"Un ángel en el infierno 5"
Nota del autor: Pido una disculpa a mis lectores, primero por
la tardanza y después porque este capitulo no tiene mucho sexo, pero es
importante para explicar el giro que van a tomar los acontecimientos
posteriores. Así que considérenlo un respiro antes de que las cosas se vuelva a
poner calientes.
Cap. 5 "Días de luz y sombras"
El reloj de pared ya marcaba las 10:00 de la mañana. Pero
Candy no tenía fuerzas para levantarse de la cama. Su cabeza le punzaba
dolorosamente cada dos segundos y sus ojos estaban tan irritados que apenas
podían soportar la luz del sol entrando por las ventanas de aquella habitación.
De hecho, hacía ya una hora que la joven había despertado, pero simplemente no
quería moverse, no sentía ningún estimulo para hacerlo. Además su mente estaba
hecha un embrollo de preguntas sin respuesta. ¿Dónde estaba? ¿Qué rayos le había
pasado para dejarla en semejante estado? Finalmente la insoportable resequedad
en su boca la obligó a levantarse para ir en busca de un vaso con agua.
Con gran esfuerzo la joven logro incorporarse pero la
sensación de mareo la obligo a quedarse sentada al borde de la cama por varios
minutos, tiempo en que reconoció el lugar donde se encontraba que no era otro
sino su propia recamara.
Aquel descubrimiento disparo en su cabeza una serie de
recuerdos confusos: El frío de la madrugada, las palabras hirientes de un hombre
que prácticamente la saco a rastras de un automóvil. Después… las escaleras de
la casa, que por alguna razón le parecieron mucho más largas y difíciles de
subir. La puerta de su departamento… Luego nada.
Aquellos recuerdos eran dolorosamente perturbadores. Pero no
eran nada comparados con los que llegaron después: Ella y Neal solos en aquella
mansión semi abandonada en la ribera del lago Michigan. Aquel vergonzoso acuerdo
y el sabor dulzor de aquella bebida recorriendo su garganta. Unas manos grandes
y poderosas recorriendo cada centímetro de su cuerpo, una lengua tibia lamiendo
sus pechos y su entrepierna, luces, voces, risas y luego… ni siquiera estaba
segura de querer recordar más.
La joven enfermera se sintió tan oprimida que de inmediato se
levanto para correr hasta el baño y vomitar todo lo que había en su estomago.
Mientras que de sus ojos brotaban lágrimas amargas, las mismas que había llorado
durante las últimas semanas. Al terminar, la joven se desnudo completamente y se
metió bajo el grifo del agua para darse una ducha caliente, como esperaba las
marcas sobre su cuerpo eran escandalosamente claras, huellas de dedos y mordidas
que la cubrían casi por completo. Pero lo más humillante fue la visión de su
vulva afeitada que era la marca de su rendición y entrega s los deseos malsanos
de su verdugo. Aquellas visiones le causaron tal repugnancia que de inmediato se
envolvió en una toalla para ocultar su deshonra.
Al salir del baño Candy descubrió su bolso de mano tirado en
el piso a un lado de la puerta y de inmediato se acercó para tomarlo. Sin perder
un instante vació su contenido sobre la mesita de la sala. Una gran sensación de
alivio la envolvió al descubrir que los odiosos negativos, aquellos que la
mantenían sujeta a la voluntad de Neal, estaban ahí. Sin pensarlo la joven los
tomo y se dirigió a la cocina, ahí los deposito en el fregadero, después coloco
el tapón en su sitio, y volviendo sobre sus pasos entro al cuarto de baño de
donde regreso casi enseguida llevando en sus manos una botella de alcohol que
había tomado del botiquín. Sin esperar más Candy vertió el contenido de la
botella en el fregadero y acto seguido encendió un fósforo para arrojarlo al
pequeño lago de alcohol. La combustión fue inmediata y la joven enfermera pudo
ver como los negativos se retorcían y se hacían más pequeños conforme el calor
los abrazaba.
La joven experimento una agradable satisfacción al contemplar
la destrucción de aquellas cosas. Aún así el humo la hizo toser con fuerza,
reactivando los efectos de la resaca, sobre todo las nauseas, obligándola a
regresar al sofá de la sala, ahí se sentó con las piernas pegadas al cuerpo para
darse un poco de calor y consuelo a si misma en medio de lo que parecía ser el
final de aquella pesadilla en que su vida se había convertido.
¿Qué hacer ahora? Esa era la pregunta que giraba por su
cabeza una y otra vez. ¿Podía simplemente retomar su vida como si nada hubiera
pasado? ¿Dejando que Neal Legan se quedara tan tranquilo después de lo que había
hecho con ella?
Por un momento considero la idea hacer algo en contra de su
"enamorado", pero la sola idea de tener que contarle a alguien, sobre todo a
extraños, lo que le había ocurrido era algo demasiado duro. El solo recordar lo
que le había pasado en aquellos días oscuros era ya demasiado doloroso. Tanto
que prefería dejarlo todo como estaba con tal de no tener que escuchar nunca más
el nombre de Neal Legan.
