Ante todo quiero agradecerles todos los correos que me
enviaron y pedirles disculpas por no escribir mas seguido. No es que no tenga
historias bien calientes vividas con mi novia, sino que no tengo suficiente
tiempo para contarlas.
Les comento que Marcela sigue con la manía fija de calentarse
con el primero que le mira la cola, sea quien sea y sea donde sea. Lo peor que
cada vez la miran más porque la ropa que usa es mucho mas ajustada, y mas ahora
con el calor, se le marca terriblemente ese hermoso culito que tiene, que dicho
sea de paso cada vez está más paradito a fuerza de las clases de gimnasia que no
para de tomar.
Después de los momentos vividos con Marcela, creí que ya no
me iba a sorprender nada, pero me equivocaba. Nunca paso por mi cabeza que algo
así podría pasar y por eso me decidí a relatarles los hechos tal cual pasaron.
Por medio de mi trabajo conocí al manager de un hotel 5
estrellas ubicado en la zona de Retiro. Se llama Osvaldo, de aproximadamente 50
años muy amable, que en agradecimiento de haber realizado un excelente negocio
con nuestra empresa me regaló dos pases para que concurriera con mi novia a la
piscina del hotel.
Al llegar ese día a mi casa les mostré a Marcela el obsequio
que me habían hecho y decidimos ir un miércoles ya que ese día yo tenía el día
franco y pensamos que habría menos gente que un fin de semana.
Fue así que ese día nos levantamos temprano cosa de
aprovechar lo más posible y nos dirigimos al hotel.
Cuando llegamos presenté las invitaciones y enseguida nos
mostraron los vestuarios donde podríamos cambiarnos, cosa que hicimos. Yo me
puse una malla azul tipo bermudas y Marcela una bikini celeste bien chiquita que
dejaban ver todos sus atributos, especialmente la cola ya que la tanga se perdía
entre sus cachetes paraditos y duritos, dando una visión perfecta de su culito.
Al verla salir del vestuario así no me sentí demasiado
cómodo. Tuve miedo que hubiera mucha gente en la piscina y que, como era
costumbre en mi novia, esta se descontrolara y todo terminara en otra aventura.
Pero por suerte cuando ingresamos al natatorio estaba casi
vació; había 3 o 4 parejas que se notaba eran turistas.
Fue así que ocupamos dos reposeras y nos tendimos a tomar
sol. Ya habían pasado casi dos horas cuando de repente escuché risas y murmullo
y veo como comienzan a entrar un montón de personas, las cuales, se notaba era
un contingente de extranjeros, ocupando casi todos los lugares disponibles
alrededor de la piscina.
La tranquilidad que había hasta ese momento había
desaparecido. Todo era ruido, risas y griterío. Notaba que los que estaban en
pareja relojeaban disimuladamente la cola de mi novia, que se encontraba tirada
en la reposera boca abajo. Así pasamos un rato más hasta que decidimos con
Marcela, ante tanto barullo, irnos.
Íbamos camino a los vestuarios cuando casi me choco con
Osvaldo con el luego de saludarnos afectuosamente le presente a mi novia.
- Mucho gusto, le dijo, mientras le daba la mano a Marcela y
la miraba de arriba abajo.
- Encantada, contestó ella.
- ¿Pero ya se van?, preguntó
- Lo que pasa es que la piscina se lleno de gente y no
estamos muy cómodos, dije.
- Por eso no hay problema, vengan conmigo que los invito a
que se queden en la piscina VIP del hotel, ahí van a estar tranquilos, son todos
hombres grandes, empresarios y no hacen el lió que hacen los turistas, me dijo.
Nos invitó a pasar por una puerta, tomando la precaución que
pasara primero Marcela para poder mirarle el culo, lo cual hizo sin disimulo
clavándole los ojos durante todo el trayecto. Aún hablando conmigo no podía
dejar de ver el espectáculo que estaba dándole mi novia moviendo su colita
parada.
Ver como Osvaldo la deseaba a Marcela me comenzó a excitar de
tal manera que se me empezó a parar, cosa que disimule metiéndome las manos en
los bolsillos de la malla.
