Mi Tío el Ranchero CINCO
Después de un recuperarme un rato sentado en el jeep, entré a
la casa y me acomodé en la cama (me sabía solo en el rancho porque los domingos
se van todos los empleados en cuanto termina la ordeña). De pronto me había
invadido el sueño. Me despertaron las botas de mi papá y mi tío. ¿Cuánto tiempo
había pasado? No tenía ni idea. Me levanté y salí a saludar. En vez de saludar,
mi papá me preguntó si ya tenía mucha hambre y se metió a la cocina; mi tío me
dio una nalgada y caminó rumbo al baño. Ambos, como si no hubiera sucedido
absolutamente nada. Aquello se iba a poner divertido.
Estaba con mi papá en la cocina cuando oímos el ruido de la
regadera, y dice mi papá, como en secreto: "Ya le hacía falta". No contesté, me
quedé pensando en el "olor a hombre caliente" que había conocido hacía un rato.
Después, como si hubiera salido de mi mente maquinadora, mi papá destapó una
cerveza y le dio un trago. Luego me dijo que destapara otra y se la llevara al
tío. No entiendo cómo fue que no me salió la risa. Mi papá sin saberlo le estaba
devolviendo el favor del café al tío. Y ya iba con la lata en la mano, cuando me
dice en voz baja y sonriendo: "pero nada de tallarle la espalda". Volteé a
mirarlo, sonreí y con la cabeza le aseguré que no.
Toqué la puerta del baño y "casualmente" estaba abierta.
Entré sin avisar y el tío estaba enjuagándose el jabón de la cabeza. Le hablé,
se asustó, le entró jabón a los ojos: "¡Chamaco cabrón!... ¡que susto!... ¡y por
tu culpa me entró jabón a los ojos!". Me reí, me acerqué hasta la regadera y le
di la lata de cerveza:
- Aquí manda mi papá esto (puso cara de incrédulo)
- ¡¿En serio?!
- En serio. Él solito me dijo que te la trajera, yo no le
dije nada.
- Aaaaah pos entonces órale mijo... sígale con lo del beso.
- Bueno tío, tú estás loco, ¿verdad?...¡¡¡cómo crees!!!
- ¡Ándele mijo!... aunque sea poquito.
- No tío, se va a dar cuenta mi papá y ahí sí nos mata a los
dos. Mejor luego.
- Bueno, agárramela tantito nomás a que me crezca, ya luego
yo me la jalo.
Me acerqué con cuidado de no resbalar y se la atrapé, otra
vez mojada, pero parecía la verga de un niño de mi edad porque se le paró de
inmediato y ya rápido tenía el glande descubierto y rosado. "Sígale otro ratito
chiquito mijo... así... así... que rico...". Y en cuanto sentí mi verga otra vez
durísima, regresé a la realidad y suspendí la obra, oyendo su florido lenguaje.
Muy en contra de su voluntad, me salí y cerré la puerta. Al
entrar a la cocina pensé en cómo disimular la erección que me había provocado el
tío, pero decidí desenfadarme de eso, y le pregunté a mi papá: "Oye Pá... ¿es
normal que me pase esto a cada rato?, ¿nomás por entrar a dejarle la chela al
tío?". Volteó a ver de qué le hablaba, vio que le señalaba mi carpita en el
pantalón. Se volteó a lo que estaba haciendo, suspiro tan profundo como pudo y
contestó sin verme: "Sí hijo... supongo que sí es normal, pero recuerda que
vamos a hablar de eso cuando lleguemos a la casa". Entendí.
Entró a la cocina el tío, descalzo y sólo envuelto en una
toalla preguntando por la comida. Mi papá dijo que ya nos podíamos sentar y
comimos. Lo curioso es que el tópico de la desnudez del tío ya no fue motivo de
discusión. Como que después de lo de anoche, ya eso era asunto permitido. Así
que para la sobremesa, me quité la camisa para observar la reacción y nada pasó.
Sólo que mi papá me detuvo porque me tocaba levantar la mesa. Ellos se fueron a
sentar a la terraza. Hacía un aire delicioso.