-Así será mejor.-se dijo con dolorosa resignación. Le mataba
de rabia reconocerlo, pero estaba clarísimo que nada podía hacer en contra de su
cruel violador sin poner en peligro a sus seres queridos. Después de todo Neal
se había quedado con el último juego de aquellas obscenas fotografías como un
recuerdo de su "romance", de modo que desafiarlo podía resultar
contraproducente.
El solo pensar en eso le inquietaba. ¿Realmente todo había
terminado? ¿Iba Neal a cumplir su palabra de no volver a amenazarla? Una parte
de ella se aferraba desesperadamente a las palabras del propio Neal cuando le
dijo que se había cansado de aquel juego enfermo. Después de todo él seguía
siendo un niño caprichoso, que realmente no amaba a nadie sino a si mismo, y
realmente no sería raro que habiéndose salido con la suya perdiera todo interés
en ella. Además habían hecho un trato… ¿o no?
Aquella interrogante la hizo conciente de que aún estaba en
una precaria situación. Sujeta a la promesa de un hombre sin escrúpulos. Temía
estarse engañando a si misma al creer que las cosas podían regresar a la
normalidad.
En el mejor de los casos Neal podía usar su último juego de
fotos para seguir chantajeándola periódicamente. Sin embargo, las cosas podían
ser peores, tal vez el muy cretino se pusiera a presumir de su hazaña con sus
amigos, mostrándoles las fotos, de modo que pronto el escándalo estallaría de
todos modos.
Esa posibilidad era tan aterradora de afronta… tan aterradora
como que lo peor podía apenas estar empezando. ¡Dios, qué miedo sentía en ese
momento!
Instintivamente Candy recorrió la habitación con la mirada,
buscando algo que le diera valor, o al menos una esperanza… En ese momento un
dulce recuerdo se abrió paso en su mente, el día que dejo el hogar de Pony por
primera vez. Ante ella se hizo presente el rostro sereno de la hermana Maria
extendiéndole una hermosa cruz de plata con la imagen de la virgen.
Desesperada, Candy se levanto para ir directo a su cuarto y
buscar en los cajones de su tocador, por suerte ella no tenía muchas alhajas,
salvo por algunos pendientes y collares de fantasía, cuando lo encontró cayo de
rodillas hay mismo para hacer lo único que le quedaba: Rezar.
Poco a poco la joven enfermera fue recordando las oraciones
que había aprendido de niña y con cada palabra logro tranquilizarse un poco. Al
tiempo que se aferraba a algo que le habían enseñado hacia mucho tiempo. Existe
un Dios que perdona y hace justicia. Candy puso todo el arrepentimiento que
tenía por sus actos, pues obligada o no lo cierto es que se había entregado en
brazos del mal, y continuó orando con el crucifijo entre sus manos, pidiendo por
una redención, un perdón y una buena esperanza.
Una esperanza.
-Señorita Pony… Hermana Maria.-murmuro casi sin darse
cuenta.-Albert por favor, perdónenme. Por favor, ayúdenme. Por favor…-
Por la tarde, cerca de la 1pm, la joven tuvo que hacer acopio
de todo su valor para presentarse en su trabajo. Después de haber tomado una
jarra de café bien cargado y una buena dosis de ácido salicílico para mitigar
los efectos de la resaca (*). Su rostro estaba muy pálido y tenía profundas
ojeras. Como lo esperaba todas sus compañeras le miraron acusadoramente y
murmuraban a sus espaldas apenas pasaba junto a ellas. Sin duda creían que sus
últimas fallas no eran sino una total falta de profesionalismo, propio de una
"niña rica" que seguramente solo trabajaba para matar el tiempo.
A pesar de todo Candy continuo con su camino hasta llegar a
los vestidores, donde se cambio de ropa, para luego presentarse en la recepción.
Ahí se encontró con la jefa Browning, quien le recibió con una mirada larga y
fría.
-Preséntate en la oficina del Dr. Lenar.-fue lo único que le
dijo antes de volver a sus propias actividades. Candy no dijo nada, sabía que
era inútil, y se encamino hacia le despacho del director, donde tuvo que hacer
antesala pues el Dr. Lenar estaba en una junta de médicos.
-Tome asiento.-le dijo la secretaria del director señalándole
un estrecho sofá colocado a un lado de su escritorio. La joven hizo lo que se le
indico y espero por varios minutos. Tiempo que uso para pensar en lo que debía
decirle al Dr. Lenar, cuidándose de no rebelar algún detalle que delatara su
doble vida.
-Pase por favor.-le dijo al fin la secretaria del director.
Al entrar a la oficina Candy sintió de inmediato la severa mirada del Dr. Lenar
clavada en su persona.
-Siéntese señorita White.-dijo el director con un tono tan
áspero que sus palabras parecieron más una orden que una invitación. Candy se
acerco hasta el escritorio y tomo asiento frente a su superior, mientras este
revisaba detenidamente un expediente.
-Creí haber sido muy claro cuando le dije que en este
hospital no tendría privilegios especiales.-
-Dr. Lenar…-
¡No me interrumpa!-espeto el galeno mientras le mostraba a la
joven el contenido de expediente que tenía entre las manos.-¡Retrasos, abandono
de su puesto, quejas por mal trato por parte de los familiares de nuestros
pacientes, y para colmo hoy llego con medio día de retraso!-
-Por favor Dr. Lenar… Déjeme explicarle…-
-Muy bien.-dijo el medico mientras introducía una mano en su
saco.-¡Empiece por explicarme esto!- dijo el medico al tiempo que arrojaba una
serie de fotografías sobre su escritorio. Candy se levanto de un salto al
reconocer de inmediato aquellas lascivas imágenes. ¡Ahí estaba ella! ¡Desnuda y
siendo violada por Neal, aunque las imágenes no lo demostraran!
