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Fecha: 09-Ene-05 « Anterior | Siguiente » en Zoofilia

Negocios

lectorescritor
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Una cuestion familiar que resulta un negocio a la medida de la familia. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Negocios familiares

Mi primera relación sexual fue lésbica e incestuosa, la tuve con la hermana menor de mi madre, una tía que me lleva seis años, de cuerpo pequeño, apariencia común, tímida y carácter introvertido, no le conocí novio, parecemos hermanas lo que permitió acercarnos y hacernos intimas, fue quien me introdujo en el sexo. Gracias a su habilidad para los negocios desde muy joven se hizo independiente. Desde los doce años pasé los veranos ayudándole en su negocio de la playa, trabajando duro desde que salía el sol hasta bien entrada la noche. Mi recompensa fue que a los catorce años comencé a gozar del placer sexual y mientras las chicas de mi escuela se entretenían en los campamentos, yo ahondaba en el amor lésbico con mi tía.

Llevábamos poco tiempo de relaciones sexuales y una noche después de lamerme la concha de lo lindo, fui penetrada por primera vez en mi vida, mi tía me desvirgó el ano con un juguete suyo, después de lo cual se me hizo normal que me hiciera el culo cada vez que nos amábamos. Una tarde salí a un mandado y al volver porque había dejado la lista, vi que el negocio estaba cerrado. Extrañada fui a casa, al entrar en la cocina escuche unos gemidos y en la habitación de mi tía los vi, el perro la montaba mientras ella a cuatro patas como una perra, gemía al compás del rápido meneo del animal. Oculta tras la puerta los observe hasta que quedaron abotonados, la visión de mi tía unida con el perro fue tan excitante que me desnude y sorprendiéndola deje mi sexo a su alcance, me lamió mientras estaban abotonados. Así supe que el perro también se montaba a la tía y ella contó que había conocido el sexo años atrás, con una mascota suya que la desvirgó. Ese verano su perro era un mestizo grande que recogió de cachorro en la playa y lo crió. A partir de entonces cuando podía incluía al perro en nuestras sesiones de amor y semanas después de desvirgarme el ano, permitió que su perro me hiciera el culo y fue así que sin aun tener quince años, probé la zoofilia.

Mi hermano mayor por dos años y yo somos muy unidos desde niños. A mitad de ese verano el se quedo sin empleo y para mi alegría, la tía lo trajo a que nos ayudara, a su edad había desarrollado mucho físicamente, nos llevaba casi una cabeza de altura a las dos y aunque no lo reconocí en ese momento, me enamoré de el. Al tercer día de estar con nosotras, mi tía lo inicio en el sexo, lo hacían a mis espaldas y cuando los descubrí, al espiarlos se me hizo claro el deseo de ser suya también.

Una noche mi tía me vendo los ojos diciendo que era un nuevo juego y cuando me hacia el culo, estando yo con el pecho sobre la cama y las rodillas en el piso, atrapada por ella y la cama, mi tía saco el juguete de mi culo. Al ser penetrada de nuevo lo sentí caliente y vivo, totalmente diferente. Rápidamente me quite la venda, me volví y era mi hermano, yo tenia su pene en el culo con la tía a nuestro lado. Excitada levante ambos brazos y jalando su cara hacia abajo por sobre mi hombro, lo bese profundamente mientras empujaba hacia atrás, terminando de clavarme yo misma todo su pene. Lo había deseado tanto que casi me desmayo del placer al sentirlo totalmente dentro mío, enloquecida me tire sobre la cama y yo misma moví el culo, mientras la tía sentándose en la cama frente a mi, dejo su concha a mi alcance, se la comí con tantas ganas que la hice delirar también. Yo del culo y mi tía de la concha, esa noche terminamos chorreando semen que mi hermano mayor había depositado dentro de ambas. Fue el inicio de mis relaciones incestuosas con el.

