La vida de Clara siempre había transcurrido plácidamente, su
infancia en aquel pueblo del Norte, la escuela, las amiguitas, sus padres que la
adoraban y su Iglesia.
Clara había pasado en ella muchas horas de su corta y
apacible vida, bajo los tiernos cuidados del anciano padre Sebastián había ido
pasando las etapas de su vida hasta convertirse en el apoyo fundamental del
viejo párroco y así había llegado a los 18.......Bueno, casi 18 porque fue
entonces cuando aquello ocurrió.......
Un mes antes de cumplir los 18 el destino de Clara se truncó,
al volver de sus visitas de caridad se encontró repentinamente acalorada, su
madre le notó los ojos demasiado brillantes, y las mejillas rojas y la mandó a
la cama inmediatamente rezongando que su niña trabajaba demasiado para aquellos
vagos desagradecidos, le preparó una tisana y la arropó. Pero en mitad de la
noche un grito terrible desgarró la noche y despertó a casi todo el pequeño
pueblo.
A partir de aquello el estado de Clara fue empeorando un poco
más cada día, sus padres pasaban día y noche a la cabecera de la enferma, sus
amigas ocupaban de continuo el salón de la casa solariega y el padre Sebastián
iba y venía apresuradamente de sus deberes a la casa de su pequeña. Una sombra
de tristeza y pesar parecía haber caído sobre aquel pequeño mundo porque Clara
era considerada un verdadero ángel por todos, y el temor de que dios se la
llevara latía en todos los corazones.
Los doctores por fin abandonaron toda esperanza de
recuperación, no conseguían encontrar el origen del mal que la aquejaba y
murmuraron para despedirse algo de dejar las cosas en las manos de dios. El
padre Sebastián había rezado más aquellos días que nunca en toda su vida, veía
como la piel de Clara, antes lozana como una rosa, había palidecido hasta la
blancura de las mortajas y su cuerpo tenía la fragilidad de la luz de una vela
aunque la fuerza de las convulsiones que la recorrían conseguía agotar a los que
la sujetaban para que no se hiciera daño.
Aquella noche Clara estaba solo a un paso de extinguirse, sus
padres lloraban desconsolados y ya sin pudor ante el cuerpo que apenas mostraba
signos de vida y el viejo cura con el corazón roto pidió un milagro, a cualquier
precio, lo que fuera, su vida no era nada ante la pérdida de una vida en
flor.........Y entonces ocurrió, un leve fogonazo de la memoria, apenas un
recuerdo esquivo pero lo suficiente para que se aferrara a él hasta que una
imagen ya borrosa se aclaró poco a poco....La mano de dios... Con una apresurada
despedida el padre Sebastián se dirigió a buscar..........un milagro...
Solo una severísima orden del obispo consiguió sacarlo de su
aldea, había hecho oídos sordos a la petición del viejo cura, nunca había
deseado que su don fuera convertido en un show, ya había pasado por aquello y no
deseaba volver a ser el foco de atención de la gente, había conseguido escapar a
tiempo de las tentaciones del orgullo, de la soberbia e incluso de la carne a
las que se había visto expuesto pero aquella orden era taxativa, debía acudir a
la cabecera de una moribunda, sus padres eran miembros respetados de la
comunidad y ofrecían una más que generosa dádiva si él lo intentaba, no pedían
resultados, solo que intentara salvar a su hija y al final se había visto
obligado a ponerse en marcha en aquel todoterreno que recorrió los kilómetros
que le separaban de........Clara, suspiró cansado, la pobre chica se llamaba
Clara y no tenía la culpa de que el sonido del teléfono casi lo volviera loco
sonando continuamente desde que había llegado el padre Sebastián, lo observó
sentado en el asiento de delante, cabeceando sin parar. No, el dulce hombrecillo
había resultado de una fuerza arrolladora, en solo dos días había conseguido lo
que en aquellos últimos cinco años nadie había podido lograr. Bien, no tenía más
remedio que ir pero nadie podía obligarlo a nada más.......Mi reino no es de
este mundo, pensó cínicamente, el reino de lo invisible carecía de formas de
control civilizado, alabado fuera dios por eso.