-¿Y bien?-dijo el Dr. Lenar saliendo de atrás de su
escritorio.-¡¿Qué explicación puede darme para esta conducta Señorita
White?!-Candy no pudo responder, su cabeza le daba vueltas, la vista de le nublo
dramáticamente y al final sus piernas se negaron a seguir sosteniéndola, por lo
que cayo de rodillas en medio de la oficina.
-Eso… eso…-era todo lo que salía de sus labios mientras sus
ojos se llenaban de lágrimas. El director la miro impasible durante unos
instantes. Luego se acerco a ella y le hablo en un tono menos severo.
-Vamos Candy.-le dijo al tiempo que le extendía la mano para
ayudarla a levantarse.-Deje de llorar y levántese ahora mismo.-la joven
enfermera levanto la cara y miro el rostro del Dr. Lenar, de pronto ya no
parecía tan indignado, y por un momento tuvo la esperanza de que le escucharía
y, tal vez, incluso le creería. Así pues acepto su ayuda y se incorporo.
-Gracias Dr. Lenar.-dijo la joven al quedar frente al medico.
Este la miro fijamente y, sin soltarle la mano, se recargo en un extremo de su
escritorio.
-¿Se da usted cuenta de que mi deber con el hospital, y con
nuestros pacientes, es despedirla en el acto y mandar un boletín para que no le
admitan en ningún otro lugar?-
-Si.-dijo Candy al tiempo que sentía la mano del Dr. Lenar
apretando la suya con más fuerza.
-Pues bien Candy. Estoy dispuesto a guardar su pequeño
secreto y a permitir que siga trabajando con nosotros. Si promete compensarme.-
-¿Compensarlo?-repitió la joven enfermera al tiempo que
trataba de soltar su mano de la del medico.-¿Qué quiere decir con eso Dr.
Lenar?-
-Vamos. No necesita hacerse la tonta conmigo.-dijo el
director al tiempo que tiraba del brazo a Candy para obligarla a acercarse más a
él.-¡Hora de coger puta!-
-¡Déjeme en paz!-grito Candy al tiempo que se soltaba de la
mano del director. Desesperada se volvió buscando la puerta para escapar, pero
antes de que pudiera dar un paso descubrió que estaba completamente desnuda. ¡Su
uniforme de enfermara había desaparecido lo mismo que sus botas! Aterrada, casi
al borde de un ataque de nervios, huso sus manos para tratar de cubrir tanto sus
hermosos pechos coronados por pezones rosados, así como su rapado monte de
Venus.
-¡NOOOOOOOO! ¡Esto no puede ser, me estoy volviendo
loca!-apenas termino de decir aquellas palabras Candy se volvió hacia el Dr.
Lenar, solo para darse cuenta de que él también estaba desnudo, atónita miro el
cuerpo robusto del director el cual tenía una gruesa capa de vello que le cubría
casi completamente del cuello para abajo. Pero lo más impresionante era que
tenía un enorme pene, rojizo y con un glande del tamaño de un corazón de niño.
Aquel miembro se movía por si solo de forma oscilante, para arriba y para abajo,
y Candy no podía apartar los ojos de esa cosa que ahora se le acercaba.
-Ven acá puta.-le dijo el Dr. Lenar al tiempo que la tomaba
en sus brazos para besarla groseramente. La joven enfermera doblo la espalda
hacia a tras para escapar de los labios húmedos del director, al tiempo que
trataba de apartarlo usando sus brazos, forcejea desesperadamente en contra de
su nuevo verdugo, pero la lucha fue breve y pronto sintió el contacto de los
labios del hombre sobre los suyos y lo que era peor, el roce el falo del
director tocando a las puertas de su sexo.
¡Y ella encontró agradable el roce de la verga entre sus
piernas! En ese momento el Dr. Lenar la levanto como a un costal de papas y sin
ninguna consideración le deposito sobre su escritorio. Candy sintió
inmediatamente el peso del robusto director sobre su cuerpo, aplastándola sobre
la fría superficie de caoba, al tiempo que le encajaba todo su pene en su vágina
de un solo golpe.
-¡NOOOOOO!... ¡OTRA VEZ NOOOOOO!-grito la joven enfermera
negándose a ser violada nuevamente. Con todas sus fuerzas Candy trato de
incorporarse para escapar de la penetración, pero las manos de Dr. Lenar le
sujetaron por los hombros y la azotaron de nuevo sobre la superficie del
escritorio al tiempo que le abría las piernas con su cadera para volver a hundir
su verga con mayor fuerza.
-Nooghhhhhh…. Aaaagggghhhhh.-el grito de Candy debió resonar
por todo el hospital, Un grito que era mezcla de terror, amargura y… placer. ¡De
un placer inmenso! Mientras el director la miraba sonriendo como un loco y la
cabalgaba como un poseso. Ella trataba de luchar pero su cuerpo se rindió casi
de inmediato, abandonándose a las sensaciones que le provoca esa carne dura que
raspa en sus entrañas.
