Ayer, por fin, me ingresaron en la cuenta corriente el dinero
de la pensión. Llevaba dos semanas esperándolo con impaciencia y tres días yendo
cada mañana a la oficina del banco a consultar el saldo de mi cuenta. Hasta ayer
la respuesta a mi consulta había sido: 2 euros con 38 céntimos. Deprimente.
Hasta ayer. Ayer salí de la agencia bancaria con más de setecientos euros en
efectivo en el bolsillo, fiel a mi costumbre de vaciar la cuenta nada más llegar
la paga porque, como digo yo, para que un euro ande por ahí en algún sitio,
mejor que esté en mi bolsillo.
Hasta ayer estaba sin blanca. No es que necesitara el dinero
para comprar comida o artículos de primera necesidad, como tabaco o bebidas
alcohólicas. No, eso lo compro en cantidad suficiente cada mes, nada más cobrar,
para evitar precisamente eso, el verme sin dinero y sin nada que comer, fumar o
beber. Porque yo seré un viejo verde, un sátiro gordo y asqueroso y todas esas
cosas que sé muy bien que dicen de mi por aquí en el barrio, pero tengo mi
orgullo y mi dignidad, eso que quede claro. Y nunca me rebajo a mendigar dinero
o una invitación, ni tan siquiera a mis amigos más íntimos, para satisfacer mis
necesidades o mis vicios. De manera que, como digo, cada mes lo primero que hago
al cobrar es ir al hipermercado (ese que tiene nombre gabacho) en el centro
comercial y comprar dos docenas de platos precocinados (de esos que se preparan
en 6 minutos en el micro-ondas), dos cajas de vino tinto, una de botes de
cerveza, otra de latas de cola (para los cubatas), cuatro botellas de güisqui,
tres de ginebra, una de coñac y seis cartones, de 10 paquetes cada uno, de
"Ducados". Bueno, ¡tampoco se vayan a pensar que me bebo yo solo todo eso en un
mes! No, no, que va, pero como ya saben por mis anteriores relatos mis
entrañables amigos, Paco y Anselmo, grandes bebedores como yo, suelen venir con
frecuencia a casa a jugar a las cartas y pasar la tarde. Y hay que saber ser
buen anfitrión y generoso con los amigos.
Aquellos de ustedes que leyeron mi anterior relato saben por
qué esperaba la paga con tanta impaciencia. Gracias a ese dinero pude realizar,
ayer mismo por la tarde, algo que me obsesionaba por completo desde hacía muchos
días. Se trataba de un proyecto que tenía planeado con la complicidad de Paloma,
mi sobrinita de 17 años. ¿Recuerdan a Paloma? Esa pequeña furcia me tiene
obsesionado, no lo puedo negar. Desde aquella tarde de sábado en que vino a casa
a venderse a mí como una ramera y me corrí como un animal follándole las tetas
por primera vez, no puedo sacármela de la cabeza. Ya sé que me repito, pero
permítanme que insista en el hecho de que Paloma posee el más increíblemente
magnífico par de tetas naturales que jamás, en mis 57 años, tuve ocasión de
gozar.
Nada más regresar a casa del banco la llamé a su teléfono
móvil. A esa hora estaba en clase y no pudo contestar, así que le dejé un
mensaje en el buzón de voz.; escueto, claro y conciso:
-Paloma, esta tarde en mi casa, tengo tus 100 euros, con tu
amiga Rita, sobre las tres y media.
Diez minutos después me llamaba para confirmar que estaba
todo arreglado y que de tres y media a cuatro vendría a casa con Rita.
Llegaron puntuales. Pude comprobar que Paloma no me había
mentido respecto a su amiga, la cual me presentó nada más entrar. Una preciosa
morena, algo más alta que mi sobrina, con un cuerpazo divino, una impresionante
melena negra rizada, ojos oscuros y una boca grande y de labios carnosos. Una
auténtica boca de mamona plantada en medio de esa tierna carita de furcia.
Las hice pasar al salón e invité a tomar asiento. Pedí a
Paloma que sacara del bar una botella de ginebra y les dije que iba a la cocina
a buscar unos vasos, hielo y botes de cola para prepararnos unos cubatas.
Excitado y curioso por saber como se presentaba la cosa me detuve tras el recodo
del pasillo para escuchar lo que las chicas hablaban...
