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La dependienta más guarra
TODORELATOS » RELATOS » MI ALUMNA PREDILECTA (3)
[ El que cada día va bien, el domingo no tiene que poner. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 08-Ene-05 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General (2595 de 5036)

Mi alumna predilecta (3)

Paco_Gerte
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La mamada en la Sala de Profesores de la escuela solo fue un pobre anticipo de lo que nos deparaba aquella noche con Griselda. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

MI ALUMNA PREDILECTA III.

En la segunda parte de esta saga les relate los sucesos de cómo mi Griselda, mi alumna predilecta, me abordó en la escuela y como fui casi forzado a concertar un encuentro para ese día en la noche con ella en un bar. Pues bien, tras aquella sesión de sexo oral en la sala de profesores esto es lo que siguió esa misma noche.

Yo tras las clases me dirigí a mi oficina a trabajar como de costumbre y permanecí toda la tarde inquieto, tanto por los acontecimientos de esa mañana, por la sobre excitación que me dejo ese encuentro de sexo fugaz con Griselda como también por la incertidumbre de cómo manejaría las cosas al encontrarla mas tarde. Ya les dije que mis intenciones eran poner fin a lo que ocurría, pues no quería perder ese trabajo y era mejor no prolongar los encuentros con aquella niña-mujer pero, por el otro lado, el morbo de la situación y la particular belleza y candidez de Griselda me excitaban demasiado para culminar todo lo que habíamos empezado sobre mi escritorio.

Las horas se me hicieron interminables y al sonar las 18.30 en el reloj de pared cerré mi ordenador, tome mis cosas y salí de la oficina rumbo al encuentro. La ansiedad me carcomía por dentro, mi mente divagaba y por momentos pensaba en una conversación para decirle BASTA a todo eso y al instante mis pensamientos volaban en los recuerdos de nuestro primer encuentro en mi oficina o a la espectacular mamada que me diera esa chiquilla en la Sala de Profesores horas antes y el deseo casi incontenible de tenerla otra vez en mis brazos.

Legué rápido al bar donde tenía que encontrarla, entré con naturalidad y busque una mesa alejada de la puerta y junto a una pared desde donde podía ver casi todo el salón. Eran tan sólo 18.45 y la cita era a las 19.00. Observe el salón en el cual se disponían pocos clientes, una pareja cerca de las ventanas, un grupo de cuatro hombres bebiendo unas cervezas después de un día de trabajo y dos o tres comensales solos en mesas dispersas. Para mi fortuna, ninguno era conocido. Había seleccionado el lugar por ser uno de esos sitios que poco frecuentas y que nadie pensaría que allí te encuentras tú y me alegre porque todos fueran desconocidos y mi anonimato siguiera a salvo.

Se acercó la camarera y gentilmente ordené un Gin Tonic, necesitaba un poco de alcohol para tranquilizarme. Dos minutos después mi bebida estaba en la mesa y me dispuse a esperar la llegada de mi alumna predilecta. La puerta se abrió y levante la mirada, era una mujer y creí reconocerla. La dama extendió su brazo en un saludo dirigido hacia una de las mesas donde había otro hombre solitario y me al verle el rostro me percate que era una desconocida y continué bebiendo mi trago.

Cinco minutos después de la hora se volvió a abrir la puerta y, nuevamente, era una mujer. Su cabello suelto se veía como recién arreglado o peinado en una peluquería para la ocasión. Vestía un delicado saco blanco y su cartera colgaba bajo el hombro aferrándola con el brazo al cuerpo. Se giro como buscando algo o alguien y cuando nuestras miradas se cruzaron la reconocí. Era Griselda y se veía deslumbrante. No parecía aquella colegiala a la que estaba acostumbrado ver. Delicadamente lucia un tenue maquillaje en el rostro que resaltaba sus ojos claros y los labios de un rojo carmesí intenso.

Sonrió espontáneamente y de forma decidida caminó hacia la mesa. Yo la ví acercarse como si fuera en cámara lenta, sus movimientos eran suaves, delicados y muy femeninos. Bajo el delicado saco blanco llevaba una camisa o blusa de un color azul profundo, oscuro y la tela brillaba como seda. En la parte baja vestía una falda corta y ajustada de un color blanco mas intenso que el saco que dejaba ver y lucir sus hermosas piernas largas, delgadas y vestidas con unas medias color blanco y zapatos de vestir con un taco no tan elevado.

La visión de aquella niña, o mejor dicho mujercita, fue seguida por los cuatro hombres con sus cervezas en la mano y desde mi ubicación podía distinguir claramente sus comentarios al pasarles junto a su mesa pero ella hico caso omiso de sus palabras y siguió hasta donde me encontraba. Me puse de pie para recibirla y las palabras casi no me salian de lo impresionado que estaba y balbuceé un saludo tartamudeando Ho.. ho... hola y ella me respondió besando mi mejilla y devolviendo el saludo con total naturalidad.

Dejo su cartera sobre la mesa y se quito el saco blanco que colocó debidamente doblado sobre una de las sillas y luego apoyo ahí su cartera y se sentó a mi lado. De inmediato estaba ahí la camarera para pedir su orden y ella pidió una cerveza que le trajeron de inmediato.

Pasados esos dos minutos de su ingreso al bar comenzamos a charlar. Yo trataba de ser cortes e imponía cierta distancia como ya era costumbre en mi cuando la tenia enfrente. Fue ella la que cortando el hilo de la tensión de ese primer momento, dijo:

Hay profesor, porque se pone así de distante, no me lo voy a comer acá.

Su frase me hizo reir por los nervios, yo sabia después de lo ocurrido esa mañana que aquella mujer era capaz de eso y mucho mas y como pude le contesté.

No estoy tan seguro de ello Griselda. Mi experiencia me marca que si eres capaz.

