Por las dudas
Suena el teléfono y atiendo. Mi primo me invita a pasar un
fin de semana en la quinta que tienen sus padres. Acepto y queda en pasarme a
buscar junto a su novia y su cuñado. Preparé la mochila con todo lo que creí que
necesitaría y cuando escuché la bocina del auto de m primo salí y me subí en la
parte trasera, sentándome junto a Ariel, el hermano de Paula, la novia de mi
primo Carlos. A Paula la conocía desde hacía tiempo, pero a su hermano lo había
visto solo un par de veces y a decir verdad nunca me había llamado la atención,
era un chico lindo, pero tenía bien claro que no le gustaban los hombres, así
que fue descartado de mi mente. Hace tiempo ya que dejé de pescar heteros que
"intentan" para disfrutar de alguien con quien compartir más que una mamada. Así
que tenía en claro que ese fin de semana iba a ser tranquilo. Me equivocaba.
Durante el viaje fuimos escuchando música y charlando,
mientras el mate iba y venía de adelante hacia atrás ya que la que cebaba era
Paula. La casa quinta queda en las sierras de Córdoba, a unas ocho horas de auto
de mi casa. El caso es que comenzó a oscurecer y Ariel, avisando que la noche
anterior no había dormido mucho se quedó dormido. Yo, me recosté sobre la puerta
y pude observarlo mientras escuchaba música de mi discman.
De perfil era hermoso el guacho. Tenía 23 años, ojos marrones
y un mentón bien cuadrado, que le daba un aspecto varonil impresionante. La
barbita corta de dos o tres días también le quedaba bárbara. Recostado sobre el
asiento y usando una campera como almohada dormía profundamente. Me imaginé su
cuerpo debajo de la remera que tenía y seguí bajando la vista hasta que me
detuve en su entrepierna. Estaba abultada, más de lo normal. Cuando las luces de
la ruta pasaban dejando un reflejo podía notar su pija recostada hacia la
derecha por debajo de pantalón de gimnasia. Se veía gruesa, tentadora. Observé
que Paula estaba dormida también y le pregunté a mi primo si quería que le de
charla para que no se duerma él también. Me dijo que no había problemas, que no
estaba cansado, que si yo quería dormir lo hiciera. Entonces acocándome a él le
pregunté si Ariel sabía que yo era gay. Me dijo que sí, que Paula le había
contado, pero que estaba todo bien.
Comenzó a refrescar un poco y me tapé con una campera e
intenté dormirme. Al rato siento que Paula se despierta y mirándonos comenta que
debíamos tener frío, entonces agarra una manta que tenía en un bolso cerca de
ella y no tapa a su hermano y a mí con ella. Lo primero que se me ocurrió era
tocarme un poco, tenía la pija parada desde que vi el bulto de Ariel. Pero
después pensé en que lo mejor era tocarlo a Ariel que seguía dormido. Así que
acomodándome mejor y fingiendo estar dormido estiré mi brazo bajo la manta y
cuidadosamente puse mi mano sobre la entrepierna del chico. No se movió, así que
seguí con mi plan y delicadamente comencé a mover mi mano frotando con mi palma
toda la verga de Ariel, que respondía al estímulo que recibía endureciéndose aún
más. Fueron pasando los minutos y yo seguía en mi labor, mientras en mi la
calentura crecía más y más. Con los ojos cerrados respiraba lento haciéndome el
dormido para que mi primo no se diera cuenta de nada. Paula ya se había dormido
otra vez. De pronto siento que la mano de Ariel se posa encima de la mía. Me
quedé helado, pero por las dudas no abrí los ojos. Ariel tomó mi mano con
firmeza pero sin agresividad y la retiró de su entrepierna, colocándola sobre
una pierna mía. Yo me quería morir, pero fingí seguir dormido, hasta que
finalmente me dormí de verdad.
Cuando me despiertan veo que estábamos en una estación de
servicio en la ruta. Mi primo estaba cargando combustible parado al lado del
auto. Paula estaba preparando mates y e comenta que su hermano fue al baño. Yo
dije que también iba a aprovechar la parada para echarme un buen meo y bajé del
coche para dirigirme al baño de la estación. No sabía que pasaría cuando Ariel
me viera en el baño, suponía que me diría algo. Ingresé al baño y no había nadie
en los mingitorios así que supuse que Ariel ya había salido y estaba en el
mercado. Me bajé el cierre de mis jeans y comencé a mear cuando de repente una
de las puertas del escusado se abre y escucho que me dicen "¡Gato…cómo roncás
hermano!" Era Ariel. Yo sonreí y asentí, comentando: "mirá Ariel, cuando duermo,
no siento nada, me desmayo", a lo que él respondió, "yo no…siento todo". Me
sonrió y salió del baño. Su comentario me dejó aturdido, pero decidí dejar el
tema ahí y no volver a intentar nada con él.
Finalmente llegamos a destino. Eran las cuatro de la
madrugada, así que fuimos a dormir. La casa tenía dos habitaciones, una con una
cama matrimonial y la otra con cuatro camas de una plaza. En esa habitación
dormiríamos con Ariel. Preparamos dos camas mientras comentábamos una película
que habían dado en la televisión hacía unos días, y finalmente nos acostamos. Al
rato se escucharon ruidos en la habitación de mi primo.
