De nuevo aprovechamos que Enrique iba a estar cuatro semanas
en Madrid, a propósito de su trabajo como ejecutivo de una empresa ubicada en la
ciudad de México, para pasar unas cortas vacaciones en Europa. Mi hijo
Enriquito, de cinco anos, estaba muy entusiasmado en conocer Venecia ya que en
el Jardín de Niños les habían pasado una película de ciudades del mundo y estaba
muy impresionado por la existencia de una ciudad en donde en lugar de autos hay
barcas que transitan por canales. El más pequeño, de solo tres anos de edad,
secundaba alegremente el entusiasmo de su hermano. Así que, como era verano y
mis hijos y yo teníamos un mes de asueto, le pedimos a mi comprensivo marido que
nos hiciera un "lugarcito en su maleta".
—Muchas gracias cariño, eres un amor por permitirnos
acompañarte en tu viaje. Aunque no te preocupes, no te molestaremos ya que
quiero llevar a los niños a que conozcan Venecia, ¿que te parece? —le comenté
cuando estuvo de acuerdo.
—Claro hermosa, bien sabes que tienes el poder de convencerme
con solo poner esa expresión de niña mimada, que tan fácilmente me desarma.
Sonriendo caminé hacia él y, rodeando su cuello con mis
brazos, mis turgentes labios buscaron encontrarse con los suyos. Abrí la boca
para intensificar el contacto y permitir que mi lengua jugueteara dentro de la
suya apasionadamente. El puso sus manos en mi talle y me acercó, con una tierna
firmeza, a su cuerpo. Noté de inmediato la erección de su polla cuando sus manos
llegaron a mis redondas nalgas, que suelen motivar innumerables y, a veces,
coloridos piropos.
—Mmmmmmmmmmmmmmmm… —expresó con su grave voz. —Me excitas
Aria, lo sabes mejor que nadie. Eres una mujer de tan extraordinaria belleza y
sensualidad que no me canso de decírtelo y demostrártelo. Te amo con pasión
esposa mía. —enfatizó mi pertenencia a él, como suele hacerlo cada vez que tiene
oportunidad.
Yo disfrute de la caricia y del pene duro que se pegaba a mi
vientre. Lentamente y con intensa sensualidad, moví en círculos mis caderas para
intensificar el contacto. A Enrique lo vuelve loco cada muestra de mi erotismo.
Le besé levemente el cuello y me acerque a su oído.
—Quiero que tu verga explote dentro de mí esta noche, amor
mío.
Noté que temblaba de excitación y su polla se puso más dura.
Sin embargo, me separé tiernamente, buscando enfriar el arrebato. Había cosas
que preparar y los niños pronto demandarían mi atención.
—No me dejes así, Aria. Me vuelvo loco cada vez que me tocas.
Tu olor, el sabor de tu piel, todo, me excita a más no poder. Mira…
Con expresión de frustración, me señalo a su entrepierna,
mostrando su abultado paquete. Yo, sonriendo seductoramente, puse cara de
sorpresa y, sonriendo con picardía, regresé hacia él. Ronroneando, le acaricie
su polla por encima del pantalón con mi delicada mano. De arriba abajo, rodeando
con mis dedos largos y femeninos su gran falo. Le regalé tal momento de éxtasis,
que no pudo evitar cerrar sus ojos y temblar de placer.
Pasando mi lengua por su cuello, le abrí el cierre del
pantalón y le liberé su hermoso pene. Una vez afuera, lo rodee con mi mano y
empecé a masturbarlo mientras le besaba su deseosa boca.
En un momento, Enrique me acaricio la espalda, luego mi
cabeza y metiendo sus dedos entre mi cabello, me invitó, con un movimiento, a
que siguiera besándolo pero empujándome con suavidad hacia abajo. Yo entendí
inmediatamente su deseo, por lo que decidí hacerlo gozar.