Fue ella la que ahora se reía pero no por nervios, reía de una forma descarada y asintió diciendo: Tiene razón, tiene razón. Pero no ahora, relájese no me lo voy a comer.

Eso distendió el momento del encuentro y dio paso a una charla en confianza mutua y yo aproveche el momento para decirle:

Mira Griselda. Que me gustas ya no quedan dudas y mucho menos después de tu examen en mi oficina y nuestro encuentro esta mañana pero vos tenes que entenderme. Es muy peligroso para mi que esto se sepa, no sólo por la escuela, mi trabajo, tus estudios sino, porque si esto llega a mi casa es el fin para mi y no quiero eso, me entendes?

Si claro profesor –me contesto-. Lo entiendo perfectamente y créame que ni yo quiero eso, ni para usted, ni para mi. Es que usted me gusta mucho, casi desde el primer día que vino a clases he fantaseado y deseado todo esto y no puedo contenerme, me cuesta hacerlo cuando lo tengo cerca, lo deseo y lo necesito, casi tanto como comer o beber. Me entiende usted a mi?

Si nena, te entiendo pero ¿Qué vamos a hacer? Es difícil la situación y aunque tengo que reconocer que también te deseo, no se que vamos a hacer.

Muy simple profesor, vernos, saciarnos y disfrutarlo -me dijo-.

Yo no podía dar crédito a lo que estaba escuchando, aquella mujercita de tan sólo 15 años me estaba diciendo que sería mi amante, que no le importaba mi estado matrimonial, mi edad, mi posición, ni nada mas. Era cierto o estaba alucinando.

Sin vacilar le dije: Mira, yo podría ser tu padre, soy tu profesor o maestro en la escuela y no puedo darme el lujo de enamorarte, ni puedo dejar que eso suceda, sería la ruina en todo lo que hay en mi vida y, mucho menos que eso, deseo hacerte daño Griselda.

Ella soltó una carcajada estridente y sonora que hizo que los cuatro hombres que bebían cervezas nos dirigieran sus miradas por un instante. Una vez que se calmó, me miro a los ojos y dijo: Hay profesor, usted es todo un caso sin solución. No quiero enamorarme, no quiero que deje nada de lo que hace. Solo quiero que nos veamos, que cuando nos veamos como hoy, me haga suya porque yo lo que quiero es sexo, mucho sexo y usted me calienta mucho para eso. Además, le aclaro que novio ya tengo y no voy a dejarlo, le queda claro.

Si –respondí- y guarde silencio sumergiendo todas mis preguntas e interrogantes en aquel baso casi vacío de Gin Tonic.

Di un sorbo más a la bebida y deje el baso sin liquido en la mesa y al verla a los ojos ella se aproximó a mi y me beso delicadamente. Su mano tomo mi cuello con suavidad, ejerciendo la fuerza necesaria para mantenernos allí unidos. Sus labios se abrieron abarcando mi boca por completo y deslizó su lengua dentro de mi boca buscando la mía. Al sentir ese contacto comenzó a jugar de un modo delicioso en mi interior, rozaba mi paladar, succionaba suavemente con su boca en la misa y aumentando la presión de la succión forzó a mi lengua a introducirse en su boca y la aprisiono con los labios. Parecía que me estuviera tragando de un modo literal.

Duro unos dos minutos aquel beso y luego me soltó, se alejo unos treinta centímetros de mi rostro, relamió sus labios con la punta de la lengua como quien saborea un dulce y con un gesto de su dedo índice de la mano derecha froto el borde de mis labios retirando el resto de lápiz labial de ese lugar en la comisura de mi boca y después se reclinó en su asiento para terminar de beber su cerveza.

Aquel beso fue el preludio de lo que vendría después de irnos del bar. Logró excitarme lo suficiente como para que se encendiera mi deseo de tenerla otra vez y comenzaba a sentir los efectos de la atracción física de ambos en mi verga que se empezaba a hinchar sin llegar a ser una erección.

Eran tan sólo las 19.30, tal vez 19.45, recién llegábamos a mi parecer y ella me dijo: Ya terminé mi trago, nos vamos? Yo sólo llamé a la camarera y pague la cuenta y un par de minutos mas tarde salíamos del bar caminando los dos y ella abrazada a mi cintura mientras yo llevaba un brazo por sobre sus hombros. Caminamos unos 50 metros hasta mi auto y nos metimos en él.

Cuando estaba por arrancar para salir de allí ella se acercó un poco y tomándome de un brazo me acercó a ella y me volvió a besar. Su boca era exquisita, cálida, húmeda y me encendía como combustible en el fuego. Yo la tome por la cintura mientras nos besábamos y ella, delicadamente, posó su mano en mi entrepierna y comenzó a moverla sobre mi sexo que ya comenzaba a notarse.

Sus dedos aferraron mi verga sobre la tela y suavemente inició un movimiento de masturbación hasta que estuvo completamente duro y cuando noto que ya no podía crecer más me soltó y dijo, salgamos de aquí ya y yo la obedecí.

Iniciamos la marcha con el auto y le pregunté si quería que fuéramos a un hotel y ella me dijo: No tengo pensado algo mejor. Doble acá Profesor. Yo obedecí sin preguntarle nada y conduje por esa avenida unas 15 cuadras hasta que le pregunté, donde me llevas Griselda?

Ella me miró, puso su mano otra vez sobre mi verga que no se había bajado ni un milímetro y dijo, vamos a mi casa, la dirección es ....... De inmediato repuse: Que? Estas Loca? A tu casa? Y ella dijo: si, en casa no hay nadie, no vienen hasta muy tarde porque fueron al cumpleaños de mi abuela y es más cómodo, seguro y tranquilo. Estas Segura? –le inquirí- y ella me respondió: Claro que estoy segura, mis padres y hermanos no vienen hasta la una o dos de la mañana, confié en mi profesor.