Llevaba varios días junto a ella, él mismo se había quedado
atónito cuando se había acercado a la cama de la agonizante. Era apenas el
envoltorio de un alma que se escapaba por momentos, la compasión lo embargó, los
padres, tanta gente, el anciano cura......ella debía haber hecho mucho bien en
su corta vida, casi sin darse cuenta avanzó hacia ella y tomó la manita entre
las suyas y ella......ella de pronto había abierto unos ojos inmensos y ....
-El ángel ha venido y me salvará.- un leve susurro, un esbozo
de sonrisa y de nuevo la inconsciencia febril.
El silencio se hizo en la habitación hasta que los sollozos
de la madre lo rompieron, la mujer se abalanzó hacia él a besarle las manos y
todo comenzó de nuevo para él....
-¿Vas a dejarme?
Martín se sobresaltó, ella estaba mirándolo con ternura y
....¿compasión? Tras la adoración de los últimos días encontró en aquellos ojos
comprensión, ella solo preguntaba y él supo que no censuraría que él decidiera
huir de algo que había caído sobre él sin pedirlo, su don, aquel odiado regalo
de dios.
-No, me quedaré contigo.
Clara extendió la mano y él se apresuró a tomarla entre las
suyas, ella le sonrió de nuevo, toda su cara se iluminó, la máscara de la
enfermedad retrocedió mostrando un rostro joven y hermoso, de serena belleza,
luego ella cerró los ojos y se volvió a dormir, esta vez sin sobresaltos y sin
dejar de sujetar las manos del hombre con la suya.
En solo unos días el estado de Clara experimentó una notable
mejoría y Martín no se separaba más que lo imprescindible de su lado hasta
aquella noche....
El día en que Clara cumplía los 18 años sus padres prepararon
una pequeña fiesta y casi todo el pueblo desfiló por la casona para celebrar la
recuperación que consideraban milagrosa y de paso intentar besar la mano de
Martín o tocar su sotana. El padre Sebastián lo protegió en lo que pudo pero al
caer la noche estaba agotado física y emocionalmente. En cuanto a Clara, las
visitas, a pesar de ser estrictamente seleccionadas y muy cortas habían hecho
que cayera dormida muy pronto.
Martín estaba dormido en un sillón de la habitación de Clara,
a la que se había retirado después de la cena, cuando el sonido de unos sollozos
lo despertaron, se incorporó de un salto y se inclinó sobre la cama de la joven
que se quejaba y agitaba las manos presa de una pesadilla, se sentó junto a ella
y la calmó con palabras tiernas y acariciando levemente su rostro hasta que ella
abrió los ojos y lo miró con expresión confundida.
-No ocurre nada, todo está bien, Clara.-ella se calmó y como
en un impulso levantó la mano y acarició la mejilla del hombre.
-Pobre Martín, por mi culpa..........Si no hubieras venido a
ayudarme .- ella enredó los dedos en la media melena castaña y le hizo bajar la
cabeza para rozarle la mejilla con un beso suave como el roce de las alas de una
mariposa.
Una ola de calor recorrió completamente su 1`80 de estatura.
Ella tenía la apariencia de un ángel, la piel nacarada a la luz de las velas del
pequeño altar permanentemente encendido junto a su cabecera, el cabello
negrísimo extendido sobre la almohada la enmarcaba como un velo, el leve camisón
blanco de fino algodón apenas ocultaba.........Martín no supo como se encontró
mirando la curva de los pechos que subían y bajaban con su respiración, los
oscuros pezones se irguieron empujando la tela, los ojos de los dos se buscaron
y se encontraron..........tan asombrados los dos, expulsados de pronto a un
extraño mundo de hogueras y confusión. La mano de ella tembló apoyada contra la
cara de él, Martín apretó la temblorosa mano con la suya y sin poder evitarlo,
atraído por una fuerza irresistible se inclinó y cubrió la boca de ella con la
suya, después de probarla ya no hubo marcha atrás, sus manos la recorrieron
entera y las de ella, tímidas al principio y luego audaces lo atrajeron
haciéndolo caer sobre ella. Apenas hubo preliminares, la pasión ciega que los
consumía puso a Martín entre las piernas de Clara, las tiras del camisón rasgado
parecían lianas vivas que los ataban aún más, si eso era posible, Martín se
hundió en ella como un barco naufragando en un torbellino y el grito de Clara se
ahogó en el feroz beso que compartían, sus cuerpos empapados se movieron
salvajemente hasta alcanzar el orgasmo.
