VUELVE EL PIRATA PIERRE
Estaba diciéndole a mi amor mientras nos aseábamos y
preparábamos para bajar al salón comedor y ataba un estrecho lazo negro de
terciopelo a mi cuello.
- Cuanto me alegro estemos ya en casa. En camas extrañas
no disfruto de nuestras cogidas como aquí, esta noche nos tenemos que desquitar.
Cuando Gastón, sin solicitar permiso para entrar, muy
nervioso y alterado irrumpió en nuestra habitación, lleno de ira, y casi
gritando comenzó a decir.
Pierre, ese cabrón y mal nacido pirata francés, se está
acercándose a Maracaibo con malas intenciones.
¿Cómo lo sabes? - preguntó Gabito que iba a afearle tan
intempestiva interrupción.
Conocéis de mis palomas. Al marchar de Tortuga dejé una
pequeña jaula con tres ejemplares, ellas conocen la ruta hasta sus compañeras
que descansan en la azotea de arriba pues nacieron aquí, el resto me las traje
en el jaulón que prohibía a Valen transportar todas sus cosas y originó su queja
- era la primera vez dejaba entrever conocía el hecho y me avergoncé ante su
mirada reprobable - esos animales saben volver y buscar los mástiles del
Caribenho
se encuentre donde quiera esté.
Al comunicarme la falta de tus mapas -
dirigió su cabeza hacia mí, que escuchaba tan atento
como mi acompañante - di dos palomas al jefe indio de S. Rafael al regresar
con las dos canoas que nos transportaron, con la orden,
- Cuando vea acercarse al
Belle France
envíame una de ellas, me servirá de aviso.
¿Qué mapas? - interrumpió Gabito que no sabía nada de
ellos.
- Unos comprados en el mercado de Tortuga, los traía para D.
Pedro, noté su falta durante la visita a estos mares en la chalupa del
Belle France
- aclaré y ante la cara de enfado de Gabriel
Alejandro seguí disculpándome - se lo dije a Gastón, a ti no quise
preocuparte.
Ya te daré yo secretos por detrás . . . .
No pude por menos de aprovechar la frase. Aunque sabía de la
inoportunidad del momento, no la quise desaprovechar. Me acerqué melosamente.
Por detrás lo que quieras amor.. . .
No es el momento de requiebros amorosos. . . - se atrevió
Gastón, desde que le conocía nunca lo hizo, a cortar nuestros requiebros.
Pensé de inmediato - continuó informándonos - que
Pierre Legrand tenía in mente alguna idea malsana referida a Maracaibo y
solicité informes a Leandro. Acabo de recibir un mensaje por medio de una paloma
anillada. Averiguó Paúl se apellida Legrand y Pierre es el hermano pequeño del
pirata que murió envenenado por el agua emponzoñada en el ataque a tu ciudad
hace varios años.
Pero él no sabe fue Gabito . . .- corté miedoso.
- No creo en una venganza personal, pudo hacerlo durante el
viaje, pienso desea terminar lo iniciado por su hermano con tan mal resultado.
Ha estado en Tortuga para cambiar la mitad de sus cañones, unos piratas ingleses
le han vendido por una ingente suma, los de mayor alcance que se fabrican
actualmente y ha aprovisionado el Belle
France para una larga campaña, se murmura
por las costas venezolanas aunque él dice, como hizo con nosotros, va a Aruba a
terminar un negocio inconcluso.
Espero nos dé tiempo para avisar a las autoridades de
Maracaibo y organizar la defensa - comenté yo.
Ahora debemos primeramente ir a informar urgentemente a mi
padre - señaló Gabito, después se volvió hacia mí y antes de continuar
vistiéndose - Después, a solas, ya hablaremos de esos mapas. . .
Noté en su cara aún permanecía el enfado porque murmuró para
sí.
- ¡¡ Para no preocuparme . . . !!.
-Igual necesito decir a D. Pedro para entender todo este
asunto que tú eres "Caribenho" – comentó, ya en la puerta, Gastón al salir,
Si puedes evitarlo, no le digas fui quien abortó el anterior
ataque pirata sobre nuestra querida ciudad.
Cuando bajamos vimos a Gastón reunido con D. Pedro. Le
explicaba todo lo que sabía y dicho a nosotros. Nos acercamos, terminaba de
narrar lo que se avecinaba a la ciudad de Maracaibo y sus aledaños. Notamos le
había comunicado era el padre del temido pirata cuya fama había llegado hasta
allí, porque D. Pedro al ver acercarse a su hijo, le salió al encuentro, puso
sus manos sobre sus hombros, quedó mirándole largo rato en silencia, no dando
crédito que aquel jovenzuelo que tenía frente a sí, fuese el temible y famoso
pirata del que conocía su fama y hazañas en la mar.