Ante la abrumadora experiencia adquirida con esta jovencita en la que descubrí que pocas veces se equivocaba en lo que decía y que bien segura estaba de lo que quería le obedecí sin mas oposición. Ella encendió la radio dl auto sin sacar su mano de mi sexo y busco en el dial una música melódica y romántica.

Cuando la música fue de su agrado, se acomodó en el asiento del acompañante posicionándose de lado y dijo: La dirección es ...... y yo acoté, si la recuerdo bien, Griselda. Ella sonrió y con un movimiento rápido se reclinó sobre mi entrepierna y con la ayuda de sus dos manos abrió el cierre de mi pantalón y saco mi pija y comenzó a chuparmela mientras que yo conducía por las calles de la ciudad en la oscuridad de la noche.

Su cabeza quedaba bajo el limite de las ventanillas y cualquiera que viera hacia el coche pensaría que estaba solo. Por eso la deje hacer lo que hacia, era mejor que me vieran sólo y no acompañado a esas horas, en un lugar inusual para mi y acompañado por una mujer.

Por otro lado, debo reconocer que chupaba mi miembro con una maestría descomunal y yo me dedique a disfrutar de ello a lo grande. Sabía que no estaba por acabar y el placer de sentir cada detalle de sus movimientos en mi sexo hacía que la excitación fuera mayor y si a ello le sumamos que era mi alumna, el morbo de la situación de tener sexo en la vía publica a la vista de todos, el placer que todo eso me causaba no tiene una descripción que pueda darles aquí.

Estábamos a unos diez minutos de su casa cuando comenzó la sesión de sexo oral y a la mitad del viaje dejó por un instante lo que hacia y me dijo: Hacerlo así con usted profesor es mejor que con mi novio. El tonto se hubiera corrido a este momento y en cambio con usted puedo darme el gusto de hacerlo mas tiempo y como me gusta chuparsela y sin esperar mi respuesta se la engulló nuevamente hasta el fondo de su garganta.

Sentía su boca subir y bajar, su lengua jugando con el glande, recorriendo el tronco y la venas de mi verga en plena erección y sus dedos jugando y acariciando mis testículos o sosteniéndolos para pasarles la lengua cada tanto y esas caricias duraron otros cinco minutos hasta que le dije: Griselda, estamos a una cuadra de tu casa Nena.

Ella dejo de chuparme, me acomodó la verga en el interior del pantalón, subió el cierre y se sentó en su asiento como si nada hubiera pasado. De inmediato me indicó cual era el edificio donde vivía y me dispuse a estacionar y en ese momento sacó de su cartera un control remoto, lo accionó y me dijo, meta el auto en el estacionamiento de casa profesor, así nadie lo va a ver.

Esta niña no dejaba de sorprenderme, tenia todo pensado y planeado. Estacioné el rodado, nos bajos y subimos al ascensor desde la cochera hasta el séptimo piso donde estaba su casa. Ni bien se cerró la puerta automática del elevador la abrace y la bese y mi beso fue correspondido. Mis manos comenzaron a recorrer su cuerpo acariciándola, roce sus pechos sobre la blusa y bajo el saco y alcance a amasarle las nalgas pegándola a mi mientras le apoyaba mi verga en su pelvis. En eso estaba cuando la puerta se abrió en el séptimo piso y salimos del ascensor para meternos a su departamento.

Su casa era grande, tres habitaciones, cocina, living comedor y los muebles sin ser reliquias eran de estilo. Ella dejó su cartera sobre el sofá, se quitó el saco que vestía y lo arrojó al mismo lugar y yo hice lo mismo con el mio. Tomando mi mano me llevó hacia el dormitorio de sus padres porque era el único con cama matrimonial.

Pasamos frente a su habitación y cuando estábamos adentro me arrojó sobre la cama y riendo fuerte me dijo: Ahora si lo voy a comer profesor. De inmediato se puso a desabrochar mi cinturón, abrir mis pantalones y jalármelos hasta los tobillos junto con los boxer y sin solución de continuidad se lanzó otra vez a comerme literalmente la verga que jamás perdió su erección desde que subimos al auto a la salida del bar.

Otra vez volví a sentir su boca húmeda abrazando mi pija con un fuego que me consumía, ahora sostenida por sus dedos y un movimiento de sube y baja delicioso. Yo me deje hacer mientras que con mis manos me quite la corbata y desabotoné mi camisa para quedarme en pelotas mientras me la mamaba casi como una profesional.

Viendo que ella seguía ahí jugando con mi sexo y que parecía que nunca lo dejaría le dije: Parece que te gusta, Griselda? Y ella lo dejó para contestarme: Me encanta Profesor. Es lo que mas me gusta y mas, mucho mas, con usted que no termina rápido. Quiero tragarlo todo.

Yo comencé a acariciar su cabeza, su espalda, sus hombros y ella continuó mamando mi verga de forma tan deliciosa que no quería interrumpir su placer de hacerlo.

Unos diez minutos después yo estaba casi listo para acabar y no quería, pues quería volver a tenerla en mis manos, volver a penetrarla y hacerlo significaría adelantar los acontecimientos y quería disfrutar de ese momento con ella como cuando la tuve en mi oficina.

Le dije que parara y se puso de pie junto a la cama, yo me senté frente a ella y comencé a desvestirla lentamente. Primero le ayude a sacarse la falda ajustada que traía y para mi sorpresa, tenía puesto un conjunto de medias y lencería muy sexy y sensual. Las medias blancas era de esas que se ajustan en el muslo con un delicado detalle de encajes o bordados y sus bragas hacían juego con las medias y también con el brasier como luego puede ver.