Cuando me reuní con ellos, me enteré de que hacía falta
comprar cosas para componer la cerca, pero que el tío no tenía dinero, así que
nos íbamos a quedar para ir al banco del pueblo el lunes y hacer mi papá una
transferencia por teléfono, ya que entonces ni pensar en la magia de Internet. Y
esto, por supuesto, me llenó el buche de alegría: ¡OTRA NOCHE NUDISTA!
Estuvimos en la terraza buen rato, yo sin dejar ir las
oportunidades de ver cuando se levantaba "accidentalmente" la toalla del tío. En
una de esas, para tener una mejor visión del asunto y ver qué hacía mi tío, me
hinqué en el suelo y le dije a mi papá: "A ver Pá, levanta la patita para
quitarte las botas". Mi papá me dijo que qué lindo hijo tenía pero siguió
hablando. Yo tenía el ángulo perfecto para realizar la maniobra y mantener el
ojo puesto en la entrepierna de mi tío, cosa que notó él y abrió ligeramente las
piernas. Sus huevos le estaban colgando hasta la silla y más abajo, traía huevos
de toro. Me causó gracia, pero de su verga nada. Mi intención era provocarle una
erección enfrente de mi papá, sólo por curiosidad, quería ver cómo reaccionaba
uno ante el otro.
Terminé de quitarle botas y calcetas a mi papá, y me levanté
para llevarlas a la recámara, cosa que hice ofreciéndole a mi tío, supuestamente
a escondidas de mi padre, mi erección. Me observó y se turbó, reacomodó las
piernas y se inclinó, como poniendo más atención. Eso era suficiente, no quería
ocasionar un conflicto de estado mayor entre ellos. Me quedé un rato adentro
viendo la tele, para que se me bajara la verga y salí. Seguimos otro rato,
platicando ellos y maquinando yo. Cuando empezó a bajar el sol, mi papá dijo que
ya era hora de bañarse. A mí se me levantaron las orejas como perrito que oye el
ruido de su plato de comida, pero desde ya, descarté la posibilidad de bañarme
con él otra vez... ¿posibilidad descartada? No. Desde el cielo oigo la voz de mi
padre diciéndome: "¿Ora no te vas a bañar conmigo hijo?". De un brinco me paré y
le dije que sí, salí casi corriendo rumbo al baño, pero alcancé a oír la voz de
protesta del tío:
- ¡Par de cabrones!... ¡¿Porqué chingados nunca me invitan a
mí?!... ¿porque nomás ustedes? (Y mi papá le contestó)
- Porque tú ya te bañaste, hermanito.
- ¡Pero me puedo volver a bañar!... nomás por el gusto de
estar con ustedes.
- No Manito, no estés chingando, no cabemos todos en el baño.
Mi corazón empezó a palpitar con más ganas, pero pensé que
ahí acababa todo. Mi tío rebatió: "Me vale madre... ya que se les quite lo
apestosos, ahí les caigo para acompañarlos".
Yo estaba sentado en mi cama quitándome las botas y le
pregunté a mi papá cuando entró si pensaba que lo haría, y me contestó
despreocupado: "¿Qué no conoces lo hocicón que es tu tío?". Me paré, me quité el
pantalón y luego el calzón. Quedé de pie, a la vista mi desnudez y mi erección.
Mi papá vio de arriba abajo, me sonrió y me dijo que me fuera adelantando, que
orita me alcanzaba. Así lo hice. Me metí al agua y al minuto oí la puerta
abriéndose. Volteé a verlo, con la esperanza de ya poder por fin conocer su pene
erecto, pero nada: flácido, pero no por eso menos hermoso todo lo que estaba
viendo. Se queda parado sosteniendo la puerta, y me pregunta en voz baja:
- ¿Quieres que la cierre o que la deje abierta?
- No sé (levanté los hombros sin saber qué decir). Como tú
quieras pá.
- Bueno, decídelo tú: si la cierro, tu tío no entra. Si la
dejo abierta, ten por seguro que aquí lo tenemos al ratito. ¿Qué decides? ¿La
cierro?
- Mm... este... no... mejor déjala abierta.
- Como tú me digas.
- Es que... la verdad... me gusta un chorro ver a mi tío en
cueros.
- Sí... ya lo sé... por eso te pregunté. A ver ¿quién
enjabona a quién primero?
- ¡YO A TI!
- Sale pues, nomás hazte a un ladito para mojarme.