¿Es posible seas tú el pirata Caribenho? - soltó al fin
abrazándole conmovido y emocionado.
Los padres desean ver triunfar a sus hijos en todo lo
iniciado, pero en aquella pareja, aunque se amaban de un modo extremo, existía
aún la pugna del fuerte león ante el empuje del joven cachorro, que busca sitio
y poder en la manada.
A D. Pedro le costaba ceder parte de su autoridad paterna y
reconocer un sucesor volando por su cuenta y con hazañas que a él le
empequeñecían y eclipsaban. Finalmente abrió emocionado sus brazos, con lágrimas
cayéndole por el rostro, donde se cobijó un no menos lloroso y amado hijo.
- Sé cuanto vales mi amado Gabito, perdóname te haya visto
siempre como un pequeño agarrado a mis calzones, que pedía le llevase en las
ancas de mi caballo.
Ante la urgencia de las noticias D. Pedro envió sendos
correos a los responsables marabinos de la ciudad, poniéndoles en antecedentes
de lo conocido y pidiéndoles que aquella misma tarde celebrasen una reunión, con
carácter urgente, del cabildo municipal
- Nuestras autoridades saben mucho de comercio pero muy
poco de lucha y defensa – comentó mientras se preparaba para marchar a la
ciudad.
El dueño de "Venezuela Chica", una de las personas más
respetadas de la comunidad marabina, explicó personalmente en el ayuntamiento de
la ciudad, ante todas las autoridades presentes, el peligro que se cernía
nuevamente sobre Maracaibo, la manera como se había enterado, mediante palomas
mensajeras que su hijo y criado habían dejado entre sus amigos del caribe y como
esperaban la valiosa ayuda de éstos, sin citar eran también piratas, porque
nadie se lo solicitó.
Todos votaron por unanimidad fuese él quien se encargase de
la defensa de Maracaibo, consideraban era el que más capacidad poseía para ello
y mejor lo realizaría.
Pasamos la tarde desarrollando planes. Yo conocía
geográficamente muy bien la zona, había estudiado los mapas antes de su robo y
pensé en un plan que presentaría a D. Pedro cómo orientar la defensa.
Disponíamos de la ventaja que los piratas no nos sorprenderían, no sabían
conocíamos sus intenciones y eso lo aprovecharíamos al máximo.
Aquella noche no solo no nos resarcimos de las malas cogidas
del viaje, ni siquiera la hubo, creo fue la primera vez que durmiendo juntos
nuestros cuerpos no se unieron. Nuestras mentes estaban tan preocupadas en
buscar una estrategia para defender Maracaibo del ataque del filibustero Pierre
que olvidaron las peticiones que les hicieron los encendidos genitales que no
saben de ataques piratas.
D. Pedro por la mañana nos comunicó su nombramiento y
solicitó nuestra colaboración en el empeño. Tuvimos seguidamente una reunión
para informar la manera que cada uno pondría en acción.
Esperé a Gabito dijese la suya y también lo hiciese Gastón
para presentar la mía. Lógicamente las tres contenían ideas parecidas en algunas
de las decisiones a tomar, como enviar rápidamente palomas mensajeras a Leandro
en el Caribenho
solicitando se acercase lo más rápido posible y esperase al
Belle France, en
su retirada hacia el océano para rematarle.
Mi estrategia se diferenciaba de las otras presentadas
básicamente en lo siguiente.
- Debemos desmontar y trasladar dos tercios de los antiguos
cañones del fuerte marabino, emplazados en la punta del Puerto del Caballo, poco
efectivos donde están situados. Por la poca distancia que alcanzan sus obuses,
permiten a los piratas, si entran en el canal de noche, pegados a la orilla
opuesta, ponerse rápidamente a salvo de su fuego acercándose a Altavista,,
como hizo Paúl y donde no llegan nuestros obuses, mantener su navío a
distancia suficiente para, durante el asedio, machacar la ciudad con sus
cañones especiales - comencé a explicar ante la atenta mirada de todos.

- Un tercio, se llevarán al alto de la península que hay
enfrente de la ciudad, al lado de la torre de vigía de Sabaneta de las Palmas
vigilando desde allí al mar, para avistar el barco pirata cuando intente
penetrar en el canal marítimo donde se asienta Maracaibo, mirando hacia el lago
en vez de hacia las islas de entrada.
Ante la atención que mis palabras ejercían continué
explicando.
- El otro tercio se llevarán a la aldea de Altavista,
donde se asentó su hermano Paúl, para poder, aunque el alcance de nuestro fuego
es menor, desde los tres lados, cañonear al barco asaltante, que no encontrará
lugar donde ponerse a distancia suficiente, para no recibir los efectos de
nuestra artillería y poder utilizar la suya tranquilamente.
Comprobé por sus atentas miradas y que recibían mis palabras
con entusiasmo.
