse
y a tomar dimensiones increíbles.
Me coloqué a su costado y lamiendo sus piernas fui buscando
ese mástil erguido, lo aferré con fuerza mientras succionaba sus testículos,
nuevamente aproveché para meterle mi dedo índice en el ano, el separó aún mas
sus piernas para permitir una mejor penetración.
Luego de pasar mi lengua a lo largo de su verga, mordí su
glande con furiosa calentura para inmediatamente engullirlo hasta lo que mi
cavidad bucal me lo permitió. Hizo que me acostara sobre su cuerpo pero al
revés, de manera que empezamos a hacer un fantástico sesenta y nueve, era
maravilloso sentir la lengua de Ismael moverse a lo largo de mi concha mientras
su verga pugnaba por pasar de largo por mi garganta.
El sonido del teléfono no logró desconcentrarme, no pensaba
prestarle atención, ni loca dejaría de mamar esa hermosa verga por atender a
algún molesto, para eso tenía el contestador que lo haría por mi, tampoco se me
cruzó por la mente sacar de mi boca esa pija cuando escuché la voz de Pedro que
me llamaba de la oficina, -hola mi amor, llamaba para decirte que debo viajar de
urgencia a Uruguay y volveré mañana, Te quiero- me decía y aunque sentí un poco
de culpa no pude detener la excitación que crecía minuto a minuto, había logrado
nuevamente meter mas de la mitad de su verga en mis fauces y por nada del mundo
la soltaría.
Las manos de Ismael apretaban mis nalgas y sus dedos
empezaron a jugar con mi orificio anal, primero me penetró con su dedo índice
hasta que logró dilatar mi ano a su antojo, con dolor sentí como un segundo dedo
pugnaba por entrar hasta que también lo logró, empezaba a imaginarme que el
salvaje de Ismael me estaba preparando para cogerme por el culo, no puedo negar
que sentí miedo aunque la fantasía de comerme ese hermoso pedazo de carne por
atrás me enloquecía.
Dejé de chuparle la verga y lamiendo sus huevos fui
deslizando mi boca hasta llegar a su ano, mi lengua jugó alrededor de su
orificio anal y lo imité, primero un dedo y luego dos, Ismael gemía y se movía
permitiendo la penetración.
Me estaba volviendo loca al ver como mis dedos entraban y
salían fácilmente de aquel culo, también sentía como mi ano se abría cada vez
mas al paso de los gordos dedos de Ismael, el mejor momento se acercaba y no
tardó en suceder, con una facilidad increíble, el me levantó y me colocó a su
lado, quedé boca abajo y el se arrodillo detrás de mí, esperé sumisamente a que
el me guiara, separó mis piernas y colocó un almohadón debajo de mi vientre de
manera que mis caderas quedaron apenas levantadas, le indiqué que en mi cajon de
la mesita de luz tenía crema para manos que serviría de lubricante, el la usó
para embadurnar mi orificio anal y meter sus dedos llevando la crema adentro de
mi orto, luego empezó a frotar su glande hinchado y enorme por la raya de mi
culo, subía y bajaba, yo la sentía caliente, dura y hermosa, me la apoyo en el
ano y empujó levemente, su glande apenas entro y un dolor placentero me invadió,
la dejó unos segundo en la entrada de mi culo y la sacó, nuevamente recorrió el
camino entre mis nalgas, nuevamente se detuvo en mi ano y volvió a empujar,
-¡damela de una vez!- le supliqué hambrienta de sentir esa verga adentro, pero
el me hacía desear y la sacó para hacer el recorrido anterior de nuevo, volvió a
detenerse en el orificio anal, yo estaba flojita esperando que su cabeza gorda
entrara un poquito y se detuviera como la otra vez, asi lo hizo, volvió a entrar
levemente y se quedó quieto, yo respiraba agitada, estaba desesperada por sentir
esa formidable poronga en mis intestinos, movía mi cabeza en forma de círculos,
gozando con lo poco que tenía, de repente Ismael empujó de golpe y su tripa
entró entera hasta el fondo de mis entrañas, un dolor agudo recorrió mi columna
haciendo que arqueara mi espalda, creí que me desmayaba, sentí mi ano desgarrado
y un ardor increíble me quemaba, -¡noooo, por favor sacala, me estas
destrozando!- grité entre sollozos, pero Ismael parecía excitarse aún mas con mi
dolor y tomándome del cabello comenzó a bombear con violencia, -¡vos lo pediste
puta!- me gritaba y reía a carcajadas.
En un momento y apiadándose de mi comenzó a moverse
suavemente mientras me untaba mas cantidad de crema lubricante, ya no me dolía
tanto y comencé a soportar el gran grosor de su verga hasta que llegó un momento
que la sentía entrar completamente dentro de mi sin que me produjera alguna
molestia, empecé a disfrutar la sentir como iba hasta el fondo y volvía a salir,
con mis movimientos acompañaba los suyos y mis jadeos se hicieron oir, -¡que
linda puta sos!, ¡como te gusta la verga!- me gritaba Ismael, no podía dejar de
responderle y hacerle saber cuanto me estaba haciendo gozar -¡siiiii, así, seguí
así!- le grité disfrutando toda su inmensidad.
El jadeo de Ismael se hizo mas fuerte y aceleró sus
movimientos, su verga empezó a latir con fuerza dentro de mis intestinos hasta
que sentí que se hinchaba, el se quedó quieto con todo su pedazo adentro y
comenzó a derramar entre gritos y excitación su primer chorro, sentí como su
esperma caliente inundaba mi vientre, era placentero sentir ese liquido espeso
recorrer por mis entrañas, seguí moviendo mis caderas en círculos recibiendo
gustosa esa hermosa verga, me sentía volar no quería que esto se terminara
jamás, nos dejamos caer de costado y no permití que su poronga saliera de mi
culo, seguí haciendo suaves movimientos de cadera disfrutando cada segundo de
tener esa cosota maravillosa.
Noté que mi hueco empezaba a apretarse nuevamente, los
gemidos de mi macho me indicaban que estaba casi listo para hacerme gozar de
nuevo y no estaba errada, me tomó por la cintura y sujetándome con fuerza
giramos los dos, el quedó boca arriba y yo sentada sobre su tripa solamente
ensartada por su cabezota, de repente me dejó caer de golpe y quedé totalmente
ensartada, no puedo negar que me dolió, pero inconscientemente sonreí
agradecida, empecé a cabalgarlo con ganas, con violencia, con furia y placer, el
había pasado sus manos hacia delante y metía tres dedos en mi argolla viciosa,
no pude evitarlo y de nuevo empecé a acabar y a gritar como enloquecida,
nuevamente sentí latir la pija de Ismael y me la enterré lo máximo que pude,
esperé unos segundos y nuevamente mi culito quedó inundado de leche, de un
empujón me sacó de encima y me dejó a su costado, su verga estaba sucia, había
pedazos de materia fecal, de semen y algo de sangre producto de mis desgarros,
me tomó por los cabellos y por la fuerza llevó mi cabeza hacia su pija inmunda,
apretándome las mandíbulas me obligó a abrirla y me metió la verga en la boca,
se la chupé hasta dejarla brillante de nuevo, luego simplemente me ignoró y se
metió en mi baño a ducharse, salió, se secó se vistió y se retiró sin decirme
nada.
El tipo me había humillado, me había sometido a sus caprichos
y yo había aceptado sumisamente lo que me quiso hacer, pero me había excitado
ser tratada como una puta, era la primera vez que un tipo me vapuleaba y me
sometía de tal forma, era una nueva experiencia y la había vivido a full y tenía
ganas que se repitiera.