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Fecha: 06-Ene-05 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Círculo Incestuoso (16)

Liguero
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Una experiencia única con el fabuloso culo de mi madre. Como un paréntesis en el relato de la formación de este excitante círculo del incesto, narro ahora cómo tuvo lugar el desvirgamiento anal de mi madre. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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CÍRCULO INCESTUOSO

(Parte 16. – El desvirgamiento anal de mi madre.)

En el capítulo anterior habíamos acabado formando un excitante trío entre mi madre, su tetona amiga Elena y yo mismo. Durante la fenomenal follada entre los tres quedó perfectamente claro que Elena se excitaba enormemente con las relaciones incestuosas y que entre sus deseos estaba el de follar con su propio hijo José. Ella aún ignoraba que su hijo tenía exactamente los mismos deseos hacia su maciza madre. También habíamos esbozado un plan para hacer efectiva la inclusión del hijo de Elena en nuestro círculo del incesto.

No obstante todo lo relacionado con Elena y con su hijo José lo relataré en un próximo capítulo ya que pasaron unas semanas hasta que pudimos llevar a efecto nuestro plan en las condiciones en que nosotros queríamos.

Antes, y dado que así ocurrió cronológicamente, me dispongo a relatar un acontecimiento singular y realmente excitante: El desvirgamiento anal de mi madre.

Ocurrió que una tarde días después estaba yo en casa cuando llegó mi madre de la calle. Al estar solos, lógicamente, y como los dos somos cada día más calentorros, empezamos a tocarnos, sobre todo yo a ella mientras se cambiaba y entonces mi madre me enseñó, a modo de sorpresa la ropa interior que llevaba ese día y que se había comprado aquella misma mañana. A mi me encanta la lencería sexy y así se lo había comentado más de una vez a mi madre pues ésta habitualmente lleva una ropa interior relativamente bonita pero muy normal. Quiero decir que su ropa interior está compuesta por sujetadores y bragas en su mayoría de color blanco y no particularmente sexys. En alguna ocasión yo ya le había regalado a mi madre un tanga negro y un sujetador del mismo color así como medias ya que los pantys tradicionales que suele usar mi madre tampoco me gustan pero una mujer con medias me resulta muy erótica. Además, ver a mi madre sólo con medias y zapatos de tacón, con esos muslazos tan buenos que tiene, es como para levantarle la polla a cualquiera, desde luego.

Bueno, la verdad es que mi madre sin duda había captado mi mensaje sobre la ropa interior porque según se iba quitando la ropa de calle pude ver que llevaba un sujetador rojo y negro a través del cual se transparentaban sus pezones, una braguita tipo tanga también con los colores rojo y negro combinados y, lo que más me excitó y sorprendió, un liguero a juego que sujetaba a su vez unas medias también negras. Parecía una auténtica puta de alto estánding y así se lo dije, lo cual le hizo mucha gracia por cierto.

Enseguida me agarré a ella y comencé a sobarla mientras le decía lo buena que estaba y lo caliente que me ponía con aquella lencería tan atrevida. Mi madre me confesó que también a ella le gustaba llevar ropa interior como aquella porque en efecto le hacía sentirse una puta y eso le gustaba.

- La lástima es que tendré que ponerme todo esto medio de incógnito porque si me ve un día tu padre con estas bragas y con el liguero seguro que piensa que me he vuelto loca o alguna cosa peor, ja, ja, ja.

Seguimos sobándonos y acabamos dándonos unos morreos de impresión. Después de un rato en este plan mi madre dijo que tenía que hacer una serie de cosas en casa y entonces dejamos ya de besarnos y de tocarnos aunque yo para entonces llevaba un calentón realmente enorme y no veía el momento de tirarme a mi madre a cuatro patas mientras ella seguía ataviada con aquel excitante liguero y con sus medias. Aunque le propuse echar un polvete rápido mi madre no me dejó ya que quería adelantar varias tareas de casa antes de que se le hiciera tarde.

