UNA FISCAL EN MANOS DE LA COSA NOSTRA
CAPITULO 2 : DOBLEGANDO A UNA MUJER VALIENTE
Al menos, me dejaron descansar durante el resto del dia.
Aunque pueda parecer extraño, dormí. El cuerpo sabe lo que ha de hacer en
situaciones de crisis, y el mio aprove-
chó esas horas de paz para recuperarse mediante el sueño. En
dos ocasiones desperté con retortijones intestinales, y no pude evitar perder
algo de heces líquidas por el ano antes de conseguir llegar al retrete. No tenía
el control total de mis esfínteres, pero confiaba que en unas horas o dias me
recuperaria, eso si no recibia nuevos maltratos. No confiaba demasiado en ello.
El lugar donde me encontraba estaba muy alejado de zonas urbanas o industriales,
no se oia ruido ni tráfico, solo el tañir lejano de una iglesia. Dentro del
edificio donde me encontraba habia algo de actividad, a veces oía puertas, voces
apagadas, e incluso en una ocasión lo que parecían ser gritos de dolor. No era
nada tranquilizador. Durante la puesta de sol permanecí despierta, se veían unas
tonalidades anaranjadas de increible belleza. Para el universo yo no era nada,
todo seguia su curso. Excepto mi vida. Entonces se abrió la puerta. No miré
hacia ella, no pensaba colaborar en nada. Pasos que se acercaban. Una mano tiró
de la sábana que me cubría, y quede desnuda ante ellos. Me puse en posición
fetal. Eran dos. Me contaron lo que tantas víctimas de violación habían relatado
a la policia. Que mas me valía ser buena, que hasta lo podría disfrutar. Eran
tipos bastos, que a duras penas sabían hablar correctamente. Yo no me moví. Se
cabrearon bastante. Me chillaron si era sorda. No dije nada.
Primero me dieron una paliza con un bastón. Fue doloroso. En
un momento dado, cuando estaban excitados por poder imponerse a lo que crían una
mujer indefensa, estiré mi pierna derecha. Mi talón desnudo golpeó al mas bajito
de los dos en la nariz, se escuchó claramente como se rompìa. Cayó al suelo. Si
neutralizaba al otro podría escapar tal vez... pero no era tan buena, y el tio
me sacaba 40 kg al menos. De todos modos se llevó un buen golpe en el cuello. Me
dejo semiinconsciente de un puñetazo en la sién. Cuando desperté, me habian
atado las muñecas con sus cinturones al grifo del lavabo. Me habian colocado
sobre el camastro, girandolo para que mirase hacia aquel. Uno se estaba tocando
la nariz, sangrante, comprobando el alcance de la lesión. El otro me colocaba la
almohada bajo el abdomen. Me separó las piernas. Me penetró vaginalmente sin
miramientos. Fue pura lujuria, estaba tan excitado que acabó en un minuto. Al
acabar me contó cuanto deseaba follarse a una Jueza o una Fiscal, que su trabajo
era maravilloso. Yo no dije nada, sabía que lo malo venia del otro. Estaba muy
cabreado por su nariz, como se pueden imaginar. Y era un hombre violento. Queria
matarme, pero su compañero le calmó, explicandolo que eso cabrearia a Don
Salvato-
re. Y no querian que eso ocurriese. Asi que se contentó con
darme unos cuantos puñetazos en los costados. Duros, me dejaban sin respiraciòn.
Escupió en mi ano,y me violó por allí. Parecia decepcionado de encontrarlo
"abierto". Me insultó muy duramente, obviamente a mi eso me daba igual. Como
también estaba muy excitado, pese al dolor, acabó pronto. Discutieron entre
ellos si me iban a obligar a chuparsela. Llegaron a la conclusión de que no era
algo muy prudente. Asi que repitieron el abuso, en esta ocasión cambiando
posiciones. Y, de propina, ración extra de penetración vaginal con porra.
Profunda. Repetida. Un infierno de dolor. Un empalamiento. Me desmayé una vez.
