MIS NUEVOS AMIGOS
Siento como si hubiese hecho dos nuevos amigos aunque a uno
de ellos lo conozco desde hace más de tres años y con el otro hablo y cambio
impresiones desde que yo tenía dieciséis años.
Intentaré explicarme. Internet es tan especial que dices
posees un amigo aunque no le hayas visto nunca el rostro. "Hablas" o mejor dicho
"lees" lo que te escribe "on line" en una pantalla y llegas a sentir le conoces
y aprecias casi igual que si lo tuvieras físicamente al lado. A veces mejor,
porque la distancia hace que decida contarte emociones, sensaciones y deseos que
nunca se hubiera atrevido a hacerlo en persona.
¡¡ Cuantas amistades se mantuvieron a lo largo de los siglos
a través de las epístolas !! Ahora cuesta escribir aquellas largas cartas entre
colegas o enamorados, pero aunque sea en forma de diálogos, por medio de
internet se sigue haciendo.
Mientras quien está al otro lado no "te pone" una fotografía,
haces trabajar tu imaginación pensando cómo será tu nuevo chateante. Si en tu
corazón va anidándose solo un sentimiento de amistad, el que el nuevo amigo sea
feo, guapo, alto o bajo, pasa a segundo término, pero si un poso de amor o
sexualidad han ido quedando impresos en tu mente mientras "chateaste", lo
imaginas como tus deseos lo quieren, príncipe azul muchas veces, valiente y
arriesgado otras, amante fiel las más y si te lo imaginas medianamente "potable"
utilizas la imagen creada para masturbarte y saciar tus instintos primarios,
aunque le jures o niegues la utilización de su cuerpo para estos menesteres tan
prosaicos.
De estos dos amigos uno, el más antiguo, suizo, llegué a ver
fotografías hace mucho tiempo, que él mismo me pasó, pero excepto una de muy
joven, medio vestido con unas bermudas, no le hacían justicia. A pesar de que en
una instantánea que tuve ocasión de contemplar, enseñaba todo su cuerpo desnudo
en el borde de una playa del sur, estaba tan enmarañado su pelo por el viento y
tenía un gesto tan extraño ante la cámara, que hubo quien dudó que aquella
persona fuese bella, como me predicaban los que le conocían físicamente.
Después he mantenido una amistad con él muy intensa pero solo
cerebral y lejana en las conexiones y como nunca me ha movido en este
acercamiento morbo o sensualidad corporal, sino un amor platónico y un
sentimiento de ternura de "hermano mayor", no he necesitado nuevas fotografías
para mantener en mi mente su figura querida, añorada y siempre enamorada.
Del otro, que en la vida real es su novio, creía poseer
montón de fotografías que iba poniendo en la red para conocimiento y solaz de la
mente y de la vista, porque elegía para el envío, instantáneas casi siempre de
sus zonas erógenas en estado mórbido y excitatorio.
¡¡ Pocas veces un culo y una polla se habían fotografiado con
tanta profusión !! ¡¡ Esos lugares creía eran más conocidos por mí que por su
novio !!.
Le veía en aquellas fotos, rubio, bello, perfecto de cuerpo y
de atributos, pero no sé, no acababa de ponerme tan caliente como debiera. Tenía
para mí un aire demasiado femenino, que no me cuadraba con lo que me hablaba en
sus calientes y muy warros diálogos. Presumía sobre su media masculinidad, es
decir su virginidad del culo y su afición sexual a meterla solamente, pues decía
era el más activo follador de todos los gays.
Escribí cosas sobre él pero más valiéndome de lo que
imaginaba, que lo que me hacían pensar las fotos recibidas. Incluso hubo gente
que me afeó, que las escenas de sexo que describía, basándome en su figura, no
eran lo suficiente explícitas, no contenían ese punto de pimienta picante que
necesita el sexo leído, para encandilar y conseguir que las mentes hagan
trabajar las manos sobre la verga desnuda y eréctil del lector.
En cierta ocasión llegué a narrar, dejándome llevar por el
instinto, que aquella bonita polla se enfriaba, se achicaba, enflaquecía y
quedaba como una esponja, cuando se ponía cerca del agujero anal de un chico
dispuesto a dejarse hacer lo que quisiera sobre él. Mi amigo se enfadó y creo
fue la única vez que puso impedimento a los temas que desarrollaba.
- Qué pongas tengo una pixi inactiva está prohibido en
adelante cuando el relato trate de mi persona - me dijo muy seriamente.
Fue pasando el tiempo, encontré en internet otras figuras que
me sirvieron de icono para pensar en mis satisfacciones manuales e incluso
fueron musas para mis escritos, hasta que hace unos días recibí una noticia que
me impactó.