-Hostias tía, ¡qué fuerte! –Oí decir a Rita- Venir aquí pa
follar con un viejo por dinero, como una puta. Y que asqueroso que es tu tío
Manolo, joer, ¡si parece un cerdo! Tan gordo, con ese caborro calvo y esa papada
grasienta que le cuelga, ¡puajjjj! Además, ¡cómo me mira! menuda pinta de loco
salido.
-Venga tía, ¡joer! Tampoco te pases, ¿vale? A ver si te va a
oír. –Le respondió irritada Paloma- Si que está gordo y es un salido pero
también tiene la tranca más gorda que t'as comío en tu vida. ¿No me dijiste que
los viejos y las pollas gigantes son lo que más morbo te da? Pos aquí vas a
tener a una de las más bestiales. Ya veremos si tienes coño pa tanta polla, tan
chulita como te pones. Y encima te vas a sacar una pasta, así que cállate ya la
boca.
¡Ahí queda eso! Me agradó oír como mi sobrina salía en mi
defensa de esa manera. Reconforta ver como por una vez alguien, con quién además
te unen vínculos familiares, te defiende ante el menosprecio y el insulto, esas
humillantes actitudes a las que tuve que hacer frente durante toda mi vida,
sobre todo estos últimos años, al tener la mala fortuna de lucir un físico tan
poco agraciado como el mío.
Me apresuré por el pasillo hasta la cocina al oír como mi
sobrina decía a Rita que esperara un momento, que iba a ayudarme a traer las
cosas. Al entrar, mientras yo buscaba un limón por el frigorífico, me dijo:
-Qué, tío Manolo, te gusta mi amiga Rita, ¿verdad? Te dan
ganas de follártela ¿a que sí? Ya te dije que está muy buena, ¿ves como no te
engañé? Además, ya verás lo puta que es, vas a poder partirle el coño a tu gusto
con ese pedazo de pollón tuyo.
-Ya lo creo que me gusta esa zorra -respondí excitado, como
cada vez que la oigo hablarme así, como una golfa, con ese descaro y poca
vergüenza- hacéis un buen par de putitas, tu amiga y tú.
-Bueno tío, recuerda lo que hablamos, son 50 euros para cada
una, ¿vale? Venga, dame los 100 euros ahora que yo le daré a Rita sus 50 más
tarde, es mejor así, ¿no? Como entre vosotros aún no hay confianza a lo mejor se
corta o se siente incómoda si vas tú a darle la pasta.
Ya, ya, si, claro, esa debía de ser la razón, que a lo mejor
se corta... Me hubiera gustado saber qué reparto hizo luego del dinero Paloma
con su amiga. Yo apostaría más bien por un 70/30 que por un 50/50. Pero ese no
era en absoluto mi problema, y si mi sobrina, a pesar de ser una furcia y una
zoqueta en los estudios, es espabilada y sabe buscarse la vida, pues mejor para
ella, lo que importaba es que pudiera volver a disfrutar de las magníficas tetas
de Paloma y follar a la otra pequeña furcia. Referente al dinero, que se
arreglen entre ellas, pensé.
-Espero que valga la pena –añadí mientras le entregaba los 5
billetes de 20 € y le sobaba una teta con la otra mano, apretándosela sobre la
tela del top- Con 100 euros podría ir a follar por lo menos tres veces con las
putas de Montera, así que a ver como os portáis.
-Pero tío, coño, ¡no irás a compararnos con esas asquerosas
furcias callejeras! –Contestó haciéndose la ofendida y guardándose el dinero- Ya
verás como si que vale la pena, gorrinito –añadió sonriendo, guiñándome un ojo y
metiéndome un pellizco descarado en la entrepierna- tienes aquí a dos
bomboncitos de niñas malas para hacer tus guarradas.
Colocó los vasos, el hielo y las latas en una bandeja y
regresó al salón con Rita. Las dejé un par de minutos solas, por si querían
regularizar el asunto pecuniario en ese momento, y fui a reunirme con ellas.
Paloma estaba preparando las copas, poniendo hielo, rodajas de limón y ginebra
en los vasos, mientras Rita abría un par de botes de cola y acababa de
llenarlos. Yo me senté en el sofá, junto a mi sobrina, recostado, y a mi
izquierda quedó Rita sentada en el sillón.