Al cansarse, el Señor Nariz Rota se la machacó para intentar lograr otra
erección, pero no lo consigió. Asi que me dejaron, atada al grifo, sin poder
moverme. Su semen en mi interior. El sexo ardiendo por el maltrato con la porra.
Cardenales y moratones de la paliza saliendome en el cuerpo. Cuando llegó el
siguiente retortijón, hube de hacermelo encima. Cuando la necesidad de orinar se
hizo insuperable, hube de hacermelo encima. Asi pasó la noche.
Poco despues del amanecer, otro dia rabiosamente luminoso, la
puerta se volvió a abrir. Eran pasos conocidos. Solo de un hombre. De Pietro, el
torturador de prostitutas. Se quedó en la puerta, yo no miré. Se quedo quieto,
como sorprendido de verme asi. Ofrecia una visión penosa, sin duda. Dejó algo en
el suelo, no mire el qué. Pero olí el agua, estaba sedienta, no podia llegar al
grifo, y no habia bebido en muchas horas. Volvió acompañado. Me prepare
mentalmente para mas abusos. No ocurrió lo que esperaba. Pietro solo dijo que
"tenían ordenes claras". Dieron toda clase de escusas, que les habia atacado,
que eso era una represalia. Pietro contestó que las ordenes les prohibían entrar
en la celda. Primero callaron, luego se excusaron, la idea de violar a la
responsable de que Luigi estuviese en la carcel, ya se sabe... Pietro fue
tajante. El Don había decretado que yo ya no era una persona, que era un animal.
A un animal no se le puede violar. Solo usarlo como se desee. Pero sus ordenes
eran no entrar. Los hombres callaron, asustados. Oí un golpe, de modo repentino
Pietro había golpeado en la nariz herida al bajito con una porra. Este cayó al
suelo, incapaz de hacer nada. El más grande intentó pelear con Pietro, y no era
nada malo. No pudo hacer nada. Utilizando su propio peso en desventaja, El
sádico torturador lanzó a su oponente contra el lavabo, a menos de medio metro
de mi cará. El golpe le debió partir la mandibula inferior. Los desarmó, y les
dijo que ese era castigo suficiente. Mientras se retorcian de dolor, me tomó de
los cabellos. Me explicó que habian sufrido dolor por desobedecerle, no por
haberme usado. Yo no le cantesté. No queria sentir agradecimiento por ël. Los
mandó a donde el "Doctor", y alla fueron a trancas y barrancas. Cerró la puerta
tras ellos. Quedamos solos.
A continuación me soltó de mis ataduras. La sangre volvió a
circular libremente. Dolía, pero era agradable. Me ordenó lavarme. Yo,
encantada, asi lo hice. No dejo de mirarme en ningun momento, ni me importó
demasiado. El concepto de intimidad o verguenza ya no importaba en absoluto.
Cuando estuve limpia y seca, aunque helada debido a lo frio del agua, señaló al
suelo, al lado de la puerta. Alli habia dos cuencos de plástico, de los que se
usan para alimentar a los perros. Uno contenia croquetas de perro, el otro agua
pura y cristalina. Agua... La necesitaba. Me indicó que si queria alimentarme
podria hacerlo, pero que a la manera de los perros. Es decir, con las manos en
el suelo, de rodillas. Yo necesitaba beber. Me puse de rodillas. En ningún
momento le miré a la cara. Me acerqué asi hasta el agua. Bebí. Cuando calmé lo
más agudo de mi sed, mi orgullo volvió. No iba a darle más que el placer
necesario. No iba a beber más, y menos aun comer ese alimento para animales. Me
levanté y me retiré a un rincón, donde me acurruqué. Pietro me miraba impasible.
Se aseguro de que no hubiese nadie en el pasillo. Y comenzó a hablarme.