A partir de ese día mis ansias juveniles las satisficieron mi hermano, mi tía y su perro, el cual no me abotonó el culo porque mi tía no lo permitió y tampoco dejo que ninguno de los dos machos me desvirguen la concha. Dormíamos juntos y casi todas las sofocantes noches de ese verano tuvimos relaciones, excepto cuando menstruábamos o cuando el cansancio nos rendía. Aprendí a contraer el esfínter al ser penetrada y a dilatarlo cuando me lo sacan, haciendo mas placentero la enculada, para mi y para el macho que me esta cogiendo, animal u hombre, y cuando quiero ajusto el ano y atrapo su pene en mi culo por el tiempo que desee.

Los tres atendíamos el negocio de la playa, mi tía y yo en bikini con mi hermano en bañador. Cuando habían pocos clientes, bajo el mostrador o en el deposito, hacíamos a un lado las trusas y bajando su bañador lo suficiente, el nos tomaba, a mi por el culo y a mi tía por donde se le antojara. En varias oportunidades atendimos, teniendo las trusas y entrepiernas empapadas de semen cubiertas por las toadas.

Casi al termino del verano, días antes de volver a casa, mi tía nos dio la ingrata noticia que se marchaba a otra ciudad, había aceptado un empleo que le habían ofrecido y vendido su negocio. Apenas hubo tiempo de arreglar todo. El día antes de volver empacamos y terminamos tarde de noche, como despedida ella me hizo el culo y luego, dejando a su perro haciéndome el culo, hizo el amor con mi hermano que le penetro ambos lados. Las relaciones con mi padrastro eran malas y en casa no había lugar para un perro, mi tía no podía llevarlo con ella y con pena, antes de marcharnos el siguiente día, lo entregó a unas vecinas solteronas que se habían encariñado con el.

Ya en casa la situación era tensa, mi hermano y yo, hijos del primer compromiso de mama, no le agradábamos a mi padrastro y el trato con el era solamente sobrellevarlo. Por ello éramos introvertidos pero muy unidos. Nuestras relaciones sexuales se limitaban a hacerme el culo rápidamente. Algunas veces, con la excusa de las tareas escolares, mientras mama estaba en la cocina, iba al cuarto de mi hermano en el sótano, con el calzón en los libros y mi ano embadurnado de crema, vistiendo una falda larga. Conforme bajaba yo le hacia una indicación y rápidamente bajaba su pantalón, tomaba asiento en la cama y me esperaba con su pene tieso. Dejaba los libros y de espaldas a el, me recogía la falda, me ayudaba sujetando mi cintura mientras yo me clavaba de culo en su pene hasta quedar sentada sobre el. Luego inclinada hacia delante y apoyada con las manos en sus muslos, subía y bajaba el trasero sin ruido haciendo círculos mientras contraía y dilataba el esfínter, prácticamente lo ordeñaba hasta que me llenaba con semen el recto, después ajustando el ano, me ponía de pie y tras colocarme el calzón por si acaso, subía directamente al baño.

Cuando no había nadie mas en casa, cuando mama estaba muy ocupada o descansando y mi hermanastra no se encontraba, el subía a mi dormitorio y nos amábamos con mas tranquilidad, aunque siempre vestidos, generalmente en posición del misionero me hacia el culo mientras nos besábamos apasionadamente. Casi nos pillan en varias oportunidades. En la escuela el que salía primero esperaba al otro y en los lugares mas solitarios del camino a casa caminábamos abrazados, besándonos enamorados mientras su mano me acariciaba el trasero, con un brazo iba colgada de su cuello sujetando mis libros con la otra mano. Muchas veces interrumpimos la caminata para colarnos en algún escondite y amarnos. Luego de chupar su pene, lo recibía en el culo siempre. Aunque el y yo deseábamos que me penetre la concha, no lo hicimos por mi temor a quedar embarazada.

