El regreso a casa tras uno de esos cansados y estresantes
viajes de trabajo, siempre me supone un privilegiado momento de paz y de
agradable reencuentro con las cosas que me son familiares y queridas.
En ese entorno agradable y reconfortante, mientras deshago la
maleta, ordeno un poquito mis cosas y me preparo a tomar una reparadora ducha
muy caliente, siento ganas de verte. O, mejor dicho, el deseo de tenerte, de
utilizarte, de poseerte. Y de comenzar a poner en práctica todos esos planes que
imaginé durante mi viaje. Todo eso comienza a provocarme una prometedora
erección. Decido llamarte sin demora.
- Hola, mi pequeña furcia, ya estoy de vuelta y de nuevo
contigo. ¿Me echaste de menos?
Contestas con tu dulce vocecita que siento llegar hasta mí
acompañada de una alegría inocente y casi infantil, manifestando tu entusiasmo
ante mi regreso. Por ello, comprehensivo, paciente, perdono tus palabras
efusivas y tus estúpidas preguntas de mujerzuela alocada e indisciplinada.
Incluso te contesto cuando expresas tu deseo que acompañarme en un próximo
viaje.
- Quizás algún día, si considero que eres una puta lo
suficientemente educada y respetuosa, de la que pueda sentirme orgulloso, de la
que sienta que no corro el riesgo de que me haga avergonzar en público con su
estúpido comportamiento de furcia malcriada y caprichosa, te deje acompañarme en
alguno de mis viajes de trabajo a París. Puede incluso que te lleve a uno de
esos locales de Pigalle donde, por las noches, en sus oscuros sótanos, los amos
exhiben y castigan a sus sumisas hembras en público y a veces, algunos, también
las entregan como perras a los voyeurs y viciosos hombres anónimos de la
asistencia. Adivino que tu lúbrico coño comienza a humedecer nada más de
imaginarte en una situación así, ¿verdad zorra? Pero para poder llegar a eso aún
tienes mucho que aprender, y aplicarte con devoción y disciplina para conseguir
convencerme de que mereces que te acepte como sierva.
Bueno, basta de charla, ahora escúchame atentamente. Esto es
lo que quiero que hagas hoy.
Te traje un regalo de París. Unas "bolas chinas". Ya sabes
que tipo de bolitas te estoy hablando, ¿verdad? Claro que si, ¡vaya pregunta!
Eres tan guarra que todos estos juguetes te son bien conocidos. Bueno, se trata
de un modelo nuevo, un poco diferente a las clásicas bolas. Como verás, hay una
bola normal y, unidos a ella por el cordoncito, tres "apéndices" en forma de
cacahuete, así diseñados para la penetración anal.
Dentro de una hora depositaré en el buzón de tu casa un
paquetito conteniendo mi regalo. Esta tarde, al final de la jornada, te vas a
vestir como la vulgar furcia que eres, como sabes que me gusta: faldita corta,
blusa escotada y zapatos de tacón alto. Sin ninguna ropa interior, nada de
ponerte ni siquiera uno de esos mini-tanguitas de zorra que tanto me gustan y
que te hacen tan apetecible tu firme y redondito culito de joven puta sodomita.
Te introducirás la bola y los "cacahuetes" en el coño y el
culo respectivamente. Así, sin bragas y penetrada por tus dos agujeros
inferiores, irás a tomar la línea de autobús número 6, esa que viene del puerto
y la zona industrial. A esa hora el autobús va repleto de embrutecidos obreros
que salen de sus duros trabajos, la mayoría apestosos a sudor y ropa sucia,
medio borrachos por las cervezas y el vino barato que tomaron en las cantinas
antes de volver a sus casas y tener que soportar a sus gordas, gruñonas y
amorfas esposas. Seguro que todos ellos babearán de morboso deseo al ver una
tierna putita como tú subir en su autobús.
Si alguno de esos bestias se dirige a ti o te hace preguntas,
tienes prohibido hablar. Solo puedes expresar "si" y "no" con movimientos de
cabeza y con la mirada baja. Solamente hablarás si alguien te pregunta tu
nombre. En ese caso simplemente le dirás acercando tu boca a su oído... "puta".
Tomarás asiento y notarás, con el movimiento del autobús al
circular, tus penetrados agujeros estimularse. Permanecerás en el vehículo hasta
que, restregándote en el asiento, frotando el coño con alguna de las barras para
agarrarse o como mejor te parezca hacer, consigas correrte como una furcia.
