Mi adorada Nicole me confesó lo excitante que había sido para
ella ese primer acto exhibicionista que consistió en ser sodomizada por mi
delante de la ventana abierta y ver al vecino de enfrente masturbarse mientras
nos miraba. Aunque también es cierto que le molesta un poco el hecho de que se
trate de un vecino con el que se cruza muy a menudo últimamente por la calle.
Ella sospecha que esos encuentros son demasiado frecuentes para ser casuales y
le asustan un poco las miradas de vicio y la cara de demente salido que el
repelente tipejo le dedica cada vez que lo ve.
Por otra parte, también desde aquella tarde, nos dejamos
llevar cada vez con más frecuencia por nuestra afición exhibicionista y nuestro
gusto por practicar sexo en sitios donde corremos el riesgo de ser vistos.
A mi tierna princesa le gusta, por ejemplo, provocarme cuando
vamos en el coche, mientras conduzco, y sea cual sea el lugar por el que
circulemos o el momento del día.
Suele empezar por colocarse muy cerca de mí, hasta frotar
contra mi brazo sus magníficas tetas, siempre prietas y rebosantes en los
provocadores escotes que suele vestir, y susurrarme alguna guarrada al oído con
su voz dulce, dándole un tono de falsa inocencia, y haciéndome sentir su aliento
caliente en la piel... "Estoy segura de que te encantaría que te chupara la
polla ahora, ¿verdad mi amor?" Seguidamente acostumbra a bajar la cremallera de
mi pantalón, introducir su manita dentro y masajearme el pene y los testículos
hasta ponerme la tranca bien tiesa y dura. Ante tal magreo soy incapaz de
retenerme y acabo bajándome los pantalones y la ropa interior (cuando la llevo)
hasta las rodillas, todo eso sin dejar de conducir. Me adelanto un poco en el
asiento y Nicole comienza entonces a hacerme una buena paja. Si las condiciones
del tráfico me lo permiten la acaricio yo también con la mano derecha entre las
piernas. En las ocasiones en que viste faldita paso la mano por debajo y le
palpo el coño sobre las bragas, que rápidamente siento humedecerse con mis
caricias. Por supuesto, la etapa siguiente consiste en tener su cabeza entre mis
piernas y mi polla dentro de su boquita de terciopelo, sentir su lengua
relamérmela haciéndome temblar de gusto y obligándome a hacer un esfuerzo
sobrehumano de concentración en la conducción para no tener un accidente.
En alguna ocasión me ha ocurrido pararme en algún semáforo en
rojo estando en esa situación y tener al lado un vehículo alto, como un camión o
furgón de reparto. Evidentemente, el o los ocupantes del vehículo nos observan
atónitos y con caras de envidia y deseo. Entonces le comento a Nicole...
"Tesoro, el camionero de al lado nos está mirando. Deberías ver la cara de
puerco que pone, hasta babea, seguro que se está empalmando viéndote mamarme la
polla." Y ella se detiene un segundo, dedica una rápida y provocadora mirada al
individuo en cuestión y prosigue con la felación más intensamente, con casi
exagerados movimientos de su cabeza arriba y abajo, tragándose entera la verga,
follándome con la boca, matándome de gusto.
Llegados a este punto suelo pararme al borde de la carretera
si hay arcén, en una zona de descanso si estamos en la autopista o, si es en la
ciudad, en una calle solitaria o un parking, y abalanzarme sobre ella como un
poseso para desnudarle y mamarle las tetas mientras le ladeo la braguita y
penetro profundamente con los dedos el empapado coñito. La situación suele
calentarnos tanto que de manera rápida y descontrolada acabamos corriéndonos
solo con esas caricias y pringando nuestras ropas y la tapicería del coche con
los chorretones de mi esperma.
Y mientras tanto otros vehículos, e incluso según el lugar,
peatones, circulan y pasan junto a nuestro coche. Sin ir más lejos, hace solo un
par de semanas y estando en plena "faena" en una solitaria zona de descanso de
la autopista entre Ginebra y Lausana, donde me había parado muy cerca de los
aseos públicos, una pareja de unos 50 años vino a estacionar junto a nosotros y
al bajar del coche para dirigirse hacia los aseos, mirándonos descaradamente,
pudieron ver como nos masturbábamos mutuamente.
