El Metro
Mi nombre es Sandra, tengo 32 años. Soy una chica de lo más
normal como puedan ser cualquier mujer que conocen o inclusive que me están
leyendo en este momento.
En mi vida nunca habían surgido experiencias que a una le
abriera la perspectiva de pensar sobre diferentes experiencias sexuales, mi vida
había sido sexualmente de lo más rutinaria posible como a muchas mujeres nos
sucede. Nunca me había planteado mantener una relación sexual con otra mujer, ni
me había sentido atraída por otras mujeres, hasta hace un mes que me sucedió
algo que me hizo abrir mi mente.
Por motivos de trabajo, tuve que trasladarme una semana a
Madrid para realizar un curso de perfeccionamiento del sistema de trabajo.
Madrid lo conozco desde chica debido a que tengo familia viviendo allí. Pero no
había vivido nunca la experiencia de tener que coger el metro a primera hora de
la mañana.
Todo comenzó una mañana fría de Febrero. Durante esta semana
que iva a durar el curso me aloje en casa de mis tíos, llegue el domingo por la
noche. Me recibieron como siempre, atentísimos conmigo y estuvimos hablando toda
la cena sobre un montón de cosas pero sin transcendencia alguna. Me explicaron
como llegar hasta el lugar donde se impartían los cursos y que la mejor opción
era el metro. Ellos vivían a 5 paradas de metro desde donde asistiría a las
clases.
El primer día fue aburridísimo. Me levante a las 6:30 de la
mañana, me duche y arregle para asistir a la presentación del curso. Salí de
casa de mis tios a las 7:15 con tiempo suficiente para llegar y me dirigí hacia
donde me habían indicado que estaba la estación de Metro. Mi asombro fue el ver
a esas horas de la mañana tanta gente. Mi ciudad no es tan grande como Madrid y
el ver tanta gente a esas horas me sorprendió por no estar acostumbrada a tanto
trasiego. Cogi el metro con algo de temor, la gente iva corriendo de un sitio
para otro yo andaba como perdida mirando los carteles de las estaciones para no
perderme. Sentía los empujones de la gente entrando y saliendo del vagón y
deseaba llegar por fin a mi destino para salir de esa locura.
El curso era monótono y prácticamente era lo mismo que
desarrollábamos día a día en el trabajo. La mayoría de gente eramos de fuera y
lo cierto es que no mantuve mucha relación con los demás compañeros. Estaba como
loca por volver a casa y llamar a mi marido para explicarle que ni loca me
vendría a vivir a Madrid.
A la mañana siguiente, me desperte a la misma hora, me duche
y vestí como el día anterior. Llevaba puesto una falda hasta la rodilla, con
medias negras y una camisa blanca. Iva de lo más normal como si me dirigiese al
trabajo de todos los días. Al salir de casa me puse mi abrigo por el frio que
hacía a esas horas y me dirigí hacia la estación del Metro.
Ya sabía lo que me esperaba, el día anterior habia sido toda
una odisea adaptarme a este ritmo de vida tan frenético. Monte en el vagón y
como el día anterior estaba hasta los topes. Me puse hacia el final del vagón.
Detrás mio estaban un señor con un traje gris y una gabardina de alrededor de
unos 48 años y una chica joven con el pelo corto que a simple vista tenia
aspecto de chico.
Nada más arrancar el metro sentí una mano que me rozaba muy
ligeramente el culo, sin llegar a tocármelo de lleno. Lo primero que me paso por
la mente es que habia topado con el típico viejo que en las situaciones de
apelotanamiento aprovechaba para toquetear a las chicas. No era la primera vez
que me sucedía y seguro que a todas nos ha pasado alguna vez. Mi reacción ante
estas situaciones es girarme y mirar a la persona con cara de enfadada como
transmitiéndole que me estoy dando cuenta y no me gusta, pero odio el escandalo
y el que la gente me mire. Lo cierto es que en mi ciudad siempre me habia
funcionado este sistema. Me gire y mire fijamente al señor que tenia a tras con
mala cara. El sorprendido me miro a los ojos sin entender por que le habia
dirigido esa mirada con tanto desagrado.