-Nohgggggghhhhhhhh Naaaaghhhhhh.-los gemidos de placer y
dolor por parte de Candy se hacían cada vez más fuertes, el placer es grandioso,
la vista se le nubla cada vez que la verga de Lenar entra y sale de su vulva.
-¡Muévete como puta, eso eres, una asquerosa puta! ¡Muévete!-
-¡SEÑORITA!-la voz de la secretaria del Dr. Lenar hizo que
Candy saltara de su asiento. Su cuerpo temblaba como una hoja al tiempo que un
sudor frío le cubría de pies a cabeza.
-¿Qué…? ¿Qué ha pasado?-dijo entre jadeos.
-Se quedo dormida.-le respondió la secretaria mientras la
miraba como a un bicho raro.-La junta termino hace cinco minutos y el director
ya le esta esperando.-
-Lo siento.-dijo Candy dándose cuenta de que aquella mujer
sin duda creería que estaba loca. Sin embargo, no podía preocuparse por eso en
aquel momento y en silencio se encamino a la oficina del Dr. Lenar. La
secretaria le abrió la puerta y la joven entro sin más preámbulos.
Como ocurriera en su sueño, el director le recibió con una
fría mirada desde atrás de su escritorio, mientras sostenía un archivo entre sus
manos.
-Siéntese señorita White.-le dijo con tono áspero mientras se
recargaba en el respaldo de su silla. Candy hizo lo que le medico le ordeno y en
silencio espero a que él comenzara aquella entrevista.
-Creí haber sido muy claro cuando le dije que en este
hospital no habría privilegios especiales para usted, a pesar de su relación con
la familia Andrew.-
-Dr. Lenar…-
-¡No me interrumpa!-espeto el director dando un golpe sobre
la superficie de su escritorio.-¡En un mes ha usted acumulado quejas por
abandono de trabajo, mal trato a los familiares de los pacientes, é incluso hoy
llego con medio día de retraso! -
-Por favor Dr. Lenar. Déjeme explicarle…-suplico Candy
temerosa de estar viviendo una nueva pesadilla. Sin embargo, la aptitud del
director le hizo comprender que no era así.
-Muy bien. Explíquese entonces señorita White.-fue en ese
momento que la joven se dio cuenta de que no podía decir nada en su favor sin
delatarse o levantar alguna sospecha sobre lo que venía ocurriendo con su vida
desde hacia ya algunas semanas.
-Estoy esperando señorita White-
Dios, que podía decir.
-¿Señorita White?-
Dios, que podía decir.
-Lo siento.-dijo la joven al fin apretando los puños con
rabia.-Dr. Lenar. Soy culpable de todos los cargos en mi contra y estoy
dispuesta a asumir las consecuencias.-el director miro a Candy por algunos
minutos, ¿acaso se había equivocado al juzgar a aquella chica? En realidad no lo
creía. En cambio tenía la impresión de algo muy malo tenía que haberle pasado
para provocar que descuidara su trabajo de aquella manera. Al final dejo que su
corazón le dictara cual debía ser su proceder.
-Escúcheme bien señorita White. Normalmente una enfermera que
comete este tipo de faltas solo puede recibir una sanción: El despido.-Candy
sintió que las piernas le fallaban al tiempo que sus ojos se llenaba de
lágrimas. Aquello representaba algo más que la pérdida de un empleo, significaba
la total destrucción de su forma de vida, de todo lo que ella había logrado ser
a base de trabajo y dedicación.
-Sin embargo, no se porque, aún tengo fe en usted.-Candy
sintió que la esperanza renacía tímidamente en su corazón ante las palabras del
Dr. Lenar. Este por su parte se mostró indeciso por unos instantes antes de
continuar.
-Por esta vez solo voy a aplicarle una sanción
administrativa. Así que partir de este momento quedara usted suspendida durante
dos semanas, sin sueldo. Al final de ese plazo podrá reincorporarse a su trabajo
pero quedara relegada a labores menores hasta nuevo aviso. ¿Esta claro?-A pesar
de lo riguroso de aquella sanción Candy sintió una curiosa sensación de alivió
al darse cuenta de que, a su manera, el director le estaba brindando una
oportunidad para salvar su trabajo.
-Gracias Dr. Lenar.-dijo la joven sin poder ocultar su
gratitud hacia el director del hospital.
-No me lo agradezca.-le respondió tajante el Dr. Lenar
reasumiendo su papel como responsable del hospital.-Le advierto que cuando
vuelva voy a mantenerla vigilada y si hay alguna queja sobre su conducta, por
pequeña que sea, la despediré sin pensarlo dos veces. Ahora váyase y espero que
con esto recuerde la importancia de su labor.-la joven enfermera no dijo nada y
abandono la oficina del director. Sin más que hacer Candy regreso al cuarto de
enfermeras para cambiarse de ropa y se marcho del hospital sin rumbo fijo. Por
varias horas la joven enfermera vago sin rumbo por las populosas calles de
Chicago. Sumida en sus reflexiones.
No fue sino hasta que las primeras sombra de la noche
descendían sobre la ciudad que sus pasos sin rumbo la llevaron de vuelta a su
casa. Lo único que se le antojaba era entrar a su departamento y descansar un
poco. Sin embargo, apenas entro en la casa se topo de frente con su casero,
quien le miraba con inusual severidad.