La convencí entonces para que no se quitara la ropa interior que llevaba y ella accedió con una sonrisa pícara. Entonces mi madre se puso una bata ligera de andar por casa y a instancias mías tampoco se quitó las sandalias de tacón que lucía. Yo estaba particularmente cachondo y aunque ella trataba de zafarse de mi acoso para poder hacer sus cosas, el manoseo fue de órdago en toda su abundante y rechoncha anatomía. Ella se reía divertida y excitada

Mientras la sobaba y le daba fugaces besos con lengua también la piropeaba diciéndole algunas cosas bonitas y otras decididamente soeces, que también se que le gustan. Así iniciamos una caliente conversación sobre piropos mientras ella seguía haciendo sus tareas con aquella bata y con los tacones. Le pregunté entonces sobre el piropo más guarro que le hubieran dicho alguna vez ya que me excita mucho saber las burradas que le dicen los tíos desconocidos a mi madre por la calle. Entonces mi madre me dijo:

- Pues verás, hijo, como ya te comentamos el día que hablamos con Elena sobre estas cosas la verdad es que a mi lo que más me piropean es el culo. No es que todos los días me digan algo; de hecho ya a mi edad me dicen pocas cosas, pero cuando me lo dicen generalmente es sobre mi culazo, ya ves, una lo tiene gordo pero parece que gusta, ja, ja, ja.

- ¡Cómo no va a gustar esto, mamá! – le dije yo metiéndole la mano bajo la bata mientras ella colocaba unas latas de conservas en un armario y dándole un buen magreo en sus gordas nalgas.

- ¿Y qué es lo más fuerte que te han dicho de este culazo, maciza?

- Bueno, lo más fuerte... No se, lo normal es que me digan burradas del tipo "por ese culo ya te la metía yo hasta la pelotas" y cosas así. Ya ves, ordinarieces pero que en el fondo gustan, ya lo creo que sí, aunque sean burradas como esa. En la calle desde luego que no hago ni caso y pongo mala cara cuando me dicen algo así pero delante de ti, hijo mío, tengo que reconocer que me encanta que me digan que estoy como para metérmela hasta las pelotas.

- Ya lo creo que lo estás, mamá. – Le decía yo tocándole sus hermoso culo.

- Bueno, pues eso es lo que me dicen la mayoría que me echan algún piropo relacionado con el culo, ya sabes. – Continuó ella.

- ¿Y algún piropo especial o alguno que te haya parecido más fuertecillo o que te haya gustado más por alguna razón, mamá?

- Pero que morboso eres ¿eh?

- Sí, mamá. Es que me encanta que mi madre despierte pasiones bien guarras entre los hombres y por eso me gusta saber las cerdadas que te dicen, maciza.

- Bueno, pues el piropo que más recuerdo por lo fuerte que era me lo dijo un obrero de la construcción hace ya tiempo y, como siempre, iba por mi culo, Resulta que pasaba yo por una acera y trabajando en una obra había un chico de tu edad más o menos ¿eh? no pienses que era un viejo y me dijo primero "Olé, las mujeres con curvas" y como a mi me gustó el piropo porque es bonito y elegante pues le sonreí un poco, ya sabes. La cosa es que entonces él pareció animarse y me dijo algo que todavía hoy al recordarlo hace que casi se me moje el chichi, hijo.

- Bueno, ¿qué te dijo?

- Pues me dijo entonces "Y vaya culazo, señora; ese culo está para dar un beso al revés; meter la lengua por el ojete y hasta que salga por la boca".

- ¡Qué bueno! – celebré yo la ocurrencia tan obscena de aquel obrero referida al culo de mi madre.

- ¡Sí, sí, qué bueno… qué guarrada querrás decir! Pero la verdad, ya te digo, es que... bueno, pues que luego me ponía cachonda al pensar en semejante guarrada, ya ves. Y bueno, pues ese es el piropo más fuerte y guarro que me han dicho, creo yo, o por lo menos del que más me acuerdo.

- ¿Y has probado eso, mamá?

- ¿El qué?

- Que te metan la lengua por el culo.

- ¿Cómo voy a haber probado eso, hombre? ¿Quién me iba a hacer una guarrada semejante? Por supuesto que no.

- Pero te gustaría ¿a que sí?

- Hombre, no... Eso es una guarrada que en realidad no la haría nadie ¿no? Lo que pasa es que me pareció tan fuerte, tan…

- Venga, mamá, si dices que se te moja el chichi al acordarte… Que a estas alturas conmigo puedes ser sincera. Si te acuerdas tanto de ese piropo es porque te gustaría que te lamieran el ojete a base de bien. Y no disimules que no hace falta; además a mi también me parece morboso, no te creas.

- Ya, pero es que es una guarrada tan fuerte ¿no? Eso en realidad no creo que nadie esté dispuesto a hacerlo.

- Bueno, no creas. Y la verdad es que con un culo como el tuyo, tan apetecible, comértelo un poco, más que una guarrada debe ser un manjar, golfona. – Y mientras le decía esto le sobaba el culo a base de bien bajo la bata y deteniéndome en pasarle los dedos por la profunda raja que divide en dos su fabuloso trasero.

- Ya pero eso es muy fuerte...