Cruzamos varias puertas hasta entrar al lugar. Era una
piscina mas chica que la que habíamos estado, tenía una barra en la que se
servían tragos y como nos dijo Osvaldo, había 7 hombres, todos de alrededor de
50 años, que se notaban que eran de plata por los relojes y cadenas de oro que
usaban. Lo que no había era ninguna mujer, así que se imaginan las miradas de
los tipos cuando pasaba mi novia por delante de ellos hacia las reposeras. Le
comían la cola con la mirada. Note como Marcela se había dado cuenta de esto,
porque justo la vi como arqueaba la espalda y sacaba la colita mas afuera para
que se la admiraran mejor.
Lo peor que no me había dado cuenta yo solo, noté que
Osvaldo, que no le perdía pisada, puso una cara de asombro que inmediatamente se
transformó en una mirada de deseo incontrolable. Trató de componerse de la
situación y nos invito a que tomáramos lugar en dos reposeras que estaban
vacías. Fue un alivio poder sentarme, ya que estando parado era casi imposible
disimular la erección que me había provocado la escena.
Osvaldo nos trajo un trago a cada uno y nos pidió permiso
para retirarse un momento.
Ahí quedamos nosotros rodeados de tipos que no hacían otra
cosa que mirar a Marcela sin ningún disimulo cada vez que hacía cualquier
movimiento. Me di cuenta que esto le estaba encantando a ella que se había
acostado boca abajo y levantado un poco el culito les daba una vista fabulosa a
todos los viejos que se baboseaban con tremendo espectáculo.
Lo peor de todo esto es que a mi también este estado de cosas
me había puesto a mil, pero tenía que poner un freno a la situación.
- Marce, baja un poco la cola que todos te están mirando, le
ordené.
Ella dio vuelta la cara miro a los tipos y me contestó:
- Si ya sé, déjalos que miren, los tengo enloquecidos a los
viejos y sabes que a mi me gusta.
- Lo que pasa es que te están cogiendo el culo con los ojos,
le dije.
Había cometido un grave error al decir esto. Sabía que a
Marcela esas cosas las excitaban tremendamente, pero por efecto de mi calentura
no me pude contener.
- Ufffffffffff, me contesto ella, mientras me miraba con la
mayor cara de puta que tiene y levantaba mas el culito abriendo un poco las
piernas.
- No aguanto más el calor, voy al agua, prosiguió.
Se paró, pasó por delante de todos los tipos caminando
parando bien la cola hasta llegar a la escalera de la piscina, la cual la bajo
despacito hasta que se introdujo.
Yo de mi reposera veía como todos se la querían comer y eso
me ponía cada vez peor.
- La verdad que tienes una mujer hermosa, escucho que dicen a
mi espalda.
Era Osvaldo que había regresado y se sentaba en la reposera
de mi novia.
- Gracias, le respondí.
- ¿Debes tener que cuidarla mucho? Alguien con ese cuerpo
debe ser la tentación de más de uno. Me preguntó.
- Ella sabe cuidarse sola, le respondí.
- Veo que no te molesta que los tipos la miren, me dijo, ya
un poco fuera de lugar.
- No, no me molesta, al contrario me gusta que admiren la
mujer que tengo, le respondí.
En eso veo salir a Marcela de la pileta y acercarse a
nosotros.
- Por favor siéntese, le dijo Osvaldo, mientras se
incorporaba de la reposera y le alcazaba un toallón blanco.
- Gracias, respondió ella. Tomó el toallón y comenzó a
secarse en forma muy sensual. Se hizo un silencio sepulcral. Todos la mirábamos
y Osvaldo que la tenía solo a un metro se babeaba y ya se le notaba el principio
de una erección que trató de esconder.
- Tiene que ponerse un protector solar porque a esta hora el
sol esta muy fuerte. Le dijo Osvaldo
- Es que no tengo, contesto ella.
- Acá tengo uno muy bueno, dijo él.
- Gracias, respondió ella acostándose en la reposera boca
arriba y comenzó a untarse la crema por todo la parte de adelante del cuerpo.