-Candy. Necesito hablar contigo.-le dijo al tiempo que, con
un ademán, le invitaba a pasar a la parte baja de la casa, donde él vivía en su
propio apartamento. Una vez dentro ambos tomaron asiento en el pequeño comedor
del dueño de la casa.
-¿Qué ocurre señor Thomas?-pregunto la joven enfermera, aún
cuando ya intuía la respuesta.
-Se trata del alquiler.-le dijo el propietario sin ocultar
una cierta molestia.-Estas retrasada casi dos semanas.-
-Lo se.-le respondió Candy con las majillas encendidas por la
vergüenza.
-¿Y bien?-
-Algo paso… y… bueno ¿Podría darme un poco más de tiempo?-el
casero miro a la joven enfermera con preocupación. Desde hacía ya algún tiempo
le había notado rara, como si estuviese enferma o algo parecido, y luego estaba
la siniestra visita de aquel tipo con aspecto de matón. Por un momento tuvo el
impulso de preguntarle a la joven sobre el significado de todo aquello. Pero al
final desecho la idea, pues no le pereció correcto interrogar a su inquilina
sobre su vida privada.
-Esta bien Candy. Este mes lo cobrare del fondo (*), pero no
olvides que tendrás que pagarme el doble el mes próximo.-
-Gracias señor Thomas.-dijo la joven sintiéndose apenada por
haber tenido que llegar a esa situación.-Le prometo que no volverá a ocurrir.-
-Eso espero Candy.-le dijo el dueño mientras solevantaba de
su asiento para acompañar a la joven hasta puerta.-¿Me acompañarías a cenar? He
preparado un poco de pescado a la sureña.-
-Quizás otro día.-le dijo Candy tratando de sonreír un
poco.-Hoy tuve un día muy pesado y quiero acostarme temprano.-
-Esta bien Candy. Buenas noches.-
-Buenas noches señor Thomas.-el viejo miro a su inquilina
ascender por las escaleras y desaparecer en la parte superior de la casa.-¿Qué
esta pasando contigo Candy?-se pregunto antes de cerrar la puerta.
Durante los días que siguieron no ocurrió nada importante.
Excepto que Candy comenzó a reponerse en forma notable de su infortunada odisea,
recuperando un poco su antiguo estado de ánimo, junto con el hermoso brillo de
sus ojos verdes, aunque ahora sonreía menos que antes. La joven se sentía cada
vez más confiada en que su pesadilla había terminado. Y por lo mismo, se
esforzaba por olvidar aquellos días oscuros.
Sin embargo, una tarde ocurrió algo inesperado. Alguien llamo
a su puerta.
-¿Quién es?-pregunto sin poder evitar que su voz le temblara.
Por fortuna para ella la respuesta no fue la que temía.
-Somos nosotros.-le contesto una voz que reconoció de
inmediato.
-¡Annie! ¡Archie!-exclamo al tiempo que abría la puerta de su
casa. En efecto, en el umbral apareció una pareja de jóvenes. Annie iba
elegantemente vestida y peinada como correspondía a una dama de la alta
sociedad, lo cual resaltaba aún más su notoria belleza. Por su parte Archi lucia
excelente con su elegante traje negro, camisa de seda y corbata negra sujeta por
un elegante fistol de plata con el emblema de los Andrew grabado en el. Claro
que se habría visto mejor si no tuviera los brazos cargados de paquetes de todos
tamaños y formas.
-¡Candy!-exclamo Annie adelantándose para abrazar con fuerza
a su mejor amiga, quien de inmediato le correspondió efusivamente.
-Ha pasado tanto tiempo.-dijo Annie sin poder evitar que las
lágrimas brotaran de sus ojos.
-Demasiado.-le contesto Candy igualmente afectada. Las dos
chicas permanecieron así por varios minutos hasta que Archi se vio obligado a
toser un poco para hacerse notar.
-Cof… cof…-ambas chicas le miraron casi sorprendidas, como si
el joven hubiese salido de la nada, luego se miraron entre si de forma traviesa.
-Oye Annie. ¿Conoces a este chico?-pregunto la joven
fingiendo desconcierto.
-No estoy segura.-le respondió Annie siguiéndole la
corriente.-Creo que trabaja en la tienda donde hice mis compras.-
-Muy graciosas.-dijo Archi sin encontrar el chiste.
-Lo siento.-dijo Candy apartándose de Annie para ayudar a su
pariente político.
-No hay cuidado.-dijo Archi agradecido de que Candy aligerara
un poco su carga.
-Pasen y tomen asiento por favor.-les invito la joven
enfermera cediéndoles el paso a su hogar. Poco después, Candy preparo un poco de
café mientras sus visitantes descansaban en la sala.
-¿Qué los trae por aquí?-les pregunto en cuanto regreso con
una cafetera y tres tasas de losa blanca que de inmediato lleno con el aromático
líquido.
-Candy… ¡Archie y yo vamos a casarnos dentro de un
mes!-anunció Annie sin poder contener las ganas de abrazar con fuerza a su mejor
amiga. Sin embargo, Candy no parecía compartir su alegría, o la menos eso
parecía, pues se quedo callada; sin dar la menor muestra de alegría ante la
noticia que acababan de darle.