¿Crees que serás capaz de hacer algo tan sencillo? No me
defraudes. Luego vienes aquí, a mi casa, y me lo cuentas, de manera precisa y
detallada. Quiero excitarme con tus palabras, que provoques mi deseo con ellas.
Ah, lo más importante: Arréglate como puedas pero no quiero
que ninguno de esos cerdos asquerosos te toque. Si me entero que alguno te sobó
el culo o las tetas, que follaste o mamaste alguna de esas pollas, o que les
permitiste violarte, me harás enfadar. Enfadar mucho. Enfadar de verdad. Tenlo
presente.
~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~
Me di un largo baño muy caliente. Tenía la piel tersa y
perfumada por las sales de baño. Me coloqué una bata para secarme y dediqué a
admirar el regalo de mi Amo, esas bolitas de placer que pronto estarían dentro
de mi cuerpo.
Una vez seca, me acosté en la cama, cerré los ojos e imaginé
que mamaba la gorda polla de mi Amo, me comencé a acariciar el coñito,
lubricando para poder introducir la bola grande. Luego también unté un poco de
gel lubricante en mi ano, lo esparcí por la superficie e introduje un dedo.
Primero me coloqué la bola en el coño y luego, uno tras otro, los tres apéndices
en el culo. Temí que se salieran por el lubricante, por lo que me sequé el
culito con una toalla.
Tras esto, con las bolas dentro, comencé a vestirme
cuidadosamente, lentamente, estaba ya a esas alturas a mil, excitadísima. Me
coloqué la falda corta de cuero color marrón, luego una blusa que casi me deja
al aire las tetas, color celeste. Me senté en la cama para ponerme los zapatos
de tacón alto color marrón y sentí el primer espasmo de placer con las bolitas
en mi cuerpo.
Salí así vestida a la calle camino de la parada de autobús.
Por la calle los hombres me miraban y me decían guarradas… "Puta, ¿cuanto
cobras?" "Ven a hacerme una mamada, zorra"
Yo no contestaba, agachaba la mirada esperando llegar a mi
destino.
Dos hombres en la parada de autobús se me acercaron, me
arrinconaron y me dijeron… "Putita ¿quieres verga? ¿Quieres comerte mi polla?"
Yo meneaba la cabeza en forma negativa. Por fin llegó el
autobús. Subí rápidamente. Estaba completo, no cabía un alfiler. Quedé entre dos
hombres grandes, con enormes barrigas cerveceras, vestidos con sucios monos
azules de trabajo y un fuerte olor a transpiración mezclado al de sus
alcoholizados alientos. Ambos se dieron la vuelta.
- Hola zorrita -me dijeron a dúo- ¿Qué haces en este lugar a
esta hora?
Yo no contesté. Tenía la cabeza gacha, miraba al suelo.
- ¿Te comieron la lengua los ratones?
Yo seguía sin contestar. Hubo una parada y bajó bastante
gente, pero también subió otro tanto. Por inercia de la gente que empujaba
fuimos a parar los tres a la parte de atrás. Un asiento estaba desocupado.
- Vamos niña, siéntate -me dijo uno de ellos.
Me senté sin dejar de mirar al suelo.
- Zorrita, quiero que me sobes la polla -me susurró el otro
al oído.
- No, no -dije yo.
- Vamos putita, vienes vestida así a este lugar ¿Para qué si
no es para follar con nosotros? ¿A quien quieres engañar?
Dios mío, ¿cómo salir de esta encerrona? Esos animales tenían
razón, los estaba provocando con mi vestimenta, con mi perfume. ¡Mi Amo me
tendió una trampa! Me encomendó una misión demasiado difícil. ¡Estoy atrapada!
Comenzaba a asustarme de verdad.
Me empujaron hasta el un asiento. Yo seguía con la mirada
baja, sin hablar, me senté y permanecí quietecita. Me dejaron en paz por un
momento. Entonces recordé la orden: permanecer en el autobús hasta que consiga
tener un orgasmo.
