Con todos menos conmigo
Hola, mi nombre es Rafa, tengo 26 años y estoy casado con
Carmen, la mujer más maravillosa que nunca he conocido. Ahora mismo estamos en
nuestra luna de miel disfrutando y gozando de nuestros cuerpos, la playita y el
sol. Carmen tiene todo lo que un hombre puede desear de una mujer. Es guapa,
inteligente, cariñosa, divertida y un auténtico ciclón en la cama. La quiero con
locura y creo que ella también a mi sin embargo no todo fue tan sencillo, al
menos al principio…
Creo que en aquel entonces yo tenía 20 años y Carmen debía
tener 19. Vivíamos en Sabadell, Barcelona, y desde pequeñitos habíamos sido
amigos pues vivíamos muy cerca el uno del otro. Ya con 16 o 17 años pasamos a
formar parte de la peña "los ilegales", un club de amigos que nos reuníamos los
fines de semana en un pequeño local para escuchar música, beber y fumar tanto
como queríamos. El grupo oscilaba entre 15 y 20 personas, según si se agregaba
algún amigo de algún socio de la peña pero la mayoría éramos tíos. No obstante,
tengo que decir que aunque teníamos muy pocas chicas en el grupo la verdad es
que estaban todas muy buenas y mentiría si dijera que sólo tenía ojos para
Carmen, aunque es cierto que siempre había sentido algo especial por ella. A
veces yo le decía a Carmen que me gustaba y que me gustaría ser su pareja y ella
se echaba a reír. Me decía que lo que pasaba es que éramos muy buenos amigos y
que confundía la amistad con el amor y que en verdad yo no estaba enamorado de
ella. Luego me daba un besito en la cara y me decía que era muy afortunada de
tenerme como amigo. Sin embargo yo no me resignaba a ser sólo su amigo y
esperaba que algún día ella cambiase su forma de pensar pero a medida que pasaba
el tiempo Carmen se iba poniendo más y más guapa y los chicos comenzaban a
entrarle a saco. Carmen era una rubia menudita, con una melena que llegaba a
media espalda y dos ojos de un azul tan profundo que podías perderte en ellos.
Sus pechos, no demasiado grandes, se marcaban en sus camisetas y sus blusas
siempre muy ceñidas y su culito algo respingón hacía las delicias de los pocos
afortunados que de vez en cuando conseguían sacarla a bailar un lento.
Un día, al entrar en la peña me encontré a Carmen sentada en
brazos de David, el guaperas del grupo que ya se había cepillado a la mitad de
las tías de la peña. Eso me jodió bastante pues todos sabíamos que a David le
importaba muy poco los sentimientos de las personas y tan sólo las utilizaba
para conseguir lo que quería de ellas, y en verdad que sabía hacerlo. En más de
una ocasión había escuchado hablar a la propia Carmen sobre David diciendo que
era un cerdo por haber puesto los cuernos a Sonia, una de sus amigas, con la que
apenas llevaba tres semanas saliendo. Y sin embargo ahora estaba comiéndole la
boca a ese tipo sin datse cuenta que yo pasaba por delante de ellos justo en
esos momentos. Esa noche me pillé una cogorza impresionante para tratar de
olvidar lo que había visto pero lo único que conseguí fue un resacón de
campeonato durante los días siguientes.
Un día, cuando regresaba de la uni a casa me encontré con
David por la calle.
Eeeeei tío, ¿dónde vas? –dijo David
Voy para casa ¿y tú?
Voy a buscar a Carmen, estamos saliendo ¿sabes?
Ah, pues me alegro.
Sí tío, está buenísima ¿verdad? Además, si creo que tú y ella
erais muy amigos ¿no?
Sí, bueno, bastante.
Eeeeeeei campeón, Tú también te la has cepillado ¿eh? –dijo
David a la vez que me golpeaba la espalda con su mano. Su comentario me dolió
como una patada en el estómago.
Es una guarrona. El otro día se puso a chuparme la polla y
casi me la arranca, la tía, y eso que decía que le daba un poco de asco. Pero ya
se sabes, macho, a las tías cuando les pones delante una buena tranca es que
pierden las bragas.
Cerré los puños e hice un esfuerzo para no partirle la cara
allí mismo a ese gilipollas.
Bueno David, me voy que tengo prisa.
Vale tío, nos vemos el sábado.
Afortunadamente Carmen no tardó demasiado en darse cuenta de
qué tipo de tío tenía al lado y pocas semanas después lo dejó con él. Ella misma
fue quien me lo contó.
Pero peor fue lo de la noche de fin de año. Carmen estaba
guapísima con un vestido negro superescotado y con una raja lateral que dejaba
al descubierto buena parte de sus piernas. Habíamos ido a la peña a eso de las
doce y media para tomar un par de copas antes de ir a la disco. El alcohol
corría a borbotones y todos teníamos una felicidad encima que no nos los quitaba
nadie. De hecho Carmen y Sara estuvieron todo el rato con la risa floja sin
poder parar de reír aunque ni ellas sabían de qué se reían. Luego en la disco
comenzó lo realmente jodido. Yo no me apartaba mucho de Carmen para hacer ver a
los demás tíos de la sala que ella era mi chica y durante un rato lo conseguí
pero al final, un larguirucho que bailaba junto a ella la invitó a tomar una
copa.