Así fue nuestra vida durante ese año, al final del mismo las relaciones entre mi hermano y mi padrastro se complicaron tanto que mi hermano se fue de casa. Me encerré en mi misma y no volví a tener relaciones hasta años después, cuando la tía regresó. Poco después de tener dieciséis años, una tarde al volver del restaurante donde trabajaba a medio tiempo, encontré a mi tía en casa. Había llegado con un gran automóvil, era dueña de una enorme casa cerca a una playa de moda, según dijo gracias a los negocios que había hecho. Esa tarde habló con mama para llevarme con ella, necesitaba ayuda para su negocio y además le serviría de compañía, a cambio me daría estudios y una modesta paga.

No oculté la alegría de volver a verla y cuando mama aceptó, estallé de felicidad. Su ayuda me cayo de perlas, pues aunque a veces teníamos dinero, mi padrastro no quería gastar en mis estudios. Mi tía paso la noche con nosotros y al darle las buenas noches, me alcanzo un pequeño álbum que saco de su bolso, lo hojee en el baño, pues compartía la habitación con mi hermanastra menor de seis años, que siempre estaba acusándome con su papá. Eran fotos de un enorme dogo con todo el miembro expuesto y ella al lado totalmente desnuda. Sin poderlo evitar se me humedeció la entrepierna y me fue difícil conciliar el sueño.

El día siguiente me ayudo a empacar, llevándome con ella esa misma tarde. Camino a su casa nos detuvimos a comer y a hacer compras llegando entrada la noche. Bajamos todo y se metió al servicio con un paquete. Al salir la note rara, no lograba adivinar que era hasta que se sentó a mi lado, pues yo me relajaba en el modular. Me abrazó y me dio un profundo beso, lo imprevisto de su acción me desconcertó al inicio pero había extrañado tanto sus caricias que ansiosa cerré los ojos y me dejé llevar.

Besándonos apasionadamente, nos metimos a su habitación y empujándome sobre la cama se acostó sobre mi. Algo duro me presionó el vientre, rodamos y sus manos en mis nalgas me enloquecieron, nos detuvimos y me pregunto si lo había vuelto a hacer. Le dije que únicamente las verduras me consolaban el culo desde que mi hermano se había marchado de casa.

Me pidió que se lo enseñase, inmediatamente me acosté boca arriba, levante las piernas, me quite la trusa y pegando las rodillas a mis pechos, expuse mi virginal concha y mi ano trajinado. Me separó suavemente las nalgas y me exploró el ano con la lengua, mis ganas contenidas afloraron mientras me recorría la entrepierna, y cuando sentí su lengua en mi ano, tuve un orgasmo y me vine copiosamente por la concha.

Mi tía se incorporo y levantándose la falda dijo mira lo que tengo aquí, blandía un enorme pene postizo sujeto a su cuerpo por una trusa de vinil, era la dureza que había sentido. Pidió que lo chupara, sin hacerme repetir la orden, lo chupé y lo lamí. Me pregunto que deseaba, sin responder me coloque en cuatro patas sobre la cama, descubrí mi trasero recogiendo mi falda y poniéndolo en pompa, le pedí que me hiciera el culo.

Me unto crema y sentí el juguete, hizo presión en mi esfínter y se me introdujo, aunque frío y enorme fue delicioso ser atravesada. Lentamente mi tía comenzó a meterlo y sacarlo profundizando mas cada vez, hasta que la trusa de vinil se pegó en mis glúteos. Entre jadeos y gemidos, con el juguete clavado en el culo, me perdí en el placer. Totalmente fuera de mi, avance y retrocedí el trasero hasta que me vine en un gran orgasmo y quede tendida en la cama, con mi tía sobre mi ensartándome el culo con su juguete.

Después de cenar me aseé convenientemente, esa noche dormimos desnudas y mi tia volvió a hacerme el culo antes del amanecer, después de lo cual me dormí. Desperté a media mañana y ella no estaba, regresó casi a mediodía, yo terminaba de lavar los trastos del desayuno y la vi entrar al patio trasero jalando del collar al enorme dogo de las fotos.