- Las fotografías que nuestro amigo ponía profusamente en la
red no corresponden a su verdadera persona. Pertenecían a un afeminado modelo
porno de no sé qué página" - decía el mensaje que recibí.
He tenido, después, ocasión de hablar con él, quien me lo
confirmó y me pasó, en correspondencia y a modo de satisfacción, algunas
instantáneas actuales de su querido y amado Bollín, su novio (también me había
engañado con fotos de éste) y varias instantáneas verdaderas suyas.
Las nuevas fotografías que me pasó del suizo me confirmaron
que es verdaderamente una belleza, que su rostro irradia una ternura, una
sensación de paz y de equilibrio mental, que me es imposible pensar en él como
un objeto de deseo impuro. Me dan ganas de besarle y abrazarle como pudiera
hacer a la estatua en mármol de un efebo, recién sacada del interior del mar,
donde ha reposado sumergida miles de años desde que fue tallada.
Habrá quien se caliente mirando su bello rostro y su perfecto
cuerpo, pero yo no puedo hacerlo. Le veo como un icono a adorar desde lejos, a
seguir amándolo en silencio, de una forma etérea, a guardar su imagen en el
fondo de mi mente como algo más divino que humano.
Pero ¡¡Ay!! las verdaderas fotografías de mi querido Mateo me
han hecho sentir de otra manera. No tienen nada que ver con las del modelo porno
que le suplantó. Aquellas tenían un aire de feminidad que estas no poseen. Las
actuales huelen a macho gay. Dejan un aroma de deseo de sexo que impregna toda
la habitación cuando se las mira. Hacen que tus genitales salten, catapulten e
intenten romper los botones o cremalleras de la bragueta, que se coloca en
punta, en cuanto las tomas en las manos.
No necesité que estuviera en ellas desnudo para sentir todo
eso, pero en cuanto pasó por mi mente la posibilidad de contemplar lo que había
debajo de aquella ropa, mi cerebro comenzó a trabajar de tal forma, para su
posible obtención, que notaba chirriar las ruedas y engranajes que lo forman en
el interior de mi cabeza.
¿Cómo podía vislumbrar, ver y hacer gozar a mi vista lo que
me había enseñado encerrado bajo un bulto de sus pantalones en una foto en el
borde del Sena en París? ¿Cómo podría poseer instantáneas de aquel cuerpo como
las había tenido del que le suplantó?
Solamente encontré una posibilidad. Mateo suele presumir de
liberal, de abierto, de desnudez natural, de campings de la naturaleza, pero es
solo "de boquilla". Sé que tiene un miedo atroz a su novio, porque lo mismo que
este es recto, sesudo, atento y maravilloso como persona, tiene unos celos de su
amado, perfectamente justificados, porque le ha "cazado" varias veces a punto de
engañarle, intentando meterla en agujeros extraños.
Y por amigos comunes conozco su ultimátum lanzado hace muy
poco tiempo.
- Un intento más de meterla en otro agujero que no sea el mío
y vas a conocer cómo se las gasta un suizo.
Por ello pensé solo podía atraer a Mateo trayendo hacia mí a
su Bollín. Me encargaría posteriormente de separarles o mejor aun de vigilarles
en alguna de sus acciones, porque no quería de mi amigo nada más que poder
contemplar su cuerpo desnudo y su pixi, que ahora escondía celoso a mi vista,
para grabarlo en video o fotografía y mantenerlo presente y recrearme
posteriormente cuando quisiese solitario pajearme.
Con ello me conformaba. Intentar alguna otra acción sexual
podría desencadenar una guerra entre ellos, cosa que no quería y además, como yo
también me considero pasivo, entre nosotros dos difícilmente podría darse algo
más que una buena paja aunque fuese imaginaria.
Invité a ambos, haciendo la propuesta al Bollín, porque si
éste aceptaba Mateo le seguiría como un cordero. Así fue, el suizo aceptó pasar
en mi casa dos días acompañado de su novio. Creo lo hizo porque al enterarse de
la mentira, a la que nos sometió su amor durante dos años, quiso pasase por el
suplicio de presentarse en persona a los amigos que no le conocíamos y también
le perdonáramos. Era una acción muy propia de aquella maravilla de chaval que
pensaba más en los demás que en sí mismo.
Ubiqué a ambos en una habitación que está bajo el mismo
tejado. Posee una claraboya acristalada, que abierta, permite sacar medio cuerpo
al exterior y ver el jardín que rodea la casa. Para llegar a la misma solo hay
una estrecha escalera que se bloquea a voluntad desde su interior. Deseaba que
cuando estuviesen cerrados en aquella habitación, se sintiesen solos y
tranquilos, de manera que si tenían intención de hacer "algo" lo hicieran sin
sentirse oídos o vigilados.