Ella viene conmigo –dije yo.
Tranquilo tío, sólo quiero invitarla a una copa y ella me ha
dicho que sí.
Pues es que no. –le dije al tipo mientras miraba la cara de
sorpresa de Carmen.
¿y tú quien eres para mandarme a mi lo que tengo que hacer?
–dijo Carmen quien cogió al chico de la mano y me dejó allí, sólo en medio de la
pista.
Yo no dejé de obsecrados desde lejos. Ellos estaban en la
barra, cada uno con una copa en la mano y hablaban y se reían. En particular
Carmen, que iba ya algo más que contentilla. Vi como el tío le ponía la mano en
el culo y cómo a ella eso no pareció importarle lo más mínimo. Poco después
salían de la disco muy cogiditos de la mano. Yo también salí de allí y a cierta
distancia los seguí para ver lo que hacían. Se dirigieron a un descampado, un
parking descubierto de coches que en realidad era utilizado como picadero por
las parejas que salían de la disco. Efectivamente ellos se montaron en un coche
blanco pero sin ninguna intención de marcharse de allí pues los dos entraron en
los asientos traseros. Me fui acercando hasta ellos utilizando los demás coches
como camuflaje hasta que pude estar lo suficientemente cerca como para ver lo
que estaban haciendo. Vi a Carmen ya medio desnuda, a cuatro patas sobre el
asiento de atrás y al larguirucho detrás de ella con los pantalones ya bajados.
Me fui de allí por que no podía resistirlo más y acabé la
noche llorando sobre mi almohada.
Desde entonces hasta junio Carmen salió con 7 u 8 tíos y
ninguno le duró más de tres semanas. Ella buscaba un hombre para toda la vida.
Ellos tan sólo sexo, y cuando lo conseguían perdían el interés.
Encima, como Carmen y yo seguíamos siendo buenos amigos pues
ella me contaba sus hazañas y sus correrías sin escatimar en detalles y sin
saberlo me hacía mucho daño. Hubo un momento incluso que pensé que lo hacía
queriendo y estuve a punto de mandarla a la mierda.
En junio apareció Marcelo en su vida. Marcelo era cubano y
amigo de Sergio, otro de los chicos de la peña, y venía a España a pasar todo el
verano. Desde el principio Marcelo tuvo muy buena aceptación entre el sector
femenino de la peña. Decían que era guapo, divertido y todo un caballero. A mi
me parecía un gilipollas más pero era evidente que yo no estaba siendo objetivo
con mi valoración. El caso es que a Carmen también le gustó Marcelo, y lo que
era peor, a Marcelo le encantó Carmen. A finales de junio ya salían juntos como
pareja y durante ese verano yo estuve bastante alejado de la peña y de sus
fiestas para evitar encontrarme con ellos. Las pocas veces que coincidía con
Carmen ella me decía que estaba muy enamorada y que estaba segura de que ese era
el hombre de su vida. Pero se llevó una buena decepción cuando a finales de
septiembre, cuando Marcelo debía regresar a su país éste no quiso darle falsas
esperanzas y le contó a Carmen que en cuba él tenía una novia y que esperaba
casarse con ella.
Carmen se quedó echa polvo. Yo estaba feliz. Tenía una nueva
oportunidad, quizás la última y no la iba a desaprovechar.
El 18 de octubre fue su cumpleaños. Carmen hacía 20 años e
invitó a un grupo de amigos a cenar en la torre de sus padres, en las afueras de
Sabadell. Iba a ser una velada tranquila pues era Martes y al día siguiente la
gente tenía que ir a trabajar o a estudiar. Después de los canapés y del pica
pica en el que no faltó de nada tomamos un par de copas y brindamos por ella con
cava. Luego todos nos sentamos en el jardín a hablar mientras escuchábamos
música de fondo. Poco a poco la gente se fue marchando hasta que al final nos
quedamos solos los dos.
Bueno, será mejor que te vayas o si no mañana te dormirás en
la clase de bio.
En la clase de bio te duermes siempre, jajaja.
Bueno, pero yo también tengo ganas de irme a la cama ya.
Pues venga, vámonos a la cama.
No listillo, yo me voy a mi cama y tu a la tuya.
Jo. No es justo. –protesté. Te has ido a la cama con gente
con la que ni siquiera sabías su nombre y a mi no me quieres dar ni un beso de
buenas noches.
Entonces Carmen se levantó y me besó en la boca.
Ten, para que no te quejes. Y ahora vete que se hace tarde.
No, no me voy.
¿cómo que no? –me miró Carmen extrañada.
No. Al menos hasta que no consiga lo que quiero.
¿y qué es lo que quieres?
Acostarme contigo.
¿cómo? Creo que el cava te ha sentado mal.
No, lo digo en serio.
Y yo. –dijo ella.
Quiero que seas mi chica. Nunca me diste la oportunidad de
demostrarte lo que te quiero.
Ahora no por favor, hablamos otro día de eso ¿vale?