Me explicó que ël no compartía el punto de vista de Don
Salvatore. No apreciaba a Luigi, de hecho ahora ocupaba el lugar que antes
ocupaba el hijo de Don Salvatore. Y el puesto le gustaba. Decia que se había
vuelto blando y sentimental, que ya no torturaba como antes. Yo no me creí ni
palabra. Aseguró que habría un "soplo" en unos dias y que las pasma me
liberaria. No iba a haber tiempo de que el Don volviese a verme. Asi, quedaria
claro la clase de tipo que era Luigi. Con suerte al viejo le daría un ataque y
pasaría al otro barrio. Mejor para todos. Yo permanecí en silencio. No debia
procuparme por el plan del viejo, según sus palabras. Quedaba un detalle,
deseaba que yo le hiciese cosas... muy intimas. Ahí rompi mi silencio. Solo le
dije que, si me daba un segundo, le cortaria las pelotas. Su respuesta fue
reirse, parecia encantado de mi "espíritu". Confesó que estaba harto de rajar la
cara a putas callejeras rebeldes, tan asustadas que ni se tenian en pie mientras
se encargaba de ellas. Que deseaba a una mujer inteligente, educada, y muy
rebelde, a la que atender. Que iba a hacer todo lo que me mandase, y muy
diligentemente. Yo escupí al suelo, cerca de sus pies. Pietro sonrió. Se marchó.
Volvió al cabo de dos minutos. Traia en brazos una niña de
como un año y medio, envuelta en una manta. Su tez era oscura, pero tenia unos
increibles ojos azules. Yo estaba desconcertada... él permanecia inmutable. Se
sacó del cuello una cadena de oro, que contenia un portaretratos, con una cruz
en el reverso. Contenia la fotografia de una mujer nada agraciada de unos 45
años, ajada. Entregó la joya al bebé, que jugó con ella, muy interesada. Pietro
me contó que era su mas valiosa posesión, que se lo entregó su madre cuando se
unió a los hombres de Don Salvatore. Estaba consagrada a la Virgen de los
Sicarios. Siempre la llevaba puesta, cinco veces le habian herido de bala, y las
cinco fueron heridas limpias sin tocar hueso, nervios ni vasos sanguineos. Una
bomba había sufrido un fallo del detonador, bajo su coche. La influencia de la
Madonna... me explicó que esa pequeña reliquia familiar era sagrada. Yo le
escuchaba fascinada, era un orador muy bueno. Me explicó que su madre era una
mujer tremendamente buena, casada con el mayor de los cerdos. Pietro era el
mayor de 11 hermanos. Su padre apalizaba a su madre, a ellos, la violaba,
incluso la cedia a sus amigotes a cambio de vino. Ella siempre les protegió del
mejor modo que pudo. Su padre la mató un dia de una paliza. Una semana más
tarde, Pietro acabó con él, a martillazos. Entonces tenía 17 años. Esperó a que
yo digiriese sus palabras.
Tras un minuto, me juró por la joya que su madre le había
entregado que lo que me iba a contar era verdad. Habia comprado esa niña a una
Rumana que la empleaba para mendigar. Si yo no me doblegaba la iba a torturar
ante mi... hasta que yo cediese o la niña muriese. Entonces buscaría otra. Si yo
aceptaba, la entregaría a las Monjas de la Caridad, junto con un sobre de
dinero. Tendría una oportunidad en la vida, con esos ojos unos pequeños
burgueses la adoptarían, tendría una vida. Una oportunidad. Si yo aceptaba
ahora, y le defraudaba, quemaría el orfanato con las monjas y los niños dentro.
Y se notaba que hablaba en serio. Lo que me exigia a cambio, era que, nada mas y
nada menos, le obedeciese en todo, hasta que fuese liberada por la policia. Yo
no sabia que decir... Asi que puso una manito de la niña sobre el lavabo. Con la
otra mano, levantó la porra, apuntando hacia sus deditos sobre el borde del
lavabo. Con un grito desgarrador le chille que se detuviese. ¿Como podía
permitir que le rompiese los deditos a esa criatura?. No se que le dije, se que
le insulté, le chillé que dejase a la niña en paz, que haria lo que le diese la
maldita gana. Algo asi. Ella comenzó a llorar, la había asustado. Se agarraba a
ese sádico como su fuese su padre, buscando protección de mi, de mis gritos.