Pasado el almuerzo, salimos al patio trasero y me presento al dogo, realmente era enorme y muy cariñoso, dijo que era su amante, que si me portaba bien podría sentir su cariño. Nos bañamos juntas y desnudas, fuimos a una habitación que tenia con llave, tras el estudio. Las paredes tenían espejos, en el techo sobre una cama enorme, un espejo de mismo tamaño lo ocupaba, una cómoda, un closet empotrado y un cuarto de baño.

Del closet saco un juguete raro, la prótesis pegada a unas correas de cuero en forma de trusa se la introdujo en la concha y la aseguro con las correas, se cubrió con una falda de tela gruesa que llegaba a sus muslos y sin sujetador se puso una blusa suelta. Luego tomo otro juguete similar con una prótesis en forma de chupón en punta y mientras lo untaba de pomada, me dijo que me inclinase sobre la cama y me separara las nalgas con las manos, lentamente me metió todo el chupón en el culo, me hizo parar y asegurando las correas de la trusa, me puso una falda similar a la suya que también llegaba a la mitad de mis muslos, completando mi atuendo con una blusa como la suya, sin ponerme el sujetador. Parecíamos hermanas y tras colocarnos zapatos de tacón alto salimos a la calle.

Mientras comprábamos, para evitar que la prótesis se me saliera del culo, caminé moviendo el trasero exageradamente, parecía una puta y me convertí en el centro de las miradas de hombres y mujeres, jóvenes y viejos. Normalmente soy recatada pero ser el centro de atención me excito de forma muy especial. Dos horas después en casa de mi tía, ella llevó el dogo a la habitación, se desvistió y dijo que me quitara la ropa dejándome el juguete en el culo.

Después de preparar al dogo, me pidió que me pusiera de cuatro patas sobre la alfombra. Cuando estuve lista, se me acerco sujetando al dogo del collar, sacó el juguete de mi culo y diciendo que estaba lista para recibirlo, soltó al perro, que al instante se me montó. Con su mano, la tía metió el pene del animal en mi ano, había extrañado tanto el calor en mi culo que cuando lo sentí, realmente aullé de gozo. El dogo me embistió haciéndome delirar y cuando se quedo quieto, sentí que se me metía algo mas grande, supe que me abotonaba y no me importó. Gracias a la dilatación causada por el juguete de mi tía, apenas sentí molestia, poco a poco su pene creció en mi recto, al inicio sollocé de dolor pero frotando mi clítoris, mi tía convirtió mi dolor en placer y cuando me parecía que me reventaría el culo, ceso de hincharse. Para cuando el perro me lleno las tripas con semen, hacia rato que yo me derramaba por la concha. Tres noches después, el dogo montó a la tía y entre sus alaridos de placer, la enganchó y le llenó la concha de semen.

Volví a la escuela y transcurrió un año de convivencia con mi tía. Entre otros, el negocio de ella eran los filmes zoofilicos, incluidos los nuestros. Al año de estar viviendo juntas, una tarde ella preparo las luces y varias cámaras convenientemente, para filmarme montada por el dogo, cuando colocada en cuatro patas senti que el perro me abrazo la cintura, pensé que me haría el culo como siempre y confiada espere la enculada, al momento que sentí el picoteos erráticos de la punta de su pene en mi trasero, me volví a ver que sucedía, vi a mi tía filmando y para cuando me di cuenta que había liberado al dogo para que me desvirgara la concha, sentí la punta en mis labios virginales, grite pues lo sentí como fierro caliente al atravesarme el virgo y clavárseme en las entrañas.

Sin darme tregua, un buen rato me pistoneo con fuerza, aun no lo asimilaba cuando sentí que jalándome de la cintura, presionó mi concha con su bulbo, lo hizo con tanta fuerza que haciéndome berrear de dolor me la abrió hasta traspasarme los labios, continué gritando pues su bulbo recorrió mi interior hasta mis entrañas. Esa tarde me desvirgo y me abotono la concha. Cuando me libero, quede tan mal que mi tía tuvo que ayudarme, guarde cama tres días. Supe de la tremenda cosa con que el dogo me había desvirgado y abotonado cuando vi la filmación, hasta hoy me sorprende como soporté y alojé dentro mío semejante mounstrosidad.