- Es muy importante mandar refuerzos a Altavista porque es
por allí donde Pierre intentará establecerse. Recordará que esa aldea fue el
principal refugio de su hermano y querrá hacer lo mismo.
Mi plan notaba era aceptado totalmente por mis oyentes
-Dejaremos al
Belle France crea nos ha engañado penetrando
sin problemas la primera parte y más estrecha del canal, frente a esa punta
donde estarán emplazados los cañones de la ciudad. Seguramente lo hará durante
la noche y debe de creer, ante nuestra falta de respuesta, que consiguió pasar.
Esperé comprobar que mis palabras fuesen digeridas por mis
amigos y como vi una admiración en sus miradas, debo reconocer me sentí
orgulloso y agradecido cuando mi opción fue la aceptada por todos, alabando mi
sentido de la estrategia, sobre todo cuando D. Pedro preguntó a su hijo que me
miraba extasiado.
- ¿Gabito tuviste a este avispado joven de ayudante en tu
barco?
Creo la vida que llevé de niño en Sevilla me enseñó muchas
maneras de defenderme, hacíamos igual cuando un grupo de chicos pensábamos
vengar una mala pasada de algún piloto de barcaza. Cuando marchaba río abajo,
armados de piedras dividíamos el grupo en tres partes, colocándose dos tercios
encima de los puentes que necesitase pasar y el otro dividido en las orillas del
río, obligando a la embarcación ir por el centro de la corriente, sitio hasta
donde llegaban nuestras piedras, lanzadas con hondas, desde las orillas. Cuando
pasaba bajo los puentes le martilleábamos a pedradas.
Un mal pensamiento pasó por mi mente. Pensé era el momento de
desembarazarme de Marina y si era posible también de la tía Eulalia.
- Creo debemos mandar a Marina y a Eulalia de viaje antes
de que lleguen los piratas. Si nuestra estrategia no funciona, ellas sufrirán el
asedio y posteriormente, si los bucaneros nos vencen, la humillación de ser
mancilladas sexualmente.
Como siempre Gastón captó mi idea, le vi sonreír porque
seguramente pensó lo mismo que yo.
- Pobre tía Eulalia si esto ocurre, aunque Marina estaría
feliz en esa situación – le oí murmurar por lo bajo cuando pasó por mi lado.
D. Pedro además de encontrar muy plausible mi idea quedó
agradecido por haber pensado en la seguridad de su familia. Mandó llamasen a las
dos mujeres para disponer su evacuación de inmediato, cosa que hizo, enviándolas
por tierra hasta que pudiesen salir al océano con garantías de no encontrarse
con los piratas de Pierre y de allí marchar a España durante una larga
temporada. Supe después que ésta se alargó porque Marina encontró marido en la
villa y se quedó a vivir allí para siempre.
Todas las fuerzas de la ciudad se pusieron a disposición de
D. Pedro y por su delegación a la nuestra. Nos costó un esfuerzo enorme colocar
los cañones de la manera que yo había pensado. Hubo que desmontarlos, bajarlos
del fuerte y por medio de barcazas llevarlos hasta la orilla opuesta desde donde
subieron la cuesta que llevaba ala península, arrastrados por reatas de mulos.
Cuando estuvieron dispuestos en los lugares señalados respiré
tranquilo. Temía no nos diera tiempo a ubicarlos antes que llegara el barco
pirata con sus cañones especiales.
Quise dirigir personalmente la zona de Altavista, Gabito lo
haría con su padre desde la ciudad y su fuerte y Gastón se haría cargo del grupo
de cañones de la punta de la península que serían los primeros en avistar el
barco de Pierre.
D. Pedro y su hijo deberían esperar que nosotros iniciáramos
el lanzamiento de obuses y cuando el barco de Pierre pretendiera escapar ellos
disparar con la mayor puntería y rapidez posible. Gastón me haría señas del
acercamiento del barco y también esperaría a que yo iniciase la lucha.
Esperaba que Pierre no imaginase que en donde recalaría había
fuerzas suficientes para no dejarle llegar hasta tierra y que no intentase tomar
el lugar. Para evitarlo es por lo que lo había reforzado de sufrientes soldados
y paisanos con arcabuces, bayonetas y sables. Lo que teníamos que defender y
hacerle huir hacia el centro de la bahía. Ese era nuestro principal cometido,
que el Belle France
se viera obligado a acercarse a distancia suficiente para que todos nuestros
cañones le pudieran hacer daño. Entonces intentarían escapar en dirección al
océano pues hacia el lago no podían hacerlo por el poco calado de sus aguas.
Cuando pasasen frente a los emplazamientos de los dos tercios de cañones, mitad
en cada orilla recibirían el castigo de su osadía.
Esperaba también que el
Caribenho llegase a tiempo y les estuviese
esperando junto a las islas Toas para rematarles del todo.