Impaciente por gozar ese par de pequeñas furcias y deseoso de
"calentar" el ambiente lo más rápidamente posible, tomé de la mesita el mando a
distancia del lector de DVD y pulsé el botón "Play". Sabía que en el aparato se
encontraba aún el disco con la película porno que había comenzado a ver la
víspera por la noche y que había dejado en "Pause". Enseguida apareció en la
pantalla una mujer joven tumbada sobre una mesa grande de madera y despatarrada,
con los pies apoyados sobre los hombros del individuo que le había hundido la
cabeza entre los muslos abiertos y le comía el coño, mientras ella mamaba una
polla, negra y voluminosa, acogiéndola profundamente en la garganta.
Cogimos cada uno un cubata y comenzamos a beber. Las chicas
encendieron sendos cigarrillos, haciendo de vez en cuando algún comentario sobre
lo que se veía en la pantalla y dando tragos largos de sus copas. Yo también me
encendí un cigarro de los míos y me recosté un poco más en el sofá, arrimándome
contra los macizos muslos de Paloma. Rápidamente terminamos los primeros cubatas
y cigarros. Entonces Paloma volvió a servirnos de beber y sacó un par de porros
de su bolsito. Encendió uno de ellos y me lo pasó tras darle dos largas
chupadas. Yo, como paso de esa mierda, le pasé directamente el petardo a Rita,
la cual comenzó también a meterle fuertes chupadas y tragar el espeso humo sin
apenas dejar escapar nada.
En la pantalla la talentosa actriz había cambiado de posición
y se encontraba a cuatro patas en el suelo, sobre una bonita alfombra, y el
negrazo al que antes le mamaba la verga la follaba ahora agarrándole las nalgas
y penetrándola desde atrás, como a una perra, metiéndole fuertes embestidas.
Mientras ella, entre gemidos de furcia gozosa, chupaba ahora la polla del otro
tío, ese que antes le había estado comiendo el coño a ella.
Las excitantes imágenes en la pantalla, las copas y los
apestosos porros que fumaban las dos putitas estaban haciendo sus efectos. Las
chicas se iban mostrando más relajadas y desinhibidas, comenzando a reír y a
hacer comentarios cada vez más atrevidos y obscenos sobre la película. Y yo
comenzaba a excitarme de verdad, notaba mi nabo engordar y latir caliente contra
mi muslo y sentía como una avalancha de vicio y deseo comenzaba a apoderarse de
mí.
Paloma se descalzó y subió los pies sobre el asiento del
sofá, recostándose como yo. Me colocó un piecito desnudo en plena entrepierna,
sobre el gordo tronco de mi verga, y comenzó a frotarme con él. Yo me dejaba
patear el rabo ronroneando gozoso, como un gato panza arriba se deja rascar la
barriga. ¡Dios, que gusto me estaba dando con el pie la muy zorra! Esa niña
tiene el don de hacerme perder la cabeza, de volverme loco con sus puterías.
Puesto que la "fiesta" me costaba 100 € y que, bien mirado,
ellas eran dos putas y yo su cliente, me dije que no tenía porqué andarme con
remilgos ni formalidades. Desabroché el cinturón, el botón y la bragueta de mi
pantalón y me lo quité, liberando mi ya bastante erguido pene, y con autoridad
le pedí a Paloma que se quitara el top para dejarme ver sus divinas tetas y que
siguiera pajeándome la polla con el pie como lo había estado haciendo antes.
Ella obedeció de inmediato y en solo un par de minutos, matándome de gusto, me
puso la tranca bien tiesa y dura. No sé que me hacía más efecto, si la
maravillosa visión de sus perfectas tetas y el deseo animal que estas
despertaban en mí o el magnífico masaje que me hacía con el pie sobre la polla,
que sentía calentito y suave recorrérmela de arriba abajo, y que la muy furcia
hundía en mis huevos al bajar, proporcionándome intensas descargas de placer.
Rita, desde el sillón donde seguía sentada, mirando admirativa mi extraordinaria
verga, exclamó:
-Joer, tía, ¡menudo cacho polla!
-Ya te lo dije, reina, ¡la más gorda de toa tu vida!
–Respondió riendo Paloma sin dejar de pajeármela- Ahora no te rajes, ¡prepárate
a encajar este monstruo en tol coño!
-Venga Rita, bonita, quítate la ropa, -le ordené- enséñanos
lo buena que estás y ven a unirte a la fiesta.
Tras apurar de una última chupada el porro que fumaba se
levantó del sillón y situándose frente a mí, sin apartar la mirada de mi tarugo
tieso, se comenzó a desnudar. ¡Que cuerpo que tiene la niña! ¡Divina juventud!