Mientras que yo le quitaba la falda ella desabrocho su blusa y cuando me incorporé ella con un delicado movimiento de brazos y hombros dejo caer al suelo la prenda quedando en ese instante ante mis ojos la visión más perfecta que tuve de una mujer en el tiempo de su despertar sexual.

Las copas del brasier abarcaban la parte inferior de sus dos pechos dejando la mitad de la aureola del pezón por fuera de la tela y el resto de sus carnes firmes y macizas desbordando por sobre el encaje o bordado del conjunto.

El brasier era de aquellos que prenden al frente y con un movimiento de sus manos lo abrió y siguiendo el destino de la blusa fue a parar al piso. Me lance sobre sus pechos a comérselos, metí uno en mi boca y comencé a jugar con el pezón que ya estaba durísimo, mientras que mi otra mano amasaba su otro pecho y los dedos jugaban a retorcerle el pezón para que no pierda la excitación.

Ella delicadamente con sus dedos tomo los elásticos de su bragas y con un movimiento de las caderas las bajo y deslizó hasta debajo de sus muslos para dejarla caer por su propio peso al suelo junto al resto de sus ropas y quedarse desnuda frente a mi. Ya se disponía a hacer lo mismo con sus medias cuando la detuve y le dije: No, las medias déjatelas, es un detalle que me gusta y te hacer ver tan puta que me excita más.

Ella sonriendo me dijo: Si profesor. Como Usted quiera, el cliente tiene la razón y su puta esta para lo que le guste –y reafirmo con énfasis en su palabras- para lo que usted quiera hacer profesor.

La recosté atravesados en la cama junto a mi y rodé sobre su cuerpo besándola. Ella levantó sus piernas y rodeó mi cadera con ellas y mi sexo quedo junto al suyo y nos frotamos suavemente sin buscar una penetración.

Acto seguido, me deslice hacia abajo de la cama quedando de rodillas en el suelo y posicionado entre sus piernas y me dispuse a devolverle el placer de la mamada que antes me había dado ella. Al acercar mi rostro a su sexo advertí el detalle de que se había depilado delicadamente su sexo dejando tan solo una pequeña raya sobre su sexo y todo lo demás estaba prolijamente rasurado o afeitado.

Sus labios vaginales exteriores brillaban con una luz intensa debido al flujo que ya había por toda la zona Sobre ellos se notaba ya bien hinchado su clítoris que sobresalía del contorno como medio centímetro. Al inhalar una bocanada de aire por mis fosas nasales percibí un delicado aroma de esos desodorantes femeninos con una fragancia floral. Extasiado ante esa imagen y el aroma le tomé los lados delicadamente con mis dedos y lentamente le fui abriendo su sexo y el color rosado intenso de sus labios interiores apareció como por magia ante mis ojos.

Saque mi lengua y como si se tratase de un helado recogí con ella todo el flujo que pude pasándola desde abajo hasta arriba y lo saboreé degustándolo en toda mi boca y le dije: Que rica sos Griselda. Volví a reclinar mi cara sobre su sexo húmedo y comente a lamerla toda, primero jugué mordisqueando sus labios vaginales, uno y el otro y besándole su vagina solo superficialmente sorbiendo los restos de flujo que había en toda esa zona.

Cuando la había dejado limpia por completo, me dedique a pasarle mi lengua en un movimiento arriba y abajo y cada vez que estaba abajo me detenía un instante para introducirle un poco la lengua en su interior y volvía a subir.

Ella yacía de espaldas en la cama, con sus piernas flexionadas y abiertas para permitirme una mejor exploración de su sexo. Luego de dos o tres minutos de lamerla de ese modo me posicione sobre su clítoris y lo mordí suavemente, lo sostuve entre mis dientes y jugué con el con mi lengua dándole toques rápidos y eso le provoco un estremecimiento que la hizo sacudirse en la cama.

Deje de morderla y succioné fuerte besando su clítoris, estirándolo dentro de mi boca como si fuera un pene que entraba en ella. Con mi lengua en forma de una punta hice movimientos en círculos sobre su botón de placer y luego inicié un movimiento lateral rápido e intenso que asemejaba pequeños golpes de lado sobre esa zona.

Inmediatamente se sintió su reacción al estimulo y sus manos se apoderaron de mi cabeza pegándome más a su sexo, fregándome en su concha empapada de flujos y un gemido como un sonido gutural como salido de las mismísimas entrañas inundaba la habitación Ahhhhhhhgggggg, Siiiiiiiiiiiiiiiiii, Dame Mássssssss .......

Aumente el ritmo de mis caricias sobre su clítoris y con la mano derecha inicie una penetración en su sexo con el dedo índice y el mayor juntos. Como el cuchillo ardiente en la manteca mis dedos se deslizaron de una sola vez hasta el fondo de su sexo y una vez alli los comencé a mover sin sacarlos, acariciándole por dentro todo alrededor girándolos sobre su propio eje.

Sus caderas comenzaron a moverse pidiendo ser penetrada y yo le respondí con mis dedos dándole junto a la chupada una dulce penetración con movimientos de mi mano adentro y afuera que ella acepto con gusto. Literalmente por entre mis dedos escurría tanto flujo que parecía una catarata que llegaba a mi palma de la mano y la muñeca también.

Ella estaba que deliraba y casi gritando me pedía: Mas, Mas profesor, quiero más, no se pare, no se detenga, deme más por favor. Sus manos se aferraban sobre el cobertor de la cama de sus padres y tiraban de la tela deshaciendo las sabanas dejando todo revuelto.

Yo seguí comiéndome esa concha deliciosa y se me ocurrió para incrementar el placer de ella deslizar mis dedos a su ano y en un movimiento rápido retire mis dos dedos de su interior para hacerlo y ella se quejo: Nooooo, no me los saque, quiero más, deme más, mas duro, más fuerte, quiero mássssss. Yo le respondí: Ya va, no te los voy a sacar, quedate ahí y disfrutalo Griselda.