Más tarde, en mi casa, estando tumbados en el sofá viendo la
tele, desnudos y abrazados, Nicole rememoró la situación...
-Cariño ¿has visto como nos miraba la pareja de la autopista?
Que excitante, ¿verdad? La señora tenía la vista clavada en tu polla! Creí que
le iba a dar algo cuando te has corrido, se relamía de ganas al ver brotar tu
leche, la viejita!
-Si cielo –contesté- claro que lo he visto. Y tú, buen primer
plano de tus tetas que les has dado! El tío estaba como hipnotizado mirándolas.
Y es que las tienes tan ricas, mi amor! ¿Crees que se han excitado y han follado
después en el coche?
-Hummmm, quizás. O tal vez la vieja zorra se la ha mamado al
marido en los aseos mientras se hacía un dedo, agachada y despatarrada
–respondió divertida-. Me hubiera gustado verlos follar delante de nosotros,
sobre el capó del coche!
-Te gustó verlos mirarte mientras te corrías, ¿no es así?
–pregunté mientras comenzaba a acariciarle los senos y pellizcarle los pezones-
Te hubiera gustado ver al tipo sacarse la polla y empezar a pelársela, ¿verdad
putita?
-Oh, siiii...
Poco a poco, conversando y fantaseando, nos fuimos excitando,
con el recuerdo de la situación en la autopista e imaginando situaciones
similares en las cuales varios desconocidos nos miraban y se autosatisfacían.
Empezamos a acariciarnos y acabamos volviendo a follar apasionadamente, en el
suelo, sobre la alfombra del salón, mientras desde el televisor nos miraba
hacerlo la presentadora del telediario.
Esa conversación y sus consecuencias me dieron la idea de
preparar algo nuevo y excitante para sorprender y complacer a mi amada. Al día
siguiente me conecté a una página local de Internet de contactos personales que
he utilizado en muchas ocasiones y me ha permitido vivir algunas experiencias
bastante excitantes. Un medio discreto y eficaz para establecer contactos y
encuentros sexuales de todo tipo.
Puse un anuncio en la sección "Exhibicionistas y voyeurs" en
el que escribí que una pareja se exhibiría al día siguiente por la noche en un
parking de la ciudad, dentro de su coche. Los interesados en asistir, única y
exclusivamente como voyeurs, podían solicitar información enviando respuesta al
anuncio, adjuntando su número de móvil y explicando el porqué de su interés.
Recibí varias decenas de respuestas. Algunas eran de parejas
que se proponían para estar en el coche con nosotros y exhibirse al mismo
tiempo. Desechadas. Otras de tipejos (la mayoría de los cuales se definían como
bisexuales) también proponiéndose para participar activamente. Desechadas
también. Y el resto, de individuos y alguna pareja manifestando su afición por
el voyeurismo y su deseo de asistir como espectadores y a su vez exhibirse y
masturbarse si la situación llegaba a ser propicia para ello. Seleccioné las que
más sinceras y excitantes me parecían (había una, por ejemplo, de un tipo que
afirmaba ser un vicioso exhibicionista y voyeur y tener un rabo de 35
centímetros! Pensé que excitaría mucho a Nicole) y compuse una lista de nueve
nombres con sus respectivos números de teléfono. En principio eran, si venían
todos, siete hombres y dos parejas, once personas en total, aunque estaba seguro
de que algunos fallarían.
La tarde siguiente, jueves, sin comentar nada del tema a
Nicole, la invité a cenar en un restaurante que solemos frecuentar. Durante la
cena simplemente le indiqué que esa noche le tenía preparada una pequeña
sorpresa, sin darle más detalles, y la estuve calentando, como suelo hacer cada
vez, metiendo la mano bajo el mantel para acariciarle el coño sobre la braguita,
que ella, abriendo las piernas, me deja accesible. En ocasiones se excita tanto
que al cabo de unos minutos va al baño y cuando regresa compruebo que se ha
quitado el tanga y procedo a pajearla metiéndole dos o tres dedos. La mayoría de
las veces suele llegar a tener un orgasmo, que intenta disimular poniéndose la
servilleta delante de la boca, aunque no siempre impide que la gente de las
mesas vecinas sospeche algo de lo que ocurre.