Martín recordaría siempre los momentos que siguieron, el
cuerpo cálido de ella contra el suyo, el pelo de Clara cubriendo su pecho y
él.........él sin entender del todo como lo que sentía por aquella niña se había
transformado en aquella salvaje pasión tan ajena a su naturaleza.
-Clara......yo.......no entiendo lo que...
-¿Significa eso que no me amas?-la tristeza y dulzura de su
voz lo conmovió hasta el fondo del alma.
-Ya sabes que te amo, jamás lo hubiera hecho sí no....
-...Sí no...lo sé, Martín.
Algo vibró repentinamente en el aire de la noche, las
cortinas se movieron y la luz de las velas se agitó hasta apagarse, Martín se
sintió recorrido por un escalofrío. De pronto el santuario acogedor que era
aquella habitación se transformó en algo parecido a una ratonera, el instinto de
escapar anuló todos los demás, pero el peso de ella lo mantuvo tumbado en el
lecho.
-Ah, Martín, el amor........¡Es realmente maravilloso!-Clara
se incorporó despacio manteniendo una mano apoyada en el pecho del hombre.
El rostro de ella se asemejaba al retrato de alguna madonna
joven y pura y le sonreía como lo haría un ángel bajado del cielo. Pero de
pronto algo cambió en aquel cuadro, los ojos castaños de cervatillo se aclararon
hasta el amarillo de los gatos y la dulce sonrisa de una joven casta y pura se
transformó en un gesto irónico, Martín deseó gritar y escapar pero la mano de
ella era como una losa fría que lo mantenía cautivo.
Luego ella saltó de la cama y caminó hasta tocador dejando
que el destrozado camisón resbalara hasta el suelo, se sentó en la butaca
mirándolo a través del espejo mientras se cepillaba el pelo, la pálida desnudez
del cuerpo de Clara lo encendió a su pesar pero sus intentos por moverse
resultaron baldíos.
-¡El amor! Es una fuerza realmente asombrosa, dónde la fuerza
o las tentaciones no consiguen doblegar a los hombres, el amor los derriba como
la hoz a las espigas tiernas.-ella se levantó y anduvo despacio hasta la orilla
de la cama y lo miró desde arriba.-El amor..........Ay, Martín, después de
tantos encuentros que hemos mantenido a lo largo de tu vida, una niña dulce e
indefensa ha sido la piedra de tu caída..........-se sentó en la cama y arañó
distraídamente su pecho mientras la voz fría lo golpeaba más dolorosamente que
las heridas en su pecho.-...........Y a pesar de todo ¿Sabes que es lo más
divertido? Que tú nunca ¡Jamás! me olvidarás Hasta tu último aliento y a tu
pesar no será el nombre de Dios el que adores en tus labios, mientras me
maldices seguirás amándome y morirás lentamente sin el aire que necesitas para
vivir, Pobre y estúpido Martín, deberías saber que el amor es la fuente
principal de mi trabajo.......¡Y ahora vete!
Poco antes de la madrugada fue la última vez que el viejo
párroco vio al padre Martín, se asustó ante la locura que brillaba en sus ojos
pero el otro apenas recogió sus cosas y se despidió, por un momento ante las
preguntas del viejo cura, el otro abrió los labios fuertemente apretados como
conteniendo un grito de dolor, pero con un suspiro Martín sacudió la cabeza y se
perdió en las sombras para siempre...