Seguí chupando su clítoris y con mi dedo índice lleno de flujos inicie la caricia desde la entrada de su vagina hacia atrás buscando su ano. Mi dedo se deslizó delicadamente entre los pliegues de la piel que separan el sexo del culo y seguí hurgando buscando su orificio de atrás hasta que lo encontré.

Cuando mi dedo estuvo sobre su ano, suavemente comencé a masajearlo con la yema y esparcir el flujo todo por ahí. Note lo apretado que estaba el orificio, los pliegues del ano en cada detalle y lo caliente que estaba toda la zona como si fueran unos cien grados centígrados. Otra vez lleve mi dedo a su sexo para sacarle mas jugo y vuelta al ano a acariciárselo y repetí ese movimiento unas cinco o seis veces y cada vez le metía el dedo en su vagina con mas ímpetu y mas al fondo provocándole un gemido mas fuerte cada vez.

Al notar su ano un poco más relajado y muy mojado por sus propios flujos presione con el dedo índice levemente hasta que sólo se fue dando paso a la penetración y sentí como mi primer falange comenzaba a entrar en su culo y la presión de su culo sobre dedo como tragándoselo. Al notar su alto grado de excitación aumente el ritmo de lengua en su clítoris y presioné más fuerte en su culo con mi dedo dejándole ir hasta la segunda falange por dentro.

En ese preciso instante ella exclamo: Siiiiiiii, agghhhh, me mata, me mata de placer profesor, siga quiero más. Ahí me di cuenta que jamás la habían chupado de esa manera, jamás la habían hecho sentir ese placer doble en su sexo y su culo al mismo tiempo y obedeciendo a su pedido empecé un movimiento de penetración con el dedo de mete u saca.

Al sacar mi dedo lo hice con suavidad, buscando no sacarlo por completo y al meterselo de nuevo lo hacia con un poco mas de fuerza y tratando de que entrara un poco más a cada nuevo intento.

Tan solo un minuto después mi dedo se deslizaba sin inconvenientes en la penetración de su culo y mi lengua devoraba su clítoris con avidez. Ya no era sólo el movimiento de mi mano sino que, de forma casi imperceptible, eran sus caderas las que acompañaban el movimiento de mi dedo en su ano y ella comenzaba a disfrutar de que me la estuviera cogiendo con el dedo por atrás.

Sus manos aferraron sus pezones con fuerza y se los retorcía aumentando el placer de aquel instante. Mi dedo en su culo entro bien hondo y comenzó a girar con un movimiento circular de mi mano y brazo y sin sacarlo de ahí dentro se aboque por completo a que ella tuviera un orgasmo mientras la chupaba con voracidad.

Mordí su clítoris, lo estire todo lo que pude jalándolo con mis dientes hasta que solo se desprendió de mi boca y otra vez me lo volví a meter para seguir chapándolo. Fue entonces que ella estalló en un orgasmo increíble. Tomo con sus dos manos mi cara, me la hizo levantar hasta cruzar sus ojos con los mios y jadeando grito: Cojéeme, Cojéeme fuerte, Dale, más fuerte, Haceme acabar, Asiiiiii, Asiiiii, siiiii, másssssss, agggggggg" y todo su cuerpo se tensionó, sus piernas temblaron de forma descontrolada, su culo se apretó tanto que me hacia doler el dedo y con sus dos manos pego mi cara a su sexo y frotándoselo con ella sólo gimió por un espacio de un minuto o tal vez más.

Poco a poco se fue relajando y el espasmo del orgasmo fue cediendo mientras que ella recobraba la respiración mas natural. Un par de veces movi mi dedo y cada vez ella volvía a tensionarse prolongando el orgasmo un instante más y repitiendo: Me mata Profesor, Me mata, Como me gusta cuando me coge así.

Cuando recobró su conciencia, me separe de su sexo, saque mi dedo de su culo y me estire sobre ella en la cama besándonos otra vez. Mi sexo completamente duro y excitado quedó a la entrada de su vagina y ella tomándome por las nalgas intento hacer un movimiento para que la penetrara pidiéndome: Metelo, Metelo ya. Yo quería gozar a pleno ese instante y me detuve sin dejarla lograr la penetración que ella quería y mirándola a los ojos le dije: Quiero cogerte, ahora, pero en tu cama para que cuando te acuestes en ella te acuerdes que ahí te cogí yo Griselda.

La idea pareció gustarle sobremanera porque de inmediato se soltó de mi diciendo. Si, Si, en mi cama, Si y como una chiquilla con juguete nuevo se levantó de la cama de sus padres y me llevó a su cuarto.

Entramos, encendió la luz y directamente fue para la cama, con la mano que tenia suelta arrojó los almohadones y todo lo que había sobre al suelo y se echo de espaldas para que yo la montara ahí mismo.

Yo le dije: Primero chupame un poco más Griselda. Y ella se arrodilló en su cama y mientras que yo permanecía de pie junto a ella se dedico por un par de minutos a chuparme todo, huevos incluidos también.

Cuando mi excitación estaba cerca del clímax la aparté y sin decirle nada la hice girar en esa posición de rodillas sobre la cama hasta darme la espalda. Ella comprendió mis intenciones de penetrarla desde atrás y reclinándose sobre sus brazos puso su culo en pompa ofreciéndose para que la penetrara.

Tomé mi verga desde la base y se la frote un par de veces todo a lo largo de su sexo humedeciéndola con sus flujos, la posicione en la entrada de su sexo y, en ese instante, ella llevó una de sus manos a mi cadera y empujando al unísono y en un solo movimiento se deslizó haciendo que mi miembro entrara de una sola vez hasta el fondo mas hondo de su sexo que estaba ardiendo y diciendo: Como quería esto Profesor, Como me gusta usted.