Tras los postres y mientras esperábamos los cafés me disculpé
y fui al baño. Desde allí envié un sms a los nueve números de teléfono que tenía
apuntados, en el cual indicaba el nombre de un gran centro comercial de las
afueras de Ginebra, la zona de aparcamiento, la hora, y la marca, modelo y color
de mi coche.
Cuando salimos del restaurante Nicole estaba muy caliente. Le
había estado pajeando el coño bajo el mantel discretamente hasta el momento de
marcharnos. Nada más subir al coche empezó a provocarme y palparme la polla
sobre el pantalón, aunque yo me hacía el desinteresado y, divertido, jugaba a
ignorarla.
Al ver la dirección que tomaba, completamente opuesta a la de
mi casa, donde pensaba ella que le esperaba mi sorpresa, volvió a interrogarme
acerca de tal sorpresa y preguntarme con insistencia (mujeres!) de qué se
trataba.
Al llegar al centro comercial entré en el aparcamiento de la
zona de los cines, el único en que había algunos coches, y me dirigí lentamente
a la parte del fondo, espacio que estaba casi completamente vacío. Tomé la
precaución de activar el cierre automático y la alarma del coche, y subir las
ventanillas dejándolas apenas abiertas unos milímetros. Aparqué bajo un neón de
manera que la luz caía directamente sobre el parabrisas del coche e iluminaba
toda la parte delantera del interior del auto, donde nos encontrábamos nosotros.
Entonces, anticipando la llegada de los voyeurs, decidí
comenzar el espectáculo.
-Ven cariño, estás caliente, ¿verdad? –Pregunté al tiempo que
le pellizcaba suavemente los pezones sobre la blusita- Quiero sentir el sabor de
tu lengua en mi boca. Ven putita mía, me tienes la polla gorda de ganas...
Nicole no se hizo de rogar y comenzamos a besarnos. Ella me
metía la lengua entera en la boca y yo se la mamaba con fuerza, como sé que le
gusta, al tiempo que le palpaba las tetas metiendo la mano bajo la blusa tras
haber desbrochado algunos botones. Mientras, veía mirando de reojo como algunas
personas se aproximaban al coche y se paraban a mirarnos. Pude contar seis
hombres y una mujer. También Nicole se percató de ello al cabo de unos minutos y
pareció sorprendida. Me preguntó si era esa la sorpresa de la que le había
hablado.
-Si, esta es tu sorpresa mi amor, ¿qué te parece? Si te
disgusta lo dices y nos marchamos, sin ningún problema, te lo aseguro. Pero si
nos quedamos, ya te puedes imaginar, te voy a follar y hacerte gritar de gusto
como una perra delante de toda esta gente. ¿Qué me dices?
-Quedémonos –respondió tras unos segundos de duda pero presa
de una gran excitación- es demasiado tentador, aunque me asusta un poco esa
gente, me excita y contigo me siento segura. Oh cariño, gracias! Cuanto te
quiero...
Empujé los asientos lo máximo que pude hacia atrás y recliné
los respaldos de los mismos. Nicole quedó recostada en el suyo, sin hablar,
mirando las personas que rodeaban el vehículo y un poco desorientada.
Sin más demora comencé a levantar su faldita hasta dejar sus
preciosos muslos desnudos y descubrir su minúscula braguita blanca. Le separé
las piernas y empecé a acariciar suavemente con la yema de los dedos sobre el
monte de venus y su sexo.
Los asistentes se colocaron ya sin disimulo pegados a las
ventanillas del coche, salvo la pareja, compuesta por un hombre de unos 40 años
y una mujer de por lo menos 10 más, que siguieron mirando desde la parte
delantera del mismo.
Mis caricias hacían gemir de placer a mi deliciosa Nicole y
le pedí desabrocharse y quitarse la blusa. Lo hizo y quedaron desnudos sus
magníficos senos, puesto que no llevaba sujetador. Con mi mano libre, comencé a
pellizcarle los pezones y hacerlos rodar entre mis dedos, excitándolos y
sintiéndolos, como de costumbre, hinchados y duros.