—Me fascinas Aria, me gusta tu olor, tus formas, tu piel
tersa, tu inquietante belleza —decía esto, mientras yo le besaba su pecho,
abriendo, al mismo tiempo, su camisa. Conozco tan bien sus mensajes sutiles y
sus inhibiciones, que suelo ayudarlo a hacer las cosas que más lo excitan y que
no se atreve a pedirlo. En ese momento me propuse hacerlo.
—Si mi amor, ¿te gusta que sea tan cachonda y la mame tan
rico?
—Siiiiii —respondió temblando.
— ¿Te gusta que sea tan sensual y que a otros se les antoje
coger conmigo?
—Siiiii —respondía excitado, mientras yo le besaba sus
pectorales, poniendo cuidado en pasarle mi lengua por sus tetillas, dejando que
el aroma de mi pelo llegara hasta su rostro varonil.
— ¿Te gusta que tus amigos se exciten cuando me ven mis
pechos cuando me pongo esos vestidos súper reveladores en las reuniones de tu
empresa? —le dije, sin dejar de mover mis manos rodeando su polla, de arriba
abajo.
—Siiiii, mucho, mi cielo, másssssss, másssssssss, dime
másssssssssssssssss —me pedía excitado.
Yo sentía que se le paraba más con cada comentario que hacía,
así que decidí prolongar su excitación.
— ¿Te gusta que los hombres se exciten conmigo y se masturben
cuando les enseño mi delicioso cuerpo con los micro vestidos que me pongo para
salir? —Dije, cuando ya totalmente agachada, acerqué mi boca a su pene y empecé
a pasar de arriba abajo mi lengua, humedeciendo todo su tronco con mi saliva.
—Siiii, me fascina esposa mía, mássssssssss — gemía, cada vez
más excitado.
Le pasé mi lengua por el glande, rodeándolo su con la punta
de mi lengua. Percibía su temblor y las venas marcadas y voluminosas a lo largo
del falo. Recorrí dándole chupaditas y besitos, a todo lo largo de su polla
erecta, disfrutando cada espasmo de placer. Luego, me introduje la cabeza de su
tremenda verga, mamándosela con deleite.
No resistió más y, rugiendo, me empujó mi cabeza, metiéndome
la verga hasta dentro. Yo sentía que su glande resbalaba entre mi lengua y mi
paladar, hasta mi garganta y luego salía hasta mis labios para, de nuevo, volver
a entrar. Mis labios femeninos y carnosos, rodeaban el tronco de su verga,
resbalando por la carne cada vez que entraba y salía. Mis delicados dedos
rodeaban la base de su verga, permitiendo que el resto de mi finísima mano
acariciara sus huevos, haciendo que disfrutara plenamente la mamada; así como he
aprendido que fascina tanto a los hombres.
—Aghummmmmmm, mmmmmmmm, que rico mi cielo —dijo observaba
como su polla entraba y salía de mi sensual boca.
Seguí excitándolo mas y más. El me acariciaba el pelo y me lo
hacía hacia atrás para quitarlo de mi cara y poder ver como se la mamaba.
—Te amooooo preciosa, dime mássssssssssssss, mássssss —me
dijo suplicante.
— ¿Te gusta que tus amigos puedan verme los pezones cuando se
me abre el escote de mi vestido? ¿Te gusta que se calienten conmigo?
—Siiiiiii eso me calienta muchooooooo , Massssss, masssssss
—suplicaba excitado.
— ¿Te gusta que los excite delante de ti y me porte como una
puta enseñándoles las tetas descaradamente?
—Si Aria, siiiii siiiiii, me gusta que seasssss una putaaaaaa
—se estremecía por la excitación.
Yo se la seguía mamando mientras sentía sus jugos mezclándose
con mi saliva. Percibía el sabor de los fluidos que salían de su pene excitado y
erecto. Dejé de mamársela para seguirle preguntando lo que sabia lo excitaba
mucho más…
— ¿Te gusta que sea muy puta y me encante mamar las vergas de
otros hombres? —dije esto mirándole a los ojos con atrevido cinismo.
