¡Hola! Queridos lectores.
Tiempo sin publicar un relato y muchas ganas de compartir mis
vivencias con ustedes.
Decidimos éste viaje intempestivamente. Aprovechando lo
caliente del clima y la posibilidad real de hacerlo sin que representara ningún
problema para mi vida matrimonial. Todo lo demás sobraba, ganas y más ganas eran
suficientes para partir en este delicioso fin de semana. Mi amante y yo, solos
en la Isla de Margarita, sencillamente fenomenal.
Viajamos en el mismo vuelo, asientos separados. Nos mirábamos
de lejos y como si no nos conociéramos. La excitación me tenía al borde y aun
así tenía que guardar la compostura para evitar que cualquier conocido notara en
lo que yo andaba.
Llegamos al resort luego de " compartir " un taxi. Como un
radar detallé a cada persona que vi a mi alrededor, casi todos extranjeros para
nuestra suerte, esperaba que siguiera así.
Nos chequeamos bajo su nombre y uno falso para mí y era un
hecho, a los pocos minutos estaba brincando en la cama de la emoción. Quitando
la franela de mi hombre que me pedía un poco de cordura y reía conmigo
besándome.
-Me siento perversa sabes? Quiero hacerte gritar, morderte la
carne mientras nos revolcamos en esta cama, le decía.
-Que rico mi hembra, mi puta, contestaba él mientras peleaba
para arrancarme la ropa. A pesar de su carácter me seguía el juego como un
adolescente caliente.
Ya sin nada sobre el cuerpo nos dimos a la tarea de imaginar
en voz alta las situaciones más perversas, incluyendo cada fantasía que nos
pasaba por la cabeza. Vivencias, deseos, caricias nos calentaban hasta el punto
máximo. Yo sentía como caía en el trance divino de la excitación y cada
centímetro de mi carne y mi mente reaccionaba.
Yo convulsionaba bajo el peso de su cuerpo, lo sentía moverse
divinamente sobre mí haciéndome jadear como una bestia en celos. Abría mis
piernas con sus rodillas, frotaba mi cuca empapada con su sexo, llevándome a los
límites de la locura.
-MMMMM que delicia ahhhhh......me haces acabar divino, le
decía mientras intercalaba sus caricias con incursiones de sus dedos entre mis
nalgas.
Finalmente, agarró su guevo y lo apoyó suavemente en la
entrada de mi cuca hambrienta, de un solo empujón me llenó completa y su
movimiento me sacó las ganas desde adentro. Gemidos, jadeos, sentí como me
mojaba mientras me perdía en la delicia de los orgasmos.
Salió de mí y acercó su sexo a mi boca.
-Límpialo, me ordenó- mira como lo dejaste de mojado mi
perrita.
Inmediatamente me incorporé e introduje en mi boca el glande,
chupándolo como un caramelo. Nunca dejé de mirarlo. Siempre atenta a su
expresión y mirada.
Lo mamé hasta la base, él me masturbaba mientras gemía, un
gemido ronco divino que me ponía a volar. Le pedí luego suavemente que se
acostara boca abajo y lo prometido llegó. Le mordí cada centímetro de piel desde
el cuello hasta sus nalgas dejando hilos de humedad a lo largo de su espalda.
Busqué ansiosa con mi lengua su orificio prohibido y lo hice mío. Lamí y besé
ese culo de hombre hasta que cedió al paso de mi lengua que como serpiente se
movía en su interior. Que gusto me di haciéndolo gemir, hacer a mi macho más
mío. Así estuvimos, él disfrutando de mi boca y yo de su placer.
Pasando los minutos, me colocó en cuatro y comenzó la malvada
tortura de meterme solo la punta del guevo.
- no te muevas, me decía.
- Quieta te digo puta !
Me ordenaba ante mis intentos de conseguir una penetración
profunda, cuándo ya estaba en el borde, me empujaba su sexo violentamente
haciéndome gritar de placer.
Esto lo repitió en muchas oportunidades siempre acabando con
una explosión de placer de mi parte. Él estaba bañado en sudor y sus gotas
rociaban mi cuerpo. Yo, cansada pero entera, seguía su paso e instrucciones a
placer.
Sacó su guevo y frotó mi culito mojándolo con mi propia
humedad, así, empujaba con su punta mi huequito que abonado con mis gemidos se
extendía para darle paso. Alejó entonces su miembro y comenzó a acariciarme con
sus dedos. Introdujo uno en mi cuquita y baño de mis jugos mi otro huequito,
luego metió un dedo en cada agujero y los movió con esa forma tan divina que me
enloquece. Finalmente, sustituyo sus dedos por su sexo hundiéndolo hasta el
fondo en mi culo. Mi espalda arqueada y mi cuerpo moviéndose a su ritmo. Nos
cogimos divinamente esa vez, y acabó entre mis nalgas mientras yo me sentía
desmayar. Que ricura.
Esto fue solo el abrebocas de un fin de semana lleno de
sorpresas, de una serie de experiencias tan excitantes que me doy un gusto en
compartirlas.