La excitación era creciente para todos. Yo sentía ya casi
dolor de la presión que mi polla erecta soportaba por el pantalón; Nicole abría
las piernas sin pudor y mis dedos pasaban bajo la tela del tanga para
acariciarle el coño sin retención, mientras ella, al tiempo que miraba los
voyeurs, se tocaba las tetas y pellizcaba los pezones con fuerza, gimiendo de
vicioso placer.
La mayoría de los mirones se habían sacado la polla y se
estaban cascando una paja. Uno de ellos vestía una gabardina y al abrirla vimos
que estaba desnudo de cintura para abajo, excepto las medias negras de mujer y
el liguero (!) que llevaba puestos, y tenía una polla descomunal (imaginé que
debía tratarse del famoso trípode de los 35 cm.) que pajeaba también. La mujer
de la parte delantera estaba recostada sobre el capó caliente del coche, mirando
con cara de vieja zorra mientras el hombre que la acompañaba se había colocado
justo detrás de ella y se frotaba contra su culo.
Sintiendo a Nicole apunto de correrse, le saqué el tanga y,
tras levantar completamente su faldita sobre su vientre, la penetré
profundamente con dos dedos, al tiempo que le decía... "Siiii putita, siente mis
dedos follarte! Mira esas pollas pajearse por ti, mi cielo, todos están salidos
y les devora el vicio de ver tu cuerpo de tierna putita temblar de gusto, siiii,
correte a gusto..." y aceleraba el ritmo del mete y saca de mis dedos. Eso
provocó que aumentara también en varios puntos la intensidad del ritmo
zambombero de los pajeros. Ella gozaba como una gata en celo con mis dedos y
miraba esas pollas que nos rodeaban, algunos las hacían chocar contra las
ventanillas, uno de ellos se corrió ya lanzando un espeso chorro de esperma
sobre la ventanilla del lado de Nicole, y ésta sin retención gimió y gritó de
placer corriéndose como una posesa.
Yo no aguantaba más. Me quité la ropa y quedé, al igual que
Nicole, completamente desnudo dentro del coche. Me desplacé un poco hacia atrás
sobre el asiento y le pedí a mi dulce putita que me chupara la polla. Aún con
los ojos vidriosos de placer tras el fuerte orgasmo que acababa de vivir, agarró
mi verga con una de sus manitas y comenzó a cascármela fuerte, hasta casi
hacerme daño, como sabe que me encanta que haga cuando estoy muy excitado.
Después se acercó más y comenzó a mamármela.
Vi entonces como el acompañante de la mujer, que seguía
recostada sobre el capó del coche, le levantaba la falda y la penetraba.
Sospeché que la penetración había sido anal ya que la mujer permaneció un tiempo
sin moverse, con los ojos cerrados y los dientes apretados, al tiempo que se
ponía una mano entre las piernas para, supuse, darse placer acariciándose el
clítoris. Poco a poco fue reaccionando y recuperando esa cara de vieja puta
viciosa mientras su acompañante la enculaba. Los demás mirones seguían
machacándose las pollas. Dos de ellos se colocaron junto a la pareja, así tenían
doble espectáculo, aunque era mi preciosa Nicole la que atraía más las miradas.
Y yo me moría de ganas de follar a mi chica. Le pedí
incorporarse y volver a su asiento para poder recostar completamente los
respaldos. Entonces le hice ponerse entre los dos asientos, dándome la espalda,
arrodillada y apoyada en los respaldos de los asientos, con una mano y una
pierna en cada uno. Yo me incorporé como pude y me coloqué detrás de ella. Con
tan poco espacio no podía lamerle el culito, como tanto me gusta hacer antes de
follarla, y me tuve que contentar con acariciarle el húmedo y dilatado coño con
los dedos unos minutos para seguidamente, y poseído de un deseo animal, clavarle
la polla desde atrás mientras me apoyaba también en los asientos recostados y
comenzaba a moverme despacio.