Terminó de mojarse, cerró la llave y dio vuelta hacia mí. Aún
flácida: ¡chín! Me preguntó que por dónde quería empezar y le dije que por la
espalda y se dio la vuelta obediente. Él era más alto que yo, pero no tanto como
para no alcanzar perfectamente su cabeza con ambas manos, así que comencé a
enjabonarle la cabeza y le tallé bien el cabello. Ya que terminé, iba a seguir
con el cuello y el resto de su apetecible cuerpo de señor cuarentón, cuando me
cortó la inspiración porque dijo que prefería enjuagarse la cabeza para que no
le entrara jabón a los ojos... comentario que me trajo varios recuerdos. Levanté
los hombros.
Terminó de enjuagarse, se echó el pelo para atrás, volteó a
verme, me sonrió y me dice: "Tu verga nunca se cansa, ¿verdad?". Yo nomás sonreí
de oreja a oreja, negando rotundamente. Se volvió a dar la vuelta y proseguí por
la espalda. Ya estaba enjabonando las axilas levantadas, cuando se oyó un leve
toquido en la puerta. "¿Se puede o no se puede?". Mi papá volteó a verme, en voz
muy baja sonriendo: "Te dije". Y levanta la voz: "Pos ya pa qué preguntas
hermanito, si ya estás ahí, ándale, pasa y siéntate, que estás en tu baño".
El tío asomó la cabeza y después el resto del cuerpo. Volvió
a entrecerrar la puerta. Y lo primero que dice: "¡Aah que a toda madre!: tu con
tu esclavo bañándote como niño chiquito y yo bañándome solo". Nadie le contestó
nada, mi papá nomás se rió sonoramente. Sigue mi tío: "Bueno, pos con su
permiso, yo me voy a acomodar por aquí para no estorbarles mucho". Mi papá nomás
le contestó que estaba en su baño.
Bajó la tapa de la taza y se sentó, con la toalla aun puesta
y una lata en la mano. Me vio la verga parada y me guiñó un ojo, luego empezó a
hablar: "Mira qué a toda madre que lo bañen a uno... así hasta me dan ganas de
bañarme 3 veces al día... etcétera". Se mantuvo hablando, seguramente la
situación lo puso algo tenso. Y yo seguí con mi formidable tarea de bañar a mi
padre. Ya me había saltado la zona de las nalgas a los pies para ir subiendo.
Pies, tobillos y rodillas, ya lavados. Empecé con los muslos lentamente. Subía
mis manos como no queriendo perturbar a mi papá o incomodar, hasta que en una de
esas que notó que ya era hora de subir con el lavado, separó bastante las
piernas. Aquí me puse de pie (erección en pleno, claro) volví a tomar el jabón y
sin miedo alguno comencé a enjabonar las nalgas, levemente menos velludas que
las del tío y para pronto me fui al surco entre ellas. La voz de mi tío cesó.
Sólo se oía el ruido del jabón yendo y viniendo del inicio de la rayita hasta el
borde el escroto, pasando por el ano expuesto de mi papá. Me quedé un rato
tallando ahí y sin decir nada, mi papá volvió cerrar las piernas, como diciendo
que con eso era suficiente.
Ya había terminado. Seguía el frente. Le dije: "Ya Pá, toca
al frente". Giró silencioso, como quien disfruta de un masaje. Lo formidable fue
volver a ver su verga a media erección, como la vez anterior, pero de mi cuenta
corría que ahora crecería completa.
Comencé por el pecho, con entusiasmo y la voz del tío volvió
a sonar, hablando de todo y de nada. Al llegar a la cintura, noté que había
crecido UN POQUITO más. Así que me hinqué para lavar el frente de los muslos, y
ahí empecé a moverme con mucha cadencia, como quien no quiere que termine la
función. Las incursiones de mis manos hacia arriba, hacia la gloria de su
entrepierna, eran cada vez más atrevidas. Su escroto ya lo había tocado varias
veces, pero "por accidente". La voz de mi tío volvió a desaparecer. En una de
esas avanzadas, sin decir nada, mi papá volvió a separar las piernas
ampliamente, así que pasé saliva seca y subí el jabón hasta la zona de las
ingles para enjabonar, haciendo a un lado el escroto con el dorso de mi mano.