Una paloma mensajera enviada desde San Rafael fue recibida en
el palomar de Gastón al anochecer del día 25 de mayo de 1760 anunciándonos que
Pierre, con su barco, estaba esperando la marea oportuna a la entrada del canal
para atravesarlo.
Pasé la noche muy nervioso esperando la señal de Gastón
anunciándome que el "Belle France" iniciaba su marcha.
El sol por el este lanzaba luz sobre la región marabina
cuando los reflejos de su cristal de señales me cegaron la vista e indicaron que
los piratas iniciaban la entrada del canal. Mantuve la respiración hasta
comprobar que se estaba cumpliendo lo que tenía previsto y cuando vi que Pierre
hacía lo que había pensado, pasaba ante el fuerte de Maracaibo sin recibir
ningún disparo y creyendo nos había engañado, respiré tranquilo.
Pasó ante la península, ante las aguas del frente de
Maracaibo e inicio la marcha para acercarse hacia la orilla de Altavista donde
yo estaba esperándole. Mi corazón latía en las sienes como un tambor, esperando
se pusiese al alcance de nuestros viejos cañones. Es difícil mantener el
equilibrio mental, mostrando tranquilidad, cuando tus nervios están a punto de
saltar.
Cuando a mi lado, el encargado de calibrar los disparos me
hizo ver que nuestros obuses podían hacer daño al barco pirata. ordené
disparasen la primera andanada.
Unas llameantes lenguas de fuego salieron de donde estábamos
y después de trazar una órbita por encima de las aguas del canal, cayeron sobre
el barco y alrededores. Comprobamos entusiasmados que algunos de los disparos
habían impactado sobre las velas y cubierta del "Belle France" porque se
iniciaron varios fuegos en el barco.
Tal como pensaba la primera reacción de los piratas fue huir
hacia el interior del canal, para virar e intentar ponerse en posición de
disparar contra la ciudad. Se dieron cuenta que no nos habían engañado, pero
creo Pierre pensó que no teníamos cañones en el fuerte y que la ciudad sería
fácilmente rendida con el fuego de sus potentes cañones ultimo modelo.
Ordené siguieran disparando y preparasen a evitar un
abordaje, para lo que los soldados y gente armada que habían puesto bajo mi
mando, empuñaron los arcabuces y bayonetas que portaban y se colocaron cubiertos
detrás de troncos en la orilla apuntando a unos posibles atacantes venidos de
las aguas, porque aún no dejaba de pensar que intentarían huir por allí.
Hice señales a Gastón de que comenzase a disparar en el
momento que los tuviese a tiro, cosa que hizo. Los del "Belle France"
noté no sabían hacia donde dirigir su rumbo ante los cañonazos que recibían de
dos lados a la vez y cuando estuvieron cerca de la ciudad y fueron tres los
frentes de donde recibían el fuego, decidieron lo que habíamos pensado, ¡¡ Huir
de la manera más rápida posible !!.
Su salida de la bahía la hicieron a la desesperada recibiendo
fuego de nuestros cañones desde todos los lados, prestos solamente a la maniobra
de huída sin darles tiempo siquiera a dispararnos. Los cañones nuevos de tanto
alcance, solamente pudieron dispararlos una sola vez, sin preparar la puntería y
solo consiguieron romper unas rocas del acantilado bajo los muros del fuerte.
Disparamos nuestros pobres cañones, emborrachados del
triunfo, hasta que casi se nos acabó la munición, aunque veíamos que no podíamos
alcanzarlos. Esperábamos abrazándonos locos de contento que el
Caribenhollegase
a tiempo para remachar la faena.
Hasta dos días después no supimos que efectivamente el
antiguo barco de mi señor les había salido al paso. Los del barco que huía, al
divisar un barco pirata, que creyeron amigo, se acercaron para recabar ayuda. La
tuvieron presto de Leandro, solamente exigieron la entrega de Pierre que fue
ahorcado en el palo mayor de su propio barco.
Al "Belle France" se le dejó navegar devuelto a sus
marineros que seguramente volverían a la mar bajo las órdenes de otro capitán.
En Maracaibo la alegría se desbordó y si antes D. Pedro era
respetado en la villa ahora fue amado. Aceptó el puesto de alcaide de Maracaibo,
que se le ofreció por todo el mundo y pasó a vivir a la ciudad porque dejó la
guía y cuidado de todas sus posesiones en manos de su hijo Gabito.
Gastón siguió junto a mi amado y yo, que cada vez le adoraba
más, aquella misma noche, acostados, juntos los cuerpos, después de haber
descargado nuestros jugos, le oí entusiasmado que me decía.
Quiero que toda mi vida estés conmigo, seamos como esposos,
en la alegría y en la tristeza, hasta que la muerte nos separe.
- Si mi vida - le contesté llorando de amor.