-Oh Candy… ¿Qué te ocurre?... Acabo de darte la noticia más
importante de mi vida y parece que no te importa.-dijo la joven dama con
reproche.
-No digas eso Annie.-le respondió la pecosa al tiempo que la
estrechaba contra su pecho.-Estoy muy feliz por ustedes. De verdad.-si alguna
vez Candy había envidiado la suerte de su amiga sin duda fue en ese momento. Por
alguna razón el destino le había dado a Annie las mejores cosas de la vida, una
familia, un padre que la amaba, la gracia y el refinamiento necesarios para ser
una dama y finalmente el amor de un buen chico como Archie.
La joven enfermera podía ver claramente en su imaginación la
radiante figura de Annie, vestida de blanco y caminando hacia el altar donde le
esperaba la felicidad en compañía de Archie. Mientras que ella estaba condenada
a la tristeza, a la oscuridad, a mantenerse alejada de sus seres queridos para
no ensuciarlos con sus faltas.
Imposible era borrar los recuerdos y curar el dolor de su
corazón. ¿Qué dicha, qué alegría domestica podría ella proporcionarle a otra
persona cuando se sentía sucia, vil, avergonzada consigo misma? Una mujer a
quien sería necesario ocultar de la sociedad, cambiarle el nombre o expatriarla
a una tierra lejana. Candy no pudo evitar que dos gruesas lágrimas resbalaran
por sus mejillas.
-Candy.-murmuro Annie dándose cuenta de temblor que sacudía
el cuerpo de su amiga. Sin embargo, su natural egoísmo le hicieron pasar por
alto aquella extraña conducta.
-Vamos no es para tanto.-dijo la joven dama apartando un poco
a su amiga.
-Lo siento.-dijo Candy tratando de recobrar la compostura.-Es
solo que…-
-Aún piensas en Terri ¿Verdad?-dijo Archie creyendo descubrir
el motivo de aquellas lágrimas en los ojos de su amiga.
-¡Archie!-le reprendió Annie lanzándole una mirada casi
fulminante.
-No te preocupes Annie.-dijo Candy con toda serenidad.-La
verdad es que todavía me duele un poco… muy poco. Pero olvidemos eso. Ahora solo
quiero saber todo lo relacionado con su boda.-
-Para empezar vinimos a entregarte esto.-dijo Annie al tiempo
que abría su bolso para sacar de el un elegante sobre laqueado, mismo que le
entro a Candy.-Es tu invitación.-La joven enfermera tomo el sobre y contemplo el
inconfundible emblema de los Andrew impreso sobre el sello de cera roja.
-¿Puedo abrirlo?-pregunto indecisa, pues no sabía cual era la
costumbre entre la gente de la alta sociedad.
-Desde luego.-le contesto Annie sonriendo. Candy rompió el
sello y extendió el papel ente sus ojos. Decía:
-"Queda usted cordialmente invitado a la boda de la Señorita
Annie Britter con el Señor Archie Andrew. El día 14 del mes de julio de 18..
Después se apreciara su presencia en la recepción que tendrá lugar en la casa de
la familia Andrew en Chicago."-
-Además hay otro motivo por el cual estamos aquí.-dijo Archie
haciéndose el misterioso.
-¿Otro motivo? ¿De que se trata?-pregunto Candy
interrumpiendo la lectura de su invitación.
-Candy… ¡Quiero que seas una de mis damas de honor!-dijo
Annie con una amplia sonrisa iluminándole la cara.
-¿Dama de honor? Pero yo…-
-Por favor… por favor…-suplico Annie con una expresión de
niña buena que Candy conocía muy bien.
-Err… me encantaría Annie… Pero no tengo un vestido
adecuado.-dijo Candy tratando de negarse. Pues lo que menos necesitaba en ese
momento eran compromisos sociales. Sin embargo, Annie no estaba dispuesta a
dejarla escapar.
-Por eso no te preocupes.-le dijo al tiempo que le extendía
una elegante tarjeta.-Ve a este lugar y ahí te lo darán.-
-¿Cómo que "me lo darán"?-
-Es la última moda Candy.-le explico la joven dama.-Las damas
de honor deben ir vestidas del mismo modo, por lo tanto los vestidos se mandan
hacer a la misma casa de modas para que sean de la misma tela y modelo.-
-Annie. Yo no puedo pagar por un vestido así.-
-No te preocupes por eso. Le pedí a mi padre que él lo pagara
y estuvo de acuerdo.-
-¿Qué cosa?-exclamo Candy sintiéndose ofendida.-¡Annie, no
puedo aceptar que tu padre me compre un vestido tan caro! ¡No es correcto!-
-Sabía que dirías eso.-dijo Annie sacando un segundo sobre de
su bolso.-Toma.-Candy se quedo sorprendida de la eficiencia con que su amiga
estaba manejando la situación, de hecho sintió por primera vez el deseo de
estrangularla, pero al final tomo le sobre y abriéndolo leyó su contenido.
-Querida Candy:
Te suplico que aceptes el vestido como una muestra de mi
aprecio.