Pietro sonrió. Afirmó que sabía que este iba a ser el medio más ràpido de
hacerme entrar en razón. Volvió a salir. Al cabo de una hora volvió...solo.
Tuve tiempo para meditar. Había hecho un pacto con el diablo,
pero no me habia dejado otra salida. Pietro era muy astuto. No sabia si sería
verdad lo que me había contado sobre sus planes para mi liberación, pero lo que
no podía era dejar que esa cria sufriese por mi orgullo. Y ahora, se trataba de
todo un orfanato. Practique un poco de técnicas de relajación. Inútiles. Lo que
hice fue volver a mirar el cielo azul de la mañana por el ventanuco. Aguantaria
lo que fuese. Sobreviviría. Y me vengaria, cuando puediese. Mas ahora debía
apurar el caliz mas amargo de mi vida, y convertirme en la esclava sexual de
Pietro. Me quedé quieta... pero en esta ocasión le miré a los ojos. Ví en ellos
que habia cumplido lo prometido. Comenzo a hablar....
- Muy bien, señorita fiscal doña importante, has aceptado
cumplir todas mis ordenes de ahora en adelante. Asi que espero que no defraudes
a esos niños. Contesta.
Hare todo lo que me mandes desde ahora hasta el momento en
que salga de aquí. Lo Juro.
- Entre las atenciones que te prodigamos ayer, y la visita
extra de esta noche, tus orificios estan en un estado lamentable. Asi que habre
de usar tu boca. ¿No crees?
Si esa es tu voluntad, yo he de cumplirla.
- No te tomes esas familiaridades, doña importante, tratame
con el respeto que merezco.
Si te tratase como mereces deberían inventarse epítetos
nuevos. Asi que os tratare con el respeto que vos creeis merecer... mi señor
Pietro rió con ganas, a mandibula batiente. Le encantaba
mi actitud desafiante, le ponia cachondo, solo le estaba haciendo el juego. Asi
no iba a ganar nada. Mejor adoptar una pose sumisa, y esperar que se cansase
pronto de mi. Era lo mas sensato, pero la sangre me hervia.
- Ya veo que eres una putita desafiante. Dime. ¿ A cuantos
jefazos se la chupaste para conseguir ese puesto tuyo, doña importante ?.
A ninguno. Ascendí por mis meritos y mi trabajo.
- Yo más bien creo que, con esa boca tuya tan hiriente, no se
atrevian. A lo mejor si te hubiesen despojado de los colmillos hubieses sido mas
complaciente, vibora. Sacó lentamente unas tenazas del bolsillo de su
chaqueta. Si, puede que sin dientes no seas tan chula, tan bocazas... Es una
pena porque te deformará la cara, pero por todo hay que pagar un precio. Es una
de las grandes verdades de la vida. Abre la boca , puta, y ponte de rodillas.
Aterrada mas allá de lo descriptible, comencé a temblar
como una hoja. Me iba a sacar las piezas dentales, con esa tenaza. Dios mio.
Toda mi decisión se evaporó, mi orgullo, mi dignidad. Me puse de rodillas, pero
ya conocía las consecuencias de desobedecer. Podía imaginar demasiado bién los
gritos de agonia de esas criaturitas, quemandose vivas. Asi que, de rodillas,
abri la boca, a la vez que juntando las manos le suplicaba clemencia al que
ahora era mi dueño. Pude ver como su entrepierna crecia dentro de los
pantalones, excitado de verme así. Se acercó a mí lentamente, cambiando de mano
la herramienta. El sol la hacía destellear. Yo lloraba. Me ordenó poner las
manos en la espalda. Yo así lo hice. Me ordenó abrir la boca al máximo. Y lo
cumplí. Apoyó las tenazas en un incisivo, y alli la dejo unos segundos antes de
retirarla.