Era evidente que estaban teniendo sexo, y por lo que parecía
les gustaba hacerlo bien duro. Ariel comenzó a reír por lo bajo, hasta que me
preguntó si estaba escuchando, y cuando le dije que sí largó la risa, pero
ahogándola contra la almohada. Ambos reímos un buen rato, hasta que los ruidos
cesaron. Yo le pregunté a Ariel si estaba de novio, me dijo que no, pero que
jamás había tenido una novia con la que garchara de esa manera con tanto
griterío. Y me preguntó si yo estaba saliendo con alguien. Le dije que andaba
con un chico del barrio, ero nada serio, solo unas mamadas de lujo de vez en
cuando. Él se sorprendió al ver que yo era tan sincero y siguió preguntando,
hasta que finalmente hizo el comentario "dicen que los tipos la chupan mejor que
las minas". "No te quepan dudas-dije yo- si alguna vez tenés la posibilidad de
que un tipo te la chupe, hacelo, vas a ver que no te vas a arrepentir".
Me dijo que no sabía si se animaría. Entonces yo medo en joda
y medio en serio le dije que todos dicen lo mismo, pero cuando tienen a un chico
arrodillado y tragándose su verga se animan a todo. "será cuestión de tener a
alguien arrodillado, entonces" comentó. Y yo le dije en tono burlón que no
jodiera con eso que me iba a arrodillar delante de él en cualquier momento, pero
solo para ayudarlo a evacuar sus dudas. Ambos reímos por mi comentario.
Por la ventana se podía observar que estaba amaneciendo,
finalmente nos quedamos dormidos. Cuando desperté, Ariel dormía tapado hasta la
cintura y en cuero. Pude observar su torso, era bastante peludo para mi gusto,
pero no podía dejar de admitir que el pibe estaba muy fuerte. Fui hasta al baño
y observé por la ventana que el auto de mi primo no estaba, seguramente habían
ido al pueblo a hacer compras.
Volví a la habitación y me vestí, luego fui a la cocina y
puse el agua para preparar el desayuno. En eso estaba, cuando intento agarrar el
tarro de a azúcar y este se me resbala cayéndose sin romperse al piso, pero
desparramando azúcar por todos lados. Me dispuse a juntar el azúcar del piso
antes que me caguen a pedos así que me arrodillé y comencé ayudado con la tapa
del tarro a juntarla. En eso estaba cuando me percato que al otro lado de la
mesa había un par de piernas peludas. Levanto la cabeza y veo a Ariel, todo
despeinado y con una sonrisa pícara en la cara, entonces me dice "Viste que ibas
a terminar arrodillado adelante mío, Jajajaja". "Dejate de joder y ayudame" le
dije. El se acercó a mi lado, pero no se agachó para ayudar, sino que me tocó el
hombro y me señaló su bulto. Tenía la pija tremendamente parada por debajo del
calzoncillo. "Dale, Gato, sacame de las dudas".
Yo no lo podía creer, ahí no más dejé e azúcar y le bajé el
slip, una hermosa verga de unos 18 cm se elevó hasta tocas su ombligo. Yo la
tomé con una mano y me la metí en la boca suavemente, apretando lo necesario con
los labios para que Ariel puediera sentir como entraba cada centímetro de su
verga en mi boca húmeda. El chico jadeó y se apoyó contra la mesada,
relajándose, y yo me dispuse a llenar de placer a ese macho caliente. Me tragaba
su pija una y otra vez hasta el fondo, y él empujaba como para llegar aún más
allá. El grosor de su verga llenaba mi boca, pero aún podía jugar con mi lengua,
que salía por debajo de su pija cuando esta entraba hasta el fondo para lamer
toda la parte inferior de su tronco. Eso lo volvía loco. Me tomó de la cabeza y
empezó a cogerme la boca, yo apretaba mis labios aún más para otorgarle un
placer mayor…"que bien que la chupás putito, mmmm, siiiiii, seguí así gato, no
pares….mmmm" Y yo no pensaba parar hasta exprimirlo.
La excitación llegó a su punto máximo, Ariel sacaba y metía
su verga de mi boca para frotármela por toda la cara y masturbarse metiéndome
solo la cabeza de su pija en la boca, luego me agarraba de la cabeza y me la
enterraba entera, el que dominaba la situación era él, y eso me gustaba mucho, y
evidentemente a Ariel también. Me preguntó entre jadeos si me tragaba su leche,
a lo que sacándome la verga de la boca le respondí que por algo me decían Gato…
él sonrió y me la enterró hasta los huevos, para explotar bien adentro. Mientras
se vaciaba en mi garganta me presionaba con fuerza contra su entrepierna como
para asegurarse que nada saldría afuera de la boca. Yo tragué con dificultad su
leche, me costaba respirar, pero parece que eso a él le gustaba. Cuando se vació
por completo me pidió que se la limpiara bien con la lengua. Así lo hice. Luego
se agachó a mi lado y sonriendo me dijo "ahora te ayudo con el azúcar".
No me hizo ningún comentario más. Yo me levanté y fui al
baño, necesitaba hacerme una paja o me moría. Cuando salí del baño siento que me
llama desde la habitación. Al entrar Ariel tenía un cepillo de dientes en la
mano que dejó caer delante de él. Me miró y me dijo sonriente "Gato…no me lo
alcanzás, que no puedo agacharme". Yo sonreí y me arrodillé delante de él una
vez más.
El Gato.-