Atten: Herri Britter.-
-Tramposa.-dijo Candy levemente disgustada con Annie.-¿Desde
cuando sabes manipular tan bien a los demás?-
-A los demás no Candy, solo a ti porque eres mi única
hermana.-aquellas palabras conmovieron a la joven enfermera haciendo que
terminara por aceptar. Por un rato Archie y Annie se quedaron con ella,
platicando y dándole más detalles sobre la boda. Hasta que, cerca de las 4:00pm,
Archie tuvo que interrumpir la reunión.
-Tenemos que irnos.-dijo levantándose del sofá.
-¿Tan pronto?-dijo la joven dama casi con reproche.
-Lo siento Annie. Pero hoy tenemos que ir a la iglesia para
comenzar con las amonestaciones.-
-Por mi no se preocupen.-dijo Candy con naturalidad, aunque
en el fondo lamentaba que sus amigos tuvieran que marcharse. Su visita le había
ayudado a alejar su tristeza, aunque solo fuera por unas horas.
-Bien. Entonces nos veremos dentro de un mes.-dijo Annie
resignada.-Ah olvidaba decirte algo.-
-¿Que es?-
-Oh nada importante.-dijo Annie al tiempo que acomodaba
rápidamente sus paquetes en los brazos de Archie, a quien casi saco a empujones
del departamento.-Solo que tendrás que presentarte al ensayo de la boda, dentro
de tres semanas.-
-¿Ensayo de la boda? ¿Cómo puede ensayarse una boda?-
-Te lo explicare después.-dijo al tiempo que depositaba un
beso en la mejilla de Candy.-Nos vemos.-
-¡Espera un momento!-dijo la joven enfermera saliendo en
persecución de la pareja.-¡Nunca dijiste nada sobre eso! ¡No puedo faltar al
trabajo solo por un ensayo! ¡AANNNIIIEEE!-pero la joven dama y su novio ya
habían bajado las escaleras y ganado la calle, donde les aguardaba un auto con
chofer. De modo que cuando Candy abrió la puerta de la calle solo pudo ver el
auto arrancando.
-¡Me las vas a pagar "hermana"!-grito Candy sin importarle
que los transeúntes le miraran como a una loca.
Así paso la primera semana de castigo para Candy, tiempo que
le sirvió a la joven para recobrarse un poca más, lo suficiente como para
"visitar" cada tarde a su antiguo patrón el Dr. Martin en su pequeña clínica y,
ya que estaba por ahí, ayudarlo con sus pacientes y con las labores propias del
consultorio. Aquella actividad resulto muy terapéutica para la joven enfermera,
quien cada día se sentía más tranquila y segura de si misma. Luego una tarde,
ocurrió un evento que Candy no esperaba.
-Hasta mañana doctor.-dijo Candy al tiempo que habría la
puerta de la clínica. Mientras el galeno luchaba a brazo partido por resolver el
rompecabezas que siempre llevaba en su overol.
-Hasta mañana Candy.-le respondió el medico que apenas y
podía disimular su impaciencia por quedarse solo para poder beber un buen trago
de whiski. Candy lo sabía y estaba más decidida que nunca a ayudarlo para que
dejara de beber, pero estaba conciente de que eso llevaría su tiempo. Al salir
de la clínica, o mejor dicho de la pequeña cabaña del Dr. Martín, Candy se
detuvo un momento y contemplo el bello paisaje del parque iluminado por el sol
de la tarde. En las cercanías de la clínica unos niños, de los que siempre
jugaban por ahí, pasaron corriendo junto a ella al tiempo que la saludaban
alegremente.
-Hasta mañana Candy.-le gritaron en coro antes de desaparecer
por el bulevar.
-Hasta mañana.-les contesto ella con su natural sonrisa. Pero
apenas avanzo unos cuantos pasos cuando escucho una voz muy familiar.
-Hola Candy.-la joven enfermera miro reconoció de inmediato
la voz de aquella persona, aunque hacía casi un año que no sabía nada de ella.
-¡Abuela!-exclamo la joven al ver frente a ella a la abuela
de su amiga Patty O’Brian.
-La misma que viste y calza.-le respondió la anciana con su
habitual sonrisa cargada de energía juvenil, a pesar de estar cerca de los 70
años.-¿Cómo has estado jovencita?-
-Bi.. bien..-balbuceó la joven enfermera, sintiendo un temor
casi irracional hacia ese tipo de preguntas.
-¿Cómo esta Patty?-pregunto para llevar la conversación a
terrenos más seguro. Pero para su sorpresa el semblante de al abuela se torno
sombrío y preocupado, tanto que la mujer pareció envejecer ante sus ojos.
-De hecho, es por ella que estoy aquí.-dijo la anciana con el
pesar marcado en su voz.-¿Podemos sentarnos Candy? De pronto me siento muy
cansada. La aptitud de la señora preocupo a la joven, ¿Qué podía ser tan grave
como para abatir a una mujer tan fuerte como la Señora 0’Brian?
-¿Qué pasa abuela?-pregunto casi asustada mientras tomaban
asiento en una banca del parque.
-Candy… Patty intento suicidarse.-aquellas palabras resonaron
como una bomba en los oídos de Candy. Patty , su amiga; la bella y tímida chica
de lentes que tantas alegrías había compartido con ella en el colegio San Paul,
que había sido su cómplice en el baile del festival de Mayo, que había sufrido
enormemente la muerte de Stear; su amiga a quien consideraba como parte de la
familia que nunca tuvo…¿Había tratado de suicidarse?