—Hummmmmmmmm, siiiiiii, siiiiii, me gusta que se las mames a
otros muy rico, sigueee —dijo fuera de si.
—Pues te quiero confesar que soy bien puta y que a muchos les
encanta que les mame la verga ¿Te gusta eso?
—Siiiii, que rico, me excita que otros disfruten cuando se
las mamas como una putaaaaaaaaa y que te llenan la cara de semen —dijo, ya
cercano al orgasmo.
— ¿Quieres ver como tu fina y elegante esposa disfruta
chupando otra verga? ¿De verdad quieres ver como se la mamo a otro, que por
cierto tiene una verga más grande y más rica que la tuya? ¿Quieres que se la
chupe como puta delante de ti? ¿quieres eso?
—Siiiiiiii, siiiii, siiiiii quierooooo, massssssssssss,
masssssssss
Se la seguí mamando hasta que poco a poco empecé a sentir que
estaba próxima a explotar en mi boca. En un momento, percibí que crecía y que
los fluidos empezaron a hacerse más abundantes y calientes, cuando, por fin ,
llegó la descarga de semen.
—Querido, que ricura. Mmmmmmmmmmmmmmmmm —expresé, erótica y
voluptuosamente, al momento que le dije —lléname la boca con tu leche caliente
—Aughmmmmmmmm —abrí la boca y seguí mamándosela, sintiendo como vaciaba una gran
cantidad de semen dentro de mi garganta con fuerza y sus estremecimientos
incontrolables se seguían uno a uno.
—Ahhhhhhh! Aggggggmmmmmm mmmmmmmmmmmm!!, agmmmmmmmmm,
ahggggg!!!, mmmmmmmm, que rico!!!! … —Sus gemidos del placer, cuando se estaba
vaciando, llegaban sonoros a mis oídos y yo seguía mamándosela con fruición,
haciéndole disfrutar con mayor intensidad su tremendo orgasmo.
Aunque mi cara y mis labios se salpicaron con el lechoso
líquido, me tragué una gran cantidad, mientras sentía la fuerza de los espasmos
de placer con cada chorro de leche que salía de su verga. Percibí paso a paso,
las reacciones de su riquísima venida.
Después de que disminuyó el flujo de su eyaculación, me
limpié un chisguetazo de semen que me había llegado a uno de mis párpados y me
paré para acariciarlo y besarle con ternura. Mientras tanto, con mi mano le
seguí acariciando la húmeda verga, con movimientos lentos y delicados. Subía y
bajaba sintiendo como llegaba, poco a poco, la tranquilidad. Sentía los pequeños
temblores que se suceden después del orgasmo. Así, nos mantuvimos mientras él se
recuperaba poco a poco. En un momento más, la serenidad y la cordura regresaron
y se apoderan de nuevo de mi amado esposo.
—Te quiero mucho, cielo, eres el amor de mi vida. Me encanta
hacerte sentir rico —Le dije en un arrebato de espontaneidad, mientras le besaba
con ternura.
—Si Aria, yo también te amo, más que a mi vida —expresó, al
momento que una expresión de preocupación se reflejó en su cara y titubeante me
preguntó —Aria… no se si… bueno… tu… tu… ¿Seeerías capaz de acostarte con otro
hombre?
—Claro que no mi cielo, ¿Por qué te imaginas eso? —Noté como
un rasgo de tranquilidad se reflejó en sus ojos con mi respuesta, y seguí — ¿Tu
lo deseas?
—No claro que no, pero es que… eres una mujer demasiado
hermosa y… pues, atraes demasiado… siempre… bueno, no me hagas caso, me voy a la
oficina ¿Me esperas para cenar a las 9? —terminó diciendo, sin apenas esperar mi
respuesta.
—Claro mi amor, te espero como siempre… y nunca dudes que te
amo… solo a ti.
Respondió con una tierna sonrisa al comentario y salió
apresurado hacia su oficina. Observándolo, pensé que había cosas que Enrique
necesitaba descubrir, reconocer y aceptar para que pudiera ser plenamente feliz.