Empecé a follarla con ganas y bombear cada vez más rápido,
arrancádole gemidos de placer, mientras ella ladeaba la cabeza para ver como era
observada mientras yo la penetraba. Poco a poco, sin dejar de follar, fuimos
encontrando la posición más cómoda y en la que mejor nos acoplábamos y pude
penetrarla profundamente. Mientras la follaba desde atrás, le pasé las manos
bajo el cuerpo para agarrarle y apretarle las gordas tetas.
Se iban oyendo ya gruñidos en el exterior, algunos de los
voyeurs se corrían, pajeándose la polla y dando con ella golpecitos en las
ventanillas para seguidamente lanzar su pastoso semen sobre los cristales. La
pareja de la parte delantera debía de seguir follando puesto que, a pesar de no
poder verlos, sentía el movimiento que las embestidas del hombre en el culo de
la mujer transmitían al coche.
Mi excitación era tal que no pude resistir más. Se lo dije a
Nicole y le indiqué que deseaba correrme en su boquita. Ella, complaciente como
de costumbre, se volteó y resbalo hacia abajo por el asiento para permitirme
avanzar un poco sobre ella y venir a meterle la polla en la boca desde arriba.
Agarraba mis nalgas y me empujaba, animándome a follarle la boca, cosa que
empecé a hacer con descontrolados movimientos. Al mismo tiempo colocó un dedo
sobre mi ano y lo empujó al interior, penetrándome y multiplicando con ello por
mil las sensaciones y el placer. Me rendí en pocos segundos y empecé a lanzar en
su boca y sobre su carita chorros de mi esperma caliente entre fuertes gemidos,
y siguió chupando mi polla y pajeando mi culo mientras duró mi orgasmo, para
prolongarlo al máximo.
Mientras, ella había colocado los pies, despatarrada, sobre
la consola delantera y exponía y se pajeaba el coño mientras yo le seguía
frotando el rabo erecto y mojado de esperma sobre la cara. Me ladeé y le permití
ver como la pareja follaba sobre el capó del coche, con con fuertes embestidas,
y a su lado se masturbaban dos hombres, uno con la polla flácida (supuse que se
acababa de correr) y el otro con la tranca bien tiesa, al que vimos correrse
también enseguida.
En pocos segundos un nuevo orgasmo se apoderó de Nicole,
mientras despatarrada exponía su depilado coño, que ella misma pajeaba, a todos
los presentes y miraba algunas de la pollas alrededor eyacular en su honor.
-Así perra, córrete, hummmmm, que puta te vés! –Le decía al
oido mientras sentía los temblores de placer sacudir su cuerpo- Todos te miran
correrte, te ven pajearte el coño y la cara de furcia viciosa chorreante de mi
leche…
Qué increible experiencia! Nuestros orgasmos habían sido tan
intensos como cuando los imaginábamos fantaseando con una situación similar. No
podía sospechar cuando planeé y organicé la "reunión" que iba a resultar tan
sumamente placentera.
Al cabo de unos minutos, tras recuperar el aliento, recojimos
nuestras ropas esparcidas por el coche y comenzamos a vestirnos. Los mirones
fueron desapareciendo mientras nos vestíamos. La pareja permaneció un poco más
de tiempo. Cuando ya estábamos completamente vestidos y dispuestos para
marcharnos se incorporaron y, tras dedicarnos una sonrisa maliciosa y cómplice,
el hombre vino a dejar su tarjeta de visita en el parabrisas, tras lo cual se
marcharon despacio, cojidos del brazo, hacia su automóvil.
Llevé a Nicole a su casa. Durante el camino no hacía más que
decir lo alucinante que había sido la aventura para ella, lo mucho que le había
gustado. Me repetía una y otra vez lo agradecida que me estaba y, comiéndome a
besos, lo mucho que me quiere.
Al llegar y bajar para acompañarla hasta su puerta pude ver
en que estado me habían dejado el coche los voyeurs pajeros. Habían chorretazos
y rastros de esperma en todas las puertas, las ventanillas y sobre el capó. Le
comenté a Nicole, entre risas, que antes de volver a casa mejor pasaba por un
túnel de lavado cercano que permanece abierto de noche.