Yo permanecí ahí de pie mientras ella disfrutaba la penetración que ella misma provocó y condujo con tanto éxito. Cuando ella inició los movimientos de su cadera en círculos gozando de toda mi verga en su interior, recién ahí, comencé yo a moverme con ella. Tomé sus caderas y en forma inversa a la que ella hizo, fregué mi verga todo en su interior con un movimiento circular en sentido contrario a las agujas del reloj.

Acto seguido comencé un movimiento de mete y saca bamboleando mis caderas adelante y atrás para empezar a cogerla con todas mis fuerzas. Griselda no para de gemir mientras mantenía su culo en pompa frente a mi y su cara hundida entre sus brazos y las sabanas de la cama.

Ella se acopló perfectamente a los movimientos de la penetración y ya no era sólo mi cadera la que imponía el ritmo sino que ella misma arremetía hacia atrás cada vez más fuerte buscando ser penetrada con más violencia y fuerza cada vez. Se me ocurrió darle una palmada en sus nalgas y tras el sonido como un chasquido en su piel su reacción no se hizo esperar y dijo: Dele mas a esta alumna tan puta profesor, deme mas, más fuerte.

El momento de excitación trepaba una creciente que jamás había sospechado y aquella niña que la vez anterior me parecía tan delicada, ahora era toda una mujer gozando del sexo, pidiendo ser cogida de una forma vigorosa, fuerte y más allá de una pasión normal o regular.

Decidido a que Griselda fuera no sólo mi alumna predilecta, sino mi puta, mi mejor amante me solté por completo a gozar de ella en ese instante, ahí mismo, sobre su inocente cama y empecé a arremeterle con mi miembro durísimo una y otra vez. Ella parecía en completo descontrol, no dejaba de pujar sus caderas hacia mi intentando meter todo lo que podía mi miembro en su interior y yo me lleve el dedo pulgar de mi mano derecha a la boca, lo ensalive y luego volví a acariciarle su culo, ya no con suavidad, sino con fuerza y de una sola vez se lo introduje todo adentro de su ano sin previo aviso.

Ella exclamó: Siiiiiiii, partame la concha, partame el culo profesor, demelo todo que no aguanto más.

Yo con mi dedo pulgar en su culo y toda mi mano sobre sus nalgas y caderas aumente el ritmo de mis penetraciones en su vagina y le anuncie que me venia diciéndole: Si Griselda, movete, movete más que ahí viene toda mi leche nena.

Uno, dos, tres movimientos y como si explotara una represa mi leche comenzó a saltar de mi verga en su interior mientras que una corriente eléctrica recorría toda mi espina dorsal hasta estallar en mi cerebro como si fueran fuegos de artificio. Primero un chorro grande, tanto como cuando esa mañana me chupara la verga en la Sala de Profesores y luego otro y otro más y las ultimas gotas.

Al sentir mis flujos en su interior, ella pegó sus caderas a mi pelvis y presionó con fuerza haciendo que trastabillara hasta poder sostener su embestida de pie como estaba y jadeando, gimiendo e, incluso, hasta con una risita nerviosa me decía: Siiiii, acabooooo, acabooooo profesor, ooohhhhhhhhh que bien me coge, como me gusta.

Dos minutos después y ya habiendo recobrado la respiración nos despegamos, ella se puso de pie y me beso con ternura y después del beso mirándome a la cara me dijo: Nunca, pero nunca, de verdad que nunca, había sentido algo así profesor. Es lo más, es lo mejor que me pudo haber pasado y otra vez nos besamos.

Luego nos fuimos al baño a ducharnos, ella preparó todo y nos metimos en la bañadera. El agua estaba exquisita y servía muy bien para recomponer nuestros cansados cuerpos después de aquel encuentro en su cama. Yo me enjaboné mientras ella me acariciaba y besaba y me escurrí con el agua dejándole el lugar a ella para que hiciera lo mismo.

Ella se colocó bajo el agua u se mojo desde la cabeza hasta los pies. El caer del agua hizo una transformación en su persona devolviendo la imagen de aquella niña, la alumna en la escuela, el cabello pegado a su cabeza, el rostro lavado de maquillaje y su cuerpo delicado y sensual en contraste con aquella mujer del bar, de la habitación y la pasión desenfrenada de nuestro encuentro previo dio lugar a la ternura, las caricias y la delicadeza otra vez como aquel primer día en mi oficina.

Yo tomé el jabón en mis manos y como si fuera un juego empecé a pasarlo por todo su cuerpo, explorándola a cada milímetro de una manera exquisita e incomparable con ninguna otra experiencia que jamás hubiera tenido antes o después. Mis manos se deslizaban ayudadas por el jabón y las caricias eran tan delicadas, suaves y bellas que parecía un momento salido de una película.

Sus pechos firmes respondieron a las primeras caricias y pude apreciar ese instante maravilloso en que el pezón se erecta. Allí donde la cima del pezón antes era imperceptible al ojo o el tacto comenzó una pequeña hinchazón. La aureola antes extendida comenzó a retraerse sobre si misma elevando el centro del pezón más allá de la superficie. Aquella piel tersa y suave comenzó a formar pliegues sobre si misma y terminó por dar forma redonda, o mejor dicho como cono, a un pezón hermoso, oscuro que en punta apuntaba hacia mi como diciendo: SI ME EXCITASTE OTRA VEZ.

La belleza de aquella imagen me provocó ahí mismo volver a succionarlos y eso hice. Me metí bajo el chorro de la ducha y sin decir agua va ya tenia ese pezón entre mis labios otra vez y ella acariciando mi cabello bajo el agua entregándose nuevamente a las caricias.

