En el relato "Desinhibiendo a mis amigas" pueden encontrar
información sobre los sucesos previos a lo que ahora paso a contarles. La noche
anterior noté que Esteban a diferencia de los demás que estuvimos en la
fiestecita, no desvirgó a Lorena que prácticamente lo desvestía bajo el efecto
de un alcaloide de mi autoría que rompía la inhibición de las personas y que
hábilmente mezclado en el ponche, en complicidad con Esteban, llevó a otras
amigas a perder la virginidad. Desde antes de la reunión y hasta la madrugada lo
noté cabizbajo e indeciso.
Cerca de las 7h00 sonó el teléfono de mi cuarto, era él,
¿vamos a jugar futbol?- preguntó – apenas está amaneciendo, apenas hace cuatro
horas que nos despedimos - protesté – se me fue el sueño y no quería ser el
único despierto- bromeó nerviosamente- ¡anda a despertarle a tu madre! además –
le dije – hoy no quedamos en jugar futbol – no importa, paso por tu casa en un
par de horas – y asentó el teléfono. Me quedé dormido nuevamente, cerca de las
8H00 sonó el timbre, minutos después mi madre introducía a Esteban a mi
dormitorio sin siquiera preguntarme – ¡levántate vago! Me gritó lanzándme a la
cara una pelota de basketball que apenas pude evitar. Era un día radiante, me di
un ducha rápida, zapatos, short y una vieja BBD y nos encaminamos con Esteban al
parque marginal del río. - No íbamos a jugar futbol?, yo ni siquiera juego
básquet – dijiste que no habíamos quedado – contestó entre alegre y nervioso-
dejando sus llaves y una caramañola de "Trek" a un lado de la cancha vacía.
Esteban era blanco, pero bronceado, delgado pero con músculos
delineados sin ser cortados, tenía una carita de niño, ojos café oscuro, nariz
perfecta y labios gruesos, usaba el pelo ligeramente largo, no tenía bello en su
cuerpo, incluso sus axilas estaban rasuradas. Esa mañana se le notaban ligeras
ojeras, y después de la farra de la madrugada yo debía tenerlas también, tenía
dolor de cabeza y algo de sed por la resaca, pero eso no importaba, sabía que
algo le pasaba a mi amigo y no iba a dejarle.
Me miraba entre atrevido y nervioso, comenzamos a jugar uno a
uno, por supuesto el me llevaba una gran ventaja, así que comencé a usar mi
cuerpo con más fuerza, el sol subía en el cielo despejado así que nos quitamos
las camisetas, el quedó contemplando mi pecho nada definido pero muy ancho y
fuerte, no pude dejar de admirar su torso dorado que brillaba con el sol, el
contacto físico se hizo mayor y comenzaba a provocarme extrañas sensaciones que
obviamente él también sentía, comenzó a distraerse y pronto el partido estaba
igualado a 45. – vamos hasta los 50 - me dijo – Ok – le respondí, en el punto
decisivo, viéndome perdido manoseé su nalga, el quedó paralizado lo suficiente
para que pierda el balón y el partido concluyó. - Qué no sabías basket – dijo
pellizcando mi tetilla – nos sentamos junto a la cancha, el bebió de la
caramañola y luego me la pasó – esto es bueno para el "chuchaqui" (la resaca) –
explicó tendiéndose en el llano, bebí un buen sorbo – rayos esto es ponche –
protesté – bebe un poco más me dijo incorporándose y empujando ligeramente la
caramañola a mi boca con una mirada inquisidora y extraña- te estabilizará –
dijo nerviosamente, yo no sabía qué le pasaba si bien sospechaba que quería
hablarme de eso, bebí algo más y me tendí junto a él, su mirada buscaba mis ojos
y en seguida huía, yo había tenido sexo con hombres unas pocas veces y el asunto
comenzaba a calentarme, su nerviosismo, su mirada, sus líneas suaves, su piel
dorada y brillante, sus labios...
- Mis papás y mi hermana se fueron a la quinta temprano –
dijo- vamos a mi casa a desayunar – vamos- le dije. Su casa era cerca y en el
camino nos bebimos el resto de la caramañola de ponche, cuando llegamos comencé
a sentir un extraño mareo – el ponche era el de ayer – le pregunté – me quedó
mirando sin contestar, entre sonreido y asustado, se me acercó hasta unos pocos
centímetros– por qué lo bebiste también- sus manos acariciaron mis caderas y mis
costados, su boca se abría sensual y yo no pude más, nos enlazamos en un beso
largo y apasionado, acaricié su piel suave y sentí su cuerpo junto al mío, nos
dirigimos a su cuarto, me besó el pecho, el abdomen hasta quedar arrodillado, le
ayudé a bajar mis shorts y mi verga brillante de precum saltó victoriosa, su
mirada se perdía entre mis testículos y mi pene que masajeaba suavemente, su
lengua recogió el precum y pronto ejecutó una mamada apasionada que yo guiaba
desde su nuca y orejas, la mirada de sus labios gruesos alrededor de mi verga y
su cara de niño goloso me estaban exitando intensamente, me arrodillé yo también
y le di un beso profundo en el que pude sentir el sabor de mi propia verga.
Nunca había besado a otro hombre, simplemente me habían mamado y les había
penetrado, esta vez era diferente, esta vez Esteban me estaba atrayendo.
Se acostó en su cama y por primera vez me puse entre las
piernas de otro hombre y succioné su miembro mediano pero grueso y venoso – no
sabes cuánto he ansiado esto- me dijo con una expresión de quien cumple su sueño
dorado, lubriqué con saliva su ano y lo distendí con mis dedos sin parar de
mamar, él comenzó a retorcerse de placer, sentí el inicio de sus espasmos que
ahogué presionando su escroto, me puse de pié y comencé a penetrarle suavemente,
aaaahh, gritó de dolor y placer – no pares- dijo – sigue-, en menos de un minuto
mis testículos tocaron su culo y comencé un vaivén suave y largo, sus gemidos
sensuales, sus suaves contorciones, y su sonrisa me estaban enloqueciendo,
estuvimos así por varios minutos, descubrí su próstata y aceleré mis movimientos
sobre ella, Esteban temblaba y yo no aguantaría mucho más, bastó que tocara su
pene para que este comenzara a eyacular abundantemente, la vista de ese
espectáculo fue demasiado, también me corrí en su interior con una intensidad
que nunca había experimentado, rendido saqué mi verga me tendí junto a él.
Cuando recuperamos la respiración noté la sonrisa idiota
efecto del alcaloide y le dije – no era necesario que me dieras el ponche –
quería asegurarme, y yo también lo necesitaba, hacía tiempo que me gustabas pero
no sabía como reaccionarías - Desayunamos y pasamos el resto de la mañana juntos
en su cuarto durmiendo y teniendo sexo.
La verdad, aunque esta experiencia fue muy intensa siempre
seguí prefiriendo a las mujeres. De vez en cuando repetíamos el numerito pero a
la larga yo sólo buscaba sexo y Esteban era mucho más romántico, se alejó de los
amigos y de mí poco a poco, luego le vi frecuentando a un muchachito de su
barrio y hace poco me contaron que se había casado con una chica, lo cual me
sorprendió. Todavía me exita recordar estos episodios pero no puedo dejar de
pensar que a la larga el asunto me costó un gran amigo.