No. No pienso irme.
No seas cabezón. Al final vas a hacer que me enfade. Vamos,
vete a dormir y mañana hablamos.
Yo me levanté de la silla. Creo que Carmen pensaba que al fin
me había convencido pero cuando estuve a su altura me abalancé sobre ella e
intenté besarla en la boca mientras le agarraba las manos.
¿qué haces? ¡Suéltame, déjame, me haces daño!
No, hoy vas a ser mía, no puedo esperar más.
Entonces una lluvia de golpes, arañazos y patadas llovió
sobre mi cuerpo a la vez que Carmen comenzaba a gritar. Gracias a mi mayor
corpulencia conseguí entrar a Carmen dentro de la casa. Por lo menos ahora nadie
nos escucharía, pero debía inmovilizarla antes de que le devolviera alguno de
sus golpes de manera instintiva. Le hice la zancadilla y la tiré sobre el suelo
amortiguando el golpe con mis brazos para que no se hiciese daño. Luego, sentado
sobre su estómago me fue fácil controlar sus brazos. Me quité el cinturón y con
él le até las manos a la espalda. Carmen había dejado de gritar y comenzaba a
gimotear sin llegar a llorar. Entonces dijo algo que me dolió más de lo que me
habían dolido todos los golpes que había recibido.
Rafa, no lo hagas por favor, tú no por favor. No me falles
ahora.
Durante unos segundos dudé sí seguir con el plan establecido
o abandonarlo ahí mismo. Sabía que si seguía adelante podía perderla para
siempre. También sabía que si no hacía nada tarde o temprano llegaría otro y
también la perdería para siempre. Al final decidí que ya no podía echarme atrás.
Lo siento, pero no me has dejado otra opción.
Comencé a desabrocharle la blusa y el sujetador. Sus pechos
al aire tenían un aspecto envidiable. Los alcancé cada uno con una mano y los
acaricié largamente. Quería grabar en mi cerebro el tacto de sus tetas para que
nunca lo olvidara. No me cansaba de recorrer una y otra vez cada centímetro de
aquellas deliciosas protuberancias. Luego me agaché sobre su pecho y los lamí
dulcemente. Jugué con sus pezones que comenzaron a ponerse duros,
involuntariamente pensaba yo. Luego una de mis manos se deslizó hacia abajo,
sobre su estómago y más aún, llegando a los vaqueros. Le desabroché los
pantalones y se los bajé hasta las rodillas. Me encantaron sus minúsculas
braguitas tanga de color rojo y no pude resistir más la tentación de tocar su
coño.
Carmen culeó un poco al ver mis intenciones pero su
resistencia era más bien académica pues no podía hacer nada para oponerse a mi
voluntad inmovilizada como estaba.
Dentro de mis calzoncillos mi polla iba explotar. El tacto
del escaso bello púdico de Carmen me hizo soltar algo de líquido preseminal.
Recorrí su sexo con mis dedos y le separé los labios para introducirle un par de
dedos. Me pareció que para ser una violación su coño comenzaba a estar ya
bastante humedecido pero no sabía hasta que punto ella podía controlar las
reacciones de su cuerpo. Al fin y al cabo yo la estaba estimulando bien y cómo
resistirse a una s caricias tan agradables. Estuve así un buen rato,
acariciándole el sexo con una mano mientras con la boca le lamía los pechos.
Carmen ya no decía ni hacía nada. Era como si me hubiese entregado su cuerpo
para que lo utilizase como quisiera y ella se hubiese ausentado de allí por unas
horas. Cuando creí que su sexo ya estaba listo me puse un condón y me dispuse a
penetrarla. Mi polla entró en ella con facilidad, más de la que yo esperaba. Me
deslizaba sobre ella con cuidado, muy despacio, penetrándola lenta pero
profundamente. Con el paso de los minutos me pareció que Carmen comenzaba a
gemir. Entonces aumenté el ritmo de mis embestidas. La estaba follando bien y
parecía que le estaba gustando. Sus gemidos y jadeos fueron haciéndose cada vez
más intensos hasta que llegó a un punto en el que yo creía que se iba a correr.
Me detuve y me salí de ella. Carmen abrió los ojos para mirarme extrañada.
¿quieres que siga? –le dije pero ella no contestó.
Entonces llevé mi boca a su sexo y comencé a lamerlo.
Volvieron los gemidos y nuevamente me detuve.
¿quieres que siga? –le pregunté nuevamente.
Sí –dijo finalmente ella deseosa de obtener su orgasmo.
Entonces volví a hundir mi lengua en su coño y le provoqué un
largo e intenso orgasmo. Luego, y sin tiempo para que se recuperara volví a
penetrarla y comencé a follarla como nunca había follado a nadie. Minutos
después los dos nos corríamos fuertemente abrazados.
Esa noche lo hicimos tres veces mas y caímos rendidos.
Al día siguiente ni ella ni yo fuimos a la universidad.
Estuvimos hablando de lo que había sucedido la noche anterior y decidimos
formalizar nuestra relación con lo que echamos un par de polvos más. Desde
entonces vivo en una nube de felicidad que espero nunca tenga fin.