Al cabo de un par de minutos de estar jugando con sus pezones mi verga ya se había erectado otra vez y las manos de Griselda jugaban en ella aumentando nuestra excitación que parecía no haber disminuido ni un ápice desde que cogiéramos en su cama.

Con mis dedos comencé a escudriñar su sexo y tan sólo un instante después la estaba masturbando con tres dedos dándole duro en su concha mientras ella se sostenía de las paredes del baño y con una pierna sobre el borde de la bañera para facilitar mi labor.

Seguí chupando esos pezones y masturbándola con mis dedos hasta que explotó en otro orgasmo, más pequeño que los anteriores pero no por ello menos intenso. Cuando ella explotó se soltó de la pared, se aferró a mi cuello con sus dos brazos y con sus dos piernas a mis caderas quedando pegada a mi torso tan solo por la fuerza e intensidad de sus extremidades y nos fundimos en otro beso interminable.

Cuando se bajo de mi notó mi estado de excitación y dijo: Ahora le toca a usted profesor. Que quiere que hagamos? Y yo le dije: Vos dejame hacer a mi, Griselda. Le di la vuelta, la apoye sobre la pared de mosaicos blancos del baño y comencé a besarle el cuello y bajar por su espalda. A medida que bajaba le hice abrir sus piernas y besando sus nalgas seguí bajando hasta quedar sentado en el piso de la bañera.

Desde esa posición y favorecido por la que ella tenia me dedique a comerle otra vez su sexo pero, ahora, también comía y besaba su culo jugando con mi lengua en su ano.

No se si era por el agua que corría sobre nuestros cuerpos pero me parecía que de su sexo salía más flujo que antes y yo me lo bebía todo tragando todo lo que podía aquel sabor agrio dulce de mi colegiala favorita. Mientras mi lengua jugaba en su ano introduje dos dedos en su vagina y de tan sólo sentir la penetración de mis dedos sus piernas se aflojaron en un movimiento casi sentándose en mi rostro.

Los dos estábamos otra vez con una excitación que no nos cabía en el cuerpo y yo deseaba tenerla a ella, a esa alumna que descubrí en mi oficina con mas intensidad que la mujer que instantes antes se me había entregado y le dije: Griselda te quiero coger otra vez, vamos a la cama.

Cerramos el agua, nos secamos con las toallas que ella había preparado mientras nos dirigíamos a la cama de sus padres. El lecho era un completo desastre, las sabanas eran un rollo de tela a la mitad de la cama y sin que eso nos importara nos recostamos en la cama y nos besamos.

Yo la tome nuevamente y la coloqué boca abajo y volví a repetir el movimiento de besar su cuello, espalda y nalgas que había hecho en la ducha y ella, mientras tanto, con una mano bajo su cuerpo se acariciaba por indicación mía su sexo y clítoris para aumentar su excitación.

Abrí sus piernas y mientras ella se masturbaba a gusto yo jugué en su culo con mi lengua mojándolo todo, metiéndosela todo lo que podía adentro o mordiendo sus nalgas. Ella comenzó a gemir cada vez más fuerte y a pedir que no parara, que le diera más, que le gustaba y luego de mojar dos de mis dedos en sus jugos que escurrí desde lo más profundo de su sexo comencé a penetrarla con ellos por el culo.

Primero puse mi dedo medio, suave al principio y mas fuerte una vez que entre y tras unos movimientos de mete y saca forcé la entrada del segundo dedo junto al primero. Ella dio un respingo porque no se lo esperaba e, incluso, dijo una exclamación de dolor: Auchhh, a lo que le pregunté si le dolía, si quería que lo sacara.

Se dio media vuelta y mirándome me dijo: No, no me duele y no quiero que los saque. Si tiene que ser, mejor que sea hoy y que sea Usted el primero profesor. Deme más.

Yo volví a las caricias y reinicie la penetración de mis dedos sintiendo como se deslizaban con torpeza en el interior de su ano. Cuando ya había entrado más de la mitad de los dedos, comencé a retirarlos y antes de que se salieran volví a meterlos otra vez yendo ahora más profundo que antes.

Mientras mis dedos desvirgaban su culito apretado me le dije: No dejes de tocarte Griselda, pajeate a gusto que vas a sentir todo el placer de esto y ella en silencio obedecía aumentando el ritmo de sus dedos en su clítoris.

Aquel movimiento dificultoso de mis dedos de un principio se fue suavizando a medida que ella se relajaba y aumentaba su excitación y todo ello provocaba que su ano se fuera dilatando para permitir la penetración de mi miembro por ahí atrás.

Cuando ella alcanzó un grado de excitación un poco mayor ya no era necesario que empleara fuerza para meter mis dedos y solita fue levantando su culito con las caderas buscando ser penetrada cada vez mas hondo y eso me hizo notar que ya estaba lista para el siguiente paso.

Tomé una de las almohadas de la cama de sus padres y la coloque bajo cuerpo, le indique que no dejara de masturbarse y me posicione entre sus piernas desde atrás para la penetración. Con lo0s mismos dedos que antes la penetraba tome mas flujo de su concha y me lo esparcí por mi miembro lubricándolo y sosteniéndolo desde la base lo frete un par de veces en su sexo para que quedara bien untado de ese néctar y me ubique para iniciar la penetración anal.

Apoye mi glande en su ano que se veía bien dilatado y suavemente deje ir el peso de mi cuerpo hacia adelante. Pude ver como poco a poco mi glande desaparecía a introducirse en su recto y cuando ya había entrado todo me detuve un instante para que ella se acomodara y lo disfrutara. Le pregunte si le dolía y ella dijo: Dolor?, no no me duele, sólo siento una molestia. Yo entonces le pregunte si le gustaba, si lo disfrutaba y ella dijo: Si, si me gusta pero se siente raro profesor.