Pasamos el resto del día en la playa, yo, tomando cocktails y
el una que otra cerveza, luego de una ducha y algunas caricias perversas, nos
vestimos y salimos de compras como cualquier pareja normal, eso sí, siempre a
pasos de distancia y ojo avizor. Aun así, yo estaba feliz.
En la noche después de la cena nos fuimos a un local nocturno
donde presentaban música en vivo. El ambiente era agradable y estaba lleno de
gente, la mayoría más jóvenes que nosotros, todos bronceados y vestidos
ligeramente. Eso tenía a mi hombre con los ojos ocupados, pasando de piernas en
piernas, escotes, espaldas, culos y afines. Hacíamos comentarios sobre las
chicas que veíamos y de cual tenía las tetas más bonitas. En cuanto a mí, si
veía algún hombre bien parecido, un mmmm mental era suficiente, por lo demás me
bastaba estar con mi hombre.
Ya después de media noche noté una chica, en sus veinte,
bronceada y fina, delgada y con un top que medio le tapaba las tetas. Ella no
quitaba la mirada de mi hombre, ni cuando yo le dirigía una mirada inquisidora,
solo la desviaba hacia mi unos segundos y luego la clavaba en él. Mi macho
sonreía, le mantenía la mirada unos segundos y luego me comentaba.
- Esta como que quiere guerra linda. Mírala tan perra.
Esto me causaba gracia y mucha curiosidad así que esperé que
la chica se parara al baño y la seguí.
Cuándo acabó de hacer lo suyo y se lavaba las manos me
consiguió de brazos cruzados mirándola.
- Qué, te gusta mucho mi hombre?
- Te gustaría probarlo?
-No te enrolles, me dijo, mirar es libre y sí me gusta, nada
más.
- No me enrollo, para nada, todo lo contrario, me gusta que
lo admiren y solo quería invitarte a tomar una copa con nosotros. ¿Qué te
parece?
La chica sonrió y me dijo que estaba loca, finalmente después
de unos minutos de charla, se nos unió en la barra.
Pasó el tiempo amenamente entre tragos e historias. Natalia
es el nombre de la chica y mientras los tragos hacían efecto, ella más se abría
a nosotros.
Llegamos al tema del sexo y compartimos prudentemente
experiencias, fantasías y exploramos las suyas. Le preguntamos si nos quería
acompañar al hotel y ella decidía su participación. Para nuestra sorpresa dijo
que si.
Ella estaba prendida y reía sin parar. Entramos las dos
primero por el lobby del hotel y mi amante nos alcanzó ya en el pasillo de la
piscina. Llegamos a la habitación, las dos abrazadas como par de borrachitas,
aunque yo estaba muy sobria. Al entrar ella se tiro en la cama boca arriba y
cerró los ojos.
-Esta se va a dormir! Le dije a mi hombre.
- Eso parece, me contestó en una carcajada.
Nos acostamos uno a cada lado a sabiendas de que si se dormía
la dejaríamos tranquila, solo amanecería en nuestra cama, ya nos las
arreglaríamos para tirar los dos con ella a un lado.
-Natalia, le susurraba él al oído
-Estas viva?
Ella asentía sin decir una palabra y sonreía sin abrir los
ojos.
-Pícara, estás fingiendo! Le dijo y ella abrió los ojos, se
incorporó y lo besó en la boca en una forma tan salvaje que nos dejó a los dos
fuera de sitio, impresionados.
- Que rico besas carajita! Le dijo mi amante mientras la
pegaba a su cuerpo en un abrazo apretado. La beso intensamente, la acariciaba
con lujuria. Yo me deleitaba con la escena, empecé a ayudarla a desvestir. Ella
muy ocupada entre besos y metidas de mano, yo me deshacía de su falda y su top
dejándola solo con su hilo. Sé veía divina! Que excitación tan grande.
Acariciaba su espalda y sus nalgas con suavidad, cuando mi
macho la soltó, sobre su cuerpo buscó mi boca para darnos un beso divino. Ella
atrapada entre los dos, sintiendo muy de cerca como nos besábamos y
acariciábamos. Finalmente se incorporó y nos besamos los tres. Esta niña andaba
más rápida de lo que yo esperaba. Esta madrugada la predecía muy excitante.
Nos terminamos de desvestir, las caricias se hicieron más
intensas, ella aceptaba las mías tanto como las de mi macho, yo estaba perdida
en la lujuria del momento, al igual que mi amante que no nos negaba ni un
momento de atención. Sus manos rodaban por nuestras nalgas mientras nos besaba
deliciosamente. Él en el centro y las dos sobre su cuerpo compartiendo piel,
caricias y lengua. Éramos todo calor, toda humedad y morbo.
Vamos a comernos este manjar, le susurré a Natalia al oído a
lo que ella respondió inmediatamente. Comenzamos besándolo entre las dos en la
boca y luego bajamos por su cuello. Sincronizadas, lamimos sus tetillas, las
chupamos y mordimos suavemente. Todas las manos estaban ocupadas en algo.
