MI COMPAÑERA DE TRABAJO
El inicio de una maravillosa relación con una compañera de
oficina
Carmen es una de las chicas más reservadas de la empresa para
la que trabajo. A sus 39 años se conserva en buena forma, es chaparrita, muy
blanca, cabello negro a los hombros, delgada, senos más bien diminutos y un culo
de infarto, que le da su figura un aire de buena cogedora impresionante.
Mi relación con ella fue muy buena desde el inicio, cuando yo
entre a trabajar ella ya tenia unos añitos ahí, es la clásica consejera de todo
mundo, la que sabe todo y la aparentemente perfecta en su hogar y en todo lo que
hacía. Cuando algunos de los compañeros y compañeras se juntaban y contaban sus
desventuras amorosas y familiares, ella nunca contaba nada y daba consejos a los
demás.
Yo conseguí hacerme su amigo en base a escucharla y seguirle
el rollo en todo, en pedirle su consejo y tener detallitos especiales para con
ella.
Notaba su cambio hacia mi cuando me buscaba más en mi
oficina, cuando compartía algo conmigo, e incluso en su forma de hablarme cuando
estábamos solos y que siempre incluía que ella pusiera sus manos en mis piernas.
Al poco tiempo de esto, yo comencé a hacer lo mismo, le ponía las manos en sus
piernas cuando hablábamos y nadie nos veía. También comencé a subir mis manos y
acariciar sus muslos discretamente cuando platicábamos y notaba que ella sacaba
más platica para que el momento durara más. Esto lo hice durante todo el
invierno en el que ella uso siempre pantalón, pensaba yo que la prueba de fuego
seria en el verano cuando ella trajera vestido.
Cuando inicio el verano comenzó a traer vestidos muy
recatados de la parte de arriba, pero siempre arriba de las rodillas. El primer
día que llegó así le comente que se miraba hermosa, que esos vestidos resaltaban
su belleza, que mirarla era alegrarme al día. Pensé que las cosas iban muy bien
cuando toda la semana trajo vestidos parecidos y a cada uno yo le decía lo bien
que la hacían mirarse.
El día elegido llego, fue un miércoles, ella llegó con uno de
esos vestidos y fue a la oficina, …comenzamos a platicar, yo le puse mi mano en
su muslo, arriba de la falda, un lugar muy alto de su muslo y ella solo ….seguía
platicando, yo comencé a mover mi mano como jugando con su muslo arriba de su
falda, mientras ella ….solo platicaba, ahí pensé que ya iba de gane, así que me
fui bajando y comencé a tocar y acariciar su pierna en la parte de la
pantorrilla, sin el estorbo de la tela y …ella solo seguía platicando, fui
subiendo poco a poco por debajo de su falda, ….sin perder el hilo de la platica,
llegue hasta sus muslos y los continué acariciando mientras …seguimos
platicando. Al despedirse ella me dio un beso en la mejilla muy cerquita de los
labios, pero ni uno dijo nada de lo sucedido.
Ahora iba todos los días a contarme algo a la oficina, mismo
tiempo que aprovechaba para acariciarle las piernas y nuestro beso de despedida
se hacía cada vez más cerca de las labios.
Un día ella no llevaba vestido, sino que fue en pantalón, yo
le acaricie las piernas normalmente, pero ella me pidió que mientras
platicábamos le diera un masaje en la espalda pues durmió muy mal. Me levante y
le comencé a tocar la espalda, traía una playera blanca ceñida y sobre ella
intente darle el masaje, le pregunte si no le molestaba la presión sobre la
blusa y ella me dijo que si, entonces metí las manos por sobre la blusa tocando
solo sus hombros, le hice a un lado los tirantes del sostén y masajee sus
hombros hasta sentir que se quedaba entregada, entonces metí las manos por
debajo de la blusa para acariciar su espalda, le daba masaje en su espalda y le
dije que le iba a desabrochar el sostén para que descansará, ella asintió y
proseguí con mi trabajo pasando por la parte lateral de su cuerpo y rozando sus
senos; ella se mantenía con los ojos cerrados y emitía sonidos de satisfacción.
Entonces me dijo, que rico, pero ya me tengo que ir, así que hizo el intento de
levantarse, le dije, espera, te abrocho el brasiere y aproveche para tomar la
prenda desde adelante y tocar sus senos, y después de abrochárselo se levanto y
se fue, pero antes me dio el consabido beso.
Las sesiones de masaje en las piernas se hacían a diario y
más o menos cada semana le tocaba los senos con los masajes en la espalda.
Para nosotros eso era todo y no queríamos arriesgarnos a más,
ella casada y con tres hijos y yo viviendo con mis padres y en una ciudad chica
era difícil ir a un motel sin que nos vieran, así que seguimos con esa rutina
hasta que paso algo que nos llevo a más.
Todos los que trabajábamos en esa oficina tuvimos que asistir
a un encuentro a una ciudad cercana, todos nos hospedamos en el mismo hotel. El
trabajo era de miércoles a viernes, pero cuatro de nosotros teníamos que seguir
trabajando hasta el martes de la semana siguiente, así que la empresa nos dio a
escoger si queríamos regresar a nuestra ciudad o quedarnos hospedados en el
hotel hasta la siguiente semana. Dos compañeros decidieron regresar y volver a
la semana entrante, para ello se fueron en camión y nos dejaron el carro.
Cuando volvimos de dejarlos de la estación le dije que me
avisara a que hora llegaba su familia para ir a recogerlos, ella me miro y se
sonrió y me dijo:
-yo te aviso al rato, mientras podemos entrar a la piscina.
-Si, nos vemos allá en 20 minutos.
A los veinte minutos baje a la piscina y no estaba aún ella.
Me metí al agua a esperar, como a los 10 minutos apareció ella: vestía un bikini
negro maravilloso, la parte de arriba solo era sostenido de la parte de atrás,
es decir no tenía tirantes (ya les había comentado que casi no tiene tetas), tal
vez con relleno porque se veían un poco más llenita que de costumbre, y la parte
de abajo, también negra, muy estilizada de la parte de adelante y completo de la
parte de atrás (no era tanga) que hacia que se viera su espectacular culo en
todo su esplendor.
-¿Cómo me veo?
-Radiante (me salio del corazón)
-Lo compré para ponérmelo para ti, para este viaje.
-¿Y tu marido?
-El no viene este fin de semana, les dije eso a todos para
quedarme a disfrutar contigo.
…CONTINUARA
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