Así me convertí en mujer, la filmación de mi desfloramiento fue uno de las mejores que haya hecho mi tía y me convirtió en la estrella del negocio, mi tía me hizo su socia y ganamos mucho dinero. También vendíamos filmaciones de las amistades que gustan del amor zoofílico. Pasado un tiempo, vendimos la casa y nos trasladamos a otra ciudad a poner en marcha otros negocios.

Continué estudiando y aunque me sentía feliz, la preocupación por mi hermano me ensombrecía. Yo enviaba dinero a mama, sin decirle de que ni donde vivíamos. Así pasaron seis años y mi dicha se completo cuando al visitar un pueblo, mi tía topó con el. Laboraba en una gasolinera y cuando mi tía lo trajo al hotel, casi me desmayo de la alegría, ya era un corpulento ejemplar masculino de casi metro noventa. Dijo que vivía con su novia, al inicio se mostró reservado pero al reencontrar la confianza, nos enteró que la novia era la solterona dueña de la gasolinera. Quiso marcharse pero le pedimos que esperara unos minutos.

En el dormitorio mi tía y yo cambiamos de ropa rápidamente llamándolo. De pie a mi lado, mi tía mostraba sus tetas sujetas por un corsé rojo, yo con babydoll transparente que exponía mi cintura, mostraba a mi hermano desde mis tetas hasta el ombligo. Recorrió nuestros cuerpos y clavo su mirada en nuestras entrepiernas, con deleite vimos como el bulto de su pantalón se hizo notable. Mi tía tenia un conjunto portaligas con una apretada y pequeñísima tanga metida en sus labios vaginales, yo vestía una trusa transparente que dejaba a su vista el triangulo de mis vellos pubianos. Sin dejar de verlo, ambas giramos lentamente hasta darle la espalda, dejando a su vista nuestros traseros. Mi tía se cubría las nalgas con la minitanga, mientras el hilo dental de mi trusa enterrado en el canal de mis glúteos dejaba desnudas mis nalgas. No disimulamos el morbo y la excitación que nos dio ver que la entrepierna de mi hermano, grande ya se le hizo enorme.

Pasamos la noche juntos. Al desvestirlo silbamos de admiración y complacencia, su pene había desarrollado enormemente, parecido al un pony por lo largo y grueso que era. Lo mamamos y acariciamos con toda la experiencia que teníamos. Mientras le hacia el amor a mi tía, teniéndola a cuatro patas, le acarició el culo diciendo que muchas veces se había venido dentro de otras mujeres con tan solo recordarla. Cuando me toco turno de ser cogida, puse mis piernas en los hombros de mi hermano y le pedí que primero me hiciera el culo. Me penetro con ternura y lo recibí gimiendo con dolor y placer, cuando su pene me iba entrando dijo que había extrañado mucho la calidez de mi culo.

Cogimos toda la noche, se había convertido en un amante experto y aunque estábamos acostumbrábamos a los enormes penes de perros grandes, mi hermano nos desmadejó por ambos lados a las dos. Durante nuestra permanencia en esa pequeña ciudad, pasamos varias noches juntos. Al irnos lo hicimos con pesar pues no quiso acompañarnos pero le dejamos la dirección de la casa y el teléfono para comunicarse con nosotras.

A las seis meses de nuestro reencuentro, mi hermano se presento en la casa con sus pertenencias dentro de una bolsa de lona, acompañado de una adolescente quinceañera de cuerpo voluptuoso y como averiguamos luego, cogedora liberada e insaciable, su nueva novia. Dejando todo los atendimos, nos contó que después de tenernos nuevamente, su relación con la solterona se le había hecho insoportable y que camino a casa, había conocido a la chica al sacarla de problemas, era una huérfana y por ella retraso cinco meses su regreso.