- Ya veo, mamá, que realmente tu culo es un verdadero objeto del deseo ¿eh? Anda, levántate la bata y deja que te lo vea, que de tanto hablar de tu precioso culazo a mi también me está apeteciendo vértelo una vez más: ya sabes que gusta mucho verte el culo.

- Sí, cariño; ya se que te gusta el culo de mamá.

Mi madre sonrió con picardía e hizo lo que yo le pedía. Se levantó la falda y se inclinó sobre la mesa para dejar todo su orondo trasero ante mis ojos. Yo entonces, suavemente, le deslicé el breve tanga hasta dejarlo en sus tobillos y le empecé a pasar los dedos por el canalillo entre sus gordas nalgas. Mi madre iba gimiendo de gusto y en un momento dado y sin previo aviso me acerqué a su ojete y sacando la lengua se la pasé por el ano con verdadera excitación pues el culo de mi madre me estaba pareciendo realmente excitante y la idea de chupárselo me atraía enormemente y más ahora al saber que a ella también era algo que la calentaba de una manera especial. Al sentir mi lengua en su agujero marrón mi madre dio un respingo y soltó un tremendo quejido de sorpresa y que también lo era mitad de placer, mitad de excitación.

- ¡Ahhhh! ¡Hijo, pero qué me haces, qué me haces! ¿Qué me estás haciendo en el culo?

- ¿Te gusta, mamá? – Pregunté yo interrumpiendo brevemente mis lengüetazos en su ano.

- Ya lo creo que me gusta... pero deja, hijo, deja, que eso es una guarrada ¡ahhh! Eso no…

- Pero te gusta ¿eh, puerca? – Insistí yo insultándola para provocar aún más su vertiente de madura depravada.

- ¡Ummm, sí, sí me gusta, hijo, sí! ¡Ah, qué bueno! Es una cerdada enorme pero… ¡Ummm! La de veces que he pensado que alguien me chupaba ahí y ahora además me está chupando el culo mi propio hijo, que es mejor todavía, mucho mejor... ¡Ahhh! ¡Qué guarra soy! Esto sólo le puede pasar a una auténtica guarra como yo.

Entonces yo arrecié mi trabajo de lengua en el culo de mi madre y se le metí en el ano cuanto pude chupando el agujero todo lo profundamente que podía. Mi madre deliraba de placer y soltándose la bata se apretaba las tetas con furia por encima del sujetador.

Yo estaba disfrutando una barbaridad de aquellos lengüetazos en el culo de mi madre. Me excitaba mucho comerle el ano y aún más saber que ella deseaba y gozaba especialmente con esa caricia. Chupaba su agujerito y observaba cómo se contraía y se abría como una flor. Los pliegues rosados del ano de mi madre recibieron todo tipo de atenciones por parte de mi lengua mientras la cachonda de mi madre deliraba de gusto.

- ¡Aaaah, hijo, qué marranada más deliciosa! Nunca pensé que me fuera alguien a hacer una cosa así. Es divino. Y eres tú, mi amor, es mi propio hijo el que le está metiendo la lengüita en el culo a mamá. ¡Sigue, sigue, cariño, chúpale el culito a la guarra de tu madre, aaaaah! ¡Qué gozada! Así, así, con la lengua bien dentro. ¡Uooohh!

Pronto mi madre se deshizo de la bata y del sujetador pues la muy golfa sin duda quería sentirse desnuda completamente y entregada al vicio y al placer. Se apretaba las tetas y se estiraba de los pezones mientras yo le seguía metiendo la lengua en el culo y ella me decía:

- Así, así, más, más; bien dentro, méteme la lengua bien dentro, chúpame, cómeme el culo, méteme la lengua en el agujero y chupa, mamón, chupa. ¡Aaaggh! ¡Ooohh! ¡Pero qué guarro eres, hijo! ¡Así, así, cómele el culo a la cerda de mamá, aaahh!

Yo seguía chupando con verdaderas ganas y con una excitación enorme que hacía que mi polla estuviera ya como el acero. Mi madre también estaba cachonda perdida y de hecho empezó a formarse una pasta blanquecina y brillante en su chocho, señal inequívoca de su extrema calentura.

Después de un rato en el que seguí comiéndole el culo a mi madre mientras ella disfrutaba enormemente, le dije:

- Esto es lo que deseabas, verdad, zorra. Una lengua bien dentro de tu culazo...

- Sí, hijo. La verdad es que he soñado con ello muchas veces desde que aquel chico me dijo eso pero nunca me hubiera atrevido a pedírselo a nadie, ni siquiera a ti. Gracias por comerle el culito a mamá, cariño. Es delicioso. ¡Ahhhh! ¡Ummmmm! Sigue, sigue si no te importa, méteme la lengua más, chúpame el agujerito. ¡Esto es cojonudooooo! ¡Aaaaaah!