El Metro continuo su trayecto haciendo su segunda parada, en
la cual entro mucha más gente y me obligo a retroceder hacia atrás y pegarme más
al señor y a la chica que ivan justo detrás mio. Volvi a sentir la mano en mi
culo, por encima de mi abrigo, pero esta vez no eran ligeros roces, me estaban
tocando directamente sin mi consentimiento. No sabía como actuar, nunca me había
ocurrido algo así, mi timidez podía conmigo y el mirarle mal antes al señor este
no me había servido de nada. No quería montar ningún escandalo y me sentía
indefensa ante esta situación. Me gire con el poco valor que aun me quedaba para
hacer el último esfuerzo para que me dejara en paz y cuando giro mi cabeza mi
sorpresa fue que no daba crédito a lo que estaba sucediendo. El señor no podía
ser el que me estaba tocando. Por las apreturas estaba casí a mi lado y las
manos las tenia ocupadas sugentado el maletín que llevaba consigo. Lo miraba
fijamente a las manos por que sentia que me estaban acariciando muy suavemente
el culo casi sin presionar sobre el.
Me gire mirando de nuevo al frente. Por mi cabeza pasaban un
monton de cosas inverosímiles. Si el señor no era el que me estaba tocando,
¿quien me estaba tocando? No sabía que hacer ni como actuar. Era ella¡¡¡¡¡¡¡¡¡
La vergüenza y mi timidez se apoderarón de mi. No tenia fuerzas ni valor para
decir nada. Solo con que alguien pudiera darse cuenta de la situación me hacian
morir de vergüenza. Me sentía indefensa, sin saber como actuar e impedir esta
situación.
El metro continuaba su camino, lo único que pensaba yo era
que ya solo faltaban 3 estaciones por llegar a mi destino. Intetaba mentalizarme
que era poco tiempo el que me quedaba por aguantar esta situación y que su mano
solo me acariciaba suavemente alguna vez que otra. Cuando empezaba asimilar la
situación y a pensar que todo terminaría pronto siento que se acercan hacia mi
por detrás. Apoya su mano en mi cintura y me dice ella al oido:
Soy yo la que te esta tocando, estas preciosa.
No sabía que decir ni que hacer. No sentía nada, solo deseos
de llegar a mi destino y miedo, mucho miedo por el que diran o sobre lo que
piensen de mi. A los pocos minutos de ella dirigirse hacia mi, la situación
cambio a peor. Debió interpretar que con mi silencio me agradaba lo que ella me
estaba haciendo y esos tocamientos leves y ligeros se transformaron tocamientos
más directos. Sentí como acariciaba todo mi culo sin ningun tipo de sutileza,
estaba palpando mi cuerpo con lujuria. Sus caricias estaban llenas de sexualidad
por parte de ella. Senti como su mano se desplazaba desde mi culo a mi cadera y
se deslizaba por mi muslo acariciándolo por encima de mi abrigo.
Llegamos a la siguiente parada, y ella dejo de tocarme. Pense
que por fin esto había terminado y ella descendería del tren. Yo en ese momento
me había planteado apearme y esperar a otro metro. Pero no fue así, ella no se
bajo y yo tampoco por que pensaba que había finalizado todo. El Metro iva a
proseguir su camino y esperaba que ella pasara por mi lado para bajarse, pero no
fue asi. Cerro las puertas y ninguna de nosotras se había bajado. Sentí su mano
otra vez sobre mi cuerpo acariciándome descaradamente sin ningún tipo de
timidez. Mi abrigo empezo a subirse por la aparte de atrás, no daba crédito a lo
que me estaba sucediendo me estaba subiendo el abrigo y sentia como su mano se
introducía por dentro de el para tocarme. Su mano se aposento suavemente en y lo
acariciaba firmemente deslizándose por todo mi culo. En mi cabeza algo cambio,
nunca había sentido una caricia así. Es cierto había en esta caricia un tacto
diferente al que estaba acostubrada, no era como si te tocasen, más bien era
sentir como acariciaban mi cuerpo centímetro a centímetro con mucha sensualidad.
Fue una sensación extrañísima para mi. Su mano descendió y me acariciaba el
muslo por encima de la falda. Sus dedos pasaban ligeramente por mi pierna sin
presionar, como una larga caricia que nunca termina. En mi cabeza surgieron un
mar de dudas y conflictos, tenía miedo y vergüenza pero era una experiencia
nueva en mi que a su vez era excitante. No sabía que sentir, ni lo que sentía.