La escena era recaliente. Mi novia pasándose crema por todos
lados y ocho tipos y yo mirándola en silencio como lo hacía.
Por la cara que tenía Marcela me di cuenta que su calentura
ya era atroz.
De pronto terminó de pasarse todo por delante y escucho que
Osvaldo se dirige a ella.
- Pregúntele a su marido si la deja que yo le pase la crema
en la espalda.
- ¿Mi amor me dejas que el señor me pase cremita por atrás?,
me pregunto mientras se daba vuelta culito para arriba.
- Si vos querés a mi no me molesta, le respondí casi sin
poder modular palabra de la calentura que tenía.
Osvaldo le tiro un chorro de crema sobre la espalda y comenzó
a frotársela. Marcela había cerrado los ojos y se notaba que explotaba.
- Señora pare un poco la cola que le voy a poner ahí que la
tiene toda coloradita, le ordenó Osvaldo.
Ella abrió los ojos me miro como pidiéndome permiso y levantó
un poco el culo. Yo ya no podía hablar. Los otros tipos se estaban acercando de
a poco y no se perdían detalle de escena.
Osvaldo comenzó a masajearle el culo casi con desesperación.
Las manos se deslizaban con facilidad a causa de la crema. Marcela cada vez lo
paraba más.
- Permiso Jorge, voy a correrle la tanguita a tu señora para
que la crema le llegue bien adentro, me dijo sin darme la opción que se lo
prohibiera.
Osvaldo metió un dedo debajo de la tanga y la corrió toda
hacia un costado dejando al descubierto el hoyito del culo y la conchita de mi
novia.
Ella dio vuelta la cara y lo miro, paró mas la cola, casi
poniéndose de rodillas, y le pidió:
- Páseme cremita bien adentro en la colita que me arde un
poco.
Osvaldo le tiro un chorro de bronceador en el agujerito del
culo y comenzó a extenderlo con dos dedos, pasándoselos por toda la raya,
llegando inclusive a masajearle la concha. Fue ahí que Marcela no aguanto más y
entre gemidos le regalo el primer orgasmo. A todo esto tres tipos se habían
tirado a la piscina y se habían acercado a menos de un metro de donde estábamos
nosotros. Los otros se sentaron a un costado y mientras se manoseaban las
entrepiernas, observaban todo sin poder creer.
- ¿Le arde menos ahora señora?, pregunto Osvaldo mientras dos
dedos entraban y salían del culo de Marcela.
- Si señor, algo menos, contesto ella.
- Lo que veo es que se ha quemado mucho con el sol y se
encuentra muy caliente. Lo que usted necesita es un masaje mas profundo, le dijo
Osvaldo, mientras le sacaba los dedos del culo y le ponía la tanga de nuevo en
su lugar.
- Toma Jorge las llaves de una habitación. Si no te molesta
llévala allá que en un rato vamos con los señores y le damos un tratamiento más
intensivo a tu mujer, continuó.
Yo no le conteste, me había calentado tanto la situación que
lo único que quería era bajarme la malla y hacerme flor de paja.
- ¿Me dejas mi amor que los señores me hagan el tratamiento?,
me preguntó Marcela, que seguía tendida boca abajo en la reposera.
Todas las miradas se dirigieron hacia mí.
- ¿Te parece?, ¿tenés ganas?, le contesté.
- Es que me arde mucho la colita y necesito masajitos
profundos, me respondió.
Esa respuesta fue demasiado para mi. Hice un gran esfuerzo
para no acabar, me levanté, la tome de la mano y la lleve hacia la habitación.
Todos los tipos nos siguieron sin decir una palabra, solo se miraban entre ellos
como no pudiendo creer lo que les estaba pasando.
Llegamos a la habitación y ya Osvaldo estaba ahí. Se había
cambiado y vestía solamente un short de baño.
- Que suerte que vino señora, va a ver como dentro de un rato
se siente mas aliviada, dijo Osvaldo.