Esa piel lisa, brillante y tensa sobre un cuerpo musculoso y duro; una piel a
años luz de saber lo que son marcas de varices o de conocer el patético y
repelente aspecto que provoca la celulitis. Cuando ya no le quedaba más que el
minúsculo tanguita negro por quitarse, el cual acentuaba la perfección de su
culito, se arrimó a nosotros y, casi tímidamente, acercó hasta mi polla una de
sus manitas y comenzó a pelármela. Me sentí poseído por un deseo incontrolable.
Era alucinante ver a esas dos putitas ocuparse de mi rabo con tanta devoción,
acariciándomelo la una con la mano y la otra con el pie.
Cediendo el protagonismo a su amiga, Paloma se levantó para
quitarse la ropa y quedar ella también en tanga (el suyo de color blanco), y
aproveché para tumbarme completamente sobre el asiento del sofá. Mi pene estaba
erecto, majestuoso, casi tanto como en mis mejores años. ¡Qué magnífica
sensación verlo recobrar el vigor de épocas pasadas! Unos 30 centímetros,
calculé. Reptando como una anaconda gigante subía orgulloso por mi barriga hasta
llegar a la altura de mi pecho, donde reposaba su hinchada cabeza roja, en ese
momento aproximadamente del tamaño de una pelota de tenis.
Paloma encendió otro porro y se sentó a fumarlo en el extremo
opuesto del sofá, sobre el apoyabrazos, luciendo su también magnífico cuerpo y
sobre todo esos increíbles pechos que son mi perdición. Sonriendo viciosa colocó
sus pies entre los míos y abrió los muslos para comenzar a acariciarse
suavemente el coñito con los dedos sobre la tela blanca de la braguita. Rita
seguía pelándome la tranca. ¡Joder, como deseaba a esa furcia! Alargué el brazo
y con la mano comencé a tirar de su tanga hacia abajo, dándole a entender que
quería que se lo quitara. Lo hizo con su mano libre, haciéndolo resbalar por sus
musculosas piernas hasta sacárselo.
-Ven aquí princesita, siéntate sobre mi cara, -le pedí- te
voy a enseñar lo que es una buena comida de coño y de culo.
No se hizo de rogar. También ella estaba muy excitada. Hincó
una rodilla a cada lado de mi cabeza y sentándose sobre mi cara me plantó toda
la raja del culo en la boca. ¡Que maravilloso momento! Sin poder retener los
porcinos gruñidos que me provocaba el vicioso deseo que me poseía, le agarré y
separe las nalgas con mis manos y comencé a darle largos lengüetazos por toda la
raja, mojándosela bien con mis babas, intentando hundirle la lengua en el ano y
en el coño cada vez que pasaba sobre ellos.
Era indudable que hacía gozar a Rita con mi lengua. Ya no le
hacía ascos a ese viejo gordo con aspecto de cerdo que tanto parecía repugnarle
antes. Gemía de puro gusto como una gorrina y se movía apretando y restregando
el culo contra mi boca. Seguidamente se dejó caer hacia adelante, sobre mi
peluda barriga, colocando así sus tetas (también de buen tamaño aunque no tan
hermosas como las de Paloma) sobre mi rabo. Me agarraba los huevos con una mano
y los movía, apretaba y tiraba de ellos hacia arriba, matándome de gusto. Su
lengua venía a lamerlos tras haber recorrido todo el tronco de mi cipote, que
sostenía con la otra mano y frotaba contra su cara.
–Joder, ¡qué polla! –exclamó tres o cuatro veces seguidas.
Hacía muchos, muchos años que no hacía un 69 tan bestial y
placentero. Pero también me moría de ganas de follarla. La notaba muy cerca de
correrse por la intensidad de sus gemidos y lo empapado que tenía el coño. Quise
aprovechar ese estado de excitación y deseo para clavarle la pija. Dándole un
azote cariñoso en el trasero e incorporándome, me la quité de encima y me
levanté.
-Voy a follarte, pequeña furcia, –le informé con voz ahogada
y babeando de vicio- ven que te parta ya el coño.
La tumbé sobre el sofá y le agarré, levanté y separé las
piernas, de las cuales tiré hasta colocarla justo al borde del asiento, donde me
disponía a follarla arrodillado en el suelo delante de ella. Coloqué mi pene
sobre los labios de su abierto y empapado coño y comencé a frotarlo sobre él.