- Como estoy seguro de que, de todos modos, en el fondo de
tu alma deseas ser una buena zorrita conmigo, te voy a dejar escoger. Entre tus
dientes y tu pelo. Asi que dime, ¿ que prefieres perder ?
Mi pelo, mi pelo. Por el amor de Cristo, corteme el cabello,
pero mis dientes no.
- Para que luego digas que no te cuido. Muy bien, ya que
deseas perder el pelo, te dejaré que cumplas ese capricho tuyo. Pero yo no he
dicho que vaya a cortartelo yo. Lo harás tu misma. Pero ya te encargaras más
tarde de esa tarea... Ven aqui, mamoncita...
Permanecía de rodillas ante él. mis manos cruzadas a la
espalda. Se bajó los pantalones y el slip. Estaba bién dotado, sin llegar a ser
nada exagerado. Llevaba el vello púbico recortadp, y se lo veía muy negro y
rizado. Me tomó de la mandibula con una mano. Yo nunca había mamado una verga.
Creo que se dió cuenta de ello desde el principio. Me ordenó paso a paso lo que
debía hacer, y para mi verguenza diré que le obedecí del mejor modo posible en
cada uno de sus caprichos. Lamí. Besé. Acaricié. Chupé. Hice todo cuanto me fué
ordenado. Cuando comenzó a introducirse en mi garganta tuve una fuerte sensación
de nausea, pero el tener el estómago vacio me ayudó a sobreponerme. No puedo
decir que me forzase, incluso he de confesar que esperaba a que me acostumbrase
a lo que hacía antes de profundizar más. No hubo violencia, tan solo órdenes que
yo obedecía. A nivel físico fue obviamente mucho menos traumático que las otras
ocasiones en que había sido maltratada en esa celda. A nivel emocional creo que
fué peor. Me sentía como una ramera, que hacía lo que me mandaban. Pietro
simplemente decia lo que queria, y yo lo cumplia. Sin más amenazas, sin que me
agarrase del pelo y me obligase a abrir la boca. Incluso gemí y le pedí que me
metiese más la polla en la boca, cuando asi me lo indicó. Muy humillante, a
cualquier observador que hubiese llegado en ese momento no le hubiese parecido
en absoluto nada forzado, Puede que me grabasen... pero eso no importaba. No
podía poner a esos pequeños en peligro solo por mi tozudez. No me lo perdonaría
en la vida.
Cuando estuvo preparado, simplemente se corrió en el interior
de mi garganta. Sentí como palpitaba, como se preparaba para aliviarse dentro de
mi boca. Y me advirtió que si no me lo tragaba todito me iba a tener que
castigarme. Asi que cerré los ojos, contuve la respiración, y recibí su
descarga. Cuando hice ademán de retirarme, me sujetó por la parte de la nuca. No
habia tenido bastante... me explicó amable y pacientemente, como si fuese un
profesor con una alumna retrasada, que lo mejor de una felación era lo sencillo
que resultaba echar un segundo polvo al poco tiempo. No la sacó de mi boca.
Perdió parte de su erección, pero no del todo. Hube de trabajar a conciencia,
tanto que la mandibula comenzó no a molestarme, sino a dolerme. Lo forzado de la
situación me iba agotando. El aire me faltaba, y respiraba a bocanadas cuando
podía darme ese lujo. Una vez "repuesto", no se preocupó en absoluto por mí, por
lo que sentía, o de si iba a ser capaz de seguir así. Simplemente continuó
dandome instrucciones. En esa ocasión hube de hacerle lo que Pietro llamó un
"garganta profunda completo", con su miembre hundido en mi boca hasta los
testículos. El vello de su pubis me hacía cosquillas en la nariz. Hube de
sobarle los huevos con una mano para facilitarle la tarea, ya que el segundo
orgasmo nunca era tan fácil como el primero. Pero sin prisas, claro. Para mi
sorpresa, cuando estuvo a punto por segunda vez, la sacó de mi boca, apunatando
a mi rostro. Me soltó la lehada en plena cara, en los ojos, la nariz, las
mejillas... Me tenía sujeta por los cabellos, y me tiró de ellos mientras se
corria, para regarme toda la cara. Lloré, mientras su semen me resbalaba por la
cara.