Tras una nueva tanda de lengüetazos, bien larga y durante la cual mi madre realmente gozó como una puerca, me incorporé y le dije:

- Mamá, ¿nunca te han dado por el culo?

Pero a mi madre no le dio tiempo a contestarme porque en ese momento oímos el sonido de alguien abriendo la puerta de la calle y entonces mi madre se incorporó con la velocidad del rayo y se puso el sujetador y la bata mientras yo le subía las bragas en cuestión de segundos. Apenas había dejado de jadear cuando hacía su aparición mi padre, que acababa de llegar de trabajar. No debió notar nada porque nos saludó como siempre y tras intercambiar unas frases triviales con nosotros dijo que se iba a cambiar a su habitación.

De nuevo a solas y una vez estuvimos seguros de que mi padre estaba en su habitación, mi madre me agarró por el cuello y me dio un tremendo beso con legua saboreando mi boca y me lengua. Cuando acabó me dijo:

- Cariño, estaba deseando probar esa lengua que tanto gustito me ha dado en el culo. Ahora no podemos seguir pero eso que me estabas haciendo tiene que continuar ¿eh, mamonazo?

- Desde luego, mamá y…

- Y con respecto a tu pregunta – me cortó ella - la respuesta es no, cariño, nunca me han dado por el culo. Mamá es virgen por ese agujerito... Nunca se ha metido una polla por ese agujerito que tú me has chupado tan bien, hijo.

Ya no pudimos hablar más porque mi padre ya salía de su cuarto y de disponía a leer el periódico en la sala. Mi madre siguió con sus cosas aunque en cuanto pudo se cambió los zapatos de tacón por unas zapatillas de estar en casa.

No fue hasta pasados dos días cuando pudimos retomar lo que habíamos dejado cuando nos había interrumpido la llegada de mi padre. Fue el viernes de esa semana a la tarde. Como yo tengo libres las tardes de los viernes estaba en casa después de comer viendo la tele aburridamente cuando apareció mi madre en la sala llevando puesto nada menos que el liguero que le había visto el día de la comida de culo, unas medias negras de red y sus zapatos de tacón. Nada más. Yo nada más verla aluciné y se me puso la polla como un mástil, lógicamente, pues ver a mi jamona madre con esas pintas no es para menos. Pensé que nos íbamos a dar un buen atracón de sexo aquella tarde y la manera de iniciarlo por parte de mi madre no podía ser más sugerente. Ella avanzó insinuantemente hacia donde yo estaba, se inclinó sobre mi, me dio un beso en la boca y acto seguido se dio la vuelta y apoyándose sobre la mesa de la sala puso todo su esplendoroso culo en pompa delante de mi cara mientras me decía:

- Cariño, es hora de que acabes lo que empezaste a hacer con mi culo el otro día. Anda, dale un besito en le ojete a mamá, que lo está deseando.

Por supuesto enseguida me abalancé sobre el delicioso culazo de mi madre y empecé a cubrirle de besos sus gordas nalgas hasta que poco a poco me fui centrando en su redondo ojete. Como hiciera el día anterior, le metí la lengua y se lo chupé a base de bien mientras ella suspiraba y soltaba verdaderos gemidos de placer y lujuria. Tras un buen rato comiéndole el agujerito yo también me desnudé; me incorporé, me puse detrás de ella y empecé a pasarle mi endurecidísima polla por la raja que divide su hermoso culo en dos blanquísimas esferas.

- ¿Te gusta el culito de mamá, eh? – Decía ella con voz mimosa.

- La verdad es que tienes un culo apetitoso como pocos ¿eh, mamá? No me extraña que los tíos te digan esas cosas respecto a este fabuloso culazo que tienes, maciza. Tienes un culo para comértelo, para penetrártelo y para hacer con él todo tipo de locuras, maciza.

Y mientras le decía esto yo seguía pasándole la polla por entre las nalgas sintiendo la calidez de su hermoso trasero y de la hendidura que separa sus enormes nalgas. En un momento dado y mientras paseaba mi polla arriba y abajo por su el canal de su culazo, le dije:

- O sea, mamá, que eres virgen de aquí atrás ¿eh?

- Sí, cariño. Nadie me la ha metido en el culo nunca. Lo más que ha entrado en mi ojete ha sido tu lengua, mi amor, y ha sido tan excitante y placentero que a partir de ahora puedes considerar mi culo enteramente tuyo.

- La verdad es que dan ganas...