La misma noche de su retorno volvimos a hacer el amor, ambos se quedaron a vivir con nosotras. El y su novia retornaron a los estudios, mi hermano se graduó de ingeniero y al terminar la prepa, su novia siguió estudios técnicos en filmación y edición. Guardando el secreto del parentesco, mi tía lo presenta como su marido y por nuestro parecido, a mi como su hermana menor y su novia pasa nuestra sobrina.

En una ocasión que en noventa grados, con la falda levantada y apoyada en el mueble de la cocina, con mi hermano parado atrás mío que me hacia el culo, una visita conocida de mi tía nos sorprendió y escandalizada, pues sabia que éramos cuñados, se lo dijo a mi tía. Dijo mi tía que al ver la indignación de la señora puso cara de seria, pero a duras penas aguantó la risa al imaginar que hubiese hecho de saber que éramos hermanos. Entre los cuatro llevamos a cabo nuestras fantasías sexuales sin dañar a nadie, incluso somos doblemente penetradas, pero a causa del incidente anterior lo hacemos con mas cuidado.

Desde su retorno abandonamos la promiscuidad sexual haciéndonos fieles a el. A los dos años de convivencia nos mudamos a las afueras de otra ciudad y en acuerdo mutuo, al mismo tiempo, la tía se hizo embarazar de un cliente, yo de otro y mi hermano embarazo a su novia de diecisiete años, ella le dio un niño, pero mi hermano también firmó a su prima y a su sobrina como hijas propias. Durante nuestro embarazo simultaneo nos divertimos mucho. Luego de dar a luz, las tres nos ligamos las trompas para evitar embarazos y así poder gozar sin restricciones del sexo.

Gracias a nuestros negocios tenemos buenas rentas, llevamos años viviendo en otra residencia con piscina, mucho mas grande y aislada que la anterior. Para el resto del mundo mi hermano es el sacrificado y comprensivo marido de mi tía, que alberga a las madres solteras que son su sobrina y su cuñada, cuando en realidad somos su mujer y su hermana. Por amor hemos hecho todo para el, incluso entregarnos a desconocidos que nos cogen por donde quieren, mientras el observa, para su gozo hacemos de putas con clientes y todo e incluso cosas que una prostituta ni siquiera haría por dinero, así somos felices. Los cuatro dormimos en una cama especial. Durante algún tiempo en la intimidad de nuestro hogar, fue el único varón y las tres sus únicas mujeres.

Nuestros hijos crecieron viendo como algo natural nuestro comportamiento sexual, aprendiendo las técnicas y conforme llegaron a los trece años, como regalo en presencia de todos, mi hermano desvirgó la concha y el culo, primero a su prima, que era la mayor, hija de la tía, luego a mi hija, su sobrina y por último, como obsequio su mama desvirgó a mi sobrino y luego, acostado de espaldas el, mi hija, yo, la tía y su hija, nos turnamos para ensartarnos en la concha y el culo, su pene que ya entonces exhibía un tamaño y grosor respetable, digna herencia de su padre y totalmente inadecuado para su edad. Así nos probó y lleno de semen el culo de su prima, haciéndola gritar. Desde antes de perder la virginidad, ya participaban con nosotros, solo haciendo y recibiendo caricias, pero luego de dejar de ser vírgenes, tenían coito.

Es un espectáculo muy hermoso con todas las mujeres a cuatro patas cobre la cama, mientras mi hermano turnándose desde atrás acaricia y se coge los lozanos traseros de su prima y su sobrina, que son unas bellas señoritas de dieciséis años, en tanto mi sobrino, que es un excelente macho y también se coge a las niñas, turnándose, nos hace el culo a su mama a su tía abuela y a mi, su tía la hermana de su padre.

Mi hermano sigue siendo un semental y con la insaciable sed de sexo de su hijo, nos dan duro hasta dejarnos las conchas y culos ardiendo, pero para no agotarlos y ser fieles, de vez en cuando las mujeres hacemos el amor entre nosotras o incorporamos a la mascota familiar para disfrutar con su enorme pene. Por lo demás somos una familia muy respetuosa y emprendedora en los negocios.



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