Una vez satisfecho, se retiró y me ordenó lavarle el miembro.
Así lo hice, con agua fria y jabón. Yo estaba pringosa, parecía sacada del Pop
Up de una pagina web x. Recibí felicita-
ciones por mi trabajo. Hubiese preferido que me insultase.
Una vez limpio, se vistió, dedicandome una atención marginal . Afirmó que
recibiria útiles de afeitado. No queria que para la mañana siguiente hubiese un
solo pelo en mi cuerpo, a excepción de mis pestañas y cejas. Si recibía visitas
antes de que él volviese, podia hacer lo que quisiese. Si volvian a someterme a
otra sesión de violación, el trato de obedecer en todo lo había hecho solo con
él. Los demás no sabían nada. No iba a protegerme de sus hombres... no iba a
estropearles el placer de tirarse a un fiscal. Habia castigado a los dos de esta
noche, porque me quería descansadita solo para él. Pero verme asi también tenía
su morbo. Asi que... ya le contaria que tal me habia ido. Con una carcajada
final se fué.
Una mano invisible empujó un tiempo después una caja con
elementos de afeitado. Me rapé el cabello, y eso me costó más de lo que
imaginaba. Apreciaba mucho mi melena. Al cortarmela me sentí desposeida de mi
identidad, que perdía algo importante. Como debía ocurrir en el ejército. Me
rasuré el sexo con mucho cuidado, y conseguí no cortarme. Al menos me dejaron en
paz mientras lo hacia. Una hora despues de terminar con esa tarea, dos de los
sicarios que me habían violado la mañana anterior entraron en la celda. Traian
comida, para beber volvía a disponer del grifo. Las croquetas de perro que antes
no había aceptado. El estomago me rugía. Debía comer como los animales, y así lo
hice. Tras ingerir parte del alimento, uno de ellos se colocó detrás mio, listo
para penetrarme. Pero ahora no habia amenazas a terceros de por medio, eramos
solo ellos y yo... así que le obsequié con un codazo en el estómago. Patadas y
puñetazos fueron mi recompensa. Mientras uno me sujetaba los brazos, el otro me
violaba. De rodillas, el cuerpo sobre el camastro, que habia recibido ropa
limpia junto con los útiles de afeitado. Para entonces, eso ya no me importaba
demasiado. El hecho de que me violasen. Era algo...rutinario ya. Doloroso, pero
me iba acostumbrando. El tipo al que había golpeado en el estómago me aseguró
que tenía algo especial para mí. Pronto lo descubrí.
Parecía ser que, a modo de guardia y protección, disponian de
una pareja de Dobermanns. Los trajo a la celda. Unos bichazos que daban miedo.
Me dió dos golpes que me cruzaron la cara, y me ató en la misma postura en que
me habian violado, las muñecas atadas al cabezal del camastro. Me ató además las
piernas, separadas, a un palo, colocado horizontalmente sobre mis tobillos. Así
no podía mover las piernas. Untó una pasta que olìa a hembra en celo sobre mi
vagina. Así fuí usada por los perros. Se reían tanto que llego alguna persona
más, no quise mirar... Me sacaron fotografias, daban voces animando a los
animales. Dolor, humillación, el olor a perro, sus babas cayendo sobre mí... Y
risas sin fin. De todos modos, a mí esas risas me daban fuerzas para aguantar.
No me doblegarían, no me dejaría. Saldria de allí sabiendo que no me había
rendido... si es que salía. Cuando el segundo animal acabó, me soltaron y me
dejaron sola. Entre comentarios jocosos de que me pusiese guapa para el turno de
noche. Se llevaron los recortes de mis cabellos, para enviar mechones a sus
amigos y parientes presos, que seguro agradecían saber que pertenecían a una
fiscal... Iba a aguantar... pero que duro resultaba todo, por Dios.