Volteé a ver a mi papá, pero tenía la cabeza echada para atrás y los ojos
cerrados. Tomé eso como total permiso.
Volteé a Ver al tío, y su verga ya se había salido de la
toalla en plena erección, y hasta noté los espasmos de excitación. Me vio
directo a los ojos, pero esta vez no hubo ni guiños ni sonrisas, estaba en otro
mundo el hombre. Así que volví a mi tarea y finalmente subí el jabón al vello
del pubis y comencé a enjabonarlo, pero sin prisa, luego bajé al escroto, y al
levantarlo, su verga pegó un brinco y entonces noté que ya estaba mucho más
grande. Con mucho cuidado lavé los huevos de donde había yo salido, luego me
enjaboné bien las manos y dejé el jabón. Atrapé su verga para retraerle el
prepucio y lavarle debajo. Aquí escuché un leve gemido de mi papá y su verga
creció a todo su esplendor. Era igualita a la mía, sólo que mucho más grande.
Volteé a ver al tío, y ya había soltado la toalla y se estaba
acariciando los huevos abajo de una verga muy dura y muy roja. Luego regresé con
mi papá y seguía con los ojos cerrados. Con ambas manos lavé su verga. Con una
detenía el prepucio atrás y con la otra tallaba el glande con toda la delicadeza
de que fui capaz. Alcancé a oír una inhalación fuerte y profunda de mi tío, pero
no volteé. Seguí acariciando la verga y los huevos, hasta que me pregunta con
voz adormilada: "¿Ya hijo?". Le solté la verga, ésta rebotó al sentirse libre, y
contesté: "Sí Pá, ya te puedes enjuagar".
La verga de mi papá no era la más grande que había visto ese
fin de semana, pero definitivamente sí era la más bonita.
Mientras mi papá entró al chorro del agua, yo me recargué en
la pared de atrás de la regadera, tratando de entender qué estaba pasando ahí.
Mi padre frente a mí con una erección al tope. El cachondo de mi tío
observándonos, también con la verga a reventar, y yo como moderador de aquella
exhibición.
Cuando terminó de enjuagarse y se dio la vuelta, mi tío ya no
tuvo el empacho de cubrir su erección. Mi papá lo vio y nomás sonrió. Se dirigió
a mí y me dice: "Su turno señor. Mójate". Me mojé y volteé a devolverle la
pregunta: "¿Por dónde quieres empezar?" Esperaba que dijera que por atrás pero
su respuesta casi me infartó: "A ver, que el mirón de tu tío decida, porque el
te va a lavar un lado y yo el otro". Los dos abrimos los ojos fuera de órbita.
No lo podíamos creer, pero aun así, dentro de su sorpresa, se
levantó mi tío, caminó hasta la regadera con la verga bamboleando, se paró
detrás de mí y tomó el otro jabón. Ahora el hipnotizado era mi tío. Como
autómata comenzó a embarrarme a tontas y locas jabón en la espalda, para irse en
seguida a mi culo. Mi papá me sonrió y ahora él me guiñó un ojo. Yo no podía
creer nada de lo que estaba pasando. Mi tío me separó las piernas con un pie y
me tuve que detener en el pecho de mi papá para no caerme. Mi papá ni siquiera
tomó el jabón, nomás me detenía. Ya que me enderecé y recuperé el equilibrio,
sintiendo los dedos de mi tío por todos lados, bajé la mano para atrapar la
verga de mi papá, que no había perdido ni medio milímetro de erección.
Estaba yo tan alterado, que no sabía qué hacer. Quise
agacharme para chupársela, pero las manos de mi tío sobándome con frenesí por
todas partes me lo impidieron. Estaba vuelto loco, hasta que llegó el momento en
que aventó el jabón y me dice: "A ver mijo, enjuáguese de una vez que ya está",
cosa que dijo todo serio. Me metí al chorro y rápido me quité el jabón. Me
volteé para ver que seguía, pero ahí ya no había cuartel. El tío se hincó, me
atrapó por la cadera y me jaló hasta su boca. Volteé a ver a mi papá asustado,
pero nomás me sonrió. El tío me estaba volviendo loco con esa mamada frenética,
y como que mi papá entendió y dice: "¿No hay espacio ahí para otra verga
manito?" y sin contestar ni media palabra, estiró la mano, lo atrapó de la verga
y lo jaló... WOW... ¡estaba viendo a un súper macho chuparle la verga a mi
padre!... un macho que casualmente era su hermano.
