La película era lo de menos. Estábamos aburridos y se nos
ocurrió ver lo que fuera. Al entrar a la sala nos sorprendió que estuviera tan
vacía: sólo dos mujeres estaban sentadas en la última fila, justo en el centro,
adonde da el pasillo de las escaleras; por lo que pude escuchar de su plática
(pues la película aún no comenzaba), entendí que eran tía y sobrina. Mi chica y
yo ocupamos una fila debajo de ellas; esta fila como las demás están divididas
por el pasillo central, y acostumbramos ocupar los lugares cercanos a ese
pasillo, con mi chica en el extremo.
—A mí me gustaría que mi mamá fuera más como tú.
—Pues sí, yo creo que es por tu papá.
—Ya ves cómo se viste.
—Pues yo la he llevado a comprarse ropa, y siempre lo mismo.
De hecho, le regalé una mini como ésta…
—¡Pero jamás la ha usado…!
Esta parte de la conversación me animó a echar un vistazo
hacia atrás, por entre los asientos y, efectivamente, la tía llevaba una
minifalda excesivamente corta, y no tenía ningún reparo en que se le subiera al
cruzar y descruzar las piernas.
Cuando se apagaron las luces, mi chica me dijo que tenía que
ir al sanitario. De modo que apenas se levantó, me quedé mirando a las mujeres,
que bajaron la voz, pero por sus ademanes —sobre todo por los de la tía, que se
tocaba las piernas y la cintura— entendí que platicaban de lo mismo. La sobrina
notó que las estaba mirando y trató de hablar más bajo aún; sin embargo, no se
lo dijo a la tía, quien ya la había tomado de la mano para que ella misma
sintiera la textura de sus medias. La sobrina titubeaba un poco (creo yo que
porque se había dado cuenta de que las miraba; además, éramos los únicos en la
sala). A mí, con la mente cochambrosa que tengo, se me paró la verga de
inmediato, y empecé a sobármela por encima del pantalón, asegurándome de que la
sobrina se percatara de ello.
Mi chica regresó y se sentó, se abrazó a mí y comenzó la
película que, por supuesto, ni pude ver, pues la tía y la sobrina comenzaron a
acariciarse, primero de forma más bien discreta, pero conforme avanzaba la
película la tía empezó a meterse la mano de la sobrina entre las piernas. Mi
chica tenía su cuerpo recargado contra mí, por lo que sus nalgas quedaban a la
vista de la sobrina, por lo que se me ocurrió subirle su falda hasta el calzón y
acariciarle su rayita. Mi chica no tenía idea de lo que pasaba atrás, de modo
que se dedicó a sobarme la verga ya de por sí endurecida. Esto excitó
evidentemente a la sobrina, que no perdía detalle, y se bajó la cremallera de
sus jeans. La tía, ni tarda ni perezosa, le metió mano un buen rato.
—¿Me la quieres chupar? —le sugerí a mi chica, con un volumen
suficientemente alto como para que me oyeran las mujeres de atrás. Mi chica sólo
se limitó a bajarme el cierre y a darme una de las ricas mamadas que suele
darme, pues es muy buena para eso y más. Las dos mujeres escucharon —seguro—, y
la tía se abrió de piernas y tomó la cabeza de su sobrina para que le mamara.
—Nos pueden ver —alcancé a escuchar que decía la sobrina.
—Hazlo, anda, no creo que el joven y su novia se molesten —y
fue entonces que realmente se puso bueno el asunto, pues la tía volteó a verme.
—¿Verdad? —dijo bajito, y me tocó la cabeza con su pie sin zapato; lo metió
entre los respaldos de nuestros asientos y quedó justo en mi cara. Mi chica
seguía mamándome la verga. Yo le subí su falda un poco más y le metí los dedos
en la panochita. La sobrina comenzó a gemir, mientras yo le chupeteaba el pie a
su tía, que tenía una mano en la cabeza de la chiquilla, presionándola contra su
pucha abierta, y la otra masajeándose sus propias tetas.
Fue asombrosa la cantidad de leche que derramé en la boquita
de mi chica, quien me siguió mamando.
—¿Me la metes…? —me pidió. Wow. Y a película apenas llevaba
unos veinte minutos…
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