Lo que no sabían, que me perdone sobre todo el Bollín que no
es culpable de lo que me había hecho su novio, que había apostado en un lugar
perfectamente escondido una cámara de video que me permitiría hacer tomas
especiales de lo que realizasen. Lo único que temía era que eligiesen para
hacerlo cuando apagaban la luz y que solo obtuviese sombras grabadas cuando se
marchasen a pesar que me aseguraron era capaz de grabar con muy pocos lux.
Cuando amaneció el primer día de su estancia en mi casa había
salido una mañana preciosa. Brillaba un sol espléndido y prometía que el día
sería caluroso. No suelo levantarme muy temprano y me gusta, hacia las diez de
la mañana, cuando la temperatura aun es fresca y agradable, quedarme sentado en
mi silla en el jardín, donde estudio o escribo mis relatos, cuando mis padres
marchan hacia el trabajo.
Desayuné allí sentado y esperé, mirando de vez en cuando
hacia el tejado por ver si mis amigos daban señales de vida. Impaciente entraba
de vez en cuando hasta dentro de la casa, para escuchar si se habían levantado
porque pasaban de las once y media de la mañana y no lo habían hecho. No sé si
los trabajos "especiales" de la noche les habían cansado y pegado a las sábanas.
Me aprovisioné de un puñado de garbanzos secos para, desde
abajo, ir tirándolos hacia el tejado, de manera que golpeasen sobre el cristal
de la claraboya, hasta que alguien se asomase a ella. Cuando arrojé un montón de
ellos a la vez, que seguro repiquetearon como granizos sobre el cristal de la
ventana, ésta se abrió y por ella asomó medio cuerpo desnudo de Mateo, que como
un neptuno, saliendo de las olas del mar, emergió sobre el tejado.
Le saludé desde abajo, pero no sé que me hizo pensar que su
figura se mostraba un tanto extraña y retorcida cuando me devolvió el saludo con
la mano. Su boca sonreía pero no le acompañaba el resto de su faz, que se
contraía como si estuviese sintiendo algo especial. Pensé en un principio que
como estaba sosteniéndose de pie sobre la cama, estaba perdiendo el equilibrio y
temía caerse.
Después contemplando que el rostro mostraba satisfacciones
quise apreciar la cara de sublime placer que se suele poner cuando se mea,
después de haber aguantado la orina. Lo deseché porque no había orinal en la
habitación y no creo estuviese meándome la cama desde donde se encontraba
erguido.
Hasta que me di cuenta y casi me descubro porque mi polla
saltó como un resorte al caer en la cuenta que no era la salida de la orina lo
que hacía que Mateo pusiera aquella cara, sino algo más, que desarrollándose
debajo de su cintura, no lo podía ver desde donde estaba pues me lo tapaba el
tejado, pero que al imaginármelo me empezó a poner muy caliente y excitado.
Mateo dejó de hacerme señas y yo también paré de hacérselas a
él porque efectivamente empecé a notar movimientos de su torso que intentaban
acompañar al resto de su cuerpo, que seguro estaba culebreando por la parte de
su cóccix, para acoplarse perfectamente a la boca que le chupaba su pixi por
debajo de las tejas.
Sé que no es lo mismo asistir a una mamada viendo todas las
partes en acción que hacerlo solo por los gestos de la cara del chupado. Pero
cuando pensaba que mi cámara de video estaba recogiendo aquella escena y que la
podría proyectar tantas veces como quisiera en mis solitarios desahogos, noté mi
semen recorrer el camino, desde mis testículos hasta la punta del pene, para
salir arroyante al exterior embardunándome los calzoncillos y pantalones que
tuve posteriormente que cambiarme.
Lo único que temí en aquel momento fue que Mateo, desde donde
estaba asomado, pudiera ver los gestos de placer que debiera estar haciendo mi
rostro, al unísono del suyo, porque sentía en mis genitales tan vivamente la
mamada que se desarrollaba allá arriba, que creo oía hasta la succión que los
labios hacían sobre su polla y que se reflejaban sobre la mía.
El resto de los dos días pasaron de una forma maravillosa.
Creí se me harían largos, hasta poder rescatar la cámara y comprobar que
efectivamente había grabado aquella sublime mamada, pero no fue así. Formaban
una pareja tan agradable, simpática y afectiva, que cuando proyecté por primera
vez lo que la cinta había recogido, tuve la tentación, por amistad, de borrar lo
que aparecía hacían debajo del tejado.
No lo hice porque pensé que Mateo merecía, como castigo, que
yo tuviese tomas de su cuerpo y pixi y en cuanto a Marckus, solo comprobar la
cara de placer que mantenía al tener metida la polla de su amor en la boca, al
que sabía hacia feliz, notaba me perdonaba conservase la película.