Al estar sentada sentía mucho más las bolitas metidas en mi
coño y mi ano, y comencé a experimentar un agradable placer. Trataba de
disimular para que los hombres no adivinaran mi excitación. El autobús frenaba y
arrancaba, eso me hacía mojar por completo, estaba muy excitada, el culo me
dolía un poco con la fricción. El asiendo de al lado se desocupó, uno de los
hombres se sentó a mi lado y apretó su enorme cuerpo contra el mío. Confieso que
eso incrementó mucho mi excitación. A los pocos minutos estaba ya a punto de
correrme. Coloqué con disimulo las manos entre las piernas, luego pasé una bajo
la faldita y comencé a dar tironcitos del hilo que sujetaba las bolitas. Cerré
los ojos y pensé en usted, mi Amo, y en su magnífica verga. Me imaginé mamándola
y… estoy acabando… tratando de ahogar mi gemido… Ahhhhhhh! Me corro… Ohhh, mi
Amo, mi macho, ahhhhh, siiiiiiiii, ahhhhh…
Entonces los hombres me miraron incrédulos.
- ¡¿Te estás corriendo, puta?!
Yo negué con la cabeza. Los tenía pegados, uno a mi lado y el
otro enfrente de mí. Los dos olían horrible a vino, grasa y sudor.
- ¿Cómo te llamas? -pregunto el que tenía delante.
Esa pregunta tan temida. No quería contestarla, sabía lo que
ocurriría. No contesté.
- Dime, zorra, ¿cómo te llamas? -Volvió a preguntar,
acercándose más.
Lo miré y le susurre al oído… "puta".
Eso fue suficiente para desencadenarlo todo. El que estaba a
mi lado bajó la cremallera de mi falda y me metió la mano en mi rajita húmeda.
-Ahhhhhh- se me escapó un gemido.
El resto de la gente seguía como si nada sucediera, había
mucho ruido, demasiada gente como para que alguien notara algo.
- Está toda mojada, la muy puta –informó a su compañero
mientras me tocaba el coño- Va sin bragas y tiene algo metido en la raja!
Tiró fuerte del hilo y me sacó la bola del coño, pero no las
del culo. Se abrió el cierre del pantalón, se sacó la polla, que estaba
completamente tiesa, y me sentó encima de él, levantándome la faldita. Me
penetró de un solo golpe. Tenía una verga enorme que sentí reventarme las
entrañas. El otro se sacó también el rabo, me cogió el pelo de un puñado y
empujó mi cabeza hasta que me lo metió en la boca.
Comenzaron a follarme. Uno por la vagina y el otro
metiéndomela hasta la garganta. Me daba nauseas esa polla tan gorda y sucia,
pero no podía hacer nada. Me quejaba pero no me dejaban. Siguieron follándome y
diciéndome todo tipo de barbaridades hasta que comenzaron a emitir gruñidos
animales anunciadores de que iban a correrse. Yo, por la violencia y al asco que
me daban, traté de concentrarme en imaginar que uno de esos hombres era usted,
mi Amo. Me excité de nuevo. Sentí placer con esas dos pollas que taladraban mi
cuerpo. Sentía en mi recto la presión de las otras bolitas mientras el gordo me
follaba y eso me daba un placer enorme. Al cabo de un minuto acabamos los tres.
- Ahhhh, putaaaaaa, siiiii, siiiii, trágate mi leche,
siiiiiii.
El de abajo me apretaba las tetas y me pellizcaba los pezones
con fuerza, me estaba haciendo daño. Me rasgaba la blusa. Me dolía y… sentía
asco y… me corría también…
- Ahhhhhhh, cabrones, hijos de puta, me están haciendo
correr, ahhhhhhh, cerdos, ahhhhhhh.
Me corrí como una perra. El de abajo me inundó la vagina de
semen y el otro la boca. Me ladeé para escupir pero, al verme, me agarró de la
garganta con su rasposa manaza y me obligó a tragarlo todo, salvo el que
desbordaba de mis labios y me caía resbalando por la cara hasta caer sobre la
blusa. Sentí nauseas, casi vomito allí mismo. Me soltaron y en ese momento paró
el autobús y bajó mucha gente. También yo bajé y me fui corriendo en dirección
opuesta al resto de la gente. Tenía la boca llena de semen, mis piernas
chorreando leche. La blusa rasgada, mi falda abierta y un olor a sudor y grasa
que daba asco.
Me quedé esperando un taxi que me trajera aquí. Estaba
dolida, comencé a llorar. No pude cumplir sus órdenes. Usted me advirtió que no
quería que me tocaran y no pude evitarlo, era una trampa, algo imposible de
cumplir, pero igualmente le fallé, mi Amo, le fallé otra vez. Se que ahora me
espera lo peor.
Ahora me espera mi castigo.