Ella introdujo su mano por dentro de mi falda, sentí como la
subia suavemente por mi pierna y ya me estaba acariciando directamente encima de
mis medias. Deslizo su mano por mi muslo hasta sentir como me acariciaba mi culo
suavemente con la punta de sus dedos. Al notar su dedo indice que descendia
recorriendo la linea de mi culo instintivamente presione fuertemente mis piernas
hacia dentro, cerrando mis muslos para que no siguiera descendiendo hasta mi
sexo. En ese momento sentí calor, mis pezones se endurecían, no daba crédito a
lo que me estaba sucediendo, estaba excitada y era encima una mujer la que lo
había conseguido.
Su mano siguió acariciándome por debajo de mi falda, sentí
como apretaban con un dedo por mi línea del culo, siguiendo el recorrido de mi
tanga. Sus caricias descendían y con la palma de su mano la apoyo entre mis
muslos y forzo a que los separara. No hice mucha fuerza para impedirlo por que
en el fondo lo deseaba y con un suave empujon permití que me separara levemente
las piernas. Note como acariciaba con su mano mi sexo, estaba excitadísima y
ella lo percibio. Con su mano comenzo a cariciarme de atrás hacia delante. La
punta de sus dedos presionaba suavemente mi clítoris hacia adentro. En mi cabeza
sentia una excitación que jamas había percibido nunca, la respiración la tenia
agitada, no quería gemir ni que se me viese en el rostro que estaba disfrutando
como nunca. Su mano ya no me acariciaba, me estaba masturbando, sentia sus dedos
apretar mi clítoris como me gusta. Sus dedos intentaba penetrarme pero sin
presionar con fuerza y sentía como mi tanga se incrustaba dentro de mi sexo
humedecido. Mis pezones estaban durísimos y yo a punto de alcanzar un orgasmo
como nunca había tenido.
El metro paro, la mano desapareció de mi cuerpo. No sabía
como reaccionar. ¿Qué sucedía?. Mi expresión reflejaba extrañeza, lo que antes
deseaba que terminase rapidamente ahora quería que no terminase nunca. Su mano
se poso en mi hombro y me pidieron paso. Era ella se iva, al pasar a mi lado me
miro a los ojos y me dio un beso que no esperaba, un beso suave en mis labios,
un beso de adios sin pasión y sin nada solo fue un beso suave de despedida.
Llegue al curso, me sente en mi silla, solo pensaba en lo que
me había sucedido minutos antes, mi cuerpo estaba en tensión, me sentia excitada
como nunca antes lo habia estado. Tenia ganas de tocarme de acariciarme de
alcanzar ese orgasmo que no culmine. No aguante más la situación, me levante de
mi sitio y me dirigi al baño. No pensaba en nada, solo en la situación que había
vivido. No había nadie en el baño, me meti en una cabina y cerre con pestillo.
Me sente en el baño, encima de la tapdera a pensar en las caricias que habia
recibido e instintivamente mi mano se dirigio a mis pechos, comence
acariciándome por encima de la camisa, sentia mis pezones durísimos e
instintivamente separe las piernas. Solo cerraba los ojos y recordaba sus
caricias, mis manos actuaban solas, apretba mis pechos, frotaba mi clítoris por
encima de mis medias y mi tanga, estaba a punto de alcanzar el orgasmo y
necesitaba tocrme, sentir mis dedos penetrándome, lo que hubiera deseado que me
hiciera ella. Me bage las medias y mi tanga a la altura de los tobillos, abri mi
camisa y saque por encima de mi sujetador mis pecho, pellizcaba mi pezón y lo
acariciaba suavemente soñando que era ella la que me lo hacia. Mis dedos
apretaban directamente mi clítoris y algun gemido se me escapaba por mi boca. Me
penetre con un dedo mientras que con la palma frotaba mi clítorix de arriba a
bajo presionando suavemente como ella me hacia. Hasta que alcance un orgasmo
increíble.
Nunca había alcanzado un orgasmo así masturbándome, es más
nunca me había masturbado en un baño. Algo había cambiado en mi. Había sentido
cosas que jamas me había planteado y que ahora si pasan por mi cabeza. El
erotismo de hacer algo mal visto en público. Fue una experiencia que jamas
olvidare.
sandramenol@hotmail.com