Diciéndole: Pajeate, masturbate Griselda que esto se va a poner mejor deje ir otro poco de mi verga en su interior hasta la mitad o poco más. Con ese movimiento ella dio un leve gemido y asintiendo mis palabras repetía: Siiiii, Siiiii se siente lindo, esta bueno profesor, más, más por favor.

Yo le respondí: Como vos quieras mi nena. Vos pones el ritmo mi amor.

Introduje lo que restaba de mi verga en ese diminuto culo que ahora se abría como un libro para mi hasta que hizo tope mi pelvis en sus nalgas y ahí me quede estático unos instantes esperando su reacción.

Ella seguía ahí con el culo empinado, con su mano acariciando el clítoris a un ritmo muy elevado, jadeaba y resoplaba y no decía nada más. Su silencio me llamo la atención y le pregunté si estaba bien, a lo cual respondió: Siiiiiiiiiii, estoy acabandoooooooo otraaaa veeeeeezzzzz uffffffffff.

Ella en verdad lo estaba disfrutando, en silencio por la falta de experiencia y el temor de lo nuevo y yo le dije, Queres que me mueva nena? Y me respondió: SSSSiiiiiiiii, agggffff, partime el culo como vos quieras.

Entonces me retraje un poco sacando la mitad de la verga desde adentro de su culo y nuevamente se lo volví a meter hasta el fondo y ella respondió con un grito desgarrador: AAAhhhhhh, más, más, dame mas y no te pares.

Otra vez repetí mi movimiento y ella otra vez pedía más y lentamente comencé a incrementar el movimiento adoptando ya un ritmo de penetración normal. Podía sentir las paredes de su recto abrazando mi verga a cada centímetro de penetración y la mano que antes masturbaba el clítoris ahora acariciaba mis huevos frotándolos contra su sexo. En un santiamén ella se acopló al ritmo de mis penetraciones y se había entregado por completo al placer del sexo anal que ahora disfruta por completo y sin tabúes.

Ella soltó mis huevos y sosteniéndose en sus dos antebrazos se elevó un poco más hasta que la altura de su culo quedo perfecta para mi penetración arrodillado desde atrás y yo la tomé por las caderas con fuerza y comencé a darle verga en el culo con todas mis fuerzas. Ya no era sólo yo el que se movía en la penetración sino que, a cada estocada de mi estilete en su carne, ella arremetía hacia atrás buscando más y mas verga.

Ella comenzó a gritar sin parar, decía cosas sin sentido, bufaba como un animal en celo y lo único que se entendía era la palabra mas o metelo mas y yo alcance ese estado en que uno sabe que es inminente la eyeculación, en que el momento más sublime esta próximo a desbordar y se lo dije diciendo: Ahhhh Griselda, Como me gusta tu culo. Te lo lo voy a llenar de mi leche Bebe.

Ahí ella respondió: Damela Toda, la quiero toda en mis entrañas, como te siento adentro mio, DAMELAAAA y en ese instante exploté como la vez anterior y el ella conmigo. Hice un movimiento fuerte hacia delante como queriendo atravesar su carne y ella repitió lo mismo a la inversa pegando sus nalgas a mi cuerpo y por un instante el silencio se apoderó del ambiente, ni las respiraciones agitadas se sentían, fue como si todo en el universo se hubiera detenido por ese momento.

Segundos después los dos cuerpos se desplomaron sobre la cama, yo sobre ella y mis manos buscaron las suyas, nuestros dedos se entrelazaron y apretaron tanto como sus nalgas apretaban mi miembro y nos quedamos así por unos cinco o diez minutos, más o menos, tratando de recobrar aire y conciencia.

Cuando estábamos repuestos, mi miembro se salió de su interior al perder la erección dejando escurrir mis jugos por nuestras piernas y para evitar manchar la cama de sus padres salió corriendo al baño a lavarse. Un par de minutos después regresaba a la cama junto a mi y recostándose sobre mi cuerpo nos quedamos besándonos y cambiando caricias por un largo rato.

La primera en hablar fue ella y me dijo: Es increíble. Jamás pensé que sería tan fantástico. Me gusto todo lo que hicimos hoy y vaya sabiendo profesor que lo va a tener que repetir conmigo más de una vez, le queda claro, verdad? Y me volvió a besar.

Yo le dije: Si, todo esta muy claro Griselda y lo repetimos cuando vos quieras.

Unos instantes después y tras intercambiar varias caricias y besos le dije que me tenia que ir, pues ya eran las 23.00 y yo no podía llegar mas tarde a casa. Me duche nuevamente (esta vez sólo) mientras ella arregló todo en el cuarto de sus padres borrando los rastros de lo que ahí había ocurrido.

Cuando salí me vestí, me acompañó a la cochera para abrir la puerta de salida y nos despedimos con varios besos en el estacionamiento. Subí a mi coche y me despedí de ella con el saludo clásico del profesor a su alumna en la clase: "Adiós Griselda" y ella con una sonrisa en su rostro que jamás se me olvidara respondió: Hasta la próxima, mi .... , ups perdón, ... Profesor" y rió mientras yo inicie la marcha de regreso al hogar.

Así fueron mis comienzos de esta relación con mi alumna predilecta, la mejor de todas, y a esos tres primeros encuentros se le siguieron muchos otros por un largo tiempo en el cual ni yo deje mi trabajo, familia o trabajo y ella no dejó a su novio (al menos por ese entonces hasta que encontró uno que la satisfacía mejor). Hoy ya nos hemos distanciado, aunque de tanto en tanto ella llama a mi oficina para charlar y cuando se despide de mi, me dice: "Adios mi profesor" y yo en tono de broma le contesto "Adios, mi alumna predilecta" y ambos sabemos que en cualquier momento otro encuentro se pude dar cuando menos lo pensamos.

TodoRelatos.com © Paco_Gerte

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