~*~*~*~*~*~*~*~
Oigo el relato de los hechos y, sintiendo la ira poseerme, no
puedo evitar soltarte un violento bofetón. Caes de espaldas y tu cabeza golpea
contra la pared. Quedas tirada e inmóvil en el suelo, lloriqueando.
Me has defraudado, sucia perra. Una vez más. Estúpida furcia
desobediente. Me has insultado.
Incluso en algo tan sencillo e inocente fallaste
estrepitosamente. ¿Tan difícil era cumplir tu misión?
Simplemente tenías que subir a un autobús, frotar tu vicioso
coño penetrado por las bolas (¡que
tan generosamente te regalé!) y excitarte con las miradas
cargadas de deseo a tu alrededor hasta tener un orgasmo, vivir esa pequeña
fantasía y luego venir a contármelo.
Nos habríamos excitado juntos con tus palabras y habríamos
follado. Habría chupado tus tiernos pezones, comido el coño de esa manera tan
intensa y profunda que tanto te gusta, mamando y chupándote el clítoris hasta
hacer correrte gritando de placer, mientras tu me comías el rabo hasta los
huevos, poniéndomelo bien duro, para seguidamente haberte taladrado el coño
fuerte, cogiéndote desde atrás, como a una perra, de esa manera que tan fuertes
y seguidos orgasmos te provoca. Luego me habría corrido sobre tu carita de
furcia y visto resbalar sobre ella mi leche mientras tú la empujas con los dedos
hacia tu boca para comerla.
Pero no. Tu tenías que mamarle la polla al primer puerco que
se te puso a tiro. ¡Incluso tragarte su repugnante esperma! Tenías que provocar
a todos los tíos a tu alrededor, como la más guarra de todas las putas. Y
dejarte follar por todos tus agujeros como la más perra de todas las rameras. En
un autobús repleto de gente, un entorno en el que te hubiera sido fácil negarte
y obtener ayuda en caso de no haberte podido defender por ti misma.
¿Era tu intención humillarme? Estoy seguro que si, que la
idea de tragarte esas pollas y sentirlas penetrar tu vicioso cuerpo, sabiendo
que era algo que no debías permitir, que yo no deseaba que ocurriera, excitó más
tu morboso deseo de puta rastrera.
¿Qué voy a tener que hacer contigo? Cuando pienso en los
proyectos que ya empezaba a preparar para ti, para nosotros, me doy cuenta de lo
ridículamente tierno y generoso que me mostré siempre contigo.
Ya veo cual es el pago que recibo por mi clemencia y
delicadeza.
Pero eso se va a terminar. Se acabó. Vas a ser castigada.
Como te advertí. Tratada con la dureza que una furcia indisciplinada como tú
merece. Prepárate a pagar. Pronto conocerás y cumplirás tu castigo.
~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~
- Pido clemencia, por favor, mi Señor. ¡Pido clemencia!
No pude defenderme, pensé que si gritaba en lugar de ser
violada por dos hombres lo sería por todos los que había en el autobús. Traté de
zafarme, de no contestar, pero con sus consignas fue imposible. Esos hombres
vieron cuando me corría. Quizás si no les hubiera contestado que mi nombre era
"puta", tal vez no se hubieran descontrolado. Pero la mención de esa palabra,
más mi vestimenta y el lugar eran toda una provocación. Yo no quería hacerlo,
solo Dios sabe que no quería. Por eso ante la inevitable violación pensé en
usted, Señor, para no sufrir tanto.
Perdón mi Señor por contrariarlo, pero no es verdad que
ofrecí todos mis agujeros, ya que no me follaron por el culo, solo usted pudo
penetrar ese lugar en una oportunidad. Y me cuido de preservar ese virginal y
sagrado espacio para que usted satisfaga sus caprichos a costa de mi sufrimiento
por no estar acostumbrada a hacerlo.
Pido, Señor, que reconsidere mi situación, deseo que mi
castigo sea lo más leve posible, pero en caso que usted, sabiamente, considere
que soy merecedora del más cruel de los castigos, le pido encarecidamente tener
la oportunidad de seguir siendo su sumisa, su sometida, su esclava, y que me de
otra oportunidad de merecerlo. Y que su alma tan generosa y noble siga
intentando de hacer de una necia como yo la más fiel de las putas para
satisfacer sus deseos.
Nada más, mi señor, pido clemencia y que tenga piedad de mi.