Ella me lo tocaba con una mano y con la otra se pellizcaba los oscuros y duros
pezones, con los ojos cerrados, gimiendo como una perra gozosa.
También Paloma se acariciaba las tetas y había pasado un
dedito bajo la tela del tanga y se pajeaba el coño.¡Qué linda que es mi sobrina!
¡Qué buena que está! ¡Cómo deseo poder follarla a ella también algún día! Sentí
el deseo de mamarle esas deliciosas ubres y le pedí acercármelas mientras yo
seguía restregando la verga sobre el coño de Rita.
-Ven Paloma, tesoro, ven y déjame que te coma un poco esas
tetas tan divinas que tienes, putita mía.
Vino a ponerse a mi lado y excitada por la escena que
estábamos viviendo tomó uno de sus pechos con una mano y me lo colocó en la
boca. Ansioso comencé a lamer, chupar, degustar ese delicioso pezón... ¡bocato
di cardinale! Queriendo más, deseando gozar al máximo esas tetas de ensueño, las
agarré con las dos manos, juntándolas, y seguí mamando los pezones, pasando la
lengua del uno al otro, babeándolos, sintiéndolos duros mientras mi sobrina
gemía y aceleraba el ritmo de la metida que se estaba haciendo ella misma con
los dedos. Seguimos así unos minutos hasta que oímos a Rita decir...
-Fóllame ya, cabrón, ahhhhhhh, venga, clávame ya esa polla,
puerco, ahhhhhh, no puedo más, ¡fóllame!
-Claro que te voy a follar, furcia –respondí al tiempo que le
volvía a levantar y separar las piernas con las manos- Quieres polla, ¿eh zorra?
Ahora mismo te voy a reventar el coño.
Tenía las dos manos ocupadas despatarrándola pero Paloma vino
a ayudarme a penetrarla. Se arrodilló a mi lado y con los deditos abrió el coño
de su amiga mientras con la otra mano cogía mi rabo y, tras frotárselo sobre el
clítoris, arrancándole nuevos gemidos de placer, le colocó la inflamada cabeza
apoyada sobre el baboso agujero. Yo comencé a empujar mi dura tranca mientras
Paloma me la seguía sosteniendo con la mano. A pesar de lo empapado y lubricado
que tenía Rita su sexo apenas pude insinuar en su interior la cima de mi glande.
Paloma ayudaba, seguía abriéndole con los dedos los labios y empujando con
movimientos circulares mi rabo hacia el interior de ese coño. Poco a poco iba
abriéndose camino. Al notar que se comenzaba a introducir empujé más fuerte.
Conseguí meter el glande entero en la joven aunque ni mucho menos virginal
vagina con unos pocos empujones más violentos, arrancándole a Rita un largo
quejido y haciéndole arquear el cuerpo ante la súbita invasión de su coño por
esa masa de carne.
-¡Así furcia! ¡Encaja esa tranca, guarra! –Gritó excitada
Paloma a su amiga, empujando más fuerte la parte de mi pene que seguía agarrando
hacia el interior de la vagina de Rita.
Esta gemía como una loca y cuando con algunas fuertes
embestidas conseguí meterle la mitad de mi rabo, dilatando y llenando su sexo
como nunca, explotó en un violento orgasmo, gritando como una posesa,
profiriendo obscenas palabras y tratándome de viejo polludo hijo de puta.
Gozando como un loco seguí follándola cada vez más fuerte,
más rápido, metiéndole más centímetros de carne en cada empujón, hasta tener
dentro las dos terceras partes de mi rabo, lo que suponía aproximadamente unos
20 centímetros y le llenaba por completo la vagina, puesto que sentía mi glande
chocar y empujar contra el fondo de esta en cada metida.
Paloma nos miraba follar con la cara transformada por el
vicio. Había ladeado la tela del tanga y se metía descaradamente dos dedos de su
mano libre en el coño, profundamente. Sin cesar el rítmico movimiento de vaivén
que imprimía a mi pene en el coño de Rita acerqué el dedo corazón de mi mano
izquierda, corto, gordo y rasposo, al coñito de Paloma y comencé a penetrarlo a
buen ritmo, deseoso de llevarla hasta el orgasmo. Quería darle placer a mi
tierna sobrinita, como agradecimiento por la maravillosa follada que gracias a
ella estaba metiendo con la puta que me había traído a mi propia casa.