Mi madre en ese punto, y mientras mi polla se apretaba más contra su trasero, me interrumpió y me dijo:

- Sí, hijo, hazme lo que tanto hombres han querido hacerme y todavía no ha hecho ninguno. ¡Dame por el culo! Métesela a mamá por el culo y disfruta de mi ojete y de mi panderazo, que se que tienes ganas, cerdo, y a mi me complace mucho que desees de esa forma mi culito. ¡Dame por el culo! ¡Dale por el culo a tu madre! Desvírgame y penetra por el único agujero que aún no ha sentido una polla dentro. Quiero que sea la tuya, cariño; quiero que sea la tranca de mi hijo la primera que se meta en mi culo.

- Me apetece muchísimo, mamá, pero sólo quiero hacerlo si tu de verdad lo deseas; no quiero que hagas nada que no te apetezca realmente.

- Pues encúlame, cacho cerdo, que eso es lo que me apetece ahora después de la comida de ojete que me has hecho

- ¿Estás segura, mamá?

- Claro que sí, cariño. Después de lo que me has hecho gozar chupándome el ojete créeme, de verdad lo que más deseo ahora es una polla en todo el ano dándome bien. Venga, métemela, encúlame. Dame por el culo como a una perra viciosa, que es lo que es tu madre.

No me hice de rogar más. Apunté a su ano con mi endurecida polla y en aquella postura, con mi madre inclinada y apoyándose en la mesa de la sala, se la empecé a meter por el culo. Al principio costó lo suyo pero después de intentarlo un rato, cuando finalmente entró mi glande, sorprendentemente y a pesar de ser mi madre virgen del culo, el resto de mi polla entró con inusitada facilidad, sin duda debido al resultado de la tremenda lamida de ano que le había dado a mi madre. Una vez la tuve alojada por completo en su interior empecé a bombear al principio con mucha suavidad para conseguir un buen acople. Mi madre ronroneaba como una gata y me decía:

- Qué gustito, cariño. No es tan doloroso como me habían dicho algunas. Siento como unas cosquillitas muy agradables. Y es que me lo estás haciendo tan suavemente, amor mío. ¡Aaah! Sigue, sigue así, amor. Disfruta del culo de mamá, que se que te gusta.

Estuve deslizando suavemente mi polla por su recto un buen rato, disfrutando de la fabulosa sensación de encular a mi madre. Era bestial y más de una vez estuve a punto de correrme sin remisión en su recto pero logré contenerme porque quería prolongar la enculada en el fabuloso panderazo de mi madre.

Poco a poco, y mientras mi madre gemía de gusto, empecé a acelerar el ritmo de la enculada y a follarle el ojete con ganas. Mi madre empezó a gemir con más fuerza y a decirme:

- Así, cariño, así. Taládrame el ojete; rómpeme el culo y goza conmigo como con una perra. Dame fuerte, dame tu gorda polla por el culo, sííííí… Dale por el culo a la puta de tu madre, que te lo mereces por ser un hijo tan guarro y vicioso. ¡Aaaaaahh! ¡Ooohh!

Y así, un rato después y entre alaridos de ambos mi madre alcanzó lo que luego ella misma calificó como una especie de orgasmo anal, tal fue el placer que sintió. Distinto del que siente por el chocho según ella misma comentó, pero igualmente placentero. Yo me corrí también instantes después inundando por primera vez de leche con gran placer el recto de mi madre.

Una vez desenganchados mi madre se colgó de mi cuello, me dio un beso absolutamente baboso y me dijo:

- Mi amor, desde hoy tienes otro agujerito de mamá a tu disposición para darte gusto.

Yo le di una buena palmetada en una de sus gordas nalgas y le dije:

- Puedes estar segura, mamá, de que lo voy a disfrutar porque gozar de este culazo es realmente sublime y no son pocos los que darían lo que fuera por echarte un buen polvazo en este culazo, zorrona.

Tras este episodio anal que supuso el desvirgamiento de mi madre por su puerta trasera, los dos estábamos tan contentos y excitados que rematamos la faena con un nuevo polvo, esta vez por el chocho, que hizo que mi madre alcanzara otros dos tremendos orgasmos y que yo acabara corriéndome sobre su boca de puta calentorra.

Mi madre después me repitió una vez más que le había encantado follar por el culo y que lo que más le había gustado era que yo, su propio hijo, hubiera sido el encargado de estrenar su puerta trasera. También me dijo que la comida de culo que le había hecho había sido de lo más excitante y morboso que le habían hecho jamás y eso que la vida sexual de mi madre últimamente no está precisamente exenta de morbo.

Continuará…


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