Aquello era más de lo que podía soportar mi corazón, pero aún
así siguió la fiesta porque mi papá acomodó las piernas separadas enfrente del
tío hincado, lo agarró por la cabeza y ahora sí empezó a gemir libremente. Nunca
lo había visto así. Ver a mi papá extasiado, con la boca de mi tío atrapándole
la verga, estaba siendo más de lo que podía soportar. Me acerqué por un ladito a
mi papá y le dije que ya me iba a venir, así, sin tocarme, que ya no aguantaba.
Detuvo el frenético movimiento de cabeza de mi tío y le
pregunta: "¿No oíste manito?... tu sobrino se va a venir en el aire"... El otro
estaba jadeando, se rió un poco y dijo: "ah sí, con mucho gusto. Venga pa’cá
mijo". Y me atrapó de las nalgas con una mano y me jaló hasta su boca. Yo tuve
que detenerme del brazo de mi papá y éste después se paró atrás de mí para
detenerme. No supe si intencionalmente o no, pero su verga terminó entre mis
piernas, abajo de mis nalgas, pero como estaba sin jabón, no deslizaban hacia
ningún lado, sólo las sentí y ya no había tiempo para nada más, porque entre la
verga de mi papá allá abajo, y la boca de mi tío, no pude menos que explotar en
su boca. Los ojos se me cerraron, se me detuvo la respiración, sólo podía pujar
y pujar, como si sufriera un dolor intenso.
Mi tío no se retiró hasta que me exprimió la última gota y
liberó mi verga de un solo golpe. Oí sus jadeos y sentí a mi papá deteniéndome
mientras terminaba de salir del clímax. Abrí los ojos y vi a mi tío, tirado en
el suelo, recargado en la pared con las piernas muy abiertas, con una sonrisa de
oreja a oreja, jadeando. Me dice mi papá con mucha ternura: "Ven, ahora te toca
a ti sentarte un ratito" y me condujo hasta la taza y me dejé caer, con la
sonrisa torpe. Y me dice con la voz de terciopelo que ya adoraba: "Ahora también
te toca a ti ver... pon mucha atención y acuérdate de que vamos a hablar de esto
cuando lleguemos a la casa, ¿está bien?". Le contesté con la cabeza y con media
sonrisa que sí, que estaba bien.
Se dio la media vuelta y caminó hasta el tío. Le extendió la
mano como para levantarlo y se levantó. Y lo que siguió me dejó helado, porque
ahora mi papá fue el que se hincó y atrapó a mi tío por la verga para metérsela
a la boca. Me quedé sin respiración, no lo podía creer, pero seguí viendo sin
perder ni un solo detalle. El tío abrió las piernas y empezó a gemir,
acariciando el pelo de mi papá y con la cabeza levantada hacia el techo. Después
lo soltó mi papá de la verga y lo atrapó de la cadera para jalarlo al ritmo que
él movía la cabeza hacia adelante y hacia atrás. El tío se aclaró la garganta y
dijo: "Ay manito... se me hace que no te voy a durar mucho... todo el día he
andado..." y ya no pudo decir más, arrugó toda la cara, en rictus de dolor y
todo su cuerpo entró en espasmo y su verga desapareció casi por completo dentro
de la boca de mi papá. Juraría que le llegó hasta el cuello. Los movimientos
cesaron pero mi papa se quedó conectado, respirando con dificultad. Finalmente
el tío cedió y soltó a mi papá. Éste estaba jadeando un chingo y luego se dejó
caer al suelo para descansar. El tío se recargó en la pared, como sostenido por
hilos invisibles.
Después de que se recuperaron, mi papá se levantó, tomó una
toalla, me tomó de la mano y me jaló a la recámara. Ahí comenzó a secarme el
cabello y después el pecho. Me dice:
- Tengo que decirte algo.
- ¿Qué Pá?
- ¿El beso que le debías a tu tío?... ya quedó pagado
- Pero...¡¿a poco sabías?!...¿cómo supiste?... pero si yo
- Silencio. Acuérdate que vamos a hablar de esto cuando
lleguemos a la casa.