-Joder tío que gusto, ahhhhh, -gemía- así, me voy a correr
tío Manolo, sigue, ahhhhhh, siiiii, húndeme el dedo fuerte, así, hasta el fondo,
me corro cabrón, así, ahhhhhh, así, sigue... ¡aaaahhhhhh! –explotó finalmente,
corriéndose como una cerda y empapándome el dedo y la mano con sus jugos
vaginales.
También Rita volvía a emitir gemidos de perra ninfómana y
acompañaba mis movimientos empujando con la pelvis contra mi rabo, acentuando la
intensidad y profundidad de la follada. Seguimos así jodiendo unos minutos más.
Yo estaba como loco, solo me concentraba en disfrutar el mete-saca de mi polla y
admirar el cuerpo de esa puta tierna que estaba poseyendo, tan joven y hermosa,
casi sin poder creer mi suerte. Por si fuera poco y para colmo del vicio, Paloma
comenzó a sobar y apretar las tetas de su amiga y a darle la lengua,
metiéndosela alternativamente la una a la otra entera dentro de la boca con un
sonoro ruido de chupeteo.
Rita volvió a gritar y retorcerse de gusto al correrse de
nuevo. Los gemidos, las obscenas palabras que pronunciaban las chicas y la
humedad intensa del gozoso coño donde tenía metida mi polla desde hacía ya un
buen rato precipitaron también mi orgasmo. Como es evidente y tenía previsto de
antemano, eyaculé sobre la cara de la chica, bufando y gruñendo de gusto como un
puerco, agarrándola del pelo con las dos manos y frotándole la polla contra la
cara, ayudado por Paloma que de nuevo me la agarraba al tiempo que la restregaba
contra el fino cutis de Rita, y manteniéndola así mientras escupía chorros de
semen caliente por todo el rostro de la pequeña furcia, que caían resbalando por
su piel sobre mi mugriento sofá.
Aún temblando de gusto dejé caer mi voluminoso cuerpo sobre
el sillón. En la pantalla del televisor ahora dos hermosas mujeres hacían un 69
en el borde de una piscina mientras detrás, en segundo plano, se veían dos
hombres observándolas, juntos, de pie, con las pollas erectas y una morena
agachada frente a ellas que las mamaba y pelaba alternativamente.
Paloma acompañó a Rita al baño, donde permanecieron un buen
rato. Al salir, riendo y cacareando alegres, se acabaron de vestir y mi sobrina
nos sirvió unas copas. Se sentaron en el sofá a beber y fumar un cigarrillo.
Pararon la película porno y pusieron un canal de televisión en el cual hacían
uno de esos vomitivos programas de cotilleos que tanto gustan en este bendito
país. Yo me había puesto el pantalón y servido una buena copa de coñac durante
su ausencia, la cual bebía despacio, relajado, degustándola con placer y feliz
como un niño con zapatos nuevos tras la increíble experiencia que acababa de
vivir.
Cuando terminaron los cubatas se levantaron y dispusieron a
marchar. Se despidieron cariñosas, dándome un par de besitos cada una,
sonrientes y amables.
-Adiós, princesitas, gracias por la visita, -dije a modo de
despedida- ha sido un placer recibiros en mi casa. A ver si volvéis pronto, lo
de esta tarde tenemos que repetirlo.
-Adiós tío Manolo, gracias a tí, hasta pronto, -contestó
Paloma- cuídate y sobre todo nada de ir de putas a Montera, ¿eh? No malgastes tu
dinero. Ya has visto que no hay ni comparación con nosotras. –Concluyó riendo,
como también lo hacía su amiga Rita.
Fueron los 100 € mejor gastados de mi vida. Por eso hoy, nada
más levantarme, no pude resistir las ganas de sentarme a escribir y confesarme a
ustedes una vez más, contarles lo ocurrido escondido tras el anonimato de este
medio. No voy a ocultarles que rememorando para ustedes la tarde de ayer me he
excitado y ya ardo en deseos de volver a repetir la experiencia. Aunque, por
otra parte… no sé, también me pregunto si no será un tanto inmoral follar con
esas niñas, tan jóvenes, ¡una de ellas mi propia sobrina! Y darles dinero a
cambio, quizás de alguna manera empujándolas a la prostitución. ¿Ustedes que
opinan? Joder, si es que, ahora que lo pienso… ¡cuando ellas nacieron yo ya
tenía 40 años!
Sinceramente, gracias por haberme leído.