- Venga por acá y la hizo sentar en la cama. Vos Jorge podes
sentarte ahí, continuó, señalándome una silla que estaba contra una de las
paredes. Ustedes siéntense en esos sillones, les indico a los siete veteranos.
- Bueno señora, sáquese la mayita y tírese en la cama colita
para arriba.
Marcela me miro y pregunto, mientras se mordía en labio
inferior:
- ¿Puedo mi amor quedarme desnudita ante los señores?
Yo le asentí con la cabeza. Entonces ella se puso de espaldas
y se sacó primero el corpiño. Luego metió los dedos al costado de la tanga y la
fue bajando despacito, dejando a la vista su preciosa cola. Se tiro en la cama y
se acostó boca abajo levantando un poco la cola.
Osvaldo se sentó al lado y comenzó a acariciarle suavemente
la espalda.
- Pobre tu señora, una colita tan hermosa y se la quemo toda.
¿Le arde acá?, le preguntó mientras le pasaba la mano por la raya del culo.
- No, un poco mas adentro, le respondió mi novia, parando más
la cola y abriendo las piernas para dejar al aire su abierto hoyito.
Osvaldo le puso un poco de crema y le metió de golpe dos
dedos hasta el fondo. Marcela pego un gritito y se arrodilló.
Los dedos de Osvaldo entraban y salían, mientras le pedía que
nos dijera a todos como le gustaba. Ella solo pedía más y se retorcía de placer.
Los tipos ya se habían sacado el short y estaban pajeandose
frenéticamente. Yo observaba y esperaba impaciente como nuevamente, como ya
tantas veces, le iban a romper el culo a mi novia.
- Ahora, le voy a poner la cremita mas adentro, le dijo
Osvaldo mientras se sacaba el short.
- Permiso Jorge, pero necesito llegar mas al fondo, me dijo,
mientras se untaba con crema su terrible miembro que no era muy largo pero si
mediría como 5 cms. de ancho.
Le hizo sacar mas la cola para afuera, y de un saque la
penetró.
- Siiiiiiiiiiiii, grito Marcela, métame la crema bien
adentro.
Osvaldo le cabalgaba enloquecido mientras le preguntaba si
todavía le ardía.
- Si todavía necesito cremita mas adentro, le contestaba la
trola de mi novia.
Osvaldo le hizo seña a uno de los tipos que tenía una
terrible pija, mas larga que la de el, y le cedió el lugar.
- Cree que con esta le alcanzará, le dijo a Marcela el viejo
este, mientras le mostraba terrible pedazo de carne.
Mi novia dio vuelta la cara y al verlo, lo agarro y se lo
llevo desesperadamente a la boca.
- Ah, veo que también a tu señora le ardía la boquita, me
dijo Osvaldo.
Todos rieron y subieron a la cama. La tocaban por todos
lados, les metían manos en las tetas, le refregaban las pijas por la cara, le
metían las lenguas por el culo y la concha, la besaban en la boca.
Marcela parecía poseída, habría la boca, se habría con las
manos el culo, se metía los dedos en la conchita y no paraba de gemir y gritar.
Yo sentado en la silla me pajeaba desenfrenadamente viendo
como 8 viejos babosos le daban a mi novia.
Así estuvieron largo rato. Cada tanto Osvaldo me miraba y me
decía lo buena que estaba y lo puta que era mi mujer. Al escuchar eso parecía
poner a Marcela mas caliente todavía. Las sabanas estaban todas mojadas de las
acabadas de mi novia que no habrán sido menos de diez. De repente uno a uno
empezaron a bañarla con semen, que la muy atorranta se untaba por todo el
cuerpo.
Osvaldo le decía que esa era la cremita que necesitaba y que
preparara bien el culo que ahora se la iba a pasar bien adentro. Marcela volvió
a ponerse en cuatro con el culo bien parado y las piernas abiertas y mientras se
metía un dedo en la conchita, Osvaldo la ensarto de nuevo hasta dejarle la
ultima gota de semen dentro de su preciosa cola.
Todos se cambiaron y se fueron. Yo me tire al lado de mi
novia que se la notaba extenuada, tanto como yo por las tres pajas que me había
hecho.