Nuestras bocas siguieron su descenso por su torso, su ombligo. Lamidas y
mordiscos se intercalabas, así como besos entre nosotras. Así llegamos a su
guevo que se veía duro a reventar, brillante y divino.
Dejé que ella tomara la iniciativa de agarrarlo y meterlo en
su boca, yo la miraba extasiada mientras se lo mamaba rico, se lo metía hasta
donde le llegaba en la boca y movía su lengua. Ella gemía, él también. Me
incorporé a compartir la mamada y de paso masturbaba a esta niña, estaba
mojadísima y movía su cuca sobre mi mano con desespero.
-Sigue mamándolo en cuatro.
Le ordené y ella se posicionó obediente. Acariciando su
espalda, llegué hasta su cuca que se exponía roja y mojada para mí. Arrodillada
rodó mi lengua por sus pliegues hasta encontrar su clítoris que hinchado vibraba
con mis lamidas. Chupé y lamí hasta sentirla cerca del orgasmo y acentué mi
mamada para sentirla finalmente acabar en mi boca. Ella soltó a mi hombre y se
tendió boca arriba. Yo le cabalgue sentada sobre su cuca, moviéndome para sentir
que se acoplaban la de ella y la mía, así el vaivén nos llevo a las dos al goce
divino.
Mi hombre nos veía muy de cerca, se tocaba divinamente. Yo me
baje de Natalia y al oído le dije que se la ofrendaba y que le diera duro. Entre
susurros candentes y besos divinos le cedí el paso y me hice a un lado. Ella
jadeaba. Su pecho se movía con excitación mientras él se acercaba. Se colocó
sobre ella y la penetró de un golpe. Ella rodeó su cuerpo con las piernas y
comenzó a moverse divinamente. Sudaban, gemían. Yo los besaba, a uno y a la otra
mientras me masturbaba. Me coloqué arrodillada sobre la cara de Natalia mientras
mi hombre se incorporaba, el se la cogía de rodillas y ella se aventuró a darme
una lamida divina. Yo la guiaba en la forma de hacerlo, cada vez más placentera
y acabé divino mientras mi macho me mordía el cuello.
Se deshizo el nudo humano, mi amante me guió hasta dejarme en
cuatro, estábamos empapados de sudor. Me penetró con fuerza mientras sus manos
apretaban duro mis hombros.
-¿Te gusta linda?
-¿La estas pasando rico puta divina?
Natalia nos miraba con una expresión libidinosa, se tocaba
los senos y se mordía los labios.
Yo dejaba que la situación me llevara y caía de un orgasmo a
otro, cada vez más intensos.
-Mámale el culo mi perra, me ordeno él.
Ella se colocó de espaldas a mi, que estaba todavía en
cuatro. Así sin ayuda de mis manos le metí una mamada que la hizo gemir. El
culito hacía resistencia pero finalmente, mojado y relajado dejó paso a mi
lengua. Ella gemía como una loca, ya estaba lista para mi hombre.
El me miro complacido, yo creía que la penetraría de una vez
pero él tenía otros planes. Le dijo a Natalia que se colocara también en cuatro
a mi lado . Mientras me hundía el guevo en el culo, comenzó a dilatárselo a ella
con cuidado, siempre aprovechando sus propios fluidos y un poco de saliva.
- ¿Te han dado antes por el culo? Le preguntó.
Ella contestó que en una ocasión pero no lo había disfrutado.
-Esta vez lo harás, ya verás, le dijo.
Siguió cogiéndome, mis entrañas se llenabas y contraían con
sus movimientos acompañadas por oleadas de placer que me hacían gritar. Después
de un rato haciéndome gozar saco su guevo de mi culito y se posicionó detrás de
Natalia. Ella ya tenía su huequito bien dilatado por los dedos de mi hombre, aun
así, él se paró y buscó entre nuestras cosas un gel lubricante, le puso un poco
a ella entre las nalgas y comenzó a empujar suavemente con su glande, se veía
como cedía ante la entrada de su miembro, él hundía y hundía cada vez más, poco
a poco, hasta que se lo metió hasta la base. Entró completo. Ella gemía bajito y
aumentaba el volumen a medida que el movimiento se hacía más rápido. Yo le
acariciaba la espalda hasta las nalgas sin perder ni un momento aquella visión
hipnotizante. Mis manos me acompañaron, junto a los besos de mi macho a acabar
una vez más.
-Te voy a llenar el culo de leche carajita, le avisó él a
Natalia y entre gemidos se vació dentro de ella.Dejó que su guevo se relajara y
lo sacó suavemente acariciándola con dulzura.
Se nos había portado muy bien la invitada y la noche no había
terminado. La invitamos a dormir con nosotros, cosa que aceptó sin dudas.
Luego de una ducha y muchos besos nos dormimos, ella con
nosotros.
Luego les escribo como se desenvolvió el fin de
semana......fue caliente, muy caliente les aseguro.
Hasta pronto!.