-¡No puedo creerlo!-dijo la joven enfermera poniéndose de pie
de un salto.-¡Debe haber alguna equivocación! ¡Patty no podría hacer una cosa
así!…-
-Pero lo hizo Candy. Desgraciadamente lo hizo.-dijo la
anciana mientras las lágrimas resbalaban por sus marchitas mejillas. Candy se
dejo caer sobre la banca y por unos instantes ninguna de las dos se atrevió a
decir nada más.
-¿Cómo paso?-pregunto la joven sacado fuerzas de flaqueza.
-Después de la muerte de Stear lleve a Patty conmigo a
Florida, tu sabes para que descansara y se recuperara por su muerte. Pero en vez
de eso se volvió cada vez más huraña, pasando el tiempo encerrada en su cuarto
sin hablar con nadie más de cuatro palabras. Te juro que trate de hacer que se
distrajera con paseos, reuniones, incluso le propuse que nos fuéramos de viaje
por Sur América. Pero a ella nada parecía importarle y finalmente me preocupe
tanto que termine llevándola con un doctor.-en ese punto la anciana hizo una
pausa, abatida por los tristes recuerdos.
-¿Cuál fue el diagnostico?-pregunto Candy instándola a
continuar.
-Melancolía.(***)-dijo la señora O’Brian con tono fatal.-Una
profunda y horrible melancolía.-
-Ya veo. ¿Y que le receto el doctor?-
-¡Ese farsante! Lo único que se le ocurrió fue que internara
a Patty en una "clínica de descanso" ¡Una forma elegante de decir manicomio!
¡Pero mi nieta no esta loca!-
-Claro que no.-dijo Candy tomando las manos de la señora
entre las suyas para ayudarla a tranquilizarse.-Yo tampoco creo que Patty este
loca. Pero dígame, ¿Por qué creen que intento suicidarse.-
-Fue poco después de llevarla con ese fantoche. Ella estaba
muy agotada y dijo que se iría a dormir. Pero al poco rato escuchamos un
estruendo y al acudir la encontramos sin sentido al pie de las escaleras. Ella
dice que sufrió un mareo, pero uno de los criados dice que la vio llegar la piso
de arriba, caminar por le pasillo y luego regresar sobre sus pasos para
arrojarse escaleras abajo.-
-¿Y usted que cree?-
-No lo se.-dijo la anciana dando un profundo suspiro.-Quiero
creer en Patty, pero ese muchacho, nuestro sirviente, no tenía porque mentir. Es
por eso que vine a verte. Para pedirte que ayudes a mi nieta.-
-¿Yo? Pero…-
-Por favor Candy. Mi nieta no necesita médicos que la traten
como a una enajenada. Lo que necesita es una amiga fuerte en quien apoyarse.
Patty te necesita a ti.-
-¿Acaso quiere que vaya con usted a Florida?-pregunto Candy
sin comprender del todo lo que la señora O’Brian le estaba pidiendo.
-Claro que no.-le dijo la anciana.-Lo que quiero es que
permitas que Patty se viva contigo por una temporada.-
-¿Vivir conmigo?-
-Naturalmente. Así podrías cuidarla discretamente y ella se
sentirá en libertad de contarte lo que realmente paso esa noche.-Candy medito
por algunos minutos, en verdad no se sentía lo bastante fuerte para enfrentar
una situación así, pero tampoco podía dejar a su amiga a su suerte.
-Esta bien abuela. Pero con una condición.-
-¿Cuál?-
-Quiero que me deje llevar a Patty al hospital donde trabajo
para que conozca al Dr. Anderson.-
-¿Es un "loquero"?-pregunto la señora O’Brian con
desconfianza.
-No. Es un medico con mucha experiencia en estos casos.
Alguien que sabe escuchar a sus pacientes.-
-Esta bien Candy.-dijo la anciana con una sonrisa de
satisfacción.
-¿Cuándo veré a Patty?-
-La próxima semana.-aseguro categórica.-Yo misma la llevare a
tu casa tan pronto como termine unos asuntos que tengo aquí en Chicago. Así le
pacto quedo hecho y ambas se levantaron de la banca para caminar un poco por el
parque. Ninguna de ellas descubrió la escuálida figura del hombre que, agazapado
detrás de un árbol, había estado escuchando su conversación. Cuando Candy y la
señora O’Brian se perdieron de vista aquel tipo salio de su escondite y camino
en dirección contaría mientras encendía un cigarrillo de mal oliente tabaco.
-Interesante.-pensó al tiempo que soltaba una bocanada de
humo.-Muy interesante…-
CONTINUARA….
Autor: CrocCruac.
Notas: (*) El ácido salicílico fue muy usado por los médicos
durante la década de 1800 para tratar las molestias provocadas por las reumas,
fiebres y dolores de todas clases.
(**) En muchos países, incluyendo los Estados Unidos, se
acostumbra que los inquilinos depositen uno o dos meses de alquiler por
adelantado, a esto se le llama "fondo", a fin de que los dueños tengan una
garantía contra cualquier eventualidad.
(***) Melancolía era el termino de la época para referirse a
lo que hoy conocemos como depresión o estrés en su grado más alarmante.