Estábamos de nuevo los cinco completamente empalmados,
aquello era un festival de pollas duras.
Goyo y Paco se empezaron a besar con mucha pasión, sus
lenguas se entrelazaban y se acariciaban sus pechos, sus barrigas espléndidas y
sus culos maravillosos, era un espectáculo ver aquellas dos moles de hombres
entregarse como lo estaban haciendo.
Llevan liados desde pequeños, son amantes desde siempre.-
dijo su hermano Román
Yo no me extrañé, aquello lo vi muy normal. Lorenzo empezó a
chuparnos la polla a Román y a mi, mientras nosotros nos besábamos y nos
comiamos los pezones mutuamente, era maravilloso el cuerpo de Román, me
apasionaba frotarme contra su barriga llena de pelos blancos, masajear su
enormes pelotas y a la vez meter mis dedos en su ojete ya abierto de nuevo.
Román se tumbó boca arriba y Lorenzo fue a por una crema
especial para dilatar y un guante de cirujano. Dios iban a empezar algo
verdaderamente excitante para mi.
Lorenzo embadurno el ojete de Román con la crema y empezó a
meterle un dedo tras otro hasta que poco a poco iba entrando toda su mano
entera, mientras yo le enchufe la polla en la boca a Lorenzo que seguía metiendo
su mano en el agujero muy abierto de Román que bufaba de placer. Yo estaba muy
excitado viendo aquello, aquel corpachón entregado a un fist fucking descomunal,
se pellizcaba los pezones como un loco. Lorenzo le metió hasta el codo, entraba
y salía su brazo con una facilidad descomunal.
Román estaba completamente empalmado, empezó a pajerse con un
mono y pedía que le llenarán la boca con algo. En eso Goyo su hermano se sentó
en su cara y le ofreció su culo peludo a Román, que empezó a lamerlo como un
poseso. Mientras Paco le metió la polla en la boca a Goyo, apenas le cabía , los
tres hermanos calzaban unos pollones tremendos, gordos y muy negros.
Era impresionante ver aquel cuadro, Román estaba como en
éxtasis, fue cuando Lorenzo sacó su brazo del culo de Román mostrandome un
agujero negro y muy abierto, empezó a salir un poco de caca de su culo, yo me
agaché y se lo lamí con gusto, lo cual el agradeció. Lorenzo volvió con un
consolador muy gordo, era mas ancho que su propio brazo, se agachó y empezó a
meterselo por el ojete dilatado de Román, el cual grito de placer, yo no daba
crédito a lo que veía que estaba entrando por el ano de Román, que estaba
completamente empapado de sudor. Me acerqué a él y empecé a lamerle los pezones
con fuerza, acaricie su barriga sudorosa y le chupé su pollón y sus enormes
pelotas.
Goyo empezó a gritar, la comida de culo que le hacía Román
dio sus frutos y empezó a soltar chorrazos de leche sobre su hermano, yo lamía
toda la leche que soltaba Goyo, mientras seguía chupando todo el corpachón de
Román que ya tenía todo el superconsolador dentro de su ojete maltrecho.
Fue cuando Paco me enchufó su rabazo en mi boca y me lo llenó
de litros de esperma caliente y espeso que yo tragué con avaricia. Mi polla
estaba tensa como la piel de un tambor, así que me senté sobre la barriga de
Román y le solté toda mi leche en su cara, el lamía lo que podía, estaba como
ido, lleno de placer por todas partes.
Lorenzo seguía con su mete y saca de consolador, mientras
pajeaba a Román, su mano apenas abarcaba aquel cipote fantástico.
Goyo seguía con su culo en la cara de su hermano y sin mediar
palabra empezó a cagarle encima, Román recibió el regalo con alegría, se comía
lo que podía el resto le resbala por su cuello y se lo comía con alegría su
hermano Paco. Yo no pude más y empecñe a soltar una meada directamente a la cara
de Román que abrió la boca y se la bebió como pudo a la vez que seguía
deleitándose con la cagada de su hermano.
Goyo, Paco y yo nos levantamos y vimos como Lorenzo seguía
metiendo aquel mostruo en el culo de Román, el cual tenia todo el cuerpo lleno
de mierda, semen y meadas, yo no pude resistirlo mas y viendo aquel cipote
tieso, me unté crema y me senté sobre él, empecé un sube y baja tremendo, de
repente vi mi boca llena por los pollones de Goyo y Paco que ya estaban duros
como piedras de nuevo. Acariciaba el cuerpo de Román con auténtica lujuria,
morsía sus pezones que sabían a todos nuestros flujos, le besé y sus lenguas con
sabor a sexo se entrelazaron mientras el me taladraba mi ojete con su pollón a
punto de estallar.
Goyo y Paco le pusieron ahora sus pollas en la boca a
Lorenzo, que las mamaba con deleite.
Román se tenso como un loco.
Te voy a llenar el ojete de leche, chaval, jodeeeeeeeer.-
gritó
Y de repente noté como si me hubieran abierto una manguera de
agua caliente en el culo, empecé a sentir los chorrazos de leche caliente de
Román en mi interior, me llenaba como un torrente, notaba como se deslizaba por
mis muslos, no cabía todo, aquello no paraba, que maravilla, aquello provocó que
de mi rabo salieran también chorros de leche directos a la cara de Román que
bufaba y resoplaba como un toro, su cuerpazo se retorcía de placer.
Lorenzo, recibió también su boca y su cara la leche de los
otros dos hermanos, la cual tragó con deleite.
Sacó el enorme consolador del culo destrozado de Román, el
cual se puso a cuatro patas como pudo mostrando su agujero dilatado al máximo,
Lorenzo apuntó su polla y tras cuatro sacudidas le llenó su puerta de leche.
Lorenzo soltó mucha leche también y toda entró en el ano de Román. Goyo y paco
empezaron a mear dentro del agujero de Román, entraban las dos meadas a la vez
en aquel ojete enorme y le resbalaba por los muslos y le empaparon también sus
enormes pelotas.
Román empezó a soltar por su culo una enorme y fluida cagada,
no era de extrañar , aquel hombretón no podía contener ya absolutamente nada en
su interior. Al ver que su hermano empezaba a cagar, Goyo se tumbó bajo sus
pelotas y se comió todo le que salía del culo de Román, mierda, meadas incluso
un poquito de sangre, yo aproveche también para mearle a la vez. Cuando Román
terminó todos le lamimos su ojete por turnos y vimos como aquel agujero se iba
cerrando poco a poco.
Al final los cinco destrozados sobre la alfombra decidimos
que aquello tendríamos que repetirlo a lo cual dijeron todos:
Si pero la proxima con nuestras mujeres
Y se echaron a reir, pero será otra historia